Acerca de @SeijoDani

Estudiante de sociología en la UDC.

Carta Abierta a Blanca Suárez

Estimada Blanca, tras leer tus últimas declaraciones en una entrevista con los compañeros de Europa Press, no puedo evitar dirigirte estas palabras con todos mis respetos, pero con firme intención de hacerte ver el gran error cometido al calificar al feminismo como una moda. Sinceramente, desconozco los motivos que pueden provocar en una mujer un conflicto a la hora de definirte como feminista. Tampoco te pediría nunca que te definieses como tal, si tus principios o tus valores, chocasen con una ideología que simplemente defiende que las mujeres deben tener los mismos derechos que los hombres. Pero sinceramente, dudo que ese sea el caso. Más cuando tú misma defiendes en esa misma entrevista, la necesidad de igualdad a todos los niveles, me permito entonces pensar, que el problema puede llegar a situarse en la palabra feminista. Un concepto, una etiqueta, nacida y asentada tras décadas de lucha, de miles de batallas y conviene siempre recordarlo, tras mucho dolor, muerte y sufrimiento en la piel de las mujeres a lo largo de la historia. Una etiqueta por la que dieron gran parte de su vida mujeres como Mary Wollstonecraft, Christine de Pizan, Emmeline Pankhurst, Sojourner Truth, Simone de Beauvoir, Virgine Despentes, Kate Bolick o Celia Amorós, mujeres muy dispares e incluso distantes en gran parte de sus puntos de vista sobre el mundo, pero todas ellas, conscientes de la discriminación y la desigualdad sufrida por el simple motivo de su sexo. Una simple condición orgánica usada a lo largo de la historia para diferenciar entre mujeres y hombres, y así, a través de la construcción social de los géneros, poder llegar a ejercer un domino cultural, económico y sexual de los hombres sobre las mujeres, cimentando de esta forma, una lenta pero inexorable superestructura patriarcal que ha llegado a ejercer una presión tan aplastante pero silenciosa sobre nuestras vidas, que ha terminado consiguiendo que hoy, el hecho de definirte como feminista, como activista en la búsqueda de la igualdad entre hombres y mujeres, pueda llegar a costarte.

El feminismo no es una moda Blanca, no puede serlo en un mundo en donde el 79% de las personas que son explotadas sexualmente son mujeres y niñas, en donde el 38% de las mujeres que mueren en el mundo lo hacen a causa de la violencia machista y  donde la brecha salarial, sigue siendo una realidad. En tu propio país, las mujeres pueden llegar a cobrar un 23,25% menos que los hombres por el simple hecho de ser mujeres (Existen países en los que la cifra de la brecha salarial, puede llegar a alcanzar hasta un 75%.) El feminismo es la principal arma contra la desigualdad laboral, contra la violencia sexual o la discriminación en el ocio y el día a día de la mujer, el feminismo es la conciencia de la necesidad tomar partido en una de las más antiguas batallas contra la desigualdad, y especialmente, el feminismo es nuestra mayor esperanza contra aquellos que todavía hoy, continúan asesinando a mujeres por un sentimiento de superioridad sexual y cultural, simplemente por el hecho de ser “sus mujeres”.

Puede que tristemente necesites que pase el tiempo para que te percates de lo que supone realmente ser feminista. Quizás lo hagas cuando pasen un par de años y tu cuerpo ya no responda a los cánones necesarios para los papeles que ocupas hoy en la gran pantalla, y muy probablemente, la industria del cine vea cada día más complicado encontrar un hueco para ti en sus producciones, quizás entonces, comprendas lo denigrante de esos continuos retoques con Photoshop que parecían buscar en ti la perfección, pero con el tiempo se tornarán en insultantes clichés sobre tu cuerpo, sobre tú profesión, esos mismos clichés machistas que se repetían una y otra vez en programas televisivos, más centrados en tus relaciones personales o en tus vestidos y escotes que en el discurrir de tu trabajo. Puede que sea entonces, cuando te des cuenta que definirse como feminista no es una moda, ni un capricho para la mujer de hoy. Al igual que para muchas mujeres de generaciones anteriores, definirse hoy como feminista, supone una necesidad en pro de la igualdad.

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Alsasua, polvo en los ojos

“Estoy a favor de la verdad, la diga quien la diga. Estoy a favor de la justicia, a favor o en contra de quien sea.”

Malcolm X

Iñaki Abad, Julen Goikoetxea, Jon Ander Cob, Aratz Urrizola, Jokin Unamuno, Adur Ramírez de Alda y Oihan Arnanz, siete jóvenes de la localidad Navarra de Alasasua víctimas del polémico artículo 573 del Código Penal, aprobado por el gobierno de Mariano Rajoy  durante los continuos atentados yihadistas de 2015 en Europa, y que hoy sirve en España, para mantener encarcelados a tres jóvenes independentistas, acusados de agredir a dos guardias civiles durante el transcurso de una noche de copas en Navarra. Una medida judicial definida por la propia ONU como poco democrática, que permite que hoy en nuestro país lo que en cualquier otro escenario supondría poco más que un delito de lesiones, haya terminado para estos jóvenes abertzales, en una acusación por terrorismo enmarcada en un proceso de paz en el País Vasco paralizado por la apatía estatal y durante el recrudecimiento de los juicios por enaltecimiento del terrorismo, que poco o nada tienen que ver con la realidad política o la pulsión social de Euskal Herria.

Una sociedad civil que en el pueblo de Alsasua, no ha dudado desde un primer momento y en contra de la polémica decisión de las autoridades españolas, en manifestarse para pedir la puesta en libertad de los jóvenes detenidos y el fin de lo que gran parte de los vecinos consideran continuos montajes policiales y judiciales. Lo que a día de hoy, para la Audiencia Nacional es considerado terrorismo, para los vecinos y vecinas de la localidad (Además de para 83 alcaldes de Euskadi y Navarra) no supone más que una pelea de bar fruto de lo que ellos describen como asfixiante presencia de la Guardia Civil en el pueblo.

Iñaki Abad, Julen Goikoetxea, Jon Ander Cob, Aratz Urrizola, Jokin Unamuno, Adur Ramírez de Alda y Oihan Arnanz, siete jóvenes de la localidad Navarra de Alasasua, víctimas del polémico artículo 573 del Código Penal, aprobado por el gobierno de Mariano Rajoy,  durante los continuos atentados yihadistas de 2015 en Europa

Pese a las masivas movilizaciones vecinales y a los propios informes de la Guardia Civil remitidos al Juzgado de Instrucción número 3 de Pamplona, en los que niegan la existencia de un linchamiento organizado contra los dos guardias civiles agredidos junto a sus parejas en un bar de la localidad, la Audiencia Nacional  en una actuación polémica, decidió finalmente hacerse cargo del proceso, basándose en los testimonios de los propios denunciantes como única prueba, todo, pese a las numerosas contradicciones de los mismos con la versión del resto de testigos.

