Terror en Barcelona ¿Que haces grabando?

“Después de echar un vistazo a este planeta, un visitante de otro mundo diría: quiero ver al manager.”

William Burroughs

“La represalia contra el terrorismo no trae la paz. Hay un atacante suicida, una represalia y luego una contra-represalias. Y simplemente sigue y sigue.”

Desmond Tutu

 

De nuevo el horror del terrorismo golpea las calles de una ciudad y con bastante indolencia, la barbarie de quienes solamente viven para la muerte vuelve a sembrar de gritos, lagrimas y sangre las calles de Barcelona. Aunque también podría haber sido el turno para Londres, Paris, Damasco o Adén. La sin razón del terrorismo se ha convertido para nosotros en una larga sombra sobre nuestro día a día, una amenaza mucho menos real que un accidente de tráfico, un ahogamiento o una dieta desequilibrada para nuestras vidas, pero al fin y al cabo una amenaza incomprensible y real a partes iguales. Desconocemos sus motivaciones, la tortuosa existencia de sus pueblos y la razón primigenia de su odio, no sabemos nada de lo que puede llevar a un joven europeo o a un emigrante que convive en nuestro suelo a querer sembrar de muerte nuestro país. Nos mostramos totalmente incapaces de rastrear su realidad tras las alambradas de nuestras fronteras, las barriadas de nuestras ciudades y las políticas de nuestros gobiernos.

Es precisamente en ese punto en donde hemos comenzado a perder la verdadera guerra contra el terror, en el preciso instante en el que la foto de un niño que huía de la guerra en su país ahogado frente a nuestras costas se convierte en un mero eslogan,  cuando las operaciones militares de castigo son jaleadas en la prensa y los civiles muertos en lejanos países son considerados simplemente como daños colaterales, cuando tras el NO A LA GUERRA hemos pasado a apostar por las armas como solución para “democratizar” una vez más Libia, Venezuela o Corea del Norte. En ese preciso instante en el que una bandera en nuestro muro de Facebook se ha convertido en nuestra forma de concienciarnos ante el dolor del mundo, el terror y el fanatismo ha comenzado a ganar la batalla.

No sabemos nada de las causas y posibles consecuencias de la guerra en Siria o en Yemen, nos importa bien poco si las armas fabricadas en nuestro país son usadas para asesinar inocentes o si los petrodólares que han financiado a Daesh son los mismos que han hecho posible ese gran fichaje para nuestro equipo. Nos tragamos la propaganda contra quienes exportan únicamente médicos como Cuba y sonreímos alegremente cuando príncipes millonarios sauditas veranean ostentosamente en Marbella y se reúnen con nuestros monarcas mientras el wahabismo que exportan hace surgir la semilla del próximo atentado. Somos una sociedad incapaz de hilar acontecimientos, adoctrinada el la respuesta fácil, en lo aparentemente es obvio y el pensamiento guiado. No entendemos que nuestro dolor y el de pueblos muy lejanos quizás tenga un origen común, y que pese a las finas capas de seda que el sistema intenta interponer entre nosotros y la realidad, el llanto de una madre en Barcelona o en Bagdad suena siempre igual de trágico.

Reconozco ser incapaz de comprender como nos hemos vuelto tan ajenos al dolor en el mundo, como nos seguimos escandalizando con el recuerdo de Vietnam, pero nos mostramos indiferentes ante Siria, como donamos parte de nuestros recursos a ONG’s pero no hacemos nada ante la guerra y el expolio de los pueblos;  quizás, simplemente estemos demasiado inmersos en nuestra propia lucha diaria frente a la precaridad y la supervivencia en lo que se ha transformado en un entorno hostil para el ciudadano, como para buscar las causas más allá de ese último acto de barbarie que nos golpea en lo que es nuestra propia realidad. Nos hemos acostumbrado relativamente fácil a ser una sociedad insensible ante el dolor y lo atroz, en donde los muertos (entre ellos niños) son capturados en nuestros teléfonos móviles, transformados en imagen y retuiteados una y otra vez hasta tener también su repercusión en los grandes medios, la muerte vende, la guerra vende, no es algo nuevo, pero sí lo es que se las haya vaciado totalmente de mensaje.

En ningún caso pretendo confundir la vileza de quienes son capaces de arrebatar una vida con la falta de humanidad de quién es capaz de pasear con su teléfono entre los muertos pensando en la posible repercusión de esas imágenes. Tan solo me permito reflexionar acerca de la perdida de valor de las muertes en Siria o en Barcelona y de como quizás eso, haya ayudado a traer a nuestras calles la barbarie de realidades no tan lejanas pese al hermetismo de nuestras fronteras.

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Tú a Washington y yo a Pyongyang

La amenaza a Estados Unidos del líder del régimen norcoreano Kim Jong-un, con la posibilidad de lanzar un ataque con misiles balísticos sobre la isla estadounidense de Guam, vuelve a desatar una crisis bélica internacional en la Península de Corea. Fuentes del Ejército del país asiático, hicieron publico el pasado jueves detalles de la operación militar que a espera de una orden directa de Kim Jong-un, posibilitaría el uso de misiles de alcance intermedio Hwasong-12 con la intención golpear de forma directa efectivos estratégicos de la Marina y la Fuerza Aérea estadounidense emplazados en la Base de Andersen, localizada en la isla de Guam, en el Océano Pacífico occidental. Una acción militar descabellada destinada según Kim Rak-gyom, jefe de la unidad balística especial de Corea del Norte, a enviar una advertencia crucial para Estados Unidos tras la escalada bélica de los últimos meses en la región.

El gobierno norcoreano parece por tanto una vez más dispuesto a poner al mundo al borde de la guerra, al menos eso parece desprenderse de la versión que los grandes medios nos han trasladado a la opinión pública, pero como siempre, la realidad resulta un poco más complicada que el simple juego de indios y vaqueros al que nos ha habituado con la cobertura occidental de los conflictos internacionales. 

No debiéramos olvidar al procesar toda nuestra información sobre Pyongyang, que la nación asiática surge del enfrentamiento militar entre comunismo y capitalismo propio de la Guerra Fría, y en cierta medida, la agresiva retórica utilizada durante aquella época permanece todavía hoy intrínseca en la razón de ser de Corea del Norte. La liberación del dominio japonés tras el final de la Segunda Guerra mundial y la posterior división del país en dos estados, tras el acuerdo en 1948 entre la Unión Soviética y Estados Unidos para dividir la península por el paralelo 38 (Al Sur la República de Corea, apoyada por Estados Unidos  y en el Norte apoyada por la Unión Soviética, la República Popular Democrática Comunista de Corea) pronto dio paso al aumento de la tensión política y militar intensificada con escaramuzas transfronterizas y continuas incursiones más allá de la línea divisoria determinada en los acuerdos. El 25 de junio de 1950 estalla una guerra abierta cuando Corea del Norte, respondiendo supuestamente a continuas provocaciones militares, decide invadir Corea del Sur con la firme intención de reunificar el país bajo el dominio del estado comunista. Tras ese primer movimiento, la guerra se prolongará durante tres años más en un escenario en donde la intervención militar directa de Estados Unidos y la Organización de las Naciones Unidas en apoyo al ejercito de Corea del Sur, rompe el frágil equilibrio en la región transformando un conflicto fratricida en un escenario bélico internacional. Tras una rápida contraofensiva de las Naciones Unidas que devolvió por primera vez durante la invasión a los norcoreanos más allá del Paralelo 38,  tanto la Unión Soviética como China acudieron en apoyo a la República Popular Democrática de Corea lanzando una ofensiva que forzó a las Naciones Unidas y al ejercito surcoreano a volver a la posición de partida al otro lado de la línea divisoria que inicialmente dividía en dos a la península. Finalmente, la guerra cesaría en 1953 con un armisticio que sin embargo no pondría punto final a una diplomacia bélica que terminaría transformando una medida temporal en una situación permanente que a día de hoy todavía impide que la paz llegue a ser firmada.

La caída de la Unión Soviética, el reconocimiento en 1992 de Corea del Sur por parte del gobierno Chino, la cruel hambruna de mediados de los años 90…, nada parece poder romper el hermetismo de una régimen político que ha visto en el desarrollo del programa nuclear de su país, la única vía de defensa frente a la frágil tregua que su gobierno mantiene con la principal potencia nuclear del mundo. Una potencia que en numerosas ocasiones, ha rechazado las propuestas de Corea del Norte para discutir un posible tratado de paz, aludiendo a la negativa de Pyongyang a la hora de tratar la desnuclearización de la península.

¿Pero es realmente Corea del Norte una amenaza para Estados Unidos o para el Mundo? 

