Castillo de naipes

Si alguien dudaba del respaldo de las bases a Pablo Iglesias, Vistalegre II, ha servido para sacarlo de su error. Con el control de 37 de los 62 puestos del Consejo Ciudadano, y un mayoritario apoyo a su labor como Secretario General. El líder de la formación morada, pone fin a una crisis de legitimidad, quizás, demasiado artificial como para haber supuesto un verdadero reto a Iglesias y a su equipo. Las bases han hablado, y lo han hecho, para demostrar una vez más, que si algo no gusta en Podemos, son las injerencias de quienes no consideran los suyos. Se equivocó Iñigo Errejón en las formas y en los tiempos, pero especialmente, se equivocó, el hasta ahora número dos de Podemos, en los apoyos que sumaba, a la hora de respaldar su candidatura para arrebatar la hegemonía estratégica a Iglesias, en una pugna, que poco o nada ha tenido que ver, con el debate de futuro que precisa la formación del cambio. Una lucha, que se ha acercado más, al esperpento típico de la izquierda patria de toda la vida.

El apoyo de los grandes medios de comunicación, y la clara preferencia por su candidatura de la derecha de nuestro país, facilitó la creación de un ambiente de decadencia ficticia en torno al liderazgo de Iglesias, que si bien en el equipo de Iñigo Errejón, lo identificaron como el momento oportuno para plantear un pulso, que ya se venía gestando desde lo sucedido en Madrid, el tiempo, lo ha revelado, como un claro error estratégico en la candidatura del número dos de Podemos. Vistalegre, no era el momento, ni el lugar, para un debate entre bandos. Desde un principio, se apuntó desde la candidatura de Errejón al entorno de Pablo Iglesias como una horda de peligrosos radicales, dispuestos a convertir la asamblea ciudadana, en una checa, donde él y los suyos serían apartados de los órganos de decisión de Podemos. Olvidaban, que ese poder, residía tan solo en los más de 155.000 inscritos que votaron en Vistalegre II, y que finalmente, apostaron por hacer de su alarmista discurso de candidatura, una realidad.

Errejón apostó por el discurso del miedo, el de la izquierda moderada frente al radicalismo. Un discurso que quiso sonar a transversalidad, pero que quizás, ha terminado sonando demasiado a capitulación, a fin de ciclo del movimiento que comenzaba con el 15M. En una candidatura que llevaba por nombre “Recuperar la ilusión” el discurso y los asesores de Iñigo Errejón, han estado siempre más próximos a una postura que permitiese un futuro pacto de gobierno con el PSOE, que a crear una verdadera alternativa política para el votante desencantado de izquierda.

La centralidad en el discurso de los errejonistas del pacto con otras formaciones; en donde el mismo PSOE que había entregado el gobierno a Rajoy, parecía jugar un papel clave, las acusaciones de sus afines comparando a iglesias con  Franco o Sadam Husein o la puesta en cuestión  del pacto con Izquierda Unida, se pueden considerar, los grandes errores de un Iñigo Errejón, que si bien puede acertar con el discurso de la transversalidad, se equivoca en el sentido del mismo. La transversalidad vital para la formación de Pablo Iglesias, ha sido siempre la que se dibuja entre la calle y las instituciones.

Vistalegre II, ha comenzado a definir lo que Podemos quiere ser. Un partido con identidad propia, capaz de sobreponerse a las presiones externas, y en donde los cantos de sirena de posibles pactos con formaciones de la izquierda más aburguesada como el PSOE, no tienen cabida en sus debates internos. Podemos, debe aspirar a crear un nuevo marco teórico propio de su visión de la sociedad. Una línea ideológica y un discurso, capaces de crear un espacio vital propio entre el electorado, que suplante su actual estrategia de adaptar sus postulados a espacios electorales ya saturados e inestables. Por delante, la difícil tarea de lograr integrar la concepción de los errejonistas, en una distribución de poder, que todo parece indicar no les va a resultar favorable. Resultaría chocante, que el defensor intelectual de la transversalidad, se mostrase incapaz de acomodar su visión política a la formación a la cual actualmente todavía pertenece. Aunque cabe recordar, que el juego de estrategia, que sin duda se dibuja en el futuro inmediato de Podemos, es un juego de varios jugadores.

