Feminismo o barbarie

feminismo

1. m. Ideología que defiende que las mujeres deben tener los mismos derechos que los hombres.

No existe una alternativa al feminismo, que no sea la de la opresión a la mujer. La de una mundo patriarcal, en donde la dominación de la sociedad por un sexo; el masculino, se cimenta sobre la represión y la barbarie, contra la libertad individual y colectiva de las mujeres. La única alternativa al feminismo, supone aceptar el machismo. Un sometimiento de género, dibujado culturalmente en la subordinación cultural y productiva, el adoctrinamiento educativo o en el propio ocio; pero también, en  las violaciones grupales, la trata de blancas o el matrimonio infantil. Una triste realidad, la de la desigualdad y la violencia, que día a día, limita el desarrollo personal y profesional, de mujeres alrededor de todo el mundo.

Para una sociedad como la española, en donde la violencia patriarcal; todavía hoy, continua acrecentando un reguero de sangre, fruto de la parálisis institucional y la escaso calado de las iniciativas sociales, no pueden existir excusas para no encarar de forma definitiva, una revolución, en en la forma de entender la relación entre sexos. Resulta no solo necesario, sino exigible, una mayor dotación económica para políticas de género. De igual modo, resulta apremiante, la implantación de una nueva ley educativa, que determine y promueva, una línea de actuación para fomentar los valores de libertad productiva, sexual y reproductiva  para todas las mujeres. Para una democracia avanzada, una educación a la altura; en materia de género, sin duda debe representar, la mejor solución ante las problemáticas, presentes en nuestras sociedades, fruto de la estructura patriarcal. La situación, es ya insostenible, humana y políticamente. Basta ya de coacciones y debates reaccionarios, propugnados desde los sectores eclesiásticos más arcaicos y apoyados políticamente, por los últimos bastiones del franquismo sociológico. No existe un colectivo que haya aguantado tanto sufrimiento como el de las mujeres, no existe un colectivo que haya soportado tanta discriminación en silencio; y nunca más, esa será la respuesta ante el machismo y su violencia.

El 8 de marzo, las calles de nuestras ciudades, se llenarán con gritos de justicia, solidaridad y especialmente, gritos que reclamen, de una vez por todas, la implementación de una igualdad real. No se trata de odio, ni de libertinaje, como muchos quieren hacer ver. El libertinaje, como tantos otros aspectos que desde el tradicionalismo patrio, se quieren relacionar con la emancipación de la mujer, no guarda relación alguna con el feminismo. No, al menos, en mayor medida de la que podría guardar con el mundo de los hombres. Es hora de poner fin a estereotipos simplones y rancios, fruto de las mismas voces que en ya en la guerra civil, tildaban de putas o zorras, a aquellas mujeres que en muchas ocasiones; incluso con el fusil en la mano, se atrevieron a levantar su voz, para reclamar sus derechos en un mundo todavía en aquel momento, exclusivamente de hombres.

Si algo caracteriza al feminismo, es la lucha por la igualdad, la solidaridad y la búsqueda de la libertad individual que capacite a las mujeres de las herramientas necesarios, para lograr una toma de decisiones libres, en campos como la sexualidad, la maternidad o la vida laboral y política. El feminismo, supone la mayor expresión de responsabilidad de una sociedad y unos individuos, que de una vez por todas, se comprometen a la supresión de la distinción de géneros, como una medida de sometimiento sexual, laboral o de cualquier otro tipo. La distinción sexual, no debe otorgar ningún derecho sobre las personas. Nuestro pene, no nos otorga ningún puñetero derecho sobre la mujer. Si en pleno siglo XXI, las calles deben volver a llenarse para recordarlo, así será.

La libertad sexual, la libertad reproductiva, los derechos laborales y especialmente el derecho a la vida. Son nuevamente, las banderas que el 8 de marzo, todo el colectivo feminista, mujeres y hombres; codo con codo, enarbolaremos una vez más, frente a aquellos que quieren hacer de la imposición sexual su derecho.

