Tú a Washington y yo a Pyongyang

La amenaza a Estados Unidos del líder del régimen norcoreano Kim Jong-un, con la posibilidad de lanzar un ataque con misiles balísticos sobre la isla estadounidense de Guam, vuelve a desatar una crisis bélica internacional en la Península de Corea. Fuentes del Ejército del país asiático, hicieron publico el pasado jueves detalles de la operación militar que a espera de una orden directa de Kim Jong-un, posibilitaría el uso de misiles de alcance intermedio Hwasong-12 con la intención golpear de forma directa efectivos estratégicos de la Marina y la Fuerza Aérea estadounidense emplazados en la Base de Andersen, localizada en la isla de Guam, en el Océano Pacífico occidental. Una acción militar descabellada destinada según Kim Rak-gyom, jefe de la unidad balística especial de Corea del Norte, a enviar una advertencia crucial para Estados Unidos tras la escalada bélica de los últimos meses en la región.

El gobierno norcoreano parece por tanto una vez más dispuesto a poner al mundo al borde de la guerra, al menos eso parece desprenderse de la versión que los grandes medios nos han trasladado a la opinión pública, pero como siempre, la realidad resulta un poco más complicada que el simple juego de indios y vaqueros al que nos ha habituado con la cobertura occidental de los conflictos internacionales. 

No debiéramos olvidar al procesar toda nuestra información sobre Pyongyang, que la nación asiática surge del enfrentamiento militar entre comunismo y capitalismo propio de la Guerra Fría, y en cierta medida, la agresiva retórica utilizada durante aquella época permanece todavía hoy intrínseca en la razón de ser de Corea del Norte. La liberación del dominio japonés tras el final de la Segunda Guerra mundial y la posterior división del país en dos estados, tras el acuerdo en 1948 entre la Unión Soviética y Estados Unidos para dividir la península por el paralelo 38 (Al Sur la República de Corea, apoyada por Estados Unidos  y en el Norte apoyada por la Unión Soviética, la República Popular Democrática Comunista de Corea) pronto dio paso al aumento de la tensión política y militar intensificada con escaramuzas transfronterizas y continuas incursiones más allá de la línea divisoria determinada en los acuerdos. El 25 de junio de 1950 estalla una guerra abierta cuando Corea del Norte, respondiendo supuestamente a continuas provocaciones militares, decide invadir Corea del Sur con la firme intención de reunificar el país bajo el dominio del estado comunista. Tras ese primer movimiento, la guerra se prolongará durante tres años más en un escenario en donde la intervención militar directa de Estados Unidos y la Organización de las Naciones Unidas en apoyo al ejercito de Corea del Sur, rompe el frágil equilibrio en la región transformando un conflicto fratricida en un escenario bélico internacional. Tras una rápida contraofensiva de las Naciones Unidas que devolvió por primera vez durante la invasión a los norcoreanos más allá del Paralelo 38,  tanto la Unión Soviética como China acudieron en apoyo a la República Popular Democrática de Corea lanzando una ofensiva que forzó a las Naciones Unidas y al ejercito surcoreano a volver a la posición de partida al otro lado de la línea divisoria que inicialmente dividía en dos a la península. Finalmente, la guerra cesaría en 1953 con un armisticio que sin embargo no pondría punto final a una diplomacia bélica que terminaría transformando una medida temporal en una situación permanente que a día de hoy todavía impide que la paz llegue a ser firmada.

La caída de la Unión Soviética, el reconocimiento en 1992 de Corea del Sur por parte del gobierno Chino, la cruel hambruna de mediados de los años 90…, nada parece poder romper el hermetismo de una régimen político que ha visto en el desarrollo del programa nuclear de su país, la única vía de defensa frente a la frágil tregua que su gobierno mantiene con la principal potencia nuclear del mundo. Una potencia que en numerosas ocasiones, ha rechazado las propuestas de Corea del Norte para discutir un posible tratado de paz, aludiendo a la negativa de Pyongyang a la hora de tratar la desnuclearización de la península.

¿Pero es realmente Corea del Norte una amenaza para Estados Unidos o para el Mundo? 

