Castillo de naipes

Si alguien dudaba del respaldo de las bases a Pablo Iglesias, Vistalegre II, ha servido para sacarlo de su error. Con el control de 37 de los 62 puestos del Consejo Ciudadano, y un mayoritario apoyo a su labor como Secretario General. El líder de la formación morada, pone fin a una crisis de legitimidad, quizás, demasiado artificial como para haber supuesto un verdadero reto a Iglesias y a su equipo. Las bases han hablado, y lo han hecho, para demostrar una vez más, que si algo no gusta en Podemos, son las injerencias de quienes no consideran los suyos. Se equivocó Iñigo Errejón en las formas y en los tiempos, pero especialmente, se equivocó, el hasta ahora número dos de Podemos, en los apoyos que sumaba, a la hora de respaldar su candidatura para arrebatar la hegemonía estratégica a Iglesias, en una pugna, que poco o nada ha tenido que ver, con el debate de futuro que precisa la formación del cambio. Una lucha, que se ha acercado más, al esperpento típico de la izquierda patria de toda la vida.

El apoyo de los grandes medios de comunicación, y la clara preferencia por su candidatura de la derecha de nuestro país, facilitó la creación de un ambiente de decadencia ficticia en torno al liderazgo de Iglesias, que si bien en el equipo de Iñigo Errejón, lo identificaron como el momento oportuno para plantear un pulso, que ya se venía gestando desde lo sucedido en Madrid, el tiempo, lo ha revelado, como un claro error estratégico en la candidatura del número dos de Podemos. Vistalegre, no era el momento, ni el lugar, para un debate entre bandos. Desde un principio, se apuntó desde la candidatura de Errejón al entorno de Pablo Iglesias como una horda de peligrosos radicales, dispuestos a convertir la asamblea ciudadana, en una checa, donde él y los suyos serían apartados de los órganos de decisión de Podemos. Olvidaban, que ese poder, residía tan solo en los más de 155.000 inscritos que votaron en Vistalegre II, y que finalmente, apostaron por hacer de su alarmista discurso de candidatura, una realidad.

Errejón apostó por el discurso del miedo, el de la izquierda moderada frente al radicalismo. Un discurso que quiso sonar a transversalidad, pero que quizás, ha terminado sonando demasiado a capitulación, a fin de ciclo del movimiento que comenzaba con el 15M. En una candidatura que llevaba por nombre “Recuperar la ilusión” el discurso y los asesores de Iñigo Errejón, han estado siempre más próximos a una postura que permitiese un futuro pacto de gobierno con el PSOE, que a crear una verdadera alternativa política para el votante desencantado de izquierda.

La centralidad en el discurso de los errejonistas del pacto con otras formaciones; en donde el mismo PSOE que había entregado el gobierno a Rajoy, parecía jugar un papel clave, las acusaciones de sus afines comparando a iglesias con  Franco o Sadam Husein o la puesta en cuestión  del pacto con Izquierda Unida, se pueden considerar, los grandes errores de un Iñigo Errejón, que si bien puede acertar con el discurso de la transversalidad, se equivoca en el sentido del mismo. La transversalidad vital para la formación de Pablo Iglesias, ha sido siempre la que se dibuja entre la calle y las instituciones.

Vistalegre II, ha comenzado a definir lo que Podemos quiere ser. Un partido con identidad propia, capaz de sobreponerse a las presiones externas, y en donde los cantos de sirena de posibles pactos con formaciones de la izquierda más aburguesada como el PSOE, no tienen cabida en sus debates internos. Podemos, debe aspirar a crear un nuevo marco teórico propio de su visión de la sociedad. Una línea ideológica y un discurso, capaces de crear un espacio vital propio entre el electorado, que suplante su actual estrategia de adaptar sus postulados a espacios electorales ya saturados e inestables. Por delante, la difícil tarea de lograr integrar la concepción de los errejonistas, en una distribución de poder, que todo parece indicar no les va a resultar favorable. Resultaría chocante, que el defensor intelectual de la transversalidad, se mostrase incapaz de acomodar su visión política a la formación a la cual actualmente todavía pertenece. Aunque cabe recordar, que el juego de estrategia, que sin duda se dibuja en el futuro inmediato de Podemos, es un juego de varios jugadores.

Pablistas, Errejonitas y también una Izquierda Anticapitalista, capaz de mantener la cordura y la estabilidad, en los momentos más duros del conflicto, comienzan a dibujar desde la pasada semana, un Podemos diferente. Un Podemos, en el que ya nadie duda, su cabeza visible: será Pablo Iglesias.

