La asesinaron en Malta

A la periodista maltesa Daphne Caruana Galizia, la han asesinado en Malta tras haberse convertido en una figura relevante en su país, por su trabajo de investigación contra el gobierno local, presuntamente implicado en una trama de corrupción durante la investigación de los Panama Papers. A pocos metros de su casa la bomba bajo el coche que la periodista había alquilado en el poblado de Bidnija, al norte de Malta, saltaba por los aires con una potencia inusitada, para silenciar al periodismo de investigación en Europa. Daphne ha traído a nuestras puertas las consecuencias a las que cada día se enfrentan los periodistas de lugares como México, Honduras, Siria, India, Colombia o Israel. Lugares estos, entre tantos otros, en donde el derecho a informar puede costar la vida.

Decía el novelista y ensayista cubano Alejo Carpentier, que el periodismo es una maravillosa escuela de vida, pero por desgracia demasiado a menudo el periodismo también es muerte. Una muerte que acecha a aquellos que una vez descubierta la verdad del mundo no pudieron evitar escribirla o fotografiarla para nosotros, seguramente con la vaga esperanza de contribuir a cambiar las cosas. A menudo el periodista de raza, aquel que siente la profesión más allá de lo que el mismo puede llegar a comprender, no puede evitar remar contracorriente por muy perdida que parezca una causa.

Cándido Ríos fue acribillado a balazos junto a un expolicía en Hueyapan de Ocampo (México) por osarse a desafiar el gobierno del narco y sus leyes del silencio. De nada le sirvió a “El Pabuche” formar parte de un programa gubernamental de protección a periodistas y defensores de derechos humanos, el mensaje para el Diario de Acayucan y para el resto de medios era claro: En México sí quieren informar sobre la violencia del narco, mandan ustedes a sus hombres a morir.

México se ha convertido, en parte por méritos propios, en parte por la inestimable colaboración de su vecino yanqui, en el lugar más peligroso del planeta para ejercer el periodismo, el trabajo de investigación mexicano sobre el narco no existe salvo por contadas pero valerosas excepciones como las de los reporteros de Ríodoce. No en vano, alguno de los tipos de esa redacción podría llegar incluso a aburrirse en Restrepo.

Hace tiempo que en México no se buscan las causas o las consecuencias de la guerra del narco o las implicaciones de una narcocultura que llega a impregnar hasta la cima política del país, la labor de un periodista si no se quiere jugar la vida  debe ser la de un mero transmisor del mensaje de turno de los cárteles de la droga. Un mensaje que a menudo se plasma en cuerpos mutilados, cruentos asesinatos o decapitaciones que han pasado a competir por lectores y un espacio publicitario en los blogs y medios mexicano.

Para un país en donde la violencia y la muerte se han convertido en una constante, el asesinato en Sinaloa del periodista experto en narcotráfico Javier Valdez, no supuso en su gobierno mucho más que el compromiso de una condolencia ya mecanizada, en tan solo 12 meses han asesinato a 14  periodistas sin que haya un solo detenido. Perdidas como la de Javier Valdez, probablemente sean muy difíciles de recuperar para una profesión en la que los cínicos cada día cobran más fuerza.

Cuando uno tiene en sus manos el excepcional libro “Novato en nota roja” del que fue corresponsal en Tegucigalpa Alberto Arce, tiene ante sí toda una lección de periodismo canalla y honesto, canalla debido a que uno puede adivinar fácilmente entre las líneas del autor la constante decadencia de una profesión a la que el negocio se ha encargado de arrebatarle cualquier atisbo de romanticismo, honesto porque si uno desea hacer periodismo hoy en día es bueno que se vaya acostumbrando a que no siempre va a poder escribir sobre aquello que los medios, y gracias a ellos también el mundo, reclaman.

Como el propio Alberto anuncia, Honduras no es Irak, pero puede parecérsele. En el país centroamericano mueren asesinadas cada año 85 personas por cada 100 000 habitantes, el paso de la cocaína por su territorio camino a Estados Unidos ha dejado una guerra entre pandillas que prevalece en la rutina diaria  del país con total impunidad.  En este contexto, los periodistas al igual que toda la población del país, son rehenes de una violencia sin sentido que a llegado a causar un promedio de 20 muertos diarios. Las crónicas de Tegucigalpa pueden no tener el mismo valor mercantil que las de Bagdad o Raqqa, pero el valor periodístico y puede que también el riesgo que corren sus autores, es exactamente el mismo. Para un periodista, la muerte no entiende de modas o nacionalidades cuando el teclado supone la única vía de escape para un alma a todas luces rota.

En Honduras como en Turquía o en España, la apología del terrorismo ha pasado a suponer desde hace un tiempo, por supuesto en muy diferentes medidas, una excusa para cercenar la libertad de prensa. Profesionales como la periodista holandesa Frederike Geerdink  o la vasca Iraitz Salegi han sufrido en sus carnes la persecución política de quienes haciendo un claro uso torticero de la justicia, han decidido desde las altas instituciones de un estado, presionar  a sus periodistas para intentar acallar su mensaje.  Una multa o la amenaza de la cárcel nunca se podrá comparar con la perdida de una vida, pero el mensaje es el mismo. El mismo que se esconde tras las amenazas contra periodistas de los gobiernos acosados por la corrupción, el boicot a sus medios, los intentos por desprestigiarlos o en última instancia, las presiones directas para cambiar o eliminar contenidos.

Vivimos inmersos en la decadencia de las grandes marcas del periodismo. Legendarias cabeceras y con ellas parte de la historia, en unas ocasiones más gloriosa que en otras, del periodismo de nuestro país se descomponen en subastas abiertas de su línea editorial ante los todopoderosos grupos de inversión internacionales. El derecho a informar libremente se ha convertido en un derecho privatizado a golpe de talonario, por desgracia para ellos; los nuevos magnates de la desinformación, el periodismo libre es un animal demasiado resiliente como para desaparecer por completo. Personalmente nunca he estado muy convencido de que como dicen las cucarachas fuesen a ser las únicas en sobrevivir al fin del mundo, pero sin embargo, siempre he pensado en que de producirse mañana ese repentino final, con total seguridad allí habría un periodista para contarlo. Después de todo les desafío a nombrarme un suceso trágico de nuestra historia reciente en la que no haya estado presente un periodista, a las cucarachas tarde o temprano uno logra quitárselas totalmente de encima en las redacciones, por mucho que sus servicios prestados les valgan nuevos puestos meramente ornamentales en la empresa del país.

Pese a todo, el periodismo español vive una nueva juventud en cuanto a su calidad con medios como Infolibre, Eldiario, Nueva Revolución, 5W, A Nosa Terra, Luzes, Negratinta o El Salto, proyectos estos entre tantos otros más o menos asentados de un periodismo que se niega a desaparecer, pero no puede existir un periodismo fuerte y digno sin una base de lectores sólida, comprometida en un pacto cerrado con aquellos que desde el otro lado de la página tienen la firme convicción de proporcionarnos la verdad por encima de todo.

Las denuncias de Caruana Galizia contra el primer ministro Joseph Muscat, a quien la periodista acusaba de corrupción, lo  llevaron a convocar elecciones anticipadas en las que pese a las sospechas por corrupción, logró la victoria por amplia mayoría. Pese a todo, la periodista maltesa decidió que intentar sacar la verdad a la luz para cambiar las cosas merecía la pena. El mejor homenaje a su memoria, es que hoy ustedes y nosotros, renovemos un pacto que resulta más necesario que nunca.


Para todos aquellos que perdieron la vida por un oficio para el que sin duda, nacieron. Que la tierra os sea leve compañeros.

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12 de octubre, nada que celebrar

“Cuando vinieron los misioneros a África tenían la Biblia y nosotros la tierra. Nos dijeron: vamos a rezar. Cerramos los ojos. Cuando los abrimos, teníamos la Biblia y ellos la tierra”.

Desmond Tutu

“Tenemos 500 años aquí y nunca nos callaremos, mucho menos ante un monarca.”