En poco más de una semana desde su detención, los nueve jóvenes de entre 19 y 24 años, fueron procesados atribuyéndoles un delito de terrorismo en concurso ideal de lesiones, atentado y odio. Una decisión fundada en la hipótesis de que los detenidos llevaron a cabo la agresión motivados por su conocimiento de la condición de guardias civiles del teniente y el sargento, lo que enmarcaría los hechos en las “rutinas de hostigamiento” contra el instituto armado español protagonizadas por el colectivo Ospa Mugimendua, al que pertenecen algunos de los detenidos. Una decisión judicial, que a todas luces puede llegar a suponer un ejercicio excesivo de conjeturas en la reconstrucción de los hechos, y que a tenor de las pruebas presentadas judicialmente, apunta sin duda a que la actuación de la Audiencia Nacional, no viene sino a enturbiar los intentos emprendidos por la sociedad vasca, para normalizar la convivencia tras numerosas décadas de conflicto y el reciente cese de la actividad armada de ETA.

No en vano, aceptar que la pertenencia de los jóvenes detenidos en Alsasua a diferentes organizaciones independentistas, que pueden compartir o no, diversos objetivos con la organización terrorista ETA, supone motivo suficiente para su procesamiento por terrorismo tras una reyerta en un bar, abre una peligrosa vía legal en donde la afiliación de los acusados y no los hechos en sí, suponen el principal baremo para la posterior actuación de la justicia. La búsqueda de la independencia o la expulsión de los miembros de las Fuerzas de Seguridad del Estado de Navarra y del País Vasco, figuran entre los objetivos perseguidos en su momento por la organización terroristas y hoy forman parte de las principales reivindicaciones políticas de la izquierda abertzale. Precisamente, en asumir como legítimas las reivindicaciones de quienes sin el peso de las armas pueden defender tales postulados, hoy pasan gran parte de las esperanzas para  la convivencia y el correcto desarrollo del proceso de paz en Euskadi. En ningún caso en una sociedad plenamente democrática, encabezar una campaña por reprobable y deshonrosa que pueda parecer esta a la Audiencia Nacional, puede suponer la posterior vinculación con una organización terrorista.

un ejercicio excesivo de conjeturas en la reconstrucción de los hechos, y que a tenor de las pruebas presentadas judicialmente, apunta sin duda a que la actuación de la Audiencia Nacional no viene sino a enturbiar los intentos emprendidos por la sociedad vasca, para normalizar la convivencia tras numerosas décadas de conflicto y el cese reciente de la actividad armada de ETA

“Proporcionalidad, justicia y equidad” son las lógicas reivindicaciones de un pueblo y unas familias, que todavía hoy siguen gritando a viva voz que sus jóvenes no son terroristas. El circo mediático y político en un caso en donde en las propias palabras de las familias de los detenidos, los jóvenes de Alsasua “han sido utilizados de una manera ejemplarizante y no desde parámetros jurídicos” parece impedirnos lograr reflexionar acerca de lo absurdo e insultante de comparar una simple pelea de bar, con la realidad vivida por muchos ciudadanos durante la existencia de la amenaza de las armas en nuestro país.

Mantener la acusación de terrorismo y peticiones de prisión absolutamente desproporcionadas, que pueden llegar a superar los 10 año de prisión, supone un insulto a la inteligencia de un pueblo que ya ha pagado demasiado caro los desesperados intentos de quienes parecen querer prorrogar de manera artificial la lógica del discurso de las armas.

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Un parlamento, una moción de censura… dos españas

“Ustedes representan lo malo conocido y el miedo. Han usado el miedo para robar”

Pablo Iglesias

La tercera moción de censura en cuarenta años de democracia, nos deja la constatación de la existencia de dos realidades muy distintas en el parlamento y en el tejido social español. Dos realidades, pertenecientes a dos españas que no solo nunca han llegado a confluir, sino que con el paso del tiempo, parecen alejarse todavía más fruto de un modelo económico y unas políticas, que fomentan la desigualdad social al compás de la corrupción política y la codicia desaforada de nuestra supuesta élite empresarial. Una codicia que ha hecho de nuestro país un paraíso para tramas de corrupción de todo tipo, en donde comunidades autónomas, empresas, ayuntamientos, bancos y partidos políticos, se han visto aquejados por un parasitismo en ocasiones tornado en depredación, que ha infectado a nuestras instituciones, transformando lo que antaño fuese un pacto social común, en un complejo sistema poder, en donde las élites del sistema han podido afanarse con libertinaje en la búsqueda de su máximo beneficio económico, cambiando las reglas del juego siempre que resultase necesario para sus necesidades.

Durante algo más de cinco horas, Unidos Podemos ha hecho uso de la tribuna del Congreso para poner de manifiesto la profunda decadencia de un gobierno y unas instituciones paralizadas por la corrupción, en donde los esfuerzos del ejecutivo se han visto en demasiadas ocasiones a lo largo de la legislatura, centrados en esquivar la actuación policial y el peso de la justicia sobre un Partido Popular que una vez más, ha llevado al extremo en su estrategia de defensa, la aparente necesidad política de la derecha de nuestro país de hacer del que se supone gobierno de todos, su cortijo particular.

Nada sabe el Partido Popular de los más de 100.000 desahuciados, los emigrados, los parados de larga duración, los más de 64.000 alumnos estudiando en barracones o la realidad de los trabajadores pobres en nuestro país

Entre lecturas inoportunas, comentarios machistas, aplausos de graderío y una total indiferencia por el discurso de Irene Montero o Pablo Iglesias, la bancada popular ha decidido simplemente ignorar una moción de censura que sabe fracasada de antemano, gracias a la falta de entendimiento entre los partidos que podrían configurar una alternativa a su gobierno. Nada parece importarle al PP la realidad social tras esta iniciativa, la de un país hastiado por la corrupción, golpeado por los recortes y quizás temeroso ante la precariedad laboral y la rapidez con la que iniciativas como la ley mordaza, han recortado sus libertades hasta hacer de la protesta social un delito. Un país cansado de las dos españas, divididas entre vencedores y vencidos, en la que el trabajador siempre termina perdiendo.