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Autor: @SeijoDani

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental.

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Juego de tronos

Existió un tiempo en el que desde Podemos , se nos lanzaba el mensaje de que su partido, no era “Ni de derechas, ni de izquierdas” sino transversal; una especie de partido para todo, capaz de canalizar la indignación y la rabia, fruto den país con una situación social y económica, realmente insostenible para las clases más desfavorecidas del mismo. Y quizás, realmente durante un tiempo, lo lograran. Al menos, lo lograran con aquellos ciudadanos; no pocos, que se encontraban profundamente desencantados con las continuas desbandadas a las que la izquierda tradicional, los tenía acostumbrados. Durante un tiempo, en el partido de Pablo Iglesias, las cosas parecieron hacerse de otro modo. Viejas reclamaciones, para una nueva izquierda, para nuevas formas. Pero todo eso, ha terminado por desvanecerse. Muchas cosas han cambiado desde aquel primer Vistalegre, en donde la fuerza del cambio que suponía Podemos, celebraba una asamblea constituyente que definiría los primeros pasos de un partido, que se decía “quería tomar el cielo por asalto” De aquellas primeras caras que asumían la responsabilidad de un reto que podría dar vértigo a cualquiera: Carolina Bescansa, Luis Alegre, Juan Carlos Monedero,Tania González…tan solo las de Pablo Iglesias e Iñigo Errejón, siguen actualmente activos en  la dirección de Podemos, y serán finalmente los 456.443 inscritos con derecho a voto, quienes decidan quién será el particular Connor MacLeod de la formación morada.

Llegamos a Vistalegre II con la sensación de tener el paso cambiado, una sensación rara e incomprensible. Como si en nuestro fuero interno, algo nos dijese, que una asamblea que debiera servir para definitivamente definir el rumbo de una formación política, se hubiese transformado, sin que nadie termine de apuntar muy bien el motivo, en una pelea de gallos, un juego de nombres o porque no decirlo de una manera más gráfica, en el típico “a ver quién la tiene más larga” del debate político de la izquierda española de toda la vida (siento una referencia tan machista y ordinaria, pero la política en nuestro país; por desgracia, sigue siendo así, incluso la política del cambio).

No vamos a saber tras Vistalegre II, si la formación morada terminara por definirse como republicana o no, no descubriremos cuales son sus planteamientos definitivos en materia económica o política, ni si la apuesta por una distribución territorial determinada en nuestro país, podrá también definir las relaciones del partido, con las diversas formaciones con las que ha tejido sus alianzas electorales. En la asamblea de Vistalegre, no se discutirá ninguno de estos puntos, al igual que no se hablará de muchos otros temas que seguramente, tendrían un peso mayor en el futuro inmediato de los votantes de Podemos, que el que un simple pulso entre facciones pueda llegar a alcanzar, al menos a corto plazo.

Pero no nos equivoquemos, entre toda esa amalgama en la que se vota por separado a 62 miembros de la dirección, 10 miembros de Garantías, cuatro tipos diferentes de documentos y cuatro representantes de los círculos, el objetivo principal, parece claro: bajar del trono de la izquierda a Pablo iglesias. Probablemente, podría llegar a afirmar sin conocerlo personalmente; pero sin miedo a equivocarme, que a Iñigo Errejón nunca le ha gustado demasiado eso de asaltar el cielo, y que ni por asomo, cabría la posibilidad de que las manos del politólogo madrileño, pudiesen acabar de ninguna de las maneras manchadas de cal en el fragor del debate parlamentario. Iñigo es más de escritorio, que de hospital de campaña, más de Sabina que de Eskorbuto, más de temporizar que de arriesgar y eso está bien, no tiene porque ser malo para la política de un partido, pero inevitablemente tiene sus consecuencias.

Cuando uno escribe sobre la guerra desde un escritorio, en lugar de hacerlo desde el propio campo de batalla, las balas no llegan a rozarlo. Uno no se enfrenta a grandes titulares con su nombre inmerso en toda clase de conspiraciones cada semana, ni pierde amigos o relaciones, por culpa de la tensión de la guerra. Cuando uno cubre un conflicto dede la seguridad de su escritorio, existe tiempo para las metáforas, para los adornos y para cuidar la prosa con la que nos vendemos al exterior. Existe tiempo para intentar agradar, un tiempo, que inmerso en el fragor de la batalla, resulta poco menos que imposible. Cuando uno se sumerge en el día a día político, y lo hace desde la dirección de una formación que ha nacido con la intención de declararle la guerra a los poderosos, no existe tiempo para las metáforas o la retórica, uno vive su día a día como un Vietnam intelectual y personal, sin tiempo u oportunidades para tender la mano a quien apenas se molesta en ocultar el puñal con el que piensa traicionarte.

