Una paz sin diálogo

8 abril de 2017 una fecha llamada a marcar la historia de nuestro país. Jean-Noel Etcheverry fundador de la agrupación ecologista Bizi! y detenido el pasado 16 de diciembre por su supuesta vinculación a la organización terrorista ETA, ha señalado ante la opinión pública esa fecha como la del último paso previo para encarar la total disolución del movimiento terrorista vasco Euskadi Ta Askatasuna (País Vasco y Libertad).

Un paso más en una hoja de ruta hacia la paz, en el que la postura del gobierno español ha sido la del inmovilismo durante estos últimos cinco años sin violencia. Una línea de actuación atrincherada en la negativa a asumir cualquier tipo de responsabilidad en la mesa de negociación, y en las sucesivas actuaciones policiales que en medio de un proceso de paz, parecen más encaminadas a dinamitar a la sociedad civil abertzale que a facilitar el camino para la total disolución de la organización terrorista. Un proceso que se afianzada únicamente en una sociedad civil que sigue firme al mando del mismo, pese a las continuas negativas de los gobiernos español y francés para erigirse como interlocutores ante la organización terrorista ETA.

Curiosamente, quienes durante décadas no dudaron en modular sus discursos o en tomar asiento en primitivas negociaciones ante los asesinos prometiendo “generosidad, mano tendida y espíritu abierto”, hoy son los mismos que muestran una incomprensible pero tajante negativa ante la perspectiva de asumir el cometido de quién en un proceso de paz tiene el deber de representar a un estado con un conflicto armado dentro de sus fronteras. Desde el decimoquinto congreso del Partido Popular Vasco, Mariano Rajoy hacía mención al comunicado de ETA, poniendo de nuevo el acento de su discurso en la negativa del gobierno español a entablar cualquier tipo de diálogo con la organización terrorista, y señalando la persecución policial como la única decisión política capaz de poner fin al conflicto “Esta posición que mantenemos nosotros es la justa, la democrática, la que preserva la dignidad de las víctimas del terrorismo y, por si a alguno no le llegaran esos argumentos, es también como el tiempo está encargando de demostrar, la mas eficaz para la disolución definitiva de ETA. Es es lo que tengo que decir sobre esto”  Una vía la de la negativa al diálogo que utiliza la voz de las víctimas para justificar una decisión exclusivamente política, y que no parece encontrar justificación en una sociedad vasca profundamente comprometida con la normalización de la convivencia política y social de un pueblo,  que todavía hoy arrastra profundas cicatrices fruto de la violencia.

Cinco años después de que ETA anunciase en un comunicado de apenas dos minutos y medio el “cese definitivo de la actividad armada” sin condiciones, el último conflicto armado de Europa continua incomprensiblemente estancado entre la pasividad gubernamental, y la desesperada intentona por parte de los terroristas para edulcorar la derrota como una última vía de expiación, para quienes años después al fin parecen percatarse de lo absurdo e innecesario de todo el dolor provocado. Un dolor reflejado en las 849 víctimas mortales por los atentados de la banda terrorista, en los presos, en los torturados, pero también en las familias y en la impotencia de todos aquellos que durante décadas, han visto como la amenaza de las armas frustraba cualquier esfuerzo de debate en Euskadi.

Con el desarme de ETA, el fin de la violencia terrorista en nuestro país se dibuja como una realidad inevitable cercana, pero haría mal el estado al confundir la disolución de la banda terrorista con el final del propio conflicto vasco. La inexistencia de una hoja de ruta consensuada y un futuro desarme que todo indica no podrá producirse de forma verificada y ordenada, por la negativa del gobierno español a erigirse como interlocutor en el proceso de paz, suponen una nefasta señal para el futuro de una sociedad en donde las heridas abiertas son numerosas, y todavía son muchos los que en uno y otro bando parecen mostrarse incapaces de sobrevivir al cambio de mentalidad para una convivencia sin tensiones. El diálogo resulta más importante que nunca, cuando se hace patente que son muchas las cicatrices que sobrevivirán a la banda terrorista. El estado debe encontrarse hoy al lado de una sociedad civil que no puede sumar al dolor de los muertos, el peso de construir la paz en solitario. 

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Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres, te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña, por el nombre de la activista medioambiental.

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Justicia y poder, en tu casa o en la mía

Media hora ha bastado, para que Iñaki Urdangarin, se libre de momento de la cárcel. A la espera de lo que decida el supremo, el tribunal del caso Nóos, finalmente, ha hecho caso omiso de la petición del Fiscal Anticorrupción, que pretendía imponer al acusado, una libertad bajo fianza de 200.000 euros; y por ello, el yerno del rey, tan solo deberá cumplir, el requisito de comparecer una vez al mes, ante la autoridad judicial de Ginebra, en donde el que fuera Duque de Palma, tienen actualmente su vivienda. Eso sí, en caso de realizar un desplazamiento a la nieve, un acto público o alguna de las tareas a las que suele dedicar su tiempo el entorno de la casa real; siempre subvencionados por los españoles, Don Iñaki, tendría que comunicárselo al tribunal. Supongo que lo de las pulseras electrónicas en los tobillos, ademas de ser algo demasiado americano, podría restar glamour, en los actos propios de la alta sociedad.

Con esta decisión, la Audiencia de Palma, probablemente sin que esa sea su intención, rompe con el pacto de la transición. Un pacto que se ha roto, por la desfachatez continuada de la corona y la avaricia de un régimen político corrupto, amordazado por ese juego de poder y popularidad en el que se ha terminando convirtiendo, una democracia, únicamente reconocible durante escasas horas cada cuatro años.

Si bien la Fiscalía, pedía inicialmente, para el yerno del rey, una condena de 19,5 años de reclusión y Manos Limpias solicitaba una pena mayor de 26,5 años, por los delitos de tráfico de influencias, malversación, prevaricación, fraude, estafa, falsedad  y blanqueo de capitales. Finalmente, la pena de 6 años y 3 meses, a los que ha sido condenado Iñaki Urdangarin, lejos de ser vista como sentencia ridícula por los delitos cometidos, enseguida ha sido utilizada por sectores próximos a la corona, para crear un discurso que pretendía convencer a la opinión pública, de que la sentencia había sido ejemplarizante, pero que esta, no debía justificar el ingreso en prisión de un padre de familia, y no un padre de familia cualquiera, sino de una familia de cierta sangre azul (Sinceramente, desconozco como funciona la gama cromática cuando la realeza se mezcla con el populacho, especialmente, cuando la parte del populacho, termina siendo black).

Reconoce el tribunal en su sentencia, que Don Iñaki, utilizó su “privilegiado posicionamiento institucional, dada su proximidad con la Jefatura del Estado”, para ejercer “presión moral” e influir así, en la voluntad de las autoridades de Baleares, con el fin de conseguir contratos irregulares que le reportaron importantes beneficios económicos. Pero a continuación, creo que no en su mejor reflexión, argumenta la no imposición de prisión provisional, por el efecto disuasorio que ejerce una escolta policial; pagada por todos los españoles, y el arraigo familiar, social y laboral en territorio nacional del acusado. Todo ello, pese a las prisas mostradas por la infanta Cristina; su mujer, para no volver a pisar España una vez finalizase el proceso judicial. Cabe interpretar, para un observador no inmerso en los procesos judiciales, como el que aquí escribe, y atendiendo solo a la sentencia y a su desarrollo argumentativo, que la propia pertenencia de Iñaki Urdangarin a un entorno familiar estructurado y ciertamente privilegiado, supone un atenuante que juega a su favor, a la hora de evitar momentáneamente su ingreso en prisión, como sí sucede a diario con otros acusados del ámbito del delito menor, los llamados roba gallinas. Un entorno familiar, el de Don Iñaki, que le sirve a este, para evitar su entrada en prisión, al igual que previamente le sirvió para llevar a cabo sus fechorias financieras. Utilizando el peso que otorga la corona, ante políticos y empresarios, para lograr vaciar las arcas, que en muchas ocasiones, beben directamente de los impuestos de los ciudadanos.