Si atendemos a los motivos del gobierno norteamericano para presionar a Kim Jung-un, debemos considerar a Corea del Norte como un régimen terrorista. Un estado al que la «doctrina Bush» situó junto con Irak e Irán, dentro del llamado «eje del mal», llegando por tanto a compararlos de alguna forma con la amenaza planteada en la Segunda Guerra Mundial por la Alemania nazi, la Italia fascista y el Japón imperial. Una retórica belicista a todas luces exagerada, en la que  el Estado con más poder militar de la historia, decía sentirse amenazado por países aparentemente con escasas posibilidades de suponer una amenaza real para los intereses del Imperio Americano. La oratoria americana, llevó al Irak de Sadam Husein a caer bajo el peso militar del ejercito estadounidense fruto de las duras represalias tras el 11-S y las mentiras ocultas tras el Trío de las Azores. Por su parte, Irán sobrevive a día de hoy entre las inhumanas sanciones económicas impuestas desde Washington por sus “malignas actividades” en Oriente Medio y la negociación de un pacto nuclear que impida a la nación persa el desarrollo de su programa nuclear. Una vía la de la renuncia a sus posibilidades armamentísticas muy alejada de la opción norcoreana, un estado a todas luces soberano que pese a su intención durante muchos años de mejorar las relaciones con Estados Unidos, en ningún momento se ha planteado de forma seria la renuncia a su programa nuclear.

¿Pero acaso podemos culpar por este hecho a Corea del Norte?

En la actualidad Corea del Norte se encuentra totalmente aislada de la esfera internacional y con serios problemas a la hora de afrontar las medidas draconianas que el Consejo de Seguridad de la ONU y Estados Unidos, han decidido aprobar como método represivo contra el gobierno de Pyongyang, una prohibición de exportaciones por valor de 1.000 millones de dólares al año que en cualquier otra situación serían sin duda consideradas como actos de guerra, y que seguramente provocarán que a medida que el entorno internacional se vuelve todavía más beligerante contra de Corea del Norte, su cúpula dirigente llegue a considerar el programa nuclear como única garantía de supervivencia como estado independiente.

Cabe recordar llegados a este punto, que durante la guerra de Corea los presidentes estadounidenses Harry S. Truman y Dwight D. Eisenhower, llegaron a utilizar públicamente la amenaza nuclear como un medio para tratar de poner fin al conflicto, una seria amenaza proveniente del mismo país que pocos años antes ya había hecho uso de la fuerza nuclear sobre Hiroshima y Nagasaki para apremiar la rendición japonesa durante la Segunda Guerra Mundial. No debiese por tanto resultar tan extraño para nosotros (pese a la total repulsa a toda escalada bélica) la decisión norcoreana de apoyar su supervivencia como estado, en en la posibilidad de una respuesta nuclear ante cualquier agresión exterior. Un pecado el de Pyongyang, que incomprensiblemente parece imperdonable para Estados Unidos, en una esfera internacional en donde numerosos países; entre ellos la propia potencia norteamericana, violan impunemente el Tratado de No Proliferación (TNP). En palabras del ex miembro del equipo negociador nuclear iraní, Husein Musavian “India, Paquistán y el régimen de Israel han construido armas nucleares, no obstante, estas cinco potencias mundiales (EE.UU., Reino Unido, Francia, Rusia y China) han establecido relaciones estratégicas con ellos”.

Mientras la tensión crece al compás de la agresiva retórica del presidente estadounidense Donald Trump y el líder norcoreano Kim Jong Un, la existencia una Corea del Norte dispuesta a la guerra a miles de kilómetros de Washington, continua justificando entre otras actuaciones las maniobras militares anuales entre Estados Unidos y Corea del Sur, como parte del desarrollo de una importante maquinaria bélica norteamericana en el noroeste del Pacífico, capaz de hacer frente a una posible agresión de Corea del Norte pero también a una eventual amenaza China. Japón, Rusia, China y Corea del Sur, se ven así directamente inmersos en un particular juego de estrategia entre el gobierno de Corea del Norte y el de Estados Unidos, un gobierno norteamericano que al mando de un presidente Trump acorralado desde un inicio por sus escándalos internos, parece más dispuesto que nunca a entrar de lleno en la  delirante retórica belicista que aparentemente tan bien parece funcionar al régimen de Kim Jong Un.

Después de todo, puede que si no fuese del posible uso de armas nucleares y del futuro del mundo de lo que estuviésemos hablando, incluso pudiese llegar a considerarse cómica esta impetuosa batalla entre tan icónicos patanes de nuestra política internacional.

“Los mayores inventos del hombre son la cama y la bomba atómica: el primero te aísla y el segundo te ayuda a escapar.”

Charles Bukowski

 

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La huella del hambre, somos lo que desperdiciamos.

Puede que muchos de los que lean estas líneas se dispongan en estos momentos a desayunar, o pude que lo hagan justo antes de preparar una buena comida o quién sabe, quizás simplemente hayan decidido prepararse algo ligero por eso de mantenerse en forma durante el verano, pero lo que me atrevería a asegurar, es que pocos o puede ninguno de ustedes, se haya parado a pensar en que en estos momentos, una de cada nueve personas en el mundo carecen del acceso a una alimentación básica que les permita lograr el desarrollo de una vida saludable. Un total de 795 millones de personas que en nuestro planeta carecen de acceso a una cesta de alimentos básicos, la mayoría habitantes de países como Afganistán, Haití, Tayikistán, Yemen o Sierra Leona. Regiones en donde la cuestión alimentaria no se trata simplemente de una elección de marca o de cuestiones relacionadas con la tendencia culinaria de turno, sino de una cruel disyuntiva entre la vida y la muerte.

Una lucha por la subsistencia que habitualmente identificamos con países lejanos, pero que en menor media también comienza a producirse en las calles de nuestro país. En la última década y potenciada por la crisis económica, nadie puede escapar a la visión de personas buscando alimentos en los contenedores de nuestras ciudades. Una realidad cotidiana pero soterrada para un país desarrollado como España, en donde en la actualidad se vive un profundo retroceso en la lucha contra el hambre, mientras a lo largo de un año, un tercio de todos los alimentos producidos en nuestro país acabará directamente en esa misma basura, en donde otros buscan desesperadamente “desperdicios” que les permitan sobrevivir, mientras 24 millones de kilos de alimentos son desperdiciados cada semana, 1.245,9 millones de kilos arrojados a la basura en un año, casi el 4,5 % de toda la comida que compramos y que pasa directamente a ser desechada en el desenfreno consumista que también afecta a nuestra alimentación.

Una realidad totalmente inasumible desde un punto de vista ético, económico o directamente ambiental. Ninguna sociedad debería ser considerada libre o democrática mientras gran parte de sus miembros tienen serios problemas para lograr alcanzar una alimentación digna, en un entorno en el que diariamente se desperdician ingentes cantidades de comida debido a errores en la planificación en la compra de sus habitantes, o simplemente a criterios estéticos o comerciales hacia los alimentos.

La lucha contra el despilfarro alimentario es un reto que comienza en nuestras cocinas y en cada visita al mercado, no en vano, al contrario de lo que sucede en países en vías de desarrollo en donde el desperdicio se produce en los primeros pasos de la cadena de producción, en Occidente, el consumidor supone sin duda el principal responsable de la ingente cantidad de comida que se desperdicia. En nuestro país, el 72% de los consumidores reconoce tirar alimentos al no organizar correctamente las compras, mientras que el 50%, lo hace al olvidarse de congelar ciertos productos que terminan almacenados en la nevera hasta que se echan a perder y un 37%, reconoce desechar a menudo sobras de sus platos o neveras. Como señala José Graziano da Silva (Director General de la Organización para la Agricultura y la Alimentación): “Todos nosotros -agricultores y pescadores, procesadores de alimentos y supermercados, gobiernos locales y nacionales, consumidores particulares- debemos hacer cambios en todos los eslabones de la cadena alimentaria humana para evitar en primer lugar que ocurra el desperdicio de alimentos, y reutilizar o reciclar cuando no podamos impedirlo”.

Elaborar una lista de la compra en base a un menú semanal, no dejarse llevar por las ofertas del tipo 3×2 con las que se tiende a comprar en exceso, no ir al supermercado con hambre, no guiarse sólo por la estética de los productos, recurrir a la atención personalizada en el comercio, consumir lo que lleve más tiempo comprado o comerse primero los alimentos más antiguos; son solo algunos de los pequeños consejos que todo consumidor debiera seguir para desarrollar un consumo más eficiente de nuestros recursos alimentarios, y por tanto lograr reducir desde el papel de consumidor el despilfarro en un país que cuenta ya con cerca del 28% del total de la superficie agraria destinada únicamente al desperdicio.

