Los dilemas de Pedro

Estalló finalmente la guerra en el PSOE como estallan todas las guerras que se mantienen más o menos frías durante largo tiempo, de manera sorpresiva y cruel. Con un movimiento inesperado y 17 dimisiones en la ejecutiva socialista, para configurar, al fin de forma visible, la plana mayor de un sector crítico en el propio partido que excusandose en la deriva política del propio Pedro Sánchez y los recientes resultados electorales en Galicia y Euskadi, buscan finalmente formalizar un impeachment al hasta todavía hoy líder socialista, para siempre supuestamente, lograr desatascar no solo el bloqueo del propio partido, sino a su vez la situación política en España.

Basandose en un discurso que incomprensiblemente asume como propio el mea culpa ante la clara imposibilidad de formar gobierno por parte de Mariano Rajoy y pasadas las cinco y media de la tarde de ayer, Antonio Pradas presentaba en Ferraz su dimisión y la de otros dieciséis miembros de la dirección socialista. Dimisiones que según su propia versión, se deberían sumar a las ya realizadas con anterioridad por Gómez Besteiro y Javier Abreu, además de sumar también en esa particular cuenta la de Pedro Zerolo. Se le olvida al hasta hoy secretario de Política Federal del PSOE que el fallecimiento del socialista madrileño, poco o nada tuvo que ver con discrepancias con el presidente de su partido. Un detalle que muestra el nivel descarnado de la disputa por el poder en Ferraz.

Apelan los críticos dentro del PSOE, desconozco si con razón o sin ella, todo depende de las interpretaciones, a los estatutos del partido para tumbar a Sánchez. Estatutos que por otra parte, se da por supuesto pretenden hacer del partido una organización democrática, la cual curiosamente, dejaría en gran medida de serlo si finalmente fuese posible que un secretario general elegido por las bases, pudiese ser destituido por un grupo de barones que parecen olvidar que al igual que cualquier otro cargo de su partido, se deben principalmente a los votantes que conforman sus bases, esas mismas bases a las que ahora parecen querer evitar en una táctica que de tener éxito asestaría un golpe mortal no solo al primer candidato elegido directamente en primarias, sino a su vez a la propia legitimidad de las mismas.

Se  busca tumbar a Sánchez en los medios, en los pasillos y en las ruedas de prensa, cuando únicamente son los militantes socialistas los que debieran encargarse de hacerlo si llegase el caso. Y se hace desde la vía de los despachos, precisamente porque no se confía en poseer el apoyo suficiente en caso de seguir el cauce que cualquier partido acorde a los tiempos seguiría ante una disputa de tal magnitud, remitirse de inmediato a la militancia.

La política española, ve como en un paso más de su degeneración, el que hasta ahora había sido un partido de gobierno, se enfrasca a marchas forzadas en la pura lógica del populismo mal entendido, ese en el que se confunde la lógica política con el espectáculo deportivo, para aplicar a esta las mimas soluciones. Los críticos con Pedro Sánchez no traen otra propuesta a la militancia distinta a la del cambio de entrenador, como si resultase posible que esa inercia en si mismo fuese de nuevo a llenar el estadio.

Puede que Pedro Sánchez no sea un buen líder para el PSOE y con total seguridad no se trata de un defensor de las políticas sociales ni progresistas, sino que se encuentra muy alejado de las mismas. Tampoco debemos confundir en esta lucha interna en el seno del PSOE, con un conflicto entre los que defienden el NO a Rajoy o una abstención que facilite su gobierno.

El problema del PSOE estaba ahí antes de Sánchez y estará ahí si es que este se va. Es el problema de un partido sin una identidad propia,  que continua sintiéndose en el sector de la izquierda, pero que es capaz de pactar con el Partido Popular la modificación del artículo 135 de la constitución española de espaldas a la ciudadanía. Un partido cuyo discurso territorial lo ha llevado a perder la mayoría de sus apoyos en Euskadi o Catalunya, pero que sigue negándose a cualquier replanteamiento territorial en España. Un partido sin alternativas, roto y desde anoche mismo, un partido en manos de intereses nada claros.

