Moción de censura, nos sobran los motivos

“Por las arrugas de mi voz
se filtra la desolación
de saber q éstos son
los últimos versos q te escribo,
para decir “con Dios” a los dos
nos sobran los motivos. “

Joaquin Sabina

Tras el tramabús, los continuos debates y declaraciones contra la corrupción como escaparate parlamentario y las peleas internas representadas en territorio enemigo, Unidos Podemos ha decidido dar un paso al frente anunciando la búsqueda de apoyos parlamentarios para iniciar una moción de censura contra el presidente del gobierno Mariano Rajoy. En una estrategia política arriesgada, pero que algunos ya adelantaron, el partido de Pablo Iglesias sale al paso de los últimos escándalos de corrupción, para en un all in parlamentario, obligar a los demás grupos de la oposición a abandonar sus trincheras dialécticas y poner definitivamente sus cartas sobre la mesa.

Las grabaciones y documentación recopiladas en la operación Lezo han dejado al descubierto una nueva pieza de la elaborada trama de corrupción que extiende sus vínculos sobre el Partido Popular y que una vez se ha sentido acorralada ante la continua presión policial y judicial, no ha dudado ni por un instante en hacer uso de sus vínculos con el gobierno para obstaculizar  e intimidar en la medida de lo posible la acción del poder judicial. Un claro ejemplo de estos métodos los encontramos en las conversaciones recogidas en el sumario de esta operación en donde Ignacio González y Eduardo Zaplana con total naturalidad charlan acerca de apartar de la Audiencia Nacional a Eloy Velasco o de la posibilidad de influir desde el ejecutivo en el transcurrir de las decisiones judiciales que afectan a los casos de corrupción vinculados con el Partido Popular,  tales conversaciones suponen un paso más para depauperar el ya de por sí escaso bagaje democrático de unas instituciones que se encuentran inmersas en una espiral de corrupción que llega incluso a amenazar a los máximos representantes del estado. Ante la anomalía de un estado de excepción democrático por el saqueo del PP de las administraciones públicas y un comportamiento parásito de las instituciones el proponer una moción de censura en un país que desde la Transición, ha vivido únicamente dos situaciones similares; una contra Adolfo Suárez y otra contra Felipe González, ambas fracasadas, supone una actitud de responsabilidad política y moral y un desafío frente a aquellos que únicamente han utilizado los mecanismos del estado de derecho con el único fin de degradar los resortes democráticos del estado para lograr con ello obtener un beneficio económico ilícito con aparente impunidad.

No existe tiempo para estrategias electoralistas o una incesante algarabía de discursos parlamentarios huecos ante la corrupción sistémica y la amenaza directa a principios básicos como la vulneración de la división de poderes, la independencia judicial  o la libertad de expresión. La respuesta parlamentaria de aquellos que ocupan un cargo en representación de todos los españoles debe ser la de la defensa sin fisuras de la democracia y eso queridos lectores, es precisamente lo que hoy se ha pretendido lograr con una moción de censura que es utilizada como último recurso frente a un gobierno del Partido Popular que no solo ha evitado en todo momento su responsabilidad con la ciudadanía y sus representantes, sino que en numerosas ocasiones ha entorpecido de manera continuada la labor de la justicia con tácticas más propias del entorno mafioso que con las de una formación de gobierno.

Sin duda una vez más el Partido Popular utilizará en su defensa frente a la flagrante corrupción el argumento de los casos aislados y el respaldo electoral, defensa que podrían resultar válida en un entorno puramente democrático, pero que sin duda se queda coja en un país en donde el partido del gobierno se encuentra inmerso en un macrocaso de financiación ilegal y cuyo entorno empresarial, judicial y periodístico parecen trabajar al unísono en la construcción de un discurso electoral alternativo para la formación conservadora. No se trata como en otras ocasiones de dinamitar esa defensa porque el partido del gobierno haya llegado al poder incumpliendo una tras otra cada una de sus medidas, ni de que las democracias occidentales hayamos asumido como lógico un gobierno con elevadísimas tasas de abstención, sino que en el caso particular de España, los apuros del partido del gobierno por soterrar una flagrante corrupción que ahoga su día a día político socavan las premisas básicas de cualquier estado de derecho. No debería existir por tanto ningún temor para afirmar que el voto a un partido que ha financiado sus campañas electorales con la corrupción no es un voto válido, dado que la financiación ilegal en sí misma ha corrompido el proceso democrático despojándolo de validez.

Ante la moción de censura no existen más alternativas que el apoyo a la misma o el respaldo a las políticas y al ejecutivo del Partido Popular. No existen trincheras en donde reelaborar el discurso electoralista, ni más pseudoverdades que lanzar a los medios de comunicación con el único objetivo de calmar las aguas, Ciudadanos y el Partido Socialista se encuentran ahora ante la disyuntiva de posicionarse como parte de la solución o pasar a formar definitivamente parte del problema en el imaginario colectivo. La moción de censura tal y como se recoge en la constitución necesita al menos la firma de 35 parlamentarios para su presentación (con lo que podría salir adelante con la iniciativa única de Unidos Podemos) y el voto favorable de la mayoría absoluta de los miembros del Congreso de los Diputados para su aprobación, es en ese punto en donde el voto de las que ahora se consideran formaciones del eje de oposición deberán definirse, con ello Unidos Podemos pretende poner fin a la estrategia política de quien públicamente crítica los casos de corrupción y el devenir político del Partido Popular, pero por el otro lado sostiene el gobierno de la formación conservadora con su respaldo parlamentario. 

