Justicia y poder, en tu casa o en la mía

Media hora ha bastado, para que Iñaki Urdangarin, se libre de momento de la cárcel. A la espera de lo que decida el supremo, el tribunal del caso Nóos, finalmente, ha hecho caso omiso de la petición del Fiscal Anticorrupción, que pretendía imponer al acusado, una libertad bajo fianza de 200.000 euros; y por ello, el yerno del rey, tan solo deberá cumplir, el requisito de comparecer una vez al mes, ante la autoridad judicial de Ginebra, en donde el que fuera Duque de Palma, tienen actualmente su vivienda. Eso sí, en caso de realizar un desplazamiento a la nieve, un acto público o alguna de las tareas a las que suele dedicar su tiempo el entorno de la casa real; siempre subvencionados por los españoles, Don Iñaki, tendría que comunicárselo al tribunal. Supongo que lo de las pulseras electrónicas en los tobillos, ademas de ser algo demasiado americano, podría restar glamour, en los actos propios de la alta sociedad.

Con esta decisión, la Audiencia de Palma, probablemente sin que esa sea su intención, rompe con el pacto de la transición. Un pacto que se ha roto, por la desfachatez continuada de la corona y la avaricia de un régimen político corrupto, amordazado por ese juego de poder y popularidad en el que se ha terminando convirtiendo, una democracia, únicamente reconocible durante escasas horas cada cuatro años.

Si bien la Fiscalía, pedía inicialmente, para el yerno del rey, una condena de 19,5 años de reclusión y Manos Limpias solicitaba una pena mayor de 26,5 años, por los delitos de tráfico de influencias, malversación, prevaricación, fraude, estafa, falsedad  y blanqueo de capitales. Finalmente, la pena de 6 años y 3 meses, a los que ha sido condenado Iñaki Urdangarin, lejos de ser vista como sentencia ridícula por los delitos cometidos, enseguida ha sido utilizada por sectores próximos a la corona, para crear un discurso que pretendía convencer a la opinión pública, de que la sentencia había sido ejemplarizante, pero que esta, no debía justificar el ingreso en prisión de un padre de familia, y no un padre de familia cualquiera, sino de una familia de cierta sangre azul (Sinceramente, desconozco como funciona la gama cromática cuando la realeza se mezcla con el populacho, especialmente, cuando la parte del populacho, termina siendo black).

Reconoce el tribunal en su sentencia, que Don Iñaki, utilizó su “privilegiado posicionamiento institucional, dada su proximidad con la Jefatura del Estado”, para ejercer “presión moral” e influir así, en la voluntad de las autoridades de Baleares, con el fin de conseguir contratos irregulares que le reportaron importantes beneficios económicos. Pero a continuación, creo que no en su mejor reflexión, argumenta la no imposición de prisión provisional, por el efecto disuasorio que ejerce una escolta policial; pagada por todos los españoles, y el arraigo familiar, social y laboral en territorio nacional del acusado. Todo ello, pese a las prisas mostradas por la infanta Cristina; su mujer, para no volver a pisar España una vez finalizase el proceso judicial. Cabe interpretar, para un observador no inmerso en los procesos judiciales, como el que aquí escribe, y atendiendo solo a la sentencia y a su desarrollo argumentativo, que la propia pertenencia de Iñaki Urdangarin a un entorno familiar estructurado y ciertamente privilegiado, supone un atenuante que juega a su favor, a la hora de evitar momentáneamente su ingreso en prisión, como sí sucede a diario con otros acusados del ámbito del delito menor, los llamados roba gallinas. Un entorno familiar, el de Don Iñaki, que le sirve a este, para evitar su entrada en prisión, al igual que previamente le sirvió para llevar a cabo sus fechorias financieras. Utilizando el peso que otorga la corona, ante políticos y empresarios, para lograr vaciar las arcas, que en muchas ocasiones, beben directamente de los impuestos de los ciudadanos.

Sentencias como las que nos ocupan, lejos de levantar sospechas, sobre si su procedimiento se ajusta a derecho o no, deberían ir más allá, sembrando en el ciudadano medio, una profunda desconfianza, hacía un sistema judicial y una justicia, dispar por naturaleza. Una justicia, heredera de un régimen del 78, nacido en una eterna crisis democrática, que todavía hoy, atenaza el desarrollo de una verdadera base social crítica, que permita el ejercicio de un modelo político, alejado del despotismo ilustrado disfrazado de democracia, al que actualmente asistimos; en una España, en donde la separación de poderes, se diluye cuando resulta necesario, y las presiones o directamente, las purgas entre los fiscales discolos,  funcionan como aviso a navegantes, cuando el poder se siente amenazado. La sentencia judicial, y la decisión de permitir al yerno del rey, conservar momentaneamente su libertar, puede ajustarse a la ley, pero lo hace a una ley creada por una clase privilegiada, para responder en último caso, a las necesidades de esa misma clase social. No deberíamos olvidar, que al igual que tantas otras instituciones en nuestro país, el sistema judicial imperante actualmente en España, es una herencia de las estructuras de poder franquistas. En su foro interno, nuestro sistema de justicia se torna ficticio, cuando pretende hacer un hecho, aquello de ser igual para todos los españoles. Es entonces, cuando descubrimos que como el derecho a la vivienda o al trabajo, tras tan grandilocuentes palabras, se esconde poco más que un enunciado  sugerente, pero meramente ornamental.

En un país en donde gente entra en prisión por robar una bicicleta; y no precisamente una Specialized Tricross por si alguien lo dudaba, por canciones, por obras de teatro, por manifestaciones, huelgas o por el simple hecho de pedir la independencia de lo que ellos consideran, como sus respectivas naciones. La sentencia, y el posterior trato a Iñaki Urdangarin, resulta especialmente denigrante, para una población en la que ahora reside, la responsabilidad de volver a llenar las calles o seguir aguantando el chaparrón. Si algo parece claro, a tenor de las reacciones que desde la derecha recibimos ante estas sentencias, y a los primeros meses de la nueva legislatura de Mariano Rajoy, es que si la población no reacciona, si no planta cara ante la desfachatez mostrada por un sistema que cada día se muestra más desenmascarado en sus obediencias, el caso Nóos, será tan solo el primero de una larga lista de sentencias con la que los corruptos, verán finalmente legitimados sus actos.

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 Autor: @SeijoDani

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental.

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¡La impunidad ha muerto¡ ¡Viva la República!

“El Rey es tan Jefe de Estado como soy yo. Sólo que yo he sido electo tres veces con 63 por ciento. Somos iguales, Jefes de Estado igual. Somos tan Jefes de Estado el indio Evo Morales como el rey Juan Carlos de Borbón y yo”

Hugo Chávez

Seguramente, poco podría imaginarse; en aquel verano de 2010, el fiscal Pedro Horrach, que entre la amalgama de documentos que recibía en su despacho, que en mayor o menor medida guardaban relación con el caso Palma Arena, se encontraban ocho folios, remitidos por la fundación  Illesport, que iban a destapar el mayor caso de corrupción de la monarquía española. El caso del Instituto Nóos, de Diego Torres, de Iñaki Urdangarin. Pero especialmente, un caso que terminaría, con toda una infanta de España, sentada en el banquillo de los acusados.

Un caso de adjudicaciones amañadas, de trabajos ficticios, precios desproporcionados y un desmedido ánimo de lucro, que llevaría a Don Iñaki y al que por aquel entonces era su socio Diego Torres, ha embolsarse cerca 4,5 millones de euros, por un trabajo, en el que el peso de la participación del yerno del rey, resultaba clave, para garantizar un flujo de dinero constante, cuya procedencia principal era la de las administraciones gobernadas por el Partido Popular. Nóos, supuso un entramado fraudulento, en el que los 18 acusados, terminaron sucumbiendo ante la tentación de asociarse con la imagen de la casa real, pese a las escandalosas irregularidades necesarias para ello.

