Corbyn: El buda de los suburbios

Theresa May ha perdido la apuesta, la lideresa del partido conservador británico, no logra alcanzar la mayoría absoluta en el parlamento que le permitiría gobernar en solitario, y se verá forzada a buscar apoyos en un escenario político complejo, en donde el Partido Democrático Unionista y el Partido Liberaldemócrata, parecen sin duda, las opciones más factibles para ceder su apoyo a los conservadores en la hipotética formación de un nuevo gobierno. La intención de la Primera Ministra de lograr alcanzar un poder ejecutivo reforzado de cara a las negociaciones con la Unión Europea, los retos migratorios y los desafíos a la seguridad  tras los recientes ataques yihadistas, queda aplastada por la realidad de un parlamento (bloqueado) sin la existencia de mayorías absolutas.

Conservadores y Laboristas, encaran estos resultados electorales con sensaciones muy distintas. Mientras los conservadores pierden la mayoría absoluta en una campaña que comenzaba con sus máximos rivales en franca decadencias e inmersos en serias disputas internas por las dudas ante la idoneidad de Jeremy Corbyn como candidato, los laboristas, logran por su parte contra todo pronostico, un espectacular aumento en escaños, no tanto por su relevancia histórica para el partido, sino por lo inesperado de los resultados en el contexto de crisis global de la socialdemocracia.

Pese a los sondeos, gran parte de la prensa y un partido no demasiado dispuesto a seguir a su líder, Jeremy Corbyn, sin duda ha logrado sobreponerse a un desastre anunciado y resucitar de entre las cenizas no solo de su partido, sino de todo un movimiento político en su conjunto, para lograr una dulce derrota que dota de voz a los socialdemócratas en una legislatura en la que se puede decidir a grandes rasgos el futuro de los ciudadanos británicos para las próximas décadas. Lejos de suponer un verdadero giro a una alternativa de izquierda anticapitalista, Jeremy Corbyn representa poco más que  la vuelta a un socialismo anti establishment, una ruptura definitiva con el espíritu de la Tercera Vía, con la que Tony Blair llegó al poder tras la larga sombra de Margaret Thatcher sobre Downing Street.

A priori no debemos esperar grandes rupturas en materia internacional por parte del laborismo (El Brexit seguirá su camino) pero sí hemos de esperar un liderazgo fuerte de cara a buscar la implantación de mayores políticas sociales y una nueva realidad económica, por parte de un Jeremy Corbyn que durante sus más de 30 años como diputado, ha trabajado cara a una mayor redistribución de la riqueza gracias a un ideario centrado en tres puntos básicos: más Estado, más inversión y más impuestos. Los nuevos laboristas no parecen tener miedo a hablar de mayores impuestos o una mayor inversión, siempre teniendo en mente, que será sobre  los más favorecidos del país, sobre los que recaiga la mayor parte del esfuerzo para mejorar las prestaciones del estado.

Ha sido este punto y no otro, en donde Theresa May ha dejado escapar gran parte de la aparentemente insalvable ventaja con la que contaba sobre los laboristas, pese a las continuas promesas de una mayor regulación para las empresas y la aparente apuesta del partido por una política liberal más humana con las clases populares, la credibilidad de los tories en este sentido, hace ya tiempo paso a ser escasa. Tampoco resultó de gran ayuda la aparición en plena campaña electoral de la controvertida fórmula con la que May pretendía reformar la financiación de la asistencia de los mayores en el hogar (la tasa de la demencia) una impopular propuesta que terminó con la retirada de la misma incluso antes de los comicios, demostrando una clara inestabilidad entre los conservadores justo en la recta final de los comicios.

Su apuesta por una salida rápida y sin fisuras de Europa (“Brexit significa Brexit… no debe haber intentos de permanecer en la UE, ni intentos para volverse a integrar por la puerta de atrás ni una segunda consulta”) de cara a unas negociaciones formales que deberían arrancar apenas transcurridos ocho días de la cita con las urnas y su dilatada experiencia al frente del ministerio de Interior, parecían no hace demasiado tiempo asegurar según todas las encuestas, la victoria a Theresa May, pero en su primera cita con las urnas, los resultados no han sido los esperados.

Tras los resultados electorales, Theresa May encara un futuro realmente complicado, con menos apoyos que nunca y una agenda política que atendiendo a sus propias palabras a mitad de campaña, “en caso de perder 6 escaños ya habría perdido las elecciones”, “y Jeremy Corbyn debería sentarse a negociar con Europa” podría estar ya en manos de un renacido Jeremy Corbyn, pero también podría suceder que esas palabras se tratasen tan solo de una promesa electoral sin contenido más pese a la perdida de importantes escaños, después de todo, los resultados electorales son demasiado estrechos y el futuro de Reino Unido demasiado ambiguo, como para que cualquiera de las dos partes renunciase a su cuota de poder.

Laboristas y Conservadores se disputarán finalmente en la mesa de negociaciones el liderazgo de un país en guerra contra el yihadismo, en plena ruptura con Europa y con una importante crisis migratoria y cultural,  que pese a todo, ha dejado el eurófobo UKIP, como el gran perdedor de la noche.

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Macron o el caos

Finalmente la mayoría de las predicciones electorales se han cumplido y la estrecha victoria en la primera vuelta de las presidenciales del candidato de En Marche! (En Marcha!) apenas 2,4 puntos por encima de la ultraderechista Marine Le Pen devuelven a la población francesa la disyuntiva del mal menor que tanto parece recordar a las elecciones presidenciales de 2002. Entre los principales damnificados, Benoît Hamon y François Fillon, candidatos de los partidos tradicionales que han visto como sus respectivas candidaturas eran arrasadas por una nueva política (en ocasiones con un trasfondo tan viejo como el propio fascismo) para por primera vez desde 1958 dejar a los franceses sin un candidato socialista o conservador en el que poder confiar su voto en la segunda vuelta. Francia parece así haberse olvidado definitivamente del bipartidismo, dejando tras de si a un Partido Socialista pasokizado y a unos conservadores muy tocados anímicamente tras el PenelopegateUn partido conservador que sin embargo ha visto, como su candidato François Fillon era capaz de mantener la tercera posición con una defensa basada en el absurdo y la negación sistemática muy al estilo del modus operandi utilizado al otro lado de los Pirineos. Parece que al igual que allí, las promesas incumplidas y la traición al discurso de la izquierda tradicional, han pesado más en el aparente trasvase electoral a nuevas formaciones que la corrupción en el seno de la derecha.

A la hora de buscar explicaciones a lo ocurrido, la decepción con el gobierno de François Hollande y la clara renuncia de la izquierda francesa a la posibilidad de aplicar políticas alternativas al liberalismo, parecen encontrarse entre las principales causas de un escoramiento a la derecha en el electorado francés, que sin duda puede dar explicación en gran medida a la renovada fortaleza de un Frente Nacional que ha sabido interpretar perfectamente los tiempos políticos necesarios para con estudiada paciencia, comenzar a recoger los frutos sembrados en aquel dique de contención que la V República construyó con endebles cimientos en 2002 contra el viejo Jean-Marie Le Pen. Aquellas elecciones en las que el delincuente pareció vencer abultadamente al fascista parecen haber dejado tras de si un sentimiento de profunda decadencia en la política tradicional que quince años después, ha logrado transformarse en los anunciados fracasos de François Fillon Benoît Hamon, así como en el renacer de una alternativa fascista que en manos de Marine Le Pen ha sabido modular su discurso para aprovecharse del desencanto de una izquierda que desde Chirac se encuentra totalmente mimetizada con las doctrinas liberales y una derecha en rápido proceso de Lepenización fruto de una constante amenaza terrorista que mucho me temo, ha pasado ya a suponer un actor electoral más en nuestro continente.

