Castillo de naipes

Si alguien dudaba del respaldo de las bases a Pablo Iglesias, Vistalegre II, ha servido para sacarlo de su error. Con el control de 37 de los 62 puestos del Consejo Ciudadano, y un mayoritario apoyo a su labor como Secretario General. El líder de la formación morada, pone fin a una crisis de legitimidad, quizás, demasiado artificial como para haber supuesto un verdadero reto a Iglesias y a su equipo. Las bases han hablado, y lo han hecho, para demostrar una vez más, que si algo no gusta en Podemos, son las injerencias de quienes no consideran los suyos. Se equivocó Iñigo Errejón en las formas y en los tiempos, pero especialmente, se equivocó, el hasta ahora número dos de Podemos, en los apoyos que sumaba, a la hora de respaldar su candidatura para arrebatar la hegemonía estratégica a Iglesias, en una pugna, que poco o nada ha tenido que ver, con el debate de futuro que precisa la formación del cambio. Una lucha, que se ha acercado más, al esperpento típico de la izquierda patria de toda la vida.

El apoyo de los grandes medios de comunicación, y la clara preferencia por su candidatura de la derecha de nuestro país, facilitó la creación de un ambiente de decadencia ficticia en torno al liderazgo de Iglesias, que si bien en el equipo de Iñigo Errejón, lo identificaron como el momento oportuno para plantear un pulso, que ya se venía gestando desde lo sucedido en Madrid, el tiempo, lo ha revelado, como un claro error estratégico en la candidatura del número dos de Podemos. Vistalegre, no era el momento, ni el lugar, para un debate entre bandos. Desde un principio, se apuntó desde la candidatura de Errejón al entorno de Pablo Iglesias como una horda de peligrosos radicales, dispuestos a convertir la asamblea ciudadana, en una checa, donde él y los suyos serían apartados de los órganos de decisión de Podemos. Olvidaban, que ese poder, residía tan solo en los más de 155.000 inscritos que votaron en Vistalegre II, y que finalmente, apostaron por hacer de su alarmista discurso de candidatura, una realidad.

Errejón apostó por el discurso del miedo, el de la izquierda moderada frente al radicalismo. Un discurso que quiso sonar a transversalidad, pero que quizás, ha terminado sonando demasiado a capitulación, a fin de ciclo del movimiento que comenzaba con el 15M. En una candidatura que llevaba por nombre “Recuperar la ilusión” el discurso y los asesores de Iñigo Errejón, han estado siempre más próximos a una postura que permitiese un futuro pacto de gobierno con el PSOE, que a crear una verdadera alternativa política para el votante desencantado de izquierda.

La centralidad en el discurso de los errejonistas del pacto con otras formaciones; en donde el mismo PSOE que había entregado el gobierno a Rajoy, parecía jugar un papel clave, las acusaciones de sus afines comparando a iglesias con  Franco o Sadam Husein o la puesta en cuestión  del pacto con Izquierda Unida, se pueden considerar, los grandes errores de un Iñigo Errejón, que si bien puede acertar con el discurso de la transversalidad, se equivoca en el sentido del mismo. La transversalidad vital para la formación de Pablo Iglesias, ha sido siempre la que se dibuja entre la calle y las instituciones.

Vistalegre II, ha comenzado a definir lo que Podemos quiere ser. Un partido con identidad propia, capaz de sobreponerse a las presiones externas, y en donde los cantos de sirena de posibles pactos con formaciones de la izquierda más aburguesada como el PSOE, no tienen cabida en sus debates internos. Podemos, debe aspirar a crear un nuevo marco teórico propio de su visión de la sociedad. Una línea ideológica y un discurso, capaces de crear un espacio vital propio entre el electorado, que suplante su actual estrategia de adaptar sus postulados a espacios electorales ya saturados e inestables. Por delante, la difícil tarea de lograr integrar la concepción de los errejonistas, en una distribución de poder, que todo parece indicar no les va a resultar favorable. Resultaría chocante, que el defensor intelectual de la transversalidad, se mostrase incapaz de acomodar su visión política a la formación a la cual actualmente todavía pertenece. Aunque cabe recordar, que el juego de estrategia, que sin duda se dibuja en el futuro inmediato de Podemos, es un juego de varios jugadores.

Pablistas, Errejonitas y también una Izquierda Anticapitalista, capaz de mantener la cordura y la estabilidad, en los momentos más duros del conflicto, comienzan a dibujar desde la pasada semana, un Podemos diferente. Un Podemos, en el que ya nadie duda, su cabeza visible: será Pablo Iglesias.

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Autor: @SeijoDani

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental.

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España: Democracia en funciones

Comienza la recta final para iniciar la legislatura y lo hace de forma bronca. En un parlamento poco acostumbrado a la representación de la pluralidad ideológica, la fragmentación y lucha de poderes palpable no solo entre bancadas, sino también en el seno de algunos partidos, parece garantizar una legislatura de constantes bravuconadas de cara a la opinión pública en el hemiciclo, mientras los acuerdos y traiciones; que serán sin duda necesarias a lo largo de la legislatura, se producen de puertas para adentro.

Apostó el presidente en funciones, por mantener su línea de no intervención en el eterno tablero de pactos en el que se ha convertido la política española y el tiempo le dio la razón. En un contexto de necesidades económicas apremiantes para lograr responder ante Europa y un acoso judicial cada vez más palpable en Génova, otros quizás, hubieran perdido la calma ante la perspectiva de unos nuevos comicios para su partido, pero no Mariano Rajoy. El presidente en funciones supo leer a una izquierda dividida, una derecha inofensiva y una sociedad, que si bien condena la corrupción, parece no estar dispuesta a pasar factura a los corruptos.