El salto a la palestra del caso Nóos, supuso para la casa real española, encarar, la investigación y el posterior juicio, que terminaría por debilitar para siempre, esa imagen cándida y campechana de una monarquía, que en medio de una crisis sin precedentes para sus súbditos, se posicionaba claramente del lado de los que de una forma u otra, se habían aprovechado para su beneficio económico, de un sistema, del que la corona siempre se había congratulado de ayudar a crear. Con Aizoon SL bajo sospecha (Una sociedad compartida al 50% por Iñaki Urdangarin y la infanta Cristina) la justicia, ponía en la picota, a una monarquía, aparentemente, vinculada a un caso de corrupción política, en el que el peso de la institución, había sido utilizado como si de una mera marca comercial más se tratase.

La investigación, logró demostrar, de manera clara, el funcionamiento del entramado de empresas y sociedades pantalla; que Iñaki Urdangarin y su socio Diego Torres, habían levantado, con el objetivo de hacer desaparecer para la Hacienda pública, el dinero fruto de la corrupción en sus actividades. Ante la imposibilidad de negar los claros indicios que apuntaban a Iñaki Urdangarin, no se tardo demasiado desde la casa real, en tomar la decisión de convertir, al yerno del rey, en la última barrera de defensa de la monarquía. Una estrategia, en la que se invirtieron numerosos recursos, y cuyo único objetivo, era el de intentar evitar  que la investigación, pudiese salpicar en mayor medida a la propia monarquía. No en vano, el caso Nóos, amenazaba en aquel momento, con afectar de manera directa a la hija del por aquel entonces rey de España. En un ambiente, en el que objetivo de todos los focos, se encontraba precisamente, en lograr demostrar, la posible implicación de la infanta Cristina, con los negocios de su marido. Algo, que a tenor de la sentencia final del caso, ha resultado; por un motivo o por otro, imposible para la acusación .

Con un sonoro murmullo político de fondo, y una fiscalía que en ocasiones ha bordeado una línea de actuación, más propia de la defensa de la infanta Cristina. La justicia, se ha mostrado incapaz, pese a los claros indicios, de demostrar la participación de Cristina de Borbón, como cooperadora necesaria en el delito fiscal cometido por su marido. Delito, que ha sido el único por el que doña Cristina, ha terminado sentada finalmente en el banquillo. No así, por los delitos de malversación, prevaricación o falsedades. Cabe recordar, que legalmente, la infanta, nunca ha tenido obligación alguna de denunciar a su marido, pese a que pudiese haber tenido conocimiento de las actividades ilícitas realizadas por el mismo. No cabría por tanto, pese al revuelo informativo, exigir responsabilidades en ese sentido, más allá de las que se le pudieran reclamar moral y socialmente a un miembro de la familia real que dice representar al conjunto de los españoles.

Parece obvio, a tenor del elevado tren de vida de la pareja, que Doña Cristina, sí debió de reconocer en su día a día, claros indicios de la extraña actividad económica de su marido. Del mismo modo, que la capacidad de la infanta para disponer de los fondos de Aizoon, en donde se depositaban los beneficios fraudulentos de don Iñaki, apuntan de una manera clara, a una cierta responsabilidad en toda la trama, por parte de la hermana del actual rey. Una responsabilidad, que los correos destapados por  Diego Torres, extienden a su vez a nuevos ámbitos de la corona, dejando entrever, un claro conocimiento por parte del entorno de casa real, acerca de las actividades de Iñaki Urdangarin. Conocimiento, que desmonta totalmente, la fachada de una monarquía sorprendida por los tejemanejes del que hasta aquel entonces parecía el yerno ideal. La figura de Carlos García Revenga, secretario de las infantas, supone sin duda, uno de los vínculos claros entre la casa real y don Iñaki Urdangarin. El propio rey emérito, se vería salpicado por los mensajes destapados por Diego Torres, en donde las conversaciones con Corinna Sayn-Wittgenstein; supuesta amante del don Juan Carlos, parecen apuntar de manera directa a la aparente participación del rey en los negocios de don Iñaki Urdangarín, al menos como la figura, que nunca impidió que su nombre, y la reputación de la corona, fuese puesta al servicio de todo el entramado corrupto.

Con la absolución de Cristina de Borbón y la condena a Iñaki Urdangarin a un total de 6 años y 3 meses, la monarquía se encuentra ante la necesidad de hacer del marido de la infanta, un caso ejemplarizante, que evite; si todavía resulta posible, la sensación de la existencia de un justicia de dos sensibilidades, y dos velocidades en España.

Más allá de las sentencias judiciales y las responsabilidades penales, el proceso del caso Nóos, ha terminado destapando una dura realidad, para todos aquellos, que hasta hoy, creían en el sentido de una monarquía al servicio de los españoles. Las presiones ejercidas, en el entorno judicial y mediático, con la clara intencionalidad de alejar en la medida de lo posible a la infanta de las responsabilidades judiciales, han evidenciado a una corona muy alejada de los modelos de transparencia que desde la población se han venido exigiendo, ante el hartazgo de una corrupción ya endémica en el país. La corona, ha terminado de mostrarse al pueblo, como una institución, incapaz de reconocer sus propios errores. Un ente independiente del devenir democrático de nuestro país, incapaz de acomodarse a los cambios sociales pertinentes, al encontrarse totalmente inmersa en la firme tarea de apuntalar su propia supervivencia. Quién sabe, si por inoperancia o por mera impotencia, ante los posibles escándalos que una lupa parlamentaria podría hacer saltar a la opinión pública. La actuación de la casa real, ha continuado en una línea aislacionista, intentando dirimir en un proceso interno de reprimendas reales, lo que debería haberse convertido, en una clara oportunidad, para demostrar que ni tan siquiera la corona debe escaparse al ejercicio de la justicia.

El caso Nóos, nos deja a una infanta, absuelta por su supuesta ignorancia personal y política, y a todo un cuñado del actual rey de España, condenado por corrupción. Todo ello, parece gestar una extraña sensación propia del inicio del fin de un ciclo. ¡La impunidad ha muerto¡ ¡Viva la República!

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Autor: @SeijoDani

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Castillo de naipes

Si alguien dudaba del respaldo de las bases a Pablo Iglesias, Vistalegre II, ha servido para sacarlo de su error. Con el control de 37 de los 62 puestos del Consejo Ciudadano, y un mayoritario apoyo a su labor como Secretario General. El líder de la formación morada, pone fin a una crisis de legitimidad, quizás, demasiado artificial como para haber supuesto un verdadero reto a Iglesias y a su equipo. Las bases han hablado, y lo han hecho, para demostrar una vez más, que si algo no gusta en Podemos, son las injerencias de quienes no consideran los suyos. Se equivocó Iñigo Errejón en las formas y en los tiempos, pero especialmente, se equivocó, el hasta ahora número dos de Podemos, en los apoyos que sumaba, a la hora de respaldar su candidatura para arrebatar la hegemonía estratégica a Iglesias, en una pugna, que poco o nada ha tenido que ver, con el debate de futuro que precisa la formación del cambio. Una lucha, que se ha acercado más, al esperpento típico de la izquierda patria de toda la vida.

El apoyo de los grandes medios de comunicación, y la clara preferencia por su candidatura de la derecha de nuestro país, facilitó la creación de un ambiente de decadencia ficticia en torno al liderazgo de Iglesias, que si bien en el equipo de Iñigo Errejón, lo identificaron como el momento oportuno para plantear un pulso, que ya se venía gestando desde lo sucedido en Madrid, el tiempo, lo ha revelado, como un claro error estratégico en la candidatura del número dos de Podemos. Vistalegre, no era el momento, ni el lugar, para un debate entre bandos. Desde un principio, se apuntó desde la candidatura de Errejón al entorno de Pablo Iglesias como una horda de peligrosos radicales, dispuestos a convertir la asamblea ciudadana, en una checa, donde él y los suyos serían apartados de los órganos de decisión de Podemos. Olvidaban, que ese poder, residía tan solo en los más de 155.000 inscritos que votaron en Vistalegre II, y que finalmente, apostaron por hacer de su alarmista discurso de candidatura, una realidad.