Y ante estos resultados de nuevo la amenaza de “nosotros o el caos” a la que socialistas y republicanos han dado una inmediata respuesta expresado su firme apoyo al candidato de En Marche! con la intención de lograr detener la amenaza real de un gobierno de Marine Le Pen tras la segunda vuelta. Mientras por su parte, Jean-Luc Mélenchon, el candidato de la verdadera izquierda francesa, en un acto que lo honra prefirió convocar a a las más de 450.000 personas registradas en La France Insoumise a decidir su postura a través de una votación electrónica que decantará su línea de actuación de cara a la segunda vuelta. Una postura de indecisión o prudencia en La France Insoumise que se suma a la de La France Debout, si bien la formación gaullista renuncia a la consulta popular y decidirá su postura tras una reunión entre sus dirigentes.

Son pocas las alternativas para los franceses, en apenas dos semanas el ultraderechismo de Le Pen o ultraliberalismo de Macron se abrirán sin alternativa camino a la presidencia francesa y a estas alturas, las posturas de los partidos de la oposición no parecen diferir mucho de un sí o un no incondicional a Macron. Si bien parece obvio que nadie en su sano juicio podría confiar su voto a Marine Le Pen desde la izquierda ¿Acaso Cabría un gramo de cordura en el voto a Macron?

Apoyar a Emmanuel Macron es dar el voto al ejecutivo de la jungla de Calais, el bombardeo de Siria o la violencia policial. Supone respaldar al enemigo de clase, a la casta, a quién durante años ha propiciado el auge de la extrema derecha con sus políticas de privatizaciones y recortes, para a continuación pedir el voto de la pinza en la nariz por responsabilidad política. La única solución verdaderamente digna para el votante francés es la del pulso a Macron y al liberalismo frente al chantaje de una derecha liberal que se muestra incapaz de ceder terreno en su cruzada contra los trabajadores para frenar al fascismo (Un fascismo que parece incomodar menos al poder que una alternativa de izquierda a su modelo económico y político)

Si Macron quiere el voto de la izquierda, deberá renunciar a disputar la presidencia a Le Pen en campos como la criminalización del emigrante, la persecución de las minorias, la islamofobia o el aumento de la militarización de la vida ciudadana. Es hora de comprender que votar a las políticas de Le Pen para vencerla, supondría al igual que en 2002, una nueva victoria a largo plazo del Frente Nacional.

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El comodín venezolano

De nuevo el interés mediático se adentran en las entrañas de Venezuela para con abundancia de focos internacionales y editoriales epopéyicos, trasladarnos por enésima vez un golpe de estado en el seno de la revolución bolivariana. Los mismos noticieros que en 2002 celebraron en sus páginas el golpe de estado contra Hugo Chávez y se encargaron de silenciar la violencia opositora en las denominadas guarimbas, hacen ahora su aparición en la agenda del país latinoamericano para arremeter en sus páginas contra una resolución del Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela que suspende temporalmente las atribuciones de la Asamblea Nacional. Curiosamente, quienes no hace demasiado tiempo hacían correr ríos de tinta acerca de la posible suspensión de la autonomía de Cataluña, se sitúan ahora del lado de una oposición anticonstitucionalista con la clara intención de atacar al gobierno venezolano, en una decisión cuya responsabilidad cabe recordar debe atribuirse al Tribunal Supremo de Justicia y no el Presidente Nicolás Maduro. Por suerte para ellos, nunca la incoherencia editorial había resultado tan barata.

En medio de una fuerte convulsión social y política, la escalada de violencia contra el gobierno iniciada por una oposición venezolana que incomprensiblemente ha visto en la representación parlamentaria, una patente de corso para el desacato a las directivas del resto de instituciones del estado, debe ser analizada en el contexto de un largo pulso ideológico iniciado durante los años de gobierno de Hugo Chávez por una oposición que únicamente basa su alternativa de gobierno en un rejunte de sectores dispares cuyo objetivo común no va muchos más allá del rechazo visceral al chavismo y a todo lo que este representa. Un objetivo perseguido con el continuo desprecio a las normas democráticas comunes, que ha encontrado una nueva forma de tensar la ya de por sí frágil convivencia social en Venezuela en un proceso por delito electoral iniciado por el TSJ contra tres representantes parlamentarios de la oposición. Desde un principio, la actuación del Parlamento Venezolano fue la de mantenerse al margen de la ley, negándose a aceptar las disposiciones judiciales que le impelían a actuar de acuerdo a las normas de la Constitución vigente. Llegando incluso a declararse en desacato con el objetivo de juramentar como diputados a los tres candidatos impugnados por corrupción política.

Agotadas las acciones del máximo tribunal de Justicia venezolano por hacer valer su autoridad, el organismo judicial decidió en última instancia anular las atribuciones de la Asamblea Nacional en medio de una situación política en el que el Poder Legislativo buscaba deponer al Jefe del Estado por vías claramente anticonstitucionales. Para ello, la Asamblea Nacional no duda en iniciar el 9 de enero de 2017 un “juicio político” al presidente Nicolás Maduro en el que todos los diputados de la oposición salvo los del partido de Henry Falcón, conscientes de la gravedad de los hechos, votaron a favor de un “Impeachment” en una actuación que no contempla la Constitución venezolana.

Ante la gravedad de las actuaciones de la oposición y en un último intento por hacer valer la constitución vigente, el oficialismo tomó la decisión de abstenerse de participar en las sesiones parlamentarias hasta que se retomase la senda democrática, pero lejos de rectificar sus postulados o intentar abrir vías al diálogo, la actuación de la oposición tensó aún más la cuerda al promover la decisión unilateral de pedir la activación contra Venezuela de la Carta Democrática de la Organización de Estados Americanos (OEA), en un movimiento que debe interpretarse como el paso previo para justificar una intervención militar externa en el país. Con ello, la autodenominada Mesa de la Unidad Democrática (MUD) volvía a hacer uso de funciones constitucionales exclusivas del presidente venezolano en la búsqueda enfermiza de sus propios objetivos políticos. Objetivos que a tenor de sus actuaciones, parecen únicamente encaminados a incendiar las relaciones políticas entre los partidarios del gobierno y la oposición para intentar ganar en las calles un poder que únicamente deberían otorgar las urnas.