Una situación también fomentada desde el principio de la cadena por políticas económicas artificiales ejercidas sobre los agricultores por las grandes compañías, las cuales se muestran dispuestas a ahogar en una guerra abierta de precios a los pequeños productores de nuestro país, quienes en muchas ocasiones, ven como finalmente les resulta más rentable tirar la cosecha que recolectarla. La guerra por el producto barato en los estantes de los supermercados no tiene en cuenta el coste medioambiental, las condiciones laborales y económicas de los trabajadores del campo o la sin razón de las políticas de estética de los alimentos de las grandes compañías. Hemos entrado de lleno en una dinámica demencial en donde la explotación laboral supone la principal línea de actuación de cara a reducir costes en nuestro campo, mientras la eficiencia en la producción y el cese del despilfarro de alimentos sigue sin ni siquiera plantearse como una salida a un sistema a todas luces ineficiente.

La actuación política debe dirigirse no sólo al consumidor final, sino a su vez centrarse en reducir el desperdicio de alimentos en primera instancia, intentando con ello limitar las pérdidas de cultivos en las granjas debido a las malas prácticas o las excesivas exigencias estéticas de los grandes mercados. De igual modo, equilibrar la producción con la demanda supone un paso vital a la hora de no utilizar recursos naturales en vano para producir alimentos que no sean necesarios, por ello, desde la COAG (Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos) se lleva ya tiempo pidiendo ajustes en los costes y animando al consumidor a la compraventa de productos sin intermediarios que entorpezcan la cadena de mercado. La lucha contra el despilfarro de alimentos supone una de las principales luchas contra la injusticia social, somos los propios ciudadanos los que debemos exigir a nuestros gobiernos el desarrollo de proyectos alternativos al sistema de producción, distribución y consumo de alimentos capitalista. Un sistema que a todas luces ha resultado fallido en este campo.

El consumismo occidental no puede normalizar la pobreza alimentaria para amplios sectores de la sociedad, mientras en nuestros propios hogares el despilfarro alimentario sigue suponiendo una realidad demasiado obscena para un mundo en el que gran parte de la población continua pasando hambre cada día. La estética no puede substituir a la calidad, la explotación laboral no puede suplantar las políticas de eficiencia y desde luego, un precio barato de los alimentos en las estanterías de nuestros supermercados, no puede esconder una industria que cada día despilfarra toneladas de alimentos y con ellos colosales cantidades de recursos naturales cada día más escasos para nosotros. Somos lo que comemos, pero también somos lo que desperdiciamos.

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Hacienda, Cristianos y Pavones

Al más puro estilo presidencial, Cristiano Ronaldo llegaba el pasado lunes al Juzgado de Instrucción número 1 de Pozuelo de Alarcón (Madrid),  para comparecer como imputado por supuestamente evadir a Hacienda 14,7 millones entre 2011 y 2014. La declaración del futbolista portugués que curiosamente duró 90 minutos justos, ha servido para reabrir la polémica en torno a los privilegios de las grandes fortunas en nuestro país y sus responsabilidades con la Hacienda pública. Todo ello pese a que el actual jugador del Real Madrid llegó a insinuar ante la magistrada Mónica Gómez Ferrer, que su imputación por cuatro delitos contra la Hacienda Pública, podría deberse únicamente a su amplia notoriedad en nuestro país “No estaría aquí si no me llamara así”  llego a declarar el jugador luso.

Amparado en su desconocimiento en materia de contabilidad y en “discrepancias” de criterio con la Agencia Tributaria,  Cristiano Ronaldo parece dispuesto por el momento a negarse a asumir su culpabilidad, ante las evidencias de una Fiscalía que acusa al futbolista portugués de crear una estructura societaria para defraudar 14,7 millones de euros de forma “consciente” y “voluntaria”. Una imputación que el jugador niega tajantemente, escudándose en su firme voluntad para contribuir con lo que le corresponde a la Hacienda pública española “Siempre hago mis declaraciones de impuestos de manera voluntaria, porque pienso que todos tenemos que declarar y pagar impuestos de acuerdo a nuestros ingresos. Quienes me conocen saben lo que les pido a mis asesores: que lo tengan todo al día y correctamente pagado, porque no quiero problemas”.

La comparecencia en los juzgados de la estrella portuguesa del Real Madrid, abre de nuevo en nuestro país viejas heridas en una estructura recaudatoria profundamente injusta. Un país pícaro y oligárquico, en donde la estructura impositiva se ha transformado, fruto del devenir neoliberal y las reformas legislativas de los últimos años, básicamente en un IRPF (40% de todos los ingresos del Estado) sostenido en gran parte por los impuestos que pagan los trabajadores asalariados, y un Impuesto sobre el Valor Añadido (22% de los ingresos al Estado) profundamente regresivo. Una realidad impositiva que en España hace que el 34% de todo lo que se recaude (un 22% de IVA y un 12% de Impuestos Especiales) provenga de impuestos regresivos por los que consumidores pagan lo mismo sean CR7 marca registrada o un trabajador cualquiera.

Perfectamente asesorado por el penalista Jesús Santos, exfiscal de la Audiencia Nacional y defensor del PP en sus diversas causas judiciales, y el abogado experto en derecho tributario Luis Briones, Cristiano Ronaldo debiera conocer que el nuestro, nunca ha sido un país especialmente dispuesto a castigar a los astros del deporte rey,  muestra de ello, las ventajas otorgadas a los mismos durante muchos años por el régimen especial para los trabajadores impatriados, más conocido como la Ley Beckham, un mecanismo por el que los deportistas profesionales extranjeros residentes en España, podían tributar como los mileuristas de nuestro país. Una medida estrella aprobada por el último Gobierno de José María Aznar destinada a atraer talento foráneo, pero que sin duda fue únicamente de gran rentabilidad para el ex presidente y sus amigos del  palco del Santiago Bernabéu. Después de todo, España en el fondo es un país en donde nada parece importar que “supuestamente” eludas el pago de impuestos, pese a poseer un patrimonio estimado de más de 61.000 millones de euros, siempre y cuando posteriormente dones tus migajas, un país de súbditos (en algo se debería notar la monarquía) bien sea ante coronas políticas o futbolísticas, en donde se aplaude al defraudador a la salida del juzgado y se criminaliza a quien únicamente pide justicia y equidad frente a un sistema corrompido por la truhanería. Olvida también CR7 al relacionar su imputación con su repercusión pública, la disparidad entre el vértigo de los trabajadores de nuestro país ante cada posible despiste en declaración de Hacienda y la laxitud mostrada por el actual Ejecutivo al desarrollar una amnistía ilegal destinada a legitimar el fraude fiscal.

Al igual que en el famoso  equipo de Zidanes y Pavones del Real Madrid, Cristiano Ronaldo debería comprender que resulta complicado para una sociedad democrática, sostener su sistema de pensiones, su sanidad, su educación, sus redes de transporte…, cuando desde la sala de máquinas de la defensa, un pequeño grupo de canteranos debe alimentar el esfuerzo físico de un equipo repleto de estrellas con mucho talento, pero poco solidarias con el conjunto. Después de todo, que el jugador portugués pueda poseer el privilegio de percibir un sueldo astronómico simplemente por darle patadas a un balón, se debe a que trabajadores y trabajadoras de nuestro país (sin que entienda yo muy bien el motivo) están dispuestos a dejarse gran parte su salario en camisetas, entradas y demás parafernalia con su nombre, que mejor agradecimiento que contribuir con ellos a construir un sistema distributivo más justo, o al menos no tan oportunista.

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Venezuela, madurez revolucionaria

Más de ocho millones de venezolanos han ejercido su derecho a voto en las constituyentes celebradas el pasado domingo en el país, todo ello pese al alarmismo internacional, la manipulación mediática y los focos de violencia que la oposición ha mantenido durante toda la jornada, como parte fundamental de su estrategia de boicot al proceso electoral. Pese a las dificultades fruto de la violencia durante la jornada de votación, el 41,53% del padrón electoral ha participado de forma activa, en la elección de 537 miembros de la Asamblea Nacional Constituyente. Más de 8.000.000 de venezolanos que otorgan al proceso revolucionario un respaldo mayor que el de los resultados de las legislativas perdidas por el chavismo en 2015, donde con 7,7 millones de votos la oposición se hizo con el control de la Asamblea Nacional de Venezuela y superan de igual modo los resultados de las elecciones presidenciales de 2013, en donde Nicolás Maduro se alzó con la victoria con el apoyo de poco más de 7 millones votos.

