Nuestro derecho al cannabis

Por Daniel Seijo

Uruguay, Holanda, México, Brasil, Puerto Rico, Israel, Jamaica, Portugal, Croacia, República Checa, Canadá, Irlanda, Corea del Norte, Dinamarca e incluso numerosos estados de Estados Unidos. El cannabis la droga ilegal más consumida del mundo, comienza a abrirse paso en numerosos países que cuentan ya o planean incorporar a su legislación alguna forma legal de consentimiento para su producción o consumo.

El debate sobre la legalización se encuentra entre las grandes asignaturas globales pendientes desde hace décadas. Resulta sorprendente comprobar como en un sistema en donde los valores del individualismo y el consumo son exaltados por encima de cualquier otra idiosincrasia, la política prohibicionista llevada a cabo por los estados ha logrado imponerse culturalmente sin que haya existido a penas un debate público serio sobre sus posibles consecuencias. En la actualidad la práctica totalidad de los estados poseen algún tipo de legislación que restringe el cultivo, consumo o comercialización del cannabis, pero han sido pocos los gobiernos que han optado por encontrar una alternativa legal capaz de superar los efectos negativos producto del prohibicionismo y menos aún, los que han encarado un debate social que de voz a la ciudadanía que supondría la auténtica respuesta  sobre el derecho a las drogas.

El cannabis está catalogado por la Drug Enforcement Administration estadounidense con la Clasificación I, considerada como una droga peligrosa sin ningún beneficio médico válido, lo mismo que la heroína, LSD y PCP. Una medida drástica tomada a pesar de que a lo largo del tiempo, numerosos de los estudios científicossociológicos en los que se respaldan los organismos prohibicionistas para tomar una medida tan radical como la ilegalización, han sido en numerosas ocasiones refutados por investigaciones con mucho menor apoyo económico e institucional. En la actualidad la política prohibicionista para las drogas, permanece vigente en nuestra sociedad, sustentada primordialmente en conceptos tan alejados del debate racional como la moralidad o el paternalismo, una cruzada global contra las drogas que ha pasado a convertirse  en una de las mayores imposiciones morales de nuestro tiempo.

El cannabis resulta de lejos la droga más cultivada, traficada y consumida ilícitamente en nuestro planeta con cerca de 147 millones de consumidores anuales (el 2,5% de la población mundial) que fruto de la ilegalización se encuentran ante un contexto de total desinformación en donde la táctica del miedo y la persecución policial ha proscrito la producción y el consumo del cannabis al mercado negro. El cáñamo, una de las sustancias más utilizadas en la farmacopea tradicional desde la Edad Media hasta el siglo XX, se ve así sometido a una cruzada política y legal que si bien nunca ha conseguido el objetivo de disminuir el número de consumidores, sí ha provocado un efecto perverso cuando se trata del uso de drogas, el de la total ignorancia sobre los posibles efectos del cannabis y la total dependencia del mercado negro para abastecerse.

Mientras continua la pasividad ante la persecución a una sustancia que al contrario que el alcohol, la comida basura o el tabaco, nunca ha registrado casos de muertes directamente achacadas a su consumo. El uso medicinal del cannabis, que se rememora miles de años atrás a través de numerosas culturas, continua en nuestro siglo vedado a la investigación impidiendo el desarrollo de proyectos encaminados a paliar síntomas como las náuseas y vómitos producidos por la quimioterapia, el dolor y la espasticidad muscular en personas con VIH/SIDA o el dolor crónico. Si bien la moralidad ha jugado un papel primordial en la ilegalización del cannabis, algo ilógico pero asumido cuando se trata de su uso lúdico, cuando de lo que se trata es de permitir su uso medicinal para intentar paliar las dolencias de numerosos pacientes, el razonamiento científico debe sin duda suponer el espejo en donde se mire la legislación en cualquier sociedad, en donde la santa inquisición hace tiempo que haya desaparecido.

La expansión de la conciencia y al uso recreativo del cannabis supone sin duda un reto para una sociedad apenas acostumbrada al libre consumo de drogas, pero décadas después, el fracaso de las políticas prohibicionistas ponen de manifiesto la necesidad de un debate en donde la sociedad pueda decidir finalmente acerca de su derecho legal al consumo del cannabis. La legalización supondría para nuestra sociedad el más primigenio desafío de la pachamama al reino de las recetas químicas y el control absoluto de la conciencia por parte de las farmacéuticas.

“La sustancia no prohibida está regulada, como es el caso del alcohol etílico. Ahora bien, cuando se prohíbe, se generan casos como el periodo de la ley seca en Estados Unidos, que provocó que se distribuyese alcohol metílico, causante de miles de muertes y casos de ceguera. La diferencia no estriba en que una sustancia sea o no asequible. Una sustancia prohibida como la marihuana o el hachís nunca deja de ser asequible para la masa de consumidores.”

Antonio Escohotado

cannabisRecuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental.

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Berta Cáceres, crónica de una muerte anunciada

“Si bajara un enviado de los cielos y me garantizase que mi muerte fortalecería nuestra lucha, hasta valdría la pena. Pero la experiencia nos muestra lo contrario. Actos públicos y entierros numerosos no salvarán el Amazonas. Quiero vivir.”

Chico Mendes

Cuando asesinaron a Chico Mendes yo apenas tenía un año, no recuerdo las lagrimas de sus compañeros, ni el dolor de su familia. Tampoco recuerdo, el grito de desesperación de la Amazonia, ante el avance inexorable de las excavadoras, propiedad de los terratenientes que mandaron asesinarlo; para así, poder continuar poco a poco matando la selva por la que él dio su vida. Tras Chico Mendes, en la conciencia del mundo, quedo un crimen que no fue el primero, ni sería el último que sucedería en la selva sudamericana o en cualquier otra parte en donde un hombre o una mujer, se atrevieran a liderar la oposición a un progreso mal entendido, en forma de una explotación sin escrúpulos de la selva, por parte de las empresas mineras y forestales. Deforestación y contaminación, por meros beneficios económicos.

La mañana del 3 de marzo de 2016, de nuevo la Pachamama derramaba sus lagrimas por una de sus más firmes defensoras. Berta Cáceres, se encontraba preparándose para presentar posibles alternativas al proyecto hidroeléctrico Agua Zarcalo, cuando de nuevo los asesinos derribaban la puerta de un activista para asesinarlo. Aquellos que no comprenden su propia desgracia cuando hieren a la madre tierra, jamás podrán comprender lo estéril de quién pretende amedrentar o silenciar a quién lucha por cada palmo de tierra que considera su hogar. Cuando los pistoleros derribaron la puerta de Berta Cáceres, esta hacía tiempo que permanecía abierta para toda aquella causa que resultara justa. Permaneció abierta en las protestas contra las bases americanas en territorio hondureño, así como en las protestas por el golpe de estado de 2009 contra el presidente Zelaya que terminarían por llevarla a la cárcel, y sin duda, siempre permanecieron abiertas para los indígenas lencas de Río Blanco. Esa misma comunidad indígena que cuando la maquinaria y los hombres de la compañía china Sinohydro, el Banco Mundial y la compañía hondureña Desarrollos Energéticos, llegaron a la selva con la intención de destrozar sus tierras para construir cuatro represas hidroeléctricas en el río Gualcarque, acudieron a Berta con la esperanza de quién sabe, no será abandonado. En un planeta, en donde en 12 años, 1.024 personas fueron asesinadas por su labor en cuestiones agrarias y ambientales,En un planeta, en donde en 12 años, 1.024 personas fueron asesinadas por su labor en cuestiones agrarias y ambientales las puertas abiertas, son el sacrificio de quién está dispuesto a morir por defender su hogar, por defender un hogar que lo queramos creer o no, es el hogar de todos.