Errejón apostó por el discurso del miedo, el de la izquierda moderada frente al radicalismo. Un discurso que quiso sonar a transversalidad, pero que quizás, ha terminado sonando demasiado a capitulación, a fin de ciclo del movimiento que comenzaba con el 15M. En una candidatura que llevaba por nombre “Recuperar la ilusión” el discurso y los asesores de Iñigo Errejón, han estado siempre más próximos a una postura que permitiese un futuro pacto de gobierno con el PSOE, que a crear una verdadera alternativa política para el votante desencantado de izquierda.

La centralidad en el discurso de los errejonistas del pacto con otras formaciones; en donde el mismo PSOE que había entregado el gobierno a Rajoy, parecía jugar un papel clave, las acusaciones de sus afines comparando a iglesias con  Franco o Sadam Husein o la puesta en cuestión  del pacto con Izquierda Unida, se pueden considerar, los grandes errores de un Iñigo Errejón, que si bien puede acertar con el discurso de la transversalidad, se equivoca en el sentido del mismo. La transversalidad vital para la formación de Pablo Iglesias, ha sido siempre la que se dibuja entre la calle y las instituciones.

Vistalegre II, ha comenzado a definir lo que Podemos quiere ser. Un partido con identidad propia, capaz de sobreponerse a las presiones externas, y en donde los cantos de sirena de posibles pactos con formaciones de la izquierda más aburguesada como el PSOE, no tienen cabida en sus debates internos. Podemos, debe aspirar a crear un nuevo marco teórico propio de su visión de la sociedad. Una línea ideológica y un discurso, capaces de crear un espacio vital propio entre el electorado, que suplante su actual estrategia de adaptar sus postulados a espacios electorales ya saturados e inestables. Por delante, la difícil tarea de lograr integrar la concepción de los errejonistas, en una distribución de poder, que todo parece indicar no les va a resultar favorable. Resultaría chocante, que el defensor intelectual de la transversalidad, se mostrase incapaz de acomodar su visión política a la formación a la cual actualmente todavía pertenece. Aunque cabe recordar, que el juego de estrategia, que sin duda se dibuja en el futuro inmediato de Podemos, es un juego de varios jugadores.

Pablistas, Errejonitas y también una Izquierda Anticapitalista, capaz de mantener la cordura y la estabilidad, en los momentos más duros del conflicto, comienzan a dibujar desde la pasada semana, un Podemos diferente. Un Podemos, en el que ya nadie duda, su cabeza visible: será Pablo Iglesias.

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Autor: @SeijoDani

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Juego de tronos

Existió un tiempo en el que desde Podemos , se nos lanzaba el mensaje de que su partido, no era “Ni de derechas, ni de izquierdas” sino transversal; una especie de partido para todo, capaz de canalizar la indignación y la rabia, fruto den país con una situación social y económica, realmente insostenible para las clases más desfavorecidas del mismo. Y quizás, realmente durante un tiempo, lo lograran. Al menos, lo lograran con aquellos ciudadanos; no pocos, que se encontraban profundamente desencantados con las continuas desbandadas a las que la izquierda tradicional, los tenía acostumbrados. Durante un tiempo, en el partido de Pablo Iglesias, las cosas parecieron hacerse de otro modo. Viejas reclamaciones, para una nueva izquierda, para nuevas formas. Pero todo eso, ha terminado por desvanecerse. Muchas cosas han cambiado desde aquel primer Vistalegre, en donde la fuerza del cambio que suponía Podemos, celebraba una asamblea constituyente que definiría los primeros pasos de un partido, que se decía “quería tomar el cielo por asalto” De aquellas primeras caras que asumían la responsabilidad de un reto que podría dar vértigo a cualquiera: Carolina Bescansa, Luis Alegre, Juan Carlos Monedero,Tania González…tan solo las de Pablo Iglesias e Iñigo Errejón, siguen actualmente activos en  la dirección de Podemos, y serán finalmente los 456.443 inscritos con derecho a voto, quienes decidan quién será el particular Connor MacLeod de la formación morada.

Llegamos a Vistalegre II con la sensación de tener el paso cambiado, una sensación rara e incomprensible. Como si en nuestro fuero interno, algo nos dijese, que una asamblea que debiera servir para definitivamente definir el rumbo de una formación política, se hubiese transformado, sin que nadie termine de apuntar muy bien el motivo, en una pelea de gallos, un juego de nombres o porque no decirlo de una manera más gráfica, en el típico “a ver quién la tiene más larga” del debate político de la izquierda española de toda la vida (siento una referencia tan machista y ordinaria, pero la política en nuestro país; por desgracia, sigue siendo así, incluso la política del cambio).

No vamos a saber tras Vistalegre II, si la formación morada terminara por definirse como republicana o no, no descubriremos cuales son sus planteamientos definitivos en materia económica o política, ni si la apuesta por una distribución territorial determinada en nuestro país, podrá también definir las relaciones del partido, con las diversas formaciones con las que ha tejido sus alianzas electorales. En la asamblea de Vistalegre, no se discutirá ninguno de estos puntos, al igual que no se hablará de muchos otros temas que seguramente, tendrían un peso mayor en el futuro inmediato de los votantes de Podemos, que el que un simple pulso entre facciones pueda llegar a alcanzar, al menos a corto plazo.

Pero no nos equivoquemos, entre toda esa amalgama en la que se vota por separado a 62 miembros de la dirección, 10 miembros de Garantías, cuatro tipos diferentes de documentos y cuatro representantes de los círculos, el objetivo principal, parece claro: bajar del trono de la izquierda a Pablo iglesias. Probablemente, podría llegar a afirmar sin conocerlo personalmente; pero sin miedo a equivocarme, que a Iñigo Errejón nunca le ha gustado demasiado eso de asaltar el cielo, y que ni por asomo, cabría la posibilidad de que las manos del politólogo madrileño, pudiesen acabar de ninguna de las maneras manchadas de cal en el fragor del debate parlamentario. Iñigo es más de escritorio, que de hospital de campaña, más de Sabina que de Eskorbuto, más de temporizar que de arriesgar y eso está bien, no tiene porque ser malo para la política de un partido, pero inevitablemente tiene sus consecuencias.

Cuando uno escribe sobre la guerra desde un escritorio, en lugar de hacerlo desde el propio campo de batalla, las balas no llegan a rozarlo. Uno no se enfrenta a grandes titulares con su nombre inmerso en toda clase de conspiraciones cada semana, ni pierde amigos o relaciones, por culpa de la tensión de la guerra. Cuando uno cubre un conflicto dede la seguridad de su escritorio, existe tiempo para las metáforas, para los adornos y para cuidar la prosa con la que nos vendemos al exterior. Existe tiempo para intentar agradar, un tiempo, que inmerso en el fragor de la batalla, resulta poco menos que imposible. Cuando uno se sumerge en el día a día político, y lo hace desde la dirección de una formación que ha nacido con la intención de declararle la guerra a los poderosos, no existe tiempo para las metáforas o la retórica, uno vive su día a día como un Vietnam intelectual y personal, sin tiempo u oportunidades para tender la mano a quien apenas se molesta en ocultar el puñal con el que piensa traicionarte.