Pablistas, Errejonitas y también una Izquierda Anticapitalista, capaz de mantener la cordura y la estabilidad, en los momentos más duros del conflicto, comienzan a dibujar desde la pasada semana, un Podemos diferente. Un Podemos, en el que ya nadie duda, su cabeza visible: será Pablo Iglesias.

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Autor: @SeijoDani

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental.

https://www.change.org/p/xulio-ferreiro-calle-berta-c%C3%A1ceres-en-a-coru%C3%B1a

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Juego de tronos

Existió un tiempo en el que desde Podemos , se nos lanzaba el mensaje de que su partido, no era “Ni de derechas, ni de izquierdas” sino transversal; una especie de partido para todo, capaz de canalizar la indignación y la rabia, fruto den país con una situación social y económica, realmente insostenible para las clases más desfavorecidas del mismo. Y quizás, realmente durante un tiempo, lo lograran. Al menos, lo lograran con aquellos ciudadanos; no pocos, que se encontraban profundamente desencantados con las continuas desbandadas a las que la izquierda tradicional, los tenía acostumbrados. Durante un tiempo, en el partido de Pablo Iglesias, las cosas parecieron hacerse de otro modo. Viejas reclamaciones, para una nueva izquierda, para nuevas formas. Pero todo eso, ha terminado por desvanecerse. Muchas cosas han cambiado desde aquel primer Vistalegre, en donde la fuerza del cambio que suponía Podemos, celebraba una asamblea constituyente que definiría los primeros pasos de un partido, que se decía “quería tomar el cielo por asalto” De aquellas primeras caras que asumían la responsabilidad de un reto que podría dar vértigo a cualquiera: Carolina Bescansa, Luis Alegre, Juan Carlos Monedero,Tania González…tan solo las de Pablo Iglesias e Iñigo Errejón, siguen actualmente activos en  la dirección de Podemos, y serán finalmente los 456.443 inscritos con derecho a voto, quienes decidan quién será el particular Connor MacLeod de la formación morada.

Llegamos a Vistalegre II con la sensación de tener el paso cambiado, una sensación rara e incomprensible. Como si en nuestro fuero interno, algo nos dijese, que una asamblea que debiera servir para definitivamente definir el rumbo de una formación política, se hubiese transformado, sin que nadie termine de apuntar muy bien el motivo, en una pelea de gallos, un juego de nombres o porque no decirlo de una manera más gráfica, en el típico “a ver quién la tiene más larga” del debate político de la izquierda española de toda la vida (siento una referencia tan machista y ordinaria, pero la política en nuestro país; por desgracia, sigue siendo así, incluso la política del cambio).

No vamos a saber tras Vistalegre II, si la formación morada terminara por definirse como republicana o no, no descubriremos cuales son sus planteamientos definitivos en materia económica o política, ni si la apuesta por una distribución territorial determinada en nuestro país, podrá también definir las relaciones del partido, con las diversas formaciones con las que ha tejido sus alianzas electorales. En la asamblea de Vistalegre, no se discutirá ninguno de estos puntos, al igual que no se hablará de muchos otros temas que seguramente, tendrían un peso mayor en el futuro inmediato de los votantes de Podemos, que el que un simple pulso entre facciones pueda llegar a alcanzar, al menos a corto plazo.

