Fútbol, el fanatismo televisado

“Después de la final, caminé solo por el césped del Estadio Olímpico. ¿Por qué? No lo sé explicar. En ese momento me acordé de un sueño.”

Franz Beckenbauer

Manuel Ríos Suárez, Aitor Zabaleta, Emiliano López Prada, Guillermo Alfonso Lázaro, Florentino Dueñas, Luis Montero Domínguez, Manuel Luque Castillo, José Gómez Rodríguez, Francisco Javier Romero Taboada…Las víctimas en el entorno del fútbol parecen reproducirse sin que una sociedad obnubilada ante los últimos resultados de su equipo o los maravillosos regates de su estrella favorita, parezca percatarse de la apropiación que por parte de grupos violentos se está haciendo de este deporte. En una nueva vuelta de tuerca a la eterna política de “Panem et circenses” una sociedad meticulosamente fragmentada y desposeída mayoritariamente de la conciencia de clase ha comenzado a ver como domingo tras domingo las frustraciones que en otros tiempos levantarían barricadas en las calles, ahora son proyectadas en vergonzosas actuaciones en los campos de fútbol que pueblan nuestro territorio. Peleas entre “aficionados” del deporte rey protagonizadas en numerosas ocasiones por los propios futbolistas, por sus familiares o simplemente por quienes pagan una entrada a un estadio para a continuación a la mínima oportunidad volcar sus frustraciones y su odio contra el espectador rival, contra aquel que sin razonamiento lógico alguno ha pasado a suponer el enemigo más allá de la sana rivalidad que debería reinar en la práctica de cualquier actividad deportiva.

Seamos claros, la profesionalización del fútbol desde edades muy tempranas y la pasividad ante la institucionalización de la agresividad como un medio más en la búsqueda de la victoria como objetivo final y único en el deporte, ha transformado lo que debería ser un medio para inculcar en nuestra sociedad valores como la deportividad o el compañerismo, en un escenario en donde desde las más tiernas edades la violencia o el odio al rival, monopolizan unas actitudes ante el deporte que en muchas ocasiones suponen un reflejo de frustraciones que por temor a la condena social, no podrían ser extrapoladas en otro escenario que no fuesen los estadios. Actitudes que han logrado fructificar, amparadas en el circo mediático que desde la telebasura deportiva fomenta el conflicto entre aficiones como única forma de entender la competición y que unido a las escasas sanciones ante los comportamientos antideportivos que se reproducen en los terrenos de fútbol de máximo nivel dotan al recurso a la violencia frente al rival de una peligrosa sensación de impunidad. Todos guardamos en nuestra memoria la agresión de Pepe a Casquero, los mordiscos de Luis Suarez a Chiellini, el cabezazo de Zidane a Materazzi o los vergonzosos cánticos machistas y racistas que pueblan nuestras gradas sin que se hayan tomado medidas contundentes al respecto, llegando incluso al punto de que el periodista Pedro Luis Ferrer se permitiese acusar a Samuel Etoo de exagerar por negarse a terminar un partido entre los gritos racistas de la afición del Málaga, esa misma afición de la que forman parte los ultras del Frente Bokerón que terminaron con la vida de Pablo, un joven que simplemente quiso poner freno a la violencia de estos energúmenos.

La pasividad y la convivencia del fútbol con los aficionados violentos ha abierto las puertas a auténticos frentes organizados que desde la ideología del odio y el fanatismo copan las graderias de los estadios imponiendo “su particular sentimiento por los clubs” como espejo en el que los más jóvenes ven reflejada su pasión por sus colores. El fenómeno Ultra monopoliza así los cánticos, el merchandising e incluso el devenir deportivo de los equipos de fútbol  sin que seamos conscientes de la autentica amenaza que para la convivencia democrática suponen estos colectivos. El auge actual del fascismo y la violencia Ultra se compaginan en España no por mera casualidad, sino por la indolencia y en numerosas ocasiones el apoyo directo de los clubs a sus aficionados más violentos, este comportamiento ha sido lo que ha permitido hacer de las gradas de nuestros estadios un centro perfecto de reclutamiento de jóvenes para diversas organizaciones fascistas en nuestro país. Todo ello ante la atenta mirada de unas autoridades futbolísticas que desde nuestro fútbol comparan la homosexualidad con el nazismo sin que se les parezcan caer los anillos.

Toda una serie de despropósitos en las instituciones y los clubs que con su permisividad ante la violencia de una minoría de “aficionados” han terminado convirtiendo al deporte rey en algo ajeno a sus valores iniciales, en un espectáculo vergonzoso que en más ocasiones de las deseadas ha contagiado la enfermiza rivalidad incluso a las gradas más modestas. El respeto, el trabajo en equipo, la honestidad y la solidaridad, suponen los pilares del fútbol base sobre los que se debe levantar una concepción del deporte rey que recupere los estadios para los verdaderos aficionados. No puede tolerarse que una familia tenga miedo a llevar a su hijo al estadio con una camiseta del equipo rival, no resulta comprensible que las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado guíen a grupos violentos hacia un espectáculo público y no puede permitirse ni una temporada más que ningún ciudadano utilice la bandera o los colores de un equipo de fútbol para propagar su mensaje de odio o ejercer actividades delictivas.

Nos encontramos en el tiempo de descuento para tomar medidas ante una situación que se degrada rápidamente y  que a muchos hace tiempo nos hace mirar con nostalgia esos partidos en las plazas de cualquier barrio, un fútbol que poco a poco comienza a perderse en las nuevas generaciones y que quizás sea la principal razón por la que el foco poco a poco se aparta de la pelota para centrarse en cosas que nunca tuvieron nada que ver con este deporte.

deporte

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres, te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña, por el nombre de la activista medioambiental.

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Moción de censura, nos sobran los motivos

“Por las arrugas de mi voz
se filtra la desolación
de saber q éstos son
los últimos versos q te escribo,
para decir “con Dios” a los dos
nos sobran los motivos. “

Joaquin Sabina

Tras el tramabús, los continuos debates y declaraciones contra la corrupción como escaparate parlamentario y las peleas internas representadas en territorio enemigo, Unidos Podemos ha decidido dar un paso al frente anunciando la búsqueda de apoyos parlamentarios para iniciar una moción de censura contra el presidente del gobierno Mariano Rajoy. En una estrategia política arriesgada, pero que algunos ya adelantaron, el partido de Pablo Iglesias sale al paso de los últimos escándalos de corrupción, para en un all in parlamentario, obligar a los demás grupos de la oposición a abandonar sus trincheras dialécticas y poner definitivamente sus cartas sobre la mesa.

