Cuentos de verano

Termina el verano y regresamos los españoles de las vacaciones con la sensación de volver a ese eterno día de la marmota en el que se ha transformado ya nuestra política patria, retornamos desde nuestro retiro vacacional (los más afortunados) directamente a las pueriles declaraciones en los pasillos, las habitualmente tirantes ruedas de prensa y los platós políticos de los mass media como ágora común de la información ciudadana.

Con la presencia del presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, en un acto organizado por su partido en Galicia, el Partido Popular daba por iniciado un curso político en el que la formación conservadora, afronta una vez más numerosos desafíos que amenazan seriamente con dificultar su gestión en un ejercicio político que arranca de nuevo desde un inicio con numerosos frentes abiertos para el gobierno de España. A la probablemente tensa pero ya avanzada negociación política para sacar adelante los Presupuestos de 2018 y la alargada pero electoralmente inocua sombra de la corrupción sobre el partido del gobierno (La cual volverá a ser avivada sin duda con la comparecencia de Rajoy en el Congreso por el caso Gürtel) se le suma ahora, ya en su recta final, un proceso independentista en Cataluña que como se ha podido comprobar durante la semana posterior a los atentados en Barcelona, no solo no se ha enfriado durante las vacaciones estivales, sino que muy en concordancia, ha visto como este parón ha servido para reforzar (si es que resultaba posible) las trincheras levantadas entre el Govern de Junts pel Sí y los postulados del Partido Popular.

Con la Diada del 11 de septiembre y el referéndum del 1 de octubre como fechas clave en la escenificación de ruptura con la legalidad española del soberanismo catalán, el inmovilismo de Mariano Rajoy se antoja ahora más que nunca, sumamente irresponsable ante la inminente cercanía de un desenlace, pese a su negativa a cualquier tipo de negociación política o su “firme construcción dialéctica” dispuesta a ignorar la evidencia del alcance del soberanismo en Cataluña. El presidente del gobierno parece dispuesto a avocar definitivamente la crisis territorial de nuestro país a un callejón sin salida, en donde el populismo español y catalán se encuentren finalmente en una confrontación política y legal sin posibles ganadores. La huída hacia delante de Junts pel Sí y el Partido Popular, puede encuadrarse en la desesperación propia de dos partidos de la derecha burguesa atrapados ante los fantasmas de la gestión del pasado, la corrupción, los recortes, la precariedad laboral como modelo productivo o los tejemanejes de las sus formaciones durante los mejores momentos del capitalismo de amiguetes. Puigdemont y Mariano Rajoy representan la literalidad más absoluta del Panem et circenses, dos figuras políticas agazapadas en la polémica sin contenido, dispuestos una vez más a hacer de sus bases sociales el mejor rehén frente al verdadero debate político. Una apuesta arriesgada por la charlatanería más propia del populismo, que nada tiene que ver con a construcción de un estado o el respeto a la constitución, simplemente un proceso mediático, ahora ya incontrolable socialmente, en donde Fátima Báñez y Santi Vila podían intentar camuflar los datos del abismo laboral entre lo absurdo de la política de la prestidigitación.

Y es en gran parte gracias al “radicalismo grunge” propio de la CUP y la sumisión política de Ciudadanos con el Partido Popular, que el desafío del proceso soberanista puede continuar adelante con dos formaciones sumamente debilitadas por la corrupción al frente. Especialmente curiosa, resulta la fidelidad de la formación del Albert Rivera con un Partido Popular que se ha saltado a la torera cada uno de los puntos pactados hace un año con su formación. El pacto de las 150 medidas concretas para garantizar la investidura de Mariano Rajoy, se ha transformado en poco menos de un año en palabras del propio coordinador general del PP, Fernando Martínez-Millo, en un plato de lentejas que en su momento hubo que asumir a regañadientes, pero que pasado ya el tiempo, nadie parece dispuesto a tragarse en el Partido Popular. Por su parte,  las aspiración de la formación naranja, han pasado rápidamente de un desesperado intento por transformarse en el impulsor de la agenda de la regeneración política, a simplemente la ansiosa búsqueda de los focos y el regusto del poder tan propio del foro Bilderberg. Pudiese incluso llegar a parecer con semejante incapacidad y dejadez política en la formación naranja, que Albert Rivera no ha querido esperar a su retiro político para definitivamente transformarse en el Felipe González que todo el mundo parecía esperar en la nueva derecha y el gran empresariado de nuestro país.

Entre tanto la izquierda española ha pasado su verano de una manera inadvertida, desconocemos si Pablo Iglesias ha tenido tiempo para leer y relajarse frente a lo que se avecina, si Iñigo Errejón ha buscado su pequeño trono entre los castillos de playa o si finalmente, los Juegos de Tronos volverán pronto a la formación morada ante el aparente éxito en las encuestas del regreso de Pedro el rojo a las filas del Partido Socialista. Con el tiempo, uno ha aprendido que no puede descartar nada en la izquierda patria y menos si de entregar el poder a la derecha en bandeja se trata. Socialistas y “podemistas” (era hora de buscar una alternativa al podemitas) se necesitan para desbancar al Partido Popular, pero su fobia mutua hace que se repelan a la hora de formalizar un pacto que lo permita. La deseada y detestada pinza entre Unidos Podemos y los Socialistas parece todavía lejana en el tiempo, desde la formación liderada por Pablo Iglesias se pretende un gran pacto destinado a arrebatar de una vez por todas el poder al Partido Popular, uno de los partidos más corruptos de la vieja Europa. Pero Pedro Sánchez no ha vuelto al PSOE para repetir viejos errores, conocedor de que en su partido el equilibrio entre los que apoyarían un pacto con Unidos Podemos y los que lo rechazarían de plano, dependerá mucho de la situación en Cataluña y de la posición electoral del propio PSOE, la mejor opción para el líder socialista es la de simplemente esperar. El desgaste del gobierno ante una legislatura correosa, el ímpetu exacerbado con el que Unidos Podemos suele lanzarse a todas las polémicas parlamentarias y la política títere de Ciudadanos, otorga al Partido Socialista y a Pedro Sánchez la gran ventaja de ganar posiciones con su silencio, una táctica impropia de la política de alto nivel pero que no debemos olvidar ya ha llevado con anterioridad a Mariano Rajoy a la Moncloa.

El curso político regresa sin demasiados cambios, pero con las mismas ganas en nuestras plumas para analizar cada movimiento y cada decisión política en estas líneas. Será un placer compartir con ustedes un nuevo curso parlamentario desde un periodismo independiente, en ocasiones gamberro e incluso rebelde, pero siempre comprometido con la búsqueda de la verdad y el debate, no puedo prometerles la más estricta actualidad cada semana o grandes despliegues periodísticos, pero por demérito de una profesión cada día más acorralada por la economía, puedo ofrecerles una promesa casi única en el periodismo hoy en día: independencia y rigor en mis artículos. Un fuerte abrazo y sean de nuevo todos bienvenidos a mis reflexiones en “Peleando a la Contra”.