Sentencias como las que nos ocupan, lejos de levantar sospechas, sobre si su procedimiento se ajusta a derecho o no, deberían ir más allá, sembrando en el ciudadano medio, una profunda desconfianza, hacía un sistema judicial y una justicia, dispar por naturaleza. Una justicia, heredera de un régimen del 78, nacido en una eterna crisis democrática, que todavía hoy, atenaza el desarrollo de una verdadera base social crítica, que permita el ejercicio de un modelo político, alejado del despotismo ilustrado disfrazado de democracia, al que actualmente asistimos; en una España, en donde la separación de poderes, se diluye cuando resulta necesario, y las presiones o directamente, las purgas entre los fiscales discolos,  funcionan como aviso a navegantes, cuando el poder se siente amenazado. La sentencia judicial, y la decisión de permitir al yerno del rey, conservar momentaneamente su libertar, puede ajustarse a la ley, pero lo hace a una ley creada por una clase privilegiada, para responder en último caso, a las necesidades de esa misma clase social. No deberíamos olvidar, que al igual que tantas otras instituciones en nuestro país, el sistema judicial imperante actualmente en España, es una herencia de las estructuras de poder franquistas. En su foro interno, nuestro sistema de justicia se torna ficticio, cuando pretende hacer un hecho, aquello de ser igual para todos los españoles. Es entonces, cuando descubrimos que como el derecho a la vivienda o al trabajo, tras tan grandilocuentes palabras, se esconde poco más que un enunciado  sugerente, pero meramente ornamental.

En un país en donde gente entra en prisión por robar una bicicleta; y no precisamente una Specialized Tricross por si alguien lo dudaba, por canciones, por obras de teatro, por manifestaciones, huelgas o por el simple hecho de pedir la independencia de lo que ellos consideran, como sus respectivas naciones. La sentencia, y el posterior trato a Iñaki Urdangarin, resulta especialmente denigrante, para una población en la que ahora reside, la responsabilidad de volver a llenar las calles o seguir aguantando el chaparrón. Si algo parece claro, a tenor de las reacciones que desde la derecha recibimos ante estas sentencias, y a los primeros meses de la nueva legislatura de Mariano Rajoy, es que si la población no reacciona, si no planta cara ante la desfachatez mostrada por un sistema que cada día se muestra más desenmascarado en sus obediencias, el caso Nóos, será tan solo el primero de una larga lista de sentencias con la que los corruptos, verán finalmente legitimados sus actos.

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 Autor: @SeijoDani

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental.

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¡La impunidad ha muerto¡ ¡Viva la República!

“El Rey es tan Jefe de Estado como soy yo. Sólo que yo he sido electo tres veces con 63 por ciento. Somos iguales, Jefes de Estado igual. Somos tan Jefes de Estado el indio Evo Morales como el rey Juan Carlos de Borbón y yo”

Hugo Chávez

Seguramente, poco podría imaginarse; en aquel verano de 2010, el fiscal Pedro Horrach, que entre la amalgama de documentos que recibía en su despacho, que en mayor o menor medida guardaban relación con el caso Palma Arena, se encontraban ocho folios, remitidos por la fundación  Illesport, que iban a destapar el mayor caso de corrupción de la monarquía española. El caso del Instituto Nóos, de Diego Torres, de Iñaki Urdangarin. Pero especialmente, un caso que terminaría, con toda una infanta de España, sentada en el banquillo de los acusados.

Un caso de adjudicaciones amañadas, de trabajos ficticios, precios desproporcionados y un desmedido ánimo de lucro, que llevaría a Don Iñaki y al que por aquel entonces era su socio Diego Torres, ha embolsarse cerca 4,5 millones de euros, por un trabajo, en el que el peso de la participación del yerno del rey, resultaba clave, para garantizar un flujo de dinero constante, cuya procedencia principal era la de las administraciones gobernadas por el Partido Popular. Nóos, supuso un entramado fraudulento, en el que los 18 acusados, terminaron sucumbiendo ante la tentación de asociarse con la imagen de la casa real, pese a las escandalosas irregularidades necesarias para ello.

El salto a la palestra del caso Nóos, supuso para la casa real española, encarar, la investigación y el posterior juicio, que terminaría por debilitar para siempre, esa imagen cándida y campechana de una monarquía, que en medio de una crisis sin precedentes para sus súbditos, se posicionaba claramente del lado de los que de una forma u otra, se habían aprovechado para su beneficio económico, de un sistema, del que la corona siempre se había congratulado de ayudar a crear. Con Aizoon SL bajo sospecha (Una sociedad compartida al 50% por Iñaki Urdangarin y la infanta Cristina) la justicia, ponía en la picota, a una monarquía, aparentemente, vinculada a un caso de corrupción política, en el que el peso de la institución, había sido utilizado como si de una mera marca comercial más se tratase.

La investigación, logró demostrar, de manera clara, el funcionamiento del entramado de empresas y sociedades pantalla; que Iñaki Urdangarin y su socio Diego Torres, habían levantado, con el objetivo de hacer desaparecer para la Hacienda pública, el dinero fruto de la corrupción en sus actividades. Ante la imposibilidad de negar los claros indicios que apuntaban a Iñaki Urdangarin, no se tardo demasiado desde la casa real, en tomar la decisión de convertir, al yerno del rey, en la última barrera de defensa de la monarquía. Una estrategia, en la que se invirtieron numerosos recursos, y cuyo único objetivo, era el de intentar evitar  que la investigación, pudiese salpicar en mayor medida a la propia monarquía. No en vano, el caso Nóos, amenazaba en aquel momento, con afectar de manera directa a la hija del por aquel entonces rey de España. En un ambiente, en el que objetivo de todos los focos, se encontraba precisamente, en lograr demostrar, la posible implicación de la infanta Cristina, con los negocios de su marido. Algo, que a tenor de la sentencia final del caso, ha resultado; por un motivo o por otro, imposible para la acusación .

Con un sonoro murmullo político de fondo, y una fiscalía que en ocasiones ha bordeado una línea de actuación, más propia de la defensa de la infanta Cristina. La justicia, se ha mostrado incapaz, pese a los claros indicios, de demostrar la participación de Cristina de Borbón, como cooperadora necesaria en el delito fiscal cometido por su marido. Delito, que ha sido el único por el que doña Cristina, ha terminado sentada finalmente en el banquillo. No así, por los delitos de malversación, prevaricación o falsedades. Cabe recordar, que legalmente, la infanta, nunca ha tenido obligación alguna de denunciar a su marido, pese a que pudiese haber tenido conocimiento de las actividades ilícitas realizadas por el mismo. No cabría por tanto, pese al revuelo informativo, exigir responsabilidades en ese sentido, más allá de las que se le pudieran reclamar moral y socialmente a un miembro de la familia real que dice representar al conjunto de los españoles.

Parece obvio, a tenor del elevado tren de vida de la pareja, que Doña Cristina, sí debió de reconocer en su día a día, claros indicios de la extraña actividad económica de su marido. Del mismo modo, que la capacidad de la infanta para disponer de los fondos de Aizoon, en donde se depositaban los beneficios fraudulentos de don Iñaki, apuntan de una manera clara, a una cierta responsabilidad en toda la trama, por parte de la hermana del actual rey. Una responsabilidad, que los correos destapados por  Diego Torres, extienden a su vez a nuevos ámbitos de la corona, dejando entrever, un claro conocimiento por parte del entorno de casa real, acerca de las actividades de Iñaki Urdangarin. Conocimiento, que desmonta totalmente, la fachada de una monarquía sorprendida por los tejemanejes del que hasta aquel entonces parecía el yerno ideal. La figura de Carlos García Revenga, secretario de las infantas, supone sin duda, uno de los vínculos claros entre la casa real y don Iñaki Urdangarin. El propio rey emérito, se vería salpicado por los mensajes destapados por Diego Torres, en donde las conversaciones con Corinna Sayn-Wittgenstein; supuesta amante del don Juan Carlos, parecen apuntar de manera directa a la aparente participación del rey en los negocios de don Iñaki Urdangarín, al menos como la figura, que nunca impidió que su nombre, y la reputación de la corona, fuese puesta al servicio de todo el entramado corrupto.

Con la absolución de Cristina de Borbón y la condena a Iñaki Urdangarin a un total de 6 años y 3 meses, la monarquía se encuentra ante la necesidad de hacer del marido de la infanta, un caso ejemplarizante, que evite; si todavía resulta posible, la sensación de la existencia de un justicia de dos sensibilidades, y dos velocidades en España.