La la Asamblea Nacional Constituyente, constituye de este modo la cita electoral número 21 de Venezuela en 18 años, un proceso de continua participación democrática de la ciudadanía, destinado principalmente a superar los continuos desafíos internos y externos con los que la revolución bolivariana se ha encontrado desde la toma de poder de Hugo Chávez en febrero de 1999. Desde la victoria de la opositora en las elecciones parlamentarias de 2015, el continuo desafío político en Venezuela ha degenerado rápidamente cara al golpismo con  el rechazo de la oposición a cualquier tipo de diálogo con el gobierno venezolano. En una interpretación ciertamente torticera de las reglas democráticas del país, la Mesa de Unidad Democrática (MUD), ha dirigido sus esfuerzos institucionales única y exclusivamente a intentar arrebatar la jefatura del Estado a Nicolás Maduro, dejando de esta forma de lado  el mandato otorgado por el pueblo venezolano en medio de una coyuntura económica complicada y el continuo aumento de la violencia en las calles. Con ello, la oposición a la revolución bolivariana dejaba entrever la verdadera motivación de su participación política, lejos del interés por el devenir de los ciudadanía venezolana, la derecha opositora tiene como objetivo únicamente poner fin a un proceso revolucionario que en estos años ha eliminado gran parte de los privilegios de la oligarquía del país. Con la convocatoria de la Asamblea Constituyente, el gobierno de Nicolás Maduro busca consolidar los programas y las conquistas sociales de la revolución bolivariana en un contesto de parálisis política en el Parlamento Venezolano, fruto del rechazo frontal de la oposición a las normas de la Constitución vigente y al uso de la violencia en las calles como medio destinado a tensionar la vida política del país. La necesidad de reorganización del Estado y por tanto la renovación constitucional, no se dirige de modo alguno a la disolución de los poderes en el país, sino que al contrario de lo sucedido con la modificación del artículo 135 de la Constitución española o con  el Referéndum sobre el Tratado de Lisboa, frente a una crisis institucional, el gobierno venezolano ha optado por la consulta popular directa en lugar de hacer uso de la imposición política.

Lo que se plantea ahora en Venezuela es un mecanismo de diálogo en medio de un grave conflicto político y económico con claros tintes injerencistas. La oposición venezolana no puede seguir escondida tras la agresiva campaña mediática internacional que ha justificado actos terroristas como la bomba incendiaria detonada el pasado domingo en Caracas, al paso de los efectivos de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB), que ha provocado siete heridos. Se ha terminado la paciencia del pueblo venezolano con el bachaqueo, con las guarimbas, con los asesinatos políticos y con todos aquellos que únicamente buscan desestabilizar la vida diaria de la población con violencia, mientras ellos permanecen ocultos en sus clubs de golf, totalmente ajenos  a las consecuencias de la misma. Con la victoria del proceso Constituyente, la impunidad de la violencia política toca a su fin en Venezuela, un país en donde la policía antidisturbios ha soportado desarmada la continua escalada terrorista y en donde se han llegado a registrar ataques opositores a bases militares, mientras la respuesta del gobierno han sido las urnas, muy al contrario de medidas como el toque de queda adoptado en Francia durante los disturbios de 2005 o la continua represión de la policía española durante las manifestaciones de protesta contra el gobierno en 2014.

Un discurso de doble rasero, facilitado prensa y los diferentes gobiernos internacionales, que han llegado incluso al extremo de jalear el ataque paramilitar sobre la sede del Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela, mientras silenciaban muertes como la de Orlando Figuera, uno de los muchos jóvenes quemados y apuñalados en las protestas de la oposición por ser considerados militantes chavistas. La negligencia, cuando no directamente manipulación informativa con Venezuela, ha alcanzado en los últimos meses el grado más decadente del periodismo al transformarse a menudo en puro servilismo ante intereses políticos determinados. Las muertes o la violencia descontextualizada en Venezuela, ha copado a diario el interés mediático internacional, mientras en países vecinos como México, Honduras o Colombia, numerosos periodistas dejaban su vida, ejerciendo su profesión en una lucha contra los hilos ocultos del poder que a ningún medio occidental ha parecido interesarle.  Una manipulación mediática que a tenor de los resultados electorales y pese al control mayoritario de las ‘cadenas’ por el sector crítico con el chavismo, no ha tenido éxito en Venezuela, pero que sí a servido para crear una corriente de opinión internacional que asuma, cuando no justifique, medidas contra el gobierno venezolano y sus representantes.

Estados Unidos, el país que colaboró activamente entre otros con gobiernos como el de Pinochet en Chile o a su “homónimo” africano Hissène Habré en Chad, amenaza ahora abiertamente al gobierno venezolano con sanciones económicas, al sostener que las elecciones a la Asamblea Nacional Constituyente del domingo son un ejercicio que busca usurpar ilegítimamente la democracia al pueblo, unas acusaciones que llegan desde el país del voto robado a las minorías y en donde tendríamos que remontarnos a 1968 para encontrar algún dato de participación electoral por encima del 60%. En medio de un contragolpe neoliberal en Latinoamérica tras años de un proceso integrador cimentado tras la derrota del ALCA por los presidentes Lula, Chávez y Kirchner, el patio trasero estadounidense, vuelve a cumplir su función de soporte del designio de la Casa Blanca con la negativa de los gobiernos de Colombia, México, Perú y Panamá (España por supuesto repite la estrategia Azores) a reconocer el proceso constituyente en Venezuela. Países todos ellos, en donde defender los derechos humanos puede a menudo costarle a uno la vida, pero cuyo apoyo incondicional a las decisiones del gobierno norteamericano en la región, parece eximirlos de las peligrosas consecuencias de ser incluidos en el llamado eje del mal.

Tras los resultados electorales, el gobierno venezolano debe realizar una correcta interpretación de los mismos, la victoria en la Constituyente no supone ni mucho menos un cheque en blanco para el gobierno de Nicolás Maduro, sino que muy por el contrario, se presenta como un mandato, un voto de confianza del pueblo venezolano con su gobierno, para lograr poner fin a una situación de guerra económica y violencia realmente insostenible para el conjunto de la población. Muchos de los votantes en la Asamblea Constituyente han votado en contra de la oposición y sus actos terroristas, contra su inmovilismo político durante estos dos últimos años, contra la quinta columna del mal llamado chavismo crítico, contra la injerencia extranjera…, en definitiva, han vuelto a votar al gobierno bolivariano tras el castigo de 2015, con la esperanza de una profundización en el proceso revolucionario que dote a la población y a su gobierno de armas con las que poder garantizar la independencia política y económica de su país, frente a los desafíos que se avecinan. Son muchos los retos a los que se enfrenta el gobierno bolivariano, pero una vez más, la voz de su pueblo ha demostrado que la revolución no se vende en Venezuela.

“Al imperio no hay que subestimarlo, pero tampoco hay que temerle. Quien pretenda llevar adelante un proyecto de transformación, inevitablemente chocará con el imperio norteamericano.”

“No es lo mismo  hablar de revolución democrática que de democracia revolucionaria. El primer concepto tiene un freno conservador; el segundo es liberador.”

Hugo Chávez

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Año Mariano

La comparecencia en la Audiencia Nacional del presidente del gobierno, Mariano Rajoy Brey, como testigo en el juicio por la primera época de la trama Gürtel; nombre este con el que se denomina a la red de corrupción vinculada al Partido Popular que ha sentado en el banquillo a decenas de empresarios y políticos disolutos, supone un paso más en el devenir judicial de la posiblemente mayor trama de corrupción política de nuestro país, además de marcar un punto y a aparte en la perversión del Partido Popular, así como en la decadencia moral del conjunto de nuestras instituciones. La histórica declaración del presidente de Gobierno como testigo en un juicio por la corrupción de su partido, supone sin duda un hito televisivo, una oportunidad para los grandes titulares, los pequeños artículos, como el que en este momento me dispongo a desarrollar y seguramente poco más, después de todo, nadie en su sano juicio podría esperar en España un varapalo judicial serio contra los mandamases del PP,  nadie excepto los más crédulos o inocentes con el sistema.

En una actuación perfectamente ajustada al derecho, en un país en donde las normas y las leyes han estado siempre moldeadas para castigar con mayor contundencia al robagallinas que al ladrón de guante blanco, el presidente del Tribunal, Ángel Hurtado, trastocó desde un primer momento toda posibilidad de sorpresa en el desarrollo de la jornada, cuando entre continuas interrupciones y oportunos vetos a preguntas consideradas como “no pertinentes”, logró facilitar en gran medida la defensa de un Mariano Rajoy, que si bien acudía a este juicio oficialmente como testigo, no pudo ocultar en un inicio los nervios propios de quien se sabe suspendido sobre un gran foso de corrupción política totalmente inasumible para un presidente del gobierno.

