La historia nos absolverá

Ha ganado la táctica de ocultar a su propio partido, ha ganado el ruido desde Madrid, ha ganado el miedo frente a las propuestas. En Galicia, ha ganado el Partido Popular y su candidato, aunque probablemente, no hayan ganado todos los que si han votado al PP.

Con unas elecciones  de nuevo a caballo entre Madrid y Santiago, el Partido Popular ha vuelto a aprovechar a la perfección, el ruido de la precampaña en los partidos de izquierda y un miedo, el del bloqueo institucional, que ese mismo ruido se ha encargado de amplificar y hacerlo sobrevolar sobre un hipotético pacto entre las formaciones de izquierda, que si bien parecía respaldado desde las agrupaciones gallegas, corría en la mentalidad popular, el serio peligro de verse embarrado en una nueva investidura eterna por el a priori necesario visto bueno desde Ferraz y Princesa.

Con un Feijóo ya acostumbrado a lidiar con las acusaciones que desde la oposición, apuntan a su huída a la política estatal. El PP ha decidió postergar sus cada día más evidentes luchas internas, para con un perfil de marca intencionadamente bajo, lograr revalidar en Galicia sus 41 escaños y con ellos, una mayoría absoluta que refuerza al candidato por ahora gallego y debilitan tremendamente tanto a las propuestas de izquierdas, como a un partido, Ciudadanos, aparentemente condenado a la deriva Díez en su intento de consolidarse como alternativa en el ala derecha de la política española.

Recibe un duro golpe la izquierda, y lo hace fruto de una campaña tremendamente inoportuna para el calendario del debate ideológico que a esta le ocupa. Llegaron las elecciones gallegas en pleno pulso identitario entre el carácter propio de las mareas y la inercia aglutinadora de Podemos, como lo hicieron también con un PSOE  inmerso en su particular “perestroika” y un BNG, que una vez más y pese a los cismas internos, ha demostrado con su campaña que nada tiene que ver la salud ideológica de un partido, con su salud electoral.

Llego la izquierda a las urnas en Galicia con una idea clara de lo que se quería cambiar: la inherente injusticia del sistema y especialmente la gestión que de ese sistema se llevaba a cabo desde el PP, pero también lo hacía inmersa en pleno proceso de deliberación sobre las formas de hacerlo y muy especialmente sobre cual iba a ser su alternativa.

No nos malinterpretemos, nada malo existe en el debate, siempre y cuando este se produzca en los tiempos y las formas adecuadas. Lo que no ha parecido suceder en el caso que nos ocupa, atendiendo a los numerosos titulares que en plena recta final de campaña han surgido a raíz de la guerra entre Sánchez y sus varones o Pablo iglesias e Ínigo Errejón. Si el PP decidió aparcar sus diferencias durante la campaña, la izquierda de nuevo comenzó la revolución, antes de finalizar la guerra.

Ha ganado el PP y lo ha hecho pese a la corrupción de sus dirigentes y la política de tierra quemada en sectores como el lácteo, el cerco o la agricultura. Gana el PP en una tierra que como decía el más ilustre de los gallegos, Alfonso Daniel Rodríguez Castelao, está más acostumbrada a emigrar que a pedir. Una tierra con demasiados partidos y escasos movimientos sociales o cooperativas, en donde curiosamente se puede cambiar con mayor facilidad el signo de un voto con las políticas de los pequeños ayuntamientos que con las grandes infraestructuras. Y es que lo del caciquismo en Galicia daría para un aparte, sin duda, resultaría curiosa la presencia de observadores internacionales en nuestros colegios electorales, pero eso no va a suceder, cosas de formar parte del imperio aunque sea en sus provincias más olvidadas. Gana el PP de los recortes, de la corrupción y la precariedad, un partido afanado por marginar o idioma aunque para eso tenga que llevarse también por delante su sabia, encarnada en lo rural y todo lo que en torno a el gira.