Hugo Chávez

El día 12 de octubre no se conmemora en la fiesta nacional, sino un genocidio. No escogimos un 29 de septiembre, ni un 5 de junio para fomentar nuestro orgullo como españoles, por la contra, señalamos la fecha en la que en 1492 nuestro ejercito se desplegó para invadir lo que para ellos suponía simplemente un territorio donde imponer sus costumbres. El imperio español ignoro el desarrollo a través de los siglos de diversos grupos indígenas, cazadores, recolectores y agricultores que habitaban antes de su llegada aquel nuevo mundo. La imposición religiosa, la esclavitud, el saqueo y la guerra fueron los instrumentos que el imperio español utilizó a la hora de imponer su cultura en el continente americano, un comportamiento bárbaro e inhumano fruto de un etnocentrismo comprensible en el siglo XVI, pero que de ningún modo debería suponer motivo de orgullo o celebración en pleno siglo XXI.

La fiesta nacional supone a día de hoy una celebración de tan solo una parte de España, la de la imposición cultural, el ejercito, la iglesia y una corona que todavía hoy, como en 1492, reina y gobierna. No de igual forma, ni con la misma intensidad, pero la monarquía y el mensaje tras su poder, todavía sigue presente en España. Un país que celebra su día nacional de espaldas al mundo y a gran parte de sus propios habitantes, que se niega a comprender lo cruel e inhumano de un proceso histórico que rememora un Imperio ya pasado, y una fuerza perdida que a menudo explica el enorme complejo de sociedad en franca decadencia que consigo portan tantas veces los españoles.

Torpedeamos nuestros abundantes méritos centrándonos en viejas conquistas con demasiada sangre tras ellas como para lograr ofrecérselas al mundo, al igual que sucede con la tauromaquia, la clase política española hace uso de un símbolo que nos separa, para intentar representar un sentir común de nuestro país. En un mundo globalizado España debe reconocer como fue la conquista de América, abandonar los intentos por glorificar una época en la que nuestros valores no eran los mismos por los que hoy luchamos y pedir perdón, perdón a los pueblos que sometimos a nuestras armas y a sus herederos indígenas. Sí nos empeñamos en tener monarquía, ese debiese ser su primer cometido.

España se empeña cada año en celebrar la imposición por las armas y la decadencia de su cultura, mientras tanto, el Guernica, la Sagrada Familia, o el mismísimo Quijote esperan su oportunidad para mostrarse al mundo en nuestra fiesta nacional. Un país democrático, celebraría su cultura y pediría perdón por su barbarie. España no se merece conmemorar lo peor de si misma, no nos merecemos una eterna culpabilidad. Para ello resulta necesario cerrar las heridas, comprender finalmente el dolor causado y el sentir de unos pueblos que no civilizamos, sino que conquistamos. Hoy sin duda sería un buen momento para mostrar nuestro respeto al Día de la Resistencia Indígena.

 

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“En 1492, los nativos descubrieron que eran indios, descubrieron que vivían en América, descubrieron que estaban desnudos, descubrieron que existía el pecado, descubrieron que debían obediencia a un rey y a una reina de otro mundo y a un dios de otro cielo, y que ese dios había inventado la culpa y el vestido y había mandado que fuera quemado vivo a quien adorara el sol y a la luna y a la tierra y a la lluvia que la moja”

Eduardo Galeano

 

 

 

A donde van los desaparecidos

A Santiago Maldonado se lo llevó la policía que de forma continua, reprime a los jóvenes estudiantes que pacíficamente exigen una enseñanza de calidad y accesible para el común del pueblo, la policía del “algo habrás hecho”, la flagrante corrupción, el racismo, la xenofobia y el gatillo fácil. A este joven artesano argentino de 28 años, por el que ahora se manifiestan desde organismos de derechos humanos hasta la ONU, además de partidos políticos y ciudadanos de todo el planeta, se lo llevó la misma policía que el 1 de agosto acudió a la provincia sureña de Chubut, para reprimir con balas de plomo y de goma a miembros de la comunidad Mapuche de Pu Lof que tomaban partido en los actos de protesta para reclamar como propio el territorio que la Compañía de Tierras del Sud Argentino (propiedad de Benetton desde 1991) les había arrebatado con la complicidad, cuando no apoyo directo, del gobierno argentino y sus fuerzas de seguridad. Un total de 900.000 hectáreas argentinas en donde la multinacional busca poder llegar a producir el 10% de la totalidad de la lana que necesita su marca.

Ante la privatización y expolio de sus tierras, la Resistencia Ancestral Mapuche (RAM), liderada por Facundo Jones Huala; detenido el pasado junio y pendiente de una posible extradición a Chile, había comenzado a ocupar parte de la propiedad de Benetton y a llevar a cabo una serie de protestas que culminaron con el bloqueo aquel 1 de agosto de la carretera que comunicaba la provincia de Chubut con Chile, pronto comenzó la represión, las detenciones y un uso indiscriminado de la fuerza por parte de la policía, al que desgraciadamente la comunidad mapuche ya está acostumbrada. En medio de esa muestra incoherente y desproporcionada de violencia se le perdió la pista a Santiago Maldonado, y con su desaparición, viejos fantasmas que quizás nunca terminaron de irse del todo, volvieron a recorrer Argentina.

Esto sucede durante el gobierno del empresario y político conservador Mauricio Macri, en la legislatura de los despidos masivos y  los 13 millones de argentinos por debajo del umbral de pobreza. Un país que en menos de un año ha experimentado un aumento de 600.000 indigentes, en donde 4500 personas duermen ya en la calle y la indigencia ha alcanzado al 6,9% de la población. Una nación con 1,5 millones de “nuevos pobres” y continuos recortes, la Argentina de la caída en el poder adquisitivo de los sectores populares, y donde el tarifazo eléctrico, la vertiginosa subida del gas y la continua inflación en la cesta de la compra, contrastan enormemente con el aumento de un 476% en el presupuesto de seguridad o los excéntricos gastos en buques de guerra americanos. La Argentina de los Micro Departamentos como símbolo inequívoco de la burbuja de la vivienda, el récord de muertos a manos de las fuerzas policiales y la diana sobre los medios de comunicación y los activistas.

La Argentina que recuerda demasiado a la de Luciano Arruga, Miguel Bru, Miguel Echecolatz y tantos otros, pero también a aquella de la dictadura de Jorge Videla. Un país que enseño a sus habitantes la triste realidad de a donde van los desaparecidos, la Argentina de los más de 30.000 desaparecidos en el marco de la Operación Cóndor y una dictadura, protegida y auspiciada entre otros, por nuestro propio gobierno o el gobierno estadounidense. En donde la desaparición de personas como método represivo, dejó una profunda herida que hoy con el caso de Santiago Maldonado, vuelve a sangrar por unas venas abiertas que azuzan a un continente que ve como a la conquista de derechos sociales lograda en la última década, le sigue ahora una contraofensiva neoliberal supeditada a las necesidades de las grandes multinacionales, utilizando sí es necesario para ello la violencia y la mentira desde el estado.

A Santiago se lo llevaron vivo y vivo lo queremos, se ha terminado la Argentina del “algo habrán hecho”, la de la represión policial sin respuesta, la dominada por una clase social y una raza. El clamor popular para exigir el regreso del último desaparecido argentino es unánime y nada nos va a detener hasta traerlo de vuelta, por los desaparecidos en Ayotzinapa, Honduras o Colombia, pero también por los que todavía faltan en España o la Yugoslavia, por todos aquellos que pagaron por sus ideales o su solidaridad con la vida, por ellos, por Argentina, ¡¡Lo queremos vivo!!

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No lo han comprendido

No lo han comprendido, esos jóvenes terroristas; los shaid, aquellos que dicen entregar su vida por un dios de odio inexistente, una construcción de la geopolítica, la cotización internacional del dólar y los deportivos de alta gama en garajes de una clase social muy ajena a la suya. Meros peones de un juego terrenal y grotescamente cruel como para llegar a ser obra de un Dios que pudiese amar a sus fieles. Se trata tan solo de un paso más en una vida que a nadie importa, un último movimiento para mantener a salvo al rey en esta partida.

