Acerca de @SeijoDani

Estudiante de sociología en la UDC.

Fútbol: correr como un negro para vivir como un blanco

“El deporte es el esperanto de las razas”

Jean Giraudoux

“Voy a correr como un negro para vivir como un blanco”.

Samuel Eto’o

Existen asuntos prioritarios para una sociedad a los que sin embargo la mayoría de sus miembros deciden darle la espalda, existen males intrínsecos a la parte más oscura del ser humano que se repiten generación tras generación sin que el silencio social logre acallar los gritos de aquellos que sufren en sus carnes el peso de la desigualdad. El racismo, como la más profunda estupidez, no se trata de algo propio del fútbol, aunque puede que dicha actitud si se reproduzca especialmente en sus estadios. Amparados en la particular atracción que produce para los especímenes más cobardes del Homo sapiens el anonimato, los gritos racistas, las consignas segregacionistas o los sonidos evocando a un pariente animal –en cierta forma moral más evolucionado que nosotros– se reproducen como muestra del profundo desprecio que estos miserables sienten por el que consideran diferente, por el que por tanto consideran su enemigo.

Resulta oportuno aclarar este punto –dado que para muchos de estos elementos racistas la figura del enemigo se articula de un modo ciertamente muy relativo– que el enemigo es el negro, el paqui, el moro de mierda, pero puede que no tanto ese jeque Qatari que ha montado el nuevo estadio del equipo, el boxeador estadounidense que tiene tanta pasta o el negro aquel que los había clasificado para la final de Champions con un golazo en el último minuto que todavía hoy recuerdan. Cuando un negro corre como un negro, cuando un moro de mierda demuestra poder económico o el éxito del que pensaban diferente, inferior, resulta tan obvio que esos pobres diablos se descubren de un modo repentino ante un mundo donde las desigualdades únicamente atienden al color del dólar, solo entonces, los parias de la tierra se descubren víctimas de una injusticia común con aquellos a los que desprecian profundamente. Pero no esperemos una transformación por su parte, no esperemos una disculpa o simplemente un cambio de actitud, renunciar a su odio, a su ideología y a todo aquello en lo que han creído tan firmemente hasta ese momento, sería admitirse en una posición común de suma debilidad frente a un enemigo demasiado poderoso como para poder plantearse combatirlo.  Por tanto, quizás resulte incluso lógico que los racistas se escondan en un mundo fantasioso en el que su raza les otorga por nacimiento unos privilegios que siempre terminarán de llegar con el último muro levantado por el gobierno conservador, por las políticas racistas o las continuas expulsiones de emigrantes y su lenta agonía en el Mediterráneo. Un racista es en el fondo simplemente un cobarde que se niega a encarar el mundo tal y como funciona en realidad, pero ojo, a veces los cobardes pueden resultar sumamente dañinos e incluso peligrosos.

Intentar razonar con quienes apoyan la discriminación, segregación o incluso exterminio de parte de sus congéneres humanos, únicamente apoyados en absurdas ideas científicas o religiosas, resulta en gran parte de las ocasiones absurdo. La barbarie nazi, la segregación y persecución racial en Estados Unidos, el régimen del apartheid en Sudáfrica o el racismo contra el indígena presente en mayor o menor medida en toda América Latina, nos muestran claramente como el racismo es un arma siempre a disposición de los estados para desviar el descontento social, para justificar el fracaso de gran parte de la población, para ejercer de blanco de las iras de quienes no se atreven a bucear en la búsqueda del verdadero culpable. La única cura posible para el racismo es la educación, uno puede viajar –y de hecho cada día lo hacemos más– y continuar siendo un jodido racista toca pelotas que mira con desprecio a los camareros de esa piscina del hotel vietnamita de la que no piensa salir en todas las vacaciones, uno puede compartir su día a día en la fábrica con un compañero negro y tratarlo simplemente como una máquina barata, uno puede jugar en el equipo del barrio con un compañero gitano y seguir considerándolo diferente, pero cuando uno crece y se desarrolla en una sociedad que fomenta la igualdad, que no ve en los apellidos, en el barrio en el que vive, pero tampoco en el color de la piel o el lugar de nacimiento un motivo para la discriminación, entonces con toda probabilidad aprenderá a tratar a los demás como iguales.

En gran parte el problema del racismo es el odio, la frustración y la más profunda de la incultura y la cobardía, cualquier motivo es bueno para que el ser humano pueda –o al menos intente– sentirse superior, especial. El color de la piel, los rasgos, la raza…meros detalles insignificantes que jamás podrán explicar la honradez de Mandela, la valentía de Thomas Sankara, el inmenso talento de Ray Charles, la rebeldía de Rosa Parks, la rapidez de Jesse Owens, la pegada de Muhammad Ali, el talento de Ha Jin, la poesía de Angélica Ortiz o la visión de Albert Namatjira, nuestro deber consiste simplemente en abrirle los ojos a las generaciones futuras acerca la magia común que reside en el ser humano, independientemente de cualquier otra tonalidad que no sea simplemente la de nuestra alma.

Hoy el fútbol es un fenómeno de masas, el llamado deporte rey en nuestro país mueve miles de millones cada año, arrastra a cientos de miles de personas cada semana a los estadios, proporciona audiencias televisivas de locura y también monopoliza sueños, concretamente los sueños de miles de niñxs y no tan niñxs que ven en esos héroes modernos un referente con el que guiarse. Los niños ya no quieren ser periodistas, escritores o bomberos, el deporte ha superado con creces a cualquier otra ensoñación del éxito futuro y los futbolistas son hoy auténticos referentes sociales para gran parte de nuestra población. No voy a pedir que Messi repita el gesto del puño en alto de Sócrates en señal de protesta contra la represión de Macri, ni que Cristiano Ronaldo se inspire en Tommie Smith y John Carlos para copar todas las televisiones con una profunda reivindicación que ponga fin a las demenciales políticas migratorias de la Unión Europea, después de todo dudo mucho que fuesen unas celebraciones apropiadas para sus patrocinadores en PES o FIFA, pero al menos si le pediría a los deportistas que compiten en España que aparten sus lamentables comportamientos racistas de nuestros campos y estadios.

No puedo asegurar que Iago Aspas llamase “negro de mierda” al futbolista del Levante Jefferson Lerma, supongo que no puedo asegurarlo  porque han pasado pocas horas y en las distintas televisiones no han dispuesto de tiempo para buscar las imágenes, mientras que por su parte en los organismos pertinentes prefieren actuar con calma ante un asunto de tamaña gravedad. Aunque he de admitir mi sorpresa ante semejante tardanza cuando uno hoy puede enterarse al segundo de las tendencias políticas de Pep Guardiola, la marca de natillas favorita de Mourinho, ver las vomitonas de Messi desde el cualquier ángulo o incluso el escote de la mujer del público que desee pese a no disponer de su consentimiento, en fin, puede que de ser yo algo más desconfiado pudiese llegar a pensar que en un deporte en el que todavía guarda poder la ultraderecha española y en unos medios en los que las minorías no suelen pintar nada, el tema de un jugador llamando negro de mierda a otro, importa precisamente eso: una mierda.

Allan Nyom, Roberto Carlos, Dani Alves, Kameni, Samuel Eto’o…, el racismo contra los jugadores en nuestra liga nunca ha salido demasiado caro para esos espectadores que han decidido ejercerlo como si fuese un derecho más adquirido con la compra de su entrada. En el fútbol español comparar a un jugador con un mono, llamar al compañero o rival negro de mierda o incluso los cánticos y símbolos racistas nunca han supuesto un motivo lo suficientemente importante como para que el espectáculo parase por un instante, el balón debe rodar pase lo que pase  y cuando uno intentar impedirlo se le toma por loco, pese a que acabe de soportar como gran parte de un estadio le ataca con insultos racistas tal y como le sucedió a Samuel Eto’o en La Romareda.

El fútbol es fútbol, y el racismo es racismo. Pese a que el jugador Iago Aspas considere que “Lo que se dice en el campo, se queda en el campo” –el machismo en su momento también se decía debía quedarse en el hogar– resultaría cuanto menos ejemplarizante y oportuno que la justicia actuase de oficio para escarmiento de todos aquellos que consideren que el racismo sale gratis. Después de todo en un país en el que se persigue a raperos, tuiteros, viñetistas, titiriteros, cómicos, artistas, periodistas e incluso activistas, que menos que equilibrar un poco las cosas persiguiendo también los actos racistas.

Y ya para terminar con un tópico futbolístico como muestra de consideración para todos aquellos que quizás por equivocación en este artículo esperaban otra cosa –puede que una EXCLUSINDA, así en grande pero vacía o que sé yo– , recordar que el fútbol es un juego simple; 22 hombres persiguen un balón durante 90 minutos, y al final si no actuamos firmemente contra el racismo, en esta ocasión tampoco los alemanes ganarán.