Gana la derecha y puede que no por sus propios méritos. Han pasado ya 25 años sin que desde el seno de la izquierda, se haya logrado articular una alternativa clara al modelo de capitalismo de casino en el que nos vemos inmersos como realidad casi global. La izquierda  y especialmente el socialismo europeo, permanece todavía en estado de letargo, tras el intenso golpe que supuso la caída del muro y la imposición del dogma neoliberal. No hemos sabido plantear una alternativa al actual modelo que no solo embelesase al votante tradicional, sino que atrajese a una abstención que sin duda lleva camino de convertirse en la verdadera batalla política de la izquierda de nuestro siglo, más allá de las quimeras del centro tan rentables en sus planteamientos ideológicos para la derecha.

Es necesario profundizar en el debate interno de las diferentes formaciones sin temor a la ruptura, es tiempo de lograr confrontar diferentes visiones dentro de un mismo Frente Amplio de izquierdas. Tiempo de debate, de coloquios y movimientos sociales. Es tiempo de recuperar las calles y desafiar a las injusticias también en los parlamentos, resulta necesario hacer ver a la población que el estado de las cosas no se corresponde a una crisis pasajera, sino a un estadio más de un modelo de sociedad que ve en la clase obrera y su condición de vida, un medio y no un fin en si mismo. No existe una salida a la crisis si no existe un modelo alternativo de sociedad y es ahí en donde debe residir nuestro proyecto, no una especie de buena gestión de las injusticias del sistema como paliativo de una situación insostenible.

Son tiempos de cambio y esta derrota tan solo retrasa cuatro años el asalto al cielo de un proyecto que debe ser a largo plazo y que debe cimentarse en votantes conscientes de la necesidad de su actividad y formación política. La alternativa, supondría sin duda la vuelta a las escisiones en formaciones más débiles y la lucha política por el acceso a los sillones.

Son muchos los que opinan que la indignación se canalizó por primera vez en la política gallega. Hoy, una vea más y pese al duro golpe, depende de la izquierda gallega, construir un marco solido para que sea también aquí en donde al fin se materialice su alternativa.

 

«¡Ése es el pueblo, el que sufre todas las desdichas y es por tanto capaz de pelear con todo el coraje! A ese pueblo, cuyos caminos de angustias están empedrados de engaños y falsas promesas, no le íbamos a decir: “Te vamos a dar”, sino: “¡Aquí tienes, lucha ahora con todas tus fuerzas para que sean tuyas la libertad y la felicidad!”

Fidel Castro Ruz, La Historia me absolverá

feijoo

 

Autor: @SeijoDani

 

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental. 

https://www.change.org/p/xulio-ferreiro-calle-berta-c%C3%A1ceres-en-a-coru%C3%B1a

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Galicia canibal

Y finalmente Galicia, ya tiene fecha para sus elecciones. El 25 de septiembre y coincidiendo con los comicios vascos, Alberto Nuñez Feijóo ha decidido llamar de nuevo a los gallegos y gallegas a las urnas, quién sabe si pensando en los propios tiempo del país, en los de su partido o bien los suyos propios. Unos tiempos, los del presidente de la Xunta, que sin duda y por mucho que se empeñe en negarlo, miran desde hace tiempo a Madrid y podrían tener en ese 25 de septiembre, una oportunidad inmejorable para poner tierra de por medio ante uno de sus principales rivales políticos, y precisamente uno de los pocos a los que parece no haber salpicado en demasia la corrupción, Alfonso Alonso. Sin duda, sabe muy bien Feijóo que excepto a la debacle que supondría perder la Xunta para el PPdG, la comparación con el escenario vasco, siempre le será ventajosa en una supuesta carrera de cara a la sucesión del presidente de su partido, Mariano Rajoy.