Más allá de las sentencias judiciales y las responsabilidades penales, el proceso del caso Nóos, ha terminado destapando una dura realidad, para todos aquellos, que hasta hoy, creían en el sentido de una monarquía al servicio de los españoles. Las presiones ejercidas, en el entorno judicial y mediático, con la clara intencionalidad de alejar en la medida de lo posible a la infanta de las responsabilidades judiciales, han evidenciado a una corona muy alejada de los modelos de transparencia que desde la población se han venido exigiendo, ante el hartazgo de una corrupción ya endémica en el país. La corona, ha terminado de mostrarse al pueblo, como una institución, incapaz de reconocer sus propios errores. Un ente independiente del devenir democrático de nuestro país, incapaz de acomodarse a los cambios sociales pertinentes, al encontrarse totalmente inmersa en la firme tarea de apuntalar su propia supervivencia. Quién sabe, si por inoperancia o por mera impotencia, ante los posibles escándalos que una lupa parlamentaria podría hacer saltar a la opinión pública. La actuación de la casa real, ha continuado en una línea aislacionista, intentando dirimir en un proceso interno de reprimendas reales, lo que debería haberse convertido, en una clara oportunidad, para demostrar que ni tan siquiera la corona debe escaparse al ejercicio de la justicia.

El caso Nóos, nos deja a una infanta, absuelta por su supuesta ignorancia personal y política, y a todo un cuñado del actual rey de España, condenado por corrupción. Todo ello, parece gestar una extraña sensación propia del inicio del fin de un ciclo. ¡La impunidad ha muerto¡ ¡Viva la República!

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Autor: @SeijoDani

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Franco ha muerto, sus cachorros caminan

España, un país con cuatro décadas de dictadura fascista a sus espaldas. Un país olvidadizo, de silencios tensos y amenazas todavía latentes. Un país, en el que muy al contrario que en la mayor parte de las experiencias de gobierno de la ultraderecha en Europa, el dictador y con él su estructura social y de poder, nunca terminaron de marcharse, sino que tan solo se adaptaron a una nueva realidad, a nuevos tiempos. Tiempos en donde el miedo y la violencia, se antojaban menos útiles cuando se ejercían directamente desde el traje militar y en las instituciones. El fascismo español y el propio Franco, se libraron de los pelotones de ejecución, del exilio o la condena internacional, sin que nunca se llegase a pedir perdón por lo crímenes cometidos. La guerra fría, el dólar  y un turismo que poco o nada quiso saber del pasado de nuestro país, renovaron la cara a quienes algún día, también aquí, ensalzaron los peores demonios del ser humano, pese a no llevar, habitualmente, esvásticas en sus pecheras.

La muerte de Franco, supuso el punto y final a la última experiencia de gobierno de la ultraderecha en Europa. Con la muerte del dictador, los que habían aprovechado la mancha de sangre en sus manos y el reino del terror impuesto en dependencias policiales, renegaron de su pasado y convicciones fascistas, en busca de mayores oportunidades en una transición a la democracia, perfectamente orquestada y ejecutada desde las más altas esferas del propio franquismo. No resulto complicado para las grandes familias del fascismo español, el cambio de chaqueta y de convicciones. Muerto el dictador, la idolatría de la burguesía española, encontró en la democracia capitalista y en las oportunidades de negocio que esta ofrecía, el perfecto substituto a un sistema, ya por aquel entonces, profundamente anacrónico como para plantearse pagar un precio por su defensa. Fueron las clases trabajadoras españolas, y especialmente aquellos con un sentimiento de marcada pertenencia al régimen, los que mayor impacto sufrieron con un cambio, considerado por muchos como una traición. Mientras que gran parte de los españoles despertaban de una larga y cruel pesadilla, los pequeños cachorros del fascismo español, se sumían en una decadencia de la que ni todo su odio, sería capaz de rescatarlos. Partidos como Alianza Nacional 18 de Julio o Falange Española de las JONS, que pretendían mantener viva la herencia del dictador, se vieron relegados a la insignificancia en una lucha parlamentaria, en donde la Alianza Popular de Manuel Fraga, plagada de ex jerarcas franquistas, enseguida logro arrebatarles el dominio electoral del franquismo.

Desde Alianza Popular hasta su reconversión en el Partido Popular, el partido hegemónico de la derecha española, ha sabido canalizar hasta el día de hoy, un voto  de marcada ideología ultraderechista, en el seno de un supuesto partido conservador de centroderecha; y lo ha conseguido, con un juego de equilibrios, extremadamente complicado de mantener en muchas ocasiones, en el que la herencia del franquismo, es enaltecida y soslayada a partes iguales. Conscientes de peso relativo de sus sectores más radicales en su balance electoral, desde el Partido Popular, se ha evitado siempre que ha sido posible, hacer una condena en firme del golpe de estado y la posterior dictadura franquista. La exaltación del franquismo, la memoria histórica o las políticas de emigración, han recordado en numerosas ocasiones, el cordón umbilical que hasta hace no demasiado tiempo, unía a muchos de los dirigentes y votantes de la derecha española, con la dictadura. Un sector del Partido Popular, caracterizado por un fanatismo tímido, que dentro de sus electorado, comparten una amplia tipología de prejuicios con sectores de la ultraderecha más radical, pero que se obligan a actuar de manera “igualitaria” o “cívica” por temor a la posible sanción legal o social, que dar rienda suelta a su verdadero planteamiento ideológico, podría suponerles.

La Crisis financiera de 2008, unida al socavamiento de los valores proletarios fruto de la posmodernización, han hecho que la derecha burguesa que hasta ahora había concentrado la mayor parte del voto ultra español, comience a resentirse, fruto del hedor a parasitismo y corrupción, que emanan los partidos políticos y a la sensación de desprotección que muchos ciudadanos comienzan a sufrir, debido a las políticas de recortes y austeridad implementadas desde Europa y aplicadas con total diligencia por el parlamentarismo español. Los jóvenes cachorros de la ultraderecha de nuestro país, más acostumbrados al calor de las cacerías en los estadios de fútbol que a la sierra madrileña, actúan de una forma más directa y violenta que el fanatismo tímido de la derecha española. El odio al diferente y la ideología fascista, lleva a muchos de los jóvenes Ultras a buscar inspiración en movimientos con una clara tendencia a la violencia. Movimientos como HamerSkin, Blood & Honour o Volksfront, suponen una nueva amenaza para el resurgir de la ultraderecha en un país demasiado acostumbrado a su intimidación. La clase media europea, supone el nuevo caldo de cultivo, para todo tipo de extremismos, radicales “islámicos” o nacionalsocialistas, encuentran en el sentimiento de desarraigo de los jóvenes europeos, un caladero perfecto para reforzar sus filas con el odio de quienes carecen de un sentimiento de pertenencia, más allá del que les pueda proporcionar el poder de su consumo.

Si bien el propio anacronismo de la existencia del fascismo en las democracias europeas, ha logrado hasta el momento contener el atractivo de la ultraderecha para la mayor parte del electorado, experiencias como CasaPound en Italia, Amanecer Dorado en Grecia o el Frente Nacional francés, han demostrado que una nueva ultraderecha, con un rostro de cara el público más amable y preocupado por la situación de clase obrera, puede lograr crecer en una política desprestigiada y enfangada en el cinismo y el populismo mal entendido, en donde los ultras encuentran el caladero perfecto para lanzar su mensaje de odio al diferente. La nueva ultraderecha española, cimenta desde los municipios una base social que pretende acrecentarse al calor de la crisis económica y la desigualdad social. Partidos como E2000 o Democracia Nacional, llevan a las instituciones, el mismo mensaje de odio y violencia que provoca en las calles, más de 4000 agresiones cada año. 

Organizaciones como Hogar Social Madrid, de marcado carácter fascista, reconocen abiertamente el cambio de paradigmas en la ultraderecha española. La defensa de los más desfavorecidos, siempre y cuando sean patrios,  y la ocupación de espacios simbólicos hasta ahora propios de la izquierda, son la nueva táctica de los fascistas españoles, para recabar mayor repercusión social. El Partido Popular y la derecha tradicional española, son para ellos un enemigo más en la búsqueda del poder político, como quedó de manifiesto en la celebración de la última victoria electoral de los de Mariano Rajoy. Hogar social Madrid, parece pretender unificar la hasta ahora fragmentada y enfrentada ultraderecha española. Si bien, las resistencias de ciertos sectores al liderazgo de Melisa Domínguez, resultan todavía patentes en foros en donde se ataca sin piedad su origen y sexo, como factores que la inhabilitan para ejercer dicho liderazgo, algo a lo que la joven estudiante de antropología social y cultural, parece permanecer ajena, apoyándose para ello, en su envenenada dialéctica y en los dorados minutos que los mass media españoles, parecen de manera extraña empeñados en regalarle.

