La huella del hambre, somos lo que desperdiciamos.

Puede que muchos de los que lean estas líneas se dispongan en estos momentos a desayunar, o pude que lo hagan justo antes de preparar una buena comida o quién sabe, quizás simplemente hayan decidido prepararse algo ligero por eso de mantenerse en forma durante el verano, pero lo que me atrevería a asegurar, es que pocos o puede ninguno de ustedes, se haya parado a pensar en que en estos momentos, una de cada nueve personas en el mundo carecen del acceso a una alimentación básica que les permita lograr el desarrollo de una vida saludable. Un total de 795 millones de personas que en nuestro planeta carecen de acceso a una cesta de alimentos básicos, la mayoría habitantes de países como Afganistán, Haití, Tayikistán, Yemen o Sierra Leona. Regiones en donde la cuestión alimentaria no se trata simplemente de una elección de marca o de cuestiones relacionadas con la tendencia culinaria de turno, sino de una cruel disyuntiva entre la vida y la muerte.

Una lucha por la subsistencia que habitualmente identificamos con países lejanos, pero que en menor media también comienza a producirse en las calles de nuestro país. En la última década y potenciada por la crisis económica, nadie puede escapar a la visión de personas buscando alimentos en los contenedores de nuestras ciudades. Una realidad cotidiana pero soterrada para un país desarrollado como España, en donde en la actualidad se vive un profundo retroceso en la lucha contra el hambre, mientras a lo largo de un año, un tercio de todos los alimentos producidos en nuestro país acabará directamente en esa misma basura, en donde otros buscan desesperadamente “desperdicios” que les permitan sobrevivir, mientras 24 millones de kilos de alimentos son desperdiciados cada semana, 1.245,9 millones de kilos arrojados a la basura en un año, casi el 4,5 % de toda la comida que compramos y que pasa directamente a ser desechada en el desenfreno consumista que también afecta a nuestra alimentación.

Una realidad totalmente inasumible desde un punto de vista ético, económico o directamente ambiental. Ninguna sociedad debería ser considerada libre o democrática mientras gran parte de sus miembros tienen serios problemas para lograr alcanzar una alimentación digna, en un entorno en el que diariamente se desperdician ingentes cantidades de comida debido a errores en la planificación en la compra de sus habitantes, o simplemente a criterios estéticos o comerciales hacia los alimentos.

La lucha contra el despilfarro alimentario es un reto que comienza en nuestras cocinas y en cada visita al mercado, no en vano, al contrario de lo que sucede en países en vías de desarrollo en donde el desperdicio se produce en los primeros pasos de la cadena de producción, en Occidente, el consumidor supone sin duda el principal responsable de la ingente cantidad de comida que se desperdicia. En nuestro país, el 72% de los consumidores reconoce tirar alimentos al no organizar correctamente las compras, mientras que el 50%, lo hace al olvidarse de congelar ciertos productos que terminan almacenados en la nevera hasta que se echan a perder y un 37%, reconoce desechar a menudo sobras de sus platos o neveras. Como señala José Graziano da Silva (Director General de la Organización para la Agricultura y la Alimentación): “Todos nosotros -agricultores y pescadores, procesadores de alimentos y supermercados, gobiernos locales y nacionales, consumidores particulares- debemos hacer cambios en todos los eslabones de la cadena alimentaria humana para evitar en primer lugar que ocurra el desperdicio de alimentos, y reutilizar o reciclar cuando no podamos impedirlo”.

Elaborar una lista de la compra en base a un menú semanal, no dejarse llevar por las ofertas del tipo 3×2 con las que se tiende a comprar en exceso, no ir al supermercado con hambre, no guiarse sólo por la estética de los productos, recurrir a la atención personalizada en el comercio, consumir lo que lleve más tiempo comprado o comerse primero los alimentos más antiguos; son solo algunos de los pequeños consejos que todo consumidor debiera seguir para desarrollar un consumo más eficiente de nuestros recursos alimentarios, y por tanto lograr reducir desde el papel de consumidor el despilfarro en un país que cuenta ya con cerca del 28% del total de la superficie agraria destinada únicamente al desperdicio.

Una situación también fomentada desde el principio de la cadena por políticas económicas artificiales ejercidas sobre los agricultores por las grandes compañías, las cuales se muestran dispuestas a ahogar en una guerra abierta de precios a los pequeños productores de nuestro país, quienes en muchas ocasiones, ven como finalmente les resulta más rentable tirar la cosecha que recolectarla. La guerra por el producto barato en los estantes de los supermercados no tiene en cuenta el coste medioambiental, las condiciones laborales y económicas de los trabajadores del campo o la sin razón de las políticas de estética de los alimentos de las grandes compañías. Hemos entrado de lleno en una dinámica demencial en donde la explotación laboral supone la principal línea de actuación de cara a reducir costes en nuestro campo, mientras la eficiencia en la producción y el cese del despilfarro de alimentos sigue sin ni siquiera plantearse como una salida a un sistema a todas luces ineficiente.

La actuación política debe dirigirse no sólo al consumidor final, sino a su vez centrarse en reducir el desperdicio de alimentos en primera instancia, intentando con ello limitar las pérdidas de cultivos en las granjas debido a las malas prácticas o las excesivas exigencias estéticas de los grandes mercados. De igual modo, equilibrar la producción con la demanda supone un paso vital a la hora de no utilizar recursos naturales en vano para producir alimentos que no sean necesarios, por ello, desde la COAG (Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos) se lleva ya tiempo pidiendo ajustes en los costes y animando al consumidor a la compraventa de productos sin intermediarios que entorpezcan la cadena de mercado. La lucha contra el despilfarro de alimentos supone una de las principales luchas contra la injusticia social, somos los propios ciudadanos los que debemos exigir a nuestros gobiernos el desarrollo de proyectos alternativos al sistema de producción, distribución y consumo de alimentos capitalista. Un sistema que a todas luces ha resultado fallido en este campo.

El consumismo occidental no puede normalizar la pobreza alimentaria para amplios sectores de la sociedad, mientras en nuestros propios hogares el despilfarro alimentario sigue suponiendo una realidad demasiado obscena para un mundo en el que gran parte de la población continua pasando hambre cada día. La estética no puede substituir a la calidad, la explotación laboral no puede suplantar las políticas de eficiencia y desde luego, un precio barato de los alimentos en las estanterías de nuestros supermercados, no puede esconder una industria que cada día despilfarra toneladas de alimentos y con ellos colosales cantidades de recursos naturales cada día más escasos para nosotros. Somos lo que comemos, pero también somos lo que desperdiciamos.

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Hacienda, Cristianos y Pavones

Al más puro estilo presidencial, Cristiano Ronaldo llegaba el pasado lunes al Juzgado de Instrucción número 1 de Pozuelo de Alarcón (Madrid),  para comparecer como imputado por supuestamente evadir a Hacienda 14,7 millones entre 2011 y 2014. La declaración del futbolista portugués que curiosamente duró 90 minutos justos, ha servido para reabrir la polémica en torno a los privilegios de las grandes fortunas en nuestro país y sus responsabilidades con la Hacienda pública. Todo ello pese a que el actual jugador del Real Madrid llegó a insinuar ante la magistrada Mónica Gómez Ferrer, que su imputación por cuatro delitos contra la Hacienda Pública, podría deberse únicamente a su amplia notoriedad en nuestro país “No estaría aquí si no me llamara así”  llego a declarar el jugador luso.