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Los escenarios:

El golpe a la línea de flotación de Ciudadanos que supondría su negativa a participar en la moción de censura completa un proceso político dirigido a la más absoluta irrelevancia iniciado con el total incumplimiento por parte de Mariano Rajoy de unos acuerdos para la formación de gobierno que muchos hemos comenzado a dudar hayan existido en algún momento fuera de la imaginación del propio Rivera. Por su parte, un Partido Socialista inmerso las primarias únicamente se enfrenta a dos opciones: aceptar la moción de censura y recuperar el liderazgo de la oposición desde la formación de un gobierno alternativo o aceptar ceder la iniciativa en la oposición de Unidos Podemos, con lo que resultaría más rentable para Díaz comenzar a plantearse una futura formación de gobierno con los opositores.

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres, te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña, por el nombre de la activista medioambiental.

Desde DowJones te agradecemos tu colaboración.

https://www.change.org/p/xulio-ferreiro-calle-berta-c%C3%A1ceres-en-a-coru%C3%B1

España: Democracia en funciones

Comienza la recta final para iniciar la legislatura y lo hace de forma bronca. En un parlamento poco acostumbrado a la representación de la pluralidad ideológica, la fragmentación y lucha de poderes palpable no solo entre bancadas, sino también en el seno de algunos partidos, parece garantizar una legislatura de constantes bravuconadas de cara a la opinión pública en el hemiciclo, mientras los acuerdos y traiciones; que serán sin duda necesarias a lo largo de la legislatura, se producen de puertas para adentro.

Apostó el presidente en funciones, por mantener su línea de no intervención en el eterno tablero de pactos en el que se ha convertido la política española y el tiempo le dio la razón. En un contexto de necesidades económicas apremiantes para lograr responder ante Europa y un acoso judicial cada vez más palpable en Génova, otros quizás, hubieran perdido la calma ante la perspectiva de unos nuevos comicios para su partido, pero no Mariano Rajoy. El presidente en funciones supo leer a una izquierda dividida, una derecha inofensiva y una sociedad, que si bien condena la corrupción, parece no estar dispuesta a pasar factura a los corruptos.

Simplemente sentándose durante su mandato en funciones, no tardó demasiado el Partido Popular en ver pasar los cadáveres de sus enemigos, suplicando una solución ante sus puertas. El primero de ellos, el de un Albert Rivera que comenzó a sentir el peso del fantasma de la intrascendencia desde el mismo recuento de las últimas elecciones. El líder de la formación naranja, no tardó en ofrecerse como el perfecto aliado de un Mariano Rajoy que en todo momento confió en la todavía manifiesta irrelevancia de una alternativa a la derecha que si bien no representaba la inocencia de Vox o UPyD, se le acerca bastante. Confiaron en el PP, en poder capear el temporal del trasvase de votos, debido a los escándalos de corrupción a la formación de Albert Rivera  y todo parece indicar que la jugada funciono.

El pacto con Pedro Sánchez, no surgió el efecto en el PP que se esperaba desde la formación naranja y lejos de ello, Ciudadanos quedo retratado como un partido sin rumbo fijo, una formación bisagra, incapaz de forjar una alternativa al bipartidismo y con el único sentido de servir como castigo a un PP que de cara a la ciudadanía, parece ya haber saldado sus deudas. Con un ostracismo todavía no asumido, la formación de Albert Rivera, deberá conformarse intentado sacar el mayor provecho electoral posible a la renovación de nombres, que no de políticas, que el Partido Popular estará dispuesto a mostrar como única concesión a un aliado todavía necesario pese a todo.

No por más esperado, fue menos relevante para las aspiraciones del Partido Popular, la visión de un Partido Socialista roto en dos ante la puertas de Génova. El golpe de estado dado a la ejecutiva de Pedro Sánchez, ante la tentativa de éste por profundizar en un gobierno del cambio con Podemos y los nacionalistas, ha dejado en manos de la vieja guardia más reaccionaria a un partido que desde su última ejecutiva se parece más al camarote de los hermanos Marx que a una verdadera alternativa de gobierno.

El voto favorable a la abstención y sin condiciones de cara a la formación de gobierno por parte de Mariano Rajoy, deja al Partido Socialista totalmente inmerso en la dinámica del Partido Popular. Se convertirá la estabilidad de España y el freno al independentismo, en una muletilla argumentativa perfecta para los populares de cara a la aprobación de las principales leyes de la legislatura. Si el PSOE ha podido traicionar una vez a su historia y a sus bases por el “bien de España” nada parece indicar desde Ferraz que no pueda volver a hacerlo si la inmediatez de las urnas amenaza de nuevo al partido en pleno proceso de desintegración. Será curioso observar, como Antonio Hernando defiende ante la cámara lo indefendible, a la espera de un nuevo líder para el partido que esta vez tendrá que pensarse muy bien donde deposita su confianza.  Tan solo le queda al PSOE afrontar la necesidad de un cambio o bien desaparecen como mártir de la estabilidad de un régimen del 78 que sea como sea, parece hacer aguas definitivamente.