Haría mal la sociedad y las instituciones españolas, en minusvalorar la amenaza de una alternativa unificada de la ultraderecha en nuestro país. No debemos olvidar, que la mayoría de la derecha española, se integro en la democracia con el anhelo de mantener la paz y seguridad que en su fuero interno, todavía justifican el alzamiento de 1936 y la posterior dictadura franquista. Por ese mismo motivo, la violencia propia de movimientos ultraderechistas de carácter Skin Head o neonazi, se ha encontrado hasta el momento, con serias dificultades a la hora de lograr un soporte electoral firme. Queda por ver si una hipotética alternativa más adaptada a la nueva realidad de la ultraderecha europea, cimentada en la islamofobia y el rechazo frontal a la emigración, podrá ocupar su espacio, en un país en donde la derecha nunca ha renunciado definitivamente al recurso de la violencia, y en donde cada día, la derecha obrera, muestra más desencanto con una democracia a la que culpa de la acuciante perdida de valores y de poder adquisitivo de las clases medias y bajas.

Lucrecia Pérez, Hassan Al Yahami, Guillem Agulló, David Furones, Aitor Zabaleta, Carlos Palomino…nombres que ya no están entre nosotros, y que deben prevenirnos y hacer más presente que nunca, la verdadera cara de la ultraderecha española.

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Autor: @SeijoDani

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La independencia amordazada

“El nacionalista no sólo no desaprueba las atrocidades cometidas por su propio lado, sino que tiene una extraordinaria capacidad para ni siquiera oír hablar de ellas.”

George Orwell

Hace tiempo que entre Cataluña y España, se juega a un juego demasiado peligroso. Un juego de tensiones, de orgullo, un juego de peones y reyes, de condados y reinos. Una partida tensa y eterna; a la par que fútil, para quienes tarde o temprano, deberán pagar sus consecuencias. La de la política como entretenimiento, como un espeso telón destinado a cubrir nuestros ojos y nuestros bolsillos, ante el continuo saqueo de unas élites económicas, capaces de parapetarse por igual, tras la estelada o la rajoigualda, según sus intereses vayan en ello. La Diada del año 2012, suponía el cenit de un proceso histórico, para infinidad de catalanes que veían en su tierra, el nacer de una joven nación. A la vez que fue recibido como una fuerte conmoción, para un viejo reino de trato alejado e inquisitorial con sus territorios. Una corona y un sistema enfermo, que pretende a costa de todo, conservar el control del territorio. El recurso del PP contra el Estatut, sumado a la conjunción de crisis económica y social, propició un caldo de cultivo ideal, para una idea, la de la huída hacia delante, que poco antes suponía poco menos que una quimera para los catalanes. El proceso de ruptura de Cataluña hoy, se trata mucho más, de las crónicas del abandono de un hogar desestructurado, que de las de una feliz y planeada independencia.

Elecciones anticipadas, declaraciones de soberanía, consultas, organismos consultivos e incluso la reedición del pacto Ribbentrop-Mólotov, entre Mas y Junqueras de por medio. Han dado lugar a una sociedad polarizada, adormecida y unida únicamente, en el hartazgo con un proceso estancado en trincheras culturales y políticas de escasa profundidad. En nada se diferencian las tácticas o argumentos de la oligarquía de uno y otro bando. En nada se diferencian, pues su proyecto es el mismo, con un final diferente según el color del bolsillo. No se trata desde Cataluña de reivindicar el camino de una Generalitat de Cataluña, aguerrida con su pueblo ante las dificultades. No se trata tampoco de levantar una vez más los gritos de la anarquía en sus callejones o en sus pueblos, ni del ejemplo de la resistencia y la lucha contra la represión del fascismo y el orgullo de la cultura cuando una lo siente como propia, aunque se la quieran hacer ver extraña. Tampoco se pretende desde España evitar el desastre para Cataluña o los catalanes, no se actúa por responsabilidad institucional o deber de estado. Sino que se hace casi como por inercia, sin reflexión, ni alternativa. Se decide y se impone. Se trata de un juego de previsiones y de cifras, de números y nombres. Se trata de ladrones acusando de ladrones a otros ladrones. Un sin sentido, un trabalenguas de complicada digestión  y escasa recompensa para quién lo encara, pero de vital importancia para quién se empeña en pronunciarlo.

La Cataluña de la burguesía catalana, es la Cataluña de los recortes, la del pago de la deuda. Una sociedad de vida austera, con solemne pomposidad en sus altas esferas. La Cataluña del Porsche y la del ciudadano medio. Un país liberado de su metrópoli, pero no de sus cadenas, en forma de bancos y privatizacionesUna nación maniatada desde su nacimiento, un triste final, para un vacilante principio.

Conozco bien, la impotencia de quién sintiéndose parte de una nación diferente a la española, tiene que compartir su reino. Conozco los desprecios a la lengua, la cultura o la historia de sus ancestros. El pesado yugo de la historia de un país, todavía demasiado atemorizado ante la perdida de su imperio, como para replantear su propia territorialidad. Un complejo de anochecer prematuro, en donde nunca se creyó se pondría el sol.  El desafío independentista a Madrid, supone un nuevo reto, para una democracia joven e inestable. Un sistema con unos partidos más acostumbrados a evocar las pasiones y el sentimiento que la razón o el pacto social. Una política muy diferente a la economía, en donde el estado neoliberal, parece ser el único claro vencedor de uno u otro proyecto. No dudan ni por un instante en Madrid o Barcelona de la clara posibilidad de alcanzar pactos , cuando la verdadera estabilidad vaya en ello.  

Al igual que anteriormente lo supuso el terrorismo de ETA, la amenaza secesionista desde Cataluña, supone una baza política más en un estado con un evidente doble juego. Conocen desde el PP las claras ventajas en términos de rédito electoral que en el conjunto del estado, supone una Cataluña amenazante, enrocada. Una tensión que desde al derecha española vaticinan como molesta, pero ficticia. Un farol a todas luces, demasiado evidente en el seno de la Europa actual. Precisamente en esa inmediatez puede residir la falta de miras del estado español. Suceda lo que suceda el proceso secesionista, el independentismo parece ganar. De llevarse a cabo con éxito, dará como resultado o bien una Cataluña independiente o la palpable sensación de una sociedad, retenida contra su voluntad, en el marco de un estado de probada intransigencia. 

Mientras el día a día de este juego se desarrolla entre acusaciones de quién adoctrina a quién. Madrid y Cataluña, siguen suponiendo dos caras de una misma moneda. Dos estados, naciones o regiones, llámenle cada uno como quieran, como sientan. Dos pueblos, atados a un sistema devorador de culturas, de lenguas, de tradiciones y pasados. Un culto al engaño y a las acciones políticas de falsa bandera, que aprovechan nuestras más profundas pasiones, para incidir en lo que nos diferencia y nos enfrenta, frente a la verdadera unión de necesidad. La independencia de quien ha vendido al mejor postor sus derechos o su tierra, supone a todas cuentas, una independencia amordazada.

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Autor: @SeijoDani

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental. 

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Larga noche de reyes

Cuando el 14 de abril de 1931, Alfonso XIII huyó de España, lo hacía consciente su derrota y de la derrota de una monarquía que había reinado en España, entre las sombras del caciquismo, la desigualdad y un clientelismo que junto al ejercito y a la iglesia, habían sostenido a una dinastía; la de los Borbones, que llegaba a su fin con el advenimiento de la democracia republicana en España. La monarquía, que históricamente había cimentado su poder, en una oligarquía en franca decadencia y en un sistema político corrupto, veía como la voluntad popular, expresada en las urnas pese al caciquismo y la cultura política del turnismo, rompía con el sistema, para expulsar a un rey y a una corona arcaica e incompatible, con las ansias de libertad y igualdad de la sociedad española.

Huía el rey de España de la democracia, del cambio y de las ansias de igualdad y progresión de su pueblo. Huía Alfonso XIII aquel 14 de abril de 1931, como ochenta y tres años después lo haría otro Borbón, esta vez acorralado por su propia decadencia y la de una familia de supuesta sangre real, pero con vicios y tentaciones tan mundanas como las de cualquier otro. A la renuncia del ciudadano Juan Carlos de Borbón, no le siguieron las banderas republicanas en las plazas, ni en los balcones. Tampoco lo hicieron las declaraciones institucionales de ruptura de los partidos republicanos o las exigencias del colectivo obrero y estudiantil para dotar a la jefatura del estado de un derecho por encima del de la sangre de una sola familia. A las disculpas y la renuncia de Juan Carlos, le siguió el silencio, apenas roto por el torpe murmullo de impotencia de una izquierda inoperante y temerosa del recuerdo de la bandera tricolor. El silencio y su hijo, el legítimo heredero, eso al menos dice proclamar su sangre y una constitución heredada del dibujo de estado de un dictador al que la monarquía y sus defensores, siempre apoyaron en su cruzada contra la democracia y la legitimidad republicana.