 

 

Anuncios

Una violación no es porno

Señor Vila-Coia, me sorprende enormemente que un hombre de su supuesta categoría intelectual siga aludiendo a la censura ante lo que a todas luces se trata simplemente de un lento pero firme proceso de cambio social en el que poco a poco usted está quedando desfasado. No se trata de que la universidad, los medios generalistas o gran parte de la comunidad presente en las redes sociales censuren sus comentarios por alguna extraña confabulación feminista que pretende apartar y apagar su opinión, sino que simplemente sucede que  las auténticas barbaridades el público admitía en el pasado, hoy son inconcebibles para una mayoría social que poco a poco –pero firmemente– comienza a recriminar y rechazar las voces más alienadas con el discurso del patriarcado.

Pedía en su cuanta de Twitter una crítica seria contra los argumentos y reflexiones que usted vertía en diferentes diarios a tenor del caso de terrorismo machista acaecido en Pamplona durante los sanfermines de 2016, bien, no me considero especialmente iluminado como para que pueda llegar a considerar lo que me dispongo a escribir una crítica seria –especialmente teniendo en cuenta que bajo su criterio aquel artículo suyo si lo era–  pero intentaré que al menos pueda llegar a comprender que expresiones como “machista”, “asqueroso” y especialmente la de “exabrupto de taberna” pueden llegar a ser en cierta manera la mejor forma de definir aquel trabajo suyo.

La taberna en Galiza es habitualmente un lugar anclado en el tiempo, defensora de sus costumbres pese a la evolución social y mental de toda aquella población ajena a ese lugar tan particular entre calendarios comerciales, vinos especialmente baratos –indiferentes también a toda esa pijotada surgida alrededor de tales caldos–  debates improvisados y espacios para todas las opiniones habidas y por haber. Normalmente en la taberna cualquier opinión es bien recibida, después de todo en ellas han bebido tradicionalmente los vencedores y los perdedores de la guerra, los represaliados y los caciques, los terroristas y los demócratas, los obreros y también los patrones… El intentar imponer un consenso entre semejantes polos regados con copas de vino, aguardiente y algún que otro problema que venía ya escapando de casa, podría fácilmente derivar en tragedia. En la taberna uno podía reírse de que el hijo del vecino pareciese un maricón con esas pintas, alardear de las hazañas sexuales que uno podría realizar con la mujer de algún Miña Xoia que en realidad no la sabe “disfrutar” o incluso sembrar la duda del “algo haría” sobre una presunta violación sin que habitualmente nadie pusiese el grito en el cielo. La reacción más habitual en ese ambiente ante una barbaridad que rompa ese pacto social tan particular sería la de apurar la copa, pedir la cuenta y quizás despedirse con un último comentario cargado de retranca.

Por suerte o por desgracia para usted, su último artículo ha sobrepasado los límites que normalmente alcanzan los medios en los que se ha publicado, y fuera de ese particular público –y me atrevo a asegurar de que también dentro– sus opiniones han sentado como un auténtico “exabrupto de taberna” para una masa social poco a poco más concienciada con los paradigmas feministas. No se trata de censura a los hombres frente al feminismo, sino de rechazo frontal y directo a lo que muchos han identificado claramente como machismo, un machismo que hasta hace poco no era identificado y enfrentado en nuestra sociedad, pero que hoy al igual que  ha sucedido con en el racismo, el fascismo o la xenofobia comienza a ser repudiado, apartado y denunciado por el conjunto de la sociedad.

Busca usted auxilio en la antropología sexual y en la filosofía antropológica, se pierde en la elucubración metafísica e ignora, desconozco si premeditadamente o simplemente debido a que lo considera irrelevante, el testimonio de la víctima de la supuesta agresión sexual, los informes de los forenses, el informe pericial de la policía foral, los indicios que llevan a la Audiencia de Navarra a mantener a los acusados en presión preventiva y también las razones de la fiscalía para pedir para cada uno de ellos 22 años de cárcel. En este juicio con pronta resolución no se está juzgando para nada la sexualidad humana, no se trata de un coloquio filosófico de domingo por la tarde, ni de una oportunidad para hablar de nuestro libro, lo que se juzga en esa sala es una nueva agresión machista, una violación en grupo supuestamente cometida por cinco hombres contra una mujer que simplemente disfrutaba de su ocio como lo hacían miles de hombres y mujeres durante las fiestas de sanfermin.

Elucubra usted sobre la posibilidad de que un adolescente desee tener relaciones sexuales con varios hombres al mismo tiempo, sobre si alguien puede llegar a sentirse agredido sexualmente sin que de forma objetiva sea apreciada tal cosa por nuestros sentidos, sobre si la víctima cierra los ojos por miedo o por vergüenza, sus gemidos, su posición durante la supuesta agresión sexual o incluso sobre las causas por las que entró aquella noche en aquel portal, se hace usted numerosas preguntas y ninguna de ellas señor mío resulta para nada fundamental. En una cama con champagne y velas, en el baño de una discoteca o incluso inmersos a en medio de lo que usted considera una “Catarsis dionisíaca”, la pregunta fundamental es la siguiente: ¿Existió consentimiento por parte de la denunciante?.

 

Si la respuesta es no –por mucho que su elucubración metafísica apunte en otra dirección– hablamos de una violación. En fotos como las que usted aporta en su cuenta de Twitter en la que diversos hombres y mujeres tocan y manosean a otros hombres y mujeres durante sanfermines, la mecánica atiende exactamente a la misma lógica, se diferencian entre agresiones y meros actos con carácter sexual dependiendo de si existe o no consentimiento en ellos. Personalmente, he de decirle que también he tenido la oportunidad de disfrutar de Pamplona durante las fiestas a las que nos estamos refiriendo, puedo asegurarle que he disfrutado plenamente de sus días y sus noches dejándome llevar por la desinhibición del alcohol y la magia de sanfermines. Pero con  catarsis dionisiaca colectiva o sin ella, nunca me he visto impelido a interpretar un No,un silencio o la sumisión de nadie como una señal para hacer lo que no había hecho nunca. Cuando la sexualidad reprimida y mal entendida sale a la luz manifestándose con toda su oscuridad en una nueva agresión patriarcal contra una víctima inocente, ni todo el alcohol del mundo, ni las calles de nuestros festejos, ni el solitario zaguán de un edificio, ni toda la ambigüedad del mundo en una publicación periodística, podrán evitar que seamos nosotrxs quienes nos convirtamos en la manada para gritar bien claro que si tocan a una, nos tocan a todxs.

A los 18 años una mujer puede ser plenamente consciente del número de hombres con los que se ha de relacionar, a quién y por qué debe dar su consentimiento o hasta que punto debe llegar en su interés sexual por otra persona. A los 18 años sin embargo ninguna mujer debería tener que presentarse en comisaría tras haber sido violada por 5 hombres, nunca tendría que demostrar su inocencia, dar explicaciones de su comportamiento cuando ha dejado clara su negativa o lidiar con comentario machistas y titulares que sin que se sepa muy bien el motivo pretenden alejar el hecho de que ha sido agredida del centro del debate.

En conclusión, a pesar de la inconsistencia de su artículo o la incomprensible manía por tildar de censura lo que simplemente es un amplio y profundo rechazo social frente a sus declaraciones o sus particulares divagaciones, lo que queda claro es que a la espera de una sentencia firme, sería aconsejable para todos evitar lidiar con nuestros traumas o batallas pendientes pisoteando el respeto que se debe a la víctima.

57b47afe709ab-r_1471447192854-0-274-1706-1153

La conjura de los necios

“El problema con el mundo es que la gente inteligente está llena de dudas, mientras que la gente estúpida está llena de certezas.”

Charles Bukowski

 

Esta vez le ha tocado a Alberto Garzón por su sonada luna de miel en Nueva Zelanda, pero no nos engañemos, el sambenito de traidor a la clase obrera y las críticas oportunistas de cierta parte de la sociedad -puede que mayoritaria- van a estar siempre listas para cualquiera que en un sistema capitalista decida salir adelante pese a continuar cuestionando el orden de las cosas desde la izquierda.

No me cabe duda de que pueden existir contradicciones cuando un político activo realiza un viaje de un mes de duración a Nueva Zelanda mientras se negocian los Presupuestos Generales del Estado e inmersos de lleno en pleno procés de Catalunya, no tengo tampoco ningún reparo a la hora de mostrar mi satisfacción cuando observo a ciudadanos de a pie preguntándose como es posible que ciertos sectores sociales se puedan permitir ese tipo de lujos mientras ellos llegan cada vez más justos a fin de mes, me parecería incluso un gran síntoma para nuestra democracia si no fuese porque esos mismos que ponen el grito en el cielo cuando Alberto Garzón disfruta de su luna de miel en Nueva Zelanda o Antonio Maestre decide comprarse un Iphone para ejercer lo mejor posible su profesión, directamente callan u otorgan ante los numerosos cargos del Partido Popular inmersos en casos de corrupción, los continuos desahucios ejecutados por los bancos rescatados con el dinero de todos o la cruda realidad de miles de personas sufriendo el invierno sin más resguardo que las calles de nuestro país. El problema no reside en que sean exigentes con los cargos políticos o los militantes de izquierda, el problema reside en que ejercen una disparatada Inquisición contra todo aquel que pretende cuestionar el funcionamiento del sistema, mientras guardan un silencio cómplice con aquellos que realmente los oprimen y ahogan cada mes.