Simplemente sentándose durante su mandato en funciones, no tardó demasiado el Partido Popular en ver pasar los cadáveres de sus enemigos, suplicando una solución ante sus puertas. El primero de ellos, el de un Albert Rivera que comenzó a sentir el peso del fantasma de la intrascendencia desde el mismo recuento de las últimas elecciones. El líder de la formación naranja, no tardó en ofrecerse como el perfecto aliado de un Mariano Rajoy que en todo momento confió en la todavía manifiesta irrelevancia de una alternativa a la derecha que si bien no representaba la inocencia de Vox o UPyD, se le acerca bastante. Confiaron en el PP, en poder capear el temporal del trasvase de votos, debido a los escándalos de corrupción a la formación de Albert Rivera  y todo parece indicar que la jugada funciono.

El pacto con Pedro Sánchez, no surgió el efecto en el PP que se esperaba desde la formación naranja y lejos de ello, Ciudadanos quedo retratado como un partido sin rumbo fijo, una formación bisagra, incapaz de forjar una alternativa al bipartidismo y con el único sentido de servir como castigo a un PP que de cara a la ciudadanía, parece ya haber saldado sus deudas. Con un ostracismo todavía no asumido, la formación de Albert Rivera, deberá conformarse intentado sacar el mayor provecho electoral posible a la renovación de nombres, que no de políticas, que el Partido Popular estará dispuesto a mostrar como única concesión a un aliado todavía necesario pese a todo.

No por más esperado, fue menos relevante para las aspiraciones del Partido Popular, la visión de un Partido Socialista roto en dos ante la puertas de Génova. El golpe de estado dado a la ejecutiva de Pedro Sánchez, ante la tentativa de éste por profundizar en un gobierno del cambio con Podemos y los nacionalistas, ha dejado en manos de la vieja guardia más reaccionaria a un partido que desde su última ejecutiva se parece más al camarote de los hermanos Marx que a una verdadera alternativa de gobierno.

El voto favorable a la abstención y sin condiciones de cara a la formación de gobierno por parte de Mariano Rajoy, deja al Partido Socialista totalmente inmerso en la dinámica del Partido Popular. Se convertirá la estabilidad de España y el freno al independentismo, en una muletilla argumentativa perfecta para los populares de cara a la aprobación de las principales leyes de la legislatura. Si el PSOE ha podido traicionar una vez a su historia y a sus bases por el “bien de España” nada parece indicar desde Ferraz que no pueda volver a hacerlo si la inmediatez de las urnas amenaza de nuevo al partido en pleno proceso de desintegración. Será curioso observar, como Antonio Hernando defiende ante la cámara lo indefendible, a la espera de un nuevo líder para el partido que esta vez tendrá que pensarse muy bien donde deposita su confianza.  Tan solo le queda al PSOE afrontar la necesidad de un cambio o bien desaparecen como mártir de la estabilidad de un régimen del 78 que sea como sea, parece hacer aguas definitivamente.

Con semejante panorama en la política española, sirvió el inmovilismo en el Partido Popular para llegar a la presidencia, con gran parte de la oposición desacreditada y subyugada, el único foco de resistencia inmediata, lo encuentra el presidente del gobierno en un Podemos demasiado acostumbrados a los principios ideológicos y a regirse por las reglas del juego en sede parlamentaria. Recibía el primer golpe, la formación de Pablo Iglesias, nada más llegar al congreso con un pacto entre “enemigos” en el que Partido Popular, PNV y la antigua Convergencia, decidían excluir de cualquier papel institucional importante a la alternativa a la política de recortes y privatización que supondría Unidos Podemos. Ignoraba la formación morada, la premisa más básica de la política: El enemigo de mi enemigo, siempre es mi amigo. Lejos de suponer una excepción, los apoyos puntuales que el PP recibió de los nacionalistas para la formación de la Mesa del Congreso, son un claro indicador de la más que posible deriva de la legislatura. Una vez iniciada la legislatura y ya alejados de los focos y la repercusión que una sesión de investidura supone para estos partidos, PNV y Convergencia, no dudarán en apoyar las iniciativas Populares, siempre y cuando están no comprometan demasiado postulados ideológicos ahora muy necesarios de cara al órdago nacionalista y que sin embargo sean efectivas de cara a poner freno a la alternativa al descontento en Euskadi y Catalunya que comienza a dibujar Unidos Podemos.

Da inicio una legislatura ya para muchos a esta hora demasiado larga. Intensa, trilera y castiza como pocas, una legislatura en la que pese a la resistencia de algunos, deberá hablarse de política en el parlamento, como una vez más, en las calles. 

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Autor: @SeijoDani

 

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Don’t let me down

139 votos a favor y 96 en contra, eso parece haber resultado suficiente como para borrar de un plumazo las declaraciones grandilocuentes, con las que los diferentes líderes del PSOE prometieron a sus bases; y con dicha promesa les pidieron su voto, nunca otorgar su apoyo a un gobierno del Partido Popular de Mariano Rajoy. Declaraciones que han desaparecido de la memoria socialista; aunque no de la hemeroteca, al igual que con ellas puede haber desaparecido finalmente la vieja dicotomía derecha/izquierda de dos partidos que defendían a la misma clase social, y en la que ya solo podían creer los más alienados a ésta nueva versión del viejo Pacto del Pardo.

Llegaba el PSOE a esos últimos momentos de su particular crónica de una muerte anunciada, con José Blanco como nuevo presidente de la Mesa del Comité Federal y con Javier Fernández como presidente de una gestora encargada de dirigir al equipo en su peor racha de resultados. Un entrenador de perfil bajo, al que nadie aprecia, ni conoce, para una transición necesaria a la hora ganar tiempo en Ferraz, para finalmente colocar a su verdadero candidato. Un papel poco agradecido el del asturiano, pero al que sin duda un socialista que inició su carrera en plena Asturias de la reconversión y de elementos como José Ángel Fernández Villa, ha sabido adaptarse sin excesivas dificultades.

Y mientras tanto a las puertas, una militancia decepcionada. Incapaz de ver  que puede que no haya sido el PSOE el que haya dado un paso a la derecha, sino que al compás de la crisis, grandes sectores de su propia militancia, comienzan a exigir más a un partido que realmente, nunca ha llegado ha pertenecer a la izquierda. La renuncia al marximo, la entrada en la OTAN, Filesa, la reconversión industrial, la huelga del 88 o la modificación de el artículo 135 de la Constitución, suponen ya antecedentes de un partido, que ahora en un contexto en el que la crisis de moralidad del neoliberalismo, hace cualquier alternativa desde la izquierda realmente peligrosa, prefiere entregar el gobierno a Rajoy, que explorar alternativas más progresistas, por mucho que requieran debates territoriales.