Amparado en su desconocimiento en materia de contabilidad y en “discrepancias” de criterio con la Agencia Tributaria,  Cristiano Ronaldo parece dispuesto por el momento a negarse a asumir su culpabilidad, ante las evidencias de una Fiscalía que acusa al futbolista portugués de crear una estructura societaria para defraudar 14,7 millones de euros de forma “consciente” y “voluntaria”. Una imputación que el jugador niega tajantemente, escudándose en su firme voluntad para contribuir con lo que le corresponde a la Hacienda pública española “Siempre hago mis declaraciones de impuestos de manera voluntaria, porque pienso que todos tenemos que declarar y pagar impuestos de acuerdo a nuestros ingresos. Quienes me conocen saben lo que les pido a mis asesores: que lo tengan todo al día y correctamente pagado, porque no quiero problemas”.

La comparecencia en los juzgados de la estrella portuguesa del Real Madrid, abre de nuevo en nuestro país viejas heridas en una estructura recaudatoria profundamente injusta. Un país pícaro y oligárquico, en donde la estructura impositiva se ha transformado, fruto del devenir neoliberal y las reformas legislativas de los últimos años, básicamente en un IRPF (40% de todos los ingresos del Estado) sostenido en gran parte por los impuestos que pagan los trabajadores asalariados, y un Impuesto sobre el Valor Añadido (22% de los ingresos al Estado) profundamente regresivo. Una realidad impositiva que en España hace que el 34% de todo lo que se recaude (un 22% de IVA y un 12% de Impuestos Especiales) provenga de impuestos regresivos por los que consumidores pagan lo mismo sean CR7 marca registrada o un trabajador cualquiera.

Perfectamente asesorado por el penalista Jesús Santos, exfiscal de la Audiencia Nacional y defensor del PP en sus diversas causas judiciales, y el abogado experto en derecho tributario Luis Briones, Cristiano Ronaldo debiera conocer que el nuestro, nunca ha sido un país especialmente dispuesto a castigar a los astros del deporte rey,  muestra de ello, las ventajas otorgadas a los mismos durante muchos años por el régimen especial para los trabajadores impatriados, más conocido como la Ley Beckham, un mecanismo por el que los deportistas profesionales extranjeros residentes en España, podían tributar como los mileuristas de nuestro país. Una medida estrella aprobada por el último Gobierno de José María Aznar destinada a atraer talento foráneo, pero que sin duda fue únicamente de gran rentabilidad para el ex presidente y sus amigos del  palco del Santiago Bernabéu. Después de todo, España en el fondo es un país en donde nada parece importar que “supuestamente” eludas el pago de impuestos, pese a poseer un patrimonio estimado de más de 61.000 millones de euros, siempre y cuando posteriormente dones tus migajas, un país de súbditos (en algo se debería notar la monarquía) bien sea ante coronas políticas o futbolísticas, en donde se aplaude al defraudador a la salida del juzgado y se criminaliza a quien únicamente pide justicia y equidad frente a un sistema corrompido por la truhanería. Olvida también CR7 al relacionar su imputación con su repercusión pública, la disparidad entre el vértigo de los trabajadores de nuestro país ante cada posible despiste en declaración de Hacienda y la laxitud mostrada por el actual Ejecutivo al desarrollar una amnistía ilegal destinada a legitimar el fraude fiscal.

Al igual que en el famoso  equipo de Zidanes y Pavones del Real Madrid, Cristiano Ronaldo debería comprender que resulta complicado para una sociedad democrática, sostener su sistema de pensiones, su sanidad, su educación, sus redes de transporte…, cuando desde la sala de máquinas de la defensa, un pequeño grupo de canteranos debe alimentar el esfuerzo físico de un equipo repleto de estrellas con mucho talento, pero poco solidarias con el conjunto. Después de todo, que el jugador portugués pueda poseer el privilegio de percibir un sueldo astronómico simplemente por darle patadas a un balón, se debe a que trabajadores y trabajadoras de nuestro país (sin que entienda yo muy bien el motivo) están dispuestos a dejarse gran parte su salario en camisetas, entradas y demás parafernalia con su nombre, que mejor agradecimiento que contribuir con ellos a construir un sistema distributivo más justo, o al menos no tan oportunista.

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Año Mariano

La comparecencia en la Audiencia Nacional del presidente del gobierno, Mariano Rajoy Brey, como testigo en el juicio por la primera época de la trama Gürtel; nombre este con el que se denomina a la red de corrupción vinculada al Partido Popular que ha sentado en el banquillo a decenas de empresarios y políticos disolutos, supone un paso más en el devenir judicial de la posiblemente mayor trama de corrupción política de nuestro país, además de marcar un punto y a aparte en la perversión del Partido Popular, así como en la decadencia moral del conjunto de nuestras instituciones. La histórica declaración del presidente de Gobierno como testigo en un juicio por la corrupción de su partido, supone sin duda un hito televisivo, una oportunidad para los grandes titulares, los pequeños artículos, como el que en este momento me dispongo a desarrollar y seguramente poco más, después de todo, nadie en su sano juicio podría esperar en España un varapalo judicial serio contra los mandamases del PP,  nadie excepto los más crédulos o inocentes con el sistema.

En una actuación perfectamente ajustada al derecho, en un país en donde las normas y las leyes han estado siempre moldeadas para castigar con mayor contundencia al robagallinas que al ladrón de guante blanco, el presidente del Tribunal, Ángel Hurtado, trastocó desde un primer momento toda posibilidad de sorpresa en el desarrollo de la jornada, cuando entre continuas interrupciones y oportunos vetos a preguntas consideradas como “no pertinentes”, logró facilitar en gran medida la defensa de un Mariano Rajoy, que si bien acudía a este juicio oficialmente como testigo, no pudo ocultar en un inicio los nervios propios de quien se sabe suspendido sobre un gran foso de corrupción política totalmente inasumible para un presidente del gobierno.

Pronto, el nerviosismo inicial dio paso a una plácida comparecencia marcada en la dirección por un Ángel Hurtado dispuesto a entorpecer la posibilidad de los abogados de indagar en matices o intentar que el testigo pudiese incurrir en alguna contradicción en sus declaraciones. Ante este devenir de los acontecimientos, Rajoy vaciló por momentos entre la amnesia propia de la familia real, haciendo gala en su declaración de los siempre útiles “no lo sé”, “no lo recuerdo”, “no me consta” y la aparentemente más elaborada estrategia de intentar separar la realidad económica y política de su partido. “Mi responsabilidad era política, no económica” o “Yo era un político y lo sigo siendo (…) eso no es tarea del presidente, sino de los servicios económicos”.