Llegó Felipe VI al trono como llegaban los antiguos monarcas a sus coronaciones, con solemnidad institucional y grandes promesas de cambio, promesas de regeneración política, de igualdad ante la ley y de justicia, que a día de hoy nada suponen para un pueblo que inmerso en la cruenta lucha del día a día, todavía sigue sin reconocer su condición de súbdito. Las cacerías en Botsuana, los amores y desamores en casa real con paraísos fiscales de por medio o el caso Nóos y la acusación a la infanta Cristina e Iñaki Urdangarin…suponen tan solo pequeñas piedras en un camino, el de la monarquía en España, facilitado por el miedo a su alternativa. Después de todo, somos un país educado en el miedo a la República, un país en el que la sangre de los vencidos sigue sin valer nada, mientras la sangre de los vencedores, puede llegar a valer un reino.

 

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Autor: @SeijoDani

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Un marco para España

La causa mayor de revoluciones, es que mientras las naciones avanzan al trote, las constituciones van a pie.

Thomas Macaulay

38 Años de una constitución tan necesaria en su momento, como obsoleta resulta hoy para una España, que treinta y ocho años después, mira a ese antiguo tratado, como un flotador al que tan solo se aferran quienes por ansias de poder o por miedo al futuro, se niegan a aceptar el cambio. En 1978 Pinochet preguntaba por democracia en dictadura, el Frente Sandinista se levantaba contra la dictadura de Somoza, ETA asesinaba a 64 personas, nacía Didier Drogba y el Liverpool se hacía con la Copa de Europa, al derrotar en una complicada final, al Brujas por un gol a cero. Un mundo y una España diferentes, los que sobreviven a un texto, que si bien se ideo como un medio capaz de regir nuestros destinos, por un período de tiempo prolongado, mediante el subterfugio de las continuas reformas constitucionales. Hoy se denota insuficiente, ante una realidad, la de nuestro país, que ha superado con creces los miedos y tabúes con los que nacía nuestra remota Carta Magna.

Aspectos como la cuestión territorial o la corona, demuestran a las claras que los tiempos han cambiado en España. Ya no se habla de la República, exclusivamente con un tono de añoranza o venganza, sino que para un país aparentemente democrático, la casa real, resulta ya escandalosamente anacrónica, por su sentido y por sus formas, incluso para muchos de sus hasta ahora más firmes defensores. Una institución poco dada al cambio, en donde atuendos y formalidades más mundanas, pretenden dotar de un aire nuevo a un clan familiar, en el que en virtud del artículo 57.1 de nuestra constitución, la prevalencia del varón sobre la mujer en la sucesión al trono, sigue suponiendo un insulto a la igualdad de género, dentro del mayor insulto que para el conjunto de la ciudadanía, supone el acceso a la jefatura del estado por mera herencia familiar.

Tampoco en lo relativo a la cuestión territorial, supone una mayor ayuda nuestra Carta Constitucional. Desde la amenaza directa de rupturismo de  Catalunya, hasta el sentimiento nacional, en la actualidad políticamente más moderado de Euskadi, Galicia o Andalucía. La realidad del equilibrio centralista, parece haber tocado a su fin en nuestro país. Urge para ello, alcanzar la capacidad de dibujar una hoja de ruta que permita crear las condiciones para una representación federalista en España. Urge por tanto, rescatar al Senado del ostracismo, para una vez liberado de su condición de cementerio de elefantes, dotarlo de la capacidad de convertirse en una verdadera cámara de representación territorial, que logre persinificar las diferentes identidades nacionales de nuestro país e imponga los límites entre las esas identidades nacionales y la identidad particular que supone el conjunto del estado Español. No podrán posponerse eternamente la consultas soberanistas en España y cada negativa a un plebiscito como búsqueda de alternativas, supone un paso de cara a una ruptura unilateral de las diferentes identidades nacionales del estado.

Una Constitución con claras lagunas en su conexión con la realidad social, y en donde la una ley electoral más representativa o la protección de los derechos sociales como derechos fundamentales de todas y todos los españoles, se presentan como necesidades inherentes a la democracia de nuestro país, que deben ocupar un espacio central en un acuerdo que fruto del inmovilismo político, sigue bloqueando un cambio necesario desde el parlamento y a su vez, exige un mínimo de 500.000 firmas para dotar de voz política directa a los ciudadanos.

Comienza la Carta Magna española a evidenciar sus muchas carencias. Carencias propias de un documento que representa la voz de un pacto de otro tiempo, de otra realidad. No debe existir por tanto, miendo a la reforma constitucional en una sociedad democrática, al igual que no debe suponer nunca; una constitución, un marco inmovilista para una sociedad con necesidades cambiantes, como lo es la sociedad española.

El punto de ruptura entre la nueva y la vieja política, el desafío territorial y de concepción del estado, la nueva estructura europea, las relidades migratorias o la clara necesidad de un nuevo pacto generacional. Son solo algunas de las cuestiones que acucían a nuestro país a reformular la ley fundamental que debe regir los derechos y deberes de todos los españoles. Es hora de que sea nuestra propia voz, la que de forma y no tan solo validez a la configuración de una nueva Constitución.

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Autor: @SeijoDani

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental. 

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Muerte entre las flores

El que tiene mala memoria se ahorra muchos remordimientos.

John Osborne

Acuamed, Baltar, Gürtel, Cooperación, Fabra, Brugal, Taula…una larga enumeración de casos de corrupción que se prolonga, hasta completar la ominosa cifra de 31 tramas investigadas, con más de 500 imputados en las filas del Partido Popular. Unos nombres, pertenecientes a tramas de corrupción, ya enquistadas en la realidad de una formación política que gobierna nuestro país; pese a ello, con el apoyo de gran parte de la ciudadanía. Al menos, con el de una base de votantes, que se mantiene fiel pese a los continuos desengaños de quienes dicen representarlos en las instituciones.

Si bien pudiese parecer a tenor de los resultados electorales, que vivimos en un país en el que la corrupción no pasa factura a las distintas formaciones políticas. Un vistazo en profundidad a la realidad de esas mismas formaciones, comienza a revelarnos lo incorrecto de una afirmación tan extendida. Si bien es cierto que en la realidad inmediata, el castigo es laxo y los votantes parecen guiarse en gran medida, por sentimientos de pertenencia a una formación política o por el miedo que las alternativas a dichas formaciones, parecen todavía provocar en el electorado. El germen de la corrupción es un parasito que se incrusta, en un principio no tanto en las urnas, sino en la dinámica de los propios partidos.

El político corrupto, ha supuesto una figura totémica en la política del partido, un símbolo aglutinador de las practicas de un colectivo, sobre el que se estructuraban las relaciones de poder de toda una formación. Una guía del bien y del mal, superior a la ética o al propio poder judicial. Cuando uno pasa a formar parte de un entramado como el del caso Taula, en donde quién ha estado 23 años en la alcaldía de Valencia, parece desenvolverse con idéntica soltura, entre el pitufeo interno de su partido que en los pasillos de las instituciones, el límite entre lo moralmente reprobable y lo aceptable, parece diluirse ante la percepción de un bien mayor, el del partido. El mismo bien mayor, por el que cuando salen a la luz los casos de corrupción del partido, enseguida comienzan a resonar los tambores en la plaza, se prepara la comunión para los implicados y la guillotina se engrasa a la espera de un minucioso análisis de riesgos. Tan solo el conocimiento puede salvar al corrupto. Tanto conoces, tanto vales. Es la realidad en un mundo, en donde el secretismo y los favores políticos, se confunden con una supuesta lealtad a la formación de cara a los medios.

Son muchos, los falsos ídolos caídos en la política en España, pero quizás ninguno represente tan bien la doble moral de éste juego, como lo ha hecho la figura de Rita Barberá. Quién lo fue todo en la política valenciana del Partido Popular y quién ayudo a aupar al Mariano Rajoy al cargo que hoy ocupa, vio como ante la amenaza de la corrupción, sus supuestas amistades y con ellas el partido en sí mismo, no dudaron ni por un instante, en aplicar a su figura, la cuarentena propia de la política de tierra quemada.

No quedó tras la caída electoral y judicial de la eterna alcaldesa, nada tras de sí. Quienes hasta ese momento la habían arropado en su partido, la abandonaron y poca amabilidad podía esperar, y seguramente esperaba, Barberá por parte de quienes hasta ese momento había sometido a una oposición perseguida durante su mandato. Vivió Rita Barberá en sus propias carnes la caída de un símbolo y la soledad que le sigue. Arrojada al ostracismo de quienes tienen demasiado que callar para ser públicamente crucificados, pero han dejado escapar lo suficiente, como para poder continuar en la élite de la tribu. Rita Barberá pasó sus últimos días intentando adaptarse a un papel complicado, el de desterrada. Desterrada de una formación que había ayudado a levantar y en la que ahora las nuevas generaciones no tenían ningún reparo en mostrarla como una paria, un ejemplo de lo que ese partido, nunca debería ser.