Las grabaciones y documentación recopiladas en la operación Lezo han dejado al descubierto una nueva pieza de la elaborada trama de corrupción que extiende sus vínculos sobre el Partido Popular y que una vez se ha sentido acorralada ante la continua presión policial y judicial, no ha dudado ni por un instante en hacer uso de sus vínculos con el gobierno para obstaculizar  e intimidar en la medida de lo posible la acción del poder judicial. Un claro ejemplo de estos métodos los encontramos en las conversaciones recogidas en el sumario de esta operación en donde Ignacio González y Eduardo Zaplana con total naturalidad charlan acerca de apartar de la Audiencia Nacional a Eloy Velasco o de la posibilidad de influir desde el ejecutivo en el transcurrir de las decisiones judiciales que afectan a los casos de corrupción vinculados con el Partido Popular,  tales conversaciones suponen un paso más para depauperar el ya de por sí escaso bagaje democrático de unas instituciones que se encuentran inmersas en una espiral de corrupción que llega incluso a amenazar a los máximos representantes del estado. Ante la anomalía de un estado de excepción democrático por el saqueo del PP de las administraciones públicas y un comportamiento parásito de las instituciones el proponer una moción de censura en un país que desde la Transición, ha vivido únicamente dos situaciones similares; una contra Adolfo Suárez y otra contra Felipe González, ambas fracasadas, supone una actitud de responsabilidad política y moral y un desafío frente a aquellos que únicamente han utilizado los mecanismos del estado de derecho con el único fin de degradar los resortes democráticos del estado para lograr con ello obtener un beneficio económico ilícito con aparente impunidad.

No existe tiempo para estrategias electoralistas o una incesante algarabía de discursos parlamentarios huecos ante la corrupción sistémica y la amenaza directa a principios básicos como la vulneración de la división de poderes, la independencia judicial  o la libertad de expresión. La respuesta parlamentaria de aquellos que ocupan un cargo en representación de todos los españoles debe ser la de la defensa sin fisuras de la democracia y eso queridos lectores, es precisamente lo que hoy se ha pretendido lograr con una moción de censura que es utilizada como último recurso frente a un gobierno del Partido Popular que no solo ha evitado en todo momento su responsabilidad con la ciudadanía y sus representantes, sino que en numerosas ocasiones ha entorpecido de manera continuada la labor de la justicia con tácticas más propias del entorno mafioso que con las de una formación de gobierno.

Sin duda una vez más el Partido Popular utilizará en su defensa frente a la flagrante corrupción el argumento de los casos aislados y el respaldo electoral, defensa que podrían resultar válida en un entorno puramente democrático, pero que sin duda se queda coja en un país en donde el partido del gobierno se encuentra inmerso en un macrocaso de financiación ilegal y cuyo entorno empresarial, judicial y periodístico parecen trabajar al unísono en la construcción de un discurso electoral alternativo para la formación conservadora. No se trata como en otras ocasiones de dinamitar esa defensa porque el partido del gobierno haya llegado al poder incumpliendo una tras otra cada una de sus medidas, ni de que las democracias occidentales hayamos asumido como lógico un gobierno con elevadísimas tasas de abstención, sino que en el caso particular de España, los apuros del partido del gobierno por soterrar una flagrante corrupción que ahoga su día a día político socavan las premisas básicas de cualquier estado de derecho. No debería existir por tanto ningún temor para afirmar que el voto a un partido que ha financiado sus campañas electorales con la corrupción no es un voto válido, dado que la financiación ilegal en sí misma ha corrompido el proceso democrático despojándolo de validez.

Ante la moción de censura no existen más alternativas que el apoyo a la misma o el respaldo a las políticas y al ejecutivo del Partido Popular. No existen trincheras en donde reelaborar el discurso electoralista, ni más pseudoverdades que lanzar a los medios de comunicación con el único objetivo de calmar las aguas, Ciudadanos y el Partido Socialista se encuentran ahora ante la disyuntiva de posicionarse como parte de la solución o pasar a formar definitivamente parte del problema en el imaginario colectivo. La moción de censura tal y como se recoge en la constitución necesita al menos la firma de 35 parlamentarios para su presentación (con lo que podría salir adelante con la iniciativa única de Unidos Podemos) y el voto favorable de la mayoría absoluta de los miembros del Congreso de los Diputados para su aprobación, es en ese punto en donde el voto de las que ahora se consideran formaciones del eje de oposición deberán definirse, con ello Unidos Podemos pretende poner fin a la estrategia política de quien públicamente crítica los casos de corrupción y el devenir político del Partido Popular, pero por el otro lado sostiene el gobierno de la formación conservadora con su respaldo parlamentario. 

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Los escenarios:

El golpe a la línea de flotación de Ciudadanos que supondría su negativa a participar en la moción de censura completa un proceso político dirigido a la más absoluta irrelevancia iniciado con el total incumplimiento por parte de Mariano Rajoy de unos acuerdos para la formación de gobierno que muchos hemos comenzado a dudar hayan existido en algún momento fuera de la imaginación del propio Rivera. Por su parte, un Partido Socialista inmerso las primarias únicamente se enfrenta a dos opciones: aceptar la moción de censura y recuperar el liderazgo de la oposición desde la formación de un gobierno alternativo o aceptar ceder la iniciativa en la oposición de Unidos Podemos, con lo que resultaría más rentable para Díaz comenzar a plantearse una futura formación de gobierno con los opositores.

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres, te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña, por el nombre de la activista medioambiental.

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Macron o el caos

Finalmente la mayoría de las predicciones electorales se han cumplido y la estrecha victoria en la primera vuelta de las presidenciales del candidato de En Marche! (En Marcha!) apenas 2,4 puntos por encima de la ultraderechista Marine Le Pen devuelven a la población francesa la disyuntiva del mal menor que tanto parece recordar a las elecciones presidenciales de 2002. Entre los principales damnificados, Benoît Hamon y François Fillon, candidatos de los partidos tradicionales que han visto como sus respectivas candidaturas eran arrasadas por una nueva política (en ocasiones con un trasfondo tan viejo como el propio fascismo) para por primera vez desde 1958 dejar a los franceses sin un candidato socialista o conservador en el que poder confiar su voto en la segunda vuelta. Francia parece así haberse olvidado definitivamente del bipartidismo, dejando tras de si a un Partido Socialista pasokizado y a unos conservadores muy tocados anímicamente tras el PenelopegateUn partido conservador que sin embargo ha visto, como su candidato François Fillon era capaz de mantener la tercera posición con una defensa basada en el absurdo y la negación sistemática muy al estilo del modus operandi utilizado al otro lado de los Pirineos. Parece que al igual que allí, las promesas incumplidas y la traición al discurso de la izquierda tradicional, han pesado más en el aparente trasvase electoral a nuevas formaciones que la corrupción en el seno de la derecha.

A la hora de buscar explicaciones a lo ocurrido, la decepción con el gobierno de François Hollande y la clara renuncia de la izquierda francesa a la posibilidad de aplicar políticas alternativas al liberalismo, parecen encontrarse entre las principales causas de un escoramiento a la derecha en el electorado francés, que sin duda puede dar explicación en gran medida a la renovada fortaleza de un Frente Nacional que ha sabido interpretar perfectamente los tiempos políticos necesarios para con estudiada paciencia, comenzar a recoger los frutos sembrados en aquel dique de contención que la V República construyó con endebles cimientos en 2002 contra el viejo Jean-Marie Le Pen. Aquellas elecciones en las que el delincuente pareció vencer abultadamente al fascista parecen haber dejado tras de si un sentimiento de profunda decadencia en la política tradicional que quince años después, ha logrado transformarse en los anunciados fracasos de François Fillon Benoît Hamon, así como en el renacer de una alternativa fascista que en manos de Marine Le Pen ha sabido modular su discurso para aprovecharse del desencanto de una izquierda que desde Chirac se encuentra totalmente mimetizada con las doctrinas liberales y una derecha en rápido proceso de Lepenización fruto de una constante amenaza terrorista que mucho me temo, ha pasado ya a suponer un actor electoral más en nuestro continente.