En apenas dos horas, el líder del Partido Popular, tuvo tiempo para negar conocimiento alguno sobre la financiación irregular del PP, los sobresueldos, las obras de su sede central o las cuentas A de su partido. “No tuve absolutamente ningún conocimiento (de la caja B). Mis responsabilidades son políticas, no de contabilidad”. Todo ello, pese a la insistencia del Partido Popular en la absoluta predisposición del presidente del Gobierno, para lograr esclarecer la responsabilidad política de su partido en los casos de corrupción; una falsa actitud de complacencia con la justicia que pronto se vino abajo, cuando haciendo uso de sus privilegios, el presidente del Gobierno decidió entrar a escondidas en la Audiencia Nacional intentando evitar el acoso de la prensa y de una gran parte de la ciudadanía, que se manifestaba en las cercanías dando muestra de su hartazgo con el lodazal de corrupción política en su partido.

Volvió entonces el Rajoy más burlón, el que con la inestimable ayuda de los abogados defensores se permitió una vez más recurrir; esta vez en sede judicial, a la posverdad, a la chulería parlamentaria, “Igual se ha confundido usted de testigo”, le recriminó al abogado de la asociación que logró que se le citase a declarar como testigo, y al pasotismo, “en el Partido Popular ha habido sus problemas y sus historias, como las ha habido, y muchas, en otras fuerzas políticas distintas“. A duras penas, el presidente del Gobierno logró abandonar la Audiencia Nacional evitando en cierta medida el componente mediático, en un proceso judicial por la trama Gürtel, en donde precisamente la prensa se ha encargado en más de una ocasión de ponerlo contra las cuerdas o más exactamente tras la pantalla de un plasma.

Pese a todo, resultará complicado para Mariano Rajoy salir airoso como presidente del Partido Popular, de un proceso que en gran medida engloba la contabilidad B de su partido  (una trama de recepción de donativos ilegales de constructoras y entrega de dinero negro a los dirigentes conservadores) que ha salpicado ya de una u otra forma a todos los niveles de su organización. El apelar al “yo no sé nada” y el desesperado aferramiento al poder, fruto de la inexplicable complacencia de PSOE y Ciudadanos, además de la inoperancia institucional de Unidos Podemos, suponen una excusa demasiado efímera para un presidente del Gobierno envuelto por incapaz o por complice, en la mayor trama de corrupción política de nuestro país. Un país que pese a todo continua sumido en la más absoluta docilidad frente a los desmanes de una clase dirigente que lo gobierna con impunidad cara al abismo.

“Lo siento mucho pero las cosas son como son y a veces no son como a uno le gustaría que fueran”

Mariano Rajoy Brey 

MARIANO RAJOY EN CANTABRIA

 

Galicia, larga noche de piedra

“O teito é de pedra.
De pedra son os muros
i as tebras.
De pedra o chan
i as reixas.
As portas,
as cadeas,
o aire,
as fenestras,
as olladas,
son de pedra.
Os corazós dos homes
que ao lonxe espreitan,
feitos están
tamén
de pedra.”

Longa noite de pedra, Celso Emilio Ferreiro

“Castellanos de Castilla,
tratade ben ós galegos;
cando van, van como rosas;
cando vén, vén como negros.

Cando foi, iba sorrindo,
cando ven, viña morrendo;
a luciña dos meus ollos,
o amantiño do meu peito

 Aquel máis que neve branco,
aquel de dozuras cheo,
aquel por quen eu vivía
e sen quen vivir non quero.
Foi a Castilla por pan
e saramagos lle deron;
déronlle fel por bebida.
peniñas por alimento.

Déronlle, en fin, canto amargo
ten a vida no seu seo…
¡Casteláns, casteláns,
tendes corazón de fero!”

Castellanos de Castilla de Rosalía de Castro

Galicia, tierra dotada de un infinito manto verde, inhóspitas y  crueles costas, meigas y platos siempre recién elaborados presentes en cada casa y taberna. Senderos agrestes, pese al asfalto, dibujados entre ciudades y aldeas recorridas demasiado a menudo al son de las gaitas de sus romerias y el sabor de su caldo, sus empanadas o su marisco… bañados finalmente según la tradición en Albariño o una Estrella Galicia. Tierra indómita a la vez que sumisa, eternamente enfangada en el profundo sueño de un pueblo guerrero que algún día despertará para reclamar a viva voz sus derechos. Pueblo irmandiño, rebelde en sus formas y retranqueiro a lo largo del tiempo ante señores forasteros y autóctonos dictadores. Hogar de grandes plumas y viejos cantares, a menudo ignorados por el imperdonable pecado de quien ama a su propia lengua frente a la extranjera. Vehículo de versos a la añoranza de quien emigra, pero también a la rebeldía de quienes siempre mantendrán presente en su pecho un trozo de su tierra, por lejos que la necesidad los empuje. Tierra herida en sus costumbres, en su gente y su lengua, sometida y conquistada a lo largo del tiempo, pero también orgullosa y desafiante ante quienes desde fuera, finalmente quisieran verla por siempre arrodillada.

Se repitieron una vez más desde Castilla las burlas y los reproches sobre el votante gallego tras las últimas elecciones Autonómicas, en las que el PPdG; comandado por Alberto Núñez Feijóo, revalido con holgura su mayoría absoluta pese a la campaña de ilusión promovida por En Marea y la supuesta fortaleza unitaria de la izquierda. Pusieron quizás en nuestra tierra demasiadas ilusiones, quienes dirigiendo el asalto al cielo desde Castilla, quisieron ver en la parafernalia electoralista, un nuevo movimiento irmandiño inexistente. Supuso En Marea un paso adelante en la necesidad de confluencia de una izquierda que en Galicia, lucha contra gigantes, unos monstruos con pies de barro, pero bolsillos de oro, con los que poder comprar a su gusto voluntades y votantes. Un sistema caciquil herencia del propio franquismo, cuyas reminiscencias sobreviven en una nación en donde por tierra, aire y televisión, se lanza el mensaje al exterior de una Galicia idílica de canto y pandereta, mientras en sus entrañas, la despoblación, el paro y la corrupción, ahogan a un pueblo falto de ilusión que en demasiadas ocasiones, por no luchar ante gigantes, prefiere emigrar.

Un país sin modelo territorial, que ejemplifica perfectamente la sumisión e incompetencia de su gobierno frente a un oscuro futuro, en una comunidad en la que en el año 2024 los jubilados duplicarán a los menores de 20 anos. Donde durante 2014, se perdieron 48 habitantes cada día, mientras la inacción gubernamental, lograba que la tasa de natalidad llegase a los 7,2 nacimientos por cada mil habitantes, convirtiendo a Galicia en una de las comunidades con la tasa de natalidade más baja de la peninsula. Una población que se desangra al tiempo que lo hacen sus hasta ahora sectores productivos vitales, la industriael cerco, las conserveras, el sector agrícola, el lácteo…todos ellos enfrentados en los últimos años a la realidad de una economía propia de las colonias, en donde la precariedad de sus trabajadores, contrasta con el caudillismo económico de sus dirigentes.