No creo que ningún simpatizante o militante de izquierda pueda tener ningún problema a la hora de debatir abiertamente el sueldo o los privilegios a los que debería tener acceso un político, un periodista, un barrendero o incluso un banquero -que locura la nuestra- puede que incluso lleguemos a la conclusión de que Antonio Maestre no debería tener un Smartphone de 1000 euros -después de todo los animales periodísticos se desenvolverían igual entre el busca minas y la serpiente- y con total seguridad resolveríamos que Alberto Garzón se hubiese encontrado igual de cómodo y relajado en una playa de Cuba o Venezuela que perdido entre el Libre Mercado de la lejana Nueva Zelanda.  (¡¡Que ya son pocos los países amigos Alberto, no les hagas el feo al menos compañero!!) 

Pocos son los ciudadanos que en nuestro país  se cuestionan la integridad de los numerosos católicos que contraviniendo abiertamente sus principios religiosos explotan hasta la extenuación al prójimo, mienten con reiteración en las páginas de sus periódicos para conseguir beneficios y en definitiva viven día a día en la opulencia mientras continúan acudiendo sin remordimiento alguno a misa cada domingo. No parecen tampoco ninguno de esos españoles que se suman abiertamente a la cruzada abierta contra la izquierda aplicar la misma pasión a la caza de aquellos liberales que viven del erario público, al fin y al cabo España es un país en el que nadie se cuestiona que el hijo de un rico empresario derrame botellas de champán valoradas en 1000 euros en alguna piscina de Ibiza o Marbella, pero en el que escuece especialmente que un comunista pase sus vacaciones en Nueva Zelanda posteando frikadas vete tú a saber si sobre Juego de Tronos o El Señor de los anillos.

En el pensamiento promovido por el supuesto liberalismo económico, los que nos cuestionamos el funcionamiento del sistema no merecemos disfrutar de las recompensas que este nos pueda ofrecer pese a que las hayamos ganado con el sudor de nuestra frente en una distribución a todas luces injusta. De alguna extraña manera, pese a la precariedad, pese a las continuas crisis económicas, a la desigualdad y al obvio contraste entre el lujo desmedido y la pobreza inherente al proletariado, el sistema ha logrado que la mayoría de los españoles crean firmemente en la posibilidad de llegar a ser parte de la minoría afortunada, hoy los españoles desean ser como Amancio Ortega, Juan Roig o Rafael del Pino. No existe espacio en esta sociedad para los que simplemente desean cambiar las cosas, no hay espacio para el debate académico o político cuando la noticia la domina el absurdo más absoluto.

Hoy la fantasía ha triunfado sobre la razón, y todos aquellos que cuestionemos las reglas del juego debemos ser tratados como la disidencia, debemos ser perseguidos sin descanso por no fracasar estrepitosamente, por intentar sobrevivir en medio de la jungla sin formar parte del conjunto de depredadores económicos que dominan nuestro futuro. Pese a que pueda sonar absurdo en cierta manera, hoy los comunistas somos los veganos del mundo de la economía.

“Iba a ser un destino malévolo: ahora se enfrentaba a la perversión de tener que ir a trabajar.”

La conjura de los necios, John Kennedy Toole.

fiesta-comunista

 

 

2017, los años bárbaros

“Es que, cuando los hombres llevan en la mente un mismo ideal, nada puede incomunicarlos, ni las paredes de una cárcel, ni la tierra de los cementerios, porque un mismo recuerdo, una misma alma, una misma idea, una misma conciencia y dignidad los alienta a todos.»

La historia me absolverá, Fidel Castro

“La diferencia entre una democracia y una dictadura es que en una democracia, primero votas y después recibes órdenes. En una dictadura no tienes que perder el tiempo votando.”

Charles Bukowski

Despedimos un año en el que la censura, las leyes coercitivas, las profundas desigualdades y  el servilismo promovido por el sistema en casi todos los ámbitos de la vida han vuelto a apretar nuestras cadenas. Terminamos el año menos libres, más anclados que nunca a las grandes hipotecas y a las numerosas trampas ideológicas que los mass media nos imponen cada día debido a nuestros míseros sueldos y al escaso tiempo libre tras horas de duro trabajo.

2017 ha sido el año en el que la precariedad se ha revelado para nosotros como una realidad permanente y no como una crisis pasajera, en el que nuestros jóvenes han comprobado como pese a que hoy las banderas inundan nuestras calles, la economía y la política hacen que resulte más complicado que nunca poder trabajar y buscar un futuro mejor en España. Un año de recortes y precariedad filtrada entre las largas listas de espera en los hospitales, en los barracones habilitados como colegios públicos y en las caras de desesperación y vergüenza ordenadas en absoluto silencio ante el recurso a los comedores sociales como salvavidas ya permanentes para muchas familias. La pobreza de un país como el nuestro -al igual que la pobreza en los bloques de edificios de la depauperada clase media- se manifiesta inicialmente en los pequeños detalles que únicamente identifican aquellos que todavía hoy, permanecen con los ojos abiertos a la realidad de los desfavorecidos por un sistema profundamente injusto; puede que con ello, se explique en el fondo el silencio o la complicidad de muchos de nuestros medios de comunicación con el hostigamiento a quienes se rebelan contra sus consecuencias.

A lo largo de 365 días parte del periodismo patrio ha continuado cerrando sus ojos, ha descubierto que resulta más rentable para sus cuentas ser valiente contra los estibadores, los taxistas o quienes deciden su camino a miles de kilómetros en Venezuela o Irán, mientras guardan un cobarde silencio ante la opresión y la sangre en Honduras, Yemen o Palestina. Hoy los cínicos lanzan una desesperada y dura ofensiva destinada a arrebatarnos la voz en los medios de comunicación, su ceguera les impide ver que pese a la precariedad y a las continuas zancadillas, los que estamos dispuestos a dignificar el periodismo todavía somos legión.

Hoy 4 millones y medio de españoles esperan la llegada del invierno sin recursos para combatir el intenso frío, mientras las grandes eléctricas aumentan sus beneficios y pagan con ello anuncios en cada periódico, en cada cadena de televisión o radio. Los verdaderos dueños de la imprenta buscan esconder en la parrilla televisiva y erradicar de las portadas las numerosa muertes causadas por la pobreza en nuestro país, quienes hoy mueren carbonizados por la mala combustión de un brasero o debido a incendios causados por instalaciones eléctricas precarias, en el mejor de los casos serán víctimas de la pobreza energética para nuestros medios de comunicación, como si ponerle un adjetivo a la pobreza sirviese para erradicarla. Incluso yendo más allá, medios como El País se aventuran en su páginas a frivolizar con la pobreza intentando convertirla en algo trending, algo normalizado. Friganismo o nesting, son únicamente términos que denotan la bajeza moral y profesional de una cabecera periodística en franca decadencia.

2017 ha sido el año en el que la precariedad se ha transformado en muerte en nuestros puestos de trabajo. La táctica de gobierno y patronal para maquillar las cifras macroeconómicas de nuestro país a base de exprimir con total desconsideración a los españoles, ha terminado pasando una cruel factura a quienes hoy buscan desesperadamente su pan en un país en donde la tasa de pobreza entre ciudadanos con empleo no deja de crecer, la temporalidad se vuelve norma y las medidas de seguridad en el puesto de trabajo son únicamente una realidad durante las escasas inspecciones de trabajo. Durante el primer semestre de 2017 la siniestralidad laboral se cobró 300 muertes de trabajadores en nuestro país, mientras tanto Ciudadanos y Partido Popular se dedicaban únicamente a promover paquetes de medidas neoliberales dirigidas a reformar el mercado laboral, Espejo Público criminalizaba al trabajador y los sindicatos…Los sindicatos simplemente se ponían guapos para salir en una foto que nos debería abochornar a todos.