Dicen los errejonistas y el propio Errejón, que de imponerse en Vistalegre II las tesis de Pablo Iglesias y de su equipo, las posibilidades de ganar al PP se desvanecen, lo desconozco, pero personalmente; soy de los que opinan, que la moderación promovida por sus partidarios en las sucesivas campañas, no ha contribuido precisamente a lograr ampliar la fortaleza de la izquierda, sino todo lo contrario. Pero si realmente el señor Errejón mantiene esa firme convicción, la alternativa se antoja clara: opte usted al liderazgo. Y hágalo con firmeza, pese a no haberlo hecho antes. Pese a no haber liderado el partido en sus primeros pasos, cuando el éxito o el fracaso podía ser enorme, cuando los primeros resultados, llamaban a su puerta como un toro desbocado difícilmente controlable o cuando las alianzas y los pasos a dar no estaban claros para nadie. Hágalo,  si realmente considera que el partido ha comenzado a perder el rumbo, pero si lo hace, debe ser claro con todos nosotros, con usted mismo y especialmente, debe ser claro con Pablo Iglesias, al fin y al cabo, se lo debe.

No tendría razón alguna, el actual líder de la formación a la que ambos pertenecen, para molestarse por un pulso de poder sincero, un pulso en el que postulados y liderazgos se expusieran abiertamente a debate ante una militancia, que sin duda lograría hacer de una experiencia semejante, un acto enriquecedor para el partido. Lo contrario, supone un engaño y siento decirlo, un desprecio para el señor Iglesias ¿De veras quiere convencernos de que una personalidad como la de Pablo Iglesias podría defender un proyecto político en el que no creé?

Comienza el fin de semana y con el, una asamblea con las espadas en todo lo alto y en la que pese a las buenas palabras, solo puede quedar uno. Sabina o Eskorbuto, Iglesias o Errejón, pero después de todo esto, no podrá seguir existiendo un liderazgo compartido. Pero si algo parece quedarnos al menos claro, es que tras una campaña con tanta basura en las redes y en los medios, Podemos debiera definirse definitivamente como un partido de izquierda. Puede que una izquierda nueva en las formas, pero sin duda, heredera en los modos de la típica izquierda fratricida de toda la vida.

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Autor: @SeijoDani

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Yo, un inmigrante

6 de febrero de 2014

Hay pocas cosas tan ciertas, como que no existe forma de poner barreras al dolor y a la miseria. Ni las vallas y sus hombres armados, ni la sangre, ni los muertos, podrán detener a quién no conoce más esperanza, que la que su propia desesperación, dibuja al otro lado de una frontera, que no significa nada. Aquella mañana, cerca de 200 personas, se agolpaban en los montes marroquíes cercanos a la frontera española del Tarajal, cansados, pese a las jornadas dedicadas a recuperar el aliento, tras un viaje a través de un continente como el africano. Los nervios, el miedo y la ilusión debían agolparse en sus corazones, haciéndolos latir de una forma que quienes nunca hemos estado inmersos en un lucha semejante, me temo, jamás seremos capaces de comprender, pese a nuestros esfuerzos por intentarlo. Los últimos rezos antes de encarar el final del camino, las llamadas a casa y los preparativos necesarios pese a las muy escasas pertenencias, debían de mezclarse en el ambiente, junto a las valiosas palabras de los compañeros que ya habían intentado, antes, cruzar la frontera para aferrarse a un sueño europeo, que sabían no los esperaba con los brazos abiertos. En ese momento, los consejos para evitar a la policía marroquí, a la que ya estaban acostumbrados a temer por las continuas redadas a la caza del emigrante, y las señales con los puntos de acceso a la parte española de la frontera, debieron de suponer las últimas palabras que se dijeron, justo antes de los deseos de buena suerte y los planes a realizar nada más cruzar al otro lado.

Pronto, uno de los equipos de vigilancia, salpicados a lo largo de la valla de Ceuta, detectó a los cerca de 200 inmigrantes, y los preparativos de quienes dicen defender la frontera, comenzaron a activarse. Las fuerzas marroquíes, no dudaron ni por un instante en rechazar a golpes a los emigrantes. Los palos, se reafirmaron como política oficial al otro lado de la valla, fruto de la desidia del país africano por los derechos humanos, en total consonancia con lo que de él esperan sus socios europeos. El caos comenzó a desatarse entre los emigrantes, nadie esperaba que alcanzar su sueño fuese a ser sencillo, y no existía la oportunidad de retroceder, cualquier paso en falso podía significar una breve estancia en las dependencias policiales marroquíes y una larga travesía por el desierto, camino a ninguna parte. Un grupo numeroso se dirigió en ese momento hacia el espigón que separa España de Marruecos, en un punto que en buenas condiciones, se podría cruzar a pie, no era el caso. La tensión fruto de la represión en territorio marroquí y la fragilidad de un sueño tan cercano, pero inalcanzable para sus exiguas fuerzas en ese momento, hizo que los emigrantes comenzasen a agolparse en un espacio cada vez más reducido. Aumentan los nervios y la cosa no iba a mejorar. Pronto, comenzaron a llegar los agentes de la policía española a la punta del espigón, y sin motivo aparente, comenzaron también los disparos de material antidisturbios, ante lo que cualquiera en sus cabales, identificaría inmediatamente, como una emergencia humanitaria. El pánico hace acto de presencia, los botes de humo y las pelotas de goma, se suman al apelotonamiento de los inmigrantes para convertir la situación en una polvorín, que finalmente, terminaría estallando. Policía marroquí y española, parecen trabajar coordinados, pero inexplicablemente, la ayuda nunca llegará a los inmigrantes, que por aquel entonces, ya se empujan y caen al agua, fruto del pánico.

La línea que separa el continente africano de la “civilizada” Europa, parece desvanecerse ante los pasos de las botas militares y la trayectoria del material policial. Ni Salvamento Marítimo, ni Cruz Roja, habían sido requeridos en la actuación. Ese día, un total de 15 personas pierden la vida en la frontera; en unas aguas, las del Mediterráneo, que no discriminan entre nacionalidades a la hora de cobrarse su pago por la codicia humana. 5000 muertos solo en 2016, son la cara más desagradable, de un mar que baña las costas de realidades tan diferentes, de orillas tan lejanas en un mismo mundo. Las devoluciones en caliente de aquel día, derribaban la legalidad y la frontera, como excusa ante lo que solo debería pertenecer al ámbito de la humanidad. Nadie actuó para salvar a los emigrantes. Fueron tratados como el enemigo en una guerra ideológica, en donde la emigración, es vista por un sector de nuestra sociedad, como un mal que hay que detener, pese a que en el camino, se agolpen un sin fin de irregularidades.

Desconozco, la responsabilidad exacta de los agentes que aquel día actuaron en defensa; supuestamente, de la frontera de un país que nos pertenece a todos. No soy consciente de la existencia de un protocolo o una línea de actuación que permita el uso de material antidisturbios, ante lo que a todas luces parece una situación más propicia para el equipo sanitario y los chalecos salvavidas. No voy a hablar aquí de culpables o inhumanidad, ya que la justicia no me lo permite, también en eso, los españoles jugamos con una fina línea que coarta nuestra libertad, que dibuja nuestra frontera. Aquel día, 15 personas murieron intentando alcanzar un país que es el nuestro, personas que se aferraron a la vida, que escaparon de situaciones de miseria y guerra, para llegar a un territorio, que muchos de los que dicen amar su bandera, maltratan y desprecian en nuestro nombre. No voy a entrar, en la actuación posterior de Fernández de Mesa, Martínez Vazquez o Fernandez Díaz…la mentira y las manipulaciones tienen un recorrido corto, pese a los premios y gratificaciones que en este país pueden recibir quienes de tal modo actúan.

Los muertos de la tragedia del Tarajal, fueron enterrados de manera rápida y anónima, Los homenajes y las lágrimas se producían muy lejos de la frontera, en los hogares de las familias que un día vieron partir a quienes eran sus hermanos, sus hijos o sus padres. Para Occidente, aquellos cuerpos no eran más que otro número en una tumba sin nombre, un intento de asalto repelido ante la amenaza de una emigración descontrolada, un relato político, una muestra de nuestra decadencia y un símbolo de amenazas mayores ¿Hasta cuando va a seguir soportando el mundo nuestra prepotencia e inhumanidad? 