Dicen los errejonistas y el propio Errejón, que de imponerse en Vistalegre II las tesis de Pablo Iglesias y de su equipo, las posibilidades de ganar al PP se desvanecen, lo desconozco, pero personalmente; soy de los que opinan, que la moderación promovida por sus partidarios en las sucesivas campañas, no ha contribuido precisamente a lograr ampliar la fortaleza de la izquierda, sino todo lo contrario. Pero si realmente el señor Errejón mantiene esa firme convicción, la alternativa se antoja clara: opte usted al liderazgo. Y hágalo con firmeza, pese a no haberlo hecho antes. Pese a no haber liderado el partido en sus primeros pasos, cuando el éxito o el fracaso podía ser enorme, cuando los primeros resultados, llamaban a su puerta como un toro desbocado difícilmente controlable o cuando las alianzas y los pasos a dar no estaban claros para nadie. Hágalo,  si realmente considera que el partido ha comenzado a perder el rumbo, pero si lo hace, debe ser claro con todos nosotros, con usted mismo y especialmente, debe ser claro con Pablo Iglesias, al fin y al cabo, se lo debe.

No tendría razón alguna, el actual líder de la formación a la que ambos pertenecen, para molestarse por un pulso de poder sincero, un pulso en el que postulados y liderazgos se expusieran abiertamente a debate ante una militancia, que sin duda lograría hacer de una experiencia semejante, un acto enriquecedor para el partido. Lo contrario, supone un engaño y siento decirlo, un desprecio para el señor Iglesias ¿De veras quiere convencernos de que una personalidad como la de Pablo Iglesias podría defender un proyecto político en el que no creé?

Comienza el fin de semana y con el, una asamblea con las espadas en todo lo alto y en la que pese a las buenas palabras, solo puede quedar uno. Sabina o Eskorbuto, Iglesias o Errejón, pero después de todo esto, no podrá seguir existiendo un liderazgo compartido. Pero si algo parece quedarnos al menos claro, es que tras una campaña con tanta basura en las redes y en los medios, Podemos debiera definirse definitivamente como un partido de izquierda. Puede que una izquierda nueva en las formas, pero sin duda, heredera en los modos de la típica izquierda fratricida de toda la vida.

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Autor: @SeijoDani

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Por la boca muere el pez

Ha caído Ramón Espinar víctima de las exigencias de su discurso y de la propia dinámica de su partido. Poco podía imaginar el portavoz de Podemos en la asamblea de Madrid que cuando en 2007 tomaba la decisión de adquirir una vivienda protegida, los ojos de media España, terminarían también interesados en dicha propiedad.

Si algo ha caracterizado desde sus inicios a la formación que lidera Pablo Iglesias, es un discurso político con una marcada ética en lo social y en lo económico. No en vano, desde un principio, Podemos cimentó su campaña en una nueva política transparente y cercana, totalmente alejada de las malas praxis y las corruptelas de los viejos líderes. Sus dirigentes representaban ante la ciudadanía, una última esperanza de cambio, de renovación, esperanza que traía votos, pero también con ellos una gran responsabilidad sobre la formación de izquierdas.

Si uno simplemente se detiene a observa la cantidad por las que muchos están tildando a Espinar de corrupto, algo menos de 30000 euros, tales afirmaciones deberían de considerarse poco menos que ridículas en un país en donde tramas como la Gürtel, Filesa o Los ERE, han acostumbrado al español medio a cifras mareantes que poco o nada tienen que ver con el escaso beneficio que el joven Espinar pudo haber obtenido de la venta del que por aquel entonces era su inmueble. Pero pese a que desde los medios afines a la derecha se empeñen en tratarlo como tal, no se trata éste de un caso de corrupción, sino de algo mucho más importante y primigenio que todo eso: se trata de coherencia y ética.