La suspensión de las atribuciones de la Asamblea Nacional, se enmarcan en una relación tensa entre los órganos judiciales y el parlamento venezolano que terminan alcanzando un punto insostenible de convivencia tras una decisión judicial que si bien se enmarca dentro de la absoluta legalidad y es tomada tras numerosas provocaciones por parte de la oposición parlamentaria, ciertamente puede abrir la puerta a consecuencias imprevisibles para la política venezolana. La adopción de la ley de Hidrocarburos, supone un simple mecanismo legal de mediación entre poderes representativos ante un conflicto de interpretación constitucional, que permite al Tribunal Superior de Justicia erigirse en árbitro para asumir las competencias de una Asamblea en situación jurídica de desacato, que impide con su actuación la firma de acuerdos comerciales de vital importancia para el desarrollo del país. Lejos de un intento de golpe de estado, lo único que está haciendo el tribunal supremo, es asumir unas competencias concretas para evitar que Venezuela se paralice por causa del desafío a la constitución ejercido desde de la oposición. Un resorte que sin duda el chavismo ha previsto fruto de la experiencia acumulada en anteriores intentonas golpistas desde la  guerra económica.

Cuando la Asamblea venezolana decidió desconocer el poder legítimo del Presidente, era plenamente consciente de que se estaba poniendo al margen de la Constitución al colocarse por voluntad propia en situación de desacato. Es solamente en ese punto y nunca antes, cuando ante la existencia de un conflicto constitucional entre poderes el Tribunal Supremo de Venezuela asume las competencias del Parlamento para hacer respetar la legalidad. La manipulación mediática y la desinformación, sin duda han vuelto ha realizar su trabajo en Venezuela trasladando una imagen claramente sesgada a la opinión pública internacional. Analizar lo ocurrido en el país latinoamericano como un golpe de Estado es un insulto a la inteligencia de los lectores, además de una forma clara de posicionarse en el bando los aliados de la oposición en un proceso que tiene como trasfondo una dura batalla ideológica por el control político de América Latina. Quienes hoy alzan sus plumas al vuelo contra el gobierno de Nicolás Maduro son los mismos que callaron o incluso llegaron a festejar en sus páginas lo sucedido en Honduras, Paraguay o Brasil.

Presionado por la comunidad internacional el TSJ venezolano ha decidido dar marcha atrás a su decisión dejando con ello impune el desafío de la oposición a la constitución del país, con lo que se demuestra que el verdadero peligro para Venezuela sigue encontrándose en una opinión pública internacional ciertamente desinformada sobre el trasfondo político del país y en una oposición parlamentaria dispuesta a utilizar un discurso favorable en los grandes medios para provocar progresivamente una política de conflicto. Solo el tiempo dirá si la desinformación puede vencer a la democracia en Venezuela.

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Autor: @SeijoDani

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Amancio, enséñame a pescar

Empecemos siendo claros, que la Fundación Amancio Ortega haya anunciado que donará 320 millones de euros a la Sanidad pública española para la compra de aparatos de diagnóstico y tratamiento del cáncer es una buena noticia, un servidor no pone en duda tan “dichosa nueva”, ni a estas alturas del partido, pretende predicar en el desierto la necesidad de devolver la donación de uno de los grandes magnates del capitalismo por alguna especie de revanchismo ideológico, no se trata tampoco de sacar a colación alguno de los pecados capitales de Amancio Ortega, sino que en un contexto en el que según cifras de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), una de cada tres personas tendrá algún tipo de cáncer a lo largo de su vida, lo que se encuentra realmente en el centro del debate, es la necesidad de garantizar un sistema de salud lo suficientemente sólido como para poder hacer frente a tan dantesco desafío. Y en este sentido por muy extraño que parezca, los millones donados por la poderosa fundación, no hacen más que agravar el problema.

La generosidad de Amancio Ortega, llega en medio de una crisis económica que ha afectado de una manera notable a un sistema sanitario español, que si bien siempre hemos considerado como uno de los mejores del mundo, hemos de admitir que nunca nos hemos molestado en mantenerlo o mejorarlo con la importancia requerida para ello. Con un recorte de 12.000 millones en gasto público desde 2009, y una política de ajustes que recorta el número de camas al tiempo que alarga insoportablemente las listas de espera, el desmantelamiento de la sanidad pública española continúa su avance, al tiempo que la empresa privada hace su aparición en escena, apoyada por una derecha política que de cara a la opinión pública reitera ser la más firme defensora del sistema sanitario de todos, pero que en su día a día prefiere realizar su apuesta por lo privado en el servicio y en las adjudicaciones, al tiempo que sus políticas provocan la degradación de un patrimonio que nos pertenece a todos.

Amancio Ortega, no pretende cuestionar un modelo en donde el parasitismo de lo privado sobre lo público amenaza con instaurar una sanidad a dos velocidades, ni tampoco abre en nuestro país un debate que se antoja más acuciante que nunca acerca de las vías de financiación adecuadas para sostener las necesidades de nuestro sistema sanitario. La donación de la Fundación Amancio Ortega, se trata simplemente de caridad, caridad en el más estricto sentido friedmanita, entendida esta como aquella que ejerce el económicamente opulento sobre el más necesitado. La iniciativa del magnate de Inditex profundiza en una concepción jerárquica de la sociedad, que pretende sustituir el concepto de estado basado en redes de solidaridad y apoyo mutuo, por una relación desigual que deja de orbitar en torno a los derechos y necesidades del conjunto de la ciudadanía para pasar a responder únicamente a los caprichos de quién por su situación económica puede destinar parte de sus recursos a la caridad, ya sea con el objetivo de conseguir mayor publicidad, lavar su conciencia o simplemente con la intención sincera de proporcionar ayuda. Sea cual sea la motivación primigenia de “tan loable gesto”, lo cierto es que con él, continua profundizándose en la vinculación, pensemos que inconsciente entre los intereses del hacendado y el porvenir del populacho.

Ortega, al contrario que muchos de sus compañeros más favorecidos, no ha ligado su solidaridad a una petición de subida de impuestos con las que fortalecer la financiación de escuelas, carreteras, programas de ayuda o centros sanitarios públicos. El concepto de altruismo del fundador de Inditex está más relacionado con su humor o sus apetencias, que con el compromiso en firme de un pacto social recaudatorio común. El mismo empresario que regateó con Hacienda 33 millones de euros por su impuesto de patrimonio y cuya empresa evitó pagar 600 millones en impuestos recibe ahora los elogios de una sociedad por un acto, que como el diputado de Podemos “>Iñigo Errejón recordaba, era el de quién “se va sin pagar la cuenta de una cena de postín pero deja una propina generosa en la mano del camarero”. En una sociedad en donde las familias aportan 50 veces más en impuestos que las grandes empresas, una reforma fiscal que permita una financiación adecuada de las políticas sociales y el cumplimiento de cada ciudadano con sus obligaciones tributarias, supone una necesidad mucho mayor que la de ligar nuestra salud o nuestras necesidades al buen discurrir de las finanzas del señor Ortega.