En octubre de 2015, la jueza María del Carmen Serván archivó la causa, según su punto de vista, no existían pruebas suficientes para asegurar que la actuación de la Guardia Civil hubiera contribuido a la muerte de estas personas. Los testimonios de los testigos no identificados, los inmigrantes, no eran considerados válidos, y en palabras de la propia jueza “Los inmigrantes asumieron el riesgo de entrar ilegalmente en territorio español por el mar a nado, en avalancha, aprovechando la noche,  vistiendo gran cantidad de ropa y haciendo caso omiso a las actuaciones disuasorias tanto de las fuerzas marroquíes como de la Guardia Civil”

Ciertamente, los inmigrantes, asumieron el riesgo de un “viaje” que puede llegar a atravesar ocho países, desiertos, zonas de guerra y todo ello en manos de mafias de dudosa fiabilidad y de un desmesurado amor por el dinero, así como de un comprobado desprecio por las vidas que en ellos se depositan. Un riesgo muy diferente al de esos turistas que cada año rescatamos de sus viajes de aventuras o el de un escursionista o un deportista, que desoyendo las advertencias de las autoridades, decide continuar su camino sin importarle el evidente peligro. Los 15 muertos en aquella intervención en la frontera, decidieron entre la muerte lenta, y la miseria o el peligro de una ruta, que no admite lugar para los formalismos y los trámites legales que en realidad, suponen poco más que un espejismo en el caso de la emigración africana a España.

La tragedia del Tarajal es la tragedia de la emigración, de los muertos, de sus familias, de la desigualdad y la pobreza, pero también la tragedia de un país que en aquel día se definió ante el mundo como una supuesta democracia más preocupada y volcada en la defensa de sus fronteras que en la de los seres humanos. Una tragedia para un país y un sistema que es el nuestro. Como un ciudadano más, hoy me sumo al grito del dolor de las familias que aquel día perdieron a los suyos y a su aliento, un aliento que todavía hoy, continua pidiendo justicia.

tarajall

Autor: @SeijoDani

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental.

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Franco ha muerto, sus cachorros caminan

España, un país con cuatro décadas de dictadura fascista a sus espaldas. Un país olvidadizo, de silencios tensos y amenazas todavía latentes. Un país, en el que muy al contrario que en la mayor parte de las experiencias de gobierno de la ultraderecha en Europa, el dictador y con él su estructura social y de poder, nunca terminaron de marcharse, sino que tan solo se adaptaron a una nueva realidad, a nuevos tiempos. Tiempos en donde el miedo y la violencia, se antojaban menos útiles cuando se ejercían directamente desde el traje militar y en las instituciones. El fascismo español y el propio Franco, se libraron de los pelotones de ejecución, del exilio o la condena internacional, sin que nunca se llegase a pedir perdón por lo crímenes cometidos. La guerra fría, el dólar  y un turismo que poco o nada quiso saber del pasado de nuestro país, renovaron la cara a quienes algún día, también aquí, ensalzaron los peores demonios del ser humano, pese a no llevar, habitualmente, esvásticas en sus pecheras.

La muerte de Franco, supuso el punto y final a la última experiencia de gobierno de la ultraderecha en Europa. Con la muerte del dictador, los que habían aprovechado la mancha de sangre en sus manos y el reino del terror impuesto en dependencias policiales, renegaron de su pasado y convicciones fascistas, en busca de mayores oportunidades en una transición a la democracia, perfectamente orquestada y ejecutada desde las más altas esferas del propio franquismo. No resulto complicado para las grandes familias del fascismo español, el cambio de chaqueta y de convicciones. Muerto el dictador, la idolatría de la burguesía española, encontró en la democracia capitalista y en las oportunidades de negocio que esta ofrecía, el perfecto substituto a un sistema, ya por aquel entonces, profundamente anacrónico como para plantearse pagar un precio por su defensa. Fueron las clases trabajadoras españolas, y especialmente aquellos con un sentimiento de marcada pertenencia al régimen, los que mayor impacto sufrieron con un cambio, considerado por muchos como una traición. Mientras que gran parte de los españoles despertaban de una larga y cruel pesadilla, los pequeños cachorros del fascismo español, se sumían en una decadencia de la que ni todo su odio, sería capaz de rescatarlos. Partidos como Alianza Nacional 18 de Julio o Falange Española de las JONS, que pretendían mantener viva la herencia del dictador, se vieron relegados a la insignificancia en una lucha parlamentaria, en donde la Alianza Popular de Manuel Fraga, plagada de ex jerarcas franquistas, enseguida logro arrebatarles el dominio electoral del franquismo.

Desde Alianza Popular hasta su reconversión en el Partido Popular, el partido hegemónico de la derecha española, ha sabido canalizar hasta el día de hoy, un voto  de marcada ideología ultraderechista, en el seno de un supuesto partido conservador de centroderecha; y lo ha conseguido, con un juego de equilibrios, extremadamente complicado de mantener en muchas ocasiones, en el que la herencia del franquismo, es enaltecida y soslayada a partes iguales. Conscientes de peso relativo de sus sectores más radicales en su balance electoral, desde el Partido Popular, se ha evitado siempre que ha sido posible, hacer una condena en firme del golpe de estado y la posterior dictadura franquista. La exaltación del franquismo, la memoria histórica o las políticas de emigración, han recordado en numerosas ocasiones, el cordón umbilical que hasta hace no demasiado tiempo, unía a muchos de los dirigentes y votantes de la derecha española, con la dictadura. Un sector del Partido Popular, caracterizado por un fanatismo tímido, que dentro de sus electorado, comparten una amplia tipología de prejuicios con sectores de la ultraderecha más radical, pero que se obligan a actuar de manera “igualitaria” o “cívica” por temor a la posible sanción legal o social, que dar rienda suelta a su verdadero planteamiento ideológico, podría suponerles.

La Crisis financiera de 2008, unida al socavamiento de los valores proletarios fruto de la posmodernización, han hecho que la derecha burguesa que hasta ahora había concentrado la mayor parte del voto ultra español, comience a resentirse, fruto del hedor a parasitismo y corrupción, que emanan los partidos políticos y a la sensación de desprotección que muchos ciudadanos comienzan a sufrir, debido a las políticas de recortes y austeridad implementadas desde Europa y aplicadas con total diligencia por el parlamentarismo español. Los jóvenes cachorros de la ultraderecha de nuestro país, más acostumbrados al calor de las cacerías en los estadios de fútbol que a la sierra madrileña, actúan de una forma más directa y violenta que el fanatismo tímido de la derecha española. El odio al diferente y la ideología fascista, lleva a muchos de los jóvenes Ultras a buscar inspiración en movimientos con una clara tendencia a la violencia. Movimientos como HamerSkin, Blood & Honour o Volksfront, suponen una nueva amenaza para el resurgir de la ultraderecha en un país demasiado acostumbrado a su intimidación. La clase media europea, supone el nuevo caldo de cultivo, para todo tipo de extremismos, radicales “islámicos” o nacionalsocialistas, encuentran en el sentimiento de desarraigo de los jóvenes europeos, un caladero perfecto para reforzar sus filas con el odio de quienes carecen de un sentimiento de pertenencia, más allá del que les pueda proporcionar el poder de su consumo.

Si bien el propio anacronismo de la existencia del fascismo en las democracias europeas, ha logrado hasta el momento contener el atractivo de la ultraderecha para la mayor parte del electorado, experiencias como CasaPound en Italia, Amanecer Dorado en Grecia o el Frente Nacional francés, han demostrado que una nueva ultraderecha, con un rostro de cara el público más amable y preocupado por la situación de clase obrera, puede lograr crecer en una política desprestigiada y enfangada en el cinismo y el populismo mal entendido, en donde los ultras encuentran el caladero perfecto para lanzar su mensaje de odio al diferente. La nueva ultraderecha española, cimenta desde los municipios una base social que pretende acrecentarse al calor de la crisis económica y la desigualdad social. Partidos como E2000 o Democracia Nacional, llevan a las instituciones, el mismo mensaje de odio y violencia que provoca en las calles, más de 4000 agresiones cada año. 