En Galicia las normas las dictan los poderosos, mientras sus ciudadanos todavía hoy, se enfrentan durante su día a día al signo de quien en cierta forma, todavía no ha abandonado el sistema de poder propio del feudalismo. Una tierra de señores y vasallos, que incluso su vida deben poner a disposición de quien los gobierna, un país en el que se robo la verdad y la democracia, al tiempo que se compraba al rebelde y se castigaba al pecador. En donde silenciosamente se privatizó la vida y su naturaleza, al tiempo que se desterró a la cultura, savia de la resistencia de nuestra gente. Actuaciones políticas, todas ellas por obra y gracia de señores corruptos desde la cuna, saqueadores y amigos de la represión, gobernantes extranjeros en una tierra conquistada, pero no castrada. Se reproduce todavía hoy silenciosamente la resistencia al expolio en cada puesto de trabajo precario, en cada agricultor o ganadero sometido a la dictadura de los precios propia de las multinacionales, en cada consumidor de nuestras aldeas que germina su resistencia en el hartazgo ante las eléctricas y la precariedad de su servicio. Cada parado, cada joven emigrante, cada jubilado tomado por bobo en sus estúpidas excursiones, cada madre y padre de los presos independentistas, cada gallego y cada gallega orgullosos de una tierra que hoy permanece hipotecada para beneficio de quien pese a nacer en Galicia, pretende cimentar su trono fuera de ella. No merece nuestra tierra un gobierno que la desprecie.

Pese a todo, volvemos el 25 de Julio a celebrar el día de nuestra patria en una postura de resistencia frente al bárbaro invasor, aquel que no por castellano, sino por expoliador, no puede más que ser considerado como extranjero en nuestra tierra. Sin duda sí algo hemos aprendido los gallegos tras el paso del tiempo, es que no hace falta nacer fuera de nuestras fronteras para poder ser considerado enemigo de Galicia, de Franco a Rajoy, pasando por Fraga o Feijóo, los políticas de quienes en esta tierra se criaron, han dado muestras de que no existe nada peor que la ingratitud de un hijo con su tierra. No debería suponer por tanto un lugar de nacimiento nunca un obstáculo para diferenciarnos entre nosotros y ellos, haría bien la izquierda gallega en lograr identificarse como tal: como izquierda y como gallega, signifique eso lo que signifique en el interior de cada uno.

No podemos permanecer ni un segundo más divididos por estúpidas rencillas frente al sometimiento unitario que desde fuera se nos impone, de igual modo que no debemos aceptar sin resistencia, mesiánicas soluciones diseñadas desde Madrid por líderes políticos más preocupados por su propio futuro electoral que por el de nuestos estómagos. Harían mal desde Podemos o Izquierda Unida, en intentar fagocitar la alternativa de En Marea, como mal haría también Luis Villares entendiendo su liderazgo más allá de la simple cabeza visible de un movimiento complejo y todavía vivo en el debate. En Marea no puede perecer fruto de las egolatrías y los cálculos políticos fantasiosos a la par que erróneos de cada formación, la única opción real para alcanzar la Xunta, es la unidad en la alternativa al PP.

Amenazan las rencillas entre viejos nacionalistas, nacionalistas y políticos de nuevo cuño, con enterrar a Galicia una vez más en una larga noche de piedra simbolizada esta vez en la derecha política y sus medidas liberales de acoso a la población. Quienes todavía hoy se consideran resistencia frente al sometimiento feudal en el que vive Galicia, deberían intentar comprender la urgencia en los tiempos y la necesidad política de una tierra que clama por una alternativa unitaria entre todas las formaciones progresistas, sean o no estas nacionalistas. Lo contrario supone un paso a la ignorancia, al ostracismo, a una larga noche sin perspectivas reales de cambio.

“Mas, sós os ignorantes,
E férridos e duros,
Imbéciles e escuros
No-nos entenden, non.

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Miguel Ángel Blanco, la memoria secuestrada

Se cumplen ya dos décadas desde que tres miembros del comando Donosti secuestraran al concejal del Partido Popular en Ermua, Miguel Ángel Blanco. Dos décadas del ultimátum de los terroristas, el rostro del miedo reflejado en sus familiares y aquel tenso silencio intrínseco en la cuenta atrás de quien espera la muerte. Un silencio tan solo roto por dos disparos que tras una lenta agonía, teminaron finalmente con la vida de Miguel Ángel y cambiaron  el signo del miedo frente al terrorismo en nuestro país para siempre.

En realidad la sangre derramada por aquel joven concejal de Ermua sobre el campo de Lasarte, en nada se diferenciaba de la de tantos otros que antes habían perdido su vida fruto de la barbarie y la sin razón terrorista en nuestro país. Quizás, ese fuese el motivo por el que la perdida de Miguel Ángel Blanco, logró empapar de rabia e impotencia a una sociedad ya demasiado harta del sabor a muerte en su día a día, una sociedad que todavía permanecería durante mucho tiempo temerosa ante el las armas de los terroristas, pero que desde ese preciso instante, nunca más dejaría que el miedo la atenazase, evitando que pudiese pronunciar tras cada nuevo asesinato, un grito unánime: ¡BASTA YA!.

La muerte de Miguel Ángel Blanco supuso para el País Vasco y también para España, un antes y un después en la actitud frente a ETA. Los disparos que le arrebataron la vida, le arrebataron también las máscaras a una sociedad que hasta ese momento permanecía sin rostro frente a los terroristas, políticos, policías, periodistas, pero también vecinos y vecinas anónimos de cada pueblo de Euskadi, salieron por primera vez a la calle de ese día de forma masiva para mostrar su repulsa frente al terrorismo de ETA. Fueron entones los rostros de los asesinos, los que desde ese momento tuvieron que permanecer ocultos para siempre, tras unas capuchas blancas que no pudieron ocultar nunca más el rastro de sangre en sus palabras.

Décadas después de su asesinato y mientras los verdugos se pudren en la cárcel o en el infierno, la negativa de la alcaldesa de Madrid; Manuel Carmena, a poner una pancarta conmemorativa en la fachada del Ayuntamiento, ha conseguido que una vez más, el nombre de Miguel Ángel Blanco se vea envuelto en la sin razón argumentativa disfrazada de política. El tacticismo político y el revanchismo partidista, sumado a la torpeza de quienes desde el ayuntamiento madrileño no han sabido trasladar sus motivaciones, han logrado contra todo pronóstico en tiempos de paz, desdibujar un digno homenaje a una víctima de ETA como tantas otras.

Quienes durante años, desde las instituciones, han propiciado con su silencio y sus votos que las víctimas de la represión franquista sigan compartiendo su olvido con el descarado ensalzamiento a su asesino y cuyos cargos políticos se atrevieron a vilipendiar a sus familiares, hoy pretenden ante la opinión pública, convertirse en adalides de las buenas maneras para  hacer de un posible fallo en las formas políticas de la alcaldesa, un delirante caso de convivencia con los terroristas. Pudiese uno tildar sin riesgo a equivocarse, de abyecto e inmoral a quien desde la militancia en la  misma formación política por la que Miguel Ángel Blanco dio la vida, hoy se atreve a intentar dibujar una sonrisa en la cara de los terroristas, resucitando la división y el uso partidista de las víctimas que siempre buscaron sus asesinos. Quizás, no se equivoco la alcaldesa, cuando pretendió evitar personalizar el dolor, puesto que desgraciadamente para nuestro país, solo así parece evitarse la apropiación del mismo.