Y ante estos resultados de nuevo la amenaza de “nosotros o el caos” a la que socialistas y republicanos han dado una inmediata respuesta expresado su firme apoyo al candidato de En Marche! con la intención de lograr detener la amenaza real de un gobierno de Marine Le Pen tras la segunda vuelta. Mientras por su parte, Jean-Luc Mélenchon, el candidato de la verdadera izquierda francesa, en un acto que lo honra prefirió convocar a a las más de 450.000 personas registradas en La France Insoumise a decidir su postura a través de una votación electrónica que decantará su línea de actuación de cara a la segunda vuelta. Una postura de indecisión o prudencia en La France Insoumise que se suma a la de La France Debout, si bien la formación gaullista renuncia a la consulta popular y decidirá su postura tras una reunión entre sus dirigentes.

Son pocas las alternativas para los franceses, en apenas dos semanas el ultraderechismo de Le Pen o ultraliberalismo de Macron se abrirán sin alternativa camino a la presidencia francesa y a estas alturas, las posturas de los partidos de la oposición no parecen diferir mucho de un sí o un no incondicional a Macron. Si bien parece obvio que nadie en su sano juicio podría confiar su voto a Marine Le Pen desde la izquierda ¿Acaso Cabría un gramo de cordura en el voto a Macron?

Apoyar a Emmanuel Macron es dar el voto al ejecutivo de la jungla de Calais, el bombardeo de Siria o la violencia policial. Supone respaldar al enemigo de clase, a la casta, a quién durante años ha propiciado el auge de la extrema derecha con sus políticas de privatizaciones y recortes, para a continuación pedir el voto de la pinza en la nariz por responsabilidad política. La única solución verdaderamente digna para el votante francés es la del pulso a Macron y al liberalismo frente al chantaje de una derecha liberal que se muestra incapaz de ceder terreno en su cruzada contra los trabajadores para frenar al fascismo (Un fascismo que parece incomodar menos al poder que una alternativa de izquierda a su modelo económico y político)

Si Macron quiere el voto de la izquierda, deberá renunciar a disputar la presidencia a Le Pen en campos como la criminalización del emigrante, la persecución de las minorias, la islamofobia o el aumento de la militarización de la vida ciudadana. Es hora de comprender que votar a las políticas de Le Pen para vencerla, supondría al igual que en 2002, una nueva victoria a largo plazo del Frente Nacional.

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Papá, ¿por qué somos de derechas?

Con más de ochocientos imputados por corrupción y cerca de treinta casos en manos de los tribunales, uno no puede más que sorprenderse ante la imagen de un partido político hostigado por los casos de corrupción gobernando la quinta economía de Europa. El primer partido imputado en la historia de la democracia y cuyo presidente y actual jefe del Ejecutivo se verá obligado a declarar por su supuesta vinculación con un macrocaso de corrupción, ha llegado al poder no libre de culpa sino ya inmerso en una inmensa trama delictiva muy alejada de suponer un caso aislado de deshonestidad tal y como se nos quiso hacer creer, sino algo mucho más cercano a un modus operandi institucionalizado desde tiempos inmemoriales en las entrañas políticas y morales del propio partido. Quienes nunca perdonaron a los españoles haber vivido por encima de sus posibilidades y los mismos que con desparpajo pidieron una y otra vez a las clases proletarias un mayor esfuerzo como forma de expiación ante los “errores” cometidos durante el delirium tremens del crédito fácil y la ilusión de bonanza económica, han visto sin embargo como los pecados de prevaricación, asociación ilícita, tráfico de influencias, malversación, falsedad y cohecho, entre tantos otros, les eran perdonados por una masa de votantes quizás hipnotizados por la maquinaría mediática y electoral del PP, quizás también infectados al igual que el partido al que confían su voto por la avaricia, la ira y la soberbia propia una concepción peculiar de lo que en realidad debe representar la marca España.

Después de todo, cuando uno se dispone a buscar las motivaciones de quién vota (con plena libertad o al menos creyéndose en plena posesión de la misma) al partido de la Gürtel, Púnica, Imelsa, Taula, Emarsa, Brugal, Alviasa, Palma Arena etc, son varios los planteamientos que se pueden pasar por la cabeza. Si bien en un primer momento uno podría pensar que se trata exclusivamente de una mezcolanza de personajes pudientes, fascistas remozados y fervorosos meapilas, las cuentas no parecen cuadrarnos atendiendo a los resultados electorales y mucho menos si como últimamente se estila en la nueva izquierda nos centramos en Twitter como referencia única para lograr tomar la pulsión política de la sociedad. Pese a que se hacen notar, no son tantos los fascistas ni los magnates que pueblan nuestro peculiar reino y la iglesia, la iglesia ya no es lo que era. Sus casos de corrupción y los abusos a menores son más sonados que sus homilías y por si Instagram o Mujeres y Hombres y Viceversa no suponían ya una seria competencia para hacer llegar sus mensajes, la aparición de un papa rojo ha hecho que nuestros obispos se centren en posiciones defensivas y en la tarea de no perder parte de su electorado más que en emprender grandes cruzadas ideológicas para captar votos. Tampoco nos ayuda a deshacer el cubo de rubik de la atracción electoral de la derecha el añadir a ésta suma otros tópicos del votante conservador como el de la edad avanzada, la incultura o la preeminencia del rural, puede que con estos factores las cifras de votantes empiecen a cuadrar en mayor medida, pero se nos plantea entonces la necesidad de dar respuesta al motivo por el que los jubilados, las capas populares de la población y un rural que está sufriendo en sus propias carnes un genocidio cultural y económico a manos de las grandes empresas capitalistas, pueden mostrarse capaces de entregar su voto a un partido que sin duda parece representar la viva imagen de gran parte de sus males.

La explicación no se encuentra en una derecha indocta como podría desprenderse de la lluvia de memes que invaden las redes sociales con cada victoria electoral del Partido Popular, ni en el radicalismo y razonamiento arcaico de un electorado que prefiere una España arruinada y perniciosa políticamente a verla en manos de los rojos. El oxigeno plebiscitario de los conservadores españoles se encuentra en sus redes clientelares, en los periodistas dispuestos a tapar sus corruptelas y a lanzar mierda contra todo lo que suponga una amenaza o perpetuar falsos mitos como el de la excelente gestión económica de la derecha, se encuentra también en en los organismos internacionales capaces de todo tipo de tropelías intervencionistas para lograr impedir alternativas políticas al eterno servilismo de la clase obrera y especialmente lo hallamos en una quinta columna mediática y política (Véase el tándem Cebrián González) aceptada y consentida por una nueva izquierda más empeñada en sacar autobuses a la calle o en perpetuarse en un discurso  desde la crítica que en cimentar nuevas redes comunicativas y políticas desde las que poder crear y dar voz a una nueva forma de hacer las cosas.