Sin duda desconocen en Genova 13, la realidad del trabajo precario, el miedo al despido, las hipotecas que pesan cada mes como una losa o el inhumano esfuerzo que puede suponer para una familia obrera el copago, por pequeño que sea, en servicios que antes se suponían públicos y gratuitos. Lo desconocen en Genova, como lo desconocen en el distrito de Salamanca, en la Moraleja o en el Viso. Los recortes de más de 10.000 millones de euros menos en la sanidad pública española, las listas de espera, la perdida de profesionales y camas o el negocio detrás de la salud de las personas no son asuntos que alteren la tranquilidad de los habitantes de esa “otra España” Después de todo, siempre pueden acudir a la sanidad privada, una sanidad sin listas de espera o molestos compañeros de habitación que nadie desea. Una sanidad que gracias a las reglas del juego, terminamos de una u otra manera pagando todos, pero que realmente solo unos pocos disfrutan. Una muestra extrema más del parasitismo de una minoría privilegiada sobre el conjunto de la sociedad española.  Una minoría que se cree con el derecho de vivir y gestionar lo público según sus propios intereses, para a continuación, una vez desmantelado un servicio que nos pertenece a todos, hacer uso de los servicios privados sin señal alguna de remordimiento. La realidad de las puertas giratorias, la de los pelotazos urbanísticos, la financiación ilegal o los favores de partido entre conocidos, suponen una concepción más propia del hampa que de la vida política, pero en España sobrevive sustentada por quienes en nuestro país, heredan el poder político y empresarial generación tras generación, en una simbiosis perfecta con las costumbres de la monarquía parlamentaria.

Nada sabe el Partido Popular de los más de 100.000 desahuciados, los emigrados, los parados de larga duración, los cerca de 64.000 alumnos estudiando en barracones o la realidad de los trabajadores pobres en nuestro país. Ellos, nunca han sufrido la angustia de no poder acceder a la energía o la cruenta necesidad de pedir ayuda para comer. Esa nunca ha sido su realidad. Su presente y su futuro se asemeja más a la especulación, la búsqueda aplicada de resultados en los datos macro, aunque la vida no cuadre, y más directamente el puro y desmedido lucro personal, las corruptelas, las inversiones sin riesgo gracias apoyadas en las leyes y en la banca… Dos realidades muy diferentes enfrentadas y de las que deberíamos ser plenamente conscientes antes de emitir cualquier tipo de voto. Llámenle como quieran, arriba y abajo, izquierda y derecha, vencedores y vencidos, ellos y nosotros…, pero sean conscientes de que en el parlamento, al igual que en nuestro país, todavía hoy existen dos españas claramente diferenciadas.

Un Partido Popular que una vez más, ha llevado al extremo en su estrategia de defensa, la aparente necesidad política de la derecha de nuestro país de hacer del que se supone gobierno de todos, su cortijo particular

Decía Rajoy a Iglesias que “Esta moción sirve únicamente para marcar terreno al PSOE o para crear más indignados. Sirve para todo menos para lo que tiene que valer una moción de censura” olvidaba el presidente del gobierno, que ante todo, una moción de censura debe servir para corregir el rumbo de un país a la deriva, un objetivo que hoy vuelve a quedar claro no será posible, mientras una España, para la que parece gobernar el Partido Popular, continue negando la realidad en la que por causa de sus políticas, vive inmersa gran parte de la para ellos, esa gran desconocida otra España.

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Moción Kamikaze

Unidos Podemos demuestra una vez más, con la moción de censura que en este mismo momento presenta en el Congreso de los Diputados, que el nuestro es un país en donde la ciudadanía ha perdido el pulso de la calle, la capacidad para rebelarse, la necesidad de cambio o cualquier inquietud política que pueda implicar la necesidad de apartarse de los cauces establecidos, de las urnas en domingo, las promesas electorales incumplidas, los abusos soportados con silencio en el puesto trabajo, los informativos claramente manipulados y el bochornoso espectáculo de nuestros políticos en el Congreso cada vez que los números y la políticamente asfixiante disciplina de partido, son lo único que importan en una votación.

Les ahorro el suspense de horas de debate, al igual que tantas otras llamadas de atención, esta tampoco servirá para ver como la oposición finalmente cierra filas contra los escándalos de corrupción, la apropiación de la justicia por parte del gobierno o la franca decadencia de la televisión pública como ariete ideológico. De nada valdrá el discurso de Pablo Iglesias, ni el de Alberto Garzón o el Irene Montero. Caerán en saco roto, al igual que lo harán las siempre notorias intervenciones de Gabriel Rufián, a veces rozando la poesía política y otras tantas, más cercanas al simple uso de la ironía contra quienes han hecho de su escaño un hogar para el cinismo. El número de escaños ha hablado y una vez más sin que exista espacio para el debate, la moción de censura no logrará finalmente salir adelante.

Los motivos para el anunciado fracaso de esta moción de censura son diversos, empezando por las formas en su propuesta del grupo de Pablo Iglesias. Unidos Podemos recurrió al Artículo 113 de la Constitución seguramente más centrado en los tiempos de la prensa de nuestro país y en la posible rentabilidad mediática de la moción de censura, que en los tiempos y necesidades de sus posibles socios en tal aventura. Después de todo, pese a que la operación Lezo supuso un motivo más que valido para desalojar al partido del Gobierno de Moncloa “ante la grave situación institucional puesta en evidencia en las últimas semanas” los tiempos políticos de la que entonces era principal fuerza opositora, dejaron al PSOE en fuera de juego e inmerso en un duro proceso de primarias del que Pedro Sánchez saldría fuertemente reforzado, tras su ruptura con la convivencia del Partido Socialista con los Populares y con una excusa perfecta para negar el apoyo a una moción liderada por Pablo Iglesias, sin participación alguna del Partido Socialista. Desconozco si por ingenuidad política o por la prepotencia del partido, la moción de censura presentada por Unidos Podemos, nacía ya muerta ante la negativa del PSOE a sumarse a una iniciativa de la que le ofrecieron todas posibilidades de desmarcarse, incluida una, la de la abstención, que últimamente parece agradar a los socialistas.