Sin duda te habrán dicho que eres un mártir en nombre del islam, un elegido de Dios al que su bendición le acompañará más allá de la muerte, hasta el paraíso. Pero siento decirte que te han engañado, ellos son incapaces de hablar en nombre de ningún Dios y tú simplemente te encaminas hacia la muerte arrastrando contigo al mayor número de personas posible. Tu crimen, lo quieras o no, implicará a toda la comunidad musulmana, te odiarán por ello y llegaran a despreciarte, tenlo por seguro ¿Acaso que podrían sentir por quién ha sembrado sobre su umma la sombra de la sospecha? ¿Por quién ha manchado el nombre de Dios con la vanidad de su fanatismo? Has contribuido a transformar su fe a ojos del mundo en violencia y terror. Ellos también llevan en su memoria el peso de Irak, Chechenia, Afganistán, Siria o Palestina, pero cada segundo de su vida lo han dedicado a lo construcción de un mundo nuevo, ese mismo mundo que tu ahora te empeñas en destruir con la lógica opresora del invasor extranjero.  No hay sitio en el Corán para los hijos de Satán, ni para quienes se empeñan en segar vidas en lugar de sembrar paz.   Modernos “conquistadores del negro kalifato” que se empeñan en rememorar la grandeza pasada de Bagdad, Damasco, Córdoba o Toledo, mientras parecen dispuestos a olvidar las propias palabras del Corán, versículo 93 de la sura 4:

“Y quien mate a un creyente premeditadamente tendrá la gehena como retribución, eternamente. Dios se irritará con él, le maldecirá y le preparará un castigo terrible”

No nos engañemos más, ningún dios ha construido su reino con el mercadeo de petróleo, el tráfico de mujeres y armas o a bordo de un Toyota, por desgracia para todos, vuestra “revolución” suena demasiado a Hollywood, particularmente a una de esas malas películas patrocinadas por la CIA con las que intentar lavarle la cabeza a los futuros mártires de su propia nación, al fin y al cabo, el “rey” debe permanecer intacto por encima de todo en este juego. Sura 13, versículo 11:

“Dios no cambiará la condición de un pueblo mientras éste no cambie lo que en sí tiene”

Después de todo, no sois los primeros en traer la guerra santa a esta tierra, “cruzada” o “guerra de liberación” le llamaron quienes entonces en el nombre de un dios; quién sabe si muy distinto o demasiado similar al vuestro, se dispusieron a arrebatarle la vida a miles de personas a golpe de fuego y fusil. Las violaciones, los paseillos, los campos de concentración o las décadas de desaparecidos en nuestra tierra, todo se justificó y se justifica todavía hoy en nombre de nuestros propios falsos profetas. Prelados y militares enviados por el dios de la guerra a reclamar su botín de sangre y duelo a nuestro país. La Guerra de España, 1936–1939, página 261:

“La guerra civil era un conflicto entre] España y la anti-España, la religión y el ateísmo, la civilización cristiana y la barbarie.”

Cardenal Isidro Gomáarzobispo de Toledo y primado de España

No comprendieron nada entonces y tampoco lo comprenden ahora, fascistas acusando a toda una comunidad religiosa de terroristas y asesinos, mientras se empeñan por mantener los monumentos a sus mártires por dios y por España. Garrapatas del odio y la ignorancia que escondidos tras una pantalla o su grupo de matones, intentan cargar sobre toda una comunidad el peso del odio y la barbarie fruto de los actos de una célula terrorista. No lo permitiremos, no permitiremos que ni sus actos, ni los vuestros, levanten muros en barrios en donde cada mañana uno se levanta para intentar lograr un futuro mejor pese a la desigualdad galopante, el paro, la decadencia de la sanidad y la educación pública, la violencia en las calles, las drogas, el radicalismo y una sociedad que cada vez más busca únicamente el placer a través del consumo. Todo ello una dura jornada tras otra en un ciclo sin fin, en el que cada noche uno simplemente agradece a Dios por los suyos, por seguir vivo. Al-lāh, Yahveh, Brahmā, Buda…, diferentes nombres para unas mismas esperanzas, amenazadas por quienes ven en nuestra división su principal billete al paraíso.

El desafío independentista en Cataluña, la eficacia de los bolardos, la coordinación entre cuerpos policiales o las declaraciones de algún alcalde o sacerdote iluminado en esta triste tierra que llamamos España, todo ello nos servirá para eludir la raíz del problema: su rey, nuestro rey, wahabitas  y capitalistas, dos nombres muy diferentes para denominar a una misma pieza del tablero. El cenit de nuestra opresión, el dolor de nuestros muertos, ellos seguirán negociando con el peso de nuestras vidas sus contratos armamentísticos, continuaran intercambiando mártires por petróleo, mientras el juego continua en Siria, Yemen, Paris, Londres o Barcelona, después de todo, el rey debe permanecer intacto.

No lo han comprendido pero tampoco lo lograrán hacer. No lo han comprendido quienes culpan a los musulmanes de la barbarie terrorista, ni quienes ven en la inmolación de sus vidas una puerta a la gloria eterna. No lo entenderán tampoco aquellos que cuentan los segundos para vincular el independentismo con las víctimas de un cruel atentado, no han logrado comprenderlo y lo peor de todo, es que tampoco quieren hacerlo. Exprimirán la rabia y el dolor de los muertos hasta que puedan encontrar nuevos chivos expiatorios, nuevas masacres y nuevos actos que continúen manteniendo al rey a salvo en el devenir de este cruel tablero.

¿Es el hombre sólo un fallo de Dios, o Dios sólo un fallo del hombre?

Friedrich Nietzsche 

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Terror en Barcelona ¿Que haces grabando?

“Después de echar un vistazo a este planeta, un visitante de otro mundo diría: quiero ver al manager.”

William Burroughs

“La represalia contra el terrorismo no trae la paz. Hay un atacante suicida, una represalia y luego una contra-represalias. Y simplemente sigue y sigue.”

Desmond Tutu

 

De nuevo el horror del terrorismo golpea las calles de una ciudad y con bastante indolencia, la barbarie de quienes solamente viven para la muerte vuelve a sembrar de gritos, lagrimas y sangre las calles de Barcelona. Aunque también podría haber sido el turno para Londres, Paris, Damasco o Adén. La sin razón del terrorismo se ha convertido para nosotros en una larga sombra sobre nuestro día a día, una amenaza mucho menos real que un accidente de tráfico, un ahogamiento o una dieta desequilibrada para nuestras vidas, pero al fin y al cabo una amenaza incomprensible y real a partes iguales. Desconocemos sus motivaciones, la tortuosa existencia de sus pueblos y la razón primigenia de su odio, no sabemos nada de lo que puede llevar a un joven europeo o a un emigrante que convive en nuestro suelo a querer sembrar de muerte nuestro país. Nos mostramos totalmente incapaces de rastrear su realidad tras las alambradas de nuestras fronteras, las barriadas de nuestras ciudades y las políticas de nuestros gobiernos.

Es precisamente en ese punto en donde hemos comenzado a perder la verdadera guerra contra el terror, en el preciso instante en el que la foto de un niño que huía de la guerra en su país ahogado frente a nuestras costas se convierte en un mero eslogan,  cuando las operaciones militares de castigo son jaleadas en la prensa y los civiles muertos en lejanos países son considerados simplemente como daños colaterales, cuando tras el NO A LA GUERRA hemos pasado a apostar por las armas como solución para “democratizar” una vez más Libia, Venezuela o Corea del Norte. En ese preciso instante en el que una bandera en nuestro muro de Facebook se ha convertido en nuestra forma de concienciarnos ante el dolor del mundo, el terror y el fanatismo ha comenzado a ganar la batalla.

No sabemos nada de las causas y posibles consecuencias de la guerra en Siria o en Yemen, nos importa bien poco si las armas fabricadas en nuestro país son usadas para asesinar inocentes o si los petrodólares que han financiado a Daesh son los mismos que han hecho posible ese gran fichaje para nuestro equipo. Nos tragamos la propaganda contra quienes exportan únicamente médicos como Cuba y sonreímos alegremente cuando príncipes millonarios sauditas veranean ostentosamente en Marbella y se reúnen con nuestros monarcas mientras el wahabismo que exportan hace surgir la semilla del próximo atentado. Somos una sociedad incapaz de hilar acontecimientos, adoctrinada el la respuesta fácil, en lo aparentemente es obvio y el pensamiento guiado. No entendemos que nuestro dolor y el de pueblos muy lejanos quizás tenga un origen común, y que pese a las finas capas de seda que el sistema intenta interponer entre nosotros y la realidad, el llanto de una madre en Barcelona o en Bagdad suena siempre igual de trágico.