No se trata de verter críticas contra la solidaridad individual o de una cruzada contra el fundador de Inditex, se trata de poner sobre la mesa las reglas del juego y recordar que uno no puede hacer trampas para posteriormente repartir parte de sus ganancias entre los demás y esperar luego su agradecimiento. Esto sin duda, terminaría llevando a una situación en la que el propio juego se corrompa. La solidaridad de la burguesía española ha sido siempre una solidaridad de cortijo, propia de quien parasita en la medida de lo posible el esfuerzo del trabajador, para a continuación desde una supuesta posición de superioridad moral decidir sobre su destino. Algo que hasta ahora ha resultado posible gracias a un parlamento en el que siempre han primado los intereses de las grandes fortunas por encima de los del conjunto de la ciudadania. No se trata de una crítica sin sentido a la donación de Amancio Ortega, sino de una negativa a sustituir la solidaridad y el compromiso, por la caridad y el egoísmo de quien se permite defraudar a Hacienda, para a continuación donar parte de lo defraudado. El gen del egoísmo desmedido de gran parte del capitalismo y no ningún otro, es el principal comportamiento que hay que extirpar de la sociedad.

“Regala un pescado a un hombre y le darás alimento para un día, enséñale a pescar y lo alimentarás para el resto de su vida”

Proverbio Chino

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The King in the North

La política del Eurogrupo durante la crisis griega se encargo de dejarnos claro dos cosas, una es que el carácter del neerlandés Jeroen Dijsselbloem no soporta demasiado bien los desafíos a su programa de autoritarismo económico, y la otra es que pese a no contar con el respaldo del sufragio de la ciudadanía, el Eurogrupo sin duda resulta uno de los mayores instrumentos para implantar en Europa los postulados económicos del neoliberalismo.

Los efectos de la crisis económica, lejos de suscitar los profundos debates ideológicos u organizativos, necesarios en el seno de la Unión Europea para profundizar en una mayor integración política, han desembocado en la total hegemonía de los intereses alemanes sobre el conjunto de la eurozona. Apoyada en el FMI y el BCE, Alemania impulsó la asfixiante presión de los mercados financieros sobre los países deudores que transformo los rescates de Grecia, Portugal, Irlanda o España, en una fuente de impulso para su propia economía, al ver como el aumento del precio de los créditos de esos países era acompañado con un abaratamiento de los costes de refinanciación de los bonos alemanes. Un modelo económico del Euro impuesto para cimentar la consideración internacional de Alemania como un valor refugio, que obliga a los gobiernos del sur de Europa a implantar políticas económicas destinadas en su mayor parte a garantizar el pago de la deuda, y que a su vez, traen consigo los tan temidos recortes que junto a una reducción de los ingresos laborales y a una apuesta única por las exportaciones, terminan profundizando en la desindustrialización del sur de Europa y socavan toda posibilidad de crecimiento y competencia en el seno del Eurogrupo.

El proceso de narcisismo económico que se plantea en Alemania para Europa, se ve completado con una concepción sumamente paternalista de las relaciones de solidaridad y responsabilidad dentro de la Unión. Lejos de culpar por  los efectos de la crisis económica a las políticas de la banca y los fondos de inversión, llevadas a cabo con el beneplácito de los Bancos Centrales y la connivencia de los políticos, Wolfgang Schäuble y  Angela Merkel, se han posicionado siempre entre los principales adalides de aquellos que veían en la desenfadada forma de vida del sur de Europa la causa principal de todos sus males. A nadie deberían extrañar por tanto las declaraciones de Jeroen Dijsselbloem en las que asegura que en la crisis del euro, los países del Norte se habían mostrado solidarios con los países en crisis, pese a que estos se gastaban todo su dinero en licor y mujeres para a continuación pedir ayuda. El pensamiento de Jeroen Dijsselbloem es el del emperador romano frente a los barbaros incivilizados del Sur de Europa, una horda de vividores empeñados en pasar sus horas entre copas de licor, rayas de cocaína y hermosas mujeres, todo ello financiado con fondos europeos. Abandona su discurso el presidente del Eurogrupo a una serie de tópicos muy manidos, para intentar culpabilizar a una parte de la ciudadanía europea que probablemente sea la que más está sufriendo en sus propias carnes los efectos de sus políticas económicas.

El sexismo y la xenofobia de las palabras de Dijsselbloem, parecen destinados a esconder ante la opinión pública europea los nada menos que 40.900 millones de euros que en los últimos cinco años Alemania se ha ahorrado por los bajos tipos de interés que paga por su deuda o el despilfarro  realizado por la propia locomotora europea. Una realidad, la de un Sur de Europa supeditado a los intereses y dictados de un neoliberalismo económico que lo ahoga, que a un supuesto socialdemócrata como Dijsselbloem, parece preocupar en mucha menor medida que lo que él considera modo de vida libertino propio del mediterráneo. La respuesta de los países del Sur de Europa no se hizo esperar en forma de exigencias formales de disculpas y peticiones de dimisión ante lo que es considerado como un insulto directo, además de una justificación implícita de las políticas xenófobas que comienzan a implantarse con firmeza en diferentes gobiernos europeos. Lejos de presentar su dimisión, Dijsselbloem se ha intentado escudar en malabares ideológicos con la teoría weberiana para justificar en la moral calvinista holandesa, un discurso que nada parece tener que ver con la religión a no ser que queramos ver en las palabras del presidente del Eurogrupo una reacción ante la Europa católica, en un contexto en el que Papa Francisco ha alertado en numerosas ocasiones acerca del peligro de las dictaduras económicas. Puede que la parte calvinista de quién no soporta demasiado bien los desafíos haya tenido algo que ver en toda esta polémica, pero todo parece indicar que se trata de un nuevo toque de atención de Alemania y del propio Eurogrupo para recordar la jerarquía existente. Al fin y al cabo las palabras de Dijsselbloem tan sólo suponen una forma más directa e inhumana de trasladar el discurso institucionalizado de la Europa de las dos velocidades

Las opciones parecen ya escasas pero claras para los gobiernos del Sur de Europa. En un contexto de pretendido vasallaje económico y político, la única alternativa viable para garantizar el proyecto común europeo se dibuja en un replanteamiento ideológico de igual a igual. Alemania y el resto de países de la Unión, deben comenzar a ver en la diversidad y en la fortaleza de las partes el principal valor Europeo. La concepción de solidaridad y cooperación en el seno de la Unión Europea debe plantearse en términos de rentabilidad global, y no como una balanza de intereses nacionales en el que unos estados se impongan sobre otros  con mayor asiduidad de la que resultaría deseable.

Dijsselbloem ha escupido con insolencia a la cara de los europeos lo que hasta ahora suponía el pensamiento mayoritario entre muchos de sus dirigentes. Su dimisión sin duda resulta necesaria por dignidad y por la responsabilidad política que mantienen los representantes de los gobiernos del Sur de Europa con sus habitantes, pero si no deseamos que únicamente sea la forma del discurso lo que cambie en Europa, es hora de plantear desde el Sur un pulso ideológico mayor.

“La República Federada de Europa es lo que debe ser. La evolución económica exige la abolición de fronteras nacionales. Si Europa debe permanecer dividida en grupos nacionales, entonces el Imperialismo recomenzará su trabajo. Sólo una República Federada de Europa puede dar la paz al mundo.”