Por desgracia y por incompetencia política, también este ha sido un período negro para las mujeres en nuestro país. El patriarcado y el terrorismo machista, como su expresión más siniestra, se ha cobrado la vida de 56 mujeres y niños en lo que va de año. La falta de inversiones económicas acordes a la magnitud del problema, las continuas trabas impuestas por la mentalidad machista de muchos políticos y numerosos jueces, además de la búsqueda con mayor ímpetu de fotos tras el pacto que de acciones realmente efectivas para proteger vidas, ha hecho que el año del “pacto de estado contra la violencia de género” haya sido uno más para el cruel e insoportable rastro del terrorismo machista en nuestro estado. Mientras no comprendamos la importancia de llamar a las cosas por su nombre, mientras las miradas de desprecio no se enfoquen en el machista y se sigan dirigiendo a las feministas por cuestionar los pilares del patriarcado, resultará imposible cambiar nada en nuestro país. Quizás 2018 sea el año en el que las mujeres protagonicen un paro nacional para defender sus derechos, francamente, así lo deseo.

España es -y ha sido durante 2017- un país poco propicio para el cambio, un estado donde las mordazas siempre están listas para silenciar a la insurgencia, mientras el fascismo, el racismo o el machismo campan a sus anchas por las redes y las calles. La ley continua negándolo, pero una amenaza de muerte no parece pesar lo mismo cuando se dirige a un torero, que cuando es un activista de izquierda el que la sufre. Hoy ser militante de izquierda en España, puede ser utilizado en su contra. En una España aparentemente democrática, las porras y las pelotas de goma disuelven al pueblo organizado sin que exista responsabilidad alguna por la violencia ejercida en los desahucios, en las plazas de nuestros pueblos, en Murcia, Gamonal o Catalunya; por desgracia la experiencia nos dice que cuando uno reivindica sus derechos, la policía no suele ser un amigo. En definitiva, la foto que resume nuestros derechos la protagoniza el pueblo de Alsasuareclamando la vuelta a casa de sus jóvenes, mientras  los policías desplazados a Barcelona manipulan fotografías para reclamar un menú con mayor protagonismo para los langostinos, parece que las promesas de mayores sueldos no ha sido suficiente para ellos.

Mientras tanto 2017 ha pasado sin pena ni gloria para una izquierda cada día más trasnochada, desubicada ante realidades sociales y económicas que no dejan espacio político para la ambigüedad, para la búsqueda de una transversalidad que no dudo pueda dar muy buenos resultados en los trabajos de fin de carrera, pero que se antoja fútil y se desmorona con un simple paseo por nuestras ciudades. La guerra de clases y no la de votos, es lo que siempre ha marcado el eje izquierda derecha, no tiene sentido renunciar a nuestra propia ideología solo porque ellos vayan ganando. Después de todo, la búsqueda del voto de centro es lo más ridículo que recuerdo desde aquel cuadrado mágico de Vanderlei Luxemburgo, entonces como hoy, las miradas tarde o temprano terminarán dirigiéndose al banquillo.

Que coño… Por un puñado de votos que nadie nos ha garantizado, aceptemos una institución en la que los privilegios los otorga la sangre y el sexo, consintamos la herencia directa de la dictadura franquista y olvidemos también a los muertos republicanos, renunciando a su vez al deber de defender su memoria. Ya puestos, aceptemos las profundas desigualdades económicas del capitalismo y el imperialismo asesino de la OTAN, después de todo son realidades más recientes que la propia corona. Quién sabe, puede que entonces consigamos ese voto de centro, que ganemos al fin las elecciones, o puede que tan solo logremos cambiarnos a nosotros mismos transformándonos en todo aquello que siempre hemos combatido. Lo que es seguro, es que si hacemos eso, si renunciamos a nuestros principios básicos, ninguno de nosotros podrá mirar a la cara a las futuras generaciones. La lucha social y moral de la izquierda no consiste en una victoria electoral rápida, no consiste en bailarle el agua al poder para introducir pequeños cambios, sino que se trata de construir un mundo mejor por largo y tortuoso que sea el camino. El ejemplo de siglos de movimientos sociales y políticos, nos contempla con miedo a la traición que se intuye, pero también con esperanza en nuestra reacción ante ese peligro. De corazón, confío en que juntos podemos.

2017 ha sido un año de derrotas, un año duro para nuestros derechos y para la lucha social y política de la izquierda, pero confío plenamente en que haya sido un año en el que militantes, y todos aquellos que aspiran a representarnos políticamente, hayan aprendido de sus errores, un año en el que hayamos descubierto que hoy resulta más importante que nunca reafirmar nuestros valores para servir de ejemplo a todos aquellos que todavía buscan una salida a tanto dolor, a tanta desigualdad. Nadie puede garantizarnos que los que hoy nos piden que renunciemos a nuestros principios para lograr llegar al poder, una vez alcanzado el mismo sean capaces de olvidar al pueblo para mantener sus propios privilegios. Mantenernos firmes en nuestros principios heredados generación tras generación es el único camino para el cambio.

Por un 2018 combativo y justo.

 

 

Catalunya: 13, Rue del Percebe

Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí. Ninguno de los sesudos análisis políticos que sin duda nos encontraremos en los próximos horas, podría describir lo sucedido este 21 de diciembre en Catalunya mejor que el famoso microrelato del escritor de origen hondureño Augusto Monterroso. Pese a las amenazas de la patronal en forma de lento pero continuo traslado de sedes sociales fuera de Catalunya, pese  a la intensa campaña mediática desarrollada en España en aras del unionismo, pese a la impunidad de la extrema derecha o el imperio del 155, hoy igual que el 1 de octubre, los catalanes y catalanas han vuelto ha lanzar un claro mensaje al gobierno de España. Un mensaje de dignidad, pero también de hartazgo.

La ciudadanía catalana ha optado por condenar al ostracismo al partido que decidió hacer unilateralmente de Catalunya un arma electoral con un recurso al statut que sin duda hoy podemos situar  como el punto cero del procés independentista. Sin poseer yq derecho a replica, los resultados electorales del partido del gobierno en España lo han expulsado del tablero político catalán en uno de los momentos más tensos para ese territorio. Sin duda confirmando con ello la ruptura total entre dos concepciones de estado aparentemente irreconciliables. Las porras, el orgullo ante decisiones judiciales escasamente democráticas o la continua amenaza a la población con el caos económico, han terminado llevando al gobierno de Mariano Rajoy a una situación en donde un adelanto de las elecciones generales parece dibujarse hoy como la única salida honrada. Una iniciativa sin embargo arriesgada que  no debiéramos esperarnos de un presidente cuya máxima virtud suele consistir precisamente en no hacer nada, tendría para ello que comprender Mariano Rajoy que en esta ocasión el tiempo juega en su contra. El posible regreso de Carles Puigdemont acompañado de los focos políticos y mediáticos de gran parte de Europa, el enquistamiento del desapego ante el estado en Catalunya o la inestabilidad económica, no parecen la mejor de las situaciones para jugarse el futuro dominio de la derecha con el Partido de Albert Rivera.

Si excesivas sorpresas la formación naranja ha conseguido ganar las elecciones en Catalunya pese a su distópica campaña, pese al continuo desprecio a la lengua, la peligrosa cercanía con esos extremos siempre presentes en la derecha o la incapacidad para recordar un dato tan básico como la cifra del paro en Catalunya. Inés Arrimadas y Albert Rivera han basado desde un primer momento su campaña en el marketing vacío, en el continuo miedo al abismo. Amparados en una política de pasiones insertada en el más despreciable de los populismos, los más fieles representantes del neoliberalismo español han irrumpido en el escenario catalán con un victoria pírrica que sin embargo otorga a la derecha -sea independentista o no- un amplio margen de maniobra para seguir socavando derechos a los trabajadores catalanes a la espera de que se decida finalmente con que bandera se coronan las continuas políticas de recortes en Catalunya. La derrota de la clase trabajadora catalana parece obvia tras estas elecciones, nada queda ya de aquel falso mito de una Catalunya de izquierda enfrentada a una España de derechas.

En el supuesto bando de la izquierda, las tímidas concesiones que en Ferraz han tenido durante la campaña con el discurso del PSC no han logrado evitar un nuevo fracaso sonado. Pese al desastre electoral del Partido Popular y a las inmensas posibilidades a explorar en la vía federalista para Catalunya, una vez más los socialistas se han mostrado incapaces de recuperar parte de la iniciativa política ante una derecha en la que ya no solo el Partido Popular, sino también Ciudadanos, parecen lograr socavar nichos electorales tradicionales para el partido de Pedro Sánchez.

Y sí claramente el “Icetaton” ha resultado ser un mero placebo, el sonado derrumbe de los Comunes pone una vez más de manifiesto en el entorno de Pablo Iglesias y Alberto Garzón que su búsqueda del voto de centro hasta ahora tan solo ha conseguido que el votante de derecha los siga considerando una especie de perroflautas comunistas bolivarianos, mientras que el votante de izquierda -cansado ya de tantas medias tintas y tanto buenismo- comienza peligrosamente a sondear cualquier alternativa que le proporcione una mínima posibilidad de ruptura con un sistema que lo ahoga. Harían bien en Unidos Podemos en repetir aquel pacto del botellín, pero esta vez si es preciso bebiendo hasta emborracharse para de una vez por todas dejar claras las líneas que los definen. Con ellas deberían morir de pie, con ellas -si son las adecuadas- muchos sin duda estarían dispuestos a morir en una izquierda hoy huérfana todavía.