Llego Sánchez a Ferraz arropado por muchos de los que ayer presentaban su dimisión. Entre esos apoyos, los de una Susana Díaz que veía en el líder madrileño un muñeco de paja del que poder deshacerse una vez superada la candidatura de quién consideraba su verdadero rival, Eduardo Madina. Han pasado escasamente dos meses desde que los que hoy claman ante la tiranía de la era Sánchez daban su apoyo a este mismo proyecto, un proyecto al que Felipe González se ha encargado de dar la puntilla con sus recientes declaraciones a los medios de comunicación, en las que el que se supone ya ex líder socialista, no ha dudado en volver a enfundarse su chaqueta de pana tras sus asesorías a personajes tan cercanos a la izquierda como Carlos Slim, Henrique Capriles o Farshad Zandi, para sin rubor alguno y amparado en sus estrechas relaciones con un Ibex que busca la gobernabilidad de la izquierda y un diario El País que se ha convertido cuanto menos en un baron más dentro de la ejecutiva socialista, eregirse en el principal impulsor de la oposición a Sánchez. Un Felipe González que si vendió hace ya tiempo sus principios, nada hacía pensar en realidad que le fuese a resultar especialmente complicado llegar a hacer lo mismo con los de su partido.

Nos encontramos por tanto en una situación sin buenos y malos, sino para desgracia de la militancia socialista, en un callejón sin salida en donde lo único que parece claro, es la incapacidad a corto plazo de construir alternativas de aquellos que de un modo u otro, en su carrera al poder, continúan derribando estructuras en esta larga perestroika en el seno PSOE.

Al igual que la Guerra Civil española supuso un claro antecedente ideológico a la II Guerra Mundial, el actual conflicto fratricida en el Partido Socialista español, parece resultar un adelanto de la inevitable crisis del modelo socialdemócrata en Europa. Lo que hoy se decide en Ferraz es el futuro de una de las principales alternativas a la ofensiva de la derecha en España, y siendo sensatos, todo parece indicar que sea cual sea el vencedor de esta batalla, seguirá resultando necesaria una verdadera alternativa desde las bases del partido.

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Autor: @SeijoDani

 

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental. 

https://www.change.org/p/xulio-ferreiro-calle-berta-c%C3%A1ceres-en-a-coru%C3%B1a

 

 

 

 

 

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La historia nos absolverá

Ha ganado la táctica de ocultar a su propio partido, ha ganado el ruido desde Madrid, ha ganado el miedo frente a las propuestas. En Galicia, ha ganado el Partido Popular y su candidato, aunque probablemente, no hayan ganado todos los que si han votado al PP.

Con unas elecciones  de nuevo a caballo entre Madrid y Santiago, el Partido Popular ha vuelto a aprovechar a la perfección, el ruido de la precampaña en los partidos de izquierda y un miedo, el del bloqueo institucional, que ese mismo ruido se ha encargado de amplificar y hacerlo sobrevolar sobre un hipotético pacto entre las formaciones de izquierda, que si bien parecía respaldado desde las agrupaciones gallegas, corría en la mentalidad popular, el serio peligro de verse embarrado en una nueva investidura eterna por el a priori necesario visto bueno desde Ferraz y Princesa.

Con un Feijóo ya acostumbrado a lidiar con las acusaciones que desde la oposición, apuntan a su huída a la política estatal. El PP ha decidió postergar sus cada día más evidentes luchas internas, para con un perfil de marca intencionadamente bajo, lograr revalidar en Galicia sus 41 escaños y con ellos, una mayoría absoluta que refuerza al candidato por ahora gallego y debilitan tremendamente tanto a las propuestas de izquierdas, como a un partido, Ciudadanos, aparentemente condenado a la deriva Díez en su intento de consolidarse como alternativa en el ala derecha de la política española.

Recibe un duro golpe la izquierda, y lo hace fruto de una campaña tremendamente inoportuna para el calendario del debate ideológico que a esta le ocupa. Llegaron las elecciones gallegas en pleno pulso identitario entre el carácter propio de las mareas y la inercia aglutinadora de Podemos, como lo hicieron también con un PSOE  inmerso en su particular “perestroika” y un BNG, que una vez más y pese a los cismas internos, ha demostrado con su campaña que nada tiene que ver la salud ideológica de un partido, con su salud electoral.