Organizaciones como Hogar Social Madrid, de marcado carácter fascista, reconocen abiertamente el cambio de paradigmas en la ultraderecha española. La defensa de los más desfavorecidos, siempre y cuando sean patrios,  y la ocupación de espacios simbólicos hasta ahora propios de la izquierda, son la nueva táctica de los fascistas españoles, para recabar mayor repercusión social. El Partido Popular y la derecha tradicional española, son para ellos un enemigo más en la búsqueda del poder político, como quedó de manifiesto en la celebración de la última victoria electoral de los de Mariano Rajoy. Hogar social Madrid, parece pretender unificar la hasta ahora fragmentada y enfrentada ultraderecha española. Si bien, las resistencias de ciertos sectores al liderazgo de Melisa Domínguez, resultan todavía patentes en foros en donde se ataca sin piedad su origen y sexo, como factores que la inhabilitan para ejercer dicho liderazgo, algo a lo que la joven estudiante de antropología social y cultural, parece permanecer ajena, apoyándose para ello, en su envenenada dialéctica y en los dorados minutos que los mass media españoles, parecen de manera extraña empeñados en regalarle.

Haría mal la sociedad y las instituciones españolas, en minusvalorar la amenaza de una alternativa unificada de la ultraderecha en nuestro país. No debemos olvidar, que la mayoría de la derecha española, se integro en la democracia con el anhelo de mantener la paz y seguridad que en su fuero interno, todavía justifican el alzamiento de 1936 y la posterior dictadura franquista. Por ese mismo motivo, la violencia propia de movimientos ultraderechistas de carácter Skin Head o neonazi, se ha encontrado hasta el momento, con serias dificultades a la hora de lograr un soporte electoral firme. Queda por ver si una hipotética alternativa más adaptada a la nueva realidad de la ultraderecha europea, cimentada en la islamofobia y el rechazo frontal a la emigración, podrá ocupar su espacio, en un país en donde la derecha nunca ha renunciado definitivamente al recurso de la violencia, y en donde cada día, la derecha obrera, muestra más desencanto con una democracia a la que culpa de la acuciante perdida de valores y de poder adquisitivo de las clases medias y bajas.

Lucrecia Pérez, Hassan Al Yahami, Guillem Agulló, David Furones, Aitor Zabaleta, Carlos Palomino…nombres que ya no están entre nosotros, y que deben prevenirnos y hacer más presente que nunca, la verdadera cara de la ultraderecha española.

ultraespain

Autor: @SeijoDani

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Violaciones, el miedo de ser mujer

Un bar a altas horas de la madrugada, una calle vacía, un parking, el camino de la feria a casa, el portal de tu edificio, la ruta por la que sales a correr, unas fiestas patronales…sitios aparentemente inofensivos para un hombre, pero que sin embargo, pueden esconder una autentica pesadilla, para una mujer. Doy por hecho, que a estas alturas del artículo, no serán pocos (y pocas) los que comiencen a pensar que exagero, que peco de alarmista o peor aún: que pertenezco a eso a lo que, quienes pretenden ocultar su machismo, en tiempos no tan propicios para hacer bandera del mismo, denominan feminazis. Ni una cosa, ni la otra en realidad. En siete años, se han producido en España, 9.040 casos de violación, tres al día, uno cada 8 horas. 9.040 casos, que suponen tan solo la punta del iceberg, en un país, en donde tan solo una de cada seis violaciones llegan a denunciarse. 9.040 casos de mujeres que tras sufrir en sus carnes la máxima expresión de violencia machista, perdieron el miedo a que su testimonio fuese puesto en duda, a las preguntas encaminadas a demostrar su inocencia ante la agresión, a una justicia lenta e ineficaz en gran parte de las ocasiones, al que dirán, a la sumisión. Sumisión ante un sistema injusto, que las educa para evitar la violación, para no provocarla, pero que sin embargo, carece de mecanismos en su sistema educativo, para enseñar a sus hombres a no violar, a no creerse con ningún derecho especial  sobre la libertad sexual de las mujeres, por el simple hecho de su sexo. Una sociedad enferma, cobarde, solo así se puede denominar a quién  prefiere normalizar el miedo continuo de la víctima, que educar al agresor.

Vivimos en una sociedad con cierta Cultura de la violación, una sociedad dispuesta a desconfiar del testimonio de la víctima o incluso capaz de justificar o considerar menos grave, una violación cuando el alcohol o el “tonteo” previo, forman parte de la agresión. Una sociedad machista, en donde la ropa de la víctima sigue siendo un factor a tener en cuenta, y en donde el pasado sexual o el momento de pronunciar la palabra “No” pueden suponer un nuevo castigo para las mujeres víctimas de una violación. Factores de por si inaceptables, que llegan a formar parte de la instrucción judicial o el relato periodístico, muchas veces más propio de épocas que creíamos ya pasadas. Una sociedad, que pese a carecer en su Derecho Penal, de la figura de la provocación ante la violación, sí tiende, inexplicablemente a condenarla socialmente, pese a su inexistencia.

Es en el contexto de una sociedad profundamente patriarcal, en el que las violaciones por medio de la llamada “sumisión química” han aumentado preocupantemente, en torno al 30% en los últimos años. Bastan unos gramos de alguna substancia tóxica de relativamente fácil acceso, en la copa de una mujer, para lograr doblegar su voluntad. Desorientación, mareos, perdida de la conciencia…los últimos indicios previos a una violación, que hasta hace relativamente poco, en la mayor parte de las ocasiones, era puesta en duda, incluso por las autoridades. La sumisión química, es un paso más en la violencia ejercida por una sociedad extremadamente patriarcal sobre las mujeres. Un mecanismo de coacción, que condiciona su comportamiento diario, que les impone el miedo en su día a día, ante situaciones por las que un hombre no debe sentir preocupación. Existe una clara discriminación hacia la mujer, en un estado en el que parte de sus ciudadanos, no pueden poseer la misma percepción de seguridad que el resto, por la única razón de su sexo.

Desde 2010, y según el artículo 181 del código penal, las penas para quienes sin violencia o intimidación, atente contra la libertad de otra persona, se limitan a de uno a tres años de prisión, sin que se considere un agravante el uso de sedantes u otras substancias químicas. Un dictamen muy alejado de la perspectiva de Naciones Unidas, que por su parte, si reclama a los diferentes estados, introducir en sus legislaciones, circunstancias agravantes en los caos en los que las sustancias psicoactivas, sean administradas con la intención de cometer una agresión sexual. Un planteamiento de por si conservador, para un estado como el español, en donde cada 8 horas, una mujer es agredida sexualmente ¿Se imaginan por un momento algún otro colectivo soportando una agresión de tal magnitud sin utilizar la palabra terrorismo o genocidio? Realmente, se me hace complicado.

Todavía, no existen grandes debates en el parlamento acerca de la libertad sexual de las mujeres, ni se estudian en las aulas los nombres de las víctimas, y ni tan siquiera, se les enseña a los alumnos y alumnas la importancia de la igualdad de género. No se busca desde los partidos, el voto de las potenciales víctimas, no se hace, porque se les ha educado en el secretismo, en el silencio complice. Preferimos seguir hablando de feminismo radical o riéndole las gracias a quién de menospreciar a las víctimas de cualquier otro tipo de terrorismo, estaría entre rejas. El feminismo, no condena a los hombres por su sexo, sino por la indiferencia y el manto de protección que en la construcción de su género, muchos hombres, han propiciado al machismo. Es nuestra responsabilidad desmontar esa protección, es nuestro deber, ponerle fin al miedo que la mujer siente, por el simple hecho de serlo.