Ante la negativa del PSOE a contemplar la posibilidad de un gobierno alternativo al Partido Popular, no tardó demasiado en producirse una cascada de reacciones que permitieron a Genova poder contar desde un inicio entre sus aliados con Ciudadanos. El partido de Albert Rivera, que finalmente votará No a la moción de censura, pese a su supuesto discurso regeneracionista y su implacable lucha contra la corrupción, se haya inmerso en un extraño caso parlamentario del doctor Jekyll y el señor Hyde que permite a la formación naranja mostrarse a un tiempo capaz de funcionar de manera indiferente como un apéndice más de las políticas del Partido Popular en el conjunto del estado o como el sustento de la vieja guardia del PSOE en Andalucía, todo ello, mientras pronuncia discursos en la cámara parlamentaria contra la corrupción y las viejas formas políticas. La moción parece volverá a poner de manifiesto que pese a sus esfuerzos, el partido de Albert Rivera, ya no consigue engañar a nadie excepto a sí mismo y muy oportunamente a Metroscopia.

Con el apoyo en el NO de Ciudadanos y Coalición Canaria, al partido que presume de ser el último bastión de la unidad de España, le bastará con la abstención obtenida a golpe de presupuesto de los partidos de la derecha nacionalistas vasca y catalana,  para salvar momentaneamente una legislatura que desde hoy se sabe débil. El toque de atención de Unidos Podemos, no solo debe de suponer un pulso al gobierno de Mariano Rajoy, sino una llamada de atención a la ciudadanía acerca de las posiciones de cada uno de los partidos respecto al gobierno del Partido Popular. No existen discursos alternativos a quienes hoy intentan desalojar a la corrupción y a la mentira del parlamento español y quienes con su negativa o su silencio, permiten una vez más que está continue gestionando la vida política en España. La moción de censura, se presenta en estos momentos principalmente como un halo de luz en la eterna mascarada política que comenzaba a suponer una legislatura, en donde muchos de quienes se dicen grandes enemigos, suelen terminar compartiendo sentido de voto en las decisiones más importantes.

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Corbyn: El buda de los suburbios

Theresa May ha perdido la apuesta, la lideresa del partido conservador británico, no logra alcanzar la mayoría absoluta en el parlamento que le permitiría gobernar en solitario, y se verá forzada a buscar apoyos en un escenario político complejo, en donde el Partido Democrático Unionista y el Partido Liberaldemócrata, parecen sin duda, las opciones más factibles para ceder su apoyo a los conservadores en la hipotética formación de un nuevo gobierno. La intención de la Primera Ministra de lograr alcanzar un poder ejecutivo reforzado de cara a las negociaciones con la Unión Europea, los retos migratorios y los desafíos a la seguridad  tras los recientes ataques yihadistas, queda aplastada por la realidad de un parlamento (bloqueado) sin la existencia de mayorías absolutas.

Conservadores y Laboristas, encaran estos resultados electorales con sensaciones muy distintas. Mientras los conservadores pierden la mayoría absoluta en una campaña que comenzaba con sus máximos rivales en franca decadencias e inmersos en serias disputas internas por las dudas ante la idoneidad de Jeremy Corbyn como candidato, los laboristas, logran por su parte contra todo pronostico, un espectacular aumento en escaños, no tanto por su relevancia histórica para el partido, sino por lo inesperado de los resultados en el contexto de crisis global de la socialdemocracia.

Pese a los sondeos, gran parte de la prensa y un partido no demasiado dispuesto a seguir a su líder, Jeremy Corbyn, sin duda ha logrado sobreponerse a un desastre anunciado y resucitar de entre las cenizas no solo de su partido, sino de todo un movimiento político en su conjunto, para lograr una dulce derrota que dota de voz a los socialdemócratas en una legislatura en la que se puede decidir a grandes rasgos el futuro de los ciudadanos británicos para las próximas décadas. Lejos de suponer un verdadero giro a una alternativa de izquierda anticapitalista, Jeremy Corbyn representa poco más que  la vuelta a un socialismo anti establishment, una ruptura definitiva con el espíritu de la Tercera Vía, con la que Tony Blair llegó al poder tras la larga sombra de Margaret Thatcher sobre Downing Street.

A priori no debemos esperar grandes rupturas en materia internacional por parte del laborismo (El Brexit seguirá su camino) pero sí hemos de esperar un liderazgo fuerte de cara a buscar la implantación de mayores políticas sociales y una nueva realidad económica, por parte de un Jeremy Corbyn que durante sus más de 30 años como diputado, ha trabajado cara a una mayor redistribución de la riqueza gracias a un ideario centrado en tres puntos básicos: más Estado, más inversión y más impuestos. Los nuevos laboristas no parecen tener miedo a hablar de mayores impuestos o una mayor inversión, siempre teniendo en mente, que será sobre  los más favorecidos del país, sobre los que recaiga la mayor parte del esfuerzo para mejorar las prestaciones del estado.

Ha sido este punto y no otro, en donde Theresa May ha dejado escapar gran parte de la aparentemente insalvable ventaja con la que contaba sobre los laboristas, pese a las continuas promesas de una mayor regulación para las empresas y la aparente apuesta del partido por una política liberal más humana con las clases populares, la credibilidad de los tories en este sentido, hace ya tiempo paso a ser escasa. Tampoco resultó de gran ayuda la aparición en plena campaña electoral de la controvertida fórmula con la que May pretendía reformar la financiación de la asistencia de los mayores en el hogar (la tasa de la demencia) una impopular propuesta que terminó con la retirada de la misma incluso antes de los comicios, demostrando una clara inestabilidad entre los conservadores justo en la recta final de los comicios.

Su apuesta por una salida rápida y sin fisuras de Europa (“Brexit significa Brexit… no debe haber intentos de permanecer en la UE, ni intentos para volverse a integrar por la puerta de atrás ni una segunda consulta”) de cara a unas negociaciones formales que deberían arrancar apenas transcurridos ocho días de la cita con las urnas y su dilatada experiencia al frente del ministerio de Interior, parecían no hace demasiado tiempo asegurar según todas las encuestas, la victoria a Theresa May, pero en su primera cita con las urnas, los resultados no han sido los esperados.

Tras los resultados electorales, Theresa May encara un futuro realmente complicado, con menos apoyos que nunca y una agenda política que atendiendo a sus propias palabras a mitad de campaña, “en caso de perder 6 escaños ya habría perdido las elecciones”, “y Jeremy Corbyn debería sentarse a negociar con Europa” podría estar ya en manos de un renacido Jeremy Corbyn, pero también podría suceder que esas palabras se tratasen tan solo de una promesa electoral sin contenido más pese a la perdida de importantes escaños, después de todo, los resultados electorales son demasiado estrechos y el futuro de Reino Unido demasiado ambiguo, como para que cualquiera de las dos partes renunciase a su cuota de poder.