Berta Cáceres, era consciente de la realidad de su tierra, de su pueblo En Honduras se vive una situación trágica. A medida que han ido avanzando las grandes inversiones del capital transnacional, con empresas vinculadas al sector poderoso económico, político y militar del país, esas políticas neoliberales extractivistas han provocado también un aumento de la represión, criminalización y despojo a las comunidades, que han sido desplazadas de manera forzada” Como antes había sucedido con el Brasil de Chico Mendes y el gobierno de José Sarney, también el gobierno de Juan Orlando Hernández lloró ante las cámaras, una muerte que seguramente, jamás lamentó en privado. Berta Cáceres, representa la lucha de un pueblo torturado y asesinado por las balas de quienes primero les robaron su libertad y ahora pretenden robarles su tierra. La injusticia y el dolor de un pueblo y una tierra que con su muerte, descubre al mundo, la digna soledad en la lucha de toda una comunidad, contra la explotación de su territorio por el gran capital con escuadrones de la muerte.

El asesinato de Berta Cáceres, puso fin a una vida dedicada a la defensa medioambiental y completó el circulo de falta de libertades, represión, privatizaciones, aumento de megaproyectos; especialmente vinculados a la provisión de energía barata, y muerte que afecta a tantas regiones de nuestro planeta. Un círculo, que mañana volverá a comenzar en El delta del Níger, Minas Gerais en Brasil, Yongxing “El Pueblo del cáncer chino” o Agbogbloshie en Ghana, un avance suicida de una sociedad incapaz ya de comprender la importancia vital de las lecciones de respeto a la naturaleza, tras cada territorio sagrado para un pueblo. Una sociedad ciega y sorda ante su propio desastre, ante su propia perdida. Cuando los asesinos dispararon sobre el cuerpo de Berta Cáceres, las balas cesaron la guía de sus palabras, pero tan solo la comunidad internacional, con su pasividad las silenció ante quienes especulan con nuestros bosques, ante quienes contaminan nuestro aire  y matan nuestras costas.

En 2015, Berta Cáceres, recibió el Premio Goldman, conocido como el Nobel verde, en reconocimiento a su lucha por los derechos del pueblo indígena lenca y la madre tierra. La hija de Berta Flores, partera y alcaldesa que dio amparo a los refugiados de la guerra civil en El Salvador, la hermana de Agustina Flores, también activista del COPINH, quién logro que la constructora de hidroeléctricas más grande del mundo –la compañía china Synohidro– se retirara del proyecto de la presa Agua Zarca, ya no estaba entre nosotros para recoger ta apreciado galardón. Tras ella, nuevas muertes, nuevas injusticias y la fuerza y convicción de quién lucha por algo que es justo, en los ojos de su hija Berta Zúñiga Cáceres. Hoy me pregunto ¿Tendremos que esperar a llorar su muerte para al fin despertar?

“Aquí es muy fácil que a uno lo maten. El coste que pagamos es muy alto. Pero lo más importante es que tenemos una fuerza que viene de nuestros ancestros, herencia de miles de años, de la que estamos orgullosos. Ese es nuestro alimento y nuestra convicción a la hora de luchar”

Berta Cáceres

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Autor: @SeijoDani

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental.

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La pasión turca

“La diferencia entre una democracia y una dictadura consiste en que en la democracia puedes votar antes de obedecer las órdenes.”

Charles Bukowski

No hace demasiado tiempo, mencionar a Recep Tayyip Erdogan, suponía en Occidente, nombrar la esperanza de un islam democrático. Al menos, la de un islam democrático a nuestra imagen y semejanza. Imagen, que nunca nos hemos parado a pensar, pudiese suponer un corsé demasiado apretado, para un cuerpo político y social que por mucho que lo intentemos, no corresponde al nuestro.

La llegada de Erdogan al poder, se produce en el contexto de una Turquía cansada de ser un estado entre dos aguas. Cansada del poder del ejercito y de la secularización, que enmascara la identidad de muchos de sus ciudadanos, bajo un manto de palpable clandestinidad y radicalización. La llegada  al poder de Erdogan, supone una opción ante lo insustancial de la memoria de un imperio que ya no existe, de un pasado glorioso, pero pasado al fin y al cabo. La única alternativa viable para el cambio, en un país en donde tras el golpe de Estado de 1980, la izquierda pareciese haber pasado a ser patrimonio exclusivamente kurdo.

El islamismo de Tayyip Erdogan, se dibujaba en la línea del liberalismo económico y el ferviente anticomunismo. Una concepción política y religiosa, alejada de las versiones más radicales del islam, pero suficiente, para que en la Turquía secular protegida por el ejercito, esto fuese visto como una seria amenaza al orden establecido. Erdogan sufrió en sus propias carnes la persecución política, la muerte de compañeros de partido en atentados diseñados para amedentrarlo e incluso la cárcel, donde pasaría diez meses, tras compartir un poema de carácter islámico. Irónicamente, en una Turquía de signo diferente, también sería la poesía, en este caso un poema crítico con la gestión de Erdogan, la que llevase a la modelo Merve Buyuksarac a prisión.

La historia y una profunda crisis económica, daría en 2002 el poder a Erdogan, gracias a un casi recién fundado, Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) que contra lo esperado por muchos conseguía una mayoría absoluta para un partido islámico, de corte conservador y centrista en su planteamiento. Pero en definitiva, un partido islámico, se hacía con el poder en un país en el que a su ejercito, nunca le había temblado la mano para disuadir el avance religioso en las instituciones.

La cerrazón del ejercito a la influencia religiosa y las continuas trabas a la participación política, impuestas por los numeroso golpes de estado, había volcado el deseo de cambio de la sociedad civil turca en las cofradías y hermandades islámicas. Esto propicio el caldo de cultivo perfecto, para la difusión de una doctrina que podríamos denominar como “liberalismo islámico” en la que personajes como Fetulá Gülen, ayudaron a crear una élite religiosa, capaz de ocupar numerosos cargos en las instituciones de poder del estado, sintetizando un marcado carácter religioso conservador, con los valores propios de las democracia liberal capitalista. Con su llegada al poder en 2002, los cuadros gülenistas sirvieron a Erdogan, para llevar a cabo una venganza contra el nacionalismo laico, en forma de purgas sistemáticas en la Judicatura, el ejercito o el funcionariado. El juicio del Ergenekon y especialmente la reforma constitucional de 2010, ponían punto y final a la visión del AKP, como un punto de encuentro entre democracia e islam. Gestos como la presencia del idioma kurdo en televisión, el alto el fuego con el PKK o la apertura oficial de negociaciones con la Unión Europea para su futura adhesión, pronto dan paso a la persecución política de la fuerte oposición kurda, la violencia sexual contra las activistas antigubernamentales o el mercadeo de los Derechos Humanos con Europa demasiado encerrada en sí mima, como para poner trabas ala construcción de un nuevo sultanato a sus puertas. Las privatizaciones, los recortes, así como las mayores garantías para  las multinacionales, parecen garantizar a Erdogan la convivencia con Occidente, la sharía y el capital suponen los cimientos de una nueva Turquía.

La reforma del ejercito y la mayor presencia de la religión en el día a día de Turquía, tensaron la cuerda en un país, en donde el uso del velo en las universidades, las restricciones al alcohol, la preponderancia de la religión en los estudios o el crecimiento vertiginoso del número de mezquitas, vinieron acompañados de un crecimiento paralelo de la corrupción y la concentración de poder en el estado. Tayyip Erdogan, se veía cercado por numerosos casos de corrupción que habían llevado a una fuerte reestructuración del Gobierno y que ahora, lo amenazaban directamente. Erdogan había convertido su voz, en mandato. El presidente que había llegado al poder, tras recorrer las calles de su país, se parapetaba de sus propias aspiraciones, tras los muros de su fastuoso palacio en Ankara. Un búnker físico e ideológico, desde el que poder dirigir el cambio de un sistema parlamentario a una república presidencialista, que todo parece indicar, puede suponer tan solo la mera fachada de una dictadura de facto. Cualquier síntoma de disidencia en Turquía, es perseguido y eliminado, desde la revuelta que tomó el parque de Gezi, hasta la oposición parlamentaria, pasando por periodistas o miembros del propio AKP, la discrepancia con las decisiones del sultán turco, se paga cara. EL terrorismo, la guerra interna, el conflicto sirio o el reciente golpe de estado, han sido oportunidades aprovechadas por Erdogan, para hacer política desde el caos.