Tras su muerte, Rafael Hernando y con él, su partido, han blandido de nuevo la figura de Rita Barberá, como símbolo de injusticia, para intentar con ello, no solo tirar por tierra los escasos avances en materia de lucha política contra la corrupción, en un país en donde han sido saqueados por la misma, más de 7.500 millones de euros, sino a su vez y aprovechando la conmoción propia de un fallecimiento (Algo a mi parecer propio del carroñerismo más rastrero) lanzar una ofensiva contra todo aquello que pudiese ser considerado disidencia, sea ésta interna o externa.

Las injurias son las razones de los que tienen culpa.

Jean Jacques Rousseau

Tras apartar, sino exiliar de la vida política a quién fuese máxima representante del partido en Valencia, Rafa Hernando como Consigliere de la tribu, pronto comenzó una política de propaganda, como siempre encaminada a proteger el bien mayor, recordemos: el partido. Ya no era Rita Barberá una paria, sino una mártir, y tampoco era la higiene democrática lo que había llevado al PP a su confinamiento en el grupo mixto del senado, sino las ansias de protección frente a una horda de medios de comunicación que exigían responsabilidades a quién por otra parte, entre otros muchos, debía asumirlas. Olvida Rafa Hernando en su campaña de depuración las hemerotecas, las olvida o simplemente no quiere hacer caso de ellas. En su afán por pasar factura no solo a los medios, sino también a los nuevos cargos, que desde dentro del Partido Popular, quisieron renegar de las viejas prácticas y sus grandes exponentes en partido, el portavoz del PP, es plenamente consciente de formar parte de una formación sin militancia, al menos sin una con la suficiente fuerza en su voz, como para poder suponer un cisma en la reacción ante tales acusaciones. No existirá el debate formal acerca de las reprimendas moralizantes que desde su tribuna lanza el orador Hernando, como tampoco existirá quien pida explicaciones acerca de los motivos que llevaban al presidente del gobierno, Mariano Rajoy, a mantener el contacto con una imputada por un supuesto caso de corrupción, como lo era la señora Barberá.

Pretenden desde el PP verter un rastro de culpabilidad sobre quienes tan solo informaron de su desfachatez, de sus corruptelas. Pretende Rafa Hernando y su partido dar macha atrás en sus ya escasos movimientos contra la corrupción, convenciéndonos de que la muerte de Rita Barberá ha supuesto un claro ejemplo de las consecuencias de la extralimitación mediática.

Desconozco las causas que han llevado al corazón de la señora Barberá a no soportar más el peso de la vida, desconozco las mismas y fuesen cuales fuesen lamento la perdida de su familia. Ninguna muerte debe suponer un alivio para quién dice amar la vida. Desconozco la causa de su muerte y no por ello, me veo condenado de alguna manera a obviar los errores de su vida. Pretenden desde el Partido Popular, hacer borrón y cuenta nueva, silenciar la voz de la justicia, pretenden desde el PP convenceros de nuestra implicación en una muerte, en la que de existir responsabilidades, se asemejarían más a las de una muerte entre las flores.

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Autor: @SeijoDani

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental. 

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Ha muerto Fidel

«¡Ése es el pueblo, el que sufre todas las desdichas y es por tanto capaz de pelear con todo el coraje! A ese pueblo, cuyos caminos de angustias están empedrados de engaños y falsas promesas, no le íbamos a decir: “Te vamos a dar”, sino: “¡Aquí tienes, lucha ahora con todas tus fuerzas para que sean tuyas la libertad y la felicidad!”

La Historia me absolverá

 

Sobrevivió Fidel a más de 600 planes de asesinato por parte de la inteligencia americana, y poco podían imaginar en aquel entonces, los que  con tanto empeño lo intentaban asesinar, que no se podría hacer desaparecer su semilla. Eso supuso Fidel Castro para muchos: un líder, un revolucionario, un combatiente; pero ante todo, un maestro y una semilla de esperanza, para quienes alguna vez se sintieron oprimidos por un mundo, que pese a la crueldad de las revoluciones, las hace parecer justas y necesarias ante los ojos de los más desfavorecidos. Un mundo y una realidad que cambió mucho desde el asalto al cuartel Moncada, la partida del Granma, las infinidad de travesías en la montaña o los tiempos del periodo especial. Un mundo que bajo la mirada de Fidel Castro vivió realidades como el fin del régimen del apartheid,  el final de la guerra fría o el inició de la que sería llamada guerra contra el terror. Donde infinidad de personalidades, adaptaron su biografía y su pasado a los nuevos tiempos, pero en donde al comandante Fidel Castro, se le seguiría juzgando siempre, bajo la lupa de un conflicto ya olvidado y que hasta hoy, todavía ahoga a la isla con un bloqueo inquebrantable.

Sin duda, son muchas las miradas con las que  uno puede acercarse a la realidad de Cuba y con ello al legado de los Castro y la revolución. Muchos datos, muchas realidades y no menos mentiras y manipulaciones, si bien nunca en igual medida, vertidas desde ambos bandos de esa guerra eterna entre dos concepciones diferentes del mundo.

Nadie que hoy critique a Fidel Castro, debiera olvidar el motivo del inicio de su lucha. Una razón, nacida un 10 de marzo de 1952. Día en que Fulgencio Batista, ponía fin al orden constitucional, derrocando al gobierno democrático de Carlos Prío Socarrás y dando comienzo a una dictadura que convertiría a la isla, en el “traspatio” de los Estados Unidos. Una extensión del poder norteamericano, en donde el juego y la prostitución dotaban de suntuosos beneficios a personajes como Meyer Lansky y Lucky Luciano. Ambos, miembros destacados del crimen organizado de un país que como declaró el propio Earl T. Smith; ex-embajador de los Estados Unidos en Cuba, ante su senado, poseía tal control sobre la nación caribeña, que la voluntad del embajador estadounidense podía equipararse, sino superar, a la del propio presidente cubano.

Hoteles de lujo, clubes de strip-tease, casinos, lugares turísticos y grandes cantidades de tierras cultivables, que suponían una realidad de la Cuba prerevolucionaria, gestionada entre corruptelas y violencia, por gánsteres americanos en convivencia con los funcionarios de la dictadura y el beneplácito del propio Imperio. Tras ello, sería tiempo para la historia de un pueblo: el asalto al cuartel de Moncada, el viaje a México, donde los destinos de Fidel y Ernesto Guevara se unirían para siempre y el esperado 1 de enero de 1959 con la entrada de los barbudos en La Habana.

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Personalmente, escribiría mi visión de Cuba, con dos anécdotas sucedidas durante mi última estancia en la isla. Ambas sucedidas en uno de esos paseos sin guía, ni horarios por sus calles. En lo que supone un viaje de verdad, sin una idea concreta de la realidad de Cuba, sino con el miedo y la esperanza que produce en un joven idealista el encontrarse con los ojos abiertos por primera vez ante una visión diferente a la de las grandes ciudades occidentales. Una realidad anclada en una construcción antigua y deshilachada. Golpeada, pero no por ello peor, ni mucho menos falta de encanto o de atracción. Una isla que resultaba distópica para muchos y una utopia en lucha para otros tantos.

Uno de los mejores lugares para conocer la pulsión de un pueblo, seguirá siendo siempre una vieja taberna. Alejada de los locales de moda del lugar y oscura. A veces vacía y a veces en silencio, pero nunca durante demasiado tiempo cuando comienza a pesar el alcohol. Fue en ese entorno en donde me encontré por primera vez con Vladimir, un joven cubano que pese a su nombre, poco o nada sabía o quería saber del viejo líder soviético. Tan solo le interesaba su cercano viaje a Italia para reunirse con su hermana y la ropa. Medio éste, por el que a través de los turistas, podía conseguir a duras penas distinguirse ante las chicas de su barrio a las que tan continuamente y de forma tan abusiva, nos ofreció durante nuestra estancia en la isla entre copas de ron envuelto en plástico y unos puros a los que todavía hoy, asocio inevitablemente con las noches de La Habana. Hablamos de coches, viajes, y sueños. Los sueños de lo que un joven cubano creía era España, simples sueños en realidad. Castillos en el aire, cimentados por quién entre la cautela de los Castro con el exterior y las fanfarronadas de los turistas extranjeros, había llegado a ver en un mero turista español cualquiera a un patentado. Poco podía imaginar mi viejo amigo Vladimir de mis esfuerzos como estudiante e hijo de agricultores para comprar ese billete a su realidad, ni lo que supuso en privaciones y esfuerzos ese viaje en los meses posteriores a mi regreso.