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Año Mariano

La comparecencia en la Audiencia Nacional del presidente del gobierno, Mariano Rajoy Brey, como testigo en el juicio por la primera época de la trama Gürtel; nombre este con el que se denomina a la red de corrupción vinculada al Partido Popular que ha sentado en el banquillo a decenas de empresarios y políticos disolutos, supone un paso más en el devenir judicial de la posiblemente mayor trama de corrupción política de nuestro país, además de marcar un punto y a aparte en la perversión del Partido Popular, así como en la decadencia moral del conjunto de nuestras instituciones. La histórica declaración del presidente de Gobierno como testigo en un juicio por la corrupción de su partido, supone sin duda un hito televisivo, una oportunidad para los grandes titulares, los pequeños artículos, como el que en este momento me dispongo a desarrollar y seguramente poco más, después de todo, nadie en su sano juicio podría esperar en España un varapalo judicial serio contra los mandamases del PP,  nadie excepto los más crédulos o inocentes con el sistema.

En una actuación perfectamente ajustada al derecho, en un país en donde las normas y las leyes han estado siempre moldeadas para castigar con mayor contundencia al robagallinas que al ladrón de guante blanco, el presidente del Tribunal, Ángel Hurtado, trastocó desde un primer momento toda posibilidad de sorpresa en el desarrollo de la jornada, cuando entre continuas interrupciones y oportunos vetos a preguntas consideradas como “no pertinentes”, logró facilitar en gran medida la defensa de un Mariano Rajoy, que si bien acudía a este juicio oficialmente como testigo, no pudo ocultar en un inicio los nervios propios de quien se sabe suspendido sobre un gran foso de corrupción política totalmente inasumible para un presidente del gobierno.

Pronto, el nerviosismo inicial dio paso a una plácida comparecencia marcada en la dirección por un Ángel Hurtado dispuesto a entorpecer la posibilidad de los abogados de indagar en matices o intentar que el testigo pudiese incurrir en alguna contradicción en sus declaraciones. Ante este devenir de los acontecimientos, Rajoy vaciló por momentos entre la amnesia propia de la familia real, haciendo gala en su declaración de los siempre útiles “no lo sé”, “no lo recuerdo”, “no me consta” y la aparentemente más elaborada estrategia de intentar separar la realidad económica y política de su partido. “Mi responsabilidad era política, no económica” o “Yo era un político y lo sigo siendo (…) eso no es tarea del presidente, sino de los servicios económicos”.

En apenas dos horas, el líder del Partido Popular, tuvo tiempo para negar conocimiento alguno sobre la financiación irregular del PP, los sobresueldos, las obras de su sede central o las cuentas A de su partido. “No tuve absolutamente ningún conocimiento (de la caja B). Mis responsabilidades son políticas, no de contabilidad”. Todo ello, pese a la insistencia del Partido Popular en la absoluta predisposición del presidente del Gobierno, para lograr esclarecer la responsabilidad política de su partido en los casos de corrupción; una falsa actitud de complacencia con la justicia que pronto se vino abajo, cuando haciendo uso de sus privilegios, el presidente del Gobierno decidió entrar a escondidas en la Audiencia Nacional intentando evitar el acoso de la prensa y de una gran parte de la ciudadanía, que se manifestaba en las cercanías dando muestra de su hartazgo con el lodazal de corrupción política en su partido.

Volvió entonces el Rajoy más burlón, el que con la inestimable ayuda de los abogados defensores se permitió una vez más recurrir; esta vez en sede judicial, a la posverdad, a la chulería parlamentaria, “Igual se ha confundido usted de testigo”, le recriminó al abogado de la asociación que logró que se le citase a declarar como testigo, y al pasotismo, “en el Partido Popular ha habido sus problemas y sus historias, como las ha habido, y muchas, en otras fuerzas políticas distintas“. A duras penas, el presidente del Gobierno logró abandonar la Audiencia Nacional evitando en cierta medida el componente mediático, en un proceso judicial por la trama Gürtel, en donde precisamente la prensa se ha encargado en más de una ocasión de ponerlo contra las cuerdas o más exactamente tras la pantalla de un plasma.

Pese a todo, resultará complicado para Mariano Rajoy salir airoso como presidente del Partido Popular, de un proceso que en gran medida engloba la contabilidad B de su partido  (una trama de recepción de donativos ilegales de constructoras y entrega de dinero negro a los dirigentes conservadores) que ha salpicado ya de una u otra forma a todos los niveles de su organización. El apelar al “yo no sé nada” y el desesperado aferramiento al poder, fruto de la inexplicable complacencia de PSOE y Ciudadanos, además de la inoperancia institucional de Unidos Podemos, suponen una excusa demasiado efímera para un presidente del Gobierno envuelto por incapaz o por complice, en la mayor trama de corrupción política de nuestro país. Un país que pese a todo continua sumido en la más absoluta docilidad frente a los desmanes de una clase dirigente que lo gobierna con impunidad cara al abismo.

“Lo siento mucho pero las cosas son como son y a veces no son como a uno le gustaría que fueran”

Mariano Rajoy Brey 

MARIANO RAJOY EN CANTABRIA

 

Miguel Ángel Blanco, la memoria secuestrada

Se cumplen ya dos décadas desde que tres miembros del comando Donosti secuestraran al concejal del Partido Popular en Ermua, Miguel Ángel Blanco. Dos décadas del ultimátum de los terroristas, el rostro del miedo reflejado en sus familiares y aquel tenso silencio intrínseco en la cuenta atrás de quien espera la muerte. Un silencio tan solo roto por dos disparos que tras una lenta agonía, teminaron finalmente con la vida de Miguel Ángel y cambiaron  el signo del miedo frente al terrorismo en nuestro país para siempre.

En realidad la sangre derramada por aquel joven concejal de Ermua sobre el campo de Lasarte, en nada se diferenciaba de la de tantos otros que antes habían perdido su vida fruto de la barbarie y la sin razón terrorista en nuestro país. Quizás, ese fuese el motivo por el que la perdida de Miguel Ángel Blanco, logró empapar de rabia e impotencia a una sociedad ya demasiado harta del sabor a muerte en su día a día, una sociedad que todavía permanecería durante mucho tiempo temerosa ante el las armas de los terroristas, pero que desde ese preciso instante, nunca más dejaría que el miedo la atenazase, evitando que pudiese pronunciar tras cada nuevo asesinato, un grito unánime: ¡BASTA YA!.