Laboristas y Conservadores se disputarán finalmente en la mesa de negociaciones el liderazgo de un país en guerra contra el yihadismo, en plena ruptura con Europa y con una importante crisis migratoria y cultural,  que pese a todo, ha dejado el eurófobo UKIP, como el gran perdedor de la noche.

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Euskadi, los huevos de la serpiente

José Pardines Arcay, Jorge Juan García Carneiro, José Lasa Arostigui, José Ignacio Zabala, Javier Pérez Arenaza, Miriam Barrera Alcaraz, José Ramón Domínguez Burillo, María Doleres González Catarain, Luis Isasa Lasa, Jesús María Basáñez, Miguel Ángel Blanco Garrido, Silvia Martínez Santiago, Xabier Galdeano, Lucía Urigoitia, José Ramón Goikoetxea Galparsoro, Josu Muguruza, Miguel Isaías Carrasco Arnaldo Otegi Mondragon.

2472 atentados después y tras derramar la sangre de 849 víctimas mortales, los nombres de Jean-Serge Nérin, Carlos Sáenz de Tejada y Diego Salvá, se convertían finalmente en últimos en sumarse a la memoria de la sin razón de la barbarie terrorista de ETA en nuestro país. 829 víctimas, no menos de 4.000 presos torturados en las cárceles (donde muchos perderían su vida) y todavía hoy, 373 reclusos de la banda terrorista repartidos en 45 cárceles de todo el estado español, nombres y números para intentar esbozar el retrato de una guerra abierta entre dos posiciones encontradas. Nombres que esconden sangre, horror y la más pura sinrazón del ser humano, y una amenaza, la de las armas, que durante medio siglo acompañó a tantos y tantas que pese a todo, decidieron alzar su voz contra quienes anhelaban la imposición de una visión única de la política vasca. Muchos pagaron con su vida tal atrevimiento. Fernando Múgica, Enrique Casas, Ernest Lluch, Miguel Ángel Blanco… diferentes visiones de la sociedad vasca, diferentes caracteres políticos y sentimientos hacia su tierra, pero todos ellos unidos por el silencio previo al clic de la pistola de un terrorista o la bomba lapa debajo de sus coches que arrebataría sus vidas e ilusiones para siempre a la sociedad de su país. Una sociedad durante mucho tiempo demasiado acostumbrada al sonido de las explosiones, los llantos y las sirenas, un pueblo con miedo, preso de sus propios deseos y temores, que terminaron por esconderse tras los sentimientos de venganza de quienes lo habían perdido todo tras un atentado o el terror amenazante de quienes se acostumbraron a ver en los encapuchados su única vía de representación política.

Nació así en Euskadi una nueva cultura del miedo y del terror, una legitimación por parte de ciertos sectores de la sociedad de la fuerza como única interpelación válida ante el adversario político y con ello, nacieron también en Euskadi las heridas que ahora tanto tardarán en cicatrizar. Entre el dolor y la barbarie, se esconde el trasfondo de un conflicto que ha perdurado en nuestro territorio como uno de los más sangrientos enfrentamientos políticos de nuestra era moderna, y que pese al anuncio de la banda terrorista en 2011 del cese definitivo de la actividad armada, en un comunicado de apenas dos minutos y medio de duración, el último conflicto armado de Europa, permanece hoy todavía latente en el día a día de los vascos y vascas, especialmente cuando en Euskadi se habla de política.

La distorsión de la violencia, terminó alcanzando a una política vasca infectada por un germen, el de la venganza, que cinco años después impide encarar con normalidad un proceso de reconciliación social que en condiciones normales hace ya tiempo debiese haber contado con el apoyo directo e incondicional de los gobiernos español y francés, sin embargo, se da en el conflicto vasco una situación particular, en donde una organización terrorista dispuesta a entregar sus armas para escenificar un fin de la violencia al que le han empujado los operativos policiales y la propia realidad político-social de su entorno, no encuentra interlocutor en el otro lado. Ni los gobiernos español y francés, ni la propia Europa, ni los miembros de la comunidad internacional, parecen dispuestos a primar el fin de la violencia en España, por encima de los propios equilibrios políticos inherentes en las relaciones entre políticos y  estados.

Se continúan todavía hoy desde el estado español negando realidades sociales como Bateragune o judiciales como el caso Txapartegi, al tiempo que desde las instituciones se profundiza en la venganza como método de justicia para mantener políticas penitenciarias carentes de cualquier cobertura legal, políticas como la dispersión de presos, método este que no solo castiga a los terroristas sino a su entorno familiar y social, además del continuo uso de artificios legales para lograr privar a los presos etarras de los principios tendentes a la unificación del derecho en la Unión Europea que les permitiría en ciertos casos, acceder a la rebaja de condenas al ver descontados los períodos cumplidos en prisión en otros países pertenecientes ala Unión Europea. El gobierno español hace muestra de una clara intransigencia poco comprensible para quien se encuentra ante la posibilidad histórica de soterrar definitivamente la violencia como método político en Euskadi.

De nuevo, los mecanismos del estado de derecho se fuerzan y se retuercen para buscar la sanción en lugar del entendimiento, seis años después del cese del ruido de las armas, el silencio y los sentimientos de venganza soterrada durante tantos años continúan dificultando la vuelta a la normalidad de una sociedad ya demasiado acostumbrada al silencio. Resulta necesario hoy en Euskadi que las diferentes realidades enfrentadas durante tanto tiempo en una lucha armada, comiencen a ver en las concesiones al adversario no una cesión ante el enemigo, sino una oportunidad para una sociedad en su conjunto y a sus deseos de paz.

Durante seis años de encarcelamiento, Arnaldo Otegui simbolizó para ciertos sectores de Euskadi, militantes de la izquierda abertzale, un símbolo de su propia voz encerrada en una prisión española. Mientras se multiplicaban los casos y las causas para mantenerlo en prisión, se ha podido comprobar, como el camino que un día iniciaron ciertos dirigentes de la izquierda abertzale, un camino hacia la paz arriesgado y valiente frente a sus propios demonios, parece ya inalterable. Un camino que como el propio líder abertzale reconocía, se hacía tarde y en un lento y doloroso proceso que comenzó en la inconsciencia que en aquel momento tenían en el entorno de la banda terrorista acerca del dolor que sus actos provocaban en la sociedad vasca y el verdadero alcance de las heridas abiertas por estos. Solo atendiendo a esas declaraciones, uno podría entender la profunda brecha que ETA llegó a provocar en la propia sociedad de Euskadi y España. Una brecha todavía abierta en las heridas de las víctimas y los familiares de las mismas, que continúan esperando un punto y final claro a tanto dolor y sufrimiento. En palabras de Sara Buesa, víctima de la banda terrorista, alguien debe dar respuesta a la pregunta de si ha tenido sentido en algún momento la lucha armada en el País Vasco.