Llego la izquierda a las urnas en Galicia con una idea clara de lo que se quería cambiar: la inherente injusticia del sistema y especialmente la gestión que de ese sistema se llevaba a cabo desde el PP, pero también lo hacía inmersa en pleno proceso de deliberación sobre las formas de hacerlo y muy especialmente sobre cual iba a ser su alternativa.

No nos malinterpretemos, nada malo existe en el debate, siempre y cuando este se produzca en los tiempos y las formas adecuadas. Lo que no ha parecido suceder en el caso que nos ocupa, atendiendo a los numerosos titulares que en plena recta final de campaña han surgido a raíz de la guerra entre Sánchez y sus varones o Pablo iglesias e Ínigo Errejón. Si el PP decidió aparcar sus diferencias durante la campaña, la izquierda de nuevo comenzó la revolución, antes de finalizar la guerra.

Ha ganado el PP y lo ha hecho pese a la corrupción de sus dirigentes y la política de tierra quemada en sectores como el lácteo, el cerco o la agricultura. Gana el PP en una tierra que como decía el más ilustre de los gallegos, Alfonso Daniel Rodríguez Castelao, está más acostumbrada a emigrar que a pedir. Una tierra con demasiados partidos y escasos movimientos sociales o cooperativas, en donde curiosamente se puede cambiar con mayor facilidad el signo de un voto con las políticas de los pequeños ayuntamientos que con las grandes infraestructuras. Y es que lo del caciquismo en Galicia daría para un aparte, sin duda, resultaría curiosa la presencia de observadores internacionales en nuestros colegios electorales, pero eso no va a suceder, cosas de formar parte del imperio aunque sea en sus provincias más olvidadas. Gana el PP de los recortes, de la corrupción y la precariedad, un partido afanado por marginar o idioma aunque para eso tenga que llevarse también por delante su sabia, encarnada en lo rural y todo lo que en torno a el gira.

Gana la derecha y puede que no por sus propios méritos. Han pasado ya 25 años sin que desde el seno de la izquierda, se haya logrado articular una alternativa clara al modelo de capitalismo de casino en el que nos vemos inmersos como realidad casi global. La izquierda  y especialmente el socialismo europeo, permanece todavía en estado de letargo, tras el intenso golpe que supuso la caída del muro y la imposición del dogma neoliberal. No hemos sabido plantear una alternativa al actual modelo que no solo embelesase al votante tradicional, sino que atrajese a una abstención que sin duda lleva camino de convertirse en la verdadera batalla política de la izquierda de nuestro siglo, más allá de las quimeras del centro tan rentables en sus planteamientos ideológicos para la derecha.

Es necesario profundizar en el debate interno de las diferentes formaciones sin temor a la ruptura, es tiempo de lograr confrontar diferentes visiones dentro de un mismo Frente Amplio de izquierdas. Tiempo de debate, de coloquios y movimientos sociales. Es tiempo de recuperar las calles y desafiar a las injusticias también en los parlamentos, resulta necesario hacer ver a la población que el estado de las cosas no se corresponde a una crisis pasajera, sino a un estadio más de un modelo de sociedad que ve en la clase obrera y su condición de vida, un medio y no un fin en si mismo. No existe una salida a la crisis si no existe un modelo alternativo de sociedad y es ahí en donde debe residir nuestro proyecto, no una especie de buena gestión de las injusticias del sistema como paliativo de una situación insostenible.

Son tiempos de cambio y esta derrota tan solo retrasa cuatro años el asalto al cielo de un proyecto que debe ser a largo plazo y que debe cimentarse en votantes conscientes de la necesidad de su actividad y formación política. La alternativa, supondría sin duda la vuelta a las escisiones en formaciones más débiles y la lucha política por el acceso a los sillones.

Son muchos los que opinan que la indignación se canalizó por primera vez en la política gallega. Hoy, una vea más y pese al duro golpe, depende de la izquierda gallega, construir un marco solido para que sea también aquí en donde al fin se materialice su alternativa.

 

«¡Ése es el pueblo, el que sufre todas las desdichas y es por tanto capaz de pelear con todo el coraje! A ese pueblo, cuyos caminos de angustias están empedrados de engaños y falsas promesas, no le íbamos a decir: “Te vamos a dar”, sino: “¡Aquí tienes, lucha ahora con todas tus fuerzas para que sean tuyas la libertad y la felicidad!”