A todo esto, los políticos siguen presos, aquellos policías del “a por ellos” han conseguido su aumento y yo me pregunto por qué coño a nadie se le ocurre convocar un referéndum legal y poner fin a todo este circo. ¿Acaso es tanto es el temor que producen las consultas populares en España?

variants_of_the_catalan_flag

El estado de bienestar, la gran estafa.

“El otro día leía los últimos textos del fallecido Tony Judt, con quien comparto haber sido beneficiaria del Estado de bienestar británico, la educación gratuita y la cobertura médica para todos. Judt denuncia la ingenuidad de mi generación, que creyó que esos privilegios durarían para siempre. Ahora están desapareciendo, si no lo han hecho ya. En Nueva York recortan los bonos de comida para las familias pobres. Es obsceno que las pérdidas de los banqueros las vayan a pagar los bebés más pobres de la comunidad.”

Zadie Smith

Resulta complicado hablar de democracia cuando un sistema impone sus postulados, resulta complicado hablar de solidaridad cuando el individualismo y la búsqueda depredadora del máximo beneficio son fomentados y perpetuados por el sistema en aras de la supervivencia de un modelo económico y social que cada día sacrifica -sin mostrar apenas remordimientos- a miles de individuos ante el todopoderoso altar dedicado a la dictadura comercial del dólar.  Históricamente, intelectuales como el sociólogo polaco Zygmunt Bauman, parecen olvidar el hecho de que el marco del estado de bienestar europeo no nace exclusivamente como un acto de generosidad que los diferentes estados asumen con sus ciudadanos, sino que es precisamente la creciente amenaza de un sistema comunista -basado en la organización política de los cuadros obreros para su emancipación- lo que hace reaccionar a una región todavía muy debilitada por la cruel batalla ideológica y militar que durante la IIGM se había librado en su territorio. No existía otra alternativa viable para los grandes estados europeos, no resultaba de ningún modo factible en aquel momento para la maquinaria capitalista implantar directamente en Francia o Alemania un modelo basado en la depredación natural del indefenso, tal y como hoy se está llevando a cabo, por ello el estado de bienestar -esa especie de pacto que supuestamente garantizaba el cese las hostilidades abiertas entre patronal y proletariado- supuso un movimiento de defensa frente al comunismo, una mera estrategia militar del gran capital que le permitía encarar la batalla final frente al sistema comunista, sin temor alguno a las numerosas quintas columnas socialistas presentes en su propio territorio y que en aquel momento sí parecían dispuestas a organizar al proletariado europeo para exigir sus derechos. Olvidaba Bauman que las políticas de Mijaíl Gorbachov y la definitiva caída del bloque soviético en 1991, no fueron más que la constatación de la muerte de un sistema alternativo al capitalismo que llevaba ya sin embargo décadas sufriendo una cruel agonía fruto de la incapacidad política y el sinsentido militarista. No fueron los logros sociales ni tampoco la tan traída libertad de la ciudadanía lo que finalmente consiguió derrotar al modelo comunista, tan solo las armas y la manipulación del discurso pudieron convencer a la población mundial para firmar un pacto con el diablo, dándole de ese modo vía libre para derrotar al único oponente que hasta hoy se ha mostrado capaz de plantarle cara.

Las consecuencias no se hicieron esperar, las desregularizaciones, la privatización, la subcontrata como método para garantizar la precariedad o el florecimiento de los numerosos monopolios que  hoy controlan en los mercados globales servicios tan básicos como la información o la energía, han transformado aquel espejismo del estado de bienestar en una auténtica pesadilla para la clase trabajadora. Una vez derribado el muro que separaba la lógica comunista de la “idílica” realidad del libre mercado, el gran capital ha gozado de soberanía para poder extender con total impunidad sus tentáculos, con ello ha dotado a sus multinacionales de una capacidad sin precedentes para buscar y explotar mano de obra o recursos naturales por todo nuestro planeta. Sólo así uno puede explicarse con cierta consistencia la huella anglo-holandesa en los vertidos en Nigeria, los rastros de sangre congoleña en nuestros dispositivos electrónicos o la presencia de precarios soldados afroamericanos en las calles de Bagdad.

Admitamos que en una cosa sí acierta el eminente y popular sociólogo polaco, “la desigualdad está entre nosotros para quedarse”, no se trata de una crisis temporal o de una serie de malas decisiones económicas y políticas, la concentración de la riqueza, los colapsos bancarios y los posteriores rescates con dinero público o el cada vez más cercano colapso ecológico son partes tan inherentes al sistema capitalista como lo son la búsqueda del máximo beneficio, la competencia o la innovación. Debemos comenzar a mentalizarnos acerca de las palpables consecuencias de nuestro modelo económico y social, no podemos seguir durante mucho más tiempo escondiéndonos tras nuestras acomodadas vidas occidentales fingiendo que no está sucediendo nada en el mundo, de hecho el agotamiento de ese modelo ha comenzado a llevar sus más crueles prácticas de explotación y precariedad a cada vez más hogares dentro de nuestras propias fronteras, por todo ello las alternativas hoy resultan más vitales que nunca.

Bauman nos hablaba del fracaso de movimientos sociales como el de los indignados o las primaveras árabes, refiriéndose a ellos como alternativas que pretendieron lograr -resistiendo en las calles- que sus exigencias fueran atendidas, pero olvidaba en ese punto que estas protestas poco o nada han tenido que ver en ningún momento con un desafío al modelo capitalista imperante. Las acampadas en Madrid o El Cairo carecían de una base proletaria o anticapitalista sólida y preferente. Hoy, al igual que en el origen de la socialdemocracia europea, tan solo el fantasma del comunismo podrá lograr que los cimientos del capitalismo más salvaje volviesen a tambalearse, tan solo un modelo real y palpable al capitalismo podría lograr que este se sintiese amenazado, que una vez más se mostrase dispuesto a aflojar las cadenas de su explotación para verse obligado a sentarse a la mesa de negociación con la firme intención de atender a las demandas de la masa proletaria. El motor de la historia continúa siendo hoy la lucha de clases, una lucha en la que la clase trabajadora se muestra por ahora derrotada y sin capacidad de reacción. Tan solo una ofensiva firme y decidida podría comenzar a trazar el camino que nos lleve a retomar parte de nuestros derechos perdidos, tan solo el recuperar la conciencia proletaria, la rabia y rebeldía del explotado, podría desvelarnos de esta larga noche de piedra del capitalismo.

¡Trabajadores del mundo, uníos!

bc5823a94a28164_9625f0c01d97e77ee09fe21563bc85a9

¿Pueden los hombres ser feministas?

Del fr. féminisme, y este del lat. femĭna ‘mujer’ e -isme ‘-ismo’.

  1. m. Ideología que defiende que las mujeres deben tener los mismos derechos que los hombres.
  2. m. Movimiento que se apoya en el feminismo.

Resultaría fútil discutir aquí acerca de esa parte de la sociedad que todavía ve en el feminismo algo así como una amenaza al “orden natural” de las cosas, aquellas capas sociales más reaccionarias y profundamente infectadas por el veneno del patriarcado, que no solo desprecian con absoluta ignorancia la justa y necesaria lucha del feminismo, sino que se muestran a su vez capaces de abogar abiertamente por la defensa del machismo. Uno no puede perder el valioso tiempo y esfuerzo que requiere la lucha que nos ocupa intentando despertar a los devotos, a poco que lo meditemos llegaremos a la a la conclusión de que no merecen tal atención quienes son capaces de defender enrocadamente una ideología que cada año le arrebata la vida a miles de mujeres en cada rincón del mundo. Por ello, doy por supuesto como base de partida para todos nosotros, el entender el feminismo como un movimiento social y político que lucha por la emancipación de las mujeres, y por el fin de la opresión y explotación que sobre este colectivo social ejerce el patriarcado. Quienes llegados a este punto comiencen a mostrar las primeras discrepancias, deberían plantearse el siguiente texto conscientes de pertenecer en mayor o menor medida a las filas del enemigo, entiéndase como tal el machismo y la estructura patriarcal que sustenta.

Como hombres, nuestro punto de partida en la lucha feminista parte con una serie de dificultades añadidas, dificultades que curiosamente tienen su origen en los privilegios que nos son otorgados por el sistema patriarcal, simplemente por nuestro sexo al nacer y la construcción social que el patriarcado ha cimentado sobre ese hecho. La ideología de género y las distinciones que en fundamento a ella nos impone la sociedad, no suponen una realidad biológica, sino simplemente una construcción social y cultural que los hombres han estructurado para poder perpetuar su dominio sobre la mujer. Una cruel imposición que fomenta la explotación directa y sin cortapisas de cerca de la mitad de la población mundial, basándose únicamente en premisas sin fundamento racional alguno. La más antigua y cruel de las injusticias sigue siendo hoy la dictadura de los hombres sobre las mujeres, por ello los hombres -pese a ser hoy más conscientes de lo pernicioso de la ideología patriarcal- continuamos todavía obviando por desconocimiento o costumbre muchas prácticas o situaciones que discriminan o directamente amenazan a las mujeres que con nosotros comparten nuestro entorno.