Con semejante panorama en la política española, sirvió el inmovilismo en el Partido Popular para llegar a la presidencia, con gran parte de la oposición desacreditada y subyugada, el único foco de resistencia inmediata, lo encuentra el presidente del gobierno en un Podemos demasiado acostumbrados a los principios ideológicos y a regirse por las reglas del juego en sede parlamentaria. Recibía el primer golpe, la formación de Pablo Iglesias, nada más llegar al congreso con un pacto entre “enemigos” en el que Partido Popular, PNV y la antigua Convergencia, decidían excluir de cualquier papel institucional importante a la alternativa a la política de recortes y privatización que supondría Unidos Podemos. Ignoraba la formación morada, la premisa más básica de la política: El enemigo de mi enemigo, siempre es mi amigo. Lejos de suponer una excepción, los apoyos puntuales que el PP recibió de los nacionalistas para la formación de la Mesa del Congreso, son un claro indicador de la más que posible deriva de la legislatura. Una vez iniciada la legislatura y ya alejados de los focos y la repercusión que una sesión de investidura supone para estos partidos, PNV y Convergencia, no dudarán en apoyar las iniciativas Populares, siempre y cuando están no comprometan demasiado postulados ideológicos ahora muy necesarios de cara al órdago nacionalista y que sin embargo sean efectivas de cara a poner freno a la alternativa al descontento en Euskadi y Catalunya que comienza a dibujar Unidos Podemos.

Da inicio una legislatura ya para muchos a esta hora demasiado larga. Intensa, trilera y castiza como pocas, una legislatura en la que pese a la resistencia de algunos, deberá hablarse de política en el parlamento, como una vez más, en las calles. 

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Autor: @SeijoDani

 

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental. 

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La historia nos absolverá

Ha ganado la táctica de ocultar a su propio partido, ha ganado el ruido desde Madrid, ha ganado el miedo frente a las propuestas. En Galicia, ha ganado el Partido Popular y su candidato, aunque probablemente, no hayan ganado todos los que si han votado al PP.

Con unas elecciones  de nuevo a caballo entre Madrid y Santiago, el Partido Popular ha vuelto a aprovechar a la perfección, el ruido de la precampaña en los partidos de izquierda y un miedo, el del bloqueo institucional, que ese mismo ruido se ha encargado de amplificar y hacerlo sobrevolar sobre un hipotético pacto entre las formaciones de izquierda, que si bien parecía respaldado desde las agrupaciones gallegas, corría en la mentalidad popular, el serio peligro de verse embarrado en una nueva investidura eterna por el a priori necesario visto bueno desde Ferraz y Princesa.

Con un Feijóo ya acostumbrado a lidiar con las acusaciones que desde la oposición, apuntan a su huída a la política estatal. El PP ha decidió postergar sus cada día más evidentes luchas internas, para con un perfil de marca intencionadamente bajo, lograr revalidar en Galicia sus 41 escaños y con ellos, una mayoría absoluta que refuerza al candidato por ahora gallego y debilitan tremendamente tanto a las propuestas de izquierdas, como a un partido, Ciudadanos, aparentemente condenado a la deriva Díez en su intento de consolidarse como alternativa en el ala derecha de la política española.

Recibe un duro golpe la izquierda, y lo hace fruto de una campaña tremendamente inoportuna para el calendario del debate ideológico que a esta le ocupa. Llegaron las elecciones gallegas en pleno pulso identitario entre el carácter propio de las mareas y la inercia aglutinadora de Podemos, como lo hicieron también con un PSOE  inmerso en su particular “perestroika” y un BNG, que una vez más y pese a los cismas internos, ha demostrado con su campaña que nada tiene que ver la salud ideológica de un partido, con su salud electoral.

Llego la izquierda a las urnas en Galicia con una idea clara de lo que se quería cambiar: la inherente injusticia del sistema y especialmente la gestión que de ese sistema se llevaba a cabo desde el PP, pero también lo hacía inmersa en pleno proceso de deliberación sobre las formas de hacerlo y muy especialmente sobre cual iba a ser su alternativa.

No nos malinterpretemos, nada malo existe en el debate, siempre y cuando este se produzca en los tiempos y las formas adecuadas. Lo que no ha parecido suceder en el caso que nos ocupa, atendiendo a los numerosos titulares que en plena recta final de campaña han surgido a raíz de la guerra entre Sánchez y sus varones o Pablo iglesias e Ínigo Errejón. Si el PP decidió aparcar sus diferencias durante la campaña, la izquierda de nuevo comenzó la revolución, antes de finalizar la guerra.

Ha ganado el PP y lo ha hecho pese a la corrupción de sus dirigentes y la política de tierra quemada en sectores como el lácteo, el cerco o la agricultura. Gana el PP en una tierra que como decía el más ilustre de los gallegos, Alfonso Daniel Rodríguez Castelao, está más acostumbrada a emigrar que a pedir. Una tierra con demasiados partidos y escasos movimientos sociales o cooperativas, en donde curiosamente se puede cambiar con mayor facilidad el signo de un voto con las políticas de los pequeños ayuntamientos que con las grandes infraestructuras. Y es que lo del caciquismo en Galicia daría para un aparte, sin duda, resultaría curiosa la presencia de observadores internacionales en nuestros colegios electorales, pero eso no va a suceder, cosas de formar parte del imperio aunque sea en sus provincias más olvidadas. Gana el PP de los recortes, de la corrupción y la precariedad, un partido afanado por marginar o idioma aunque para eso tenga que llevarse también por delante su sabia, encarnada en lo rural y todo lo que en torno a el gira.