León Trotsky

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La quinta columna del Yihadismo

De nuevo el horror, los gritos incesantes, el pánico, los llantos, la sangre. Enseguida el ruido lejano de las sirenas, nombres lanzados al aire con desesperación entre un constante grito sordo que parece como llegar de otro mundo, desde otras fronteras, mucho más allá del puente de Westminster o del propio Londres. De pronto un horror global capaz de imponer su tortura e inducir el pánico en un campo de desplazados en Nigeria, arrasar Damasco o golpear Alepo, hace su aparición en Londres sin que el color de nuestra piel, nuestras creencias o las afiliaciones políticas, parezcan importar cuando la sangre de personas inocentes comienza a derramarse a escasos metros pero todavía a una distancia insalvable de la Square Mile, el Número 10 de Downing Street o el Palacio de Buckingham. Allí estas muertes tardaran unos días en cobrar su sentido en forma de nuevos bombardeos, acalorados debates políticos o condolencias cargadas de medias verdades, silencios demasiado sonoros y palabras huecas como única forma oficial de consuelo.

En la acera, el sin sentido de más muertes. Entre ellas la de Aysha Frade, una profesora de 43 años de origen gallego, concretamente de Betanzos, a apenas cuatro kilómetros desde donde ahora escribo. Una conexión anecdótica quizás, pero lo suficientemente directa para que su muerte me haga pensar un poco más,  para que me resulte sencillo empatizar sin dificultades con el dolor de su familia e imaginarme las circunstancias que pudieron rodear a su muerte, seguramente un día normal para ella, camino del trabajo, una cita o de la universidad, un coche a toda velocidad, el caos y en un instante el miedo.

El miedo es un arma poderosa, mucho más que un coche, un cinturón bomba o un kalashnikov, el miedo puede enquistarse y perdurar en tu mente, en una sociedad o incluso en todo un continente, haciendo que se levanten nuevos muros de odio y segregación entre nosotros y ellos. Unos muros que son realmente lo único capaz dar sentido a esas muertes para quienes las cometen. Ningún Dios, ni ninguna bandera, pueden provocar mayor fanatismo que aquel que se cría y se reproduce en la miseria oculta al otro lado del muro. Barreras y concertinas que demasiadas veces se trasladan a nuestros barrios en forma de violencia policial, marginalidad, aislacionismo y una sensación de desarraigo cultural, propia de quienes generación tras generación han visto como se les negaba un hogar a ambos lados de la frontera.

No me malinterpreten, no pretendo justificar el yihadismo o decir algo así como que en Occidente nos lo tenemos merecido por todo el dolor acumulado por los pueblos oprimidos del mundo. No creo que funcionen así la cosas, al menos no deberían hacerlo. Pero sí creo firmemente en que los enemigos ya se encontraban dentro de nuestras fronteras antes de que comenzase todo esto. Cuando Osama bin Laden era un luchador anticomunista, las madrasas de Pakistán patentaban por primera vez el modelo de radicalización que arrasaría medio mundo y Yugoslavia sufría por primera vez un ataque destinado a desintegrar a una sociedad que jamás volvería a recuperarse tras aquella guerra. La brutalidad de la  Operación Fuerza Aliada, traslado a Yugoslavia el horror que había reinado en AfganistánNiños más familiarizados con el sonido de los cazas que con la alegría propia de un patio de colegio, tropas extranjeras, matanzas, guerra santa… Cuando las escuelas se vacían el fanatismo hace acto de presencia. Mucho después de que la OTAN o el ejercito Estadounidense haya abandonado el lugar a su suerte, tras el proceso de pacificación, cuando las cicatrices de la guerra solo pueden curarse con un cerrazón sobre las propias creencias, y la búsqueda de un sentido mayor a tanto sufrimiento. Es entonces cuando desaparece la lógica de las víctimas inocentes, entre campos de refugiados, barrios empobrecidos y cantidades ingentes de propaganda religiosa, alimentada incesantemente por nuestras campañas de democratización armada. Desde Occidente, la opinión pública pretende buscar una lógica de paz a los actos llevados a cabo por quienes se encuentran inmersos en una guerra global.

Un mundo islámico dividido entre guerras de poder internas, geopolítica intervencionista y demasiadas veces, una lógica  cimentada entre la caridad y las armas, con una herida abierta en común en tierras palestinas en donde la ocupación israelí y el posterior holocausto palestino sirvieron como campo de experimentación a la yihad global. Asesinatos selectivos y guerras televisadas con el único objetivo de reducir a cenizas cualquier alternativa política en Palestina, que pudiera simbolizar una esperanza de unidad. El Panarabismo moría al tiempo que des sus cenizas surgía un nuevo monstruo criado entre la sangre de inocentes, y alimentado por la sed de venganza. La guerra de Irak supuso la madurez de la yihad global, una guerra exclusivamente por recursos, cimentada entre mentiras y la total impotencia de las organizaciones internacionales ante el poder del imperio.

De las ruinas de Irak surgiría Al Qaeda como embajador global del terror, una imagen de marca del yihadismo al que como no podía ser de otra manera en una sociedad capitalista, pronto le siguieron numerosas franquicias y competidores. Una lógica de mercado aplicada al terror, que ha salpicado a todo el planeta con su sin razón, con su barbarie. Trasladando de forma indiscriminada el dolor de la guerra a lugares como Riad, Bali, Monbasa o Madrid. Un fanatismo, capaz de transformar la primavera de la esperanza en el más absoluto invierno. Egipto, Libia, Siria, Yemen, juguetes rotos en el tablero global de la geopolítica, que pronto formarían un autentico reino del terror en forma de un pseudocalifato apócrifo capaz de trasladar el infierno a la tierra.

No existe algo así como la seguridad global basada en las armas, no existen vallas, cuerpos de seguridad o protocolos antiterroristas capaces de impedir que el dolor de un mundo a la deriva nos salpique. No existe una política mágica capaz de erradicar al fundamentalismo de nuestras fronteras, resulta necesario tiempo para revertir décadas de etnocentrismo, debates sesgados, guetos y una la política basada en el miedo a lo diferente. Se necesita todo lo contrario a los valores de los que hoy hace gala Europa, una sociedad que ha olvidado sus propios demonios para de nuevo mostrarse impasible ante el auge de la xenofobia. Un  continente en una profunda crisis de valores, que la actual crisis económica no ha hecho más que profundizar.

No pretendo justificar el terrorismo, no creo que un artículo pueda llegar a cumplir tal fin por mucho que los de siempre se empeñen en tergiversarlo. El terrorismo, al igual que la guerra o la desigualdad social, tienen causas que lo provocan. Causas oscuras en demasiadas ocasiones y por norma general, muy alejadas de todos aquellos que derraman sangre inocente en una calle en Londres o en un lejano desierto. Nuestro deber con ellos, nuestro deber como sociedad, es el de intentar comprender los oscuros motivos que llevan a alguien a abandonar toda esperanza, con el único objetivo de matar, de provocar dolor. Solo así, podremos poner fin a un invierno moral ya demasiado largo.

“Nosotros representamos el futuro de Pakistán, un futuro en el que no tiene cabida la ignorancia, la intolerancia, y el terrorismo.”

Benazir Bhutto

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Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres, te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña, por el nombre de la activista medioambiental.