Puede que efectivamente, Ramón Espinar estuviese en su derecho de vender una vivienda pública y con ello obtener un beneficio, al igual que la mayor parte de los bancos y cajas de nuestro país estaban en su derecho, cuando desatendiendo a todo resquicio de humanidad, desahuciaban a miles de españoles, dejando sus viviendas vacías, precisamente por el simple hecho de poder hacerlo. No debería Espinar escudarse ante propia conveniencia, en las reglas de un juego que dice aspira a cambiar. Al igual que no debería haber sido necesario ningún Cebrián, ni ningún medio de comunicación, para que el portavoz de Podemos hubiese podido sacar a la luz un caso como el que nos ocupa. Ocasiones para ello, sin duda no han faltado durante los últimos meses de su ajetreada vida política.

Se escudan en Podemos en una ya poco misteriosa máquina del fango, para defenderse de unos ataque que ellos mismos han provocado desde sus inicios en cada discurso. Sería de una inocencia mayúscula, por parte de la formación morada, postularse como alternativa a décadas de corrupción con un discurso ciertamente agresivo, creyendo al mismo tiempo que los focos de esos medios que ellos mismos califican como del régimen, no se dirigirían inmediatamente a la búsqueda de cualquier contradicción entre el discurso y las prácticas de los miembros de su formación. Ciertamente las contradicciones y el fango, se encontraban ya en el hogar de Espinar, mucho antes de que el grupo Prisa pudiese tener interés alguno por zancadillearlo en la carrera política para liderar a su formación en Madird.

Cayó Ramón Espinar víctima de su pasado y de su propio discurso, en un país en donde reina la corrupción, pero que siempre ha gustado castigar con especial entusiasmo, la pillería del robagallinas. 

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Autor: @SeijoDani

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España: Democracia en funciones

Comienza la recta final para iniciar la legislatura y lo hace de forma bronca. En un parlamento poco acostumbrado a la representación de la pluralidad ideológica, la fragmentación y lucha de poderes palpable no solo entre bancadas, sino también en el seno de algunos partidos, parece garantizar una legislatura de constantes bravuconadas de cara a la opinión pública en el hemiciclo, mientras los acuerdos y traiciones; que serán sin duda necesarias a lo largo de la legislatura, se producen de puertas para adentro.

Apostó el presidente en funciones, por mantener su línea de no intervención en el eterno tablero de pactos en el que se ha convertido la política española y el tiempo le dio la razón. En un contexto de necesidades económicas apremiantes para lograr responder ante Europa y un acoso judicial cada vez más palpable en Génova, otros quizás, hubieran perdido la calma ante la perspectiva de unos nuevos comicios para su partido, pero no Mariano Rajoy. El presidente en funciones supo leer a una izquierda dividida, una derecha inofensiva y una sociedad, que si bien condena la corrupción, parece no estar dispuesta a pasar factura a los corruptos.

Simplemente sentándose durante su mandato en funciones, no tardó demasiado el Partido Popular en ver pasar los cadáveres de sus enemigos, suplicando una solución ante sus puertas. El primero de ellos, el de un Albert Rivera que comenzó a sentir el peso del fantasma de la intrascendencia desde el mismo recuento de las últimas elecciones. El líder de la formación naranja, no tardó en ofrecerse como el perfecto aliado de un Mariano Rajoy que en todo momento confió en la todavía manifiesta irrelevancia de una alternativa a la derecha que si bien no representaba la inocencia de Vox o UPyD, se le acerca bastante. Confiaron en el PP, en poder capear el temporal del trasvase de votos, debido a los escándalos de corrupción a la formación de Albert Rivera  y todo parece indicar que la jugada funciono.

El pacto con Pedro Sánchez, no surgió el efecto en el PP que se esperaba desde la formación naranja y lejos de ello, Ciudadanos quedo retratado como un partido sin rumbo fijo, una formación bisagra, incapaz de forjar una alternativa al bipartidismo y con el único sentido de servir como castigo a un PP que de cara a la ciudadanía, parece ya haber saldado sus deudas. Con un ostracismo todavía no asumido, la formación de Albert Rivera, deberá conformarse intentado sacar el mayor provecho electoral posible a la renovación de nombres, que no de políticas, que el Partido Popular estará dispuesto a mostrar como única concesión a un aliado todavía necesario pese a todo.

No por más esperado, fue menos relevante para las aspiraciones del Partido Popular, la visión de un Partido Socialista roto en dos ante la puertas de Génova. El golpe de estado dado a la ejecutiva de Pedro Sánchez, ante la tentativa de éste por profundizar en un gobierno del cambio con Podemos y los nacionalistas, ha dejado en manos de la vieja guardia más reaccionaria a un partido que desde su última ejecutiva se parece más al camarote de los hermanos Marx que a una verdadera alternativa de gobierno.