“Amurallar el propio sufrimiento es arriesgarte a que te devore desde el interior”

Frida Kahlo.

violacion

Autor: @SeijoDani

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Berta Cáceres, crónica de una muerte anunciada

“Si bajara un enviado de los cielos y me garantizase que mi muerte fortalecería nuestra lucha, hasta valdría la pena. Pero la experiencia nos muestra lo contrario. Actos públicos y entierros numerosos no salvarán el Amazonas. Quiero vivir.”

Chico Mendes

Cuando asesinaron a Chico Mendes yo apenas tenía un año, no recuerdo las lagrimas de sus compañeros, ni el dolor de su familia. Tampoco recuerdo, el grito de desesperación de la Amazonia, ante el avance inexorable de las excavadoras, propiedad de los terratenientes que mandaron asesinarlo; para así, poder continuar poco a poco matando la selva por la que él dio su vida. Tras Chico Mendes, en la conciencia del mundo, quedo un crimen que no fue el primero, ni sería el último que sucedería en la selva sudamericana o en cualquier otra parte en donde un hombre o una mujer, se atrevieran a liderar la oposición a un progreso mal entendido, en forma de una explotación sin escrúpulos de la selva, por parte de las empresas mineras y forestales. Deforestación y contaminación, por meros beneficios económicos.

La mañana del 3 de marzo de 2016, de nuevo la Pachamama derramaba sus lagrimas por una de sus más firmes defensoras. Berta Cáceres, se encontraba preparándose para presentar posibles alternativas al proyecto hidroeléctrico Agua Zarcalo, cuando de nuevo los asesinos derribaban la puerta de un activista para asesinarlo. Aquellos que no comprenden su propia desgracia cuando hieren a la madre tierra, jamás podrán comprender lo estéril de quién pretende amedrentar o silenciar a quién lucha por cada palmo de tierra que considera su hogar. Cuando los pistoleros derribaron la puerta de Berta Cáceres, esta hacía tiempo que permanecía abierta para toda aquella causa que resultara justa. Permaneció abierta en las protestas contra las bases americanas en territorio hondureño, así como en las protestas por el golpe de estado de 2009 contra el presidente Zelaya que terminarían por llevarla a la cárcel, y sin duda, siempre permanecieron abiertas para los indígenas lencas de Río Blanco. Esa misma comunidad indígena que cuando la maquinaria y los hombres de la compañía china Sinohydro, el Banco Mundial y la compañía hondureña Desarrollos Energéticos, llegaron a la selva con la intención de destrozar sus tierras para construir cuatro represas hidroeléctricas en el río Gualcarque, acudieron a Berta con la esperanza de quién sabe, no será abandonado. En un planeta, en donde en 12 años, 1.024 personas fueron asesinadas por su labor en cuestiones agrarias y ambientales,En un planeta, en donde en 12 años, 1.024 personas fueron asesinadas por su labor en cuestiones agrarias y ambientales las puertas abiertas, son el sacrificio de quién está dispuesto a morir por defender su hogar, por defender un hogar que lo queramos creer o no, es el hogar de todos.

Berta Cáceres, era consciente de la realidad de su tierra, de su pueblo En Honduras se vive una situación trágica. A medida que han ido avanzando las grandes inversiones del capital transnacional, con empresas vinculadas al sector poderoso económico, político y militar del país, esas políticas neoliberales extractivistas han provocado también un aumento de la represión, criminalización y despojo a las comunidades, que han sido desplazadas de manera forzada” Como antes había sucedido con el Brasil de Chico Mendes y el gobierno de José Sarney, también el gobierno de Juan Orlando Hernández lloró ante las cámaras, una muerte que seguramente, jamás lamentó en privado. Berta Cáceres, representa la lucha de un pueblo torturado y asesinado por las balas de quienes primero les robaron su libertad y ahora pretenden robarles su tierra. La injusticia y el dolor de un pueblo y una tierra que con su muerte, descubre al mundo, la digna soledad en la lucha de toda una comunidad, contra la explotación de su territorio por el gran capital con escuadrones de la muerte.

El asesinato de Berta Cáceres, puso fin a una vida dedicada a la defensa medioambiental y completó el circulo de falta de libertades, represión, privatizaciones, aumento de megaproyectos; especialmente vinculados a la provisión de energía barata, y muerte que afecta a tantas regiones de nuestro planeta. Un círculo, que mañana volverá a comenzar en El delta del Níger, Minas Gerais en Brasil, Yongxing “El Pueblo del cáncer chino” o Agbogbloshie en Ghana, un avance suicida de una sociedad incapaz ya de comprender la importancia vital de las lecciones de respeto a la naturaleza, tras cada territorio sagrado para un pueblo. Una sociedad ciega y sorda ante su propio desastre, ante su propia perdida. Cuando los asesinos dispararon sobre el cuerpo de Berta Cáceres, las balas cesaron la guía de sus palabras, pero tan solo la comunidad internacional, con su pasividad las silenció ante quienes especulan con nuestros bosques, ante quienes contaminan nuestro aire  y matan nuestras costas.

En 2015, Berta Cáceres, recibió el Premio Goldman, conocido como el Nobel verde, en reconocimiento a su lucha por los derechos del pueblo indígena lenca y la madre tierra. La hija de Berta Flores, partera y alcaldesa que dio amparo a los refugiados de la guerra civil en El Salvador, la hermana de Agustina Flores, también activista del COPINH, quién logro que la constructora de hidroeléctricas más grande del mundo –la compañía china Synohidro– se retirara del proyecto de la presa Agua Zarca, ya no estaba entre nosotros para recoger ta apreciado galardón. Tras ella, nuevas muertes, nuevas injusticias y la fuerza y convicción de quién lucha por algo que es justo, en los ojos de su hija Berta Zúñiga Cáceres. Hoy me pregunto ¿Tendremos que esperar a llorar su muerte para al fin despertar?

“Aquí es muy fácil que a uno lo maten. El coste que pagamos es muy alto. Pero lo más importante es que tenemos una fuerza que viene de nuestros ancestros, herencia de miles de años, de la que estamos orgullosos. Ese es nuestro alimento y nuestra convicción a la hora de luchar”

Berta Cáceres

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Autor: @SeijoDani

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Inda, Kafka y la metamorfosis del periodismo

“El objetivo ya no es para el “cambio” o para el “progreso” o para la “revolución”, sino simplemente para escapar, para vivir en el perímetro más alejado de un mundo que podría haber sido.”

Hunter S. Thompson

Cuando el economista Juan Torres abandono el plató de La Sexta Noche, ante los insultos del señor Eduardo Inda, hacía ya mucho tiempo que gran parte de la audiencia había tomado una decisión similar. Al menos, gran parte de esa audiencia que entiende el debate político como algo más allá de la polémica, el sectarismo o un mero entretenimiento basura, que no llega caer definitivamente en el abismo de la prensa rosa.