Pronto, el nerviosismo inicial dio paso a una plácida comparecencia marcada en la dirección por un Ángel Hurtado dispuesto a entorpecer la posibilidad de los abogados de indagar en matices o intentar que el testigo pudiese incurrir en alguna contradicción en sus declaraciones. Ante este devenir de los acontecimientos, Rajoy vaciló por momentos entre la amnesia propia de la familia real, haciendo gala en su declaración de los siempre útiles “no lo sé”, “no lo recuerdo”, “no me consta” y la aparentemente más elaborada estrategia de intentar separar la realidad económica y política de su partido. “Mi responsabilidad era política, no económica” o “Yo era un político y lo sigo siendo (…) eso no es tarea del presidente, sino de los servicios económicos”.

En apenas dos horas, el líder del Partido Popular, tuvo tiempo para negar conocimiento alguno sobre la financiación irregular del PP, los sobresueldos, las obras de su sede central o las cuentas A de su partido. “No tuve absolutamente ningún conocimiento (de la caja B). Mis responsabilidades son políticas, no de contabilidad”. Todo ello, pese a la insistencia del Partido Popular en la absoluta predisposición del presidente del Gobierno, para lograr esclarecer la responsabilidad política de su partido en los casos de corrupción; una falsa actitud de complacencia con la justicia que pronto se vino abajo, cuando haciendo uso de sus privilegios, el presidente del Gobierno decidió entrar a escondidas en la Audiencia Nacional intentando evitar el acoso de la prensa y de una gran parte de la ciudadanía, que se manifestaba en las cercanías dando muestra de su hartazgo con el lodazal de corrupción política en su partido.

Volvió entonces el Rajoy más burlón, el que con la inestimable ayuda de los abogados defensores se permitió una vez más recurrir; esta vez en sede judicial, a la posverdad, a la chulería parlamentaria, “Igual se ha confundido usted de testigo”, le recriminó al abogado de la asociación que logró que se le citase a declarar como testigo, y al pasotismo, “en el Partido Popular ha habido sus problemas y sus historias, como las ha habido, y muchas, en otras fuerzas políticas distintas“. A duras penas, el presidente del Gobierno logró abandonar la Audiencia Nacional evitando en cierta medida el componente mediático, en un proceso judicial por la trama Gürtel, en donde precisamente la prensa se ha encargado en más de una ocasión de ponerlo contra las cuerdas o más exactamente tras la pantalla de un plasma.

Pese a todo, resultará complicado para Mariano Rajoy salir airoso como presidente del Partido Popular, de un proceso que en gran medida engloba la contabilidad B de su partido  (una trama de recepción de donativos ilegales de constructoras y entrega de dinero negro a los dirigentes conservadores) que ha salpicado ya de una u otra forma a todos los niveles de su organización. El apelar al “yo no sé nada” y el desesperado aferramiento al poder, fruto de la inexplicable complacencia de PSOE y Ciudadanos, además de la inoperancia institucional de Unidos Podemos, suponen una excusa demasiado efímera para un presidente del Gobierno envuelto por incapaz o por complice, en la mayor trama de corrupción política de nuestro país. Un país que pese a todo continua sumido en la más absoluta docilidad frente a los desmanes de una clase dirigente que lo gobierna con impunidad cara al abismo.

“Lo siento mucho pero las cosas son como son y a veces no son como a uno le gustaría que fueran”

Mariano Rajoy Brey 

MARIANO RAJOY EN CANTABRIA

 

Galiza, longa noite de pedra

“O teito é de pedra.

De pedra son os muros
i as tebras.
De pedra o chan
i as reixas.
As portas,
as cadeas,
o aire,
as fenestras,
as olladas,
son de pedra.
Os corazós dos homes
que ao lonxe espreitan,
feitos están
tamén
de pedra
Longa noite de pedra, Celso Emilio Ferreiro

“Castellanos de Castilla,
tratade ben ós galegos;
cando van, van como rosas;
cando vén, vén como negros.

Cando foi, iba sorrindo,
cando ven, viña morrendo;
a luciña dos meus ollos,
o amantiño do meu peito

 Aquel máis que neve branco,
aquel de dozuras cheo,
aquel por quen eu vivía
e sen quen vivir non quero.
Foi a Castilla por pan
e saramagos lle deron;
déronlle fel por bebida.
peniñas por alimento.

Déronlle, en fin, canto amargo
ten a vida no seu seo…
¡Casteláns, casteláns,
tendes corazón de fero!”

Castellanos de Castilla de Rosalía de Castro

Galicia, terra dotada dun infinito manto verde, inhóspitas e  crueis costas, meigas e pratos sempre recentes presentes en cada casa e taberna. Carreiros agrestes, pese ao asfalto, debuxados entre cidades e aldeas percorridas demasiado a miúdo ao son das gaitas das súas romarías e o sabor do seu caldo, as súas empanadas ou o seu marisco… bañados todos eles finalmente en Albariño ou unha Estrella Galicia. Terra indómita á vez que sumisa, eternamente enfangada no profundo soño dun pobo guerreiro que algún día espertará para reclamar a viva voz os seus dereitos. Pobo Irmandiño, rebelde nas súas formas e retranqueiro ao longo do tempo ante señores forasteiros e autóctonos dictadores. Fogar de grandes plumas e vellos cantares, a miúdo ignorados polo imperdonable pecado de quen ama á súa propia lingua fronte á estranxeira. Vehículo de versos á añoranza de quen emigra, pero tamén á rebeldía de quen sempre manterá presente no seu peito un anaco da súa terra, por lonxe que a necesidade o empurre. Terra ferida nos seus costumes, na súa xente e a súa lingua, sometida e conquistada ao longo do tempo, pero tamén orgullosa e desafiante ante quen desde fóra, finalmente quixese vela por sempre axeonllada.

Repetíronse unha vez máis dende Castilla as burlas e reproches sobre o votante galego tralas últimas eleccións Autonómicas, nas que o PPdG, comandado por Alberto Núñez Feijóo, revalidou con folgura a súa maioría absoluta pese á campaña de ilusión promovida por En Marea e a suposta fortaleza unitaria da esquerda. Puxeron quizais na nosa terra demasiadas ilusións, quen dirixindo o asalto ao ceo dende Castela, quixeron ver na parafernalia electoralista, un novo movemento irmandiño inexistente. Supuxo En Marea un paso adiante na necesidade de confluencia dunha esquerda que en Galicia, loita contra xigantes, uns monstros con pés de barro, pero petos de ouro, cos que poder comprar ao seu gusto vontades e votantes. Un sistema caciquil herdanza do propio franquismo, cuxas reminiscencias sobreviven nunha nación onde por terra, aire e televisión, se lanza a mensaxe ao exterior dunha Galicia idílica de canto e pandeireta, mentres nas súas entrañas, a despoblación, o paro e a corrupción, afogan a un pobo falto de ilusión que en demasiadas ocasións, por non loitar ante xigantes, prefire emigrar.

Un país sen modelo territorial, que exemplifica perfectamente a submisión e incompetencia do seu goberno fronte a un escuro futuro, nunha comunidade na que no ano 2024 os xubilados duplicarán aos menores de 20 anos. Onde durante 2014, perdéronse 48 habitantes cada día, mentres a inacción do goberno, lograba que a taxa de natalidad chegase aos 7,2 nacementos por cada mil habitantes, convertendo a Galicia nunha das comunidades coa taxa de natalidade máis baixa da península. Unha poboación que se desangra á vez que o fan os seus ata agora sectores produtivos vitais, a industria, o cerco, as conserveiras, o sector agrícola, o lácteo…todos eles enfrontados nos últimos anos á realidade dunha economía propia das colonias, onde a precariedad dos seus traballadores, contrasta co caudillismo económico dos seus dirixentes.

En Galicia as normas son ditadas polos poderosos, mentres os seus cidadáns aínda hoxe, enfróntanse durante o seu día a día ao signo de quen en certa forma, aínda non abandonou o sistema de poder propio do feudalismo. Unha terra de señores e vasallos, que ata a súa vida deben poñer a disposición de quen os goberna, un país ao que se lle roubou a verdade e a democracia, á vez que se mercaba ao rebelde e se castigaba ao pecador. Onde silenciosamente se privatizou a vida e a súa natureza, á vez que se desterrou á cultura, savia da resistencia da nosa xente. Actuacións políticas, todas elas por obra e graza de señores corruptos dende o berce, saqueadores e amigos da represión, gobernantes estranxeiros nunha terra conquistada, pero non castrada. Reprodúcese aínda hoxe silenciosamente a resistencia ao expolio en cada posto de traballo precario, en cada agricultor ou gandeiro sometido á ditadura dos prezos propia das multinacionais, en cada consumidor das nosas aldeas que xermina a súa resistencia na fartura ante as eléctricas e a precariedad do seu servizo. Cada parado, cada mozo emigrante, cada xubilado tomado por parvo nas súas estúpidas excursións, cada nai e pai dos presos independentistas, cada galego e cada galega orgullosos dunha terra que hoxe, permanece hipotecada para beneficio de quen pese a nacer en Galicia, pretende cimentar o seu trono fóra dela. Non merece a nosa terra un goberno que a desprece.