Reconozco ser incapaz de comprender como nos hemos vuelto tan ajenos al dolor en el mundo, como nos seguimos escandalizando con el recuerdo de Vietnam, pero nos mostramos indiferentes ante Siria, como donamos parte de nuestros recursos a ONG’s pero no hacemos nada ante la guerra y el expolio de los pueblos;  quizás, simplemente estemos demasiado inmersos en nuestra propia lucha diaria frente a la precaridad y la supervivencia en lo que se ha transformado en un entorno hostil para el ciudadano, como para buscar las causas más allá de ese último acto de barbarie que nos golpea en lo que es nuestra propia realidad. Nos hemos acostumbrado relativamente fácil a ser una sociedad insensible ante el dolor y lo atroz, en donde los muertos (entre ellos niños) son capturados en nuestros teléfonos móviles, transformados en imagen y retuiteados una y otra vez hasta tener también su repercusión en los grandes medios, la muerte vende, la guerra vende, no es algo nuevo, pero sí lo es que se las haya vaciado totalmente de mensaje.

En ningún caso pretendo confundir la vileza de quienes son capaces de arrebatar una vida con la falta de humanidad de quién es capaz de pasear con su teléfono entre los muertos pensando en la posible repercusión de esas imágenes. Tan solo me permito reflexionar acerca de la perdida de valor de las muertes en Siria o en Barcelona y de como quizás eso, haya ayudado a traer a nuestras calles la barbarie de realidades no tan lejanas pese al hermetismo de nuestras fronteras.

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Tú a Washington y yo a Pyongyang

La amenaza a Estados Unidos del líder del régimen norcoreano Kim Jong-un, con la posibilidad de lanzar un ataque con misiles balísticos sobre la isla estadounidense de Guam, vuelve a desatar una crisis bélica internacional en la Península de Corea. Fuentes del Ejército del país asiático, hicieron publico el pasado jueves detalles de la operación militar que a espera de una orden directa de Kim Jong-un, posibilitaría el uso de misiles de alcance intermedio Hwasong-12 con la intención golpear de forma directa efectivos estratégicos de la Marina y la Fuerza Aérea estadounidense emplazados en la Base de Andersen, localizada en la isla de Guam, en el Océano Pacífico occidental. Una acción militar descabellada destinada según Kim Rak-gyom, jefe de la unidad balística especial de Corea del Norte, a enviar una advertencia crucial para Estados Unidos tras la escalada bélica de los últimos meses en la región.

El gobierno norcoreano parece por tanto una vez más dispuesto a poner al mundo al borde de la guerra, al menos eso parece desprenderse de la versión que los grandes medios nos han trasladado a la opinión pública, pero como siempre, la realidad resulta un poco más complicada que el simple juego de indios y vaqueros al que nos ha habituado con la cobertura occidental de los conflictos internacionales. 

No debiéramos olvidar al procesar toda nuestra información sobre Pyongyang, que la nación asiática surge del enfrentamiento militar entre comunismo y capitalismo propio de la Guerra Fría, y en cierta medida, la agresiva retórica utilizada durante aquella época permanece todavía hoy intrínseca en la razón de ser de Corea del Norte. La liberación del dominio japonés tras el final de la Segunda Guerra mundial y la posterior división del país en dos estados, tras el acuerdo en 1948 entre la Unión Soviética y Estados Unidos para dividir la península por el paralelo 38 (Al Sur la República de Corea, apoyada por Estados Unidos  y en el Norte apoyada por la Unión Soviética, la República Popular Democrática Comunista de Corea) pronto dio paso al aumento de la tensión política y militar intensificada con escaramuzas transfronterizas y continuas incursiones más allá de la línea divisoria determinada en los acuerdos. El 25 de junio de 1950 estalla una guerra abierta cuando Corea del Norte, respondiendo supuestamente a continuas provocaciones militares, decide invadir Corea del Sur con la firme intención de reunificar el país bajo el dominio del estado comunista. Tras ese primer movimiento, la guerra se prolongará durante tres años más en un escenario en donde la intervención militar directa de Estados Unidos y la Organización de las Naciones Unidas en apoyo al ejercito de Corea del Sur, rompe el frágil equilibrio en la región transformando un conflicto fratricida en un escenario bélico internacional. Tras una rápida contraofensiva de las Naciones Unidas que devolvió por primera vez durante la invasión a los norcoreanos más allá del Paralelo 38,  tanto la Unión Soviética como China acudieron en apoyo a la República Popular Democrática de Corea lanzando una ofensiva que forzó a las Naciones Unidas y al ejercito surcoreano a volver a la posición de partida al otro lado de la línea divisoria que inicialmente dividía en dos a la península. Finalmente, la guerra cesaría en 1953 con un armisticio que sin embargo no pondría punto final a una diplomacia bélica que terminaría transformando una medida temporal en una situación permanente que a día de hoy todavía impide que la paz llegue a ser firmada.

La caída de la Unión Soviética, el reconocimiento en 1992 de Corea del Sur por parte del gobierno Chino, la cruel hambruna de mediados de los años 90…, nada parece poder romper el hermetismo de una régimen político que ha visto en el desarrollo del programa nuclear de su país, la única vía de defensa frente a la frágil tregua que su gobierno mantiene con la principal potencia nuclear del mundo. Una potencia que en numerosas ocasiones, ha rechazado las propuestas de Corea del Norte para discutir un posible tratado de paz, aludiendo a la negativa de Pyongyang a la hora de tratar la desnuclearización de la península.

¿Pero es realmente Corea del Norte una amenaza para Estados Unidos o para el Mundo? 

Si atendemos a los motivos del gobierno norteamericano para presionar a Kim Jung-un, debemos considerar a Corea del Norte como un régimen terrorista. Un estado al que la «doctrina Bush» situó junto con Irak e Irán, dentro del llamado «eje del mal», llegando por tanto a compararlos de alguna forma con la amenaza planteada en la Segunda Guerra Mundial por la Alemania nazi, la Italia fascista y el Japón imperial. Una retórica belicista a todas luces exagerada, en la que  el Estado con más poder militar de la historia, decía sentirse amenazado por países aparentemente con escasas posibilidades de suponer una amenaza real para los intereses del Imperio Americano. La oratoria americana, llevó al Irak de Sadam Husein a caer bajo el peso militar del ejercito estadounidense fruto de las duras represalias tras el 11-S y las mentiras ocultas tras el Trío de las Azores. Por su parte, Irán sobrevive a día de hoy entre las inhumanas sanciones económicas impuestas desde Washington por sus “malignas actividades” en Oriente Medio y la negociación de un pacto nuclear que impida a la nación persa el desarrollo de su programa nuclear. Una vía la de la renuncia a sus posibilidades armamentísticas muy alejada de la opción norcoreana, un estado a todas luces soberano que pese a su intención durante muchos años de mejorar las relaciones con Estados Unidos, en ningún momento se ha planteado de forma seria la renuncia a su programa nuclear.

¿Pero acaso podemos culpar por este hecho a Corea del Norte?

En la actualidad Corea del Norte se encuentra totalmente aislada de la esfera internacional y con serios problemas a la hora de afrontar las medidas draconianas que el Consejo de Seguridad de la ONU y Estados Unidos, han decidido aprobar como método represivo contra el gobierno de Pyongyang, una prohibición de exportaciones por valor de 1.000 millones de dólares al año que en cualquier otra situación serían sin duda consideradas como actos de guerra, y que seguramente provocarán que a medida que el entorno internacional se vuelve todavía más beligerante contra de Corea del Norte, su cúpula dirigente llegue a considerar el programa nuclear como única garantía de supervivencia como estado independiente.