Gana la derecha y puede que no por sus propios méritos. Han pasado ya 25 años sin que desde el seno de la izquierda, se haya logrado articular una alternativa clara al modelo de capitalismo de casino en el que nos vemos inmersos como realidad casi global. La izquierda  y especialmente el socialismo europeo, permanece todavía en estado de letargo, tras el intenso golpe que supuso la caída del muro y la imposición del dogma neoliberal. No hemos sabido plantear una alternativa al actual modelo que no solo embelesase al votante tradicional, sino que atrajese a una abstención que sin duda lleva camino de convertirse en la verdadera batalla política de la izquierda de nuestro siglo, más allá de las quimeras del centro tan rentables en sus planteamientos ideológicos para la derecha.

Es necesario profundizar en el debate interno de las diferentes formaciones sin temor a la ruptura, es tiempo de lograr confrontar diferentes visiones dentro de un mismo Frente Amplio de izquierdas. Tiempo de debate, de coloquios y movimientos sociales. Es tiempo de recuperar las calles y desafiar a las injusticias también en los parlamentos, resulta necesario hacer ver a la población que el estado de las cosas no se corresponde a una crisis pasajera, sino a un estadio más de un modelo de sociedad que ve en la clase obrera y su condición de vida, un medio y no un fin en si mismo. No existe una salida a la crisis si no existe un modelo alternativo de sociedad y es ahí en donde debe residir nuestro proyecto, no una especie de buena gestión de las injusticias del sistema como paliativo de una situación insostenible.

Son tiempos de cambio y esta derrota tan solo retrasa cuatro años el asalto al cielo de un proyecto que debe ser a largo plazo y que debe cimentarse en votantes conscientes de la necesidad de su actividad y formación política. La alternativa, supondría sin duda la vuelta a las escisiones en formaciones más débiles y la lucha política por el acceso a los sillones.

Son muchos los que opinan que la indignación se canalizó por primera vez en la política gallega. Hoy, una vea más y pese al duro golpe, depende de la izquierda gallega, construir un marco solido para que sea también aquí en donde al fin se materialice su alternativa.

 

«¡Ése es el pueblo, el que sufre todas las desdichas y es por tanto capaz de pelear con todo el coraje! A ese pueblo, cuyos caminos de angustias están empedrados de engaños y falsas promesas, no le íbamos a decir: “Te vamos a dar”, sino: “¡Aquí tienes, lucha ahora con todas tus fuerzas para que sean tuyas la libertad y la felicidad!”

Fidel Castro Ruz, La Historia me absolverá

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Autor: @SeijoDani

 

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Show must go on

De nuevo, le toca el turno de las negociaciones a la clase política, sin que el pueblo haya cambiado nada. Sin grandes manifestaciones, sin indignación en nuestras calles, sin huelgas, sin movimientos populares, ni excesivas muestras de desagrado o incomprensión. Tan solo con desencanto, con escepticismo, como quién ya ve en la supuesta solución una parte más del problema.

Una vez más, la sociedad española ha votado y se ha recostado en su sofá, a la espera de las soluciones de un hemiciclo no menos inerte que la propia calle. Soluciones que se nos presentan enmascaradas en pactos políticos que no importan y en maratonianas declaraciones que si cabe, lo hacen menos. Excepto, claro está, si las tenemos en cuenta como mera escenografía imprescindible dentro del parlamentarismo español, para de esa manera, lograr romper sin excesivo pudor pactos y promesas alcanzados con la ciudadanía anteriormente. Un reino del teatro y la mentira en donde la responsabilidad ante la hemeroteca supone un extraño castigo para los partidos. Y en donde el engaño electoral, tienen su lugar privilegiado en el engranaje social, como medio para que la decadencia de una democracia, ya a estas alturas, muy alejada de su propio pueblo, no salga a relucir en demasía.

Para muestra un botón. El pacto entre Ciudadanos y Partido Popular, supone la muestra más fidedigna de la desmemoria política, del engaño electoral y la parquedad ciudadana en un solo documento. Tras su breve aventura con Pedro Sánchez, Albert Rivera pretende mostrarse ante España como un adalid de la democracia, capaz de rescatar a España del desastre de una nueva consulta ciudadana. Y si para ello en Ciudadanos tienen que cambiar programas electorales, desdecirse o incluso mentir mirando fijamente a cámara con una lustrosa sonrisa únicamente esgrimida en tales circunstancias por quién nada creé de lo que dice o por lo contrario, por quién creé firmemente que el fin justifica todos los medios. Albert Rivera lo hará, al igual que en mayor o menor medida parecen dispuestos a hacerlo hoy la mayor parte de nuestros políticos.

Asistimos pues a una política camaleónica, desmemoriada y deslengüada a partes iguales, en donde el ciudadano es únicamente considerado como votante consumidor o consumidor votante de manera indiferente. Poco o nada importan ya nuestras pataletas a los políticos, las huelgas han pasado a considerarse actos violentos y carentes de sentido, la disidencia política real supone inmediatamente la sospecha de terrorismo y la participación ciudadana en la política es vilipendiada y caricaturizada en los mass media sin apenas tregua o compasión.