El voto favorable a la abstención y sin condiciones de cara a la formación de gobierno por parte de Mariano Rajoy, deja al Partido Socialista totalmente inmerso en la dinámica del Partido Popular. Se convertirá la estabilidad de España y el freno al independentismo, en una muletilla argumentativa perfecta para los populares de cara a la aprobación de las principales leyes de la legislatura. Si el PSOE ha podido traicionar una vez a su historia y a sus bases por el “bien de España” nada parece indicar desde Ferraz que no pueda volver a hacerlo si la inmediatez de las urnas amenaza de nuevo al partido en pleno proceso de desintegración. Será curioso observar, como Antonio Hernando defiende ante la cámara lo indefendible, a la espera de un nuevo líder para el partido que esta vez tendrá que pensarse muy bien donde deposita su confianza.  Tan solo le queda al PSOE afrontar la necesidad de un cambio o bien desaparecen como mártir de la estabilidad de un régimen del 78 que sea como sea, parece hacer aguas definitivamente.

Con semejante panorama en la política española, sirvió el inmovilismo en el Partido Popular para llegar a la presidencia, con gran parte de la oposición desacreditada y subyugada, el único foco de resistencia inmediata, lo encuentra el presidente del gobierno en un Podemos demasiado acostumbrados a los principios ideológicos y a regirse por las reglas del juego en sede parlamentaria. Recibía el primer golpe, la formación de Pablo Iglesias, nada más llegar al congreso con un pacto entre “enemigos” en el que Partido Popular, PNV y la antigua Convergencia, decidían excluir de cualquier papel institucional importante a la alternativa a la política de recortes y privatización que supondría Unidos Podemos. Ignoraba la formación morada, la premisa más básica de la política: El enemigo de mi enemigo, siempre es mi amigo. Lejos de suponer una excepción, los apoyos puntuales que el PP recibió de los nacionalistas para la formación de la Mesa del Congreso, son un claro indicador de la más que posible deriva de la legislatura. Una vez iniciada la legislatura y ya alejados de los focos y la repercusión que una sesión de investidura supone para estos partidos, PNV y Convergencia, no dudarán en apoyar las iniciativas Populares, siempre y cuando están no comprometan demasiado postulados ideológicos ahora muy necesarios de cara al órdago nacionalista y que sin embargo sean efectivas de cara a poner freno a la alternativa al descontento en Euskadi y Catalunya que comienza a dibujar Unidos Podemos.

Da inicio una legislatura ya para muchos a esta hora demasiado larga. Intensa, trilera y castiza como pocas, una legislatura en la que pese a la resistencia de algunos, deberá hablarse de política en el parlamento, como una vez más, en las calles. 

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Autor: @SeijoDani

 

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Don’t let me down

139 votos a favor y 96 en contra, eso parece haber resultado suficiente como para borrar de un plumazo las declaraciones grandilocuentes, con las que los diferentes líderes del PSOE prometieron a sus bases; y con dicha promesa les pidieron su voto, nunca otorgar su apoyo a un gobierno del Partido Popular de Mariano Rajoy. Declaraciones que han desaparecido de la memoria socialista; aunque no de la hemeroteca, al igual que con ellas puede haber desaparecido finalmente la vieja dicotomía derecha/izquierda de dos partidos que defendían a la misma clase social, y en la que ya solo podían creer los más alienados a ésta nueva versión del viejo Pacto del Pardo.

Llegaba el PSOE a esos últimos momentos de su particular crónica de una muerte anunciada, con José Blanco como nuevo presidente de la Mesa del Comité Federal y con Javier Fernández como presidente de una gestora encargada de dirigir al equipo en su peor racha de resultados. Un entrenador de perfil bajo, al que nadie aprecia, ni conoce, para una transición necesaria a la hora ganar tiempo en Ferraz, para finalmente colocar a su verdadero candidato. Un papel poco agradecido el del asturiano, pero al que sin duda un socialista que inició su carrera en plena Asturias de la reconversión y de elementos como José Ángel Fernández Villa, ha sabido adaptarse sin excesivas dificultades.