La abstención del PSOE, responde en el fondo a un desenmascaramiento “liberal” de los sectores que hasta ahora se llamaban moderados en la izquierda. Un movimiento precisamente destinado a cercenar a la verdadera alternativa a la izquierda, y enmarcado en la misma lógica que el chantaje a Syriza en Grecia, el asedio periodístico a Podemos en España o el boicot desde su propio partido a la candidatura de Bernie Sanders.

Solo se puede comprender la decisión de entregar el gobierno a Rajoy o bien desde la óptica de un bien mayor al del propio partido; óptica que recluirá finalmente al PSOE en un proceso de pasokización encaminado a la dura lucha por la conservación electoral y en donde toda expectativa de conquistar nuevo electorado, supone poco menos que una mera quimera o desde la de un pacto de silencio entre los dos partidos que hasta ahora se han alternado en el poder, para tapar posibles casos mayores de corrupción. Después de todo, en un país en donde los políticos se pueden llegar a vender por un bolso o una televisión y en donde el propio Pujol aseguro guardar silencio por no hacer tambalearse a España ¿Podría realmente a uno extrañarle esta última teoría?

De ser así, tras el voto a la abstención encontraríamos más un encubrimiento a las propias corruptelas y a las del Partido Popular, que como se nos ha vendido, un apoyo al gobierno de Rajoy por el bien de España. Lo cual podría también dar sentido a declaraciones como las de Eduardo Madina que en el propio Comité Federal, parecían mostrara la vergüenza y ansiedad por librarse de un peso; el de dar el gobierno a la derecha, que cargará sobre las conciencias de algunos dirigentes que ahora con el pretexto de la disciplina de partido, intentan diluir su responsabilidad en el voto forzosamente unánime de la bancada socialista.

Pero dejemos de elucubrar. La realidad la dibuja en torno a un futuro gobierno, el del partido de Bárcenas y compañía, vigilado supuestamente desde la oposición, por un partido inmerso entre otros casos, en el de los ERE. Ese es el panorama que deja un Comité Federal en donde pesaron más los horarios del AVE Madrid-Sevilla que el propio debate interno.

Un PSOE que parece haber elegido un mal menor en la abstención ante el temor a una nueva cita electoral, temor a unos nuevos comicios que esconde tras de si un tic antidemocrático de pánico a reconocer el fracaso de los propios planteamientos ideológicos y de programa, miedo a los propios errores y una huída hacia delante que si bien puede retrasar el golpe final al PSOE, ni mucho menos parece encaminada a lograr amortiguarlo.

Con el PSOE se ha roto para muchos, un primer amor en “la izquierda” que creyeron duraría para siempre.

“Nobody ever loved me like she does

Oh, she does, yeah, she does
And if somebody loved me like she do me
Oh, she do me, yes, she does

Don’t let me down
Don’t let me down

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Autor: @SeijoDani

 

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental. 

Por consiguiente, Felipe

Pareciese de nuevo desatarse el Ferraz una crisis sistémica, que ha acompañado al partido socialista a lo largo de su ya dilatada trayectoria en la política española. Una crisis con muchas caras, demasiados nombres y no pocos frentes, pero en definitiva, una crisis intrínseca en el propio partido socialista y por extensión en la democracia de nuestro país.

La batalla por el poder que la pasada semana se desataba en el seno del partido socialista, bien podría ser la continuación de un conflicto interno tan viejo como el propio PSOE. Desde la expulsión de su fundador en 1872, hasta la crisis interna que ha desembocado en la renuncia de Pedro Sánchez a su proyecto, el Partido Socialista Obrero Español ha vivido un sin fin de batallas fratricidas entre quienes veían en su propio partido un medio para cambiar a la sociedad capitalista y quienes tan solo buscaban al calor del partido, ofrecer un contrapeso a las ideas más reaccionarias de una derecha española que en definitiva siempre ha visto en el PSOE un mal menor de la izquierda de este país.

Desde Largo Caballero y su apoyo a la dictadura de Primo de Rivera, hasta el enfrentamiento entre los sectores más conservadores del partido encarnados en Almunia, y el aperturismo progresista de Josep Borrell, la historia del PSOE parece dividirse en una continua dicotomía entre conservadores que dicen ser socialistas y socialistas que por desgracia militan en un partido a todas luces conservador.

Ignoraba Pedro Sánchez la historia de su propio partido a la hora de dar rienda suelta a su ambición, pareciendo desconocer que el pacto con una fuerza de la “nueva izquierda” como Unidos Podemos, supondría para los barones de Ferraz un precio demasiado alto para llegar a la Moncloa. Olvidaba el líder socialista que el propio sentido de su partido no era el de reforzar un gobierno del cambio, sino por encima de todo, se trataba de apuntalar un sistema de contrapoderes que el PSOE había ayudado a crear y sin el que ahora, su supervivencia electoral sería meramente inviable.

Pedro Sánchez se enfrento llevado por su ego a la política de todo para el pueblo pero sin el pueblo del PSOE. El madrileño no había sido el candidato de Ferraz, ni el del ibex, lo que en definitiva sería lo mismo, había sido el candidato de las bases y al final del proceso un mal menor en una batalla por el poder que podríamos haber resumido en un simple todos contra el loco de Tapias. Sánchez suponía para la vieja guardia socialista el mismo tipo de parche que el propio PSOE supone para la derecha: una especie de bálsamo ante la izquierda que desde su partido denominan populista. Cuando ante la perspectiva de convertirse en presidente del gobierno, Pedro Sánchez obvio las claras advertencias que le instaban a cesar en la negociación de un gobierno alternativo, para abstenerse ante una futura investidura de Mariano Rajoy, de nuevo estallaron las viejas tensiones en el Partido Socialista.