Pese a todo, volvemos o 25 de Xullo a celebrar o día da nosa patria nunha postura de resistencia fronte ao bárbaro invasor, aquel que non por castelán, senón por expoliador, non pode máis que ser considerado como estranxeiro na nosa terra. Sen dúbida se algo aprendemos os galegos tralo paso do tempo, é que non fai falla nacer fóra das nosas fronteiras para poder ser considerado inimigo de Galicia, de Franco a Rajoy, pasando por Fraga ou Feijóo, as políticas de quen nesta terra se criou, deron mostras de que non existe nada peor que a ingratitude dun fillo coa súa terra. Non debería supoñer  logo un lugar de nacemento nunca un obstáculo para diferenciarnos entre nós e eles, faría ben a esquerda galega en lograr identificarse como tal: como esquerda e como galega, signifique iso o que signifique no interior de cada un.

Non podemos permanecer nin un segundo máis divididos por estúpidas rifas fronte ao sometemento unitario que desde fóra se nos impón, de igual modo que non debemos aceptar sen resistencia, mesiánicas solucións deseñadas desde Madrid por líderes políticos máis preocupados polo seu propio futuro electoral que polo dos nosos estómagos. Farían mal desde Podemos ou Esquerda Unida, en intentar fagocitar a alternativa de En Marea, como mal faría tamén Luís Villares entendendo o seu liderazgo máis aló da simple cabeza visible dun movemento complexo e aínda vivo no debate. En Marea non pode perecer froito das egolatrías e os cálculos políticos fantasiosos á vez que erróneos de cada formación, a única opción real para alcanzar a Xunta, é a unidade na alternativa ao PP.

Ameazan as rifas entre vellos nacionalistas, nacionalistas e políticos de novo cuño, con enterrar a Galiza unha vez máis nunha longa noite de pedra simbolizada esta vez na dereita política e as súas medidas liberais de acoso á poboación. Quen aínda hoxe se consideran resistencia fronte ao sometimiento feudal no que vive Galiza, deberían intentar comprender a urxencia nos tempos e a necesidade política dunha terra que necesita unha alternativa unitaria entre todas as formacións progresistas, sexan ou non estas nacionalistas. O contrario supón un paso á ignorancia, ao ostracismo, a unha longa noite sen perspectivas reais de cambio.

“Só os ignorantes
e débiles e duros,
imbéciles e escuros
non nos entenden, non.”

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Galicia, larga noche de piedra

“O teito é de pedra.
De pedra son os muros
i as tebras.
De pedra o chan
i as reixas.
As portas,
as cadeas,
o aire,
as fenestras,
as olladas,
son de pedra.
Os corazós dos homes
que ao lonxe espreitan,
feitos están
tamén
de pedra.”

Longa noite de pedra, Celso Emilio Ferreiro

“Castellanos de Castilla,
tratade ben ós galegos;
cando van, van como rosas;
cando vén, vén como negros.

Cando foi, iba sorrindo,
cando ven, viña morrendo;
a luciña dos meus ollos,
o amantiño do meu peito

 Aquel máis que neve branco,
aquel de dozuras cheo,
aquel por quen eu vivía
e sen quen vivir non quero.
Foi a Castilla por pan
e saramagos lle deron;
déronlle fel por bebida.
peniñas por alimento.

Déronlle, en fin, canto amargo
ten a vida no seu seo…
¡Casteláns, casteláns,
tendes corazón de fero!”

Castellanos de Castilla de Rosalía de Castro

Galicia, tierra dotada de un infinito manto verde, inhóspitas y  crueles costas, meigas y platos siempre recién elaborados presentes en cada casa y taberna. Senderos agrestes, pese al asfalto, dibujados entre ciudades y aldeas recorridas demasiado a menudo al son de las gaitas de sus romerias y el sabor de su caldo, sus empanadas o su marisco… bañados finalmente según la tradición en Albariño o una Estrella Galicia. Tierra indómita a la vez que sumisa, eternamente enfangada en el profundo sueño de un pueblo guerrero que algún día despertará para reclamar a viva voz sus derechos. Pueblo irmandiño, rebelde en sus formas y retranqueiro a lo largo del tiempo ante señores forasteros y autóctonos dictadores. Hogar de grandes plumas y viejos cantares, a menudo ignorados por el imperdonable pecado de quien ama a su propia lengua frente a la extranjera. Vehículo de versos a la añoranza de quien emigra, pero también a la rebeldía de quienes siempre mantendrán presente en su pecho un trozo de su tierra, por lejos que la necesidad los empuje. Tierra herida en sus costumbres, en su gente y su lengua, sometida y conquistada a lo largo del tiempo, pero también orgullosa y desafiante ante quienes desde fuera, finalmente quisieran verla por siempre arrodillada.

Se repitieron una vez más desde Castilla las burlas y los reproches sobre el votante gallego tras las últimas elecciones Autonómicas, en las que el PPdG; comandado por Alberto Núñez Feijóo, revalido con holgura su mayoría absoluta pese a la campaña de ilusión promovida por En Marea y la supuesta fortaleza unitaria de la izquierda. Pusieron quizás en nuestra tierra demasiadas ilusiones, quienes dirigiendo el asalto al cielo desde Castilla, quisieron ver en la parafernalia electoralista, un nuevo movimiento irmandiño inexistente. Supuso En Marea un paso adelante en la necesidad de confluencia de una izquierda que en Galicia, lucha contra gigantes, unos monstruos con pies de barro, pero bolsillos de oro, con los que poder comprar a su gusto voluntades y votantes. Un sistema caciquil herencia del propio franquismo, cuyas reminiscencias sobreviven en una nación en donde por tierra, aire y televisión, se lanza el mensaje al exterior de una Galicia idílica de canto y pandereta, mientras en sus entrañas, la despoblación, el paro y la corrupción, ahogan a un pueblo falto de ilusión que en demasiadas ocasiones, por no luchar ante gigantes, prefiere emigrar.

Un país sin modelo territorial, que ejemplifica perfectamente la sumisión e incompetencia de su gobierno frente a un oscuro futuro, en una comunidad en la que en el año 2024 los jubilados duplicarán a los menores de 20 anos. Donde durante 2014, se perdieron 48 habitantes cada día, mientras la inacción gubernamental, lograba que la tasa de natalidad llegase a los 7,2 nacimientos por cada mil habitantes, convirtiendo a Galicia en una de las comunidades con la tasa de natalidade más baja de la peninsula. Una población que se desangra al tiempo que lo hacen sus hasta ahora sectores productivos vitales, la industriael cerco, las conserveras, el sector agrícola, el lácteo…todos ellos enfrentados en los últimos años a la realidad de una economía propia de las colonias, en donde la precariedad de sus trabajadores, contrasta con el caudillismo económico de sus dirigentes.

En Galicia las normas las dictan los poderosos, mientras sus ciudadanos todavía hoy, se enfrentan durante su día a día al signo de quien en cierta forma, todavía no ha abandonado el sistema de poder propio del feudalismo. Una tierra de señores y vasallos, que incluso su vida deben poner a disposición de quien los gobierna, un país en el que se robo la verdad y la democracia, al tiempo que se compraba al rebelde y se castigaba al pecador. En donde silenciosamente se privatizó la vida y su naturaleza, al tiempo que se desterró a la cultura, savia de la resistencia de nuestra gente. Actuaciones políticas, todas ellas por obra y gracia de señores corruptos desde la cuna, saqueadores y amigos de la represión, gobernantes extranjeros en una tierra conquistada, pero no castrada. Se reproduce todavía hoy silenciosamente la resistencia al expolio en cada puesto de trabajo precario, en cada agricultor o ganadero sometido a la dictadura de los precios propia de las multinacionales, en cada consumidor de nuestras aldeas que germina su resistencia en el hartazgo ante las eléctricas y la precariedad de su servicio. Cada parado, cada joven emigrante, cada jubilado tomado por bobo en sus estúpidas excursiones, cada madre y padre de los presos independentistas, cada gallego y cada gallega orgullosos de una tierra que hoy permanece hipotecada para beneficio de quien pese a nacer en Galicia, pretende cimentar su trono fuera de ella. No merece nuestra tierra un gobierno que la desprecie.