Si atendemos a los motivos del gobierno norteamericano para presionar a Kim Jung-un, debemos considerar a Corea del Norte como un régimen terrorista. Un estado al que la «doctrina Bush» situó junto con Irak e Irán, dentro del llamado «eje del mal», llegando por tanto a compararlos de alguna forma con la amenaza planteada en la Segunda Guerra Mundial por la Alemania nazi, la Italia fascista y el Japón imperial. Una retórica belicista a todas luces exagerada, en la que  el Estado con más poder militar de la historia, decía sentirse amenazado por países aparentemente con escasas posibilidades de suponer una amenaza real para los intereses del Imperio Americano. La oratoria americana, llevó al Irak de Sadam Husein a caer bajo el peso militar del ejercito estadounidense fruto de las duras represalias tras el 11-S y las mentiras ocultas tras el Trío de las Azores. Por su parte, Irán sobrevive a día de hoy entre las inhumanas sanciones económicas impuestas desde Washington por sus “malignas actividades” en Oriente Medio y la negociación de un pacto nuclear que impida a la nación persa el desarrollo de su programa nuclear. Una vía la de la renuncia a sus posibilidades armamentísticas muy alejada de la opción norcoreana, un estado a todas luces soberano que pese a su intención durante muchos años de mejorar las relaciones con Estados Unidos, en ningún momento se ha planteado de forma seria la renuncia a su programa nuclear.

¿Pero acaso podemos culpar por este hecho a Corea del Norte?

En la actualidad Corea del Norte se encuentra totalmente aislada de la esfera internacional y con serios problemas a la hora de afrontar las medidas draconianas que el Consejo de Seguridad de la ONU y Estados Unidos, han decidido aprobar como método represivo contra el gobierno de Pyongyang, una prohibición de exportaciones por valor de 1.000 millones de dólares al año que en cualquier otra situación serían sin duda consideradas como actos de guerra, y que seguramente provocarán que a medida que el entorno internacional se vuelve todavía más beligerante contra de Corea del Norte, su cúpula dirigente llegue a considerar el programa nuclear como única garantía de supervivencia como estado independiente.

Cabe recordar llegados a este punto, que durante la guerra de Corea los presidentes estadounidenses Harry S. Truman y Dwight D. Eisenhower, llegaron a utilizar públicamente la amenaza nuclear como un medio para tratar de poner fin al conflicto, una seria amenaza proveniente del mismo país que pocos años antes ya había hecho uso de la fuerza nuclear sobre Hiroshima y Nagasaki para apremiar la rendición japonesa durante la Segunda Guerra Mundial. No debiese por tanto resultar tan extraño para nosotros (pese a la total repulsa a toda escalada bélica) la decisión norcoreana de apoyar su supervivencia como estado, en en la posibilidad de una respuesta nuclear ante cualquier agresión exterior. Un pecado el de Pyongyang, que incomprensiblemente parece imperdonable para Estados Unidos, en una esfera internacional en donde numerosos países; entre ellos la propia potencia norteamericana, violan impunemente el Tratado de No Proliferación (TNP). En palabras del ex miembro del equipo negociador nuclear iraní, Husein Musavian “India, Paquistán y el régimen de Israel han construido armas nucleares, no obstante, estas cinco potencias mundiales (EE.UU., Reino Unido, Francia, Rusia y China) han establecido relaciones estratégicas con ellos”.

Mientras la tensión crece al compás de la agresiva retórica del presidente estadounidense Donald Trump y el líder norcoreano Kim Jong Un, la existencia una Corea del Norte dispuesta a la guerra a miles de kilómetros de Washington, continua justificando entre otras actuaciones las maniobras militares anuales entre Estados Unidos y Corea del Sur, como parte del desarrollo de una importante maquinaria bélica norteamericana en el noroeste del Pacífico, capaz de hacer frente a una posible agresión de Corea del Norte pero también a una eventual amenaza China. Japón, Rusia, China y Corea del Sur, se ven así directamente inmersos en un particular juego de estrategia entre el gobierno de Corea del Norte y el de Estados Unidos, un gobierno norteamericano que al mando de un presidente Trump acorralado desde un inicio por sus escándalos internos, parece más dispuesto que nunca a entrar de lleno en la  delirante retórica belicista que aparentemente tan bien parece funcionar al régimen de Kim Jong Un.

Después de todo, puede que si no fuese del posible uso de armas nucleares y del futuro del mundo de lo que estuviésemos hablando, incluso pudiese llegar a considerarse cómica esta impetuosa batalla entre tan icónicos patanes de nuestra política internacional.

“Los mayores inventos del hombre son la cama y la bomba atómica: el primero te aísla y el segundo te ayuda a escapar.”

Charles Bukowski

 

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