Desde DowJones te agradecemos tu colaboración.

https://www.change.org/p/xulio-ferreiro-calle-berta-c%C3%A1ceres-en-a-coru%C3%B1a

Nuestro derecho al cannabis

Por Daniel Seijo

Uruguay, Holanda, México, Brasil, Puerto Rico, Israel, Jamaica, Portugal, Croacia, República Checa, Canadá, Irlanda, Corea del Norte, Dinamarca e incluso numerosos estados de Estados Unidos. El cannabis la droga ilegal más consumida del mundo, comienza a abrirse paso en numerosos países que cuentan ya o planean incorporar a su legislación alguna forma legal de consentimiento para su producción o consumo.

El debate sobre la legalización se encuentra entre las grandes asignaturas globales pendientes desde hace décadas. Resulta sorprendente comprobar como en un sistema en donde los valores del individualismo y el consumo son exaltados por encima de cualquier otra idiosincrasia, la política prohibicionista llevada a cabo por los estados ha logrado imponerse culturalmente sin que haya existido a penas un debate público serio sobre sus posibles consecuencias. En la actualidad la práctica totalidad de los estados poseen algún tipo de legislación que restringe el cultivo, consumo o comercialización del cannabis, pero han sido pocos los gobiernos que han optado por encontrar una alternativa legal capaz de superar los efectos negativos producto del prohibicionismo y menos aún, los que han encarado un debate social que de voz a la ciudadanía que supondría la auténtica respuesta  sobre el derecho a las drogas.

El cannabis está catalogado por la Drug Enforcement Administration estadounidense con la Clasificación I, considerada como una droga peligrosa sin ningún beneficio médico válido, lo mismo que la heroína, LSD y PCP. Una medida drástica tomada a pesar de que a lo largo del tiempo, numerosos de los estudios científicossociológicos en los que se respaldan los organismos prohibicionistas para tomar una medida tan radical como la ilegalización, han sido en numerosas ocasiones refutados por investigaciones con mucho menor apoyo económico e institucional. En la actualidad la política prohibicionista para las drogas, permanece vigente en nuestra sociedad, sustentada primordialmente en conceptos tan alejados del debate racional como la moralidad o el paternalismo, una cruzada global contra las drogas que ha pasado a convertirse  en una de las mayores imposiciones morales de nuestro tiempo.

El cannabis resulta de lejos la droga más cultivada, traficada y consumida ilícitamente en nuestro planeta con cerca de 147 millones de consumidores anuales (el 2,5% de la población mundial) que fruto de la ilegalización se encuentran ante un contexto de total desinformación en donde la táctica del miedo y la persecución policial ha proscrito la producción y el consumo del cannabis al mercado negro. El cáñamo, una de las sustancias más utilizadas en la farmacopea tradicional desde la Edad Media hasta el siglo XX, se ve así sometido a una cruzada política y legal que si bien nunca ha conseguido el objetivo de disminuir el número de consumidores, sí ha provocado un efecto perverso cuando se trata del uso de drogas, el de la total ignorancia sobre los posibles efectos del cannabis y la total dependencia del mercado negro para abastecerse.

Mientras continua la pasividad ante la persecución a una sustancia que al contrario que el alcohol, la comida basura o el tabaco, nunca ha registrado casos de muertes directamente achacadas a su consumo. El uso medicinal del cannabis, que se rememora miles de años atrás a través de numerosas culturas, continua en nuestro siglo vedado a la investigación impidiendo el desarrollo de proyectos encaminados a paliar síntomas como las náuseas y vómitos producidos por la quimioterapia, el dolor y la espasticidad muscular en personas con VIH/SIDA o el dolor crónico. Si bien la moralidad ha jugado un papel primordial en la ilegalización del cannabis, algo ilógico pero asumido cuando se trata de su uso lúdico, cuando de lo que se trata es de permitir su uso medicinal para intentar paliar las dolencias de numerosos pacientes, el razonamiento científico debe sin duda suponer el espejo en donde se mire la legislación en cualquier sociedad, en donde la santa inquisición hace tiempo que haya desaparecido.

La expansión de la conciencia y al uso recreativo del cannabis supone sin duda un reto para una sociedad apenas acostumbrada al libre consumo de drogas, pero décadas después, el fracaso de las políticas prohibicionistas ponen de manifiesto la necesidad de un debate en donde la sociedad pueda decidir finalmente acerca de su derecho legal al consumo del cannabis. La legalización supondría para nuestra sociedad el más primigenio desafío de la pachamama al reino de las recetas químicas y el control absoluto de la conciencia por parte de las farmacéuticas.

“La sustancia no prohibida está regulada, como es el caso del alcohol etílico. Ahora bien, cuando se prohíbe, se generan casos como el periodo de la ley seca en Estados Unidos, que provocó que se distribuyese alcohol metílico, causante de miles de muertes y casos de ceguera. La diferencia no estriba en que una sustancia sea o no asequible. Una sustancia prohibida como la marihuana o el hachís nunca deja de ser asequible para la masa de consumidores.”

Antonio Escohotado

cannabisRecuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental.

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Berta Cáceres, crónica de una muerte anunciada

“Si bajara un enviado de los cielos y me garantizase que mi muerte fortalecería nuestra lucha, hasta valdría la pena. Pero la experiencia nos muestra lo contrario. Actos públicos y entierros numerosos no salvarán el Amazonas. Quiero vivir.”

Chico Mendes

Cuando asesinaron a Chico Mendes yo apenas tenía un año, no recuerdo las lagrimas de sus compañeros, ni el dolor de su familia. Tampoco recuerdo, el grito de desesperación de la Amazonia, ante el avance inexorable de las excavadoras, propiedad de los terratenientes que mandaron asesinarlo; para así, poder continuar poco a poco matando la selva por la que él dio su vida. Tras Chico Mendes, en la conciencia del mundo, quedo un crimen que no fue el primero, ni sería el último que sucedería en la selva sudamericana o en cualquier otra parte en donde un hombre o una mujer, se atrevieran a liderar la oposición a un progreso mal entendido, en forma de una explotación sin escrúpulos de la selva, por parte de las empresas mineras y forestales. Deforestación y contaminación, por meros beneficios económicos.

La mañana del 3 de marzo de 2016, de nuevo la Pachamama derramaba sus lagrimas por una de sus más firmes defensoras. Berta Cáceres, se encontraba preparándose para presentar posibles alternativas al proyecto hidroeléctrico Agua Zarcalo, cuando de nuevo los asesinos derribaban la puerta de un activista para asesinarlo. Aquellos que no comprenden su propia desgracia cuando hieren a la madre tierra, jamás podrán comprender lo estéril de quién pretende amedrentar o silenciar a quién lucha por cada palmo de tierra que considera su hogar. Cuando los pistoleros derribaron la puerta de Berta Cáceres, esta hacía tiempo que permanecía abierta para toda aquella causa que resultara justa. Permaneció abierta en las protestas contra las bases americanas en territorio hondureño, así como en las protestas por el golpe de estado de 2009 contra el presidente Zelaya que terminarían por llevarla a la cárcel, y sin duda, siempre permanecieron abiertas para los indígenas lencas de Río Blanco. Esa misma comunidad indígena que cuando la maquinaria y los hombres de la compañía china Sinohydro, el Banco Mundial y la compañía hondureña Desarrollos Energéticos, llegaron a la selva con la intención de destrozar sus tierras para construir cuatro represas hidroeléctricas en el río Gualcarque, acudieron a Berta con la esperanza de quién sabe, no será abandonado. En un planeta, en donde en 12 años, 1.024 personas fueron asesinadas por su labor en cuestiones agrarias y ambientales,En un planeta, en donde en 12 años, 1.024 personas fueron asesinadas por su labor en cuestiones agrarias y ambientales las puertas abiertas, son el sacrificio de quién está dispuesto a morir por defender su hogar, por defender un hogar que lo queramos creer o no, es el hogar de todos.