No basta con inundar las redes sociales en donde un sector ya mayoritariamente de izquierda se regodee con su conocimiento político e ironía digital, necesitamos presencia real en las fábricas, en los barrios, en los pueblos. No basta con acudir a circos políticos televisados en donde el debate se reduce a lo absurdo en un intento por lanzar píldoras electoralistas a espectadores que ya han renunciado a cualquier conclusión alejada del cómodo en el fondo son todos son iguales, pese a que algunos políticos se empeñen negarlo en medio de un eterno cruce de acusaciones, necesitamos nuestros propios medios de comunicación y necesitamos apoyarlos y trabajar con ellos. No basta con políticas de universitarios para obreros, ni con obreros votando a políticos profesionales, sino que necesitamos a obreros en los partidos al igual que necesitamos de nuevo a la política en las fábricas. No basta con un discurso hecho desde la crítica y el permanente foco sobre los errores del adversario, sino que necesitamos un discurso propio y una alternativa real al modelo económico y social que desde la derecha se nos propone con un capitalismo cada día más depredador. No basta con sentarse a pensar que el rural o los mayores son el problema y desde luego no basta con un autobús recorriendo las calles de España, para que deje de sorprendernos un pueblo capaz de votar a un partido acosado por la corrupción, quizás debamos darle a ese pueblo una alternativa en la que creer, una herramienta política con la que trabajar y no simplemente una papeleta distinta destinada a ser depositada en la misma urna de siempre.

“El capitalismo es un sistema construido sobre la corrupción, eso no quiere decir que en otros sistemas no haya personas corruptas, pero el capitalismo es un sistema corrupto en sí mismo.”

Luis Eduardo Aute

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“República, siempre República.”

No resulta fácil sentarse tantos años después, aún con las heridas abiertas, para tratar la represión  de una dictadura fascista que mato a tantos españoles y esclavizo y atemorizo a la inmensa mayoría. Resulta duro pararse a pensar durante un segundo en tantas personas que todavía hoy siguen sin saber donde están sus familiares y que en el mejor de los casos, si lo saben, todavía deben consolarse con depositar flores nuevas sobre viejas fosas y cunetas, que guardan celosamente con el silencio del perdedor, heridas de un pasado que el silencio no termina de cerrar. Personas cuyo único delito fue atreverse a pensar diferente, a revelarse contra las injusticias y exigir unos derechos a los que tú y yo dedicamos breves comentarios en nuestros muros virtuales mientras nos los arrebatan. Luchas la nuestra y la de ellos, tan diferentes, tan alejadas, hasta en eso los hemos olvidado.

Españoles asesinados por una dictadura levantada sobre el odio al progreso, al laicismo, a la igualdad entre hombres y mujeres, al reconocimiento de la diversidad cultural y política de los pueblos de España cristalizada en el Frente Popular y el Front d’Esquerres. Odio profundo a las luchas obreras y a un campesinado organizado para reclamar el derecho a una tierra que su trabajo les otorgaba, en definitiva, asesinados por un odio visceral a la participación política del pueblo que hizo de la II República. Un peligroso enemigo a batir para los que todavía hoy son los poderes tradicionales de España: El ejercito, los caciques y la Iglesia.

Resulta innecesario narrar una vez más en estas líneas  el triste final de aquella esperanzadora aventura que supuso la II República para una atrasada España, después de todo quién querría intentar convencer a quienes todavía hoy ven en el golpe de estado y en la lucha fratricida, una santa cruzada o un mal ineludible. A esos que ondean viejas banderas y nuevos odios al sol intentando desmantelar a una democracia que miserablemente por complicidad los ampara, una democracia con leyes para defender al dictador y a sus cachorros, mientras persigue a quienes simplemente  señalan su odio con humor, con demasiada paciencia.

Un sistema nacido del chantaje y de la amenaza del pacto o las armas, que no reparo a las víctimas, ni condeno a los asesinos y a sus cómplices. Una democracia cimentada desde su nacimiento con franquistas convertidos de la nada, en una operación de lavado de cara institucional, en grandes demócratas. Un sistema que hizo de los Suarez, Fraga o Juan Carlos grandes figuras de nuestra política, pero que nada supo o quiso saber de los más 114.000 repúblicanos que siguen sepultados en las cunetas y fosas comunes que siembran nuestro país. Entre ellos más de 20.000 repúblicanos asesinados y enterrados en un último acto de profundo desprecio póstumo junto a su asesino en el Valle de los caídos o de los más de 400.000 presos políticos obligados a realizar trabajos forzados para el gran empresariado español. Acto con lo que Franco y el régimen pagaron la inestimable ayuda que estos aportaron a su causa, los mismos que ahora siguen ejerciendo poder y han sido los verdaderos asesinos tras la mascarada del pequeño dictador y su santa cruzada.

De esta forma huérfana de tantos que dieron la vida por ella y subyugada y atenazada por aquellos que siempre la odiaron, nació la democracia en España. No es de extrañar entonces que tantos sintamos que nuestra bandera, que nuestras instituciones, no nos representa. No cuando todavía hoy siguen manchadas de la sangre de quienes realmente dieron su vida por ella.

Y de aquellos fangos, estos lodos. Lodos en los que nace y se desenvuelve todavía hoy la derecha española tan reacia a condenar la dictadura y la apología de la misma, pero empeñada en condenar y humillar en el eterno olvido a aquellos que dieron su vida por un gobierno legítimo. Legítimo pese a sus falacias, pese a las campañas destinadas a intentar reescribir la historia de manera directa con la asfixia presupuestaria de la memoria histórica o de manera indirecta manteniendo vivo el recuerdo de sus verdugos en nuestras calles. Una democracia no puede ser un lugar en donde se homenajea a los asesinos mientras se olvida a sus víctimas.

77 años después, siguen esperando en las cunetas tantos españoles un simple perdón. Hermanos, hijos  y puede que nietos que tendrán que ver como un país ciego se sigue negando a reconocer a la España de Franco como causante de uno de los grandes reinos del terror, un capitulo negro de la historia que por mucho prevalezca la voz del silencio, jamás podrá cerrarse hasta que se cicatrice la última de sus heridas.

Salud y República, no olvidamos.

no pasaran

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El comodín venezolano

De nuevo el interés mediático se adentran en las entrañas de Venezuela para con abundancia de focos internacionales y editoriales epopéyicos, trasladarnos por enésima vez un golpe de estado en el seno de la revolución bolivariana. Los mismos noticieros que en 2002 celebraron en sus páginas el golpe de estado contra Hugo Chávez y se encargaron de silenciar la violencia opositora en las denominadas guarimbas, hacen ahora su aparición en la agenda del país latinoamericano para arremeter en sus páginas contra una resolución del Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela que suspende temporalmente las atribuciones de la Asamblea Nacional. Curiosamente, quienes no hace demasiado tiempo hacían correr ríos de tinta acerca de la posible suspensión de la autonomía de Cataluña, se sitúan ahora del lado de una oposición anticonstitucionalista con la clara intención de atacar al gobierno venezolano, en una decisión cuya responsabilidad cabe recordar debe atribuirse al Tribunal Supremo de Justicia y no el Presidente Nicolás Maduro. Por suerte para ellos, nunca la incoherencia editorial había resultado tan barata.