Cabe recordar llegados a este punto, que durante la guerra de Corea los presidentes estadounidenses Harry S. Truman y Dwight D. Eisenhower, llegaron a utilizar públicamente la amenaza nuclear como un medio para tratar de poner fin al conflicto, una seria amenaza proveniente del mismo país que pocos años antes ya había hecho uso de la fuerza nuclear sobre Hiroshima y Nagasaki para apremiar la rendición japonesa durante la Segunda Guerra Mundial. No debiese por tanto resultar tan extraño para nosotros (pese a la total repulsa a toda escalada bélica) la decisión norcoreana de apoyar su supervivencia como estado, en en la posibilidad de una respuesta nuclear ante cualquier agresión exterior. Un pecado el de Pyongyang, que incomprensiblemente parece imperdonable para Estados Unidos, en una esfera internacional en donde numerosos países; entre ellos la propia potencia norteamericana, violan impunemente el Tratado de No Proliferación (TNP). En palabras del ex miembro del equipo negociador nuclear iraní, Husein Musavian “India, Paquistán y el régimen de Israel han construido armas nucleares, no obstante, estas cinco potencias mundiales (EE.UU., Reino Unido, Francia, Rusia y China) han establecido relaciones estratégicas con ellos”.

Mientras la tensión crece al compás de la agresiva retórica del presidente estadounidense Donald Trump y el líder norcoreano Kim Jong Un, la existencia una Corea del Norte dispuesta a la guerra a miles de kilómetros de Washington, continua justificando entre otras actuaciones las maniobras militares anuales entre Estados Unidos y Corea del Sur, como parte del desarrollo de una importante maquinaria bélica norteamericana en el noroeste del Pacífico, capaz de hacer frente a una posible agresión de Corea del Norte pero también a una eventual amenaza China. Japón, Rusia, China y Corea del Sur, se ven así directamente inmersos en un particular juego de estrategia entre el gobierno de Corea del Norte y el de Estados Unidos, un gobierno norteamericano que al mando de un presidente Trump acorralado desde un inicio por sus escándalos internos, parece más dispuesto que nunca a entrar de lleno en la  delirante retórica belicista que aparentemente tan bien parece funcionar al régimen de Kim Jong Un.

Después de todo, puede que si no fuese del posible uso de armas nucleares y del futuro del mundo de lo que estuviésemos hablando, incluso pudiese llegar a considerarse cómica esta impetuosa batalla entre tan icónicos patanes de nuestra política internacional.

“Los mayores inventos del hombre son la cama y la bomba atómica: el primero te aísla y el segundo te ayuda a escapar.”

Charles Bukowski

 

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Venezuela, madurez revolucionaria

Más de ocho millones de venezolanos han ejercido su derecho a voto en las constituyentes celebradas el pasado domingo en el país, todo ello pese al alarmismo internacional, la manipulación mediática y los focos de violencia que la oposición ha mantenido durante toda la jornada, como parte fundamental de su estrategia de boicot al proceso electoral. Pese a las dificultades fruto de la violencia durante la jornada de votación, el 41,53% del padrón electoral ha participado de forma activa, en la elección de 537 miembros de la Asamblea Nacional Constituyente. Más de 8.000.000 de venezolanos que otorgan al proceso revolucionario un respaldo mayor que el de los resultados de las legislativas perdidas por el chavismo en 2015, donde con 7,7 millones de votos la oposición se hizo con el control de la Asamblea Nacional de Venezuela y superan de igual modo los resultados de las elecciones presidenciales de 2013, en donde Nicolás Maduro se alzó con la victoria con el apoyo de poco más de 7 millones votos.

La la Asamblea Nacional Constituyente, constituye de este modo la cita electoral número 21 de Venezuela en 18 años, un proceso de continua participación democrática de la ciudadanía, destinado principalmente a superar los continuos desafíos internos y externos con los que la revolución bolivariana se ha encontrado desde la toma de poder de Hugo Chávez en febrero de 1999. Desde la victoria de la opositora en las elecciones parlamentarias de 2015, el continuo desafío político en Venezuela ha degenerado rápidamente cara al golpismo con  el rechazo de la oposición a cualquier tipo de diálogo con el gobierno venezolano. En una interpretación ciertamente torticera de las reglas democráticas del país, la Mesa de Unidad Democrática (MUD), ha dirigido sus esfuerzos institucionales única y exclusivamente a intentar arrebatar la jefatura del Estado a Nicolás Maduro, dejando de esta forma de lado  el mandato otorgado por el pueblo venezolano en medio de una coyuntura económica complicada y el continuo aumento de la violencia en las calles. Con ello, la oposición a la revolución bolivariana dejaba entrever la verdadera motivación de su participación política, lejos del interés por el devenir de los ciudadanía venezolana, la derecha opositora tiene como objetivo únicamente poner fin a un proceso revolucionario que en estos años ha eliminado gran parte de los privilegios de la oligarquía del país. Con la convocatoria de la Asamblea Constituyente, el gobierno de Nicolás Maduro busca consolidar los programas y las conquistas sociales de la revolución bolivariana en un contesto de parálisis política en el Parlamento Venezolano, fruto del rechazo frontal de la oposición a las normas de la Constitución vigente y al uso de la violencia en las calles como medio destinado a tensionar la vida política del país. La necesidad de reorganización del Estado y por tanto la renovación constitucional, no se dirige de modo alguno a la disolución de los poderes en el país, sino que al contrario de lo sucedido con la modificación del artículo 135 de la Constitución española o con  el Referéndum sobre el Tratado de Lisboa, frente a una crisis institucional, el gobierno venezolano ha optado por la consulta popular directa en lugar de hacer uso de la imposición política.

Lo que se plantea ahora en Venezuela es un mecanismo de diálogo en medio de un grave conflicto político y económico con claros tintes injerencistas. La oposición venezolana no puede seguir escondida tras la agresiva campaña mediática internacional que ha justificado actos terroristas como la bomba incendiaria detonada el pasado domingo en Caracas, al paso de los efectivos de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB), que ha provocado siete heridos. Se ha terminado la paciencia del pueblo venezolano con el bachaqueo, con las guarimbas, con los asesinatos políticos y con todos aquellos que únicamente buscan desestabilizar la vida diaria de la población con violencia, mientras ellos permanecen ocultos en sus clubs de golf, totalmente ajenos  a las consecuencias de la misma. Con la victoria del proceso Constituyente, la impunidad de la violencia política toca a su fin en Venezuela, un país en donde la policía antidisturbios ha soportado desarmada la continua escalada terrorista y en donde se han llegado a registrar ataques opositores a bases militares, mientras la respuesta del gobierno han sido las urnas, muy al contrario de medidas como el toque de queda adoptado en Francia durante los disturbios de 2005 o la continua represión de la policía española durante las manifestaciones de protesta contra el gobierno en 2014.

Un discurso de doble rasero, facilitado prensa y los diferentes gobiernos internacionales, que han llegado incluso al extremo de jalear el ataque paramilitar sobre la sede del Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela, mientras silenciaban muertes como la de Orlando Figuera, uno de los muchos jóvenes quemados y apuñalados en las protestas de la oposición por ser considerados militantes chavistas. La negligencia, cuando no directamente manipulación informativa con Venezuela, ha alcanzado en los últimos meses el grado más decadente del periodismo al transformarse a menudo en puro servilismo ante intereses políticos determinados. Las muertes o la violencia descontextualizada en Venezuela, ha copado a diario el interés mediático internacional, mientras en países vecinos como México, Honduras o Colombia, numerosos periodistas dejaban su vida, ejerciendo su profesión en una lucha contra los hilos ocultos del poder que a ningún medio occidental ha parecido interesarle.  Una manipulación mediática que a tenor de los resultados electorales y pese al control mayoritario de las ‘cadenas’ por el sector crítico con el chavismo, no ha tenido éxito en Venezuela, pero que sí a servido para crear una corriente de opinión internacional que asuma, cuando no justifique, medidas contra el gobierno venezolano y sus representantes.

Estados Unidos, el país que colaboró activamente entre otros con gobiernos como el de Pinochet en Chile o a su “homónimo” africano Hissène Habré en Chad, amenaza ahora abiertamente al gobierno venezolano con sanciones económicas, al sostener que las elecciones a la Asamblea Nacional Constituyente del domingo son un ejercicio que busca usurpar ilegítimamente la democracia al pueblo, unas acusaciones que llegan desde el país del voto robado a las minorías y en donde tendríamos que remontarnos a 1968 para encontrar algún dato de participación electoral por encima del 60%. En medio de un contragolpe neoliberal en Latinoamérica tras años de un proceso integrador cimentado tras la derrota del ALCA por los presidentes Lula, Chávez y Kirchner, el patio trasero estadounidense, vuelve a cumplir su función de soporte del designio de la Casa Blanca con la negativa de los gobiernos de Colombia, México, Perú y Panamá (España por supuesto repite la estrategia Azores) a reconocer el proceso constituyente en Venezuela. Países todos ellos, en donde defender los derechos humanos puede a menudo costarle a uno la vida, pero cuyo apoyo incondicional a las decisiones del gobierno norteamericano en la región, parece eximirlos de las peligrosas consecuencias de ser incluidos en el llamado eje del mal.