Pareciese que a diferencia de el Ulster o Colombia, España todavía no está preparada para encarar definitivamente la paz. El fin del terrorismo y de la barbarie en “Euskal Herria” no supone el final del conflicto vasco, sino tan sólo un cambio de escenario, un proceso en donde la voz del independentismo no ha desaparecido en la sociedad con el ruido de las armas, sino que se ha transformado en lo que nunca debió dejar de ser: una confrontación ideológica en donde la única voz válida es la del pueblo libre, un pueblo que todavía hoy ve como la represión y la violencia son rutina en sus calles, como el peso de la violencia sigue presente en su día a día, sin que policía, política, justicia y la propia sociedad, sepan muy bien como desenmarañar una situación en la que todos los bandos se han acostumbrado a jugar sucio.

Hacer la paz, he encontrado, es mucho más difícil que hacer la guerra.

Gerry Adams

Estas decisiones serán de gran alcance y difíciles. Pero nunca faltó coraje en el pasado. Coraje que se necesita ahora para el futuro.

Gerry Adams

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La muerte del trabajador

“…los más astutos guardianes del orden actual de cosas no pueden impedir el despertar del pensamiento del proletariado…”

Vladímir Ilich Uliánov, Lenin

Estibadores, taxistas, bomberos, maquinistas de metro o teleoperadores suponen tan solo alguno de los colectivos que afectados por la inexorable precarización laboral que parece institucionalizarse en nuestro país, han decidido ocupar la calle para hacer frente a las políticas de explotación neoliberal que tras el disfraz de medidas supuestamente encaminadas a mejorar la competitividad, pretenden liberalizar amplios sectores productivos arrasando con ello las condiciones laborales de sus trabajadores. Una dudosa apuesta ideológica del estado y la patronal que haciendo uso de políticas netamente neoliberales, pretende basar la recuperación económica únicamente en el mercadeo de las condiciones laborales en un país en donde muchos de sus trabajadores, pese a serlo, se encuentran en serio riesgo de caer en la pobreza.

Por desgracia, la respuesta contestataria del sector de la estibada o el taxi no parecen suponer la norma en un país en donde por el contrario, parece imperar el hartazgo. Hartazgo político, pero también hartazgo ante una clase sindical muy alejada ya de victorias como la de la Huelgona o del ejemplo y el sacrificio en la lucha obrera llevada a cabo en las minas o en los astilleros españoles. El sindicalismo en nuestro país, al igual que en muchos otros, ha caído en las redes del poder político y económico, cambiando en muchos casos las barricadas por los consejos de administración y los adoquines por las subvenciones. Se ha dejado a un lado la reivindicación social, para dar paso al parasitismo, se ha cambiado al ciudadano y la calle por el aparato estatal y el establishment, y con el sindicalismo alejado del movimiento obrero, llegaron los primeros casos de corrupción, las facturas falsas, los cursos de formación, los ERE y tantas otras corruptelas que si bien todavía se encontraban muy alejadas de los grandes escándalos de los patronos, también lo hacían a su vez de la lucha diaria de los obreros de este país.

Si bien, uno de los sindicalismos más fuertes de todo el continente sucumbió con la Inglaterra de Margaret Thatcher, después de que la dama de hierro desatase los “perros de la codicia” contra ellos, en España, por el contrario, no hicieron falta excisiones, ni tan siquiera un excesivo conflicto, fueron los propios perros quienes buscaron el collar de sus nuevos amos para lograra sobrevivir a un mundo cambiante. Los héroes de la clase obrera fueron olvidados, gano el supuesto pragmatismo y el capital impuso finalmente sus reglas. Tras eso, solo fueron necesarios ciertos retoques, ciertas mordazas y así finalmente se lograron silenciar las avenidas. Sindicatos y sindicalistas fueron olvidados, y nombres como el de Cándido Méndez o Ignacio Toxo, pasaron a significar lo mismo para el obrero español que los de Manuel Rodríguez, Andrés Bódalo o los “ocho de Airbus”, un mismo cajón para muy diferentes procedencias.

Pero hoy la realidad política y social de nuestro país, nos recuerda una vez más la necesidad un sindicalismo fuerte, de clase y de calle. Un sindicalismo capaz de hacer frente al reto de defender los derechos ya adquiridos y conquistar los derechos que nos han arrebatado en los últimos años, escudándose en una crisis que ha sido utilizada como oportunidad para imponernos mayor precariedad. Un sindicalismo fuerte, en un país en donde aumenta preocupantemente la siniestralidad laboral, en donde conciliar la vida laboral y familiar sigue suponiendo poco menos  que una utopía y en donde el obrero medio, pese a todo, sigue teniendo muy presente lo que es jugarse la vida en la calle por sus derechos, por los derechos de los suyos. 

Ellos nos quieren en silencio, nos quieren temerosos y quietos, pero no podemos permitirlo, no pueden callarnos durante mucho más tiempo. Mientras exista un ellos y un nosotros en este sistema, los obreros deberemos seguir organizándonos para reclamar lo que nos pertenece, para luchar por nuestros derechos.

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Dedicado con especial cariño a los trabajadores de la estiba y a todos aquellos trabajadores que día a día defienden sus derechos.

Duelo a muerte en el OK Corral

Pedro Sánchez, Susana Díaz y Patxi López, han llegado al corral con los ánimos agitados y las armas dispuestas tras numerosas rencillas y un honor, el del Partido Socialista Obrero Español, realmente comprometido tras la irrupción de unas nuevas formas políticas que no parecen haberle sentado especialmente bien al PSOE. Una formación la de Ferraz, rota entre una militancia ahogada por los hábitos del neoliberalismo y una burocracia reflejada en unos barones supeditados ideológicamente en gran medida a una vieja guardia que hace tiempo ya abandonó toda señal de socialismo.