Vivimos en una sociedad engañada y autoengañada, una sociedad que pide el cambio pero que teme a la participación en la lucha social, una sociedad que señala a la corrupción pero que no dudaría en aprovechar si se presenta la ocasión sus ventajas. Una sociedad reflejo de sus políticos y una política fruto de sus ciudadanos. Dos caras de una misma moneda, dos organismos y una misma simbiosis que ha llevado a nuestro país a una complicada disyuntiva:  continuar la farsa o remover las cosas.

De momento: abrimos de nuevo el telón, encendemos los focos y comenzamos una nueva legislatura en la que una vez más la formación de gobierno parece importar más que la fortaleza y la autoridad del mismo. Supongo que después de todo, una vez puesto los nombres y colores a los cargos, de tomar decisiones ya se encargarán Merkel, Europa, la Troika o quién sabe realmente en manos de quien se encuentra actualmente nuestro destino en el día a día. Si bien todo parece indicar tras fulgurante imposición de la modificación del artículo 135 de nuestra constitución, que ya no en las nuestras.

Pero si algo  parece realmente  importante en todo esto, es que tras las mentiras y el show, tras las nuevas declaraciones y las promesas, usted no ha tenido que participar de nuevo en la irónicamente llamada fiesta de la democracia.

Pero no se preocupe, tras una larga jornada de trabajo, siempre podrá indignarse desde su sofá a la hora del telediario.

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Autor: @SeijoDani

 

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Juegos de trileros

Termina el verano, y con el regresamos los españoles de las vacaciones con la sensación de volver a ese eterno día de la marmota que supone ya la política en nuestro país. Regresamos a las declaraciones en los pasillos, a las ruedas de prensa y a esos platós de los mass media, en donde los debates siempre parecen alargarse, sin que parezcan aportar nada.

Regresamos al desgobierno en funciones y con ello a la tutela de Europa y de los mercados; si es que alguna vez nos habían dejado, al paro, a la corrupción y especialmente regresamos al miedo a unas nuevas elecciones. Una amenaza que pareciera cobrar una desmedida virulencia en un país que ha estado, en su pasado, 37 años sin celebrar unas elecciones libres, y en donde la clase obrera ha llegado a temer más a unos comicios que a la propia continuidad de las políticas de la precariedad y los recortes. Puede que mucha de esa animadversión repentina a los comicios, encuentre su explicación en la única alternativa que se ha planteado hasta ahora desde los partidos a las urnas. Alternativa en  forma de pactos de trileros entre partidos, en donde las promesas parecen ser gratuitas y apenas encuentran ya repercusión entre las esperanzas de los españoles.

Y es en medio de todo este eterno despertar político en el que se ha convertido nuestra existencia, en donde parece cobrar especial protagonismo un nuevo pacto, ésta vez entre Ciudadanos y Partido Popular, que en la búsqueda de su particular ménage a trois de gobierno con el PSOE, han decidido presionar al partido de Pedro Sánchez con un acuerdo en donde la formación naranja plantea combatir la corrupción de los populares, tras pasar un documento de condiciones innegociables, por el visto bueno de un comité ejecutivo, el del PP, en donde todavía hoy, permanecen Carmen Navarro, Ana Mato o Rita Barbera, entre otros tantos nombres encargados, al parecer, de supervisar  el cambio político de nuestro país.

 

Triste camino el de un partido como Ciudadanos que hoy pacta con el PSOE y mañana con el PP, variando para ello si es preciso, en donde sea, sus postulados y el de un Partido Popular que por sorprendente que parezca tras 30 años de democracia, sigue sin entender que ser el partido más votado en las elecciones de un sistema parlamentario, no supone una carta blanca a la hora de formar gobierno. Un pacto entre naranjas y populares que parece pretender solapar con nuevas promesas de cambio, lo que hace ya tiempo, deberían ser responsabilidades políticas para un partido que ha gobernado España infestado por la corrupción, y que si nada cambia, parece dispuesto a volver  a hacerlo con el voto amigo, eso si con las narices tapadas, de la formación naranja. A día de hoy, esta parece suponer la única y surrealista alternativa para evitar concurrir de nuevo a las urnas.

Todo ello en un país en donde la izquierda a la espera de las elecciones gallegas y vascas, sigue sin comprender que la renuncia al acuerdo con los nacionalismos, tarde o temprano será una promesa más incumplida por alguna de las partes, ya que pese a todo, y atendiendo al panorama político que se nos presenta, sigue suponiendo la única llave viable para la formación de futuros gobiernos.

 

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Autor: @SeijoDani

 

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Guerra de trincheras

“Locura es hacer lo mismo una vez tras otra y esperar resultados diferentes”

Albert Einstein

Y precisamente esa es la sensación que nos queda a los españoles tras el 26J, la de una política cabezota, de límites, que se empeña  una y otra vez en repetir los mismos pasos, intentando con ello lograr un resultado diferente. Tras el 20D existían motivos para la reflexión, para el cambio, motivos para que la totalidad de las formaciones políticas del arco parlamentario español se pusiesen manos a la obra y comenzaran diferentes rondas de dialogo, tanto internas como externas, que condujesen a sus formaciones a un proceso de replanteamiento estratégico que los preparase para una nueva política partidista en España con unas nuevas reglas de juego. Pero no ha sido así. Los líderes políticos españoles y con ellos sus partidos, se dedicaron desde el minuto uno a cavar trincheras, a soterrar las posibilidades de acuerdos parlamentarios entre juegos fálico-infantiles y con ello, demostraron que pese al paso del tiempo, la democracia en España, continua siendo una democracia joven y poco acostumbrada al tête à tête político.