La censura y las purgas, no pueden ocultar la sensación de un país polarizado. Turquía se ve atrapada en el juego de un sátrapa, obsesionado con recobrar una antigua grandeza que puede sin embargo provocar, la caída en desgracia definitiva de un gobernante y de un estado que no supo ser consciente de sus propios límites. El mismo Erdogan que utilizó a Fethullah Gülen, para  llegar al poder y abandonarlo cuando fue preciso, el que vio en el islam un medio para conseguir el apoyo social necesario para llevar adelante sus reformas institucionales y el trilero que supo hipnotizar a la UE, se encuentra ahora inmerso en una dinámica interna, extremadamente peligrosa de radicalización religiosa y en una situación exterior más débil que nunca, ante un doble juego con la OTAN y Rusia, con Siria de fondo. Comienzan a terminarse los comodines de la baraja del sultán turco, mientras la huída sin retorno del autoritarismo más descarnado, comienza a despejarse como la única opción de autoridad, para un país que en algún momento, quiso recobrar su protagonismo internacional.

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Autor: @SeijoDani

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Yemen, la geopolítica del caos

Pocos saben en donde se encuentra Adén, Lahej o Taiz, del sufrimieno de sus habitantes o del sonido de las bombas cuando la vida vale tan poco que cada cadáver en sus calles, ya no logra ocupar ni tan siquiera una cifra en los informativos de sobremesa en Occidente.

Yemen no se trata de una guerra mediática como las de Siria o Irak, desconocemos en gran medida los rostros de los combatientes que allí se encuentran, y por supuesto, poco o nada sabemos de las causas del sufrimiento que día a día, padece la población civil. Un país pobre en la región de los jeques, del petróleo, de los grandes deportivos y del dinero que puede comprar la moral de Europa en las camisetas de los grandes del fútbol o en las recepciones oficiales. Una mota de pobreza en la región de las petromonarquías, en donde el horror de la guerra ha dejado más de 14 millones de personas sin acceso a atención médica y en donde el 80 % de su población depende de una escasa ayuda humanitaria. Un país, con más de 19 millones de personas sin acceso seguro al agua o a servicios sanitarios y en donde 7,6 millones de personas, padecen inseguridad alimentaria, lo que ha llevado a cerca de 20.000 niños a sufrir condiciones de extrema desnutrición.

Yemen, el país de las niñas novias y el abuso sistemático contra las mujeres, de los grupos sectarios, el trabajo infantil y el analfabetismo. Pero también un país de transito y muchas veces una parada obligada, para muchos de esos emigrantes que atraviesan sus fronteras en busca de las ilusorias oportunidades de un futuro en las dictaduras del Golfo Pérsico. Un país en donde el triunfo de la mal llamada primavera, resultaría más justo que en ningún otro, pero en donde el sonido de las bombas y la represión, parece no molestar a nadie.

A la revuelta pacífica que derrocó a Alí Abdula Saleh, no le siguió la democracia, ni tan siquiera la paz. Egipto, Arabia Saudí, Gran Bretaña, la Unión Soviética…potencias extranjeras que siempre han jugado un papel en el devenir del futuro de los yemeníes y esta vez, pese al glamour del Nobel y las buenas intenciones, nada iba a resultar diferente. El plebiscito del 27 de febrero de 2012, por el que Saleh cedía la presidencia yemení a su número dos, Mansour Hadi, termino por desatar las tensiones en un país regido por el sectarismo y los pactos tribales.

La guerra iniciada por el nuevo presidente contra los rebeldes hutíe y supuestamente, contra Al Qaeda en la Península Arábiga, termino con el presidente abandonando el país, ante la alianza de antiguos sectores en el ejercito partidarios a Saleh y los rebeldes hutíes, en ocasiones la guerra, produce extraños compañeros de cama. Arabia Saudí respondía al avance de los rebeldes hutíes y sus “aliados” con la Operación Tormenta Definitiva, una serie de bombardeos indiscriminados, en los que fábricas, infraestructuras o población civil forman parte indistintamente de una operación igualmente encaminada a frenar la influencia geopolítica del chiismo  en la región, como a destruir cualquier  posible alternativa de futuro, en un país abocado a la partición de su integridad territorial, empujado por una guerra que al igual que las campañas de Irak o Siria, parecen destinadas a que Occidente, pueda dibujar de nuevo las fronteras del mundo, al compás de sus nuevas necesidades económicas y militares.

Asistimos impasibles a la muerte de un estado, al asesinato de las esperanzas en las revueltas populares del pueblo árabe. Asistimos de nuevo a la sin razón del imperialismo económico y a hipocresía de quienes se dicen garantes de la democracia y derechos humanos, al tiempo que mercadean con las armas que combaten a los pueblos que se atreven a reclamarlos.

Yemen, un nido de víboras en donde las democracias pueden armar a los terroristas y en donde la toma de una capital, puede ser tildada de momento histórico o de golpe de estado, según el prisma con el que se mire. Un país, sin verdaderos buenos, ni malos. En donde los matices cobran la importancia de un siglo, en donde las guerras también se libran en gran medida con las palabras.

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Autor: @SeijoDani

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En el nombre de Dios

En mayo de 1948, la comunidad judía declaraba unilateralmente la creación del Estado de Israel. Tras la negativa de la comunidad árabe a aceptar la partición del territorio y la creación de dos Estados, uno árabe palestino y otro judío, comenzaba la primera guerra árabe-israelí y con la victoria del estado judío, daba comienzo a su vez, el lento caminar del exilio y la Nakba del pueblo palestino.

Al sonido de los primeros disparos, pronto les seguirían la Guerra de los Seis Días, la guerra del Yom Kipur y las intifadas. Comenzaba en Palestina, un conflicto sin vencedores ni vencidos, un conflicto entre dos realidades, entre dos pueblos, entre dos religiones. Una guerra en nombre de Dios y el territorio, en una tierra demasiado acostumbrada ya, al sabor de la sangre de quienes inmersos en el fundamentalismo, perdieron la fe en el poder de las palabras.

Israel nacía como un estado joven y sin memoria que parecía repetir en Palestina, los viejos traumas de su pasado. 

Nadie podría culpar a Israel por vencer una guerra. Ni  tampoco se podría seguir negando desde Palestina, la posibilidad de un acuerdo de paz, por ridícula que pudiese parecer la decisión tomada por el UNSCOP, asegurando que la comunidad internacional, respalda el derecho al territorio de Israel, por una tradición religiosa que asegura que la zona en la que hoy se asienta el estado judío, es la misma tierra prometida por Dios a Abraham y a sus descendientes. Nadie podría sustentar el antisionismo, si no fuese por la propia sin razón desatada por el estado de Israel.

A las victorias militares no les siguieron la paz, ni la justicia del vencedor. Sino el abuso militar, las detenciones arbitrarias, el estado de sitio, la segregación, el adoctrinamiento y la esquizofrenia del radicalismo israelí. Palestina supone a día de hoy una cárcel más para sus habitantes. Una población de cuatro millones y medio de personas, rodeadas y apartadas de la tierra que les pertenece, por un muro destinado a doblegar la voluntad de un pueblo que pese a todo, sigue empeñado en resistir. Un pueblo digno y pacífico en su mayoría, pero que tras años de asesinatos selectivos y detenciones, sigue sin lograr renunciar al escaso poder del Qassam o las piedras, como única forma de venganza contra una sociedad armada y un ejercito en pie de guerra permanente. Un ejercito que responde con gases o muertes a las piedras cargadas de impotencia por los palestinos. Impotencia de una población humillada y segregada mediante los numerosos checkpoints que los separan del mundo tras un muro de hormigón que no solo pretende impedir la entrada a quienes quedan fuera de el, sino que también pretende aislarlos para poder arrebatarles su identidad y sus recursos.