Basta simplemente con repasar la cronología del Partido Socialista, para percatarnos de la delicada situación por la que atraviesa la que fuese la formación socialdemócrata por excelencia de nuestro país. Tras un pasado reciente y no tan reciente de traiciones, asaltos al poder y promesas incumplidas, las actuales primarias del PSOE se presentan como un duelo inmisericorde de reputaciones y egos (esperemos por sus militantes, también guarden un espacio para el ideario) en donde el votante socialista tienen todas las papeletas para seguir siendo el más perjudicado. Afirmó William Shakespeare a través de las palabras del siempre lúcido Macbeth: “Hay puñales en las sonrisas de los hombres; cuanto más cercanos son, más sangrientos” y sin ninguna duda, el puñal oculto que puso fin al liderazgo de Pedro Sánchez se terminó dibujando en las sonrisas de sus más cercanos, sus compañeros de partido. El continuado coqueteo del Secretario General con el entorno de Podemos para la hipotética formación de un Gobierno de coalición, las pequeñas batallas predecesoras de grandes guerras y el profundo temor de los históricos del PSOE (en consonancia con la derecha española) ante la posible realidad de un gobierno alternativo de izquierda, terminaron por forjar una traición al proyecto de Pedro Sánchez que por dolorosa, todavía hoy continua monopolizando casi en su totalidad el ambiente político en Ferraz.

Llega Pedro Sánchez a esta recta final de las primarias con la fuerza de quien se ha impuesto frente el aparato del partido al ostracismo, pese a las campañas mediáticas en su contra, el paso del tiempo y una campaña política no siempre del todo limpia por parte del entorno de Susana Díaz, el ex candidato socialista a la presidencia del gobierno logra contra todo pronostico, postularse ante la militancia de su partido con apenas 6.000 avales menos que la candidatura oficial. Todo sin renunciar, ni mucho menos, a hacer suyo el discurso de la traición a los principios de la formación que tanto tiempo lleva buscando una válvula de escape entre los votantes del PSOE y con la firme intención de hacer de su indefinición y los vaivenes políticos (grandes errores en el asalto a la Moncloa) posibles virtudes con las que recavar apoyos entre las diferentes corrientes de los socialistas .

Quienes vieron en la abstención y posterior lentitud  del proceso de primarias un punto y final para Pedro Sánchez, obviaron sin duda las armas que por el camino le estaban regalando a su futura candidatura, para presentar batalla hasta el final. Como una bola de derribo, el proyecto de quienes defendieron el “No es no” ha logrado sacudir los cimientos del PSOE poniendo de manifiesto las preferencias del aparato del partido a la hora de decidir el sentido del esfuerzo de su maquinaria electoral. Susana Díaz, se presenta por primera vez ante el electorado español como la cara visible de quienes pactaron por omisión con Rajoy, aquellos que se vieron con derecho para erigirse como la voz del pueblo y sus votantes, para en un decisión que les pertenecía tan solo a ellos, traicionar su programa electoral y dejar en manos de la derecha el gobierno de España.

Cuesta especialmente creer a la señora Díaz cuando nos habla de recuperar la izquierda o incluso a su propio partido. Cuesta no recordar su apoyo al gobierno del drama de los desahucios, el de la ley mordaza, los recortes y sin duda, el partido de la cara más bochornosa de la corrupción en España. Por mucho que se empeñen desde el PSOE en hacer valer el paso del tiempo, la mayoría de los españoles todavía recordamos su abstención.

La candidatura de Susana Díaz representa la baza del caballo ganador, la apuesta principal de un partido que si bien podría intentar controlar en última instancia los posibles daños, parece ya haber realizado su apuesta firme por una candidatura con los enemigos claros. Las primarias del PSOE, suponen un pequeño avance del camino a seguir por una maltrecha socialdemocracia que en toda Europa, no ha sabido canalizar la rabia y frustración de grandes masas de votantes. La lucha por el voto de la izquierda y el acceso al gobierno, ya no se da tan solo en las minorías sin necesidad de entrar en la arena para combatir los grandes postulados de nuestro sistema. La crisis financiera de 2008 y sus posteriores consecuencias sobre la población y especialmente sobre quienes erróneamente se consideraban clase media, ha dibujado sobre el tablero político español una ola de indignación hasta ahora difícilmente digerida por una vieja guardia del PSOE, que ante la incapacidad de sobrevivir al cambio de paradigmas, parece preferir precipitarse sin temor hacia la debacle.

Puede que existan pocas posibilidades de que Pedro Sánchez sea de nuevo el secretario general del PSOE, los números y el sentido último de la candidatura de Patxi López juegan en su contra. Pero si algo parece seguro, pase lo que pase tras estas primarias, es que la guerra interna abierta en el PSOE está muy lejos de cerrarse. Como en el tiroteo entre los Earp y los Clanton, este último duelo en las filas de los socialistas, parece destinado a simbolizar la lenta agonía de una época ya pasada.

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Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres, te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña, por el nombre de la activista medioambiental.

Desde DowJones te agradecemos tu colaboración.

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El Valle de la venganza

“El que no esté seguro de su memoria debe abstenerse de mentir.”
Michel de Montaigne

Con toda probabilidad fruto de una transición errónea y una democracia indolente, setenta y ocho años después de la Guerra Civil y cuarenta y dos desde el final de la dictadura, la memoria del caudillo y su herencia siguen suponiendo a día de hoy una preponderante traba para el natural desarrollo de la convivencia democrática en España. Con este marco social siempre presente y en una votación con más simbolismo que carga política, el Partido Socialista ha logrado finalmente sacar adelante una proposición no de ley, quizás más destinada a reparar su propia memoria que la de las víctimas de la dictadura. El mismo partido que gobernó durante 14 años en España sin atreverse a revertir ni un ápice el pacto democrático con vencedores y vencidos que reinaba en nuestro país, y que ya en la legislatura de José Luis Rodríguez Zapatero, dejó pasar la oportunidad de hacer de la memoria histórica algo más que una bonita iniciativa sin posible recorrido político alguno, consigue ahora con más apuros de los deseados, una pírrica victoria en el Congreso de los Diputados, que si nada cambia, mucho me temo será un brindis al sol más para un país que todavía sigue haciendo ostentosa gala de sus anomalías democráticas.

Hagamos el extraordinario esfuerzo de imaginar por un instante que en algún momento de la historia, alguien pudiese haber abogado por hacer del Berghof un mausoleo en en donde velar la memoria de Hitler o compliquémoslo más aún, imaginemos Auschwitz transformado en un monumento donde entre simbología nazi y las fosas comunes de los judios asesinados en Europa,  la ultraderecha alemana conmemorase cada 30 de abril la muerte del führer ¿Despreciable verdad? pues por por extraño que parezca, eso es exactamente lo que se está haciendo desde el gobierno de España con el Valle de los Caídos.