Este miércoles, recordaremos a Susan B. Anthony y al movimiento sufragista, Sojourner Truth y la lucha por los derechos civiles, Simone de Beauvoir y  su Segundo Sexo, Virginia Woolf, Clara Campoamor, Emilia Pardo Bazan, Rosalia de Castro, Frida Kahlo…figuras de mujeres que lucharon e hicieron posible, que en un mundo de hombres, la voz del feminismo, se elevase por encima de una sociedad profundamente machista. Pagando, en numerosas ocasiones, un precio demasiado alto para una persona, pero nunca para todo un colectivo. A aquellas voces, hoy se suman, las de mujeres como Rosa Cobo, Petra Collins, Emma Watson, Bell Hooks y tantas otras compañeras, que de manera pública o anónima no tienen miedo a dar un paso al frente para gritar basta. Basta de una sociedad y un mundo, en donde, sobre la mujer recae el peso del cuidado de la familia desde su más tierna infancia, hasta la muerte; y en donde esa labor, es vista en numerosas ocasiones, como una barrera a la hora de desarrollar su actividad profesional. Basta de impunidad ante los continuas vejaciones a la mujer vertidas desde las instituciones que dicen representarnos a todos y basta ya, sin más dilación de asesinatos. No podemos esperar más por la política, no podemos respetar sus tiempos, ni esperanzarnos ante promesas que nunca terminan de llegar. Son ya demasiadas las que faltan cada 8 de marzo, demasiado dolor, demasiada injusticia y demasiada rabia. Si el parlamento no puede poner fin a la barbarie, tendrán que ser las calles las que lo hagan. Ni una muerte más, ni una mujer menos por el terrorismo machista. Ningún país, puede considerarse democrático, mientras sus mujeres mueren por el simple hecho de ser mujeres.

No hace falta ser mujer para ser feminista, pero si resulta necesario que los hombres sean feministas, para que al fin las mujeres puedan llegar a ser libres. Este 8 de marzo, el feminismo tienen que volver a ser radical, sin miedo, sin ambages, sin pudor. Cuando te están matando, cuando las cadenas reprimen tu vida laboral, tu sexualidad, tu ocio, tu futuro…es hora de volver a reivindicar el papel de la mujer, es hora de una vez por todas, de librar la batalla más antigua de todas las revoluciones sociales.

“La construcción patriarcal de la diferencia entre la masculinidad y la feminidad es la diferencia política entre la libertad y el sometimiento”

Carole Pateman

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Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental.

Desde DowJones te agradecemos tu colaboración.

https://www.change.org/p/xulio-ferreiro-calle-berta-c%C3%A1ceres-en-a-coru%C3%B1a

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Violaciones, el miedo de ser mujer

Un bar a altas horas de la madrugada, una calle vacía, un parking, el camino de la feria a casa, el portal de tu edificio, la ruta por la que sales a correr, unas fiestas patronales…sitios aparentemente inofensivos para un hombre, pero que sin embargo, pueden esconder una autentica pesadilla, para una mujer. Doy por hecho, que a estas alturas del artículo, no serán pocos (y pocas) los que comiencen a pensar que exagero, que peco de alarmista o peor aún: que pertenezco a eso a lo que, quienes pretenden ocultar su machismo, en tiempos no tan propicios para hacer bandera del mismo, denominan feminazis. Ni una cosa, ni la otra en realidad. En siete años, se han producido en España, 9.040 casos de violación, tres al día, uno cada 8 horas. 9.040 casos, que suponen tan solo la punta del iceberg, en un país, en donde tan solo una de cada seis violaciones llegan a denunciarse. 9.040 casos de mujeres que tras sufrir en sus carnes la máxima expresión de violencia machista, perdieron el miedo a que su testimonio fuese puesto en duda, a las preguntas encaminadas a demostrar su inocencia ante la agresión, a una justicia lenta e ineficaz en gran parte de las ocasiones, al que dirán, a la sumisión. Sumisión ante un sistema injusto, que las educa para evitar la violación, para no provocarla, pero que sin embargo, carece de mecanismos en su sistema educativo, para enseñar a sus hombres a no violar, a no creerse con ningún derecho especial  sobre la libertad sexual de las mujeres, por el simple hecho de su sexo. Una sociedad enferma, cobarde, solo así se puede denominar a quién  prefiere normalizar el miedo continuo de la víctima, que educar al agresor.