A la mayoría de los hombres nos cuesta especialmente adaptar nuestra perspectiva para localizar esos pequeños -y algunos no tan pequeños- machismos cotidianos que perpetúan casi inconscientemente el sistema patriarcal generación tras generación, son muchos los que todavía ríen ante los chistes machistas, los que comparten por redes sociales -o no denuncian- los vídeos de aquella chica borracha que se llevo algún “amigo” a casa, quienes nunca se han planteado el motivo por el que su compañera cobra menos pese a realizar exactamente el mismo trabajo, los que usan insultos machistas para atacar al rival político, los que cuestionan la sexualidad de las mujeres pese a no hacerlo nunca con la suya propia, los que no ven con malos ojos un bofetón a una novia pesada, los que pagan por sexo, los que no saben aceptar ordenes de mujeres, los que desprecian los deportes femeninos, los que frivolizan con el terrorismo machista, los que ven estúpido destinar dinero a igualdad, los que piensan que el feminismo está bien pero…

Las mujeres sufren en mayor o menor medida los diferentes efectos directos que el patriarcado ejerce sobre su persona, la violencia psicológica, la violencia sexual, la violencia patrimonial o económica, la violencia simbólica, el acoso u hostigamiento, la violencia doméstica, la discriminación laboral, la apropiación de sus cuerpos, la violencia mediática o la violencia institucional, suponen realidades palpables en la vida de las mujeres, no se trata para ellas por tanto el feminismo meramente una postura ideológica o política, sino una estrategia de autodefensa desarrollada bajo la experiencia de quienes ya conscientes de estar sufriendo una agresión despiadada contra sus propias personas -y una vez identificado claramente al agresor- deciden organizarse y pasar a la acción. El feminismo se basa en un compromiso firme contra una de las grandes injusticias presentes en nuestra sociedad, por tanto, ningún cambio estructural, ni ninguna alternativa social o política podrá declararse plenamente justa o democrática sin incluir en sus postulados la firme defensa de una sociedad feminista.

Atendiendo finalmente a la pregunta que origina este artículo, me atrevería aconsejar a los hombres que todavía nos acompañan -espero que no sean pocos- y que no sienten el patriarcado como algo que condicione su existencia, que afronten el feminismo como lo harían con una injusticia que les afectase directamente, puesto que esa es la verdadera y más linda cualidad de quienes realmente pretenden construir un mundo más justo, pero les aconsejaría además que abran los ojos, que comprendan que la discriminación social contra las mujeres y la férrea imposición patriarcal los atenazan también a ellos implantando modelos de masculinidad ficticios, dificultándoles  o directamente impidiéndoles desarrollar relaciones justas de igual a igual con sus compañeras y abocándolos por tanto a una realidad en donde la injusticia y el abuso son institucionalizados.

Finalizo no sugiriendo, sino asegurando rotundamente, que los hombres no solo pueden, sino que deben ser feministas.  Que el colectivo de los hombres comience a sumarse a la lucha feminista debe entenderse como el lento despertar de quienes aún sabiéndose mayormente beneficiados por un sistema injusto, deciden acompañar en su digna y justa batalla frente al patriarcado a las mujeres y a sus organizaciones,  la adhesión de cada vez más hombres a la lucha feminista debe suponer un motivo para la esperanza, debemos acoger y también visibilizar a los hombres que cada día aportan su grano de arena -en mayor o en menor medida- a la lucha contra la dictadura del género. Pero ojo, cuidémonos de aquellos a los que acompañan los focos y no “El segundo sexo”, el hombre feminista debe suponer una clara muestra de la superación de la lógica genital, un paso más cara una sociedad plenamente justa, en donde el valor de las personas nunca más lo otorguen falsos motivos biológicos.

Por todo esto compañero, usted debería abrazar ya el feminismo.

feminista-hombre

 

El segundo sexo

Pese a las leyes de su país, Samia como tantas otras niñas dejó la escuela en sexto grado para casarse con un hombre mucho mayor que ella al que su familia la había entregado. Hollywood no gobierna en Yemen, las eternas historias de amor con las que todos hemos crecido nunca suceden en las calles de Hardh, en ellas el amor es demasiado caro, un privilegio no al alcance de todas. Más de 700 millones de mujeres en el mundo se casaron cuando tenían menos de 18 años, la inmensa mayoría de ellas lo hicieron obligadas por absurdas tradiciones, la pura necesidad económica de sus familias o alguna oscura interpretación religiosa, diferentes máscaras sociales para ahogar la culpa de quienes facilitan a hombres adultos abusar de menores con total impunidad.

El hecho de arrebatarle la infancia a esas menores, y las continuas violaciones físicas y psicológicas a las que estas se ven sometidas, suponen una realidad demasiado dura para cualquier informativo de sobremesa occidental, por ello hemos decidido obviar el tema, al igual que hemos decidido obviar el continuo  flujo de menores refugiados desaparecidos en su odisea en Europa o las redes de prostitución que continúan captando niños para los burdeles españoles. Nuestra indiferencia nos convierte en cómplices.

La violencia sexual institucionalizada que se deriva de los matrimonios con menores no es una realidad ajena a Occidente, los tratados y convenios internacionales que prohíben explícitamente el matrimonio infantil no suponen solo papel mojado en recónditos países como Yemen, incluso en Estados Unidos -uno de los países más desarrollados del mundo- entre 2000 y 2010, 67.000 jóvenes menores de 17 años contrajeron matrimonio en la mayoría de las ocasiones obligados por sus propias familias. Simples niñas cosificadas a lo largo de todo el planeta en una de las más dramáticas caras de la crueldad del patriarcado. Hoy en muchos lugares del planeta ser mujer significa no ejercer ninguna decisión a lo largo de tu vida, ser violada cada día por una persona a la que te ha entregado tu propia familia.

Ionela llegó a España con 20 años, en aquel momento conocía de nuestra cultura ciertas costumbres básicas y tópicos que había aprendido gracias a las series de televisión españolas que emitía la televisión rumana, su realidad pronto pasó ser la de las entre 30.000 y 40.000 mujeres que en nuestro país son presas de la trata de seres humanos con fines de explotación sexual. Una realidad que se esconde en los miles de prostíbulos que total impunidad invaden las ciudades españolas, los pisos en donde la explotación se lleva en nuestros propios barrios o  los polígonos y carreteras en donde las mujeres son expuestas como mera mercancía, totalmente invisibles para una democracia que debería velar también por sus derechos. Mujeres esclavizadas por hombres que ejercer su dominio sobre ellas, una realidad más cercana de lo que puede pensar cualquier de los que estáis leyendo estas líneas. Por la cama de Ionela no solo pasan lo desheredados, los parias, ella quizás su marido tras una larga noche de fiesta con los compañeros del trabajo también haya sido su cliente, Ionela puede haber sido la primera relación sexual de su hijo, su regalo de cumpleaños o una noche loca más con los amigos. El sexo de pago en España todavía no es visto como el cruel ejercicio de poder que los hombres ejercen las mujeres. En España una relación sexual con una esclava sexual, todavía no es considerada una violación, los desafiantes neones de los burdeles así nos lo hacen saber. El sexo de  una noche, tu diversión, es su infierno, su esclavitud. Tu dinero no es inocente, tú no eres inocente.

Aquella tarde Gina  había decidido vencer al miedo y salir a la calle, pese al infierno que todavía sufría, pese a las continuas amenazas de su expareja, aquella decisión le costó caro. El ácido que le arrojaron sobre su rostro le produjo un daño irreparable, una mutilación permanente que sin duda suponía el principal objetivo de su agresor, un hombre que decidió que sí Gina no era de él, no sería de nadie. Aquella era una demostración más de las consecuencia que para una mujer podía tener su libertad, una tradición muy alejada de los matrimonios infantiles en Yemen, pero que tenía un mismo componente: el dominio del hombre sobre la mujer, su posesión. India, Colombia, Irán…pero también Inglaterra o Alemania sufren en sus calles la amenaza del ácido contra la mujeres libres, un ataque destinado a mutilar a sus víctimas que debe encontrar una firme respuesta de apoyo continuado a las víctimas por parte de la sociedad civil y las instituciones.