La megalomana estructura de  mármol y granito en donde reposan* Francisco Franco y José Antonio Primo de Rivera, no representa como se nos quiere hacer creer un monumento a la paz y la reconciliación, muy al contrario, la obra culmen del caudillo supone un último y despiadado recordatorio a la superioridad moral de los vencedores sobre los vencidos. Un macabro legado póstumo del dictador, que todavía hoy muchos se niegan a repudiar en un parlamento aparentemente democrático, en el que podría llegar a resultar complicado comprender los resortes morales o políticos que llevan al Partido Popular a negar la transformación de la «mayor fosa común de España» en un lugar para la memoria y la concienciación, sino fuese porque son los propios actos de su entorno los que se encargan de recordarnos su estrecha vinculación con la  «gloriosa cruzada» y al nacionalcatolicismo en su conjunto.

Los cadáveres de cerca de 22.000 personas ajusticiadas por el dictador llevados hasta allí en contra del deseo de sus familiares y el recuerdo de todo el sufrimiento padecido durante 18 años por los presos políticos obligados a trabajar (no creo que la negativa fuese una opción muy diferente a la muerte) en un homenaje para mayor gloria de su verdugo, suponen motivos suficientes para reclamar una vez más al gobierno del Partido Popular la exhumación y traslado de los restos de Francisco Franco y José Antonio Primo de Rivera fuera del recinto del Valle de los Caídos. Con este gesto, se abriría no solo una pequeña puerta para la transformación del mausoleo franquista en un museo para la concienciación y reparación de las víctimas de la Guerra Civil, sino además una oportunidad para superar un pasado monopolizado hasta el momento por la visión “única” que los vencedores impusieron durante la transición a los vencidos, imposibilitando cualquier tipo de reparación a las víctimas de la represión y la dictadura, mientras el bando franquista honraba a sus víctimas desde primera hora.

Todavía hoy, las más de 2.000 fosas comunes registradas en nuestro país, la desmemoria histórica y social, además de la continua exaltación de la dictadura franquista, parecen recordarnos que el Valle de Los Caídos no supone más que la punta del iceberg del problema, un pequeño gesto con el que comenzar a recomponer la historia, nuestra dignidad y los cimientos de una democracia que al igual que el mausoleo franquista, guarda todavía demasiados demonios en su interior.


 *A no ser claro que finalmente fuesen ellos los que entendieron mal el catolicismo y por tanto ahora se encuentren revolviéndose en sus tumbas.

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Gestación subrogada: los niños robados

 

La feria de la gestación subrogada celebrada en Madrid el pasado fin de semana, supone un paso más en la decadencia de una sociedad mercantilista que si bien ha pulido las formas de sus métodos de explotación, en el fondo, no ha disminuido ni un ápice la crueldad de los mismos. La polémica de los vientres de alquiler germina con este evento en el mismo país que había expuesto su profunda indignación ante la realidad de los niños robados durante el franquismo, pero que sin embargo ahora muestra su incapacidad para manifestar indignación o un rechazo generalizado ante una feria en la que por apenas 150.000 euros, una pareja puede adquirir por catálogo el derecho sobre una vida humana. Con una total impunidad, el poder del dinero logra aparentemente dignificar el tráfico de seres humanos sin que el partido del gobierno, en otras ocasiones tan concienciado con el derecho a la vida, parezca dispuesto a echarse las manos a la cabeza ante tan flagrante muestra de inmoralidad por parte del sistema.

Entre merchandising, catálogos y promesas de satisfacción garantizada para los clientes (en el fondo para la dinámica capitalista los futuros “padres” no son más que eso) las 24 empresas presentes en esta feria, pugnaron por maximizar sus beneficios y atraer parejas interesadas en adquirir un bebe, sin que nadie seguramente reparase durante sus transacciones en la explotación de la miseria subyacente tras los contratos alcanzados en países como la India o en la inhumana legislación ucraniana, un país, el más pobre de Europa, en donde quién lleva una vida dentro pierde todo derecho sobre ella por imperativo legal, pese a que pueda arrepentirse de su decisión en el último momento. Poco o nada parece importarle esa materialidad a los futuros padres, supongo que al igual que la mayor parte de la población no presta atención a la procedencia de los diamantes que adornan su cuerpo o a las condiciones en las que se fabrica su ropa, ellos han logrado ver en la vida de un ser humano un mero producto más en el mercado, otra frontera sobrepasada por el mercantilismo social que en esta ocasión abre posibilidades realmente estremecedoras.

Sí la lógica de mercado se impone, puede que finalmente tengamos que acostumbrarnos a que si antes los niños venían de Paris, quizás ahora y con un contrato de por medio, muchos lleguen a nuestras ciudades procedentes de Ucrania, Georgia, India o Grecia, países ahogados por su situación económica y social en donde las mujeres se ven abocadas a alquilar sus cuerpos como un mero accesorio para el neoliberalismo depredador global. En apenas unas décadas hemos pasado de la necesidad de torturar y secuestrar a las madres del proletariado para robarles a sus hijos con el objetivo de entregárselos a las clases pudientes, a simplemente someter a esas mismas madres a una explotación institucionalizada por la vía de la esclavitud económica, que en un curioso y decadente concepto de la democracia ha puesto la propiedad de la vida de un hijo al alcance de todo aquel que pueda pagar su precio. Pese a que se nos intente convencer de lo contrario, no puede tratarse de una decisión libre cuando la presión de la pobreza y el peso de la desigualdad entre las clases sociales hace su aparición en escena, al igual que tampoco puede tratarse de una cuestión de amor o solidaridad cuando de lo que estamos hablando es de una transacción económica en donde la moralidad, si es que existe, juega un papel muy secundario en el contrato firmado entre las partes.

Existen alternativas al mercadeo de la vida humana y la explotación de los cuerpos de las mujeres, opciones quizás más largas y complicadas como la adopción u otras menos directas como la que ofrecen países como Canadá, en donde los vientres de alquiler son una realidad asociada a la solidaridad y no al consumo. Existen alternativas para aquellos que quieren ser padres, para quienes no quieren algo rápido, sencillo y a la carta, sino un hijo a quién poder mirar a la cara sin por ello tener que ponerle un precio sobre su cabeza. Trabajemos por una alternativa en ese sentido, digamos un NO rotundo a los nuevos niños robados.

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