En España las negociaciones comienzan en la prensa, en las bases o incluso en las redes sociales, pero nunca en los despachos. Y claro, después de días, semanas o puede que incluso meses calentando a diestro y siniestro al personal con la cal viva o con Venezuela o de promesas y líneas rojas que jamás de los jamases se traspasarían, cuando los líderes políticos se sientan a negociar, el despacho más que un despacho parece una olla a presión y poco queda ya por decir. Lo que queda, es esperara a que pase el tiempo para salir a una nueva rueda de prensa y decir lo que ya todos sabemos o llegar a acuerdos sobre las líneas rojas que juramos no traspasar y que ahora por misterios de la coherencia, nuestros militantes rechazan enérgicamente.

Vivimos inmersos en una España esperpéntica en donde quienes promulgan la unidad de España pretenden excluir el peso parlamentario de los catalanes y vascos, mientras quienes desde ahí pretenden la independencia, se ofrecen sin temor para formar gobierno. Una España arcaica, absurda, solapada entre grandes titulares y a la espera de volver a lo de siempre. Se equivocan muchos si creen que el cambio en nuestro país ha llegado para quedarse, dennos un respiro y volveremos a la corrupción, a la burbuja inmobiliaria y al bipartidismo. Eso precisamente, la firme creencia de que todo volverá a la “normalidad” es lo que mantiene a los viejos partidos firmes ante las peticiones de cambio que llegan desde las nuevas formaciones.

Nadie ha dicho que resulte fácil llegar a un acuerdo en una España dividida entre izquierda/derecha, centralismo/nacionalismo y pasado/presente, pero resulta curioso que tras tantos años de leyenda de aquella lustrosa transición, seamos ahora incapaces precisamente los españoles de llegar a un acuerdo de mínimos estancados entre la falta de cintura de los nuevos partidos y la política de búnker de las viejas élites políticas de nuestro país.

Desconozco si el cambio terminará produciéndose o no en España y si se produce, desconozco el signo del mismo, pero si algo parece claro es que a la espera de que termine de arrancar la legislatura que se supone del cambio, la nueva política parece ya desencantar tanto a los españoles como la vieja. Cosas de la guerra de trincheras supongo.

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Autor: @SeijoDani

 

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Jornada de reflexión

Volvemos a vernos inmersos en otra campaña electoral, y vuelven las dos españas: una España mágica pincelada por un gobierno que siempre parece haber tenido poco tiempo para realizar sus políticas, pero que promete hacerlo si le damos una nueva oportunidad,  y otra muy distinta, desdibujada por una oposición que sino fuese suficiente  ya con nuestros propios problemas, siempre parece capaz de encontrar alguno más. Aún teniendo que buscar en Venezuela, en Grecia o en Irán.

Triste panorama para unos ciudadanos, nosotros, que en medio de una espiral de paternalismo, que a veces roza la falta de respeto,  y de alarmismo, volvemos a encontrarnos en una relación directa con esos entes, los partidos, que durante el resto del año, parecen tan alejados de nosotros en esa lejana galaxia llamada parlamentarismo. Todo con tal de ganar nuestro más preciado bien en democracia, el único ya dirían algunos: nuestro voto. Durante unos instantes, volvemos a contar, dejamos de ser agricultores, taxistas o desempleados; en el mejor de los casos, cuando no meros consumidores, para convertirnos en patriotas, en honrados ciudadanos o en compañeros y compañeras, eso depende ya del gusto de cada uno.

Como si de una gran navidad política se tratase, todos los ciudadanos pasamos por defecto durante unos días, a ser individuos bondadosos e incorruptibles, tan solo en ciertos casos y como excepción; engañados sin duda con crueles artificios y artimañas por algún malvado líder del partido rival, se debe reconducir en su voto a algún ciudadano perdido. Nada que un buen debate o una carta aparentemente personal, pero tan prefabricada como la propia democracia, no pueda arreglar en un instante. 

En definitiva, una prototípica historia de buenos y malos la de nuestra democracia, en la que hasta no hace mucho parecían no importar los papeles. En donde gobernase quién gobernase el fuerte, siempre terminaban ganando los mismos, esos a los que hoy llamamos mercados y ayer burguesía, pero que a fin de cuentas siguen representando lo mismo. Una sociedad corrompida por el poder, en donde se nos habla del ejemplo griego o de la peligrosidad de según que políticas, sin hablarnos de la amenaza que una Europa ya en la senda del neoliberalismo puso sobre la mesa de Alexis Tsipras, una sociedad que habla de los derechos de los venezolanos y las venezolanas, pero que poco o nada dicen sobre la desigualdad de una sociedad en la que los negros, los indigenas, siguen siendo vistos como ciudadanos de segunda, como menos venezolanos que el resto. En donde se nos habla de los refugiados, pero no de la guerra, esa guerra que nosotros mismos creamos en primavera y pretendemos ocultar ahora que el invierno del dolor llama a nuestras puertas. Una sociedad que llora a las mujeres muertas, pero abraza al patriarcado. En donde se dice combatir a la corrupción, pero se favorece el sumo poder de las empresas en el juego político. Una sociedad de pocos y para pocos, en donde se nos miente, se nos engaña y finalmente nos dan la falsa sensación de poder, cuando se nos deja meter una papeleta en una urna una vez cada cuatro años, puede que dos si no les gusta el resultado.