Ciudades como Hebrón, ejemplifican esa particular noche de los cristales rotos palestina, en las que la amenaza de quien se sabe mejor armado y respaldado por la impunidad de la “justicia” de su estado, se convierte en ley. 650 soldados protegiendo a 850 colonos israelíes, dibujan en Hebrón, la realidad de una ciudad que como tantas otras en Palestina, han sido absorbidas por los asentamientos de los colonos judíos más radicales. Jóvenes ultraortodoxos y ultranacionalistas que se hacen llamar a si mismos pobladores, pero que con cierto carácter mesiánico, ocupan una tierra que no les pertenece y en la que el matonismo y las pintadas racistas, dan lugar a la política de provocación de colectivos que como Lehava, han llegado a hacer de la violencia y el asesinato su forma demencial de activismo.

 Existen pocas alternativas para la paz en una sociedad que vive y muere entre los barrotes de una nación que supone su propia celda. Una sociedad que cuenta con 7.000 reclusos en territorio israelí y que ha sido hundida económicamente y humillada por el creciente fanatismo político del estado de Israel.

La escalada del fundamentalismo israelí es un síntoma de una sociedad temerosa y militarizada que busca la paz en la fuerza de las armas. Con ello, el estado de Israel demuestra una vez más que las mayores locuras pueden llevarse a cabo, en el nombre de Dios.

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Autor: @SeijoDani

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Arrivederci Europa

La sombra de la desesperación y el fanatismo, vuelve a recorrer Europa, al tiempo que unas instituciones demasiado identificadas con las estructuras económicas, pero a su vez muy alejadas de la unificación política y social, comienzan a sufrir en las urnas, los primeros embistes fruto de su manifiesta incapacidad para lograr conectar con una población que ha visto en el castigo a la propia Unión, una forma mayor de sanción al modelo liberal y a las políticas que rigen la Eurozona desde el inicio de la crisis en 2008.

Matteo Renzi, la supuesta esperanza europea y  quién llegó a ser presidente de Italia sin que para ello mediase un solo voto, se ha convertido en la última víctima política de una Europa en franca decadencia. Una Unión Europea envejecida en sus planteamientos económicos, y a su vez, demasiado inmadura políticamente como para lograr dibujar una alternativa a su propio colapso. La dimisión del Primer Ministro Italiano tras su fracaso en el referéndum para la reforma constitucional, se suma a la reciente realidad del Brexit y al auge de la extrema derecha en todo el continente, como una seria amenaza a la cohesión europea y al proyecto común en si mismo.

El resultado de la consulta y la dimisión de Matteo Renzi, dejan a Italia y a la propia Europa, sumidas en un largo ‘impasse‘ político, en donde de nuevo la tentación de evitar la consulta al pueblo, parece presentarse como la principal opción para unos dirigentes únicamente empeñados, en salvaguardar su proyecto económico por encima  de cualquier otra realidad.

Parecen ignorar en los despachos europeos, la posibilidad de que tras la ruptura de la Unión, pueda suceder la eventualidad de que el castigo a los modelos políticos tradicionales, no cese con el fin de proyecto político común europeo. El peligro seguirá acechando a cada región, en los populismos de Beppe Grillo, el fanatismo de Nikos Michaloliakos, la reminiscencias de Frauke Petry o la inminente realidad de gobierno de personajes como Norbert Hofer o Jean-Marie Le Pen.

El absurdo de entender los resultados en Reino Unido o Italia, únicamente como una anomalía puntual o como una negativa holística a una Europa unida, resulta peligroso no solo para el proyecto de la Unión Europea, sino para el futuro del continente en sí mismo. Tras el fracaso en las urnas de las diferentes opciones respaldadas por la Unión, se encuentran realidades como la crisis migratoria y su integración, la clara decadencia del capitalismo de mercado y su efecto sobre las diferentes capas sociales, el resurgir de las identidades nacionales o la acuciante necesidad de un pacto generacional en una Europa demasiada envejecida para poder permitirse el repliegue sobre sí misma.

Existen alternativas al fracaso del proyecto europeo, países como España o Grecia trazaron en su momento, salidas alejadas del fanatismo político y el euroescepticismo. Existía una alternativa europeísta y antiliberal, pero nunca quisieron escucharla. TsiprasVaroufakis o Pablo Iglesias, siempre supusieron un enemigo mayor para las élites europeas que los propios postulados de Marine Le pen o Nigel Farage.

Persecución al colectivo homosexual, islamofobia, racismo, demencia política, corrupción, guerra, belicismo, pobreza

Pruebas de la actual realidad europea y del inmovilismo de su política común, que dejan claro que esto nunca se ha tratado de una salida digna para Europa y para sus ciudadanos, sino tan solo de una nueva y brillante oportunidad de mercado.

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Autor: @SeijoDani

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Ha muerto Fidel

«¡Ése es el pueblo, el que sufre todas las desdichas y es por tanto capaz de pelear con todo el coraje! A ese pueblo, cuyos caminos de angustias están empedrados de engaños y falsas promesas, no le íbamos a decir: “Te vamos a dar”, sino: “¡Aquí tienes, lucha ahora con todas tus fuerzas para que sean tuyas la libertad y la felicidad!”

La Historia me absolverá

 

Sobrevivió Fidel a más de 600 planes de asesinato por parte de la inteligencia americana, y poco podían imaginar en aquel entonces, los que  con tanto empeño lo intentaban asesinar, que no se podría hacer desaparecer su semilla. Eso supuso Fidel Castro para muchos: un líder, un revolucionario, un combatiente; pero ante todo, un maestro y una semilla de esperanza, para quienes alguna vez se sintieron oprimidos por un mundo, que pese a la crueldad de las revoluciones, las hace parecer justas y necesarias ante los ojos de los más desfavorecidos. Un mundo y una realidad que cambió mucho desde el asalto al cuartel Moncada, la partida del Granma, las infinidad de travesías en la montaña o los tiempos del periodo especial. Un mundo que bajo la mirada de Fidel Castro vivió realidades como el fin del régimen del apartheid,  el final de la guerra fría o el inició de la que sería llamada guerra contra el terror. Donde infinidad de personalidades, adaptaron su biografía y su pasado a los nuevos tiempos, pero en donde al comandante Fidel Castro, se le seguiría juzgando siempre, bajo la lupa de un conflicto ya olvidado y que hasta hoy, todavía ahoga a la isla con un bloqueo inquebrantable.

Sin duda, son muchas las miradas con las que  uno puede acercarse a la realidad de Cuba y con ello al legado de los Castro y la revolución. Muchos datos, muchas realidades y no menos mentiras y manipulaciones, si bien nunca en igual medida, vertidas desde ambos bandos de esa guerra eterna entre dos concepciones diferentes del mundo.

Nadie que hoy critique a Fidel Castro, debiera olvidar el motivo del inicio de su lucha. Una razón, nacida un 10 de marzo de 1952. Día en que Fulgencio Batista, ponía fin al orden constitucional, derrocando al gobierno democrático de Carlos Prío Socarrás y dando comienzo a una dictadura que convertiría a la isla, en el “traspatio” de los Estados Unidos. Una extensión del poder norteamericano, en donde el juego y la prostitución dotaban de suntuosos beneficios a personajes como Meyer Lansky y Lucky Luciano. Ambos, miembros destacados del crimen organizado de un país que como declaró el propio Earl T. Smith; ex-embajador de los Estados Unidos en Cuba, ante su senado, poseía tal control sobre la nación caribeña, que la voluntad del embajador estadounidense podía equipararse, sino superar, a la del propio presidente cubano.

Hoteles de lujo, clubes de strip-tease, casinos, lugares turísticos y grandes cantidades de tierras cultivables, que suponían una realidad de la Cuba prerevolucionaria, gestionada entre corruptelas y violencia, por gánsteres americanos en convivencia con los funcionarios de la dictadura y el beneplácito del propio Imperio. Tras ello, sería tiempo para la historia de un pueblo: el asalto al cuartel de Moncada, el viaje a México, donde los destinos de Fidel y Ernesto Guevara se unirían para siempre y el esperado 1 de enero de 1959 con la entrada de los barbudos en La Habana.