En medio de una fuerte convulsión social y política, la escalada de violencia contra el gobierno iniciada por una oposición venezolana que incomprensiblemente ha visto en la representación parlamentaria, una patente de corso para el desacato a las directivas del resto de instituciones del estado, debe ser analizada en el contexto de un largo pulso ideológico iniciado durante los años de gobierno de Hugo Chávez por una oposición que únicamente basa su alternativa de gobierno en un rejunte de sectores dispares cuyo objetivo común no va muchos más allá del rechazo visceral al chavismo y a todo lo que este representa. Un objetivo perseguido con el continuo desprecio a las normas democráticas comunes, que ha encontrado una nueva forma de tensar la ya de por sí frágil convivencia social en Venezuela en un proceso por delito electoral iniciado por el TSJ contra tres representantes parlamentarios de la oposición. Desde un principio, la actuación del Parlamento Venezolano fue la de mantenerse al margen de la ley, negándose a aceptar las disposiciones judiciales que le impelían a actuar de acuerdo a las normas de la Constitución vigente. Llegando incluso a declararse en desacato con el objetivo de juramentar como diputados a los tres candidatos impugnados por corrupción política.

Agotadas las acciones del máximo tribunal de Justicia venezolano por hacer valer su autoridad, el organismo judicial decidió en última instancia anular las atribuciones de la Asamblea Nacional en medio de una situación política en el que el Poder Legislativo buscaba deponer al Jefe del Estado por vías claramente anticonstitucionales. Para ello, la Asamblea Nacional no duda en iniciar el 9 de enero de 2017 un “juicio político” al presidente Nicolás Maduro en el que todos los diputados de la oposición salvo los del partido de Henry Falcón, conscientes de la gravedad de los hechos, votaron a favor de un “Impeachment” en una actuación que no contempla la Constitución venezolana.

Ante la gravedad de las actuaciones de la oposición y en un último intento por hacer valer la constitución vigente, el oficialismo tomó la decisión de abstenerse de participar en las sesiones parlamentarias hasta que se retomase la senda democrática, pero lejos de rectificar sus postulados o intentar abrir vías al diálogo, la actuación de la oposición tensó aún más la cuerda al promover la decisión unilateral de pedir la activación contra Venezuela de la Carta Democrática de la Organización de Estados Americanos (OEA), en un movimiento que debe interpretarse como el paso previo para justificar una intervención militar externa en el país. Con ello, la autodenominada Mesa de la Unidad Democrática (MUD) volvía a hacer uso de funciones constitucionales exclusivas del presidente venezolano en la búsqueda enfermiza de sus propios objetivos políticos. Objetivos que a tenor de sus actuaciones, parecen únicamente encaminados a incendiar las relaciones políticas entre los partidarios del gobierno y la oposición para intentar ganar en las calles un poder que únicamente deberían otorgar las urnas.

La suspensión de las atribuciones de la Asamblea Nacional, se enmarcan en una relación tensa entre los órganos judiciales y el parlamento venezolano que terminan alcanzando un punto insostenible de convivencia tras una decisión judicial que si bien se enmarca dentro de la absoluta legalidad y es tomada tras numerosas provocaciones por parte de la oposición parlamentaria, ciertamente puede abrir la puerta a consecuencias imprevisibles para la política venezolana. La adopción de la ley de Hidrocarburos, supone un simple mecanismo legal de mediación entre poderes representativos ante un conflicto de interpretación constitucional, que permite al Tribunal Superior de Justicia erigirse en árbitro para asumir las competencias de una Asamblea en situación jurídica de desacato, que impide con su actuación la firma de acuerdos comerciales de vital importancia para el desarrollo del país. Lejos de un intento de golpe de estado, lo único que está haciendo el tribunal supremo, es asumir unas competencias concretas para evitar que Venezuela se paralice por causa del desafío a la constitución ejercido desde de la oposición. Un resorte que sin duda el chavismo ha previsto fruto de la experiencia acumulada en anteriores intentonas golpistas desde la  guerra económica.

Cuando la Asamblea venezolana decidió desconocer el poder legítimo del Presidente, era plenamente consciente de que se estaba poniendo al margen de la Constitución al colocarse por voluntad propia en situación de desacato. Es solamente en ese punto y nunca antes, cuando ante la existencia de un conflicto constitucional entre poderes el Tribunal Supremo de Venezuela asume las competencias del Parlamento para hacer respetar la legalidad. La manipulación mediática y la desinformación, sin duda han vuelto ha realizar su trabajo en Venezuela trasladando una imagen claramente sesgada a la opinión pública internacional. Analizar lo ocurrido en el país latinoamericano como un golpe de Estado es un insulto a la inteligencia de los lectores, además de una forma clara de posicionarse en el bando los aliados de la oposición en un proceso que tiene como trasfondo una dura batalla ideológica por el control político de América Latina. Quienes hoy alzan sus plumas al vuelo contra el gobierno de Nicolás Maduro son los mismos que callaron o incluso llegaron a festejar en sus páginas lo sucedido en Honduras, Paraguay o Brasil.

Presionado por la comunidad internacional el TSJ venezolano ha decidido dar marcha atrás a su decisión dejando con ello impune el desafío de la oposición a la constitución del país, con lo que se demuestra que el verdadero peligro para Venezuela sigue encontrándose en una opinión pública internacional ciertamente desinformada sobre el trasfondo político del país y en una oposición parlamentaria dispuesta a utilizar un discurso favorable en los grandes medios para provocar progresivamente una política de conflicto. Solo el tiempo dirá si la desinformación puede vencer a la democracia en Venezuela.

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Autor: @SeijoDani

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental.

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Amancio, enséñame a pescar

Empecemos siendo claros, que la Fundación Amancio Ortega haya anunciado que donará 320 millones de euros a la Sanidad pública española para la compra de aparatos de diagnóstico y tratamiento del cáncer es una buena noticia, un servidor no pone en duda tan “dichosa nueva”, ni a estas alturas del partido, pretende predicar en el desierto la necesidad de devolver la donación de uno de los grandes magnates del capitalismo por alguna especie de revanchismo ideológico, no se trata tampoco de sacar a colación alguno de los pecados capitales de Amancio Ortega, sino que en un contexto en el que según cifras de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), una de cada tres personas tendrá algún tipo de cáncer a lo largo de su vida, lo que se encuentra realmente en el centro del debate, es la necesidad de garantizar un sistema de salud lo suficientemente sólido como para poder hacer frente a tan dantesco desafío. Y en este sentido por muy extraño que parezca, los millones donados por la poderosa fundación, no hacen más que agravar el problema.

La generosidad de Amancio Ortega, llega en medio de una crisis económica que ha afectado de una manera notable a un sistema sanitario español, que si bien siempre hemos considerado como uno de los mejores del mundo, hemos de admitir que nunca nos hemos molestado en mantenerlo o mejorarlo con la importancia requerida para ello. Con un recorte de 12.000 millones en gasto público desde 2009, y una política de ajustes que recorta el número de camas al tiempo que alarga insoportablemente las listas de espera, el desmantelamiento de la sanidad pública española continúa su avance, al tiempo que la empresa privada hace su aparición en escena, apoyada por una derecha política que de cara a la opinión pública reitera ser la más firme defensora del sistema sanitario de todos, pero que en su día a día prefiere realizar su apuesta por lo privado en el servicio y en las adjudicaciones, al tiempo que sus políticas provocan la degradación de un patrimonio que nos pertenece a todos.