La muerte de Miguel Ángel Blanco supuso para el País Vasco y también para España, un antes y un después en la actitud frente a ETA. Los disparos que le arrebataron la vida, le arrebataron también las máscaras a una sociedad que hasta ese momento permanecía sin rostro frente a los terroristas, políticos, policías, periodistas, pero también vecinos y vecinas anónimos de cada pueblo de Euskadi, salieron por primera vez a la calle de ese día de forma masiva para mostrar su repulsa frente al terrorismo de ETA. Fueron entones los rostros de los asesinos, los que desde ese momento tuvieron que permanecer ocultos para siempre, tras unas capuchas blancas que no pudieron ocultar nunca más el rastro de sangre en sus palabras.

Décadas después de su asesinato y mientras los verdugos se pudren en la cárcel o en el infierno, la negativa de la alcaldesa de Madrid; Manuel Carmena, a poner una pancarta conmemorativa en la fachada del Ayuntamiento, ha conseguido que una vez más, el nombre de Miguel Ángel Blanco se vea envuelto en la sin razón argumentativa disfrazada de política. El tacticismo político y el revanchismo partidista, sumado a la torpeza de quienes desde el ayuntamiento madrileño no han sabido trasladar sus motivaciones, han logrado contra todo pronóstico en tiempos de paz, desdibujar un digno homenaje a una víctima de ETA como tantas otras.

Quienes durante años, desde las instituciones, han propiciado con su silencio y sus votos que las víctimas de la represión franquista sigan compartiendo su olvido con el descarado ensalzamiento a su asesino y cuyos cargos políticos se atrevieron a vilipendiar a sus familiares, hoy pretenden ante la opinión pública, convertirse en adalides de las buenas maneras para  hacer de un posible fallo en las formas políticas de la alcaldesa, un delirante caso de convivencia con los terroristas. Pudiese uno tildar sin riesgo a equivocarse, de abyecto e inmoral a quien desde la militancia en la  misma formación política por la que Miguel Ángel Blanco dio la vida, hoy se atreve a intentar dibujar una sonrisa en la cara de los terroristas, resucitando la división y el uso partidista de las víctimas que siempre buscaron sus asesinos. Quizás, no se equivoco la alcaldesa, cuando pretendió evitar personalizar el dolor, puesto que desgraciadamente para nuestro país, solo así parece evitarse la apropiación del mismo.

Inexplicablemente, Pablo Casado, Mayor Oreja, Cristina Cifuentes e incluso la propia Marimar Blanco, se han sumado en las últimas horas, a la horada de insultos e insinuaciones que sin atender al debate democrático, han pretendido entre deleznables titulares de prensa y desesperadas ofensivas políticas, vincular a la alcaldesa de Madrid con un supuesto desprecio a las víctimas o lo que es todavía peor, un apoyo directo a los terroristas. La misma Manuela Carmena, que en Atocha salvo la vida por mera casualidad durante el atentado al bufete laboralista a manso de pistoleros de la ultraderecha española, vive hoy inmersa en la delirante pseudorealidad de quienes en pleno homenaje a un político asesinado por las armas de los terroristas, sacan a relucir sin pudor alguno el devenir político de Venezuela, el proceso soberanista catalán o cualquier otro asunto que pueda llegar a importunarles a la hora de alcanzar sus objetivos políticos, para en un ejercicio de cinismo ilimitado, pretender imponer la lógica de todo lo que nos molesta es ETA.

Sin que pueda evitarlo, recurre una vez más el PP en su estrategia política, al argumentario tan insertado en su ADN del todo es ETA. Quienes en más de una ocasión se atrevieron a menospreciar a víctimas del terrorismo como Pilar Manjón, hoy pretenden manipular la realidad para tildar de etarra o radical a todo aquel que quiera recordar a las víctimas de una manera diferente a la establecida durante los años de la barbarie. Haría bien el Partido Popular en recordar su desmemoria con los represaliados durante la dictadura franquista, su indigna gestión y manipulación informativa durante el 11M o las continuas zancadillas al ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero, durante el proceso de negociación que puso fin a la actividad asesina de la organización terrorista ETA. Podría incluso el partido de Mariano Rajoy volver la vista hacia su propio partido, para encontrar en sus propias filas el más profundo desprecio a la memoria de Miguel Ángel.

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Moción Kamikaze

Unidos Podemos demuestra una vez más, con la moción de censura que en este mismo momento presenta en el Congreso de los Diputados, que el nuestro es un país en donde la ciudadanía ha perdido el pulso de la calle, la capacidad para rebelarse, la necesidad de cambio o cualquier inquietud política que pueda implicar la necesidad de apartarse de los cauces establecidos, de las urnas en domingo, las promesas electorales incumplidas, los abusos soportados con silencio en el puesto trabajo, los informativos claramente manipulados y el bochornoso espectáculo de nuestros políticos en el Congreso cada vez que los números y la políticamente asfixiante disciplina de partido, son lo único que importan en una votación.

Les ahorro el suspense de horas de debate, al igual que tantas otras llamadas de atención, esta tampoco servirá para ver como la oposición finalmente cierra filas contra los escándalos de corrupción, la apropiación de la justicia por parte del gobierno o la franca decadencia de la televisión pública como ariete ideológico. De nada valdrá el discurso de Pablo Iglesias, ni el de Alberto Garzón o el Irene Montero. Caerán en saco roto, al igual que lo harán las siempre notorias intervenciones de Gabriel Rufián, a veces rozando la poesía política y otras tantas, más cercanas al simple uso de la ironía contra quienes han hecho de su escaño un hogar para el cinismo. El número de escaños ha hablado y una vez más sin que exista espacio para el debate, la moción de censura no logrará finalmente salir adelante.

Los motivos para el anunciado fracaso de esta moción de censura son diversos, empezando por las formas en su propuesta del grupo de Pablo Iglesias. Unidos Podemos recurrió al Artículo 113 de la Constitución seguramente más centrado en los tiempos de la prensa de nuestro país y en la posible rentabilidad mediática de la moción de censura, que en los tiempos y necesidades de sus posibles socios en tal aventura. Después de todo, pese a que la operación Lezo supuso un motivo más que valido para desalojar al partido del Gobierno de Moncloa “ante la grave situación institucional puesta en evidencia en las últimas semanas” los tiempos políticos de la que entonces era principal fuerza opositora, dejaron al PSOE en fuera de juego e inmerso en un duro proceso de primarias del que Pedro Sánchez saldría fuertemente reforzado, tras su ruptura con la convivencia del Partido Socialista con los Populares y con una excusa perfecta para negar el apoyo a una moción liderada por Pablo Iglesias, sin participación alguna del Partido Socialista. Desconozco si por ingenuidad política o por la prepotencia del partido, la moción de censura presentada por Unidos Podemos, nacía ya muerta ante la negativa del PSOE a sumarse a una iniciativa de la que le ofrecieron todas posibilidades de desmarcarse, incluida una, la de la abstención, que últimamente parece agradar a los socialistas.