La verdadera conquista de la izquierda no será la victoria de Podemos/IU ni el 15M o un par de ayuntamientos, nuestra victoria reside en cada par de ojos abiertos a la realidad, en cada casa que sea parte activa de la lucha política y suponga un nuevo impulso para ganar nuestro más preciado derecho, el derecho a derribar muros, a cambiar las cosas, el derecho a construir un nuevo mundo alejado de su vieja distopia capitalista.

Perdonen que este no sea un análisis más de el último debate, perdonen que aquí no hablemos de candidatos ganadores o perdedores, sino de un sistema injusto y de la necesidad de cambiarlo.

Sin duda, tomar conciencia política es más sacrificado que ver un debate o depositar una papeleta, y si realmente queremos una verdadera democracia, así debe serlo.

 

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Autor: @SeijoDani

 

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental.

Desde DowJones te agradecemos tu colaboración.

https://www.change.org/p/xulio-ferreiro-calle-berta-c%C3%A1ceres-en-a-coru%C3%B1a

Por la dignidad,por los olvidados.

Resulta duro sentarse tantos años después,aún con las heridas abiertas,para tratar la represión  de una dictadura fascista que mato a tantos y esclavizo y atemorizo a la mayoría.Resulta duro pararse a pensar en tantas personas que todavía hoy,siguen sin saber donde están sus familiares,familiares cuyo único delito,fue atreverse a pensar diferente. 

Familiares asesinados por una dictadura levantada sobre el odio al progreso,al laicismo,a la igualdad de la mujer,al reconocimiento de la diversidad cultural y política de los pueblos de España cristalizada en el Frente Popular y el Front d’Esquerres,a las luchas obreras y del campesinado y en definitiva,asesinados por un odio visceral a la participación política del pueblo que hizo de la II República,un peligroso enemigo a batir para los que todavía hoy son poderes tradicionales de España:El ejercito,los caciques y la Iglesia.

Resulta innecesario narrar una vez más en estas líneas como fue el triste final de aquella aventura que supuso la II República para aquella atrasada España.Después de todo,quién querría intentar convencer a quienes todavía hoy,ven en el golpe de estado y en la lucha fratricida,una santa cruzada o un mal ineludible.A esos que todavía hoy,ondean viejas banderas y nuevos odios,al sol intentando desmantelar a una democracia que miserablemente,por complicidad los ampara.

Una democracia que nació del chantaje y de la amenaza del pacto o las armas,que no reparo a las víctimas,ni condeno a los asesinos y a sus cómplices.Una democracia que se cimento ya en su nacimiento de muchos buenos franquistas,convertidos de la nada en una operación de lavado de cara institucional,en grandes demócratas.

Una operación que hizo de los Suarez,Fraga o Juan Carlos grandes figuras de nuestra política,pero que nada supo o quiso saber de los más 88.000 muertos que siguen sepultados en las cunetas y fosas comunes que pueblan nuestro país,de los 20.000 repúblicanos asesinados y enterrados,en un último acto de profundo desprecio póstumo,junto a su asesino en el Valle de los caídos o de los más de 400.000 presos políticos obligados a realizar trabajos forzados para el gran empresariado español.Acto con lo que Franco y el régimen,pagaron la inestimable ayuda que estos aportaron a su causa.

De esta forma,huérfana de tantos que dieron la vida por ella y subyugada y atenazada por aquellos que siempre la odiaron,nació la democracia en España.

Y de aquellos fangos,estos lodos,lodos en los que nace y se desenvuelve todavía hoy la derecha española tan reacia a condenar la dictadura y la apología de la misma,empeñada en condenar y humillar en el eterno olvido a aquellos que dieron su vida por un gobierno legítimo,pese a sus falacias,sea de manera directa con el ahogamiento presupuestario a la ley de memoria histórica o de manera indirecta manteniendo vivo el recuerdo de sus verdugos en nuestras calles .

77 años después,siguen esperando en las cunetas tantos españoles un simple perdón,hermanos,hijos  y puede que nietos que tendrán que ver como un país ciego se sigue negando a reconocer a la España de Franco como causante de uno de los grandes reinos del terror de la humanidad más allá de la guerra,un capitulo negro de la historia que por mucho prevalezca la voz del silencio,jamás podrá cerrarse hasta que se cicatrice la última de sus heridas .

Salud y República,no olvidamos.

 

 

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Autor:@SeijoDani

 

Como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te pedimos que dediques un segundo a firmar una petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña por el nombre de la activista Berta Cáceres.

Desde DowJones te agradecemos tu colaboración.

https://www.change.org/p/xulio-ferreiro-calle-berta-c%C3%A1ceres-en-a-coru%C3%B1a

 

 

¿¿Quieto todo el mundo??