Pero no nos equivoquemos, entre toda esa amalgama en la que se vota por separado a 62 miembros de la dirección, 10 miembros de Garantías, cuatro tipos diferentes de documentos y cuatro representantes de los círculos, el objetivo principal, parece claro: bajar del trono de la izquierda a Pablo iglesias. Probablemente, podría llegar a afirmar sin conocerlo personalmente; pero sin miedo a equivocarme, que a Iñigo Errejón nunca le ha gustado demasiado eso de asaltar el cielo, y que ni por asomo, cabría la posibilidad de que las manos del politólogo madrileño, pudiesen acabar de ninguna de las maneras manchadas de cal en el fragor del debate parlamentario. Iñigo es más de escritorio, que de hospital de campaña, más de Sabina que de Eskorbuto, más de temporizar que de arriesgar y eso está bien, no tiene porque ser malo para la política de un partido, pero inevitablemente tiene sus consecuencias.

Cuando uno escribe sobre la guerra desde un escritorio, en lugar de hacerlo desde el propio campo de batalla, las balas no llegan a rozarlo. Uno no se enfrenta a grandes titulares con su nombre inmerso en toda clase de conspiraciones cada semana, ni pierde amigos o relaciones, por culpa de la tensión de la guerra. Cuando uno cubre un conflicto dede la seguridad de su escritorio, existe tiempo para las metáforas, para los adornos y para cuidar la prosa con la que nos vendemos al exterior. Existe tiempo para intentar agradar, un tiempo, que inmerso en el fragor de la batalla, resulta poco menos que imposible. Cuando uno se sumerge en el día a día político, y lo hace desde la dirección de una formación que ha nacido con la intención de declararle la guerra a los poderosos, no existe tiempo para las metáforas o la retórica, uno vive su día a día como un Vietnam intelectual y personal, sin tiempo u oportunidades para tender la mano a quien apenas se molesta en ocultar el puñal con el que piensa traicionarte.

Dicen los errejonistas y el propio Errejón, que de imponerse en Vistalegre II las tesis de Pablo Iglesias y de su equipo, las posibilidades de ganar al PP se desvanecen, lo desconozco, pero personalmente; soy de los que opinan, que la moderación promovida por sus partidarios en las sucesivas campañas, no ha contribuido precisamente a lograr ampliar la fortaleza de la izquierda, sino todo lo contrario. Pero si realmente el señor Errejón mantiene esa firme convicción, la alternativa se antoja clara: opte usted al liderazgo. Y hágalo con firmeza, pese a no haberlo hecho antes. Pese a no haber liderado el partido en sus primeros pasos, cuando el éxito o el fracaso podía ser enorme, cuando los primeros resultados, llamaban a su puerta como un toro desbocado difícilmente controlable o cuando las alianzas y los pasos a dar no estaban claros para nadie. Hágalo,  si realmente considera que el partido ha comenzado a perder el rumbo, pero si lo hace, debe ser claro con todos nosotros, con usted mismo y especialmente, debe ser claro con Pablo Iglesias, al fin y al cabo, se lo debe.

No tendría razón alguna, el actual líder de la formación a la que ambos pertenecen, para molestarse por un pulso de poder sincero, un pulso en el que postulados y liderazgos se expusieran abiertamente a debate ante una militancia, que sin duda lograría hacer de una experiencia semejante, un acto enriquecedor para el partido. Lo contrario, supone un engaño y siento decirlo, un desprecio para el señor Iglesias ¿De veras quiere convencernos de que una personalidad como la de Pablo Iglesias podría defender un proyecto político en el que no creé?

Comienza el fin de semana y con el, una asamblea con las espadas en todo lo alto y en la que pese a las buenas palabras, solo puede quedar uno. Sabina o Eskorbuto, Iglesias o Errejón, pero después de todo esto, no podrá seguir existiendo un liderazgo compartido. Pero si algo parece quedarnos al menos claro, es que tras una campaña con tanta basura en las redes y en los medios, Podemos debiera definirse definitivamente como un partido de izquierda. Puede que una izquierda nueva en las formas, pero sin duda, heredera en los modos de la típica izquierda fratricida de toda la vida.

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Autor: @SeijoDani

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental.

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