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Personalmente, escribiría mi visión de Cuba, con dos anécdotas sucedidas durante mi última estancia en la isla. Ambas sucedidas en uno de esos paseos sin guía, ni horarios por sus calles. En lo que supone un viaje de verdad, sin una idea concreta de la realidad de Cuba, sino con el miedo y la esperanza que produce en un joven idealista el encontrarse con los ojos abiertos por primera vez ante una visión diferente a la de las grandes ciudades occidentales. Una realidad anclada en una construcción antigua y deshilachada. Golpeada, pero no por ello peor, ni mucho menos falta de encanto o de atracción. Una isla que resultaba distópica para muchos y una utopia en lucha para otros tantos.

Uno de los mejores lugares para conocer la pulsión de un pueblo, seguirá siendo siempre una vieja taberna. Alejada de los locales de moda del lugar y oscura. A veces vacía y a veces en silencio, pero nunca durante demasiado tiempo cuando comienza a pesar el alcohol. Fue en ese entorno en donde me encontré por primera vez con Vladimir, un joven cubano que pese a su nombre, poco o nada sabía o quería saber del viejo líder soviético. Tan solo le interesaba su cercano viaje a Italia para reunirse con su hermana y la ropa. Medio éste, por el que a través de los turistas, podía conseguir a duras penas distinguirse ante las chicas de su barrio a las que tan continuamente y de forma tan abusiva, nos ofreció durante nuestra estancia en la isla entre copas de ron envuelto en plástico y unos puros a los que todavía hoy, asocio inevitablemente con las noches de La Habana. Hablamos de coches, viajes, y sueños. Los sueños de lo que un joven cubano creía era España, simples sueños en realidad. Castillos en el aire, cimentados por quién entre la cautela de los Castro con el exterior y las fanfarronadas de los turistas extranjeros, había llegado a ver en un mero turista español cualquiera a un patentado. Poco podía imaginar mi viejo amigo Vladimir de mis esfuerzos como estudiante e hijo de agricultores para comprar ese billete a su realidad, ni lo que supuso en privaciones y esfuerzos ese viaje en los meses posteriores a mi regreso.

Pronto se derribaron los muros que todavía en aquella cantina cubana, separaban al viejo sistema comunista cubano de occidente. Se dibujaba nuestro particular puente Glienicke  entre cigarrillos, alcohol y esa música de Carlos Puebla que tanto nos gusta a los extranjeros y supongo también a los cubanos, al menos a alguno de ellos. Una música, capaz de convertir durante su embrujo, en un ferviente revolucionario, hasta al más rancio representante de lo políticamente correcto. Tal y como hace poco, reconocía el mismísimo ex ministro Margall0 en una tertulia televisiva, en líneas generales, poco apenada con la muerte del Comandante.

En medio de una de esas canciones, que hablaban de otro tiempo para los cubanos, mi inseparable compañero de viaje y fiel amigo con el que compartí aquella experiencia, quizás ya embriagado por ese ron que decía ser el mejor de Cuba por su botella de plástico (“Si se cae no se rompe muchacho” ¿Quién podría negar una evidencia así?) decidió interesarse por la música cubana. En ese momento, nuestras realidades se dieron de bruces con una verdad inamovible, y es que cada persona es un mundo y representa un mundo es sí mismo. Supongo que poco podía esperar nuestro amigo Vladimir, que tras sacar su modesto celular; encadenado a las prestaciones de la dictadura tecnológica en la isla de Cubacel, para intentar compartir vía bluetooth las melodías que hasta ese momento sonaban en un viejo televisor. La respuesta de esos dos orgullosos trabajadores españoles que ante el se encontraban, fuese la de dos desarrapados tecnológicos que en un caso desconocían y en otro directamente carecían de tan brillante tecnología en sus teléfonos móviles. Todavía hoy  recuerdo la respuesta “De verdad tienen que estar las cosas mal en España” La tecnología del ocio nos había condenado a la pobreza o puede que también en Cuba, lo hubiese hecho nuestro nivel de consumo. Pronto le explicamos a nuestro camarada e interlocutor cubano, que ciertamente la obsolescencia de mi amigo correspondía más a una cruzada personal contra los rigores del mundo moderno, que a la realidad de una España, ya por aquel entonces totalmente sumergida en la tónica mundial del consumismo de las nuevas tecnologías.

Comenzó entonces una conversación sobre desahucios, especulación inmobiliaria, las condiciones de trabajo en multinacionales suecas del mueble por las que en aquel entonces trabajaba mi compañero de viaje y otras realidades que se abrieron paso poco a poco entre el humo de los habanos y la incredulidad de los parroquia cubana que en aquel momento, y atraídos ya por las historias de esos cuentacuentos capitalistas, abarrotaban la pequeña taberna en donde comenzaban a escasear alarmantemente las reservas de cerveza y el pollo con arroz. Poco o nada querían creer de ese país que tenía casas vacías mientras sus habitantes dormían en las calles y mucho menos de un país en donde las condiciones de trabajo superaban con creces a las horas y el esfuerzo que muchos cubanos consideraban necesarios para llevar una vida plena. Concluyó nuestro primer acercamiento al debate sociopolítico en Cuba, con una afirmación tan tajante como cierta: “Si yo tengo que trabajar tanto y tan duro… ¿Para que quiero un televisor nuevo si no tengo tiempo para disfrutarlo? me voy al malecón con mi botella de ron” El que hablaba era José Trinidad, camarero de esa taberna decorada con bufandas y banderas del Athletic en donde nos encontrábamos ya en plena madrugada habanera y hasta ese momento, mero observador de la conversación.

Guardamos silencio y simplemente asentimos, antes de adquirir una última botella de ron y dirigirnos al malecón. Un lugar de huída para muchos, también para nosotros en ese momento. Dos jóvenes europeos en aquel entonces con escasas perspectivas de futuro y que nos hubiésemos conformado con la tranquilidad y la vitalidad de una ciudad que pese a estar cayéndose a trozos, continuaba levantada y orgullosa ante quién tan duramente la golpeaba.

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A todos nos terminará juzgando la muerte. Tras la marcha de Fidel, muchos han celebrado la suya en embajadas o sobre coches regados de licor en las calles de Miami o en Madrid. No se echará de menos a Fidel en los consejos de administración de ninguna empresa, ni lo harán las grandes compañías armamentísticas, las petroleras o alguna de esas coaliciones “libertadoras” en Medio Oriente. El legado del comandante cubano, deberá pervivir, en una pequeña isla del caribe reina del beisbol, doctora del mundo y maestra de revolucionarios y personas desfavorecidas de medio mundo. Un proyecto colectivo que fue capaz de adelantarse a los indices de bienestar social marcados en la agenda de la ONU para 2015 y con una clara proyección internacionalista. Una pequeña isla  con las mejores condiciones para la maternidad de América Latina, sin casos de desnutrición severa registrados y con subsidios y gratuidades  dedicados a costear en parte los alimentos, el transporte, teléfonos, agua, electricidad, la Salud Publica y la Educación de sus habitantes.

Suponen para Cuba y su revolución, sus  principales victorias, las logradas en los campos de la educación y la salud pública, campos estos en los que hasta sus enemigos le han concedido su justo reconocimiento. Un país sin un solo niño en la calle, con una enseñanza primaria universal y en donde el 63% de las plazas universitarias en están ocupadas por mujeres. Un país con un bloqueo por una guerra de la que no formo parte militarmente y de la que no debe sentirse culpable de librar una dura batalla ideológica. Supone el bloqueo estadounidense una perdida estimada para la economía cubana, según su propio gobierno de unos 116 mil 800 millones de dólares. Una realidad la del bloqueo americano a la isla, que refleja fielmente la necesidad de someter al enemigo, a todo el que se pueda permitir pensar diferente. Suponer un ejemplo.

A partir de mañana se dedicarán casi tantas páginas contra Fidel, como elogios han dedicado las rotativas y los comunicados de Occidente a dictadores y tiranos de toda índole, con suficiente petróleo, como para silenciar nuestras conciencias. Pero si podemos estar seguros de algo, es de que pese a todos lo mares de tinta que puedan correr, no quedará tras Fidel, ningún Daesh, ninguna guerra extractiva, ni los grandes casos de corrupción bajo su mandato a los que nos hemos acostumbrado en la política de Occidente.