Vivimos en una sociedad con cierta Cultura de la violación, una sociedad dispuesta a desconfiar del testimonio de la víctima o incluso capaz de justificar o considerar menos grave, una violación cuando el alcohol o el “tonteo” previo, forman parte de la agresión. Una sociedad machista, en donde la ropa de la víctima sigue siendo un factor a tener en cuenta, y en donde el pasado sexual o el momento de pronunciar la palabra “No” pueden suponer un nuevo castigo para las mujeres víctimas de una violación. Factores de por si inaceptables, que llegan a formar parte de la instrucción judicial o el relato periodístico, muchas veces más propio de épocas que creíamos ya pasadas. Una sociedad, que pese a carecer en su Derecho Penal, de la figura de la provocación ante la violación, sí tiende, inexplicablemente a condenarla socialmente, pese a su inexistencia.

Es en el contexto de una sociedad profundamente patriarcal, en el que las violaciones por medio de la llamada “sumisión química” han aumentado preocupantemente, en torno al 30% en los últimos años. Bastan unos gramos de alguna substancia tóxica de relativamente fácil acceso, en la copa de una mujer, para lograr doblegar su voluntad. Desorientación, mareos, perdida de la conciencia…los últimos indicios previos a una violación, que hasta hace relativamente poco, en la mayor parte de las ocasiones, era puesta en duda, incluso por las autoridades. La sumisión química, es un paso más en la violencia ejercida por una sociedad extremadamente patriarcal sobre las mujeres. Un mecanismo de coacción, que condiciona su comportamiento diario, que les impone el miedo en su día a día, ante situaciones por las que un hombre no debe sentir preocupación. Existe una clara discriminación hacia la mujer, en un estado en el que parte de sus ciudadanos, no pueden poseer la misma percepción de seguridad que el resto, por la única razón de su sexo.

Desde 2010, y según el artículo 181 del código penal, las penas para quienes sin violencia o intimidación, atente contra la libertad de otra persona, se limitan a de uno a tres años de prisión, sin que se considere un agravante el uso de sedantes u otras substancias químicas. Un dictamen muy alejado de la perspectiva de Naciones Unidas, que por su parte, si reclama a los diferentes estados, introducir en sus legislaciones, circunstancias agravantes en los caos en los que las sustancias psicoactivas, sean administradas con la intención de cometer una agresión sexual. Un planteamiento de por si conservador, para un estado como el español, en donde cada 8 horas, una mujer es agredida sexualmente ¿Se imaginan por un momento algún otro colectivo soportando una agresión de tal magnitud sin utilizar la palabra terrorismo o genocidio? Realmente, se me hace complicado.

Todavía, no existen grandes debates en el parlamento acerca de la libertad sexual de las mujeres, ni se estudian en las aulas los nombres de las víctimas, y ni tan siquiera, se les enseña a los alumnos y alumnas la importancia de la igualdad de género. No se busca desde los partidos, el voto de las potenciales víctimas, no se hace, porque se les ha educado en el secretismo, en el silencio complice. Preferimos seguir hablando de feminismo radical o riéndole las gracias a quién de menospreciar a las víctimas de cualquier otro tipo de terrorismo, estaría entre rejas. El feminismo, no condena a los hombres por su sexo, sino por la indiferencia y el manto de protección que en la construcción de su género, muchos hombres, han propiciado al machismo. Es nuestra responsabilidad desmontar esa protección, es nuestro deber, ponerle fin al miedo que la mujer siente, por el simple hecho de serlo.

“Amurallar el propio sufrimiento es arriesgarte a que te devore desde el interior”

Frida Kahlo.

violacion

Autor: @SeijoDani

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental.

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