Pese a todo, volvemos el 25 de Julio a celebrar el día de nuestra patria en una postura de resistencia frente al bárbaro invasor, aquel que no por castellano, sino por expoliador, no puede más que ser considerado como extranjero en nuestra tierra. Sin duda sí algo hemos aprendido los gallegos tras el paso del tiempo, es que no hace falta nacer fuera de nuestras fronteras para poder ser considerado enemigo de Galicia, de Franco a Rajoy, pasando por Fraga o Feijóo, los políticas de quienes en esta tierra se criaron, han dado muestras de que no existe nada peor que la ingratitud de un hijo con su tierra. No debería suponer por tanto un lugar de nacimiento nunca un obstáculo para diferenciarnos entre nosotros y ellos, haría bien la izquierda gallega en lograr identificarse como tal: como izquierda y como gallega, signifique eso lo que signifique en el interior de cada uno.

No podemos permanecer ni un segundo más divididos por estúpidas rencillas frente al sometimiento unitario que desde fuera se nos impone, de igual modo que no debemos aceptar sin resistencia, mesiánicas soluciones diseñadas desde Madrid por líderes políticos más preocupados por su propio futuro electoral que por el de nuestos estómagos. Harían mal desde Podemos o Izquierda Unida, en intentar fagocitar la alternativa de En Marea, como mal haría también Luis Villares entendiendo su liderazgo más allá de la simple cabeza visible de un movimiento complejo y todavía vivo en el debate. En Marea no puede perecer fruto de las egolatrías y los cálculos políticos fantasiosos a la par que erróneos de cada formación, la única opción real para alcanzar la Xunta, es la unidad en la alternativa al PP.

Amenazan las rencillas entre viejos nacionalistas, nacionalistas y políticos de nuevo cuño, con enterrar a Galicia una vez más en una larga noche de piedra simbolizada esta vez en la derecha política y sus medidas liberales de acoso a la población. Quienes todavía hoy se consideran resistencia frente al sometimiento feudal en el que vive Galicia, deberían intentar comprender la urgencia en los tiempos y la necesidad política de una tierra que clama por una alternativa unitaria entre todas las formaciones progresistas, sean o no estas nacionalistas. Lo contrario supone un paso a la ignorancia, al ostracismo, a una larga noche sin perspectivas reales de cambio.

“Mas, sós os ignorantes,
E férridos e duros,
Imbéciles e escuros
No-nos entenden, non.

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Miguel Ángel Blanco, la memoria secuestrada

Se cumplen ya dos décadas desde que tres miembros del comando Donosti secuestraran al concejal del Partido Popular en Ermua, Miguel Ángel Blanco. Dos décadas del ultimátum de los terroristas, el rostro del miedo reflejado en sus familiares y aquel tenso silencio intrínseco en la cuenta atrás de quien espera la muerte. Un silencio tan solo roto por dos disparos que tras una lenta agonía, teminaron finalmente con la vida de Miguel Ángel y cambiaron  el signo del miedo frente al terrorismo en nuestro país para siempre.

En realidad la sangre derramada por aquel joven concejal de Ermua sobre el campo de Lasarte, en nada se diferenciaba de la de tantos otros que antes habían perdido su vida fruto de la barbarie y la sin razón terrorista en nuestro país. Quizás, ese fuese el motivo por el que la perdida de Miguel Ángel Blanco, logró empapar de rabia e impotencia a una sociedad ya demasiado harta del sabor a muerte en su día a día, una sociedad que todavía permanecería durante mucho tiempo temerosa ante el las armas de los terroristas, pero que desde ese preciso instante, nunca más dejaría que el miedo la atenazase, evitando que pudiese pronunciar tras cada nuevo asesinato, un grito unánime: ¡BASTA YA!.

La muerte de Miguel Ángel Blanco supuso para el País Vasco y también para España, un antes y un después en la actitud frente a ETA. Los disparos que le arrebataron la vida, le arrebataron también las máscaras a una sociedad que hasta ese momento permanecía sin rostro frente a los terroristas, políticos, policías, periodistas, pero también vecinos y vecinas anónimos de cada pueblo de Euskadi, salieron por primera vez a la calle de ese día de forma masiva para mostrar su repulsa frente al terrorismo de ETA. Fueron entones los rostros de los asesinos, los que desde ese momento tuvieron que permanecer ocultos para siempre, tras unas capuchas blancas que no pudieron ocultar nunca más el rastro de sangre en sus palabras.

Décadas después de su asesinato y mientras los verdugos se pudren en la cárcel o en el infierno, la negativa de la alcaldesa de Madrid; Manuel Carmena, a poner una pancarta conmemorativa en la fachada del Ayuntamiento, ha conseguido que una vez más, el nombre de Miguel Ángel Blanco se vea envuelto en la sin razón argumentativa disfrazada de política. El tacticismo político y el revanchismo partidista, sumado a la torpeza de quienes desde el ayuntamiento madrileño no han sabido trasladar sus motivaciones, han logrado contra todo pronóstico en tiempos de paz, desdibujar un digno homenaje a una víctima de ETA como tantas otras.

Quienes durante años, desde las instituciones, han propiciado con su silencio y sus votos que las víctimas de la represión franquista sigan compartiendo su olvido con el descarado ensalzamiento a su asesino y cuyos cargos políticos se atrevieron a vilipendiar a sus familiares, hoy pretenden ante la opinión pública, convertirse en adalides de las buenas maneras para  hacer de un posible fallo en las formas políticas de la alcaldesa, un delirante caso de convivencia con los terroristas. Pudiese uno tildar sin riesgo a equivocarse, de abyecto e inmoral a quien desde la militancia en la  misma formación política por la que Miguel Ángel Blanco dio la vida, hoy se atreve a intentar dibujar una sonrisa en la cara de los terroristas, resucitando la división y el uso partidista de las víctimas que siempre buscaron sus asesinos. Quizás, no se equivoco la alcaldesa, cuando pretendió evitar personalizar el dolor, puesto que desgraciadamente para nuestro país, solo así parece evitarse la apropiación del mismo.

Inexplicablemente, Pablo Casado, Mayor Oreja, Cristina Cifuentes e incluso la propia Marimar Blanco, se han sumado en las últimas horas, a la horada de insultos e insinuaciones que sin atender al debate democrático, han pretendido entre deleznables titulares de prensa y desesperadas ofensivas políticas, vincular a la alcaldesa de Madrid con un supuesto desprecio a las víctimas o lo que es todavía peor, un apoyo directo a los terroristas. La misma Manuela Carmena, que en Atocha salvo la vida por mera casualidad durante el atentado al bufete laboralista a manso de pistoleros de la ultraderecha española, vive hoy inmersa en la delirante pseudorealidad de quienes en pleno homenaje a un político asesinado por las armas de los terroristas, sacan a relucir sin pudor alguno el devenir político de Venezuela, el proceso soberanista catalán o cualquier otro asunto que pueda llegar a importunarles a la hora de alcanzar sus objetivos políticos, para en un ejercicio de cinismo ilimitado, pretender imponer la lógica de todo lo que nos molesta es ETA.

Sin que pueda evitarlo, recurre una vez más el PP en su estrategia política, al argumentario tan insertado en su ADN del todo es ETA. Quienes en más de una ocasión se atrevieron a menospreciar a víctimas del terrorismo como Pilar Manjón, hoy pretenden manipular la realidad para tildar de etarra o radical a todo aquel que quiera recordar a las víctimas de una manera diferente a la establecida durante los años de la barbarie. Haría bien el Partido Popular en recordar su desmemoria con los represaliados durante la dictadura franquista, su indigna gestión y manipulación informativa durante el 11M o las continuas zancadillas al ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero, durante el proceso de negociación que puso fin a la actividad asesina de la organización terrorista ETA. Podría incluso el partido de Mariano Rajoy volver la vista hacia su propio partido, para encontrar en sus propias filas el más profundo desprecio a la memoria de Miguel Ángel.

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El precio de la frontera

La emigración se define como el acto de establecerse en un lugar diferente al de origen por causas mayormente sociales o económicas. Habitualmente los emigrantes buscan asilo en los países pertenecientes al primer mundo, en donde en apariencia puede resultar más sencillo intentar alcanzar oportunidades de trabajo y una mayor seguridad económica y social. La historia de nuestra especie es una historia de migraciones, un fenómeno global compuesto por desplazamientos de forma voluntaria o marchas forzadas por las circunstancias que a lo largo del tiempo siempre han logrado desdibujar las fronteras de los estados, sobreponiéndose  tarde o temprano a los muros del  odio y la incomprensión levantados frente a ellos.