Y mientras tanto a las puertas, una militancia decepcionada. Incapaz de ver  que puede que no haya sido el PSOE el que haya dado un paso a la derecha, sino que al compás de la crisis, grandes sectores de su propia militancia, comienzan a exigir más a un partido que realmente, nunca ha llegado ha pertenecer a la izquierda. La renuncia al marximo, la entrada en la OTAN, Filesa, la reconversión industrial, la huelga del 88 o la modificación de el artículo 135 de la Constitución, suponen ya antecedentes de un partido, que ahora en un contexto en el que la crisis de moralidad del neoliberalismo, hace cualquier alternativa desde la izquierda realmente peligrosa, prefiere entregar el gobierno a Rajoy, que explorar alternativas más progresistas, por mucho que requieran debates territoriales.

La abstención del PSOE, responde en el fondo a un desenmascaramiento “liberal” de los sectores que hasta ahora se llamaban moderados en la izquierda. Un movimiento precisamente destinado a cercenar a la verdadera alternativa a la izquierda, y enmarcado en la misma lógica que el chantaje a Syriza en Grecia, el asedio periodístico a Podemos en España o el boicot desde su propio partido a la candidatura de Bernie Sanders.

Solo se puede comprender la decisión de entregar el gobierno a Rajoy o bien desde la óptica de un bien mayor al del propio partido; óptica que recluirá finalmente al PSOE en un proceso de pasokización encaminado a la dura lucha por la conservación electoral y en donde toda expectativa de conquistar nuevo electorado, supone poco menos que una mera quimera o desde la de un pacto de silencio entre los dos partidos que hasta ahora se han alternado en el poder, para tapar posibles casos mayores de corrupción. Después de todo, en un país en donde los políticos se pueden llegar a vender por un bolso o una televisión y en donde el propio Pujol aseguro guardar silencio por no hacer tambalearse a España ¿Podría realmente a uno extrañarle esta última teoría?

De ser así, tras el voto a la abstención encontraríamos más un encubrimiento a las propias corruptelas y a las del Partido Popular, que como se nos ha vendido, un apoyo al gobierno de Rajoy por el bien de España. Lo cual podría también dar sentido a declaraciones como las de Eduardo Madina que en el propio Comité Federal, parecían mostrara la vergüenza y ansiedad por librarse de un peso; el de dar el gobierno a la derecha, que cargará sobre las conciencias de algunos dirigentes que ahora con el pretexto de la disciplina de partido, intentan diluir su responsabilidad en el voto forzosamente unánime de la bancada socialista.

Pero dejemos de elucubrar. La realidad la dibuja en torno a un futuro gobierno, el del partido de Bárcenas y compañía, vigilado supuestamente desde la oposición, por un partido inmerso entre otros casos, en el de los ERE. Ese es el panorama que deja un Comité Federal en donde pesaron más los horarios del AVE Madrid-Sevilla que el propio debate interno.

Un PSOE que parece haber elegido un mal menor en la abstención ante el temor a una nueva cita electoral, temor a unos nuevos comicios que esconde tras de si un tic antidemocrático de pánico a reconocer el fracaso de los propios planteamientos ideológicos y de programa, miedo a los propios errores y una huída hacia delante que si bien puede retrasar el golpe final al PSOE, ni mucho menos parece encaminada a lograr amortiguarlo.

Con el PSOE se ha roto para muchos, un primer amor en “la izquierda” que creyeron duraría para siempre.

“Nobody ever loved me like she does

Oh, she does, yeah, she does
And if somebody loved me like she do me
Oh, she do me, yes, she does

Don’t let me down
Don’t let me down

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Autor: @SeijoDani

 

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental. 

La historia nos absolverá

Ha ganado la táctica de ocultar a su propio partido, ha ganado el ruido desde Madrid, ha ganado el miedo frente a las propuestas. En Galicia, ha ganado el Partido Popular y su candidato, aunque probablemente, no hayan ganado todos los que si han votado al PP.

Con unas elecciones  de nuevo a caballo entre Madrid y Santiago, el Partido Popular ha vuelto a aprovechar a la perfección, el ruido de la precampaña en los partidos de izquierda y un miedo, el del bloqueo institucional, que ese mismo ruido se ha encargado de amplificar y hacerlo sobrevolar sobre un hipotético pacto entre las formaciones de izquierda, que si bien parecía respaldado desde las agrupaciones gallegas, corría en la mentalidad popular, el serio peligro de verse embarrado en una nueva investidura eterna por el a priori necesario visto bueno desde Ferraz y Princesa.