Amancio Ortega, no pretende cuestionar un modelo en donde el parasitismo de lo privado sobre lo público amenaza con instaurar una sanidad a dos velocidades, ni tampoco abre en nuestro país un debate que se antoja más acuciante que nunca acerca de las vías de financiación adecuadas para sostener las necesidades de nuestro sistema sanitario. La donación de la Fundación Amancio Ortega, se trata simplemente de caridad, caridad en el más estricto sentido friedmanita, entendida esta como aquella que ejerce el económicamente opulento sobre el más necesitado. La iniciativa del magnate de Inditex profundiza en una concepción jerárquica de la sociedad, que pretende sustituir el concepto de estado basado en redes de solidaridad y apoyo mutuo, por una relación desigual que deja de orbitar en torno a los derechos y necesidades del conjunto de la ciudadanía para pasar a responder únicamente a los caprichos de quién por su situación económica puede destinar parte de sus recursos a la caridad, ya sea con el objetivo de conseguir mayor publicidad, lavar su conciencia o simplemente con la intención sincera de proporcionar ayuda. Sea cual sea la motivación primigenia de “tan loable gesto”, lo cierto es que con él, continua profundizándose en la vinculación, pensemos que inconsciente entre los intereses del hacendado y el porvenir del populacho.

Ortega, al contrario que muchos de sus compañeros más favorecidos, no ha ligado su solidaridad a una petición de subida de impuestos con las que fortalecer la financiación de escuelas, carreteras, programas de ayuda o centros sanitarios públicos. El concepto de altruismo del fundador de Inditex está más relacionado con su humor o sus apetencias, que con el compromiso en firme de un pacto social recaudatorio común. El mismo empresario que regateó con Hacienda 33 millones de euros por su impuesto de patrimonio y cuya empresa evitó pagar 600 millones en impuestos recibe ahora los elogios de una sociedad por un acto, que como el diputado de Podemos “>Iñigo Errejón recordaba, era el de quién “se va sin pagar la cuenta de una cena de postín pero deja una propina generosa en la mano del camarero”. En una sociedad en donde las familias aportan 50 veces más en impuestos que las grandes empresas, una reforma fiscal que permita una financiación adecuada de las políticas sociales y el cumplimiento de cada ciudadano con sus obligaciones tributarias, supone una necesidad mucho mayor que la de ligar nuestra salud o nuestras necesidades al buen discurrir de las finanzas del señor Ortega.

No se trata de verter críticas contra la solidaridad individual o de una cruzada contra el fundador de Inditex, se trata de poner sobre la mesa las reglas del juego y recordar que uno no puede hacer trampas para posteriormente repartir parte de sus ganancias entre los demás y esperar luego su agradecimiento. Esto sin duda, terminaría llevando a una situación en la que el propio juego se corrompa. La solidaridad de la burguesía española ha sido siempre una solidaridad de cortijo, propia de quien parasita en la medida de lo posible el esfuerzo del trabajador, para a continuación desde una supuesta posición de superioridad moral decidir sobre su destino. Algo que hasta ahora ha resultado posible gracias a un parlamento en el que siempre han primado los intereses de las grandes fortunas por encima de los del conjunto de la ciudadania. No se trata de una crítica sin sentido a la donación de Amancio Ortega, sino de una negativa a sustituir la solidaridad y el compromiso, por la caridad y el egoísmo de quien se permite defraudar a Hacienda, para a continuación donar parte de lo defraudado. El gen del egoísmo desmedido de gran parte del capitalismo y no ningún otro, es el principal comportamiento que hay que extirpar de la sociedad.

“Regala un pescado a un hombre y le darás alimento para un día, enséñale a pescar y lo alimentarás para el resto de su vida”

Proverbio Chino

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Carrero Blanco, ministro naval

“Primero vinieron a buscar a los comunistas, y yo no hablé porque no era comunista. Después vinieron por los socialistas y los sindicalistas, y yo no hablé porque no era lo uno ni lo otro. Después vinieron por los judíos, y yo no hablé porque no era judío. Después vinieron por mí, y para ese momento ya no quedaba nadie que pudiera hablar por mí”

Martin Niemoeller

La Audiencia Nacional acaba de condenar a un año de prisión y a siete de inhabilitación absoluta a la compañera Cassandra por 13 mensajes sobre el gerifalte franquista Carrero Blanco, asesinado por ETA en 1973. La Justicia española ha considerado que los mensajes lanzados por Cassandra en su cuenta de la red social Twitter suponen desprecio, deshonra, descrédito, burla y afrenta a las personas que han sufrido el terrorismo y a sus familiares. La Sección Cuarta de la Sala de lo Penal en una sentencia, fechada el martes 29 de marzo, abre así un peligroso precedente para una sociedad que dice considerarse democrática. El mismo país que durante años se ha llenado la boca con hipócritas discursos para exigir libertad de expresión en países como Venezuela o Ecuador, y que quiso hacer ver al mundo su solidaridad con Charlie Hebdo o su compromiso con Leopoldo López, es el que ahora cuarenta y cuatro años después de la muerte del último valuarte del franquismo, se permite arruinar el futuro inmediatro de una joven estudiante de historia por unos jocosos comentarios lanzados acerca del almirante y mano derecha del dictador franco.

La justicia que decidió no actuar ante las amenazas de muerte al Presidente de SOS Racismo Madrid Moha Gerehou, y que convive con el enaltecimiento del fascismo en un país en donde una dictadura de ese carácter provocó la más triste página de nuestra historia, condena a Cassandra a una pena de presión aludiendo a que su actuación “golpea sentimientos de solidaridad de la comunidad que en todo delito de terrorismo percibe un ataque a la convivencia pacífica construida entre todos” y “Supone una lesión a su dignidad humana”, una sentencia pretende de ese modo ocultar tras el discurso de la protección a las víctimas, un claro ataque a la libertad de expresión de los ciudadanos de nuestro país o al menos a una gran parte de ellos.  Muy al contrario de lo que alega el tribunal, los comentarios realizados por Cassandra desde una cuenta de Twitter con apenas 15.000 seguidores no “producen perplejidad e indignación en la sociedad” sino que es el reproche penal ejercido sobre la tuitera, lo que alarma a una sociedad que ve como las barreras a su libertad de expresión ya avanzan en España a pasos agigantados.

En un país en donde se llega a sancionar a quién osa alertar ante el abuso de poder de las autoridades, se persiguen el publicar filtraciones pese a la efectividad demostrada por la prensa en ese campo frente a la corrupción (o precisamente por ese motivo) y se ponen serias trabas al derecho a huelga de los trabajadores, la persecución al humor y la ironía de esta sentencia se debe enmarcar en el contexto de una cruzada moral que en la actualidad cae del lado de los postulados de una derecha de insulto fácil y escasas disculpas, que sigue marcando la agenda del discurso de este país frente a una izquierda siempre a remolque de los acontecimientos.