Fidel Castro Ruz, La Historia me absolverá

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Autor: @SeijoDani

 

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental. 

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Los dilemas de Pablo

Quizás lo que a continuación voy a confesar, pueda sonar raro; poco profesional incluso, espero sepan disculparme si ese es el caso. Pero hoy, a la hora de sentarme a escribir este artículo, reconozco que por primera vez, todavía desconozco exactamente en donde reside la noticia de lo que me dispongo a encarar. Puede que en realidad lo haga en la  propia crisis del periodismo político, en la decadencia de la democracia incluso o puede que sin más, se trate de la repentina falta de inspiración del que ahora escribe estas líneas. Pero por encima de todo, he de admitir, que tras estas primeras frases, continuo siendo incapaz de comprender como la existencia de discrepancias internas o luchas de poder en el seno de un partido, pueden seguir resultando tan sorprendentes.

No se trata de que no comprenda los ríos de tinta que se han vertido por las desavenencias públicas entre el líder de Podemos e Íñigo Errejón, no. Se trata de algo más profundo, más relacionado con el contexto y no con el foco inmediato, se trata de la aversión y el recelo que aún hoy nos produce cualquier tipo de pluralidad ideológica dentro de los diferentes tipos de organizaciones políticas en España. Una especie de reminiscencia franquista que hace que en nuestro país, todas las batallas intelectuales deban darse en las formaciones de puertas para fuera. En el mejor de los casos, con cuidadosos titulares de prensa estratégicamente filtrados. Después de todo, la nuestra siempre ha sido una sociedad de puñaladas por la espalda y juegos de tronos hasta que al fin, caiga el caudillo.

Pretenden ciertos medios y determinadas  visiones de la vida política, hacernos ver en la confrontación de ideas de cara a la opinión pública, dentro de los propios partidos, algo perverso, que sin que nadie sepa muy bien como, puede llegar a socavar nuestra democracia. Como si la pluralidad la enfermase.

No hace falta ser el más hábil de los periodistas, para percatarse de que en el seno de la formación morada, existen diferentes sensibilidades y como consecuencia de ello, han surgido serias discrepancias internas cuyo desenlace podemos simplificar a grandes rasgos en dos bandos: un ala moderada que busca encandilar a sectores de la población que no se identifican tanto con la izquierda tradicional o errejonistas, y un ala más radical o tradicional dentro de la izquierda, que busca hacer de podemos un partido no tan alejado del concepto de clase y  el socialismo que se sintetiza en el líder de la formación, Pablo Iglesias. Podríamos, a partir de estos datos, analizar profundamente las diferentes batallas que de esta lucha han surgido en Podemos y con ello obtendríamos sin duda una amplia visión de un partido joven, un partido curtido en ya muchas batallas y con no poca responsabilidad. Pero que sin duda, todavía se mantiene en continua formación y reelaboración. Un partido que como han mostrado sus numerosos bandazos programáticos, mantiene las dudas entre moverse en la órbita izquierda / derecha, arriba / abajo o nueva y vieja política. Por lo que he de suponer, que lo que debiera sonar verdaderamente extraño, llegado el caso, sería que no existiesen discrepancias en su seno.

Nunca han ocultado desde Podemos el continuo intercambio de pareceres en su formación, por tanto a poco que uno conozca no solo la naturaleza política, sino ya en si la naturaleza humana. Podrá dilucidar que entre dos visiones enfrentadas en el seno de una organización, siempre terminarán surgiendo luchas internas por el acceso al poder. Solo me cabe entonces concluir, que lo novedoso parece residir en que sean los propios dirigentes y a través de medios abiertos a la opinión pública, los que se encarguen de aclarar sus posturas.

Parece reinar en nuestro país desde hace ya demasiado tiempo, un extraño interés por hacer de la verdadera política algo extraño y de las más insospechables prácticas, política. Hablar de lo peligroso o de lo irresponsable que resulta para una formación el debate intelectual resulta poco menos estúpido que desacreditar a la propia democracia por su diversidad de propuestas. Después de todo, en sus amistades, en su trabajo o en el hogar, permítanme un consejo: desconfíen siempre de una única voz.

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Autor: @SeijoDani

 

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental. 

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