Fue entonces cuando como si por el no pasasen los años, Felipe González volvió a tomar las riendas de su partido, para en un fugaz golpe de mano, desenmascararse al fin; ya sin ambages, como el verdadero rey sol del Partido Socialista. El viejo jarrón chino irrumpió en la vida política de Ferraz, para como en ocasiones anteriores, desacreditar a la voz de la militancia y a su candidato por un supuesto bien mayor para el parido.

Si siempre pudimos sospechar que en la crisis entre Almunia y Borrell, González y El País supusieron la punta de lanza de una trama que terminó por forzar la dimisión del que era el candidato de las bases socialistas a presidente del gobierno. De nuevo la historia repetía, pero esta vez con mayor claridad, sin cortapisas. Quién sabe si debido a que la generosidad de su burguesa silueta, ya haya hecho empequeñecerse hasta el propio ridículo la chaqueta de pana del viejo Isidoro o si en su propia evolución ideológica González ya no considere necesario los ambages en su discurso. Esta vez el respaldo del ex presidente socialista a las posturas más retrogradas y conservadoras de su partido ha sido cristalino.

Poco o nada queda ya de aquel joven socialista que conseguía en 1982 su primera mayoría absoluta con el apoyo de 10 millones de españoles que creyeron en aquel proyecto que decía quería cambiar España. El de la sanidad y educación para todos, un proyecto que nos llevo a Europa y a la OTAN, y quién sabe sin en ese mismo momento comenzó a desmoronarse ante su propio éxito.

Entre el viejo Isidoro de la clandestinidad que con su carisma y discurso logró arrebatar el peso de la calle a la verdadera oposición al franquismo que había supuesto el PCE y el Felipe González que ahora conocemos, se encuentran tantos quiebros ideológicos que para un servidor resulta ya demasiado complicado poder definir en que punto exacto murió aquel Felipe que se definía así mismo como alternativa para España.

Desde la entrada a la OTAN, la renuncia al marxismo, la reconversión industrial fruto de la claudicación entonces igual que ahora a los dictámenes económicos de la UE, pasando por la represión a los sindicatos en el 88, los más de 3 millones de parados en 1993 y las 28 personas asesinadas por los GAL. Felipe González ha terminado representando para la sociedad la ensoñación liberal de que el dinero todo lo puede comprar, incluso las ideologías.

Con la oligarquía en Venezuela, conseguidor en Sudán del Sur, capataz en el México de Carlos Slim o señor X en Euskadi. Mil caras para un personaje que a lo largo de su trayectoria ha logrado mantenerse como tótem del socialismo español, sin que por ello tuviese que renunciar a cargos como el de consejero de Gas Natural Fenosa, por el que llego a cobrar 100.00 euros anuales, o el de representante de una mesa de sabios en la UE que bien podrían denominarse como embajadores del liberalismo en Europa.

Toda una trayectoria que ha llevado a Felipe a situarse por convicción o por necesidad, al frente de un golpe de mano burgués en el propio partido socialista. La perspectiva de un gobierno con Unidos Podemos parece haber alertado al sistema y con ello a la vieja guardia socialista hasta el punto de ahora si, estar dispuestos a cualquier cosa con tal de encontrar soluciones a un sistema que parece tambalearse irremediablemente.

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Autor: @SeijoDani

 

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Los dilemas de Pedro

Estalló finalmente la guerra en el PSOE como estallan todas las guerras que se mantienen más o menos frías durante largo tiempo, de manera sorpresiva y cruel. Con un movimiento inesperado y 17 dimisiones en la ejecutiva socialista, para configurar, al fin de forma visible, la plana mayor de un sector crítico en el propio partido que excusandose en la deriva política del propio Pedro Sánchez y los recientes resultados electorales en Galicia y Euskadi, buscan finalmente formalizar un impeachment al hasta todavía hoy líder socialista, para siempre supuestamente, lograr desatascar no solo el bloqueo del propio partido, sino a su vez la situación política en España.

Basandose en un discurso que incomprensiblemente asume como propio el mea culpa ante la clara imposibilidad de formar gobierno por parte de Mariano Rajoy y pasadas las cinco y media de la tarde de ayer, Antonio Pradas presentaba en Ferraz su dimisión y la de otros dieciséis miembros de la dirección socialista. Dimisiones que según su propia versión, se deberían sumar a las ya realizadas con anterioridad por Gómez Besteiro y Javier Abreu, además de sumar también en esa particular cuenta la de Pedro Zerolo. Se le olvida al hasta hoy secretario de Política Federal del PSOE que el fallecimiento del socialista madrileño, poco o nada tuvo que ver con discrepancias con el presidente de su partido. Un detalle que muestra el nivel descarnado de la disputa por el poder en Ferraz.

Apelan los críticos dentro del PSOE, desconozco si con razón o sin ella, todo depende de las interpretaciones, a los estatutos del partido para tumbar a Sánchez. Estatutos que por otra parte, se da por supuesto pretenden hacer del partido una organización democrática, la cual curiosamente, dejaría en gran medida de serlo si finalmente fuese posible que un secretario general elegido por las bases, pudiese ser destituido por un grupo de barones que parecen olvidar que al igual que cualquier otro cargo de su partido, se deben principalmente a los votantes que conforman sus bases, esas mismas bases a las que ahora parecen querer evitar en una táctica que de tener éxito asestaría un golpe mortal no solo al primer candidato elegido directamente en primarias, sino a su vez a la propia legitimidad de las mismas.

Se  busca tumbar a Sánchez en los medios, en los pasillos y en las ruedas de prensa, cuando únicamente son los militantes socialistas los que debieran encargarse de hacerlo si llegase el caso. Y se hace desde la vía de los despachos, precisamente porque no se confía en poseer el apoyo suficiente en caso de seguir el cauce que cualquier partido acorde a los tiempos seguiría ante una disputa de tal magnitud, remitirse de inmediato a la militancia.