Inexplicablemente, Pablo Casado, Mayor Oreja, Cristina Cifuentes e incluso la propia Marimar Blanco, se han sumado en las últimas horas, a la horada de insultos e insinuaciones que sin atender al debate democrático, han pretendido entre deleznables titulares de prensa y desesperadas ofensivas políticas, vincular a la alcaldesa de Madrid con un supuesto desprecio a las víctimas o lo que es todavía peor, un apoyo directo a los terroristas. La misma Manuela Carmena, que en Atocha salvo la vida por mera casualidad durante el atentado al bufete laboralista a manso de pistoleros de la ultraderecha española, vive hoy inmersa en la delirante pseudorealidad de quienes en pleno homenaje a un político asesinado por las armas de los terroristas, sacan a relucir sin pudor alguno el devenir político de Venezuela, el proceso soberanista catalán o cualquier otro asunto que pueda llegar a importunarles a la hora de alcanzar sus objetivos políticos, para en un ejercicio de cinismo ilimitado, pretender imponer la lógica de todo lo que nos molesta es ETA.

Sin que pueda evitarlo, recurre una vez más el PP en su estrategia política, al argumentario tan insertado en su ADN del todo es ETA. Quienes en más de una ocasión se atrevieron a menospreciar a víctimas del terrorismo como Pilar Manjón, hoy pretenden manipular la realidad para tildar de etarra o radical a todo aquel que quiera recordar a las víctimas de una manera diferente a la establecida durante los años de la barbarie. Haría bien el Partido Popular en recordar su desmemoria con los represaliados durante la dictadura franquista, su indigna gestión y manipulación informativa durante el 11M o las continuas zancadillas al ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero, durante el proceso de negociación que puso fin a la actividad asesina de la organización terrorista ETA. Podría incluso el partido de Mariano Rajoy volver la vista hacia su propio partido, para encontrar en sus propias filas el más profundo desprecio a la memoria de Miguel Ángel.

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Feminicidios: nos están asesinando

De nuevo el miedo en la cara de una mujer, la impotencia, los gritos, la frustración ante los golpes recibidos y finalmente, la sangre sobre el asfalto de una víctima del terrorismo machista en nuestro país. A los llantos y la consternación les seguirá la realidad de dos mujeres asesinadas en veinticuatro horas, treinta y una en apenas seis meses, ochocientas sesenta y seis en trece años… tan solo fríos números que añadir a las estadísticas que provocarán horas de rabia en sus barrios, minutos de silencio en las instituciones y probablemente apenas segundos de difusa atención en los grandes medios. Dos nombres que añadir a la larga lista de mujeres asesinadas por sus parejas, sus compañeros o simplemente por hombres que se creyeron con un derecho enfermizo sobre ellas hasta el extremo de arrebatarles la vida. Un sentimiento de dominio que hunde sus raíces en una sociedad funestamente patriarcal que todavía hoy, se muestra incapaz de reconocer la barbarie en el día a día de gran parte de sus mujeres. Mujeres que son golpeadas, maltratadas y finalmente asesinadas simplemente por su sexo.

Hoy resulta más necesario que nunca hacer un llamamiento a las diversas organizaciones feministas, sindicatos, partidos y al conjunto de la sociedad civil, para lanzar un pulso al patriarcado que impera en nuestro país con la firme intención de poner fin a la atrocidad de los feminicidios

Al dolor y a la rabia pública por los asesinatos machistas les seguirán sin excepción los comentarios jocosos en las redes sociales, el continuo menosprecio a la lucha feminista  e incluso sin ruborizarse, los arrebatos machistas en nuestro propio parlamento. No existe casualidad entre el asesino y la sociedad que lo acoge, sino que son una infinidad de pequeñas causalidades las que moldean desde la cuna al hombre que finalmente derramara la sangre de “su” mujer sobre nuestras calles. Los chistes machistas, el acoso entre adolescentes en el despertar de su sexualidad, la desigual repartición de los trabajos domésticos, la discriminación en el trabajo, la excesiva sexualización de la mujer en la publicidad, las estúpidas preguntas tras una violación, la justificación de aquel primer golpe… Toda una serie de causas detrás de cada una de las mujeres asesinadas a manos de un hombre que como sociedad no podemos seguir ignorando. Resulta necesario decir basta, basta de impunidad para quienes indistintamente tras la pantalla de un ordenador o la barra de un bar fomentan directamente la violencia contra las mujeres, basta de promesas políticas sin una dotación presupuestaria suficiente para garantizar la seguridad de las víctimas de malos tratos y especialmente, basta ya de tratar como una sucesión de casos aislados la realidad del terrorismo machista en nuestro país. En poco más de una década, las mujeres asesinadas por la violencia machista superan a las víctimas de la sin razón de la violencia etarra durante toda la existencia de la organización terrorista vasca. La obscena diferencia entre los medios materiales y humanos destinados a la lucha contra una y otra lacra, resulta simplemente ignominiosa.

No podemos permitir que a los compromisos políticos alcanzados por los diferentes partidos, para sacar adelante las 25 medidas que las ‘mujeres de Sol’ consideraban debían tratarse en la subcomisión sobre violencia de género impulsada por el Congreso, les  siga simplemente el silencio y el vuelva usted mañana tan típico de nuestro país. No hay lugar para más prorrogas, ni para eternizar nuevamente las negociaciones. Perdonen ustedes, pero nos están asesinando. No hay cabida para esperar a un nuevo 25 de Noviembre, ni nos interesan las fotos o las palabras grandilocuentes de sus señorías en los escaños de la que debería ser la casa de todos y todas, incluidas las mujeres para las que ya llega demasiado tarde una solución. La paciencia tienen un límite y en el caso de la lucha feminista, este se ha rebasado con la sangre de tantas mujeres asesinadas.

Hoy resulta más necesario que nunca hacer un llamamiento a las diversas organizaciones feministas, sindicatos, partidos y al conjunto de la sociedad civil, para lanzar un pulso al patriarcado que impera en nuestro país con la firme intención de poner fin a la atrocidad de los feminicidios. Al igual que el 24 de octubre de 1975 en Islandia tuvo lugar el conocido como “El Día Libre de las Mujeres” con el que se estableció el primer paso para la emancipación de las mujeres de ese país, hoy en España resulta más necesario que nunca un paro femenino que ponga de manifiesto la fuerza de un colectivo que no piensa permitir ni un segundo más que las sigan asesinando. Un “Viernes Largo” como también se conoce al paro islandés, que debe suponer en nuestro país un antes y un después para una sociedad que no termina de abrir los ojos ante una situación que tiene su máxima expresión de insensatez y locura en los asesinatos machistas, pero que también extiende sus raíces prácticamente a todos los ámbitos de la vida de las mujeres.

Un sentimiento de dominio que hunde sus raíces en una sociedad funestamente patriarcal que todavía hoy, se muestra incapaz de reconocer la barbarie en el día a día de gran parte de sus mujeres

No podemos permitirnos un nombre más en la lista de asesinadas, no podemos permitirnos un golpe más, ni un homenaje vacuo o un minuto de silencio que no cambiará nada. Un paro nacional de mujeres es un reto complicado, pero precisamente por eso resulta más necesario demostrar que sí se puede, que es hora de decir basta. No permitamos ni por un segundo más que la sangre de las mujeres siga escribiendo gran parte de nuestra historia.