Tras los resultados electorales, el gobierno venezolano debe realizar una correcta interpretación de los mismos, la victoria en la Constituyente no supone ni mucho menos un cheque en blanco para el gobierno de Nicolás Maduro, sino que muy por el contrario, se presenta como un mandato, un voto de confianza del pueblo venezolano con su gobierno, para lograr poner fin a una situación de guerra económica y violencia realmente insostenible para el conjunto de la población. Muchos de los votantes en la Asamblea Constituyente han votado en contra de la oposición y sus actos terroristas, contra su inmovilismo político durante estos dos últimos años, contra la quinta columna del mal llamado chavismo crítico, contra la injerencia extranjera…, en definitiva, han vuelto a votar al gobierno bolivariano tras el castigo de 2015, con la esperanza de una profundización en el proceso revolucionario que dote a la población y a su gobierno de armas con las que poder garantizar la independencia política y económica de su país, frente a los desafíos que se avecinan. Son muchos los retos a los que se enfrenta el gobierno bolivariano, pero una vez más, la voz de su pueblo ha demostrado que la revolución no se vende en Venezuela.

“Al imperio no hay que subestimarlo, pero tampoco hay que temerle. Quien pretenda llevar adelante un proyecto de transformación, inevitablemente chocará con el imperio norteamericano.”

“No es lo mismo  hablar de revolución democrática que de democracia revolucionaria. El primer concepto tiene un freno conservador; el segundo es liberador.”

Hugo Chávez

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Galicia, larga noche de piedra

“O teito é de pedra.
De pedra son os muros
i as tebras.
De pedra o chan
i as reixas.
As portas,
as cadeas,
o aire,
as fenestras,
as olladas,
son de pedra.
Os corazós dos homes
que ao lonxe espreitan,
feitos están
tamén
de pedra.”

Longa noite de pedra, Celso Emilio Ferreiro

“Castellanos de Castilla,
tratade ben ós galegos;
cando van, van como rosas;
cando vén, vén como negros.

Cando foi, iba sorrindo,
cando ven, viña morrendo;
a luciña dos meus ollos,
o amantiño do meu peito

 Aquel máis que neve branco,
aquel de dozuras cheo,
aquel por quen eu vivía
e sen quen vivir non quero.
Foi a Castilla por pan
e saramagos lle deron;
déronlle fel por bebida.
peniñas por alimento.

Déronlle, en fin, canto amargo
ten a vida no seu seo…
¡Casteláns, casteláns,
tendes corazón de fero!”

Castellanos de Castilla de Rosalía de Castro

Galicia, tierra dotada de un infinito manto verde, inhóspitas y  crueles costas, meigas y platos siempre recién elaborados presentes en cada casa y taberna. Senderos agrestes, pese al asfalto, dibujados entre ciudades y aldeas recorridas demasiado a menudo al son de las gaitas de sus romerias y el sabor de su caldo, sus empanadas o su marisco… bañados finalmente según la tradición en Albariño o una Estrella Galicia. Tierra indómita a la vez que sumisa, eternamente enfangada en el profundo sueño de un pueblo guerrero que algún día despertará para reclamar a viva voz sus derechos. Pueblo irmandiño, rebelde en sus formas y retranqueiro a lo largo del tiempo ante señores forasteros y autóctonos dictadores. Hogar de grandes plumas y viejos cantares, a menudo ignorados por el imperdonable pecado de quien ama a su propia lengua frente a la extranjera. Vehículo de versos a la añoranza de quien emigra, pero también a la rebeldía de quienes siempre mantendrán presente en su pecho un trozo de su tierra, por lejos que la necesidad los empuje. Tierra herida en sus costumbres, en su gente y su lengua, sometida y conquistada a lo largo del tiempo, pero también orgullosa y desafiante ante quienes desde fuera, finalmente quisieran verla por siempre arrodillada.

Se repitieron una vez más desde Castilla las burlas y los reproches sobre el votante gallego tras las últimas elecciones Autonómicas, en las que el PPdG; comandado por Alberto Núñez Feijóo, revalido con holgura su mayoría absoluta pese a la campaña de ilusión promovida por En Marea y la supuesta fortaleza unitaria de la izquierda. Pusieron quizás en nuestra tierra demasiadas ilusiones, quienes dirigiendo el asalto al cielo desde Castilla, quisieron ver en la parafernalia electoralista, un nuevo movimiento irmandiño inexistente. Supuso En Marea un paso adelante en la necesidad de confluencia de una izquierda que en Galicia, lucha contra gigantes, unos monstruos con pies de barro, pero bolsillos de oro, con los que poder comprar a su gusto voluntades y votantes. Un sistema caciquil herencia del propio franquismo, cuyas reminiscencias sobreviven en una nación en donde por tierra, aire y televisión, se lanza el mensaje al exterior de una Galicia idílica de canto y pandereta, mientras en sus entrañas, la despoblación, el paro y la corrupción, ahogan a un pueblo falto de ilusión que en demasiadas ocasiones, por no luchar ante gigantes, prefiere emigrar.

Un país sin modelo territorial, que ejemplifica perfectamente la sumisión e incompetencia de su gobierno frente a un oscuro futuro, en una comunidad en la que en el año 2024 los jubilados duplicarán a los menores de 20 anos. Donde durante 2014, se perdieron 48 habitantes cada día, mientras la inacción gubernamental, lograba que la tasa de natalidad llegase a los 7,2 nacimientos por cada mil habitantes, convirtiendo a Galicia en una de las comunidades con la tasa de natalidade más baja de la peninsula. Una población que se desangra al tiempo que lo hacen sus hasta ahora sectores productivos vitales, la industriael cerco, las conserveras, el sector agrícola, el lácteo…todos ellos enfrentados en los últimos años a la realidad de una economía propia de las colonias, en donde la precariedad de sus trabajadores, contrasta con el caudillismo económico de sus dirigentes.

En Galicia las normas las dictan los poderosos, mientras sus ciudadanos todavía hoy, se enfrentan durante su día a día al signo de quien en cierta forma, todavía no ha abandonado el sistema de poder propio del feudalismo. Una tierra de señores y vasallos, que incluso su vida deben poner a disposición de quien los gobierna, un país en el que se robo la verdad y la democracia, al tiempo que se compraba al rebelde y se castigaba al pecador. En donde silenciosamente se privatizó la vida y su naturaleza, al tiempo que se desterró a la cultura, savia de la resistencia de nuestra gente. Actuaciones políticas, todas ellas por obra y gracia de señores corruptos desde la cuna, saqueadores y amigos de la represión, gobernantes extranjeros en una tierra conquistada, pero no castrada. Se reproduce todavía hoy silenciosamente la resistencia al expolio en cada puesto de trabajo precario, en cada agricultor o ganadero sometido a la dictadura de los precios propia de las multinacionales, en cada consumidor de nuestras aldeas que germina su resistencia en el hartazgo ante las eléctricas y la precariedad de su servicio. Cada parado, cada joven emigrante, cada jubilado tomado por bobo en sus estúpidas excursiones, cada madre y padre de los presos independentistas, cada gallego y cada gallega orgullosos de una tierra que hoy permanece hipotecada para beneficio de quien pese a nacer en Galicia, pretende cimentar su trono fuera de ella. No merece nuestra tierra un gobierno que la desprecie.

Pese a todo, volvemos el 25 de Julio a celebrar el día de nuestra patria en una postura de resistencia frente al bárbaro invasor, aquel que no por castellano, sino por expoliador, no puede más que ser considerado como extranjero en nuestra tierra. Sin duda sí algo hemos aprendido los gallegos tras el paso del tiempo, es que no hace falta nacer fuera de nuestras fronteras para poder ser considerado enemigo de Galicia, de Franco a Rajoy, pasando por Fraga o Feijóo, los políticas de quienes en esta tierra se criaron, han dado muestras de que no existe nada peor que la ingratitud de un hijo con su tierra. No debería suponer por tanto un lugar de nacimiento nunca un obstáculo para diferenciarnos entre nosotros y ellos, haría bien la izquierda gallega en lograr identificarse como tal: como izquierda y como gallega, signifique eso lo que signifique en el interior de cada uno.