Ante la negativa del PSOE a contemplar la posibilidad de un gobierno alternativo al Partido Popular, no tardó demasiado en producirse una cascada de reacciones que permitieron a Genova poder contar desde un inicio entre sus aliados con Ciudadanos. El partido de Albert Rivera, que finalmente votará No a la moción de censura, pese a su supuesto discurso regeneracionista y su implacable lucha contra la corrupción, se haya inmerso en un extraño caso parlamentario del doctor Jekyll y el señor Hyde que permite a la formación naranja mostrarse a un tiempo capaz de funcionar de manera indiferente como un apéndice más de las políticas del Partido Popular en el conjunto del estado o como el sustento de la vieja guardia del PSOE en Andalucía, todo ello, mientras pronuncia discursos en la cámara parlamentaria contra la corrupción y las viejas formas políticas. La moción parece volverá a poner de manifiesto que pese a sus esfuerzos, el partido de Albert Rivera, ya no consigue engañar a nadie excepto a sí mismo y muy oportunamente a Metroscopia.

Con el apoyo en el NO de Ciudadanos y Coalición Canaria, al partido que presume de ser el último bastión de la unidad de España, le bastará con la abstención obtenida a golpe de presupuesto de los partidos de la derecha nacionalistas vasca y catalana,  para salvar momentaneamente una legislatura que desde hoy se sabe débil. El toque de atención de Unidos Podemos, no solo debe de suponer un pulso al gobierno de Mariano Rajoy, sino una llamada de atención a la ciudadanía acerca de las posiciones de cada uno de los partidos respecto al gobierno del Partido Popular. No existen discursos alternativos a quienes hoy intentan desalojar a la corrupción y a la mentira del parlamento español y quienes con su negativa o su silencio, permiten una vez más que está continue gestionando la vida política en España. La moción de censura, se presenta en estos momentos principalmente como un halo de luz en la eterna mascarada política que comenzaba a suponer una legislatura, en donde muchos de quienes se dicen grandes enemigos, suelen terminar compartiendo sentido de voto en las decisiones más importantes.

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Papá, ¿por qué somos de derechas?

Con más de ochocientos imputados por corrupción y cerca de treinta casos en manos de los tribunales, uno no puede más que sorprenderse ante la imagen de un partido político hostigado por los casos de corrupción gobernando la quinta economía de Europa. El primer partido imputado en la historia de la democracia y cuyo presidente y actual jefe del Ejecutivo se verá obligado a declarar por su supuesta vinculación con un macrocaso de corrupción, ha llegado al poder no libre de culpa sino ya inmerso en una inmensa trama delictiva muy alejada de suponer un caso aislado de deshonestidad tal y como se nos quiso hacer creer, sino algo mucho más cercano a un modus operandi institucionalizado desde tiempos inmemoriales en las entrañas políticas y morales del propio partido. Quienes nunca perdonaron a los españoles haber vivido por encima de sus posibilidades y los mismos que con desparpajo pidieron una y otra vez a las clases proletarias un mayor esfuerzo como forma de expiación ante los “errores” cometidos durante el delirium tremens del crédito fácil y la ilusión de bonanza económica, han visto sin embargo como los pecados de prevaricación, asociación ilícita, tráfico de influencias, malversación, falsedad y cohecho, entre tantos otros, les eran perdonados por una masa de votantes quizás hipnotizados por la maquinaría mediática y electoral del PP, quizás también infectados al igual que el partido al que confían su voto por la avaricia, la ira y la soberbia propia una concepción peculiar de lo que en realidad debe representar la marca España.

Después de todo, cuando uno se dispone a buscar las motivaciones de quién vota (con plena libertad o al menos creyéndose en plena posesión de la misma) al partido de la Gürtel, Púnica, Imelsa, Taula, Emarsa, Brugal, Alviasa, Palma Arena etc, son varios los planteamientos que se pueden pasar por la cabeza. Si bien en un primer momento uno podría pensar que se trata exclusivamente de una mezcolanza de personajes pudientes, fascistas remozados y fervorosos meapilas, las cuentas no parecen cuadrarnos atendiendo a los resultados electorales y mucho menos si como últimamente se estila en la nueva izquierda nos centramos en Twitter como referencia única para lograr tomar la pulsión política de la sociedad. Pese a que se hacen notar, no son tantos los fascistas ni los magnates que pueblan nuestro peculiar reino y la iglesia, la iglesia ya no es lo que era. Sus casos de corrupción y los abusos a menores son más sonados que sus homilías y por si Instagram o Mujeres y Hombres y Viceversa no suponían ya una seria competencia para hacer llegar sus mensajes, la aparición de un papa rojo ha hecho que nuestros obispos se centren en posiciones defensivas y en la tarea de no perder parte de su electorado más que en emprender grandes cruzadas ideológicas para captar votos. Tampoco nos ayuda a deshacer el cubo de rubik de la atracción electoral de la derecha el añadir a ésta suma otros tópicos del votante conservador como el de la edad avanzada, la incultura o la preeminencia del rural, puede que con estos factores las cifras de votantes empiecen a cuadrar en mayor medida, pero se nos plantea entonces la necesidad de dar respuesta al motivo por el que los jubilados, las capas populares de la población y un rural que está sufriendo en sus propias carnes un genocidio cultural y económico a manos de las grandes empresas capitalistas, pueden mostrarse capaces de entregar su voto a un partido que sin duda parece representar la viva imagen de gran parte de sus males.

La explicación no se encuentra en una derecha indocta como podría desprenderse de la lluvia de memes que invaden las redes sociales con cada victoria electoral del Partido Popular, ni en el radicalismo y razonamiento arcaico de un electorado que prefiere una España arruinada y perniciosa políticamente a verla en manos de los rojos. El oxigeno plebiscitario de los conservadores españoles se encuentra en sus redes clientelares, en los periodistas dispuestos a tapar sus corruptelas y a lanzar mierda contra todo lo que suponga una amenaza o perpetuar falsos mitos como el de la excelente gestión económica de la derecha, se encuentra también en en los organismos internacionales capaces de todo tipo de tropelías intervencionistas para lograr impedir alternativas políticas al eterno servilismo de la clase obrera y especialmente lo hallamos en una quinta columna mediática y política (Véase el tándem Cebrián González) aceptada y consentida por una nueva izquierda más empeñada en sacar autobuses a la calle o en perpetuarse en un discurso  desde la crítica que en cimentar nuevas redes comunicativas y políticas desde las que poder crear y dar voz a una nueva forma de hacer las cosas.