Pronto se derribaron los muros que todavía en aquella cantina cubana, separaban al viejo sistema comunista cubano de occidente. Se dibujaba nuestro particular puente Glienicke  entre cigarrillos, alcohol y esa música de Carlos Puebla que tanto nos gusta a los extranjeros y supongo también a los cubanos, al menos a alguno de ellos. Una música, capaz de convertir durante su embrujo, en un ferviente revolucionario, hasta al más rancio representante de lo políticamente correcto. Tal y como hace poco, reconocía el mismísimo ex ministro Margall0 en una tertulia televisiva, en líneas generales, poco apenada con la muerte del Comandante.

En medio de una de esas canciones, que hablaban de otro tiempo para los cubanos, mi inseparable compañero de viaje y fiel amigo con el que compartí aquella experiencia, quizás ya embriagado por ese ron que decía ser el mejor de Cuba por su botella de plástico (“Si se cae no se rompe muchacho” ¿Quién podría negar una evidencia así?) decidió interesarse por la música cubana. En ese momento, nuestras realidades se dieron de bruces con una verdad inamovible, y es que cada persona es un mundo y representa un mundo es sí mismo. Supongo que poco podía esperar nuestro amigo Vladimir, que tras sacar su modesto celular; encadenado a las prestaciones de la dictadura tecnológica en la isla de Cubacel, para intentar compartir vía bluetooth las melodías que hasta ese momento sonaban en un viejo televisor. La respuesta de esos dos orgullosos trabajadores españoles que ante el se encontraban, fuese la de dos desarrapados tecnológicos que en un caso desconocían y en otro directamente carecían de tan brillante tecnología en sus teléfonos móviles. Todavía hoy  recuerdo la respuesta “De verdad tienen que estar las cosas mal en España” La tecnología del ocio nos había condenado a la pobreza o puede que también en Cuba, lo hubiese hecho nuestro nivel de consumo. Pronto le explicamos a nuestro camarada e interlocutor cubano, que ciertamente la obsolescencia de mi amigo correspondía más a una cruzada personal contra los rigores del mundo moderno, que a la realidad de una España, ya por aquel entonces totalmente sumergida en la tónica mundial del consumismo de las nuevas tecnologías.

Comenzó entonces una conversación sobre desahucios, especulación inmobiliaria, las condiciones de trabajo en multinacionales suecas del mueble por las que en aquel entonces trabajaba mi compañero de viaje y otras realidades que se abrieron paso poco a poco entre el humo de los habanos y la incredulidad de los parroquia cubana que en aquel momento, y atraídos ya por las historias de esos cuentacuentos capitalistas, abarrotaban la pequeña taberna en donde comenzaban a escasear alarmantemente las reservas de cerveza y el pollo con arroz. Poco o nada querían creer de ese país que tenía casas vacías mientras sus habitantes dormían en las calles y mucho menos de un país en donde las condiciones de trabajo superaban con creces a las horas y el esfuerzo que muchos cubanos consideraban necesarios para llevar una vida plena. Concluyó nuestro primer acercamiento al debate sociopolítico en Cuba, con una afirmación tan tajante como cierta: “Si yo tengo que trabajar tanto y tan duro… ¿Para que quiero un televisor nuevo si no tengo tiempo para disfrutarlo? me voy al malecón con mi botella de ron” El que hablaba era José Trinidad, camarero de esa taberna decorada con bufandas y banderas del Athletic en donde nos encontrábamos ya en plena madrugada habanera y hasta ese momento, mero observador de la conversación.

Guardamos silencio y simplemente asentimos, antes de adquirir una última botella de ron y dirigirnos al malecón. Un lugar de huída para muchos, también para nosotros en ese momento. Dos jóvenes europeos en aquel entonces con escasas perspectivas de futuro y que nos hubiésemos conformado con la tranquilidad y la vitalidad de una ciudad que pese a estar cayéndose a trozos, continuaba levantada y orgullosa ante quién tan duramente la golpeaba.

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A todos nos terminará juzgando la muerte. Tras la marcha de Fidel, muchos han celebrado la suya en embajadas o sobre coches regados de licor en las calles de Miami o en Madrid. No se echará de menos a Fidel en los consejos de administración de ninguna empresa, ni lo harán las grandes compañías armamentísticas, las petroleras o alguna de esas coaliciones “libertadoras” en Medio Oriente. El legado del comandante cubano, deberá pervivir, en una pequeña isla del caribe reina del beisbol, doctora del mundo y maestra de revolucionarios y personas desfavorecidas de medio mundo. Un proyecto colectivo que fue capaz de adelantarse a los indices de bienestar social marcados en la agenda de la ONU para 2015 y con una clara proyección internacionalista. Una pequeña isla  con las mejores condiciones para la maternidad de América Latina, sin casos de desnutrición severa registrados y con subsidios y gratuidades  dedicados a costear en parte los alimentos, el transporte, teléfonos, agua, electricidad, la Salud Publica y la Educación de sus habitantes.

Suponen para Cuba y su revolución, sus  principales victorias, las logradas en los campos de la educación y la salud pública, campos estos en los que hasta sus enemigos le han concedido su justo reconocimiento. Un país sin un solo niño en la calle, con una enseñanza primaria universal y en donde el 63% de las plazas universitarias en están ocupadas por mujeres. Un país con un bloqueo por una guerra de la que no formo parte militarmente y de la que no debe sentirse culpable de librar una dura batalla ideológica. Supone el bloqueo estadounidense una perdida estimada para la economía cubana, según su propio gobierno de unos 116 mil 800 millones de dólares. Una realidad la del bloqueo americano a la isla, que refleja fielmente la necesidad de someter al enemigo, a todo el que se pueda permitir pensar diferente. Suponer un ejemplo.

A partir de mañana se dedicarán casi tantas páginas contra Fidel, como elogios han dedicado las rotativas y los comunicados de Occidente a dictadores y tiranos de toda índole, con suficiente petróleo, como para silenciar nuestras conciencias. Pero si podemos estar seguros de algo, es de que pese a todos lo mares de tinta que puedan correr, no quedará tras Fidel, ningún Daesh, ninguna guerra extractiva, ni los grandes casos de corrupción bajo su mandato a los que nos hemos acostumbrado en la política de Occidente.

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No todo fueron logros en la revolución cubana, uno pronto comprueba en el sentir de sus calles el eterno compás de sus obras, el surrealismo de su transporte interurbano o la ineficacia de quién quiere alejar a la juventud de la perversión de occidente, pero se ve incapaz frente al peso de las divisas.

Desconozco en que momento exacto conocí al protagonista de mi segunda anécdota cubana y desconozco también su nombre. Soy incapaz de recordarlo y mentiría si dijese lo contrario. Tan solo puedo recordar el trayecto por unas calles escasamente iluminadas pero llenas de vitalidad y una rara sensación de seguridad. Cuando uno camina lo suficiente por cada rincón de La Habana, pronto se percata de que los robos o las agresiones no son algo que realmente deba temer de los cubanos, no puedo negar versiones de algún accidente aislado, pero desde luego, aquella noche y para ser sinceros, en mi estado, no podía imaginar un lugar mejor por donde pasearme con un cartel de extranjero colgado sobre mi espalda. Era nuestras última noche en La Habana y tras encontrarnos con unas compatriotas gaditanas al principio de la misma, nos dirigíamos con ellas y con uno de sus amigos cubanos a una fiesta en un hotel, del cual supongo no os sorprenderá, que no recuerde el nombre. Cruzamos las calles de la Habana haciendo paradas en cada rincón, como intentando empaparnos de la isla antes de partir a nuestro bloque de la realidad. Sus bares, sus perros callejeros, los paladares y ese sin fin de vehículos y personas que animan una noche, la cubana, que todavía brinda más protagonismo a la luz de los cigarrillos que al deficiente alumbrado público.