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No todo fueron logros en la revolución cubana, uno pronto comprueba en el sentir de sus calles el eterno compás de sus obras, el surrealismo de su transporte interurbano o la ineficacia de quién quiere alejar a la juventud de la perversión de occidente, pero se ve incapaz frente al peso de las divisas.

Desconozco en que momento exacto conocí al protagonista de mi segunda anécdota cubana y desconozco también su nombre. Soy incapaz de recordarlo y mentiría si dijese lo contrario. Tan solo puedo recordar el trayecto por unas calles escasamente iluminadas pero llenas de vitalidad y una rara sensación de seguridad. Cuando uno camina lo suficiente por cada rincón de La Habana, pronto se percata de que los robos o las agresiones no son algo que realmente deba temer de los cubanos, no puedo negar versiones de algún accidente aislado, pero desde luego, aquella noche y para ser sinceros, en mi estado, no podía imaginar un lugar mejor por donde pasearme con un cartel de extranjero colgado sobre mi espalda. Era nuestras última noche en La Habana y tras encontrarnos con unas compatriotas gaditanas al principio de la misma, nos dirigíamos con ellas y con uno de sus amigos cubanos a una fiesta en un hotel, del cual supongo no os sorprenderá, que no recuerde el nombre. Cruzamos las calles de la Habana haciendo paradas en cada rincón, como intentando empaparnos de la isla antes de partir a nuestro bloque de la realidad. Sus bares, sus perros callejeros, los paladares y ese sin fin de vehículos y personas que animan una noche, la cubana, que todavía brinda más protagonismo a la luz de los cigarrillos que al deficiente alumbrado público.

Como he dicho antes no recuerdo el nombre de nuestro anfitrión cubano, le llamaré Miguel por comodidad y porque pese a mi mala memoria para los nombres, apostaría firmemente a que ese es el nombre con el que se presentó. Miguel era hijo de un reconocido doctor cubano y de una profesora de la facultad de Derecho de la Universidad de La Habana. Un joven culto, con una conversación agradable y siempre dispuesto a aportar algún dato curioso o brillante sobre la historia y los logros de un país, del que uno no sabia si estaba en mayor medida orgulloso o hastiado de su simple existencia. Sentados en un enorme patio sevillano mientras disfrutábamos de la música y la templanza de los mojitos, hablamos de todo lo que un joven cubano puede hablar cuando se le pregunta con verdadero interés por conocer sus respuestas. Hablamos de política, de la revolución, de Fidel, pero especialmente recuerdo hablar esa noche de Camilo Cienfuegos. Miguel sentía especial devoción por Camilo y por lo que pudo ser y no fue. Se dirigía a Fidel y Raúl como los barbudos con un tono claramente despectivo y rencoroso, pero cuando se decidía a loar ante sus interlocutores los logros de su; pese a todo, querida Cuba, el nombre de Camilo parecía servirle como una especie de catalizador entre una revolución que pudo ser, pero que para muchos cubanos nunca había culminado. No quiero decir que Miguel tuviese razón en sus planteamientos, y ni mucho menos comparto sus teorías de la conspiración revolucionaria o algunas de sus severas criticas a un personaje, Fidel, que al contrario que Camilo Cienfuegos o el Ché, si tuvo que hacer frente a realidades a veces, demasiado complejas incluso para un viejo revolucionario. La voz de aquel joven cubano acomodado, era la de una parte de la población que comenzaba a desconectarse de unos mandatarios que bloqueaban sistemáticamente sus eternas aspiraciones de progreso económico y social. Miguel se quejaba del escaso sueldo que su padre, un reputado médico cubano cobraba en su país en comparación con las ganancias de uno de sus tíos que trabajaba como empleado en una cadena de talleres en Michigan. Sus últimas palabras antes de despedirnos camino del hotel fueron “Tan solo en Cuba un médico reputado podría recibir ayuda de un simple mecánico sin estudios, pero tan solo aquí una familia humilde de campesinos como la de mi padre, podría haber sentido el orgullo de formar a su hijo como médico de manera gratuita. Resulta complicada la disyuntiva de querer subir en el escalafón, tratando de no olvidar de donde viene uno”

Cuando uno habla durante un largo tiempo con un cubano, no puede evitar la percepción de dialogar con un pueblo que se encuentra  ante una pregunta vital. Una pregunta sobre la concepción de su futuro, la cual nosotros hace mucho tiempo, tenemos la sensación de habernos equivocado en su respuesta.

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Se marcha una figura clave en la vida de todo cubano, un mentor o un enemigo acérrimo. Un hombre que vivió y marcó un siglo desde su propia patria. Con muchas más luces que sombras de cara a un legado, como herencia para los desarraigados de nuestro mundo. Un revolucionario de los que nunca terminan de morir. Con la muerte de Fidel, el futuro de Cuba no es el futuro de  Raúl Castro ni de ningún otro mandatario cubano, ni tan siquiera el del PCC como muchos todavía piensan. El futuro de Cuba será una vez más, el futuro de una nación y de su pueblo. Como siempre ha sido desde que el 8 de enero de 1959, Fidel y sus barbudos bajaran de la sierra para entregar al pueblo una alternativa al modelo impuesto por su vecino del Norte.

Con Fidel se ha ido un referente, una personalidad decidida y entregada, con los errores propios de un ser humano y con los logros y sacrificios que solo un verdadero revolucionario puede encarar. Se va una forma de entender el mundo y con él parte del mundo que con su figura ayudo a crear, un hombre que ha sembrado esperanza y valentía a partes iguales. Sin miedo y con el convencimiento de quién sabe que la historia le dará la razón, hoy me despido de ti comandante.

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¡Socialismo o Muerte! ¡Patria o Muerte! ¡Venceremos!

 

Autor: @SeijoDani

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental. 

https://www.change.org/p/xulio-ferreiro-calle-berta-c%C3%A1ceres-en-a-coru%C3%B1a

Welcome to Trumpmerica

“Estar contra el fascismo sin estar contra el capitalismo, rebelarse contra la barbarie que nace de la barbarie, equivale a reclamar una parte del ternero y oponerse a sacrificarlo.”

Bertolt Brecht

La victoria de Donald Trump, ejemplifica perfectamente, el pulso vital de una sociedad inmersa en la tenue frontera que separa a una población indignada que da un voto vergonzoso al Brexit o al mismo Trump; como castigo a un sistema de capitalismo salvaje, de una sociedad destrozada por la desigualdad y la  desesperanza, que termina convirtiéndose en un desecho y acepta con indiferencia cualquier solución proveniente del más puro fanatismo. Venció el magnate con un discurso no muy alejado al de los partidarios del Brexit en Reino Unido o los filofascismo de Marine Le Pen y Amanecer Dorado en Europa, un discurso vacuo, totalmente plano en lo en lo programático o lo político, pero que sin embargo, ahonda en las más profundas preocupaciones de gran parte de un electorado que sigue pensando, aunque puede que no lo pronuncie, en que primero va el comer y después está la moral.

Con una retórica que a cualquier incauto le pareciese anunciar algo así como la próxima perestroika capitalista, Donald Trump atacó desde los inicios de su campaña a un sistema de libre comercio que fruto de las deslocalizaciones y la perdida de empleos que están producen, ha transformado a América en un país que ya no trabaja con sus propias manos. El republicano ha mostrado en numerosas ocasiones su rechazo por una economía basada en grandes tratados de libre comercio y en beneficios que no repercutan en el propio país. Acuerdos como el TTIP o el NAFTA, parecen curiosamente verse más seriamente amenazados por la llegada al poder del reaccionario magnate que por la presión de millones de personas en interminables campañas sistemáticamente ignoradas por sus respectivos gobiernos. Trump pretende dotar a América de 25 millones de empleos en diez años y para ello necesita una fuerte inversión pública, la cual parece dispuesto a realizar así como traer vuelta a unas empresas que según su equipo de campaña, facturan más de 2,4 billones de euros en el exterior. El supuesto secreto para lograrlo, una zanahoria  en forma de bajada de la tasa de Sociedades a un máximo del 15%, muy inferior a al 35% actual y que supondría la mayor reducción fiscal desde la época de la presidencia de Ronald Reagan. Una especie de vuelta originaria al capitalismo, que si bien no parece suponer un avance de planteamientos, al menso si pudiese dejar espacio, en el mejor de los casos, al surgimiento de diferentes alternativas en el resto del mundo.