No basta con inundar las redes sociales en donde un sector ya mayoritariamente de izquierda se regodee con su conocimiento político e ironía digital, necesitamos presencia real en las fábricas, en los barrios, en los pueblos. No basta con acudir a circos políticos televisados en donde el debate se reduce a lo absurdo en un intento por lanzar píldoras electoralistas a espectadores que ya han renunciado a cualquier conclusión alejada del cómodo en el fondo son todos son iguales, pese a que algunos políticos se empeñen negarlo en medio de un eterno cruce de acusaciones, necesitamos nuestros propios medios de comunicación y necesitamos apoyarlos y trabajar con ellos. No basta con políticas de universitarios para obreros, ni con obreros votando a políticos profesionales, sino que necesitamos a obreros en los partidos al igual que necesitamos de nuevo a la política en las fábricas. No basta con un discurso hecho desde la crítica y el permanente foco sobre los errores del adversario, sino que necesitamos un discurso propio y una alternativa real al modelo económico y social que desde la derecha se nos propone con un capitalismo cada día más depredador. No basta con sentarse a pensar que el rural o los mayores son el problema y desde luego no basta con un autobús recorriendo las calles de España, para que deje de sorprendernos un pueblo capaz de votar a un partido acosado por la corrupción, quizás debamos darle a ese pueblo una alternativa en la que creer, una herramienta política con la que trabajar y no simplemente una papeleta distinta destinada a ser depositada en la misma urna de siempre.

“El capitalismo es un sistema construido sobre la corrupción, eso no quiere decir que en otros sistemas no haya personas corruptas, pero el capitalismo es un sistema corrupto en sí mismo.”

Luis Eduardo Aute

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 Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres, te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña, por el nombre de la activista medioambiental.

Desde DowJones te agradecemos tu colaboración.

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La independencia amordazada

“El nacionalista no sólo no desaprueba las atrocidades cometidas por su propio lado, sino que tiene una extraordinaria capacidad para ni siquiera oír hablar de ellas.”

George Orwell

Hace tiempo que entre Cataluña y España, se juega a un juego demasiado peligroso. Un juego de tensiones, de orgullo, un juego de peones y reyes, de condados y reinos. Una partida tensa y eterna; a la par que fútil, para quienes tarde o temprano, deberán pagar sus consecuencias. La de la política como entretenimiento, como un espeso telón destinado a cubrir nuestros ojos y nuestros bolsillos, ante el continuo saqueo de unas élites económicas, capaces de parapetarse por igual, tras la estelada o la rajoigualda, según sus intereses vayan en ello. La Diada del año 2012, suponía el cenit de un proceso histórico, para infinidad de catalanes que veían en su tierra, el nacer de una joven nación. A la vez que fue recibido como una fuerte conmoción, para un viejo reino de trato alejado e inquisitorial con sus territorios. Una corona y un sistema enfermo, que pretende a costa de todo, conservar el control del territorio. El recurso del PP contra el Estatut, sumado a la conjunción de crisis económica y social, propició un caldo de cultivo ideal, para una idea, la de la huída hacia delante, que poco antes suponía poco menos que una quimera para los catalanes. El proceso de ruptura de Cataluña hoy, se trata mucho más, de las crónicas del abandono de un hogar desestructurado, que de las de una feliz y planeada independencia.

Elecciones anticipadas, declaraciones de soberanía, consultas, organismos consultivos e incluso la reedición del pacto Ribbentrop-Mólotov, entre Mas y Junqueras de por medio. Han dado lugar a una sociedad polarizada, adormecida y unida únicamente, en el hartazgo con un proceso estancado en trincheras culturales y políticas de escasa profundidad. En nada se diferencian las tácticas o argumentos de la oligarquía de uno y otro bando. En nada se diferencian, pues su proyecto es el mismo, con un final diferente según el color del bolsillo. No se trata desde Cataluña de reivindicar el camino de una Generalitat de Cataluña, aguerrida con su pueblo ante las dificultades. No se trata tampoco de levantar una vez más los gritos de la anarquía en sus callejones o en sus pueblos, ni del ejemplo de la resistencia y la lucha contra la represión del fascismo y el orgullo de la cultura cuando una lo siente como propia, aunque se la quieran hacer ver extraña. Tampoco se pretende desde España evitar el desastre para Cataluña o los catalanes, no se actúa por responsabilidad institucional o deber de estado. Sino que se hace casi como por inercia, sin reflexión, ni alternativa. Se decide y se impone. Se trata de un juego de previsiones y de cifras, de números y nombres. Se trata de ladrones acusando de ladrones a otros ladrones. Un sin sentido, un trabalenguas de complicada digestión  y escasa recompensa para quién lo encara, pero de vital importancia para quién se empeña en pronunciarlo.

La Cataluña de la burguesía catalana, es la Cataluña de los recortes, la del pago de la deuda. Una sociedad de vida austera, con solemne pomposidad en sus altas esferas. La Cataluña del Porsche y la del ciudadano medio. Un país liberado de su metrópoli, pero no de sus cadenas, en forma de bancos y privatizacionesUna nación maniatada desde su nacimiento, un triste final, para un vacilante principio.

Conozco bien, la impotencia de quién sintiéndose parte de una nación diferente a la española, tiene que compartir su reino. Conozco los desprecios a la lengua, la cultura o la historia de sus ancestros. El pesado yugo de la historia de un país, todavía demasiado atemorizado ante la perdida de su imperio, como para replantear su propia territorialidad. Un complejo de anochecer prematuro, en donde nunca se creyó se pondría el sol.  El desafío independentista a Madrid, supone un nuevo reto, para una democracia joven e inestable. Un sistema con unos partidos más acostumbrados a evocar las pasiones y el sentimiento que la razón o el pacto social. Una política muy diferente a la economía, en donde el estado neoliberal, parece ser el único claro vencedor de uno u otro proyecto. No dudan ni por un instante en Madrid o Barcelona de la clara posibilidad de alcanzar pactos , cuando la verdadera estabilidad vaya en ello.  

Al igual que anteriormente lo supuso el terrorismo de ETA, la amenaza secesionista desde Cataluña, supone una baza política más en un estado con un evidente doble juego. Conocen desde el PP las claras ventajas en términos de rédito electoral que en el conjunto del estado, supone una Cataluña amenazante, enrocada. Una tensión que desde al derecha española vaticinan como molesta, pero ficticia. Un farol a todas luces, demasiado evidente en el seno de la Europa actual. Precisamente en esa inmediatez puede residir la falta de miras del estado español. Suceda lo que suceda el proceso secesionista, el independentismo parece ganar. De llevarse a cabo con éxito, dará como resultado o bien una Cataluña independiente o la palpable sensación de una sociedad, retenida contra su voluntad, en el marco de un estado de probada intransigencia. 

Mientras el día a día de este juego se desarrolla entre acusaciones de quién adoctrina a quién. Madrid y Cataluña, siguen suponiendo dos caras de una misma moneda. Dos estados, naciones o regiones, llámenle cada uno como quieran, como sientan. Dos pueblos, atados a un sistema devorador de culturas, de lenguas, de tradiciones y pasados. Un culto al engaño y a las acciones políticas de falsa bandera, que aprovechan nuestras más profundas pasiones, para incidir en lo que nos diferencia y nos enfrenta, frente a la verdadera unión de necesidad. La independencia de quien ha vendido al mejor postor sus derechos o su tierra, supone a todas cuentas, una independencia amordazada.