Como he dicho antes no recuerdo el nombre de nuestro anfitrión cubano, le llamaré Miguel por comodidad y porque pese a mi mala memoria para los nombres, apostaría firmemente a que ese es el nombre con el que se presentó. Miguel era hijo de un reconocido doctor cubano y de una profesora de la facultad de Derecho de la Universidad de La Habana. Un joven culto, con una conversación agradable y siempre dispuesto a aportar algún dato curioso o brillante sobre la historia y los logros de un país, del que uno no sabia si estaba en mayor medida orgulloso o hastiado de su simple existencia. Sentados en un enorme patio sevillano mientras disfrutábamos de la música y la templanza de los mojitos, hablamos de todo lo que un joven cubano puede hablar cuando se le pregunta con verdadero interés por conocer sus respuestas. Hablamos de política, de la revolución, de Fidel, pero especialmente recuerdo hablar esa noche de Camilo Cienfuegos. Miguel sentía especial devoción por Camilo y por lo que pudo ser y no fue. Se dirigía a Fidel y Raúl como los barbudos con un tono claramente despectivo y rencoroso, pero cuando se decidía a loar ante sus interlocutores los logros de su; pese a todo, querida Cuba, el nombre de Camilo parecía servirle como una especie de catalizador entre una revolución que pudo ser, pero que para muchos cubanos nunca había culminado. No quiero decir que Miguel tuviese razón en sus planteamientos, y ni mucho menos comparto sus teorías de la conspiración revolucionaria o algunas de sus severas criticas a un personaje, Fidel, que al contrario que Camilo Cienfuegos o el Ché, si tuvo que hacer frente a realidades a veces, demasiado complejas incluso para un viejo revolucionario. La voz de aquel joven cubano acomodado, era la de una parte de la población que comenzaba a desconectarse de unos mandatarios que bloqueaban sistemáticamente sus eternas aspiraciones de progreso económico y social. Miguel se quejaba del escaso sueldo que su padre, un reputado médico cubano cobraba en su país en comparación con las ganancias de uno de sus tíos que trabajaba como empleado en una cadena de talleres en Michigan. Sus últimas palabras antes de despedirnos camino del hotel fueron “Tan solo en Cuba un médico reputado podría recibir ayuda de un simple mecánico sin estudios, pero tan solo aquí una familia humilde de campesinos como la de mi padre, podría haber sentido el orgullo de formar a su hijo como médico de manera gratuita. Resulta complicada la disyuntiva de querer subir en el escalafón, tratando de no olvidar de donde viene uno”

Cuando uno habla durante un largo tiempo con un cubano, no puede evitar la percepción de dialogar con un pueblo que se encuentra  ante una pregunta vital. Una pregunta sobre la concepción de su futuro, la cual nosotros hace mucho tiempo, tenemos la sensación de habernos equivocado en su respuesta.

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Se marcha una figura clave en la vida de todo cubano, un mentor o un enemigo acérrimo. Un hombre que vivió y marcó un siglo desde su propia patria. Con muchas más luces que sombras de cara a un legado, como herencia para los desarraigados de nuestro mundo. Un revolucionario de los que nunca terminan de morir. Con la muerte de Fidel, el futuro de Cuba no es el futuro de  Raúl Castro ni de ningún otro mandatario cubano, ni tan siquiera el del PCC como muchos todavía piensan. El futuro de Cuba será una vez más, el futuro de una nación y de su pueblo. Como siempre ha sido desde que el 8 de enero de 1959, Fidel y sus barbudos bajaran de la sierra para entregar al pueblo una alternativa al modelo impuesto por su vecino del Norte.

Con Fidel se ha ido un referente, una personalidad decidida y entregada, con los errores propios de un ser humano y con los logros y sacrificios que solo un verdadero revolucionario puede encarar. Se va una forma de entender el mundo y con él parte del mundo que con su figura ayudo a crear, un hombre que ha sembrado esperanza y valentía a partes iguales. Sin miedo y con el convencimiento de quién sabe que la historia le dará la razón, hoy me despido de ti comandante.

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¡Socialismo o Muerte! ¡Patria o Muerte! ¡Venceremos!

 

Autor: @SeijoDani

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Contra Franco vivíamos mejor

Cuarenta y un años de la muerte del dictador. Cuarenta y un años de concentraciones y homenajes a su memoria en la plaza de Oriente, cuarenta y un años de olvido y desmemoria. El 20 de noviembre de 1975, España despedía a Franco, a la lucha antifranquista, pero no al Franquismo. Murió el dictador en su cama; con la seguridad de quién falto de descendencia política real, en un occidente en donde las armas ya no podían subyugar a los pueblos, encontró una vía para la continuidad de su legado en la sangre real, en la desmemoria y en la amenaza del ruido de los sables, y el miedo que estos provocaban en una sociedad demasiado acostumbrada al castigo por pensar diferente.

Tan solo viendo en la propia democracia, en la monarquía y en la figura del rey en sí misma, una herencia del caudillo, podremos dar explicación a realidades tan execrables como las que todavía hoy, llenan nuestro callejero con los nombres de figuras como las del General Yagüe, el doctor Vallejo-Najera o el Conde de Mayalde. Nombres escritos en oro en por quienes se encargaron de realizar una transición de vencedores y vencidos, quienes solo tras la muerte de su general, se aventuraron a firmar la paz por Dios, por España y por el Rey. A la dualidad por la que años atrás, justificaron la guerra y el asesinato de sus hermanos y hermanas, se la añadía ahora la guía espiritual de la monarquía como un substituto chirriante para muchos, pero absolutamente necesario, para garantizar el inmovilismo fundamental. 

Comprendieron pronto los poderes fácticos del estado, representados en la banca, los empresarios y terratenientes, la jerarquía católica y judicial, los mandos del ejército y todos aquellos que seguían sustentando la sociedad civil después del fallecimiento del dictador, que el franquismo, no debería morir con el caudillo.

Y llegó el momento del gran cuento, un cuento en donde se nos mostró a un rey impuesto por un tirano, como a un garante de la democracia, en donde la pluralidad de partidos, nació con la amenaza e imposición del modelo de estado y en donde 114.000 desaparecidos en nuestras cunetas y en nuestros campos, fueron olvidados en el que supuso su último sacrificio para dotar a sus hijos y nietos de aquello por lo que siempre lucharon, la libertad. 

Un cuento, supuestamente sin buenos o malos, pero con vencedores y vencidos. En donde las desmemoria institucional, propicia que el dictador repose en un monumento a su memoria, en donde la santa cruz, invita al visitante a elevar la vista al cielo, para lograr olvidar el sufrimiento y dolor de la tierra sobre la que sus pies descansan. Una tierra símbolo de las dos españas que todavía hoy persisten en pleno Siglo XXI. Una España orgullosa y agradecida por la dictadura, taciturna en sus verdaderas pulsiones internas cuando de pedir el voto se trata, pero que todavía hoy, no duda en amparar y proteger el legado de quién sigue considerando padre y mentor de la España moderna. Una España representada en la derecha rancia y radical de Fuerza Nueva, el Movimiento Católico Español, Falange o Democracia Nacional, pero también para que negarlo, en sectores de un partido de gobierno, como el Partido Popular que todavía en 2013, se negaba a que el enaltecimiento del franquismo fuese considerado delito.

Muchos son los que se niegan cuarenta y un años después a mover los recuerdos, posiblemente por miedo a una condena al pasado, pero también a su vez a muchas bases del presente. 41 años de nostálgicos en el poder y en las calles torpedeando las ansias de justicia de tantos y tantas, mientras se empeñan en mantener vivo el recuerdo del fascismo ante la debilidad de un país desmemoriado.

Una desmemoria de lo que supuso para España el franquismo de la que forma parte la propia izquierda y su traición a la lucha antifranquista y a su legado. Una traición firmada y cimentada en un pacto de transición en el que el franquismo, se postuló sin oposición, como alternativa democrática a si mismo. Una hoja de ruta, la de la transición en la que la izquierda se negó a si misma y a su vez, a una tradición ideológica republicana. Una tradición de lucha olvidada en un pacto de silencio que legitimó el legado político, económico y social de la dictadura. Un legado, al que todavía hoy, somos incapaces de condenar en firme en un parlamento ya democrático.

Olvidamos con todo ello del franquismo su verdadero rostro, sus campos de concentración, su fundamentos ideológicos y su cruel represión posterior a la guerra. Pero con ello, nos empeñamos también, en olvidar su legado. Un legado en le que las águilas y los brazos alzados, conviven con las agresiones y la legitimación de los crímenes del pasado. Cuarenta y un años de la muerte del dictador, cuarenta y un años de silencio y olvido que definitivamente van tocando a su fin. Por la dignidad y por los olvidados.

Dedicado a Lagarder Danciu, por recoger y hacer suya la memoria y el orgullo de la lucha antifascista de todo un país. Gracias 

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Autor: @SeijoDani

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental. 

https://www.change.org/p/xulio-ferreiro-calle-berta-c%C3%A1ceres-en-a-coru%C3%B1a