Trump, pretende con sus planteamientos, desmontar lo que le considera una involución del espíritu americano durante la era Obama. Propuestas estrella del expresidente demócrata como el Obamacare o el tímido intento en la restricción al uso de armas,  tendrán los días contados con la llegada a la Casa Blanca del presidente republicano, muy en el aire quedan cuestiones como el aborto o el derecho al matrimonio igualitario, con las que muy al contrario de lo que parece pensar la mayoría de los europeos, Donald Trump no mantienen las tesis más duras dentro de su propio partido.

Pero si un campo ha dado que hablar para seguidores y detractores de Trump, esa ha sido la inmigración. Desde la prohibición de entrada a las personas musulmanas que podríamos englobar en esa demencial visión del republicano, en su concepción particular de la lucha contra el terrorismo, hasta la construcción de un muro que separase Estados Unidos de México, pasando por la deportación de 11 millones de indocumentados. El presidente entrante, ha hecho en todo momento de la inmigración su propio caballo de batalla particular que sin duda le ha evitado e numerosas ocasiones, la necesidad de hacer juicios de valor más profundos, sobre el conjunto de una sociedad americana que probablemente teme más al ilegal como competencia laboral que como extranjero en su país. El equipo de Trump sabe que no existe algo así como emigrantes buenos y malos por naturaleza, sino realidades sociales que no podrán de ningún modo evitarse con un simple muro. Mientras los EEUU sigan siendo uno de los mayores consumidores de drogas del planeta y la tensión social siga aumentando, se seguirán produciendo delitos relacionados con el narcotráfico, crímenes y violaciones en territorio norteamericano. Sería curioso que ante masivas deportaciones y la persistencia del problema de la violencia, muchos de los que hoy creyeron en el American Great Again!, terminarán aislados entre los muros de sus propios barrios de white trash.

Todo esto en cuanto a la política interior, de puertas para afuera, puede que en teoría se produzcan los cambios más importantes de la era Trump, pero solo en teoría. El presidente republicano ha prometido una especie de Pax romana, parece intuir Trump un cierto hartazgo en la población americana, por el precio a pagar por guerras que poco o nada importan a los ciudadanos. Confía Trump en la disuasión propia de una superpotencia para no necesitar una nueva guerra y con ello prepara al país para lo que parece ser una época de aislacionismo geopolítico. Como si el Capitán América se cansase del repetitivo protagonismo del superhéroe, parece claro que saudíes y los europeos, pero también surcoreanos y japoneses, deberán comenzar a valerse por si solos para garantizar su propia defensa. Si bien la existencia de la OTAN como tal, no parece pueda correr ningún peligro, si se puede intuir, una mayor exigencia en la contribución económica, por parte de Estado Unidos a sus aliados. Lo que en un tablero internacional a priori sin un cowboy sobre la mesa, sin duda podría resultar en un negocio rentable para todos.

Realidades como las de Siria, en donde Trump parece mucho más dispuesto a la negociación con Putin que a seguir armando a confusos líderes fanáticos y con barba; Palestina, que parece alejarse de una solución a corto plazo o China, en donde la batalla entre potencias parece destinada a darse en los despachos, pueden desatascarse en un mundo al que el premio Nobel de la paz y su candidata Hillary Clinton, habían llevado de nuevo al borde de la guerra fría.

Donald Trump es un hijo de perra fascista, un insulto a cualquier democracia, pero no más que un presidente saliente que ha deportado a 2.8 millones de personas10.ooo inmigrantes muertos en el Mediterráneo, las vallas de Melilla, la brecha salarial en Europa o los bombardeos de Siria o Libia.

Quizás el mayor peligro de Trump lo suponga el de un negacionista del cambio climático, así como la del ejemplo surgido para otras alternativas fascistas deseosas de llegar al poder. Debería el progresismo mundial aprender las lecciones surgidas de cerrar cualquier alternativa electoral anticapitalista, una táctica que ha llevado a la mayor potencia del planeta a preferir incluso la alternativa que suponía Trump en el poder, a entregar de nuevo el poder al sistema que representaba Clinton. Parece romper Trump con el llamado fin de la historia, en el mismo país que quiso imponerlo. Por delante, cuatro años de trabajo para una izquierda que debe aprovechar la oportunidad que ha dado que muchos hayan abierto los ojos ante las miserias del capitalismo tras la elección de Trump.

Resulta necesario crear una alternativa de base y especialmente una alternativa ideológica atrayente frente modelo neoliberal, si la izquierda americana y con ella la izquierda mundial demuestran no estar a la altura de las circunstancias, simplemente esperando desde una concepción bastante pobre de la democracia, que el futuro presidente no pueda cumplir sus promesas, podremos encontrarnos tras cuatro años, ante una realidad en la que la lección de Trump pueda convertirse esta vez, en el llamado mal menor.

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Autor: @SeijoDani

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Dios salve a América

Nadie en su sano juicio votaría a Trump y tan solo un loco podría alegrarse de que Hillary Clinton llegase a ser presidenta. Con ésta disyuntiva las elecciones presidenciales de Estados Unidos se acercan a sus horas decisivas, dejando tras de si una campaña realmente pobre, en donde las propuestas políticas de ambos candidatos, brillaron en mucha menor medida que las descalificaciones o los escándalos personales que han ocupado gran parte del debate y muy probablemente, han terminado convirtiendo a la democracia estadounidense, en el show político más caro del mundo, con un desembolso en campaña, cercano a los 2.651 millones de dólares

Tras los fuegos de artificio y el sin fin de actos públicos repletos de celebridades de los últimos meses, el próximo martes, los americanos deben elegir a su próximo presidente entre un promotor, empresario y showman con claros tintes fascistas o una exsecretaria de estado y exprimera dama, cuya mayor baza para convencer al ciudadano medio, sigue siendo la de suponer la única alternativa viable, ante el desastre más absoluto encarnado en la posible presidencia de Donald Trump.

Atrás quedan ya los tiempos en los que Bill y Trump compartían partidas de golf, las donaciones del magnate a los intereses de las campañas de los Clinton o los actos del empresario a los que los Clinton asistían dócilmente, porque como el propio Trump declaraba: “Cuando llaman, les doy, ¿y sabe qué? Cuando necesito algo de ellos, les llamo”

El mismo Trump que se resistía a pagar impuestos, el tipo racista, sexista y prepotente que hoy tanto critican desde el partido Demócrata, dono dinero a la fundación Clinton y ellos lo aceptaron. Lo único que quisieron ver entonces del magnate, fueron sus dólares y precisamente esa docilidad con el establishmenthace que promesas estrella en la campaña de Hillary, como la de no crear más impuestos para familias que ganan menos de $250,000 al año, la lucha contra los paraísos fiscales, el subir el sueldo mínimo nacional a 15 dólares por hora o ampliar las subvenciones educativas a bajo interés, caigan en saco roto ante un trabajador norteamericano,  ya demasiado habituado a ver como quienes dicen defender a la clase trabajadora de sus país, entregan el mismo a las manos del neoliberalismo más recalcitrante que ha terminado por arruinarlos.

Sin duda, Trump supone una amenaza directa para la libertad de prensa, para la libertad de las mujeres, para cualquier minoría en territorio norteamericano y puede que incluso supongo una amenaza directa para el propio planeta, pero para millones de estadounidenses, Trump también supone la última esperanza para recuperar sus vidas. Hablamos de estados como Michigan, Ohio, Pensilvania o Wisconsin que dibujan el cinturón industrial de EEUU, en donde el hartazgo con un partido Demócrata por el que se sienten traicionados, puede finalmente dar la victoria a un Trump que curiosamente sobreviviría en la vieja America fabril; atrayendo especialmente el voto de la vieja clase obrera blanca, mientras que su rival Hillary Clinton, debería confiar sus oportunidades al voto del miedo y el de la alta burguesía de su país.