Con un Feijóo ya acostumbrado a lidiar con las acusaciones que desde la oposición, apuntan a su huída a la política estatal. El PP ha decidió postergar sus cada día más evidentes luchas internas, para con un perfil de marca intencionadamente bajo, lograr revalidar en Galicia sus 41 escaños y con ellos, una mayoría absoluta que refuerza al candidato por ahora gallego y debilitan tremendamente tanto a las propuestas de izquierdas, como a un partido, Ciudadanos, aparentemente condenado a la deriva Díez en su intento de consolidarse como alternativa en el ala derecha de la política española.

Recibe un duro golpe la izquierda, y lo hace fruto de una campaña tremendamente inoportuna para el calendario del debate ideológico que a esta le ocupa. Llegaron las elecciones gallegas en pleno pulso identitario entre el carácter propio de las mareas y la inercia aglutinadora de Podemos, como lo hicieron también con un PSOE  inmerso en su particular “perestroika” y un BNG, que una vez más y pese a los cismas internos, ha demostrado con su campaña que nada tiene que ver la salud ideológica de un partido, con su salud electoral.

Llego la izquierda a las urnas en Galicia con una idea clara de lo que se quería cambiar: la inherente injusticia del sistema y especialmente la gestión que de ese sistema se llevaba a cabo desde el PP, pero también lo hacía inmersa en pleno proceso de deliberación sobre las formas de hacerlo y muy especialmente sobre cual iba a ser su alternativa.

No nos malinterpretemos, nada malo existe en el debate, siempre y cuando este se produzca en los tiempos y las formas adecuadas. Lo que no ha parecido suceder en el caso que nos ocupa, atendiendo a los numerosos titulares que en plena recta final de campaña han surgido a raíz de la guerra entre Sánchez y sus varones o Pablo iglesias e Ínigo Errejón. Si el PP decidió aparcar sus diferencias durante la campaña, la izquierda de nuevo comenzó la revolución, antes de finalizar la guerra.

Ha ganado el PP y lo ha hecho pese a la corrupción de sus dirigentes y la política de tierra quemada en sectores como el lácteo, el cerco o la agricultura. Gana el PP en una tierra que como decía el más ilustre de los gallegos, Alfonso Daniel Rodríguez Castelao, está más acostumbrada a emigrar que a pedir. Una tierra con demasiados partidos y escasos movimientos sociales o cooperativas, en donde curiosamente se puede cambiar con mayor facilidad el signo de un voto con las políticas de los pequeños ayuntamientos que con las grandes infraestructuras. Y es que lo del caciquismo en Galicia daría para un aparte, sin duda, resultaría curiosa la presencia de observadores internacionales en nuestros colegios electorales, pero eso no va a suceder, cosas de formar parte del imperio aunque sea en sus provincias más olvidadas. Gana el PP de los recortes, de la corrupción y la precariedad, un partido afanado por marginar o idioma aunque para eso tenga que llevarse también por delante su sabia, encarnada en lo rural y todo lo que en torno a el gira.

Gana la derecha y puede que no por sus propios méritos. Han pasado ya 25 años sin que desde el seno de la izquierda, se haya logrado articular una alternativa clara al modelo de capitalismo de casino en el que nos vemos inmersos como realidad casi global. La izquierda  y especialmente el socialismo europeo, permanece todavía en estado de letargo, tras el intenso golpe que supuso la caída del muro y la imposición del dogma neoliberal. No hemos sabido plantear una alternativa al actual modelo que no solo embelesase al votante tradicional, sino que atrajese a una abstención que sin duda lleva camino de convertirse en la verdadera batalla política de la izquierda de nuestro siglo, más allá de las quimeras del centro tan rentables en sus planteamientos ideológicos para la derecha.

Es necesario profundizar en el debate interno de las diferentes formaciones sin temor a la ruptura, es tiempo de lograr confrontar diferentes visiones dentro de un mismo Frente Amplio de izquierdas. Tiempo de debate, de coloquios y movimientos sociales. Es tiempo de recuperar las calles y desafiar a las injusticias también en los parlamentos, resulta necesario hacer ver a la población que el estado de las cosas no se corresponde a una crisis pasajera, sino a un estadio más de un modelo de sociedad que ve en la clase obrera y su condición de vida, un medio y no un fin en si mismo. No existe una salida a la crisis si no existe un modelo alternativo de sociedad y es ahí en donde debe residir nuestro proyecto, no una especie de buena gestión de las injusticias del sistema como paliativo de una situación insostenible.