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Autor: @SeijoDani

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental. 

https://www.change.org/p/xulio-ferreiro-calle-berta-c%C3%A1ceres-en-a-coru%C3%B1a

España: Democracia en funciones

Comienza la recta final para iniciar la legislatura y lo hace de forma bronca. En un parlamento poco acostumbrado a la representación de la pluralidad ideológica, la fragmentación y lucha de poderes palpable no solo entre bancadas, sino también en el seno de algunos partidos, parece garantizar una legislatura de constantes bravuconadas de cara a la opinión pública en el hemiciclo, mientras los acuerdos y traiciones; que serán sin duda necesarias a lo largo de la legislatura, se producen de puertas para adentro.

Apostó el presidente en funciones, por mantener su línea de no intervención en el eterno tablero de pactos en el que se ha convertido la política española y el tiempo le dio la razón. En un contexto de necesidades económicas apremiantes para lograr responder ante Europa y un acoso judicial cada vez más palpable en Génova, otros quizás, hubieran perdido la calma ante la perspectiva de unos nuevos comicios para su partido, pero no Mariano Rajoy. El presidente en funciones supo leer a una izquierda dividida, una derecha inofensiva y una sociedad, que si bien condena la corrupción, parece no estar dispuesta a pasar factura a los corruptos.

Simplemente sentándose durante su mandato en funciones, no tardó demasiado el Partido Popular en ver pasar los cadáveres de sus enemigos, suplicando una solución ante sus puertas. El primero de ellos, el de un Albert Rivera que comenzó a sentir el peso del fantasma de la intrascendencia desde el mismo recuento de las últimas elecciones. El líder de la formación naranja, no tardó en ofrecerse como el perfecto aliado de un Mariano Rajoy que en todo momento confió en la todavía manifiesta irrelevancia de una alternativa a la derecha que si bien no representaba la inocencia de Vox o UPyD, se le acerca bastante. Confiaron en el PP, en poder capear el temporal del trasvase de votos, debido a los escándalos de corrupción a la formación de Albert Rivera  y todo parece indicar que la jugada funciono.

El pacto con Pedro Sánchez, no surgió el efecto en el PP que se esperaba desde la formación naranja y lejos de ello, Ciudadanos quedo retratado como un partido sin rumbo fijo, una formación bisagra, incapaz de forjar una alternativa al bipartidismo y con el único sentido de servir como castigo a un PP que de cara a la ciudadanía, parece ya haber saldado sus deudas. Con un ostracismo todavía no asumido, la formación de Albert Rivera, deberá conformarse intentado sacar el mayor provecho electoral posible a la renovación de nombres, que no de políticas, que el Partido Popular estará dispuesto a mostrar como única concesión a un aliado todavía necesario pese a todo.

No por más esperado, fue menos relevante para las aspiraciones del Partido Popular, la visión de un Partido Socialista roto en dos ante la puertas de Génova. El golpe de estado dado a la ejecutiva de Pedro Sánchez, ante la tentativa de éste por profundizar en un gobierno del cambio con Podemos y los nacionalistas, ha dejado en manos de la vieja guardia más reaccionaria a un partido que desde su última ejecutiva se parece más al camarote de los hermanos Marx que a una verdadera alternativa de gobierno.

El voto favorable a la abstención y sin condiciones de cara a la formación de gobierno por parte de Mariano Rajoy, deja al Partido Socialista totalmente inmerso en la dinámica del Partido Popular. Se convertirá la estabilidad de España y el freno al independentismo, en una muletilla argumentativa perfecta para los populares de cara a la aprobación de las principales leyes de la legislatura. Si el PSOE ha podido traicionar una vez a su historia y a sus bases por el “bien de España” nada parece indicar desde Ferraz que no pueda volver a hacerlo si la inmediatez de las urnas amenaza de nuevo al partido en pleno proceso de desintegración. Será curioso observar, como Antonio Hernando defiende ante la cámara lo indefendible, a la espera de un nuevo líder para el partido que esta vez tendrá que pensarse muy bien donde deposita su confianza.  Tan solo le queda al PSOE afrontar la necesidad de un cambio o bien desaparecen como mártir de la estabilidad de un régimen del 78 que sea como sea, parece hacer aguas definitivamente.

Con semejante panorama en la política española, sirvió el inmovilismo en el Partido Popular para llegar a la presidencia, con gran parte de la oposición desacreditada y subyugada, el único foco de resistencia inmediata, lo encuentra el presidente del gobierno en un Podemos demasiado acostumbrados a los principios ideológicos y a regirse por las reglas del juego en sede parlamentaria. Recibía el primer golpe, la formación de Pablo Iglesias, nada más llegar al congreso con un pacto entre “enemigos” en el que Partido Popular, PNV y la antigua Convergencia, decidían excluir de cualquier papel institucional importante a la alternativa a la política de recortes y privatización que supondría Unidos Podemos. Ignoraba la formación morada, la premisa más básica de la política: El enemigo de mi enemigo, siempre es mi amigo. Lejos de suponer una excepción, los apoyos puntuales que el PP recibió de los nacionalistas para la formación de la Mesa del Congreso, son un claro indicador de la más que posible deriva de la legislatura. Una vez iniciada la legislatura y ya alejados de los focos y la repercusión que una sesión de investidura supone para estos partidos, PNV y Convergencia, no dudarán en apoyar las iniciativas Populares, siempre y cuando están no comprometan demasiado postulados ideológicos ahora muy necesarios de cara al órdago nacionalista y que sin embargo sean efectivas de cara a poner freno a la alternativa al descontento en Euskadi y Catalunya que comienza a dibujar Unidos Podemos.

Da inicio una legislatura ya para muchos a esta hora demasiado larga. Intensa, trilera y castiza como pocas, una legislatura en la que pese a la resistencia de algunos, deberá hablarse de política en el parlamento, como una vez más, en las calles. 

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Autor: @SeijoDani

 

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental. 

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La historia nos absolverá

Ha ganado la táctica de ocultar a su propio partido, ha ganado el ruido desde Madrid, ha ganado el miedo frente a las propuestas. En Galicia, ha ganado el Partido Popular y su candidato, aunque probablemente, no hayan ganado todos los que si han votado al PP.