Cassandra suma su nombre a los de César StrawberryBeñat Lasa FernándezValtonyc o Pablo Hásel entre tantos otros (capítulo a parte merecería la triste y delirante Operación Araña) que han pagado con penas de cárcel o sanciones económicas, el ejercer su libertad de expresión en lo que muchos todavía consideran una democracia plena. Nos arrebatan la justicia al igual que lo hacen con la sanidad o la educación, poco a poco, de forma paulatina y comenzando siempre su ataque por los más indefensos, por los desarraigados del sistema, aquellos que se salen del rebaño del pensamiento único implantado por los mass media, y se atreven a pensar por sí mismos, pero también por los más desfavorecidos económicamente, aquellos que no parecen importarle a nadie, y que carecen de cualquier tipo de recurso para hacer valer sus derechos. No terminamos de comprender que se trata tan solo de los primeros pasos de una empresa mucho mayor, una escalada en el recorte a nuestros derechos fundamentales que poco a poco, ya no transigirá ningún derecho a replica.

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The King in the North

La política del Eurogrupo durante la crisis griega se encargo de dejarnos claro dos cosas, una es que el carácter del neerlandés Jeroen Dijsselbloem no soporta demasiado bien los desafíos a su programa de autoritarismo económico, y la otra es que pese a no contar con el respaldo del sufragio de la ciudadanía, el Eurogrupo sin duda resulta uno de los mayores instrumentos para implantar en Europa los postulados económicos del neoliberalismo.

Los efectos de la crisis económica, lejos de suscitar los profundos debates ideológicos u organizativos, necesarios en el seno de la Unión Europea para profundizar en una mayor integración política, han desembocado en la total hegemonía de los intereses alemanes sobre el conjunto de la eurozona. Apoyada en el FMI y el BCE, Alemania impulsó la asfixiante presión de los mercados financieros sobre los países deudores que transformo los rescates de Grecia, Portugal, Irlanda o España, en una fuente de impulso para su propia economía, al ver como el aumento del precio de los créditos de esos países era acompañado con un abaratamiento de los costes de refinanciación de los bonos alemanes. Un modelo económico del Euro impuesto para cimentar la consideración internacional de Alemania como un valor refugio, que obliga a los gobiernos del sur de Europa a implantar políticas económicas destinadas en su mayor parte a garantizar el pago de la deuda, y que a su vez, traen consigo los tan temidos recortes que junto a una reducción de los ingresos laborales y a una apuesta única por las exportaciones, terminan profundizando en la desindustrialización del sur de Europa y socavan toda posibilidad de crecimiento y competencia en el seno del Eurogrupo.

El proceso de narcisismo económico que se plantea en Alemania para Europa, se ve completado con una concepción sumamente paternalista de las relaciones de solidaridad y responsabilidad dentro de la Unión. Lejos de culpar por  los efectos de la crisis económica a las políticas de la banca y los fondos de inversión, llevadas a cabo con el beneplácito de los Bancos Centrales y la connivencia de los políticos, Wolfgang Schäuble y  Angela Merkel, se han posicionado siempre entre los principales adalides de aquellos que veían en la desenfadada forma de vida del sur de Europa la causa principal de todos sus males. A nadie deberían extrañar por tanto las declaraciones de Jeroen Dijsselbloem en las que asegura que en la crisis del euro, los países del Norte se habían mostrado solidarios con los países en crisis, pese a que estos se gastaban todo su dinero en licor y mujeres para a continuación pedir ayuda. El pensamiento de Jeroen Dijsselbloem es el del emperador romano frente a los barbaros incivilizados del Sur de Europa, una horda de vividores empeñados en pasar sus horas entre copas de licor, rayas de cocaína y hermosas mujeres, todo ello financiado con fondos europeos. Abandona su discurso el presidente del Eurogrupo a una serie de tópicos muy manidos, para intentar culpabilizar a una parte de la ciudadanía europea que probablemente sea la que más está sufriendo en sus propias carnes los efectos de sus políticas económicas.

El sexismo y la xenofobia de las palabras de Dijsselbloem, parecen destinados a esconder ante la opinión pública europea los nada menos que 40.900 millones de euros que en los últimos cinco años Alemania se ha ahorrado por los bajos tipos de interés que paga por su deuda o el despilfarro  realizado por la propia locomotora europea. Una realidad, la de un Sur de Europa supeditado a los intereses y dictados de un neoliberalismo económico que lo ahoga, que a un supuesto socialdemócrata como Dijsselbloem, parece preocupar en mucha menor medida que lo que él considera modo de vida libertino propio del mediterráneo. La respuesta de los países del Sur de Europa no se hizo esperar en forma de exigencias formales de disculpas y peticiones de dimisión ante lo que es considerado como un insulto directo, además de una justificación implícita de las políticas xenófobas que comienzan a implantarse con firmeza en diferentes gobiernos europeos. Lejos de presentar su dimisión, Dijsselbloem se ha intentado escudar en malabares ideológicos con la teoría weberiana para justificar en la moral calvinista holandesa, un discurso que nada parece tener que ver con la religión a no ser que queramos ver en las palabras del presidente del Eurogrupo una reacción ante la Europa católica, en un contexto en el que Papa Francisco ha alertado en numerosas ocasiones acerca del peligro de las dictaduras económicas. Puede que la parte calvinista de quién no soporta demasiado bien los desafíos haya tenido algo que ver en toda esta polémica, pero todo parece indicar que se trata de un nuevo toque de atención de Alemania y del propio Eurogrupo para recordar la jerarquía existente. Al fin y al cabo las palabras de Dijsselbloem tan sólo suponen una forma más directa e inhumana de trasladar el discurso institucionalizado de la Europa de las dos velocidades

Las opciones parecen ya escasas pero claras para los gobiernos del Sur de Europa. En un contexto de pretendido vasallaje económico y político, la única alternativa viable para garantizar el proyecto común europeo se dibuja en un replanteamiento ideológico de igual a igual. Alemania y el resto de países de la Unión, deben comenzar a ver en la diversidad y en la fortaleza de las partes el principal valor Europeo. La concepción de solidaridad y cooperación en el seno de la Unión Europea debe plantearse en términos de rentabilidad global, y no como una balanza de intereses nacionales en el que unos estados se impongan sobre otros  con mayor asiduidad de la que resultaría deseable.

Dijsselbloem ha escupido con insolencia a la cara de los europeos lo que hasta ahora suponía el pensamiento mayoritario entre muchos de sus dirigentes. Su dimisión sin duda resulta necesaria por dignidad y por la responsabilidad política que mantienen los representantes de los gobiernos del Sur de Europa con sus habitantes, pero si no deseamos que únicamente sea la forma del discurso lo que cambie en Europa, es hora de plantear desde el Sur un pulso ideológico mayor.

“La República Federada de Europa es lo que debe ser. La evolución económica exige la abolición de fronteras nacionales. Si Europa debe permanecer dividida en grupos nacionales, entonces el Imperialismo recomenzará su trabajo. Sólo una República Federada de Europa puede dar la paz al mundo.”