Comienzo a escribir estas líneas un 24 de febrero,35 años después de aquellas 18 horas que conmocionaron a España.35 años buscando nuestra sombra en un espejo,en donde una todavía inmadura pero ya menos temerosa España,sigue sin comprender que aquellos peones disfrazados de militaruchos de tres al cuarto que entraron en el congreso,nunca nos pudieron arrebatar nada.No nos pudieron arrebatar nada,porque nunca llego a ser nuestro lo que buscaban.

Y es que hoy,24 de febrero de 2016 queda más patente que nunca,tras el anuncio del acuerdo entre POSOE y Ciudadanos,que el poder nunca nos ha pertenecido,que nunca se ha respetado nuestra soberanía y que al igual que en las revoluciones burguesas que asolaron Europa en el S.XIX,el cambio de la dictadura franquista a la “democracia” tan sólo fue un paso necesario e ineludible para que todo siguiera igual en la cúspide del poder,sin que se tambaleasen en exceso sus bases.

Soy consciente de que compara al acuerdo alcanzado hoy y al golpe de estado desbaratado hace 35 años puede sonar a exageración o incluso puede dar lugar al ridículo,lo admito,pero juguemos a ser el Eduardo Inda o el Marhuenda de la izquierda.Dejemos durante al menos una semana la seriedad y el rigor en el análisis que tanto aburre inconscientemente a nuestra más casposa intelectualidad de izquierda y encendamos las alarmas ante el pacto de un Partido Socialista derrotado y subyugado por sus deudas;más al pie de sus acreedores que al de sus votantes,y un partido como Ciudadanos que lejos de arrojar luz sobre la peligrosidad de profundizar en la deriva neoliberal de nuestra economía,pretende arrojar al pie de los caballos del gran empresariado a la fuerza laboral de nuestro país en forma de contrato único.

Quizás sea esa la única solución,el alarmismo,los Sálvame Deluxe o Chiringuitos políticos de sobremesa que de una vez por todas logren captar la atención del votante de izquierdas ante una deriva neoliberalista que pretende dar el golpe final a lo que hemos dado en llamar democracia.Puede que ya no sirvan los ARV o las Mañanas  para despertar la unidad de acción de la izquierda ante la proximidad de una verdadera plutocracia en nuestro país,en una sociedad de consumo como la nuestra quizás necesitemos que nos vendan mejor la necesidad de rebelarse.

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Autor: @SeijoDani

Tiempo de pactos

Pasan los días y continua una ausencia de gobierno formal que quién sabe si de manera esclarecedora,parece no notarse en demasía.La economía continua en su lenta deriva a quién sabe donde,los casos de corrupción prosiguen en su incesante goteo y las polémicas;estas si cada vez de ámbito más ridículo,continúan a solapar las verdaderas noticias en los espacios informativos de nuestro país.

Desde el punto de vista de la ciudadania que mayoritariamente pidió el cambio el las pasadas elecciones,no olvidemos que por mucho que insista el Partido Popular;en un sistema parlamentario las elecciones las gana quién tiene posibilidades de formar gobierno y no el partido más votado,resulta difícil comprender como pasado un tiempo más que prudencial,los partidos involucrados en un posible gobierno de izquierdas siguen sin dar verdaderas muestras de una iniciativa real para lograr un acuerdo solido.En un país abocado a la precariedad laboral y con un partido provisionalmente en el gobierno,acosado por la corrupción en gran parte de sus capas superficiales y ya a la espera de verse acusado y sentenciado en sus más altas esferas,parece casi surrealista una situación en la que PSOE-Podemos e IU parecen preocuparse más en salvaguardar su imagen de marca ante su electorado que en la formación de un gobierno progresista que permita comenzar a actuar desde las instituciones y con la propia ciudadanía para desenmascarar y combatir a la vieja política que poco a poco comienza a notar el peso del cambio político que afronta nuestro país.

Un gobierno que lidere el cambio no solo es una oportunidad que se presenta más viva que nunca ante las puertas de Ferraz,sino una responsabilidad histórica para un PSOE que debe elegir entre sus bases y la vuelta a la antigua socialdemocracia o sus barones y expresidentes y el pacto con el ibex35.No existen más alternativas que el cambio o la lenta agonía,que la presidencia o la tensa espera de la puñalada al César para Pedro Sánchez.

Pero si bien es cierto que debido a su continuada deriva al liberalismo más recalcitrante y a la corrupción de la que ha formado parte,es desde Ferraz desde donde se deben de dar los pasos que cimienten la confianza necesaria para un futuro pacto de gobierno,es desde Podemos y en menor medida desde IU desde donde deben de surgir las voces de la concordia y la cordura.

Las políticas sociales,el compromiso con la libertad individual y colectiva y la esperada puesta sobre la mesa de la necesidad de modificar unas reglas del juego anquilosadas desde la transición y demasiado ventajosas con los viejos partidos,deben de ser los puntos principales en una negociación de gobierno en la que debe quedar claro entre las filas socialistas que dicho pacto se deberá actualizar a tenor de sus actos,durante el transcurso de una posible legislatura conjunta entre las formaciones de izquierda.

Supone una responsabilidad histórica y con sus votantes la formación de un gobierno del cambio para los señores Sánchez,Iglesias y Garzón.No existiría mayor fracaso que la constatación de que ante una nueva oportunidad de afrontar los retos que se nos plantean,las disputas internas en el seno de la izquierda le devolvieran el poder a los corruptos.

 

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Autor: @SeijoDani