Con unas elecciones  de nuevo a caballo entre Madrid y Santiago, el Partido Popular ha vuelto a aprovechar a la perfección, el ruido de la precampaña en los partidos de izquierda y un miedo, el del bloqueo institucional, que ese mismo ruido se ha encargado de amplificar y hacerlo sobrevolar sobre un hipotético pacto entre las formaciones de izquierda, que si bien parecía respaldado desde las agrupaciones gallegas, corría en la mentalidad popular, el serio peligro de verse embarrado en una nueva investidura eterna por el a priori necesario visto bueno desde Ferraz y Princesa.

Con un Feijóo ya acostumbrado a lidiar con las acusaciones que desde la oposición, apuntan a su huída a la política estatal. El PP ha decidió postergar sus cada día más evidentes luchas internas, para con un perfil de marca intencionadamente bajo, lograr revalidar en Galicia sus 41 escaños y con ellos, una mayoría absoluta que refuerza al candidato por ahora gallego y debilitan tremendamente tanto a las propuestas de izquierdas, como a un partido, Ciudadanos, aparentemente condenado a la deriva Díez en su intento de consolidarse como alternativa en el ala derecha de la política española.

Recibe un duro golpe la izquierda, y lo hace fruto de una campaña tremendamente inoportuna para el calendario del debate ideológico que a esta le ocupa. Llegaron las elecciones gallegas en pleno pulso identitario entre el carácter propio de las mareas y la inercia aglutinadora de Podemos, como lo hicieron también con un PSOE  inmerso en su particular “perestroika” y un BNG, que una vez más y pese a los cismas internos, ha demostrado con su campaña que nada tiene que ver la salud ideológica de un partido, con su salud electoral.

Llego la izquierda a las urnas en Galicia con una idea clara de lo que se quería cambiar: la inherente injusticia del sistema y especialmente la gestión que de ese sistema se llevaba a cabo desde el PP, pero también lo hacía inmersa en pleno proceso de deliberación sobre las formas de hacerlo y muy especialmente sobre cual iba a ser su alternativa.

No nos malinterpretemos, nada malo existe en el debate, siempre y cuando este se produzca en los tiempos y las formas adecuadas. Lo que no ha parecido suceder en el caso que nos ocupa, atendiendo a los numerosos titulares que en plena recta final de campaña han surgido a raíz de la guerra entre Sánchez y sus varones o Pablo iglesias e Ínigo Errejón. Si el PP decidió aparcar sus diferencias durante la campaña, la izquierda de nuevo comenzó la revolución, antes de finalizar la guerra.

Ha ganado el PP y lo ha hecho pese a la corrupción de sus dirigentes y la política de tierra quemada en sectores como el lácteo, el cerco o la agricultura. Gana el PP en una tierra que como decía el más ilustre de los gallegos, Alfonso Daniel Rodríguez Castelao, está más acostumbrada a emigrar que a pedir. Una tierra con demasiados partidos y escasos movimientos sociales o cooperativas, en donde curiosamente se puede cambiar con mayor facilidad el signo de un voto con las políticas de los pequeños ayuntamientos que con las grandes infraestructuras. Y es que lo del caciquismo en Galicia daría para un aparte, sin duda, resultaría curiosa la presencia de observadores internacionales en nuestros colegios electorales, pero eso no va a suceder, cosas de formar parte del imperio aunque sea en sus provincias más olvidadas. Gana el PP de los recortes, de la corrupción y la precariedad, un partido afanado por marginar o idioma aunque para eso tenga que llevarse también por delante su sabia, encarnada en lo rural y todo lo que en torno a el gira.

Gana la derecha y puede que no por sus propios méritos. Han pasado ya 25 años sin que desde el seno de la izquierda, se haya logrado articular una alternativa clara al modelo de capitalismo de casino en el que nos vemos inmersos como realidad casi global. La izquierda  y especialmente el socialismo europeo, permanece todavía en estado de letargo, tras el intenso golpe que supuso la caída del muro y la imposición del dogma neoliberal. No hemos sabido plantear una alternativa al actual modelo que no solo embelesase al votante tradicional, sino que atrajese a una abstención que sin duda lleva camino de convertirse en la verdadera batalla política de la izquierda de nuestro siglo, más allá de las quimeras del centro tan rentables en sus planteamientos ideológicos para la derecha.

Es necesario profundizar en el debate interno de las diferentes formaciones sin temor a la ruptura, es tiempo de lograr confrontar diferentes visiones dentro de un mismo Frente Amplio de izquierdas. Tiempo de debate, de coloquios y movimientos sociales. Es tiempo de recuperar las calles y desafiar a las injusticias también en los parlamentos, resulta necesario hacer ver a la población que el estado de las cosas no se corresponde a una crisis pasajera, sino a un estadio más de un modelo de sociedad que ve en la clase obrera y su condición de vida, un medio y no un fin en si mismo. No existe una salida a la crisis si no existe un modelo alternativo de sociedad y es ahí en donde debe residir nuestro proyecto, no una especie de buena gestión de las injusticias del sistema como paliativo de una situación insostenible.

Son tiempos de cambio y esta derrota tan solo retrasa cuatro años el asalto al cielo de un proyecto que debe ser a largo plazo y que debe cimentarse en votantes conscientes de la necesidad de su actividad y formación política. La alternativa, supondría sin duda la vuelta a las escisiones en formaciones más débiles y la lucha política por el acceso a los sillones.

Son muchos los que opinan que la indignación se canalizó por primera vez en la política gallega. Hoy, una vea más y pese al duro golpe, depende de la izquierda gallega, construir un marco solido para que sea también aquí en donde al fin se materialice su alternativa.

 

«¡Ése es el pueblo, el que sufre todas las desdichas y es por tanto capaz de pelear con todo el coraje! A ese pueblo, cuyos caminos de angustias están empedrados de engaños y falsas promesas, no le íbamos a decir: “Te vamos a dar”, sino: “¡Aquí tienes, lucha ahora con todas tus fuerzas para que sean tuyas la libertad y la felicidad!”

Fidel Castro Ruz, La Historia me absolverá

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Autor: @SeijoDani

 

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental. 

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El capità Barberá

Hoy le ha tocado de nuevo a Rita Barberá, pero bien podía haber sido Fabra, Álvaro Lapuerta, Matas o cualquier otro nombre político el que saliese de la profunda chistera de la corrupción en Génova. Después de todo, tras años acostumbrándonos a encadenar caso de corrupción tras caso de corrupción en el seno del Partido Popular; comienzo a sospechar, que es tan solo nuestro propio pánico a continuar mirando hacia arriba, el que nos impide ver un nexo tras cada nombre en una ya muy larga lista de casos salpicados en un mismo partido.