No podemos permanecer ni un segundo más divididos por estúpidas rencillas frente al sometimiento unitario que desde fuera se nos impone, de igual modo que no debemos aceptar sin resistencia, mesiánicas soluciones diseñadas desde Madrid por líderes políticos más preocupados por su propio futuro electoral que por el de nuestos estómagos. Harían mal desde Podemos o Izquierda Unida, en intentar fagocitar la alternativa de En Marea, como mal haría también Luis Villares entendiendo su liderazgo más allá de la simple cabeza visible de un movimiento complejo y todavía vivo en el debate. En Marea no puede perecer fruto de las egolatrías y los cálculos políticos fantasiosos a la par que erróneos de cada formación, la única opción real para alcanzar la Xunta, es la unidad en la alternativa al PP.

Amenazan las rencillas entre viejos nacionalistas, nacionalistas y políticos de nuevo cuño, con enterrar a Galicia una vez más en una larga noche de piedra simbolizada esta vez en la derecha política y sus medidas liberales de acoso a la población. Quienes todavía hoy se consideran resistencia frente al sometimiento feudal en el que vive Galicia, deberían intentar comprender la urgencia en los tiempos y la necesidad política de una tierra que clama por una alternativa unitaria entre todas las formaciones progresistas, sean o no estas nacionalistas. Lo contrario supone un paso a la ignorancia, al ostracismo, a una larga noche sin perspectivas reales de cambio.

“Mas, sós os ignorantes,
E férridos e duros,
Imbéciles e escuros
No-nos entenden, non.

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El precio de la frontera

La emigración se define como el acto de establecerse en un lugar diferente al de origen por causas mayormente sociales o económicas. Habitualmente los emigrantes buscan asilo en los países pertenecientes al primer mundo, en donde en apariencia puede resultar más sencillo intentar alcanzar oportunidades de trabajo y una mayor seguridad económica y social. La historia de nuestra especie es una historia de migraciones, un fenómeno global compuesto por desplazamientos de forma voluntaria o marchas forzadas por las circunstancias que a lo largo del tiempo siempre han logrado desdibujar las fronteras de los estados, sobreponiéndose  tarde o temprano a los muros del  odio y la incomprensión levantados frente a ellos.

Cientos de miles de años atrás, el hombre comenzaba en el continente africano un lento pero inexorable camino que lo guiaría a conquistar el planeta, un punto de partida común que hoy curiosamente supone el principal escenario de la silenciosa tragedia del emigrante. Desde el año 2014, más de 14.000 personas han perdido su vida en la que sin duda es la principal puerta de entrada a Europa desde África, el Mar Mediterráneo. Las mismas aguas que bañan nuestras costas aguardan en Marruecos, Libia, Egipto o Turquía a miles de personas dispuestas a arriesgar sus vidas en una travesía de cientos de kilómetros en mar abierto que ya supone la ruta migratoria más mortífera del mundo. Guerras, hambrunas, miseria, precariedad, crisis económicas, dictaduras, catástrofes naturales, expoliación de los recursos naturales… cientos de motivos tras cada paso en el camino del emigrante, que finalmente puede ver como su éxodo termina en países como Estados Unidos, Alemania, Canadá, Rusia  o España, pero que en la mayor parte de las ocasiones encontrará en La India, Nepal, Tailandia, Bangladesh, Sri Lanka, Costa de Marfil, Nigeria, La República Democrática del Congo, Botsuana, Zambia o Sudáfrica su nuevo hogar.

El desaforado etnocentrismo occidental, hace que nos olvidemos de la existencia de campos de refugiados como el de Dadaab en Kenia (En donde cerca de 250.000 personas según el último recuento de Acnur, huyen de la guerra civil que en 1991 estalló en Somalia) Dollo Ado en Etiopía, Jabalia en Gaza, Al Zaatari en Jordania, Panian en Pakistán… realidades ignoradas por una parte de la civilización que un día decidió olvidar su propia condición de emigrante. Quizás en el fondo, quien una vez fue emigrante ya nunca debiera dejar de serlo, tan solo así podríamos garantizarnos la memoria y gratitud de muchos pueblos que un día hicieron las maletas o simplemente levantaron sus estados con el sudor de la emigración.

En nuestra historia, permanecen situaciones como la sufrida por exilio republicano en su huída a Francia de la barbarie de la Guerra Civil, en donde pasaron sus primeros meses en los campos de concentración de las playas de Argelés, Saint-Cyprien y Le Barcarés sin ningún abrigo. Un trato indigno e inhumano, que en mayor o menor medida hoy repetimos en nuestro suelo con los Centros de Internamiento de Extranjeros, en donde los desplazados que llegan a nuestras costas son recluidos en un régimen semi penitenciario únicamente por el hecho de ser emigrantes irregulares.

Episodios como la gran inmigración alemana a Estados Unidos, entre 1820 y la Primera Guerra Mundial, donde casi seis millones de ciudadanos alemanes cruzaron sus fronteras para huir de las revoluciones de 1848 o simplemente buscar en el continente americano un futuro mejor lejos de un país que carecía de grandes colonias, nos recuerdan que ningún país ha estado libre de la necesidad de emprender el camino de la emigración. El propio Estados Unidos, viviría en sus carnes el fenómeno de la emigración interna, cuando el Dust Bowl multiplicó los efectos de la Gran Depresión provocando que tres millones de habitantes dejaran sus granjas durante la década de 1930 y más de medio millón emigraran a otros estados, especialmente hacia el oeste. El mayor desplazamiento de población en un espacio de tiempo tan corto en la historia de Estados Unidos. Todas las naciones son en su corazón naciones de emigración e inmigración, todas son parte del mismo camino sin excepción.

Guerras como la de Siria, en donde la sin razón del odio humano ha expulsado de sus hogares a más de la mitad de la población del país, simplemente llegan hasta nosotros como pequeñas ondas en un inmenso mar de desesperación y muerte. Los cuatro millones de refugiados sirios fuera de sus fronteras, suponen tan solo la mitad de los desplazados forzosamente dentro de su territorio. Pese a ello, los acuerdos de los países miembros de la Unión Europea para acoger a los refugiados que huyen de la guerra en su país, han sido sistemáticamente ignorados. Cuando apenas faltaban 98 días para que terminase el plazo establecido, España tan solo había abordado el 7% de las solicitudes de asilo que se había comprometido a procesar. Pese a las continuas peticiones procedentes de todos los sectores sociales, que pedían agilizar los trámites y facilitar la entrada de refugiados, los continuos impedimentos y por qué no decirlo, el boicot directo de las autoridades españolas, dejaban en papel mojado un acuerdo que pretendía de alguna manera compensar aquel otro tratado criminal firmado por la Unión Europea con Turquía. Un pacto anti-migratorio entre Bruselas y Ankara, que obligaba a los emigrantes a lanzarse desesperadamente a vías de entrada a Europa todavía más peligrosas que las habituales, todo con la esperanza de no terminar en centros de detención o devueltos al horror de su lugar de origen fruto de una devolución “en caliente”.

La tragedia de la emigración en el Mediterráneo tiene su eco en el Mar de Andamán, en donde los emigrantes abandonados a su suerte en deplorables embarcaciones y los continuos naufragios fruto de la especulación de las mafias, también pagan su precio medido en vidas humanas, simplemente por intentar alcanzar el sueño de un futuro mejor. Alrededor de 160.000 personas han emprendido en los últimos tres años este peligroso viaje, la mayoría musulmanes rohingyas que proceden de campos de refugiados en Bangladesh o Birmania, en donde son víctimas de una auténtica limpieza étnica meticulosamente silenciada en el escenario internacional. En 2015, la tragedia diaria sí logró saltar brevemente a los informativos mundiales, cuando los gobiernos de Tailandia, Malasia e Indonesia impidieron que alrededor de 8.000 personas flotando en viejos barcos mar adentro, llegasen a sus costas. Las agencias de prensa de los países occidentales, los mismos de las concertinas, las vallas y los miles de muertos en sus costas, calificaron lo sucedido como inhumano. Es de suponer que al mediterráneo no le quedaba ya ánimo, ni fuerza para reírse.