Berta Cáceres, era consciente de la realidad de su tierra, de su pueblo En Honduras se vive una situación trágica. A medida que han ido avanzando las grandes inversiones del capital transnacional, con empresas vinculadas al sector poderoso económico, político y militar del país, esas políticas neoliberales extractivistas han provocado también un aumento de la represión, criminalización y despojo a las comunidades, que han sido desplazadas de manera forzada” Como antes había sucedido con el Brasil de Chico Mendes y el gobierno de José Sarney, también el gobierno de Juan Orlando Hernández lloró ante las cámaras, una muerte que seguramente, jamás lamentó en privado. Berta Cáceres, representa la lucha de un pueblo torturado y asesinado por las balas de quienes primero les robaron su libertad y ahora pretenden robarles su tierra. La injusticia y el dolor de un pueblo y una tierra que con su muerte, descubre al mundo, la digna soledad en la lucha de toda una comunidad, contra la explotación de su territorio por el gran capital con escuadrones de la muerte.

El asesinato de Berta Cáceres, puso fin a una vida dedicada a la defensa medioambiental y completó el circulo de falta de libertades, represión, privatizaciones, aumento de megaproyectos; especialmente vinculados a la provisión de energía barata, y muerte que afecta a tantas regiones de nuestro planeta. Un círculo, que mañana volverá a comenzar en El delta del Níger, Minas Gerais en Brasil, Yongxing “El Pueblo del cáncer chino” o Agbogbloshie en Ghana, un avance suicida de una sociedad incapaz ya de comprender la importancia vital de las lecciones de respeto a la naturaleza, tras cada territorio sagrado para un pueblo. Una sociedad ciega y sorda ante su propio desastre, ante su propia perdida. Cuando los asesinos dispararon sobre el cuerpo de Berta Cáceres, las balas cesaron la guía de sus palabras, pero tan solo la comunidad internacional, con su pasividad las silenció ante quienes especulan con nuestros bosques, ante quienes contaminan nuestro aire  y matan nuestras costas.

En 2015, Berta Cáceres, recibió el Premio Goldman, conocido como el Nobel verde, en reconocimiento a su lucha por los derechos del pueblo indígena lenca y la madre tierra. La hija de Berta Flores, partera y alcaldesa que dio amparo a los refugiados de la guerra civil en El Salvador, la hermana de Agustina Flores, también activista del COPINH, quién logro que la constructora de hidroeléctricas más grande del mundo –la compañía china Synohidro– se retirara del proyecto de la presa Agua Zarca, ya no estaba entre nosotros para recoger ta apreciado galardón. Tras ella, nuevas muertes, nuevas injusticias y la fuerza y convicción de quién lucha por algo que es justo, en los ojos de su hija Berta Zúñiga Cáceres. Hoy me pregunto ¿Tendremos que esperar a llorar su muerte para al fin despertar?

“Aquí es muy fácil que a uno lo maten. El coste que pagamos es muy alto. Pero lo más importante es que tenemos una fuerza que viene de nuestros ancestros, herencia de miles de años, de la que estamos orgullosos. Ese es nuestro alimento y nuestra convicción a la hora de luchar”

Berta Cáceres

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Autor: @SeijoDani

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental.

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La pasión turca

“La diferencia entre una democracia y una dictadura consiste en que en la democracia puedes votar antes de obedecer las órdenes.”

Charles Bukowski

No hace demasiado tiempo, mencionar a Recep Tayyip Erdogan, suponía en Occidente, nombrar la esperanza de un islam democrático. Al menos, la de un islam democrático a nuestra imagen y semejanza. Imagen, que nunca nos hemos parado a pensar, pudiese suponer un corsé demasiado apretado, para un cuerpo político y social que por mucho que lo intentemos, no corresponde al nuestro.

La llegada de Erdogan al poder, se produce en el contexto de una Turquía cansada de ser un estado entre dos aguas. Cansada del poder del ejercito y de la secularización, que enmascara la identidad de muchos de sus ciudadanos, bajo un manto de palpable clandestinidad y radicalización. La llegada  al poder de Erdogan, supone una opción ante lo insustancial de la memoria de un imperio que ya no existe, de un pasado glorioso, pero pasado al fin y al cabo. La única alternativa viable para el cambio, en un país en donde tras el golpe de Estado de 1980, la izquierda pareciese haber pasado a ser patrimonio exclusivamente kurdo.

El islamismo de Tayyip Erdogan, se dibujaba en la línea del liberalismo económico y el ferviente anticomunismo. Una concepción política y religiosa, alejada de las versiones más radicales del islam, pero suficiente, para que en la Turquía secular protegida por el ejercito, esto fuese visto como una seria amenaza al orden establecido. Erdogan sufrió en sus propias carnes la persecución política, la muerte de compañeros de partido en atentados diseñados para amedentrarlo e incluso la cárcel, donde pasaría diez meses, tras compartir un poema de carácter islámico. Irónicamente, en una Turquía de signo diferente, también sería la poesía, en este caso un poema crítico con la gestión de Erdogan, la que llevase a la modelo Merve Buyuksarac a prisión.

La historia y una profunda crisis económica, daría en 2002 el poder a Erdogan, gracias a un casi recién fundado, Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) que contra lo esperado por muchos conseguía una mayoría absoluta para un partido islámico, de corte conservador y centrista en su planteamiento. Pero en definitiva, un partido islámico, se hacía con el poder en un país en el que a su ejercito, nunca le había temblado la mano para disuadir el avance religioso en las instituciones.

La cerrazón del ejercito a la influencia religiosa y las continuas trabas a la participación política, impuestas por los numeroso golpes de estado, había volcado el deseo de cambio de la sociedad civil turca en las cofradías y hermandades islámicas. Esto propicio el caldo de cultivo perfecto, para la difusión de una doctrina que podríamos denominar como “liberalismo islámico” en la que personajes como Fetulá Gülen, ayudaron a crear una élite religiosa, capaz de ocupar numerosos cargos en las instituciones de poder del estado, sintetizando un marcado carácter religioso conservador, con los valores propios de las democracia liberal capitalista. Con su llegada al poder en 2002, los cuadros gülenistas sirvieron a Erdogan, para llevar a cabo una venganza contra el nacionalismo laico, en forma de purgas sistemáticas en la Judicatura, el ejercito o el funcionariado. El juicio del Ergenekon y especialmente la reforma constitucional de 2010, ponían punto y final a la visión del AKP, como un punto de encuentro entre democracia e islam. Gestos como la presencia del idioma kurdo en televisión, el alto el fuego con el PKK o la apertura oficial de negociaciones con la Unión Europea para su futura adhesión, pronto dan paso a la persecución política de la fuerte oposición kurda, la violencia sexual contra las activistas antigubernamentales o el mercadeo de los Derechos Humanos con Europa demasiado encerrada en sí mima, como para poner trabas ala construcción de un nuevo sultanato a sus puertas. Las privatizaciones, los recortes, así como las mayores garantías para  las multinacionales, parecen garantizar a Erdogan la convivencia con Occidente, la sharía y el capital suponen los cimientos de una nueva Turquía.