Tan solo en el segundo trimestre de 2017, en España se registraron un total de 42.689 denuncias por violencia de género, una autentica pandemia que desde enero se ha cobrado al menos la vida de 44 mujeres asesinadas a manos de sus parejas o exparejas. El terrorismo machista supone la violencia patriarcal llevada al extremo, una amenaza real para la mitad de la población de un país en el que el 27,4% de los jóvenes de entre 15 y 29 años cree que la violencia machista supone “una conducta normal” en el seno de una pareja, el feminismo continua siendo mirado con recelo, los celos, el dominio, la posesión ganan terreno en unas generaciones más jóvenes que continúan sin tener acceso especializado a este tipo de problemáticas en sus estudios básicos. Ningún gobierno hubiese permitido tal silencio acerca de las víctimas de ETA en los libros de texto, pero a día de hoy la vida de las mujeres sigue sin suponer una prioridad en la agenda política. Solamente tras la intensa presión social han comenzado a llegar los primeros pactos descafeinados, meros parches destinados a intentar contener una realidad que hace mucho se nos escapó de las manos y sigue manchando de la sangre de nuestras mujeres nuestras calles,.

Las mujeres en España tienen más años de educación formal que los hombres, pero los hombres cobran  5.982,42 euros al año más que las mujeres, la tasa de empleo masculina se sitúa en el 53,33%, en comparación que la femenina que es del 42,17% , la brecha entre el paro masculino y femenino vuelve a crecer con la recuperación económica, cerca del l 57% de las trabajadoras está ocupada a tiempo parcial porque no ha logrado encontrar un trabajo a jornada completo y las posibilidades de que las mujeres puedan alcanzar altas cuotas de poder en el mundo laboral, continúan limitadas por el famoso pero desconocido techo de cristal. En muchas ocasiones la mujer encuentra hoy en el mundo laboral ciertos obstáculos por el simple hecho de ser mujer. La discriminación en el mercado laboral supone una limitación a la capacidad de emancipación de la mujer, una barrera entre sexos por la que ningún sindicato ha decidido convocar todavía una huelga general.

Cubrir su cuerpo, ver reducidas sus oportunidades laborales, ser insultada por la forma de ejercer su sexualidad, humillada, agredida, violada, asesinada…todas ellas realidades que cada día, cada hora, sufren mujeres de todo el mundo a manos de hombres que actúan sobre ellas por el simple hecho de ser mujeres. La violencia patriarcal, la cultura machista, suponen un enemigo al que sólo podemos hacerle frente siendo conscientes de su verdadera cara, basta de banalizar la lucha feminista, basta de consentir a quienes emponzoñan con mentiras y manipulación a los colectivos que pretenden erradicar esta lacra de nuestra sociedad, basta de complicidad activa o pasiva con quienes lanzan comentarios machistas, con los maltratadores, los violadores, los asesinos. Basta de soportar a quienes respaldan una cultura patrialcal que nos está arrebatando a nuestras mujeres.

La democracia será feminista o no será.

FEMINISMO (1).jpg

 

 

Que vienen los rusos

“Neo – ¿Porqué me duelen los ojos?

Morfeo – Jamás los habías usado…”

Matrix, Lana y Lilly Wachowski

“El periodismo es libre o es una farsa.”

Rodolfo Walsh

 

Hubo un tiempo en el que los jóvenes aspirantes a periodistas soñábamos con trabajar en El País, en el que el buen periodismo destilaba por cada uno de los poros de su redacción hasta impregnarse en unas páginas que los lectores consumíamos conscientes del privilegio -pese a suponerse un derecho- de quienes logran acceder al buen periodismo en su país.  Un tiempo por desgracia ya pasado, troceado y subastado en una desesperada dinámica capitalista que ha terminado por domesticar y enjaular el espíritu crítico de una publicación con cuarenta años de vida.

Hoy El País evoca en el lector una mezcla de nostalgia y familiaridad, un sentimiento rápidamente emponzoñado por sus “puntualesmanipulaciones y una línea editorial con demasiadas concesiones para el sensacionalismo o la mera propaganda partidista. No son buenos tiempos para el periodismo, hace tiempo que la profesión atraviesa una larga travesía por el desierto en búsqueda de un espacio, que tras las revoluciones tecnológicas, logre volver a despertar el interés de los lectores. Precisamente, el mayor peligro para la profesión se encuentra en las tentaciones que pueden surgir durante esa larga travesía. En un contexto de continua perdida de lectores en todos sus soportes y con un plan de bajas empeñado en desprenderse -entre tantos otros- de sus valores más preciados, la estrategia del diario dirigido por Antonio Caño ha sido la de la mercantilización de la profesión y la precarización de sus profesionales. Una línea de actuación que inevitablemente ha afectado de manera trágica a la calidad de los contenidos que el medio puede ofrecer a sus lectores, la causalidad inevitablemente hizo el resto. La antaño joya del periodismo español ha terminado por convertirse en lo que es hoy: Un medio generalista más, una ruinosa atalaya desde la que viejos señores feudales de la palabra se resisten a ver morir su legado, por oscuros que sean los pactos que tengan que alcanzar para ello.

El aparente acoso informativo que los periodistas de RT están sufriendo a manos de compañeros del diario El País como David Alandete, responde directamente a la nueva lógica de mercado que impera en diarios generalistas, controlados en mayor o menor medida -nos guste más o menos eso adquieren los accionistas- por diferentes empresas privadas, bancos e incluso fondos buitre.  El revival de la rusofobia en nuestro país ocupa hoy las páginas del diario del grupo Prisa -pese a los desmentidos del propio CNI y al más absoluto ridículo internacional- simplemente porque una vez más resultaba necesario desviar la atención de nuestras propias fronteras, un cometido para el que el Venezuela o Irán comienzan a no ser suficientes. El propio subdirector de El País, ha parecido estar siempre dispuesto a sacar tiempo de su apretada agenda para publicar decenas de artículos destinados a criminalizar al gobierno ruso, llegando incluso a desprestigiar el trabajo de sus compañeros en diferentes medios siempre que lo considerase necesario para conseguir su propósito. Cuando hablamos de los ataques que se lanzan desde El País contra Rusia, no hablamos en ningún caso de una información contrastada que bebe de diversas fuentes, sino que como ya ha  demostrado en numerosas ocasiones la periodista Inna Afinogenova, se trata simplemente de una burda campaña política en la que un medio citando únicamente a un periodista de ese mismo medio, busca extender entre la población la falsa creencia en la existencia de una mano negra extranjera que explique gran parte de las miserias que asolan a España. Una vieja táctica política que en nuestro país ha degenerado en una orgía desinformativa con delirantes declaraciones de un gobierno mediocre y numerosos titulares paranoicos fruto de un desdibujado periodismo que se empeñan en profundizar en su propia ficción.

Pese a los sólidos y transparentes estatutos con El País dice contar,  como lector uno no puede evitar preguntarse acerca de las obvias diferencias en el trato que dicho medio está dando a una información cuanto menos dudosa, en comparación con el trato recibido por las fehacientes injerencias del gobierno estadounidense en la política europea. Tras esas preguntas, se esconde la realidad de un medio que dista mucho de ser libre, un estilo periodístico encuadrado a menudo en la categoría de ficción.

Tan solo en un país como España, en el que su presidente del gobierno -a instancias de la ministra de Defensa- es capaz de plantear una reunión con el primer ministro de Letonia, fruto de una surrealista broma telefónica, uno no puede arriesgarse a garantizar una corta vida a un medio que ha llegado a ser una simple sombra de sí mismo. Después de todo, desde que se inventó la imprenta, la libertad de prensa es la voluntad del dueño de la imprenta.

“Esta es tu última oportunidad. Después de esto, no hay vuelta atrás. Toma la píldora azul: el cuento termina, despiertas en tu cama y creerás lo que quieras creer. Toma la píldora roja: permaneces en el país de las maravillas y te mostraré qué tan profundo llega la madriguera. Recuerda, todo lo que estoy ofreciendo es la verdad, nada más.”

En Dow Jones, os ofrecemos grandes dosis de píldoras rojas. Acompáñennos a las profundidades.

russuphobia_0

 

 

El muro de Trump

4737.47 Kilómetros separan San Pedro Sula y Miami por carretera. Cuando uno regresa deportado por las autoridades norteamericanas como desecho de un sistema económico y social que se tambalea, apenas se trata de un viaje de dos horas y veinte minutos entre dos mundos muy diferentes, pero para el 56% por ciento de hondureños que dicen estar dispuestos a emigrar de su país, el intento por llegar a esa segunda realidad, de alcanzar un sueño americano a cada paso más desdibujado, suele terminar costándoles un precio demasiado caro. Honduras es una de las cunas de la violencia y el sufrimiento en una región que en los últimos 50 años ha sufrido 12 golpes de estado, cuatro guerras declaradas, un genocidio y una invasión estadounidense, en la última década en el país centroamericano han muerto asesinadas más de 55000 personas, muchas de ellas simples trabajadores que no podían permitirse pagar la extorsión o  “impuesto de guerrilla” que las maras exigen a cada uno de los comerciantes del barrio. No existe impedimento moral alguno para los pandilleros a la hora de asesinar a los más pobres. Aquí tras la derrota de la revolución incluso antes de nacer, ahora reina el más salvaje de los capitalismos, ese que resulta más cruel si cabe entre las capas más desfavorecidas de la población.