Llega Feijóo y el PPdG a estas elecciones gallegas con las miserias y las ventajas de siempre, pero ante un escenario nuevo. Por primera vez en Galicia, el rival político; exceptuando un eterno fantasmagórico PSdG, se presenta para Nuñez Feijóo en clara alternativa de izquierdas desde dentro y desde fuera del nacionalismo. Si bien es cierto que en ambos casos, los aspirantes al trono llegan con las huestes mermadas tras largos y extenuantes procesos de deliberación internos, que tanto en el caso de Podemos / Mareas, como en el caso del BNG, han terminado relativamente sobre la bocina de la precampaña.

LLega por tanto la izquierda gallega a las elecciones con mucho proyecto por delante y una sola ventaja, pero una ventaja considerable: el mayor trabajo en una alternativa a Feijóo, lo supone en si la legislatura del propio presidente de la Xunta. El supuesto monaguillo de Orense ha dejado en Galicia: una pesca de cerco abandonada ante las exiguas cuotas repartidas en Bruselas, frente a la desidia del gobierno español y el servilismo de los representantes gallegos, un sector lácteo enterrado ante los ERE, la caída de precios y la crisis de subsistencia de cientos de explotaciones que libran entre la soledad y la traición una larga batalla para verse apoyados desde las instituciones, y una agricultura vapuleada y abandonada a su suerte por un gobierno que ve como con ella se pierde parte de la idiosincrasia de una tierra que por desgracia gobierna quién no la sabe comprender. 

A todo ello, podríamos sumar un desastroso y oscuro proyecto eólico, un clasismo imperante en su trato a los menos favorecidos, una clara tendencia a destruir empleo juvenil o a forzar la emigración; como antaño, de los más jóvenes y preparados del país, un conflicto entorno al idioma gallego, creado con clara intención de hacer desaparecer a este frente al uso del castellano, una generación de investigadores abandonados, una sanidad sobrepasada por los recortes… y así una interminable lista de afectados por las corruptelas y la praxis de un Partido Popular gallego en cuyas raíces se mezclan contrabandistas, narcotraficantes y políticos derivados de la España franquista, que sin embargo le han valido para tejer a sus espaldas toda una red de favores y caciques que hasta ahora le han dado, salvo honrosas excepciones, siempre la victoria electoral. No es de extrañar sabiendo esto, que el propio aspirante a revalidar la Xunta, haya superado sin más problemas la filtración a la prensa de una foto en la que compartía tardes de sol, en el yate del conocido traficante Marcial Dorado. En Galicia todos conocemos las leyendas de los fardos que han aupado a políticos y a empresarios, faceta esta de mi tierra muy bien recogida por Nacho Carretero en su Fariña, al igual que conocemos a un amigo o a un primo del alcalde que nos puede meter a trabajar en el ayuntamiento y somos plenamente conscientes de que en las iglesias y los asilos, los domingos de elección el voto viene ya sellado en su sobre. Así que que importa si el presidente conoce a un narco ¿Y quién no?. Después de todo, Galicia no es Sicilia con su Cosa Nostra, ni Colombia con sus grandes narcos o México con su violencia. Galicia no es ninguna de ellos, ni en el fondo, deja de serlos un poco todos a la vez.

Así que por eso, por nuestras peculiaridades, por no saber si subimos o si bajamos;  aunque realmente ante esto he de decir que lo que no queremos en realidad es que lo sepan ustedes, entérense, y por cientos de motivos más. Las elecciones en Galicia, no serán fáciles para una izquierda que en esto si se asemeja mucho a la española, gusta demasiado de preparar la revolución antes de ganar la guerra. 

Se necesita un nacionalismo fuerte en Galicia, al igual que se necesita una Marea más larga en nuestra tierra, después de todo el BNG no es Podemos ni necesita serlo y puede que En Marea tampoco, por una vez el cambio lleva marca propia sin que esto suponga un nuevo gallego, con voz peculiar, deformando España. Es tiempo de cambio, es tiempo de lucha y la alternativa sin duda supondría la vuelta a  aqueles séculos escuros.

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Autor: @SeijoDani

 

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental.

Desde DowJones te agradecemos tu colaboración.

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