“Amurallar el propio sufrimiento es arriesgarte a que te devore desde el interior”

Frida Kahlo

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Rojo sangre

Pecamos en muchas ocasiones, al debatir sobre la abolición de la tortura taurina (perdonen que no utilice el término tauromaquia, pero jamás me permitiré ensuciar de esa forma a la palabra arte) en caer en los propios argumentos de los torturadores. Perdemos energía y tiempo en debates absurdos sobre la legitimidad de las subvenciones, el arraigo popular o el grado de sufrimiento del toro durante la barbarie producida entre banderillazos y estocadascuando el debate debería ser, y en esencia es, mucho más sencillo.

La disputa sobre la tortura taurina, debe centrarse únicamente en la conciencia y la madurez de un país que no puede ni por un segundo más, seguir manteniendo vivo el recuerdo más zafio de su pasado. La memoria de un tiempo, en  donde una cantidad ingente de turistas, alguno de ellos famosos artistas o escritores, se dirigían a España con el sentimiento propio de quien cruza la última frontera antes de inmiscuirse en un país mitad civilizado, mitad sociedad salvaje. Un país enfermo de barbarie y denodado tribalismo, en donde bellas mujeres bailaban al ritmo de guitarras árabes y hombres simples, pero en apariencia “valientes”, se jugaban la vida enfrentándose a un animal indómito, al parecer por un mero rito ancestral.

¿Como lograr perseguir eficazmente al maltrato animal cuando se denomina maestro al torero? ¿Como proteger nuestra fauna cuando se tortura y se asesina sin piedad un símbolo nacional?

Un país anclado en ritos ancestrales en donde no reinaba la lógica, ni la razón humana. Con el simple hecho de cruzar los Pirineos, uno podía sentirse a la vez maravillado y moralmente superior, ante tan lamentable espectáculo, en una sociedad anacrónica en Europa. Todo ello, si es que finalmente tras contemplarlo, uno era capaz de mantenerse ajeno a la locura. Ajeno a espectáculos como el de Tordesillas, en donde la sinrazón y la barbarie dan un paso más cara a la perturbación, al delirio de la sangre animal como entretenimiento y el zoquetismo patrio como seña de identidad.  La tortura animal en Tordesillas, simboliza el fiel reflejo de una comunidad, que dice representar en la actualidad el sentir de la España medieval, un festejo; si es que a la muerte se le puede llamar festejo, que hunde sus raíces en la enfermiza relación entre hombre y animal durante un período histórico en donde estos últimos, los animales, no suponían más que una fuente de alimento y de recursos. Triste la sociedad que avanzado el sentido de la historia, permanece anclada en tan oscuros tiempos, para denominar cultura al hecho de perseguir un toro por decenas de picadores y lanceros, intentando simplemente, alancearlo hasta la muerte.

Todavía hoy, libros, canciones y viejas películas, alaban el valor del torero como un héroe que se resiste al paso del tiempo, guiños antropológicos de quienes observan nuestro delirio desde la más absoluta equidistancia entre la fascinación y el asco. Un guiño quizás rebelde, lanzado en ocasiones por pseudointelectuales afectados por un síndrome de Peter Pan que los mantiene anclados en una época ya pasada, en la que artistas como Enest Hemingway, Federico García Lorca, Pablo Picasso o Orson Welles, alababan la tortura animal como un arte, en medio de un mundo en donde muchas veces,  la propia vida del ser humano no valía nada.

La percepción cambia cuando es uno el que tiene que convivir en su propio país con esa tortura animal a la que llaman arte, la vergüenza de la sangre en sus calles, en sus plazas, la consciencia de quien siendo amante de los animales, reconociendo sus derechos, ve como sus impuestos sirven para fomentar y perpetuar a los asesinos y su negocio. Una realidad que sin duda se torna kafkiana en nuestro siglo y que quizás, lamentablemente se encuentre en el origen de muchos de nuestros males. ¿Como lograr perseguir efecticazmente al maltrato animal cuando se denomina maestro al torero? ¿Como proteger nuestra fauna cuando se tortura y se asesina sin piedad un símbolo nacional? En el fondo de nuestra psique colectiva, la permanencia del toreo en nuestra sociedad, representa una de esas anclas que nos retrotrae a la España más ancestral, a esa España de la que avergonzarse, con la que sentirse culpable y bajar la cabeza ante determinados temas.

La disputa sobre la tortura taurina, debe centrarse únicamente en la conciencia y la madurez de un país que no puede ni por un segundo más, seguir manteniendo vivo el recuerdo más zafio de su pasado

El toreo nos hace menos Europa y a su vez,  también menos humanos. La persistencia del maltrato animal a un símbolo patrio como es el toro en nuestro país, habla más de nosotros como sociedad de lo que quizás podría hacerlo un toro libre, un toro orgulloso y salvaje. Puede que en el fondo el toreo se trate simplemente de eso, un recuerdo de una España triste, aletargada y avergonzada de sí misma que todavía hoy, se niega a marcharse. Una España, que llama arte a ver al toro desangrarse en la arena.


Dedicado a todos los toreros, con la firme certeza de que serán las futuras generaciones las que deban cargar con el peso y la vergüenza de vuestros actos.

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Carta Abierta a Blanca Suárez

Estimada Blanca, tras leer tus últimas declaraciones en una entrevista con los compañeros de Europa Press, no puedo evitar dirigirte estas palabras con todos mis respetos, pero con firme intención de hacerte ver el gran error cometido al calificar al feminismo como una moda. Sinceramente, desconozco los motivos que pueden provocar en una mujer un conflicto a la hora de definirte como feminista. Tampoco te pediría nunca que te definieses como tal, si tus principios o tus valores, chocasen con una ideología que simplemente defiende que las mujeres deben tener los mismos derechos que los hombres. Pero sinceramente, dudo que ese sea el caso. Más cuando tú misma defiendes en esa misma entrevista, la necesidad de igualdad a todos los niveles, me permito entonces pensar, que el problema puede llegar a situarse en la palabra feminista. Un concepto, una etiqueta, nacida y asentada tras décadas de lucha, de miles de batallas y conviene siempre recordarlo, tras mucho dolor, muerte y sufrimiento en la piel de las mujeres a lo largo de la historia. Una etiqueta por la que dieron gran parte de su vida mujeres como Mary Wollstonecraft, Christine de Pizan, Emmeline Pankhurst, Sojourner Truth, Simone de Beauvoir, Virgine Despentes, Kate Bolick o Celia Amorós, mujeres muy dispares e incluso distantes en gran parte de sus puntos de vista sobre el mundo, pero todas ellas, conscientes de la discriminación y la desigualdad sufrida por el simple motivo de su sexo. Una simple condición orgánica usada a lo largo de la historia para diferenciar entre mujeres y hombres, y así, a través de la construcción social de los géneros, poder llegar a ejercer un domino cultural, económico y sexual de los hombres sobre las mujeres, cimentando de esta forma, una lenta pero inexorable superestructura patriarcal que ha llegado a ejercer una presión tan aplastante pero silenciosa sobre nuestras vidas, que ha terminado consiguiendo que hoy, el hecho de definirte como feminista, como activista en la búsqueda de la igualdad entre hombres y mujeres, pueda llegar a costarte.