Quien es capaz de dormir en “La bestia”, podría hacerlo en el mismo infierno. Considerado todavía hoy como el punto migratorio más caliente del continente americano, el corredor que atraviesa México hacia Estados Unidos, es transitado por cerca de 12,2 millones de inmigrantes al año, la mayoría procedentes de  El Salvador, Guatemala y Honduras. Los emigrantes que se suben a “La bestia” saben que se enfrentan a la posibilidad de sufrir maltratos, extorsión, amenazas, secuestro y abusos físicos o sexuales, pero son plenamente consciente de enfrentarse a eso cada día en su lugar de origen, y allí ya no hay sitio para la esperanza. La Bestia”, es un tren de carga que atraviesa México de sur a norte y que cruelmente en su recorrido, se cobra el precio de unos 200 mutilados al año. Cuando “La bestia” se dispone a emprender su travesía, en cuestión de minutos uno puede ver como las vías se llenan grupos de personas que hasta ese momento habían permanecido en la ciudad esperando el momento de subirse al tren como polizones. Sombras dispuestas a jugarse la vida por la posibilidad de un futuro mejor, conscientes de que las mismas pandillas que en ocasiones los obligan a abandonar sus países, supondrán la principal amenaza para ellos a lo largo de todo el camino. A su llegada, la amenaza de un muro que pronto separé la frontera entre México y Texas, la cual supone  posiblemente el corredor migratorio más importante del mundo. Un muro y la política anti-migración de una administración Trump, que como tantas otras veces ha sucedido a lo largo de la historia, ha visto en el emigrante el chivo expiatorio perfecto con el que tapar las lagunas de su gestión y los problemas que debiera afrontar durante su mandato.

Muros, mares y leyes suponen hoy el vacuo intento por detener los flujos migratorios de una sociedad que camina a pasos agigantados a la más absoluta desigualdad, una sociedad de ricos y pobres, ciudadanos y desheredados, de sur y norte, en donde tu origen o tus rasgos no cobran la misma importancia si tu futuro se dispone a labrase en un “top manta” o los grandes estadios de nuestro deporte. En donde el jeque no es tan moro como el vendedor ambulante y el extranjero puede o no ser considerado emigrante dependiendo del lujo de la embarcación con la que cruce el Mediterráneo. Una sociedad enferma de discriminación y explotación para su supervivencia, y que encontrará sus próximas víctimas para garantizar el funcionamiento del sistema dentro o fuera de sus fronteras. Escribía Joh Steibeck en su obra, Los vagabundos de la cosecha: “Los próximos jornaleros serán blancos y americanos. No podemos cerrar los ojos: debemos cambiar nuestra actitud hacia los temporeros y el trato que les dispensamos.” Los próximos trabajadores pobres ya son blancos y españoles. Como muchos emigrantes que hoy abandonan nuestro país para buscar un futuro mejor en Europa, ellos comienzan a vivir en su piel el sin sentido de la discriminación y el odio. Ahora, tan solo de nosotros depende comprender la urgente necesidad de un cambio en nuestra concepción y trato al emigrante.

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Corbyn: El buda de los suburbios

Theresa May ha perdido la apuesta, la lideresa del partido conservador británico, no logra alcanzar la mayoría absoluta en el parlamento que le permitiría gobernar en solitario, y se verá forzada a buscar apoyos en un escenario político complejo, en donde el Partido Democrático Unionista y el Partido Liberaldemócrata, parecen sin duda, las opciones más factibles para ceder su apoyo a los conservadores en la hipotética formación de un nuevo gobierno. La intención de la Primera Ministra de lograr alcanzar un poder ejecutivo reforzado de cara a las negociaciones con la Unión Europea, los retos migratorios y los desafíos a la seguridad  tras los recientes ataques yihadistas, queda aplastada por la realidad de un parlamento (bloqueado) sin la existencia de mayorías absolutas.

Conservadores y Laboristas, encaran estos resultados electorales con sensaciones muy distintas. Mientras los conservadores pierden la mayoría absoluta en una campaña que comenzaba con sus máximos rivales en franca decadencias e inmersos en serias disputas internas por las dudas ante la idoneidad de Jeremy Corbyn como candidato, los laboristas, logran por su parte contra todo pronostico, un espectacular aumento en escaños, no tanto por su relevancia histórica para el partido, sino por lo inesperado de los resultados en el contexto de crisis global de la socialdemocracia.

Pese a los sondeos, gran parte de la prensa y un partido no demasiado dispuesto a seguir a su líder, Jeremy Corbyn, sin duda ha logrado sobreponerse a un desastre anunciado y resucitar de entre las cenizas no solo de su partido, sino de todo un movimiento político en su conjunto, para lograr una dulce derrota que dota de voz a los socialdemócratas en una legislatura en la que se puede decidir a grandes rasgos el futuro de los ciudadanos británicos para las próximas décadas. Lejos de suponer un verdadero giro a una alternativa de izquierda anticapitalista, Jeremy Corbyn representa poco más que  la vuelta a un socialismo anti establishment, una ruptura definitiva con el espíritu de la Tercera Vía, con la que Tony Blair llegó al poder tras la larga sombra de Margaret Thatcher sobre Downing Street.

A priori no debemos esperar grandes rupturas en materia internacional por parte del laborismo (El Brexit seguirá su camino) pero sí hemos de esperar un liderazgo fuerte de cara a buscar la implantación de mayores políticas sociales y una nueva realidad económica, por parte de un Jeremy Corbyn que durante sus más de 30 años como diputado, ha trabajado cara a una mayor redistribución de la riqueza gracias a un ideario centrado en tres puntos básicos: más Estado, más inversión y más impuestos. Los nuevos laboristas no parecen tener miedo a hablar de mayores impuestos o una mayor inversión, siempre teniendo en mente, que será sobre  los más favorecidos del país, sobre los que recaiga la mayor parte del esfuerzo para mejorar las prestaciones del estado.

Ha sido este punto y no otro, en donde Theresa May ha dejado escapar gran parte de la aparentemente insalvable ventaja con la que contaba sobre los laboristas, pese a las continuas promesas de una mayor regulación para las empresas y la aparente apuesta del partido por una política liberal más humana con las clases populares, la credibilidad de los tories en este sentido, hace ya tiempo paso a ser escasa. Tampoco resultó de gran ayuda la aparición en plena campaña electoral de la controvertida fórmula con la que May pretendía reformar la financiación de la asistencia de los mayores en el hogar (la tasa de la demencia) una impopular propuesta que terminó con la retirada de la misma incluso antes de los comicios, demostrando una clara inestabilidad entre los conservadores justo en la recta final de los comicios.

Su apuesta por una salida rápida y sin fisuras de Europa (“Brexit significa Brexit… no debe haber intentos de permanecer en la UE, ni intentos para volverse a integrar por la puerta de atrás ni una segunda consulta”) de cara a unas negociaciones formales que deberían arrancar apenas transcurridos ocho días de la cita con las urnas y su dilatada experiencia al frente del ministerio de Interior, parecían no hace demasiado tiempo asegurar según todas las encuestas, la victoria a Theresa May, pero en su primera cita con las urnas, los resultados no han sido los esperados.

Tras los resultados electorales, Theresa May encara un futuro realmente complicado, con menos apoyos que nunca y una agenda política que atendiendo a sus propias palabras a mitad de campaña, “en caso de perder 6 escaños ya habría perdido las elecciones”, “y Jeremy Corbyn debería sentarse a negociar con Europa” podría estar ya en manos de un renacido Jeremy Corbyn, pero también podría suceder que esas palabras se tratasen tan solo de una promesa electoral sin contenido más pese a la perdida de importantes escaños, después de todo, los resultados electorales son demasiado estrechos y el futuro de Reino Unido demasiado ambiguo, como para que cualquiera de las dos partes renunciase a su cuota de poder.

Laboristas y Conservadores se disputarán finalmente en la mesa de negociaciones el liderazgo de un país en guerra contra el yihadismo, en plena ruptura con Europa y con una importante crisis migratoria y cultural,  que pese a todo, ha dejado el eurófobo UKIP, como el gran perdedor de la noche.

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