La reforma del ejercito y la mayor presencia de la religión en el día a día de Turquía, tensaron la cuerda en un país, en donde el uso del velo en las universidades, las restricciones al alcohol, la preponderancia de la religión en los estudios o el crecimiento vertiginoso del número de mezquitas, vinieron acompañados de un crecimiento paralelo de la corrupción y la concentración de poder en el estado. Tayyip Erdogan, se veía cercado por numerosos casos de corrupción que habían llevado a una fuerte reestructuración del Gobierno y que ahora, lo amenazaban directamente. Erdogan había convertido su voz, en mandato. El presidente que había llegado al poder, tras recorrer las calles de su país, se parapetaba de sus propias aspiraciones, tras los muros de su fastuoso palacio en Ankara. Un búnker físico e ideológico, desde el que poder dirigir el cambio de un sistema parlamentario a una república presidencialista, que todo parece indicar, puede suponer tan solo la mera fachada de una dictadura de facto. Cualquier síntoma de disidencia en Turquía, es perseguido y eliminado, desde la revuelta que tomó el parque de Gezi, hasta la oposición parlamentaria, pasando por periodistas o miembros del propio AKP, la discrepancia con las decisiones del sultán turco, se paga cara. EL terrorismo, la guerra interna, el conflicto sirio o el reciente golpe de estado, han sido oportunidades aprovechadas por Erdogan, para hacer política desde el caos.

La censura y las purgas, no pueden ocultar la sensación de un país polarizado. Turquía se ve atrapada en el juego de un sátrapa, obsesionado con recobrar una antigua grandeza que puede sin embargo provocar, la caída en desgracia definitiva de un gobernante y de un estado que no supo ser consciente de sus propios límites. El mismo Erdogan que utilizó a Fethullah Gülen, para  llegar al poder y abandonarlo cuando fue preciso, el que vio en el islam un medio para conseguir el apoyo social necesario para llevar adelante sus reformas institucionales y el trilero que supo hipnotizar a la UE, se encuentra ahora inmerso en una dinámica interna, extremadamente peligrosa de radicalización religiosa y en una situación exterior más débil que nunca, ante un doble juego con la OTAN y Rusia, con Siria de fondo. Comienzan a terminarse los comodines de la baraja del sultán turco, mientras la huída sin retorno del autoritarismo más descarnado, comienza a despejarse como la única opción de autoridad, para un país que en algún momento, quiso recobrar su protagonismo internacional.

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Autor: @SeijoDani

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Yemen, la geopolítica del caos

Pocos saben en donde se encuentra Adén, Lahej o Taiz, del sufrimieno de sus habitantes o del sonido de las bombas cuando la vida vale tan poco que cada cadáver en sus calles, ya no logra ocupar ni tan siquiera una cifra en los informativos de sobremesa en Occidente.

Yemen no se trata de una guerra mediática como las de Siria o Irak, desconocemos en gran medida los rostros de los combatientes que allí se encuentran, y por supuesto, poco o nada sabemos de las causas del sufrimiento que día a día, padece la población civil. Un país pobre en la región de los jeques, del petróleo, de los grandes deportivos y del dinero que puede comprar la moral de Europa en las camisetas de los grandes del fútbol o en las recepciones oficiales. Una mota de pobreza en la región de las petromonarquías, en donde el horror de la guerra ha dejado más de 14 millones de personas sin acceso a atención médica y en donde el 80 % de su población depende de una escasa ayuda humanitaria. Un país, con más de 19 millones de personas sin acceso seguro al agua o a servicios sanitarios y en donde 7,6 millones de personas, padecen inseguridad alimentaria, lo que ha llevado a cerca de 20.000 niños a sufrir condiciones de extrema desnutrición.

Yemen, el país de las niñas novias y el abuso sistemático contra las mujeres, de los grupos sectarios, el trabajo infantil y el analfabetismo. Pero también un país de transito y muchas veces una parada obligada, para muchos de esos emigrantes que atraviesan sus fronteras en busca de las ilusorias oportunidades de un futuro en las dictaduras del Golfo Pérsico. Un país en donde el triunfo de la mal llamada primavera, resultaría más justo que en ningún otro, pero en donde el sonido de las bombas y la represión, parece no molestar a nadie.

A la revuelta pacífica que derrocó a Alí Abdula Saleh, no le siguió la democracia, ni tan siquiera la paz. Egipto, Arabia Saudí, Gran Bretaña, la Unión Soviética…potencias extranjeras que siempre han jugado un papel en el devenir del futuro de los yemeníes y esta vez, pese al glamour del Nobel y las buenas intenciones, nada iba a resultar diferente. El plebiscito del 27 de febrero de 2012, por el que Saleh cedía la presidencia yemení a su número dos, Mansour Hadi, termino por desatar las tensiones en un país regido por el sectarismo y los pactos tribales.

La guerra iniciada por el nuevo presidente contra los rebeldes hutíe y supuestamente, contra Al Qaeda en la Península Arábiga, termino con el presidente abandonando el país, ante la alianza de antiguos sectores en el ejercito partidarios a Saleh y los rebeldes hutíes, en ocasiones la guerra, produce extraños compañeros de cama. Arabia Saudí respondía al avance de los rebeldes hutíes y sus “aliados” con la Operación Tormenta Definitiva, una serie de bombardeos indiscriminados, en los que fábricas, infraestructuras o población civil forman parte indistintamente de una operación igualmente encaminada a frenar la influencia geopolítica del chiismo  en la región, como a destruir cualquier  posible alternativa de futuro, en un país abocado a la partición de su integridad territorial, empujado por una guerra que al igual que las campañas de Irak o Siria, parecen destinadas a que Occidente, pueda dibujar de nuevo las fronteras del mundo, al compás de sus nuevas necesidades económicas y militares.

Asistimos impasibles a la muerte de un estado, al asesinato de las esperanzas en las revueltas populares del pueblo árabe. Asistimos de nuevo a la sin razón del imperialismo económico y a hipocresía de quienes se dicen garantes de la democracia y derechos humanos, al tiempo que mercadean con las armas que combaten a los pueblos que se atreven a reclamarlos.

Yemen, un nido de víboras en donde las democracias pueden armar a los terroristas y en donde la toma de una capital, puede ser tildada de momento histórico o de golpe de estado, según el prisma con el que se mire. Un país, sin verdaderos buenos, ni malos. En donde los matices cobran la importancia de un siglo, en donde las guerras también se libran en gran medida con las palabras.

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Autor: @SeijoDani

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