El feminismo no es una moda Blanca, no puede serlo en un mundo en donde el 79% de las personas que son explotadas sexualmente son mujeres y niñas, en donde el 38% de las mujeres que mueren en el mundo lo hacen a causa de la violencia machista y  donde la brecha salarial, sigue siendo una realidad. En tu propio país, las mujeres pueden llegar a cobrar un 23,25% menos que los hombres por el simple hecho de ser mujeres (Existen países en los que la cifra de la brecha salarial, puede llegar a alcanzar hasta un 75%.) El feminismo es la principal arma contra la desigualdad laboral, contra la violencia sexual o la discriminación en el ocio y el día a día de la mujer, el feminismo es la conciencia de la necesidad tomar partido en una de las más antiguas batallas contra la desigualdad, y especialmente, el feminismo es nuestra mayor esperanza contra aquellos que todavía hoy, continúan asesinando a mujeres por un sentimiento de superioridad sexual y cultural, simplemente por el hecho de ser “sus mujeres”.

Puede que tristemente necesites que pase el tiempo para que te percates de lo que supone realmente ser feminista. Quizás lo hagas cuando pasen un par de años y tu cuerpo ya no responda a los cánones necesarios para los papeles que ocupas hoy en la gran pantalla, y muy probablemente, la industria del cine vea cada día más complicado encontrar un hueco para ti en sus producciones, quizás entonces, comprendas lo denigrante de esos continuos retoques con Photoshop que parecían buscar en ti la perfección, pero con el tiempo se tornarán en insultantes clichés sobre tu cuerpo, sobre tú profesión, esos mismos clichés machistas que se repetían una y otra vez en programas televisivos, más centrados en tus relaciones personales o en tus vestidos y escotes que en el discurrir de tu trabajo. Puede que sea entonces, cuando te des cuenta que definirse como feminista no es una moda, ni un capricho para la mujer de hoy. Al igual que para muchas mujeres de generaciones anteriores, definirse hoy como feminista, supone una necesidad en pro de la igualdad.

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Alsasua, polvo en los ojos

“Estoy a favor de la verdad, la diga quien la diga. Estoy a favor de la justicia, a favor o en contra de quien sea.”

Malcolm X

Iñaki Abad, Julen Goikoetxea, Jon Ander Cob, Aratz Urrizola, Jokin Unamuno, Adur Ramírez de Alda y Oihan Arnanz, siete jóvenes de la localidad Navarra de Alasasua víctimas del polémico artículo 573 del Código Penal, aprobado por el gobierno de Mariano Rajoy  durante los continuos atentados yihadistas de 2015 en Europa, y que hoy sirve en España, para mantener encarcelados a tres jóvenes independentistas, acusados de agredir a dos guardias civiles durante el transcurso de una noche de copas en Navarra. Una medida judicial definida por la propia ONU como poco democrática, que permite que hoy en nuestro país lo que en cualquier otro escenario supondría poco más que un delito de lesiones, haya terminado para estos jóvenes abertzales, en una acusación por terrorismo enmarcada en un proceso de paz en el País Vasco paralizado por la apatía estatal y durante el recrudecimiento de los juicios por enaltecimiento del terrorismo, que poco o nada tienen que ver con la realidad política o la pulsión social de Euskal Herria.

Una sociedad civil que en el pueblo de Alsasua, no ha dudado desde un primer momento y en contra de la polémica decisión de las autoridades españolas, en manifestarse para pedir la puesta en libertad de los jóvenes detenidos y el fin de lo que gran parte de los vecinos consideran continuos montajes policiales y judiciales. Lo que a día de hoy, para la Audiencia Nacional es considerado terrorismo, para los vecinos y vecinas de la localidad (Además de para 83 alcaldes de Euskadi y Navarra) no supone más que una pelea de bar fruto de lo que ellos describen como asfixiante presencia de la Guardia Civil en el pueblo.

Iñaki Abad, Julen Goikoetxea, Jon Ander Cob, Aratz Urrizola, Jokin Unamuno, Adur Ramírez de Alda y Oihan Arnanz, siete jóvenes de la localidad Navarra de Alasasua, víctimas del polémico artículo 573 del Código Penal, aprobado por el gobierno de Mariano Rajoy,  durante los continuos atentados yihadistas de 2015 en Europa

Pese a las masivas movilizaciones vecinales y a los propios informes de la Guardia Civil remitidos al Juzgado de Instrucción número 3 de Pamplona, en los que niegan la existencia de un linchamiento organizado contra los dos guardias civiles agredidos junto a sus parejas en un bar de la localidad, la Audiencia Nacional  en una actuación polémica, decidió finalmente hacerse cargo del proceso, basándose en los testimonios de los propios denunciantes como única prueba, todo, pese a las numerosas contradicciones de los mismos con la versión del resto de testigos.

En poco más de una semana desde su detención, los nueve jóvenes de entre 19 y 24 años, fueron procesados atribuyéndoles un delito de terrorismo en concurso ideal de lesiones, atentado y odio. Una decisión fundada en la hipótesis de que los detenidos llevaron a cabo la agresión motivados por su conocimiento de la condición de guardias civiles del teniente y el sargento, lo que enmarcaría los hechos en las “rutinas de hostigamiento” contra el instituto armado español protagonizadas por el colectivo Ospa Mugimendua, al que pertenecen algunos de los detenidos. Una decisión judicial, que a todas luces puede llegar a suponer un ejercicio excesivo de conjeturas en la reconstrucción de los hechos, y que a tenor de las pruebas presentadas judicialmente, apunta sin duda a que la actuación de la Audiencia Nacional, no viene sino a enturbiar los intentos emprendidos por la sociedad vasca, para normalizar la convivencia tras numerosas décadas de conflicto y el reciente cese de la actividad armada de ETA.

No en vano, aceptar que la pertenencia de los jóvenes detenidos en Alsasua a diferentes organizaciones independentistas, que pueden compartir o no, diversos objetivos con la organización terrorista ETA, supone motivo suficiente para su procesamiento por terrorismo tras una reyerta en un bar, abre una peligrosa vía legal en donde la afiliación de los acusados y no los hechos en sí, suponen el principal baremo para la posterior actuación de la justicia. La búsqueda de la independencia o la expulsión de los miembros de las Fuerzas de Seguridad del Estado de Navarra y del País Vasco, figuran entre los objetivos perseguidos en su momento por la organización terroristas y hoy forman parte de las principales reivindicaciones políticas de la izquierda abertzale. Precisamente, en asumir como legítimas las reivindicaciones de quienes sin el peso de las armas pueden defender tales postulados, hoy pasan gran parte de las esperanzas para  la convivencia y el correcto desarrollo del proceso de paz en Euskadi. En ningún caso en una sociedad plenamente democrática, encabezar una campaña por reprobable y deshonrosa que pueda parecer esta a la Audiencia Nacional, puede suponer la posterior vinculación con una organización terrorista.

un ejercicio excesivo de conjeturas en la reconstrucción de los hechos, y que a tenor de las pruebas presentadas judicialmente, apunta sin duda a que la actuación de la Audiencia Nacional no viene sino a enturbiar los intentos emprendidos por la sociedad vasca, para normalizar la convivencia tras numerosas décadas de conflicto y el cese reciente de la actividad armada de ETA

“Proporcionalidad, justicia y equidad” son las lógicas reivindicaciones de un pueblo y unas familias, que todavía hoy siguen gritando a viva voz que sus jóvenes no son terroristas. El circo mediático y político en un caso en donde en las propias palabras de las familias de los detenidos, los jóvenes de Alsasua “han sido utilizados de una manera ejemplarizante y no desde parámetros jurídicos” parece impedirnos lograr reflexionar acerca de lo absurdo e insultante de comparar una simple pelea de bar, con la realidad vivida por muchos ciudadanos durante la existencia de la amenaza de las armas en nuestro país.