La política española, ve como en un paso más de su degeneración, el que hasta ahora había sido un partido de gobierno, se enfrasca a marchas forzadas en la pura lógica del populismo mal entendido, ese en el que se confunde la lógica política con el espectáculo deportivo, para aplicar a esta las mimas soluciones. Los críticos con Pedro Sánchez no traen otra propuesta a la militancia distinta a la del cambio de entrenador, como si resultase posible que esa inercia en si mismo fuese de nuevo a llenar el estadio.

Puede que Pedro Sánchez no sea un buen líder para el PSOE y con total seguridad no se trata de un defensor de las políticas sociales ni progresistas, sino que se encuentra muy alejado de las mismas. Tampoco debemos confundir en esta lucha interna en el seno del PSOE, con un conflicto entre los que defienden el NO a Rajoy o una abstención que facilite su gobierno.

El problema del PSOE estaba ahí antes de Sánchez y estará ahí si es que este se va. Es el problema de un partido sin una identidad propia,  que continua sintiéndose en el sector de la izquierda, pero que es capaz de pactar con el Partido Popular la modificación del artículo 135 de la constitución española de espaldas a la ciudadanía. Un partido cuyo discurso territorial lo ha llevado a perder la mayoría de sus apoyos en Euskadi o Catalunya, pero que sigue negándose a cualquier replanteamiento territorial en España. Un partido sin alternativas, roto y desde anoche mismo, un partido en manos de intereses nada claros.

Llego Sánchez a Ferraz arropado por muchos de los que ayer presentaban su dimisión. Entre esos apoyos, los de una Susana Díaz que veía en el líder madrileño un muñeco de paja del que poder deshacerse una vez superada la candidatura de quién consideraba su verdadero rival, Eduardo Madina. Han pasado escasamente dos meses desde que los que hoy claman ante la tiranía de la era Sánchez daban su apoyo a este mismo proyecto, un proyecto al que Felipe González se ha encargado de dar la puntilla con sus recientes declaraciones a los medios de comunicación, en las que el que se supone ya ex líder socialista, no ha dudado en volver a enfundarse su chaqueta de pana tras sus asesorías a personajes tan cercanos a la izquierda como Carlos Slim, Henrique Capriles o Farshad Zandi, para sin rubor alguno y amparado en sus estrechas relaciones con un Ibex que busca la gobernabilidad de la izquierda y un diario El País que se ha convertido cuanto menos en un baron más dentro de la ejecutiva socialista, eregirse en el principal impulsor de la oposición a Sánchez. Un Felipe González que si vendió hace ya tiempo sus principios, nada hacía pensar en realidad que le fuese a resultar especialmente complicado llegar a hacer lo mismo con los de su partido.

Nos encontramos por tanto en una situación sin buenos y malos, sino para desgracia de la militancia socialista, en un callejón sin salida en donde lo único que parece claro, es la incapacidad a corto plazo de construir alternativas de aquellos que de un modo u otro, en su carrera al poder, continúan derribando estructuras en esta larga perestroika en el seno PSOE.

Al igual que la Guerra Civil española supuso un claro antecedente ideológico a la II Guerra Mundial, el actual conflicto fratricida en el Partido Socialista español, parece resultar un adelanto de la inevitable crisis del modelo socialdemócrata en Europa. Lo que hoy se decide en Ferraz es el futuro de una de las principales alternativas a la ofensiva de la derecha en España, y siendo sensatos, todo parece indicar que sea cual sea el vencedor de esta batalla, seguirá resultando necesaria una verdadera alternativa desde las bases del partido.

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Autor: @SeijoDani

 

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La historia nos absolverá

Ha ganado la táctica de ocultar a su propio partido, ha ganado el ruido desde Madrid, ha ganado el miedo frente a las propuestas. En Galicia, ha ganado el Partido Popular y su candidato, aunque probablemente, no hayan ganado todos los que si han votado al PP.

Con unas elecciones  de nuevo a caballo entre Madrid y Santiago, el Partido Popular ha vuelto a aprovechar a la perfección, el ruido de la precampaña en los partidos de izquierda y un miedo, el del bloqueo institucional, que ese mismo ruido se ha encargado de amplificar y hacerlo sobrevolar sobre un hipotético pacto entre las formaciones de izquierda, que si bien parecía respaldado desde las agrupaciones gallegas, corría en la mentalidad popular, el serio peligro de verse embarrado en una nueva investidura eterna por el a priori necesario visto bueno desde Ferraz y Princesa.

Con un Feijóo ya acostumbrado a lidiar con las acusaciones que desde la oposición, apuntan a su huída a la política estatal. El PP ha decidió postergar sus cada día más evidentes luchas internas, para con un perfil de marca intencionadamente bajo, lograr revalidar en Galicia sus 41 escaños y con ellos, una mayoría absoluta que refuerza al candidato por ahora gallego y debilitan tremendamente tanto a las propuestas de izquierdas, como a un partido, Ciudadanos, aparentemente condenado a la deriva Díez en su intento de consolidarse como alternativa en el ala derecha de la política española.

Recibe un duro golpe la izquierda, y lo hace fruto de una campaña tremendamente inoportuna para el calendario del debate ideológico que a esta le ocupa. Llegaron las elecciones gallegas en pleno pulso identitario entre el carácter propio de las mareas y la inercia aglutinadora de Podemos, como lo hicieron también con un PSOE  inmerso en su particular “perestroika” y un BNG, que una vez más y pese a los cismas internos, ha demostrado con su campaña que nada tiene que ver la salud ideológica de un partido, con su salud electoral.

Llego la izquierda a las urnas en Galicia con una idea clara de lo que se quería cambiar: la inherente injusticia del sistema y especialmente la gestión que de ese sistema se llevaba a cabo desde el PP, pero también lo hacía inmersa en pleno proceso de deliberación sobre las formas de hacerlo y muy especialmente sobre cual iba a ser su alternativa.

No nos malinterpretemos, nada malo existe en el debate, siempre y cuando este se produzca en los tiempos y las formas adecuadas. Lo que no ha parecido suceder en el caso que nos ocupa, atendiendo a los numerosos titulares que en plena recta final de campaña han surgido a raíz de la guerra entre Sánchez y sus varones o Pablo iglesias e Ínigo Errejón. Si el PP decidió aparcar sus diferencias durante la campaña, la izquierda de nuevo comenzó la revolución, antes de finalizar la guerra.