Cientos de miles de años atrás, el hombre comenzaba en el continente africano un lento pero inexorable camino que lo guiaría a conquistar el planeta, un punto de partida común que hoy curiosamente supone el principal escenario de la silenciosa tragedia del emigrante. Desde el año 2014, más de 14.000 personas han perdido su vida en la que sin duda es la principal puerta de entrada a Europa desde África, el Mar Mediterráneo. Las mismas aguas que bañan nuestras costas aguardan en Marruecos, Libia, Egipto o Turquía a miles de personas dispuestas a arriesgar sus vidas en una travesía de cientos de kilómetros en mar abierto que ya supone la ruta migratoria más mortífera del mundo. Guerras, hambrunas, miseria, precariedad, crisis económicas, dictaduras, catástrofes naturales, expoliación de los recursos naturales… cientos de motivos tras cada paso en el camino del emigrante, que finalmente puede ver como su éxodo termina en países como Estados Unidos, Alemania, Canadá, Rusia  o España, pero que en la mayor parte de las ocasiones encontrará en La India, Nepal, Tailandia, Bangladesh, Sri Lanka, Costa de Marfil, Nigeria, La República Democrática del Congo, Botsuana, Zambia o Sudáfrica su nuevo hogar.

El desaforado etnocentrismo occidental, hace que nos olvidemos de la existencia de campos de refugiados como el de Dadaab en Kenia (En donde cerca de 250.000 personas según el último recuento de Acnur, huyen de la guerra civil que en 1991 estalló en Somalia) Dollo Ado en Etiopía, Jabalia en Gaza, Al Zaatari en Jordania, Panian en Pakistán… realidades ignoradas por una parte de la civilización que un día decidió olvidar su propia condición de emigrante. Quizás en el fondo, quien una vez fue emigrante ya nunca debiera dejar de serlo, tan solo así podríamos garantizarnos la memoria y gratitud de muchos pueblos que un día hicieron las maletas o simplemente levantaron sus estados con el sudor de la emigración.

En nuestra historia, permanecen situaciones como la sufrida por exilio republicano en su huída a Francia de la barbarie de la Guerra Civil, en donde pasaron sus primeros meses en los campos de concentración de las playas de Argelés, Saint-Cyprien y Le Barcarés sin ningún abrigo. Un trato indigno e inhumano, que en mayor o menor medida hoy repetimos en nuestro suelo con los Centros de Internamiento de Extranjeros, en donde los desplazados que llegan a nuestras costas son recluidos en un régimen semi penitenciario únicamente por el hecho de ser emigrantes irregulares.

Episodios como la gran inmigración alemana a Estados Unidos, entre 1820 y la Primera Guerra Mundial, donde casi seis millones de ciudadanos alemanes cruzaron sus fronteras para huir de las revoluciones de 1848 o simplemente buscar en el continente americano un futuro mejor lejos de un país que carecía de grandes colonias, nos recuerdan que ningún país ha estado libre de la necesidad de emprender el camino de la emigración. El propio Estados Unidos, viviría en sus carnes el fenómeno de la emigración interna, cuando el Dust Bowl multiplicó los efectos de la Gran Depresión provocando que tres millones de habitantes dejaran sus granjas durante la década de 1930 y más de medio millón emigraran a otros estados, especialmente hacia el oeste. El mayor desplazamiento de población en un espacio de tiempo tan corto en la historia de Estados Unidos. Todas las naciones son en su corazón naciones de emigración e inmigración, todas son parte del mismo camino sin excepción.

Guerras como la de Siria, en donde la sin razón del odio humano ha expulsado de sus hogares a más de la mitad de la población del país, simplemente llegan hasta nosotros como pequeñas ondas en un inmenso mar de desesperación y muerte. Los cuatro millones de refugiados sirios fuera de sus fronteras, suponen tan solo la mitad de los desplazados forzosamente dentro de su territorio. Pese a ello, los acuerdos de los países miembros de la Unión Europea para acoger a los refugiados que huyen de la guerra en su país, han sido sistemáticamente ignorados. Cuando apenas faltaban 98 días para que terminase el plazo establecido, España tan solo había abordado el 7% de las solicitudes de asilo que se había comprometido a procesar. Pese a las continuas peticiones procedentes de todos los sectores sociales, que pedían agilizar los trámites y facilitar la entrada de refugiados, los continuos impedimentos y por qué no decirlo, el boicot directo de las autoridades españolas, dejaban en papel mojado un acuerdo que pretendía de alguna manera compensar aquel otro tratado criminal firmado por la Unión Europea con Turquía. Un pacto anti-migratorio entre Bruselas y Ankara, que obligaba a los emigrantes a lanzarse desesperadamente a vías de entrada a Europa todavía más peligrosas que las habituales, todo con la esperanza de no terminar en centros de detención o devueltos al horror de su lugar de origen fruto de una devolución “en caliente”.

La tragedia de la emigración en el Mediterráneo tiene su eco en el Mar de Andamán, en donde los emigrantes abandonados a su suerte en deplorables embarcaciones y los continuos naufragios fruto de la especulación de las mafias, también pagan su precio medido en vidas humanas, simplemente por intentar alcanzar el sueño de un futuro mejor. Alrededor de 160.000 personas han emprendido en los últimos tres años este peligroso viaje, la mayoría musulmanes rohingyas que proceden de campos de refugiados en Bangladesh o Birmania, en donde son víctimas de una auténtica limpieza étnica meticulosamente silenciada en el escenario internacional. En 2015, la tragedia diaria sí logró saltar brevemente a los informativos mundiales, cuando los gobiernos de Tailandia, Malasia e Indonesia impidieron que alrededor de 8.000 personas flotando en viejos barcos mar adentro, llegasen a sus costas. Las agencias de prensa de los países occidentales, los mismos de las concertinas, las vallas y los miles de muertos en sus costas, calificaron lo sucedido como inhumano. Es de suponer que al mediterráneo no le quedaba ya ánimo, ni fuerza para reírse.

Quien es capaz de dormir en “La bestia”, podría hacerlo en el mismo infierno. Considerado todavía hoy como el punto migratorio más caliente del continente americano, el corredor que atraviesa México hacia Estados Unidos, es transitado por cerca de 12,2 millones de inmigrantes al año, la mayoría procedentes de  El Salvador, Guatemala y Honduras. Los emigrantes que se suben a “La bestia” saben que se enfrentan a la posibilidad de sufrir maltratos, extorsión, amenazas, secuestro y abusos físicos o sexuales, pero son plenamente consciente de enfrentarse a eso cada día en su lugar de origen, y allí ya no hay sitio para la esperanza. La Bestia”, es un tren de carga que atraviesa México de sur a norte y que cruelmente en su recorrido, se cobra el precio de unos 200 mutilados al año. Cuando “La bestia” se dispone a emprender su travesía, en cuestión de minutos uno puede ver como las vías se llenan grupos de personas que hasta ese momento habían permanecido en la ciudad esperando el momento de subirse al tren como polizones. Sombras dispuestas a jugarse la vida por la posibilidad de un futuro mejor, conscientes de que las mismas pandillas que en ocasiones los obligan a abandonar sus países, supondrán la principal amenaza para ellos a lo largo de todo el camino. A su llegada, la amenaza de un muro que pronto separé la frontera entre México y Texas, la cual supone  posiblemente el corredor migratorio más importante del mundo. Un muro y la política anti-migración de una administración Trump, que como tantas otras veces ha sucedido a lo largo de la historia, ha visto en el emigrante el chivo expiatorio perfecto con el que tapar las lagunas de su gestión y los problemas que debiera afrontar durante su mandato.

Muros, mares y leyes suponen hoy el vacuo intento por detener los flujos migratorios de una sociedad que camina a pasos agigantados a la más absoluta desigualdad, una sociedad de ricos y pobres, ciudadanos y desheredados, de sur y norte, en donde tu origen o tus rasgos no cobran la misma importancia si tu futuro se dispone a labrase en un “top manta” o los grandes estadios de nuestro deporte. En donde el jeque no es tan moro como el vendedor ambulante y el extranjero puede o no ser considerado emigrante dependiendo del lujo de la embarcación con la que cruce el Mediterráneo. Una sociedad enferma de discriminación y explotación para su supervivencia, y que encontrará sus próximas víctimas para garantizar el funcionamiento del sistema dentro o fuera de sus fronteras. Escribía Joh Steibeck en su obra, Los vagabundos de la cosecha: “Los próximos jornaleros serán blancos y americanos. No podemos cerrar los ojos: debemos cambiar nuestra actitud hacia los temporeros y el trato que les dispensamos.” Los próximos trabajadores pobres ya son blancos y españoles. Como muchos emigrantes que hoy abandonan nuestro país para buscar un futuro mejor en Europa, ellos comienzan a vivir en su piel el sin sentido de la discriminación y el odio. Ahora, tan solo de nosotros depende comprender la urgente necesidad de un cambio en nuestra concepción y trato al emigrante.

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