León Trotsky

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La quinta columna del Yihadismo

De nuevo el horror, los gritos incesantes, el pánico, los llantos, la sangre. Enseguida el ruido lejano de las sirenas, nombres lanzados al aire con desesperación entre un constante grito sordo que parece como llegar de otro mundo, desde otras fronteras, mucho más allá del puente de Westminster o del propio Londres. De pronto un horror global capaz de imponer su tortura e inducir el pánico en un campo de desplazados en Nigeria, arrasar Damasco o golpear Alepo, hace su aparición en Londres sin que el color de nuestra piel, nuestras creencias o las afiliaciones políticas, parezcan importar cuando la sangre de personas inocentes comienza a derramarse a escasos metros pero todavía a una distancia insalvable de la Square Mile, el Número 10 de Downing Street o el Palacio de Buckingham. Allí estas muertes tardaran unos días en cobrar su sentido en forma de nuevos bombardeos, acalorados debates políticos o condolencias cargadas de medias verdades, silencios demasiado sonoros y palabras huecas como única forma oficial de consuelo.

En la acera, el sin sentido de más muertes. Entre ellas la de Aysha Frade, una profesora de 43 años de origen gallego, concretamente de Betanzos, a apenas cuatro kilómetros desde donde ahora escribo. Una conexión anecdótica quizás, pero lo suficientemente directa para que su muerte me haga pensar un poco más,  para que me resulte sencillo empatizar sin dificultades con el dolor de su familia e imaginarme las circunstancias que pudieron rodear a su muerte, seguramente un día normal para ella, camino del trabajo, una cita o de la universidad, un coche a toda velocidad, el caos y en un instante el miedo.

El miedo es un arma poderosa, mucho más que un coche, un cinturón bomba o un kalashnikov, el miedo puede enquistarse y perdurar en tu mente, en una sociedad o incluso en todo un continente, haciendo que se levanten nuevos muros de odio y segregación entre nosotros y ellos. Unos muros que son realmente lo único capaz dar sentido a esas muertes para quienes las cometen. Ningún Dios, ni ninguna bandera, pueden provocar mayor fanatismo que aquel que se cría y se reproduce en la miseria oculta al otro lado del muro. Barreras y concertinas que demasiadas veces se trasladan a nuestros barrios en forma de violencia policial, marginalidad, aislacionismo y una sensación de desarraigo cultural, propia de quienes generación tras generación han visto como se les negaba un hogar a ambos lados de la frontera.

No me malinterpreten, no pretendo justificar el yihadismo o decir algo así como que en Occidente nos lo tenemos merecido por todo el dolor acumulado por los pueblos oprimidos del mundo. No creo que funcionen así la cosas, al menos no deberían hacerlo. Pero sí creo firmemente en que los enemigos ya se encontraban dentro de nuestras fronteras antes de que comenzase todo esto. Cuando Osama bin Laden era un luchador anticomunista, las madrasas de Pakistán patentaban por primera vez el modelo de radicalización que arrasaría medio mundo y Yugoslavia sufría por primera vez un ataque destinado a desintegrar a una sociedad que jamás volvería a recuperarse tras aquella guerra. La brutalidad de la  Operación Fuerza Aliada, traslado a Yugoslavia el horror que había reinado en AfganistánNiños más familiarizados con el sonido de los cazas que con la alegría propia de un patio de colegio, tropas extranjeras, matanzas, guerra santa… Cuando las escuelas se vacían el fanatismo hace acto de presencia. Mucho después de que la OTAN o el ejercito Estadounidense haya abandonado el lugar a su suerte, tras el proceso de pacificación, cuando las cicatrices de la guerra solo pueden curarse con un cerrazón sobre las propias creencias, y la búsqueda de un sentido mayor a tanto sufrimiento. Es entonces cuando desaparece la lógica de las víctimas inocentes, entre campos de refugiados, barrios empobrecidos y cantidades ingentes de propaganda religiosa, alimentada incesantemente por nuestras campañas de democratización armada. Desde Occidente, la opinión pública pretende buscar una lógica de paz a los actos llevados a cabo por quienes se encuentran inmersos en una guerra global.

Un mundo islámico dividido entre guerras de poder internas, geopolítica intervencionista y demasiadas veces, una lógica  cimentada entre la caridad y las armas, con una herida abierta en común en tierras palestinas en donde la ocupación israelí y el posterior holocausto palestino sirvieron como campo de experimentación a la yihad global. Asesinatos selectivos y guerras televisadas con el único objetivo de reducir a cenizas cualquier alternativa política en Palestina, que pudiera simbolizar una esperanza de unidad. El Panarabismo moría al tiempo que des sus cenizas surgía un nuevo monstruo criado entre la sangre de inocentes, y alimentado por la sed de venganza. La guerra de Irak supuso la madurez de la yihad global, una guerra exclusivamente por recursos, cimentada entre mentiras y la total impotencia de las organizaciones internacionales ante el poder del imperio.

De las ruinas de Irak surgiría Al Qaeda como embajador global del terror, una imagen de marca del yihadismo al que como no podía ser de otra manera en una sociedad capitalista, pronto le siguieron numerosas franquicias y competidores. Una lógica de mercado aplicada al terror, que ha salpicado a todo el planeta con su sin razón, con su barbarie. Trasladando de forma indiscriminada el dolor de la guerra a lugares como Riad, Bali, Monbasa o Madrid. Un fanatismo, capaz de transformar la primavera de la esperanza en el más absoluto invierno. Egipto, Libia, Siria, Yemen, juguetes rotos en el tablero global de la geopolítica, que pronto formarían un autentico reino del terror en forma de un pseudocalifato apócrifo capaz de trasladar el infierno a la tierra.

No existe algo así como la seguridad global basada en las armas, no existen vallas, cuerpos de seguridad o protocolos antiterroristas capaces de impedir que el dolor de un mundo a la deriva nos salpique. No existe una política mágica capaz de erradicar al fundamentalismo de nuestras fronteras, resulta necesario tiempo para revertir décadas de etnocentrismo, debates sesgados, guetos y una la política basada en el miedo a lo diferente. Se necesita todo lo contrario a los valores de los que hoy hace gala Europa, una sociedad que ha olvidado sus propios demonios para de nuevo mostrarse impasible ante el auge de la xenofobia. Un  continente en una profunda crisis de valores, que la actual crisis económica no ha hecho más que profundizar.

No pretendo justificar el terrorismo, no creo que un artículo pueda llegar a cumplir tal fin por mucho que los de siempre se empeñen en tergiversarlo. El terrorismo, al igual que la guerra o la desigualdad social, tienen causas que lo provocan. Causas oscuras en demasiadas ocasiones y por norma general, muy alejadas de todos aquellos que derraman sangre inocente en una calle en Londres o en un lejano desierto. Nuestro deber con ellos, nuestro deber como sociedad, es el de intentar comprender los oscuros motivos que llevan a alguien a abandonar toda esperanza, con el único objetivo de matar, de provocar dolor. Solo así, podremos poner fin a un invierno moral ya demasiado largo.

“Nosotros representamos el futuro de Pakistán, un futuro en el que no tiene cabida la ignorancia, la intolerancia, y el terrorismo.”

Benazir Bhutto

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