Pero en los noticiarios de hoy, es la que fuera ama y señora de Valencia; la eterna alcaldesa, quién ocupa todas las portadas y cabeceras de los medios. Minutos y horas, dedicadas a  escrutar la vida y obra de la veterana dirigente valenciana, sin que nadie parezca tener gran interés, en poner de manifiesto la relación entre la implicación de Barberá en un caso de blanqueo de capitales en el PP del ayuntamiento de Valencia; y la que sin duda, podemos calificar de maravillosa relación hasta ahora entre la ex alcaldesa y la florinata de la cúpula popular, así como con gran parte del empresariado valenciano más afín a la derecha. Pareciese como si ante unos indicios demasiado obvios de podredumbre del propio sistema, nos conformásemos de nuevo con apuntar simplemente una serie de nombres contra los que descargar momentáneamente nuestra ira.

Y es que no nos equivoquemos, Rita Barberá no supone para la corrupción en España mucho más que una funcionaria demasiado acrecentada. Otra modesta ficha, por momentos subida en un Ferrari, en un juego mucho más complejo de lo que ella misma podría imaginar y sin duda el ejemplo más claro de un gobierno sátrapa, el de Partido Popular Valenciano, que alimento durante años con circos y redes clientelares a un sistema mucho más profundo que permitió a unos pocos garantizarse el beneficio privado de los bienes públicos y el cual sigue oculto tras la inmensa maraña de nombres mediáticos y eternas causas judiciales.

Pero después de todo, no saquemos conclusiones equivocadas en este pequeño análisis del caso Taula y la situación de la señora Barberá. Nadie pretende negar la importancia de la imputación de la que fuera alcaldesa de Valencia y afiliada número tres del Partido Popular. Estoy seguro de que pocos sitios serán más recogidos que la cárcel para que Rita profundice en la lectura de Gramsci. Tampoco podemos dejar pasar por alto el silencio complice o en el peor de los casos temeroso de gran parte de los altos cargos del Partido Popular ante esta causa, con un Rajoy de nuevo en su versión más huidiza, rescatando incluso el plasma para sus apariciones en Galicia, y con un equipo de prensa todavía inmerso entre el ajetreo y la saturación por el reciente caso Soria, tan solo parece quedarles ya en el Partido Popular, una de esas extravagantes invocaciones a lo oportuno de los testigos desaparecidos o los discos duros destruidos a martillazos, para que de nuevo todo parezca diluirse entre la inmediatez de la prensa y la amnesia ante la saturación informativa de gran parte del electorado. 

El caso Taula supone en definitiva en nuestro país una nueva cara para una dinámica ya demasiado habitual: un caso de corrupción, cantidades obscenas de dinero negro y tan solo un puñado de nombres en todos los titulares. Una simplificación de la realidad de la corrupción tan absurda, como sin duda efectiva para quienes se encuentran al frente del sistema.

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Autor: @SeijoDani

 

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Soria, sé fuerte

Cuando ya nada parecía poder sorprendernos en este lejano reino de occidente llamado España. El gobierno, supuestamente en funciones del Partido Popular, ha parecido por un momento, dispuesto a brindarnos un redoble más de tambores en este particular circo en el que hemos llegado a transformar nuestra política patria. Con el nombramiento del ex ministro Soria, en plena resaca de la fallida sesión de investidura, para el puesto de Director ejecutivo en el Banco Mundial. El gobierno popular y particularmente su presidente, Mariano Rajoy, dejaban claro que en España, tan solo los favores en el seno del propio partido parecen pagarse.

Tras años de una incesante lucha política y económica de diferentes gobiernos de nuestro país, por conseguir ocupar espacios de poder en diferentes organismos internacionales. Todo ha culminado con la representación de nuestra política más caciquil, y el dedazo como clara reminiscencia de la época Aznar en el gobierno de Mariano Rajoy, en el nombramiento de personajes de la calaña moral de Soria o Rato para cargos de responsabilidad en instituciones como el Banco Mundial. Si para esto nos hemos apretado el cinturón todos estos años los españoles, quizás hubiese sido mejor continuar nuestro camino de una manera un tanto más digna, en el ostracismo internacional.

El PP demuestra una vez más con este movimiento, su particular visión de la gestión del estado. Haciendo un uso meramente particular, de un nombramiento que nos debiera representar a todos. El puesto con el que se pretendía recompensar al ministro antirenovables, del fracking, los chollos hoteleros o las prospecciones en Las Canarias, entre otras perlas. Es un puesto que representa a todos los españoles. Un puesto en el escaparate de la política internacional que ha costado demasiado conseguir, para que termine una vez más, ocupado por el amigo del presidente de turno.

Se nos quiso convencer desde Génova de que el cargo fue asignado en un concurso de méritos en el que Soria, como un funcionario más, se presentó y accedió al cargo por su propia valía. Nunca por méritos políticos. Explicación que podría resultar factible, sino fuese porque José Manuel Soria ha permanecido apartado de su labores como funcionario durante 26 años, la plaza nunca ha estado reservada para funcionarios, el gobierno se encargo de no hacer pública la convocatoria, ni en el Boletín Oficial del Estado, ni en la web del Ministerio oportuno y porque pese a que a pasásemos por alto todos los puntos anteriores. No podemos olvidar que el ex ministro de Industria, Energía y Turismo tuvo que renunciar a su cargo, precisamente por las contradicciones, cuando no directamente mentiras, a la hora de explicar su participación en empresas radicadas en paraísos fiscales.

Mentía el ex ministro entonces, cuando declaraba no saber nada de dichas empresas y miente el PP ahora, cuando dice haberle concedido el cargo exclusivamente por méritos profesionales. Pese a todo, nadie espera ya que Rajoy de un paso atrás, tras nuevamente descubrirse el engaño. La dimisión de Soria, fue un lapsus de cordura en el reino de la impunidad. Rajoy ahora niega saber nada de este nombramiento, al igual que tampoco le tembló la voz al declarar no saber nada sobre el caso Bárcenas.  Tendremos que esperar a que los Aguirre, Monago o Cifuentes huelan de nuevo la sangre en la ya debilitada manada del presidente en funciones, para que las guerras internas en la familia popular, nos proporcionen una vez más, los restos de la carnaza de la corrupción como arma política en los titulares.

Son malos tiempos para la bancada popular, y la inmediatez de los juicios por el ‘caso Nóos’, las ‘tarjetas black’, el ‘caso Gürtel’ o los ‘Papeles de Bárcenas’ no parecen una buena señal para calmar lo que sin duda ya podemos comenzar a tildar como guerra interna en el PP, por la sucesión de un presidente ya en franca decadencia. Después de todo, tan solo eso ha logrado que el ex ministro tuviese que renunciar a un cargo por el que pasaría a cobrar anualmente, la friolera de 226.000 euros libres de impuestos. Dato este último que a tenor de su pasado, sin duda ha debido doler especialmente al político canario.

Tras el ruido de sables en el seno del partido y la repercusión en los medios. Soria y el Partido Popular, tendrán que pensar un momento y un destino más oportuno, para esta vez con más sigilo, poder encontrar un lugar en donde colocar definitivamente al ex ministro.

 

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Autor: @SeijoDani

 

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