Ha ganado el PP y lo ha hecho pese a la corrupción de sus dirigentes y la política de tierra quemada en sectores como el lácteo, el cerco o la agricultura. Gana el PP en una tierra que como decía el más ilustre de los gallegos, Alfonso Daniel Rodríguez Castelao, está más acostumbrada a emigrar que a pedir. Una tierra con demasiados partidos y escasos movimientos sociales o cooperativas, en donde curiosamente se puede cambiar con mayor facilidad el signo de un voto con las políticas de los pequeños ayuntamientos que con las grandes infraestructuras. Y es que lo del caciquismo en Galicia daría para un aparte, sin duda, resultaría curiosa la presencia de observadores internacionales en nuestros colegios electorales, pero eso no va a suceder, cosas de formar parte del imperio aunque sea en sus provincias más olvidadas. Gana el PP de los recortes, de la corrupción y la precariedad, un partido afanado por marginar o idioma aunque para eso tenga que llevarse también por delante su sabia, encarnada en lo rural y todo lo que en torno a el gira.

Gana la derecha y puede que no por sus propios méritos. Han pasado ya 25 años sin que desde el seno de la izquierda, se haya logrado articular una alternativa clara al modelo de capitalismo de casino en el que nos vemos inmersos como realidad casi global. La izquierda  y especialmente el socialismo europeo, permanece todavía en estado de letargo, tras el intenso golpe que supuso la caída del muro y la imposición del dogma neoliberal. No hemos sabido plantear una alternativa al actual modelo que no solo embelesase al votante tradicional, sino que atrajese a una abstención que sin duda lleva camino de convertirse en la verdadera batalla política de la izquierda de nuestro siglo, más allá de las quimeras del centro tan rentables en sus planteamientos ideológicos para la derecha.

Es necesario profundizar en el debate interno de las diferentes formaciones sin temor a la ruptura, es tiempo de lograr confrontar diferentes visiones dentro de un mismo Frente Amplio de izquierdas. Tiempo de debate, de coloquios y movimientos sociales. Es tiempo de recuperar las calles y desafiar a las injusticias también en los parlamentos, resulta necesario hacer ver a la población que el estado de las cosas no se corresponde a una crisis pasajera, sino a un estadio más de un modelo de sociedad que ve en la clase obrera y su condición de vida, un medio y no un fin en si mismo. No existe una salida a la crisis si no existe un modelo alternativo de sociedad y es ahí en donde debe residir nuestro proyecto, no una especie de buena gestión de las injusticias del sistema como paliativo de una situación insostenible.

Son tiempos de cambio y esta derrota tan solo retrasa cuatro años el asalto al cielo de un proyecto que debe ser a largo plazo y que debe cimentarse en votantes conscientes de la necesidad de su actividad y formación política. La alternativa, supondría sin duda la vuelta a las escisiones en formaciones más débiles y la lucha política por el acceso a los sillones.

Son muchos los que opinan que la indignación se canalizó por primera vez en la política gallega. Hoy, una vea más y pese al duro golpe, depende de la izquierda gallega, construir un marco solido para que sea también aquí en donde al fin se materialice su alternativa.

 

«¡Ése es el pueblo, el que sufre todas las desdichas y es por tanto capaz de pelear con todo el coraje! A ese pueblo, cuyos caminos de angustias están empedrados de engaños y falsas promesas, no le íbamos a decir: “Te vamos a dar”, sino: “¡Aquí tienes, lucha ahora con todas tus fuerzas para que sean tuyas la libertad y la felicidad!”

Fidel Castro Ruz, La Historia me absolverá

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Autor: @SeijoDani

 

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental. 

https://www.change.org/p/xulio-ferreiro-calle-berta-c%C3%A1ceres-en-a-coru%C3%B1a

Show must go on

De nuevo, le toca el turno de las negociaciones a la clase política, sin que el pueblo haya cambiado nada. Sin grandes manifestaciones, sin indignación en nuestras calles, sin huelgas, sin movimientos populares, ni excesivas muestras de desagrado o incomprensión. Tan solo con desencanto, con escepticismo, como quién ya ve en la supuesta solución una parte más del problema.

Una vez más, la sociedad española ha votado y se ha recostado en su sofá, a la espera de las soluciones de un hemiciclo no menos inerte que la propia calle. Soluciones que se nos presentan enmascaradas en pactos políticos que no importan y en maratonianas declaraciones que si cabe, lo hacen menos. Excepto, claro está, si las tenemos en cuenta como mera escenografía imprescindible dentro del parlamentarismo español, para de esa manera, lograr romper sin excesivo pudor pactos y promesas alcanzados con la ciudadanía anteriormente. Un reino del teatro y la mentira en donde la responsabilidad ante la hemeroteca supone un extraño castigo para los partidos. Y en donde el engaño electoral, tienen su lugar privilegiado en el engranaje social, como medio para que la decadencia de una democracia, ya a estas alturas, muy alejada de su propio pueblo, no salga a relucir en demasía.

Para muestra un botón. El pacto entre Ciudadanos y Partido Popular, supone la muestra más fidedigna de la desmemoria política, del engaño electoral y la parquedad ciudadana en un solo documento. Tras su breve aventura con Pedro Sánchez, Albert Rivera pretende mostrarse ante España como un adalid de la democracia, capaz de rescatar a España del desastre de una nueva consulta ciudadana. Y si para ello en Ciudadanos tienen que cambiar programas electorales, desdecirse o incluso mentir mirando fijamente a cámara con una lustrosa sonrisa únicamente esgrimida en tales circunstancias por quién nada creé de lo que dice o por lo contrario, por quién creé firmemente que el fin justifica todos los medios. Albert Rivera lo hará, al igual que en mayor o menor medida parecen dispuestos a hacerlo hoy la mayor parte de nuestros políticos.