Se enfrentan Hillary Clinton y el partido Demócrata a sus propios demonios, surgidos tras décadas de políticas liberales pactadas con los propios republicanos y especulación financiera sin límites que han transformado a los Estados Unidos, en uno de los países en los que más ha aumentado la desigualdadLa propia Clinton y su partido, han hecho posible que Trump llegue a ser el candidato que hoy es para su país. Hillary y los suyos, no dudaron en ningún momento en utilizar todos lo medios posibles, incluso la conspiración, para evitar que una alternativa de izquierdas pudiese convertirse en una realidad en el partido Demócrata. Jugaron sucio contra Bernie Sanders y lo hicieron para intentar absorber a una disidencia interna, la del movimiento Occupy Wall Street  que suponía una amenaza mucho mayor para el establishment de lo que sin duda, y pese a lo que pueda penar el ciudadano americano, puede llegar a representar Trump.

Que desde la izquierda se llegase a hablar incluso de galimatías psicológicos para intentar explicar el atractivo de Trump ante sus votantes, supone tan solo una clara muestra más de que muchos en el partido demócrata han traicionado a los suyos y sin embargo, parecen seguir negándose a reconocerlo.

Y mientras en el mal llamado mundo libre, muchos nos debatimos entre dos males, en países como Ucrania, Siria o Yemen miran al próximo residente de la Casa Blanca, con la triste perspectiva de quién sabe que gane Trump o gane Hillary, seguirán  los drones sembrando muerte en sus países, la financiación a fundamentalistas de todo tipo y las escuchas e injerencias sobre países soberanos que nada parecen deber a los Estados Unidos. Hace ya demasiado tiempo que la política estadounidense sigue su propia inercia demasiado alejada del pueblo y en gran parte también de sus candidatos. Pero si bien en ésta enorme distopía ante la que nos encontramos, uno parece ya no poder exigirle el fin de la muerte a la presidencia norteamericana, al menos si debiera poder pedirle que no disfrutase con ella. En ningún caso debiera de suponer una victoria de Hillary Clinton, la vuelta al silencio que trajo Obama tras el No a la Guerra de Bush, pese a la triste trayectoria del todavía presidente demócrata. Después de todo, no deberíamos olvidar el papel de la exsecretaria de estado en Libia.

Llegamos al final de la carrera presidencial en el mayor imperio de la tierra, con la extraña sensación de que durante los próximos cuatro años nada bueno puede salir de sus entrañas. Una lúgubre perspectiva la estadounidense que puede que nos anuncie desde ya, que en nuestro planeta, también se busca nuevo liderazgo.

“La nación que destruye su suelo, se destruye a sí misma”.

Franklin D. Roosevelt

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Autor: @SeijoDani

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental. 

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La huella del hambre

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Puede que muchos de los que lean estas líneas se dispongan a cenar o puede que lo hagan justo antes de preparar una buena comida o quién sabe, quizás hoy simplemente hayan decidido prepararse algo ligero. Lo que parece seguro, es que pocos o puede que ninguno, se haya parado a pensar en que en estos momentos, una de cada nueve personas en la tierra carecen de los alimentos básicos para lograr una vida saludable. Un total de 795 millones de personas que en el mundo que carecen de acceso a una alimentación básica, personas que en su mayoría residen en países como Afganistán, Haití, Tayikistán o Sierra Leona. Países en donde la cuestión alimentaria no se trata de la elección de marca o de una cuestión relacionada con la estética, sino de una disyuntiva entre la vida y la muerte. Una lucha por la subsistencia que se da en lugares lejanos y en menor medida, también se produce en las calles de nuestro país.

Nadie puede ya escapar de la visión de personas buscando alimento en los contenedores de nuestras ciudades. En un país desarrollado como España, en donde se vive un enorme retroceso en la lucha contra el hambre, a lo largo de un año, un tercio de todos los alimentos producidos acaba directamente en la misma basura en donde otros buscan “desperdicios” que les permitan sobrevivir. 7,7 millones de toneladas de alimentos de los que 1,36 millones se desperdician en los hogares, 25,5 millones de kilos a la semana, casi el 4,5 % de todos los alimentos que compramos. El despilfarro alimentario no sólo supone un problema económico y ambiental, sino principalmente ético. Ninguna sociedad debería ser considerada libre o democrática, mientras gran parte de sus miembros tienen problemas para lograr alcanzar una alimentación digna, en un entorno en el que diariamente desperdicia ingentes cantidades de comida debido a errores en la planificación de las compras o a criterios meramente estéticos hacia los alimentos. 

La lucha contra el despilfarro de alimentos, es un reto que comienza en nuestras cocinas y en cada visita al mercado. No en vano, al contrario de lo que sucede en países en vías de desarrollo, en donde el desperdicio se produce en los primeros pasos de la cadena de producción. En Occidente, el consumidor supone sin duda el principal responsable de la cantidad de comida que se tira. En nuestro país, el 72% de los consumidores  reconoce tirar alimentos al no organizar correctamente las compras; mientras que el 50%, lo hace al olvidarse de congelar ciertos productos que terminan almacenados en la nevera hasta que se echan a perder; y un 37% que reconoce desechar a menudo sobras de sus platos o neveras.

Como señala José Graziano da Silva   “Todos nosotros -agricultores y pescadores, procesadores de alimentos y supermercados, gobiernos locales y nacionales, consumidores particulares- debemos hacer cambios en todos los eslabones de la cadena alimentaria humana para evitar en primer lugar que ocurra el desperdicio de alimentos, y reutilizar o reciclar cuando no podamos impedirlo”.

  • Elaborar una lista de la compra en base a un menú semanal.
  • No dejarse llevar por las ofertas del tipo 3×2, con las que se tiende a comprar en exceso.
  • No ir al supermercado con hambre.
  • No guiarse sólo por la estética de los productos. “Los tomates menos rojos no son menos buenos”, recuerda Gemma Trigueros, Coordinadora de Alimentación de OCU.
  • Ser creativos en la cocina. Trigueros anima a recuperar “las recetas de aprovechamiento de la abuela: las croquetas, el potaje, la salsa verde”.
  • Si es posible, recurrir a la atención personalizada en el comercio. “Si acudes a la frutería del barrio, el tendero te puede regalar las zanahorias feas como se hacía antes”, comenta la experta. También existen iniciativas para acercar a productores y consumidores sin necesidad de intermediarios. En Madrid el primer sábado de cada mes se celebra el Día de mercado en Casa de Campo.
  • First in, first out, que básicamente significa consumir lo que lleve más tiempo comprado. Es decir, poner los yogures más nuevos al fondo y comerse primero los más antiguos.

En un país con 1.400 millones de hectáreas; un 28% de la superficie agraria, destinadas al desperdicio y en donde, en muchas ocasiones, debido a una política injusta de precios de las grandes compañías con los agricultores a los mismos les compensa más tirar la cosecha que recolectarla. El campo de actuación debe dirigirse no solo al consumidor final, sino a su vez a reducir el desperdicio de alimentos en primera instancia. Intentando con ello limitar las pérdidas de cultivos en las granjas debido a las malas prácticas y con un mayor esfuerzo para equilibrar la producción con la demanda, lo que  significaría no utilizar recursos naturales para producir alimentos que no sean necesarios. Por ello, desde organizaciones como la COAG se piden ajustes en los costes y se anima a la compraventa de productos sin intermediarios que entorpezcan la cadena de mercado. La lucha contra el despilfarro de alimentos supone una de las principales luchas contra la injusticia social. Somos los propios ciudadanos, los que debemos exigir a nuestros gobiernos la profundización en proyectos alternativos al sistema de producción, distribución y consumo de alimentos neoliberal. Un sistema que a todas luces ha resultado fallido en este campo.

El consumismo occidental, no puede transformarse con nuestra complicidad en la normalización de la pobreza alimentaria para amplios sectores de la sociedad. 

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Autor: @SeijoDani

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental. 

https://www.change.org/p/xulio-ferreiro-calle-berta-c%C3%A1ceres-en-a-coru%C3%B1a