Mantener la acusación de terrorismo y peticiones de prisión absolutamente desproporcionadas, que pueden llegar a superar los 10 año de prisión, supone un insulto a la inteligencia de un pueblo que ya ha pagado demasiado caro los desesperados intentos de quienes parecen querer prorrogar de manera artificial la lógica del discurso de las armas.

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Un parlamento, una moción de censura… dos españas

“Ustedes representan lo malo conocido y el miedo. Han usado el miedo para robar”

Pablo Iglesias

La tercera moción de censura en cuarenta años de democracia, nos deja la constatación de la existencia de dos realidades muy distintas en el parlamento y en el tejido social español. Dos realidades, pertenecientes a dos españas que no solo nunca han llegado a confluir, sino que con el paso del tiempo, parecen alejarse todavía más fruto de un modelo económico y unas políticas, que fomentan la desigualdad social al compás de la corrupción política y la codicia desaforada de nuestra supuesta élite empresarial. Una codicia que ha hecho de nuestro país un paraíso para tramas de corrupción de todo tipo, en donde comunidades autónomas, empresas, ayuntamientos, bancos y partidos políticos, se han visto aquejados por un parasitismo en ocasiones tornado en depredación, que ha infectado a nuestras instituciones, transformando lo que antaño fuese un pacto social común, en un complejo sistema poder, en donde las élites del sistema han podido afanarse con libertinaje en la búsqueda de su máximo beneficio económico, cambiando las reglas del juego siempre que resultase necesario para sus necesidades.

Durante algo más de cinco horas, Unidos Podemos ha hecho uso de la tribuna del Congreso para poner de manifiesto la profunda decadencia de un gobierno y unas instituciones paralizadas por la corrupción, en donde los esfuerzos del ejecutivo se han visto en demasiadas ocasiones a lo largo de la legislatura, centrados en esquivar la actuación policial y el peso de la justicia sobre un Partido Popular que una vez más, ha llevado al extremo en su estrategia de defensa, la aparente necesidad política de la derecha de nuestro país de hacer del que se supone gobierno de todos, su cortijo particular.

Nada sabe el Partido Popular de los más de 100.000 desahuciados, los emigrados, los parados de larga duración, los más de 64.000 alumnos estudiando en barracones o la realidad de los trabajadores pobres en nuestro país

Entre lecturas inoportunas, comentarios machistas, aplausos de graderío y una total indiferencia por el discurso de Irene Montero o Pablo Iglesias, la bancada popular ha decidido simplemente ignorar una moción de censura que sabe fracasada de antemano, gracias a la falta de entendimiento entre los partidos que podrían configurar una alternativa a su gobierno. Nada parece importarle al PP la realidad social tras esta iniciativa, la de un país hastiado por la corrupción, golpeado por los recortes y quizás temeroso ante la precariedad laboral y la rapidez con la que iniciativas como la ley mordaza, han recortado sus libertades hasta hacer de la protesta social un delito. Un país cansado de las dos españas, divididas entre vencedores y vencidos, en la que el trabajador siempre termina perdiendo.

Sin duda desconocen en Genova 13, la realidad del trabajo precario, el miedo al despido, las hipotecas que pesan cada mes como una losa o el inhumano esfuerzo que puede suponer para una familia obrera el copago, por pequeño que sea, en servicios que antes se suponían públicos y gratuitos. Lo desconocen en Genova, como lo desconocen en el distrito de Salamanca, en la Moraleja o en el Viso. Los recortes de más de 10.000 millones de euros menos en la sanidad pública española, las listas de espera, la perdida de profesionales y camas o el negocio detrás de la salud de las personas no son asuntos que alteren la tranquilidad de los habitantes de esa “otra España” Después de todo, siempre pueden acudir a la sanidad privada, una sanidad sin listas de espera o molestos compañeros de habitación que nadie desea. Una sanidad que gracias a las reglas del juego, terminamos de una u otra manera pagando todos, pero que realmente solo unos pocos disfrutan. Una muestra extrema más del parasitismo de una minoría privilegiada sobre el conjunto de la sociedad española.  Una minoría que se cree con el derecho de vivir y gestionar lo público según sus propios intereses, para a continuación, una vez desmantelado un servicio que nos pertenece a todos, hacer uso de los servicios privados sin señal alguna de remordimiento. La realidad de las puertas giratorias, la de los pelotazos urbanísticos, la financiación ilegal o los favores de partido entre conocidos, suponen una concepción más propia del hampa que de la vida política, pero en España sobrevive sustentada por quienes en nuestro país, heredan el poder político y empresarial generación tras generación, en una simbiosis perfecta con las costumbres de la monarquía parlamentaria.

Nada sabe el Partido Popular de los más de 100.000 desahuciados, los emigrados, los parados de larga duración, los cerca de 64.000 alumnos estudiando en barracones o la realidad de los trabajadores pobres en nuestro país. Ellos, nunca han sufrido la angustia de no poder acceder a la energía o la cruenta necesidad de pedir ayuda para comer. Esa nunca ha sido su realidad. Su presente y su futuro se asemeja más a la especulación, la búsqueda aplicada de resultados en los datos macro, aunque la vida no cuadre, y más directamente el puro y desmedido lucro personal, las corruptelas, las inversiones sin riesgo gracias apoyadas en las leyes y en la banca… Dos realidades muy diferentes enfrentadas y de las que deberíamos ser plenamente conscientes antes de emitir cualquier tipo de voto. Llámenle como quieran, arriba y abajo, izquierda y derecha, vencedores y vencidos, ellos y nosotros…, pero sean conscientes de que en el parlamento, al igual que en nuestro país, todavía hoy existen dos españas claramente diferenciadas.

Un Partido Popular que una vez más, ha llevado al extremo en su estrategia de defensa, la aparente necesidad política de la derecha de nuestro país de hacer del que se supone gobierno de todos, su cortijo particular

Decía Rajoy a Iglesias que “Esta moción sirve únicamente para marcar terreno al PSOE o para crear más indignados. Sirve para todo menos para lo que tiene que valer una moción de censura” olvidaba el presidente del gobierno, que ante todo, una moción de censura debe servir para corregir el rumbo de un país a la deriva, un objetivo que hoy vuelve a quedar claro no será posible, mientras una España, para la que parece gobernar el Partido Popular, continue negando la realidad en la que por causa de sus políticas, vive inmersa gran parte de la para ellos, esa gran desconocida otra España.

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