Asistimos pues a una política camaleónica, desmemoriada y deslengüada a partes iguales, en donde el ciudadano es únicamente considerado como votante consumidor o consumidor votante de manera indiferente. Poco o nada importan ya nuestras pataletas a los políticos, las huelgas han pasado a considerarse actos violentos y carentes de sentido, la disidencia política real supone inmediatamente la sospecha de terrorismo y la participación ciudadana en la política es vilipendiada y caricaturizada en los mass media sin apenas tregua o compasión.

Vivimos en una sociedad engañada y autoengañada, una sociedad que pide el cambio pero que teme a la participación en la lucha social, una sociedad que señala a la corrupción pero que no dudaría en aprovechar si se presenta la ocasión sus ventajas. Una sociedad reflejo de sus políticos y una política fruto de sus ciudadanos. Dos caras de una misma moneda, dos organismos y una misma simbiosis que ha llevado a nuestro país a una complicada disyuntiva:  continuar la farsa o remover las cosas.

De momento: abrimos de nuevo el telón, encendemos los focos y comenzamos una nueva legislatura en la que una vez más la formación de gobierno parece importar más que la fortaleza y la autoridad del mismo. Supongo que después de todo, una vez puesto los nombres y colores a los cargos, de tomar decisiones ya se encargarán Merkel, Europa, la Troika o quién sabe realmente en manos de quien se encuentra actualmente nuestro destino en el día a día. Si bien todo parece indicar tras fulgurante imposición de la modificación del artículo 135 de nuestra constitución, que ya no en las nuestras.

Pero si algo  parece realmente  importante en todo esto, es que tras las mentiras y el show, tras las nuevas declaraciones y las promesas, usted no ha tenido que participar de nuevo en la irónicamente llamada fiesta de la democracia.

Pero no se preocupe, tras una larga jornada de trabajo, siempre podrá indignarse desde su sofá a la hora del telediario.

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Autor: @SeijoDani

 

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental.

Desde DowJones te agradecemos tu colaboración.

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Juegos de trileros

Termina el verano, y con el regresamos los españoles de las vacaciones con la sensación de volver a ese eterno día de la marmota que supone ya la política en nuestro país. Regresamos a las declaraciones en los pasillos, a las ruedas de prensa y a esos platós de los mass media, en donde los debates siempre parecen alargarse, sin que parezcan aportar nada.

Regresamos al desgobierno en funciones y con ello a la tutela de Europa y de los mercados; si es que alguna vez nos habían dejado, al paro, a la corrupción y especialmente regresamos al miedo a unas nuevas elecciones. Una amenaza que pareciera cobrar una desmedida virulencia en un país que ha estado, en su pasado, 37 años sin celebrar unas elecciones libres, y en donde la clase obrera ha llegado a temer más a unos comicios que a la propia continuidad de las políticas de la precariedad y los recortes. Puede que mucha de esa animadversión repentina a los comicios, encuentre su explicación en la única alternativa que se ha planteado hasta ahora desde los partidos a las urnas. Alternativa en  forma de pactos de trileros entre partidos, en donde las promesas parecen ser gratuitas y apenas encuentran ya repercusión entre las esperanzas de los españoles.

Y es en medio de todo este eterno despertar político en el que se ha convertido nuestra existencia, en donde parece cobrar especial protagonismo un nuevo pacto, ésta vez entre Ciudadanos y Partido Popular, que en la búsqueda de su particular ménage a trois de gobierno con el PSOE, han decidido presionar al partido de Pedro Sánchez con un acuerdo en donde la formación naranja plantea combatir la corrupción de los populares, tras pasar un documento de condiciones innegociables, por el visto bueno de un comité ejecutivo, el del PP, en donde todavía hoy, permanecen Carmen Navarro, Ana Mato o Rita Barbera, entre otros tantos nombres encargados, al parecer, de supervisar  el cambio político de nuestro país.

 

Triste camino el de un partido como Ciudadanos que hoy pacta con el PSOE y mañana con el PP, variando para ello si es preciso, en donde sea, sus postulados y el de un Partido Popular que por sorprendente que parezca tras 30 años de democracia, sigue sin entender que ser el partido más votado en las elecciones de un sistema parlamentario, no supone una carta blanca a la hora de formar gobierno. Un pacto entre naranjas y populares que parece pretender solapar con nuevas promesas de cambio, lo que hace ya tiempo, deberían ser responsabilidades políticas para un partido que ha gobernado España infestado por la corrupción, y que si nada cambia, parece dispuesto a volver  a hacerlo con el voto amigo, eso si con las narices tapadas, de la formación naranja. A día de hoy, esta parece suponer la única y surrealista alternativa para evitar concurrir de nuevo a las urnas.

Todo ello en un país en donde la izquierda a la espera de las elecciones gallegas y vascas, sigue sin comprender que la renuncia al acuerdo con los nacionalismos, tarde o temprano será una promesa más incumplida por alguna de las partes, ya que pese a todo, y atendiendo al panorama político que se nos presenta, sigue suponiendo la única llave viable para la formación de futuros gobiernos.

 

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Autor: @SeijoDani

 

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Guerra de trincheras

“Locura es hacer lo mismo una vez tras otra y esperar resultados diferentes”

Albert Einstein

Y precisamente esa es la sensación que nos queda a los españoles tras el 26J, la de una política cabezota, de límites, que se empeña  una y otra vez en repetir los mismos pasos, intentando con ello lograr un resultado diferente. Tras el 20D existían motivos para la reflexión, para el cambio, motivos para que la totalidad de las formaciones políticas del arco parlamentario español se pusiesen manos a la obra y comenzaran diferentes rondas de dialogo, tanto internas como externas, que condujesen a sus formaciones a un proceso de replanteamiento estratégico que los preparase para una nueva política partidista en España con unas nuevas reglas de juego. Pero no ha sido así. Los líderes políticos españoles y con ellos sus partidos, se dedicaron desde el minuto uno a cavar trincheras, a soterrar las posibilidades de acuerdos parlamentarios entre juegos fálico-infantiles y con ello, demostraron que pese al paso del tiempo, la democracia en España, continua siendo una democracia joven y poco acostumbrada al tête à tête político.