En Honduras no existe nada que impida a un niño de 13 años -si es que realmente se les puede seguir considerando niños- pegarte dos tiros mientras regresas a casa del trabajo simplemente para robarte un par de billetes con los que acceder a alguna droga con la que llegar a olvidar un nuevo día. Aquí, no existe algo así como la seguridad de un hogar de clase media, las noches de fin de semana pueden llegar a costarle la vida a un joven que decida salir a tomar algo con sus amigos y ser mujer, puede transformarse en un verdadero infierno en un país en donde cada 14 horas, una mujer pierde la vida de manera violenta y con total impunidad ante el abandono por parte de la justicia.

Cuando un hondureño decide abandonar su país rumbo a Estados Unidos, normalmente no lo hace pensando en el glamour de vivir en La Gran Manzana o en la oportunidad de emprender una nueva vida en algún rincón de Silicon Valley​​, cuando los hondureños deciden abandonar a su gente, su barrio, incluso en demasiadas ocasiones a su parejas e hijos para jugarse la vida en un trayecto incierto para llegar a la cuna del imperio, lo hacen conscientes de que se dirigen a ciudades como Miami, Nueva Orleans, Texas o Nueva York para ejercer trabajos que los estadounidenses no consideran “dignos”. No era así al menos hasta la reciente crisis económica de 2008.

Técnicos de mantenimiento, jardineros, obreros de la construcción, taxistas, jornaleros, cocineros…, una inmensa fuerza de trabajo documentada e indocumentada que en Estados Unidos ha crecido en torno al cinco por ciento en los últimos 20 años. Cuando uno escucha hoy a los dirigentes norteamericanos hablar de expulsar a todos los inmigrantes, no puede más que sorprenderse tanto como si acabase de escuchar a esos mismos políticos hablar de expulsar a todos los pelirrojos o a todos los zurdos de su país. No solo se trata de una locura desde el punto de vista moral o político, sino también de una locura extrema desde el punto de vista social o económico. Un disparate propio de quien ejerce su mandato inmerso en un particular show cuyas consecuencias serán recogidas por los sectores más desamparados de la población. Esos mismos sectores entre los que precisamente destacan -junto con la población afroamericana- aquellos mismos emigrantes que fruto de décadas de injerencias políticas, militares y económicas del Tío Sam en la región, se han visto obligados a abandonar una tierra que con toda seguridad no aman menos de lo que cualquiera de nosotros podemos amar la nuestra, .

Cuando el gobierno de Estados Unidos y por tanto la nación estadounidense, le declaran la guerra a los migrantes, no solo abandona el histórico compromiso de su nación con las masas ansiosas de ser libres, con los pobres, los cansados, los desamparados, no solo abandona su espíritu integrador pese a las profundas y enraizadas desigualdades, sino que también abandona su responsabilidad con una población que ha sufrido los efectos de sus políticas en el continente americano. No debemos nunca olvidar la realidad de los cientos de miles de muertos en las guerras y dictaduras de os ochenta, los desaparecidos, los paramilitares, el negocio del narco o el genocida discurrir del capitalismo extractivista entre las comunidades indigenas.

El primer día de un ilegal que parte de la zona sur de Honduras, consistirá en intentar cruzar la frontera con Guatemala por Corinto, Agua Caliente o algún otro punto cercano. Tras esto intentará acercarse lo máximo posible a la frontera con México y quizás ya el tercer día, pueda cruzar la frontera para llegar a Chiapas y al fin descansar una noche antes de emprender un viaje en bus o en tren de unas diez horas hasta el Estado de Tabasco. Desde allí otra serie de largos viajes lo llevarán a Distrito Federal, San Luis de Potosí y Tamaulipas, para finalmente en apenas media hora, cruzar definitivamente el Río Bravo y entrar en territorio norteamericano. Cinco días en su versión más corta, pero todo traficante de personas -todo coyote- conoce varias rutas alternativas por si la cosa se complica. Algo que sucedió recientemente, cuando el gobierno mexicano harto de la imagen de una mole de varias toneladas de hierro, en forma de pesado tren de mercancías abarrotado de migrantes ilegales, ocupara portadas en los espacios informativos  de medio mundo.

Debido al incremento del flujo migratorio en el país y seguramente fruto de los numerosos impulsos lanzados por su vecino del Norte, México ha ejercido en las últimas décadas una política de persecución y hostigamiento contra el migrante. La ola de asesinatos, extorsiones, violaciones, secuestros masivos, desapariciones y demás tipos de agresiones que en algún momento de su trayecto sufren seis de cada diez migrantes a su paso por el país mexicano, solo puede explicarse por la complicidad de ese sistema político con los cárteles del narcotráfico en el país. Esa misma delincuencia organizada que ha visto en la extorsión y el secuestro masivo de migrantes, un negocio más que sumar al del tráfico de personas, la explotación sexual o la reventa de petróleo robado. La mitad de los migrantes que se juegan la vida a su paso por México, huyen de la violencia en sus países de origen, especialmente los del llamado triángulo centroamericano compuesto por Honduras, El Salvador y Guatemala, lugares estos en donde el número de civiles muertos por causas violentas, es solo comparable a realidades como la de Siria o Iraq. Al fin y al cabo, son esos mismos jóvenes pertenecientes a las clases más desheredadas del capitalismo, los que pueden perder su vida indistintamente por una bala fruto de un ajuste de cuentas en Tegucigalpa, por un disparo policial en algún barrio obrero de Estados Unidos, o defendiendo alguna recóndita posición del ejercito de ese mismo país en Iraq. La única realidad que parece perseguirlos a donde quiera que vayan es la de la muerte.

El plan Frontera Sur -una iniciativa conjunta entre México y Estados Unidos- ya funcionaba antes de la llegada de Trump al poder, como una forma de conseguir desatascar los saturados centros de detención de migrantes del sur de Estados Unidos. Junto con Barack Obama, Enrique Peña Nieto ha sido el presidente que más centroamericanos ha deportado fuera de sus fronteras, hoy pocos parecen recordar que el presidente demócrata expulsó del país a más de 2.7 millones de indocumentados en sus primeros siete años de mandato. Una cifra superior a la de cualquier otro presidente.

Trump tan solo ha ampliado los criterios para la posible deportación de inmigrantes indocumentados, al tiempo que se ha dedicado a fomentaren sus mitines la psicosis con un muro que ya se encontraba en construcción. Por mucho que ahora se haya convertido en una prioridad  nacional, el problema con los migrantes en Estados Unidos es un problema que estaba ahí antes de la llegada de Trump, las medidas adoptadas por el actual presidente de Estados Unidos, tan solo han logrado que los migrantes que antes llegaban subidos a lomos de La Bestia, ahora tengan que hacerlo por rutas más largas, más caras y seguramente más peligrosas. Eso y aumentar el miedo y la desprotección en una población que por norma general suele encontrar serias dificultades para lograr abandonar una situación de precariedad en su nuevo país de origen.

Mientras organizaciones como Médicos Sin Fronteras o las propias Naciones Unidas demandan a los diferentes países que cesen las deportaciones, y se amplíe la protección legal, la concesión de asilo y los visados humanitarios, los prototipos para comenzar a construir el muro que Donald Trump pretende levantar en la frontera con México, ya han comenzado en una zona deshabitada junto al paso fronterizo de Otay Mesa, en California. Pese al riesgo que supondrá para los miles de migrantes que diariamente intentan llegar a Estados Unidos y a las molestias que la mayor regulación de visados  causará a unas fronteras por las que cada día cruzan cerca de 300.000 vehículos y un millón de personas que comercian, estudian, trabajan o simplemente visitan el otro lado, el gobierno americano parece decidido a gastarse una ingente cantidad de recursos en una frontera en la que desde 1994, ha instalado vallas que hoy alcanzan 1.050 kilómetros. Una medida por ahora con repercusiones directas para quienes pagan a los coyotes entre seis mil y siete mil dólares por tres intentos para alcanzar suelo estadounidense.

Donal Trump ha decidido usar los mismos mecanismos que ya permitieron a Obama priorizar las expulsiones en caliente de miles de migrantes apresados en la frontera y repatriar a numerosas oleadas de niños y mujeres centroamericanos, para incluir ahora en ellos a toda persona que haya violado las leyes migratorias o pueda simplemente ser sospechosa de haber cometido un crimen. El muro de Trump, simplemente parece seguir creciendo sobre los anteriores, para cada vez dejar a un mayor número de personas fuera de sus fronteras.

5888eb1cf0943