Juan Torres se sumaba ese día a la lista de invitados que de una u otra manera, sufrían las interrupciones, el acoso y el enfangamiento del debate de un individuo, que por alguna extraña razón, se siente perfectamente capacitado para alternar el cinismo deportivo y político, a partes iguales en las parrillas televisivas, al tiempo que pretende impartir lecciones de moralidad a toda voz discrepante con su dogma. Un producto propio de los mass media, esos mismos que han visto en la actualidad política, el mismo filón que encontraron en los concursos televisivos, los reality o la alta cocina. Y que ahora, buscan en el periodismo utilizándolo para su provecho, como tan solo un chulo sin escrúpulos podría hacerlo con las cortesanas de su propiedad. Personalmente, he de reconocer que no me molestan especialmente del señor Inda, sus sandeces o sus continuas piruetas con la legalidad y la ética profesional, bendito mando a distancia. Sino que lo hace su visibilidad y su trayectoria profesional, me molesta, no por envidia, ni por una animadversión a su persona, sino por puro bochorno y lástima. Bochorno ante unos medios que al tiempo que recortan plantillas y recursos, que dejan de apostar por formatos como el reportaje de largo recorrido por el coste del mismo o que incluso llegan a convertirse en auténticos corta y pega de fuentes externas, mantienen en sus plantillas a diversos bufones mediáticos, las princesas del pueblo de la información, los reyes de la polémica. Simples productos destinados al titular, al trending topic…al beneficio económico y no social, ni cultural. Y es precisamente en ese punto, en donde me asalta la lástima. Lástima por una profesión que enseña a sus alumnos que de nada sirve el esfuerzo o el riesgo en el oficio, de nada vale la búsqueda incesante de la verdad o el olfato ante una gran historia, si al final del día, las visitas de tu artículo, no tiñen de negro los cada día más acuciantes números rojos del periodismo. No hay sitio para el viejo reportero en la redacción, ni para aquel periodista indisciplinado pero con casta, no hay lugar para el joven impetuoso o el legendario reportero de guerra. Ya no hay sitio para los idealistas, los estrafalarios o los auténticos escritores entre los teclados, se los ha llevado la uniformidad del mercado. Han perdido la batalla ante el cinismo.

Cuando Juan Torres, abandonó el plato de La Sexta Noche, muchas redacciones volvieron a sonreír. Volvió a verse humo saliendo del cenicero de los viejos despachos y porque no, alguna que otra botella escondida entre los cajones de la redacción. El viejo periodismo, ese mismo que algún día se conoció como Nuevo, se cobro una pequeña batalla, quién sabe si la última, eso depende de ustedes, ante los horarios de máxima audiencia, ante lo arcaico del circo moderno.

Reconozco no haber disfrutado de ese pequeño duelo entre dos maneras de entender este mundo, hace ya tiempo que del catedrático andaluz solo sé por sus libros, por su blog y por pequeños artículos y entrevistas que selecciono cuidadosamente de la red. Y es que aunque muchos aún no lo crean, existe toda una democracia informativa ahí fuera, en donde el periodismo, pese a su crisis, es legión.

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Autor: @SeijoDani

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La independencia amordazada

“El nacionalista no sólo no desaprueba las atrocidades cometidas por su propio lado, sino que tiene una extraordinaria capacidad para ni siquiera oír hablar de ellas.”

George Orwell

Hace tiempo que entre Cataluña y España, se juega a un juego demasiado peligroso. Un juego de tensiones, de orgullo, un juego de peones y reyes, de condados y reinos. Una partida tensa y eterna; a la par que fútil, para quienes tarde o temprano, deberán pagar sus consecuencias. La de la política como entretenimiento, como un espeso telón destinado a cubrir nuestros ojos y nuestros bolsillos, ante el continuo saqueo de unas élites económicas, capaces de parapetarse por igual, tras la estelada o la rajoigualda, según sus intereses vayan en ello. La Diada del año 2012, suponía el cenit de un proceso histórico, para infinidad de catalanes que veían en su tierra, el nacer de una joven nación. A la vez que fue recibido como una fuerte conmoción, para un viejo reino de trato alejado e inquisitorial con sus territorios. Una corona y un sistema enfermo, que pretende a costa de todo, conservar el control del territorio. El recurso del PP contra el Estatut, sumado a la conjunción de crisis económica y social, propició un caldo de cultivo ideal, para una idea, la de la huída hacia delante, que poco antes suponía poco menos que una quimera para los catalanes. El proceso de ruptura de Cataluña hoy, se trata mucho más, de las crónicas del abandono de un hogar desestructurado, que de las de una feliz y planeada independencia.

Elecciones anticipadas, declaraciones de soberanía, consultas, organismos consultivos e incluso la reedición del pacto Ribbentrop-Mólotov, entre Mas y Junqueras de por medio. Han dado lugar a una sociedad polarizada, adormecida y unida únicamente, en el hartazgo con un proceso estancado en trincheras culturales y políticas de escasa profundidad. En nada se diferencian las tácticas o argumentos de la oligarquía de uno y otro bando. En nada se diferencian, pues su proyecto es el mismo, con un final diferente según el color del bolsillo. No se trata desde Cataluña de reivindicar el camino de una Generalitat de Cataluña, aguerrida con su pueblo ante las dificultades. No se trata tampoco de levantar una vez más los gritos de la anarquía en sus callejones o en sus pueblos, ni del ejemplo de la resistencia y la lucha contra la represión del fascismo y el orgullo de la cultura cuando una lo siente como propia, aunque se la quieran hacer ver extraña. Tampoco se pretende desde España evitar el desastre para Cataluña o los catalanes, no se actúa por responsabilidad institucional o deber de estado. Sino que se hace casi como por inercia, sin reflexión, ni alternativa. Se decide y se impone. Se trata de un juego de previsiones y de cifras, de números y nombres. Se trata de ladrones acusando de ladrones a otros ladrones. Un sin sentido, un trabalenguas de complicada digestión  y escasa recompensa para quién lo encara, pero de vital importancia para quién se empeña en pronunciarlo.

La Cataluña de la burguesía catalana, es la Cataluña de los recortes, la del pago de la deuda. Una sociedad de vida austera, con solemne pomposidad en sus altas esferas. La Cataluña del Porsche y la del ciudadano medio. Un país liberado de su metrópoli, pero no de sus cadenas, en forma de bancos y privatizacionesUna nación maniatada desde su nacimiento, un triste final, para un vacilante principio.

Conozco bien, la impotencia de quién sintiéndose parte de una nación diferente a la española, tiene que compartir su reino. Conozco los desprecios a la lengua, la cultura o la historia de sus ancestros. El pesado yugo de la historia de un país, todavía demasiado atemorizado ante la perdida de su imperio, como para replantear su propia territorialidad. Un complejo de anochecer prematuro, en donde nunca se creyó se pondría el sol.  El desafío independentista a Madrid, supone un nuevo reto, para una democracia joven e inestable. Un sistema con unos partidos más acostumbrados a evocar las pasiones y el sentimiento que la razón o el pacto social. Una política muy diferente a la economía, en donde el estado neoliberal, parece ser el único claro vencedor de uno u otro proyecto. No dudan ni por un instante en Madrid o Barcelona de la clara posibilidad de alcanzar pactos , cuando la verdadera estabilidad vaya en ello.  

Al igual que anteriormente lo supuso el terrorismo de ETA, la amenaza secesionista desde Cataluña, supone una baza política más en un estado con un evidente doble juego. Conocen desde el PP las claras ventajas en términos de rédito electoral que en el conjunto del estado, supone una Cataluña amenazante, enrocada. Una tensión que desde al derecha española vaticinan como molesta, pero ficticia. Un farol a todas luces, demasiado evidente en el seno de la Europa actual. Precisamente en esa inmediatez puede residir la falta de miras del estado español. Suceda lo que suceda el proceso secesionista, el independentismo parece ganar. De llevarse a cabo con éxito, dará como resultado o bien una Cataluña independiente o la palpable sensación de una sociedad, retenida contra su voluntad, en el marco de un estado de probada intransigencia. 

Mientras el día a día de este juego se desarrolla entre acusaciones de quién adoctrina a quién. Madrid y Cataluña, siguen suponiendo dos caras de una misma moneda. Dos estados, naciones o regiones, llámenle cada uno como quieran, como sientan. Dos pueblos, atados a un sistema devorador de culturas, de lenguas, de tradiciones y pasados. Un culto al engaño y a las acciones políticas de falsa bandera, que aprovechan nuestras más profundas pasiones, para incidir en lo que nos diferencia y nos enfrenta, frente a la verdadera unión de necesidad. La independencia de quien ha vendido al mejor postor sus derechos o su tierra, supone a todas cuentas, una independencia amordazada.

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Autor: @SeijoDani

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