En España las negociaciones comienzan en la prensa, en las bases o incluso en las redes sociales, pero nunca en los despachos. Y claro, después de días, semanas o puede que incluso meses calentando a diestro y siniestro al personal con la cal viva o con Venezuela o de promesas y líneas rojas que jamás de los jamases se traspasarían, cuando los líderes políticos se sientan a negociar, el despacho más que un despacho parece una olla a presión y poco queda ya por decir. Lo que queda, es esperara a que pase el tiempo para salir a una nueva rueda de prensa y decir lo que ya todos sabemos o llegar a acuerdos sobre las líneas rojas que juramos no traspasar y que ahora por misterios de la coherencia, nuestros militantes rechazan enérgicamente.

Vivimos inmersos en una España esperpéntica en donde quienes promulgan la unidad de España pretenden excluir el peso parlamentario de los catalanes y vascos, mientras quienes desde ahí pretenden la independencia, se ofrecen sin temor para formar gobierno. Una España arcaica, absurda, solapada entre grandes titulares y a la espera de volver a lo de siempre. Se equivocan muchos si creen que el cambio en nuestro país ha llegado para quedarse, dennos un respiro y volveremos a la corrupción, a la burbuja inmobiliaria y al bipartidismo. Eso precisamente, la firme creencia de que todo volverá a la “normalidad” es lo que mantiene a los viejos partidos firmes ante las peticiones de cambio que llegan desde las nuevas formaciones.

Nadie ha dicho que resulte fácil llegar a un acuerdo en una España dividida entre izquierda/derecha, centralismo/nacionalismo y pasado/presente, pero resulta curioso que tras tantos años de leyenda de aquella lustrosa transición, seamos ahora incapaces precisamente los españoles de llegar a un acuerdo de mínimos estancados entre la falta de cintura de los nuevos partidos y la política de búnker de las viejas élites políticas de nuestro país.

Desconozco si el cambio terminará produciéndose o no en España y si se produce, desconozco el signo del mismo, pero si algo parece claro es que a la espera de que termine de arrancar la legislatura que se supone del cambio, la nueva política parece ya desencantar tanto a los españoles como la vieja. Cosas de la guerra de trincheras supongo.

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Autor: @SeijoDani

 

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Jornada de reflexión

Volvemos a vernos inmersos en otra campaña electoral, y vuelven las dos españas: una España mágica pincelada por un gobierno que siempre parece haber tenido poco tiempo para realizar sus políticas, pero que promete hacerlo si le damos una nueva oportunidad,  y otra muy distinta, desdibujada por una oposición que sino fuese suficiente  ya con nuestros propios problemas, siempre parece capaz de encontrar alguno más. Aún teniendo que buscar en Venezuela, en Grecia o en Irán.

Triste panorama para unos ciudadanos, nosotros, que en medio de una espiral de paternalismo, que a veces roza la falta de respeto,  y de alarmismo, volvemos a encontrarnos en una relación directa con esos entes, los partidos, que durante el resto del año, parecen tan alejados de nosotros en esa lejana galaxia llamada parlamentarismo. Todo con tal de ganar nuestro más preciado bien en democracia, el único ya dirían algunos: nuestro voto. Durante unos instantes, volvemos a contar, dejamos de ser agricultores, taxistas o desempleados; en el mejor de los casos, cuando no meros consumidores, para convertirnos en patriotas, en honrados ciudadanos o en compañeros y compañeras, eso depende ya del gusto de cada uno.

Como si de una gran navidad política se tratase, todos los ciudadanos pasamos por defecto durante unos días, a ser individuos bondadosos e incorruptibles, tan solo en ciertos casos y como excepción; engañados sin duda con crueles artificios y artimañas por algún malvado líder del partido rival, se debe reconducir en su voto a algún ciudadano perdido. Nada que un buen debate o una carta aparentemente personal, pero tan prefabricada como la propia democracia, no pueda arreglar en un instante. 

En definitiva, una prototípica historia de buenos y malos la de nuestra democracia, en la que hasta no hace mucho parecían no importar los papeles. En donde gobernase quién gobernase el fuerte, siempre terminaban ganando los mismos, esos a los que hoy llamamos mercados y ayer burguesía, pero que a fin de cuentas siguen representando lo mismo. Una sociedad corrompida por el poder, en donde se nos habla del ejemplo griego o de la peligrosidad de según que políticas, sin hablarnos de la amenaza que una Europa ya en la senda del neoliberalismo puso sobre la mesa de Alexis Tsipras, una sociedad que habla de los derechos de los venezolanos y las venezolanas, pero que poco o nada dicen sobre la desigualdad de una sociedad en la que los negros, los indigenas, siguen siendo vistos como ciudadanos de segunda, como menos venezolanos que el resto. En donde se nos habla de los refugiados, pero no de la guerra, esa guerra que nosotros mismos creamos en primavera y pretendemos ocultar ahora que el invierno del dolor llama a nuestras puertas. Una sociedad que llora a las mujeres muertas, pero abraza al patriarcado. En donde se dice combatir a la corrupción, pero se favorece el sumo poder de las empresas en el juego político. Una sociedad de pocos y para pocos, en donde se nos miente, se nos engaña y finalmente nos dan la falsa sensación de poder, cuando se nos deja meter una papeleta en una urna una vez cada cuatro años, puede que dos si no les gusta el resultado.

La verdadera conquista de la izquierda no será la victoria de Podemos/IU ni el 15M o un par de ayuntamientos, nuestra victoria reside en cada par de ojos abiertos a la realidad, en cada casa que sea parte activa de la lucha política y suponga un nuevo impulso para ganar nuestro más preciado derecho, el derecho a derribar muros, a cambiar las cosas, el derecho a construir un nuevo mundo alejado de su vieja distopia capitalista.

Perdonen que este no sea un análisis más de el último debate, perdonen que aquí no hablemos de candidatos ganadores o perdedores, sino de un sistema injusto y de la necesidad de cambiarlo.

Sin duda, tomar conciencia política es más sacrificado que ver un debate o depositar una papeleta, y si realmente queremos una verdadera democracia, así debe serlo.

 

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Autor: @SeijoDani

 

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental.

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