Son tiempos de cambio y esta derrota tan solo retrasa cuatro años el asalto al cielo de un proyecto que debe ser a largo plazo y que debe cimentarse en votantes conscientes de la necesidad de su actividad y formación política. La alternativa, supondría sin duda la vuelta a las escisiones en formaciones más débiles y la lucha política por el acceso a los sillones.

Son muchos los que opinan que la indignación se canalizó por primera vez en la política gallega. Hoy, una vea más y pese al duro golpe, depende de la izquierda gallega, construir un marco solido para que sea también aquí en donde al fin se materialice su alternativa.

 

«¡Ése es el pueblo, el que sufre todas las desdichas y es por tanto capaz de pelear con todo el coraje! A ese pueblo, cuyos caminos de angustias están empedrados de engaños y falsas promesas, no le íbamos a decir: “Te vamos a dar”, sino: “¡Aquí tienes, lucha ahora con todas tus fuerzas para que sean tuyas la libertad y la felicidad!”

Fidel Castro Ruz, La Historia me absolverá

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Autor: @SeijoDani

 

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental. 

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Los dilemas de Pablo

Quizás lo que a continuación voy a confesar, pueda sonar raro; poco profesional incluso, espero sepan disculparme si ese es el caso. Pero hoy, a la hora de sentarme a escribir este artículo, reconozco que por primera vez, todavía desconozco exactamente en donde reside la noticia de lo que me dispongo a encarar. Puede que en realidad lo haga en la  propia crisis del periodismo político, en la decadencia de la democracia incluso o puede que sin más, se trate de la repentina falta de inspiración del que ahora escribe estas líneas. Pero por encima de todo, he de admitir, que tras estas primeras frases, continuo siendo incapaz de comprender como la existencia de discrepancias internas o luchas de poder en el seno de un partido, pueden seguir resultando tan sorprendentes.

No se trata de que no comprenda los ríos de tinta que se han vertido por las desavenencias públicas entre el líder de Podemos e Íñigo Errejón, no. Se trata de algo más profundo, más relacionado con el contexto y no con el foco inmediato, se trata de la aversión y el recelo que aún hoy nos produce cualquier tipo de pluralidad ideológica dentro de los diferentes tipos de organizaciones políticas en España. Una especie de reminiscencia franquista que hace que en nuestro país, todas las batallas intelectuales deban darse en las formaciones de puertas para fuera. En el mejor de los casos, con cuidadosos titulares de prensa estratégicamente filtrados. Después de todo, la nuestra siempre ha sido una sociedad de puñaladas por la espalda y juegos de tronos hasta que al fin, caiga el caudillo.

Pretenden ciertos medios y determinadas  visiones de la vida política, hacernos ver en la confrontación de ideas de cara a la opinión pública, dentro de los propios partidos, algo perverso, que sin que nadie sepa muy bien como, puede llegar a socavar nuestra democracia. Como si la pluralidad la enfermase.

No hace falta ser el más hábil de los periodistas, para percatarse de que en el seno de la formación morada, existen diferentes sensibilidades y como consecuencia de ello, han surgido serias discrepancias internas cuyo desenlace podemos simplificar a grandes rasgos en dos bandos: un ala moderada que busca encandilar a sectores de la población que no se identifican tanto con la izquierda tradicional o errejonistas, y un ala más radical o tradicional dentro de la izquierda, que busca hacer de podemos un partido no tan alejado del concepto de clase y  el socialismo que se sintetiza en el líder de la formación, Pablo Iglesias. Podríamos, a partir de estos datos, analizar profundamente las diferentes batallas que de esta lucha han surgido en Podemos y con ello obtendríamos sin duda una amplia visión de un partido joven, un partido curtido en ya muchas batallas y con no poca responsabilidad. Pero que sin duda, todavía se mantiene en continua formación y reelaboración. Un partido que como han mostrado sus numerosos bandazos programáticos, mantiene las dudas entre moverse en la órbita izquierda / derecha, arriba / abajo o nueva y vieja política. Por lo que he de suponer, que lo que debiera sonar verdaderamente extraño, llegado el caso, sería que no existiesen discrepancias en su seno.

Nunca han ocultado desde Podemos el continuo intercambio de pareceres en su formación, por tanto a poco que uno conozca no solo la naturaleza política, sino ya en si la naturaleza humana. Podrá dilucidar que entre dos visiones enfrentadas en el seno de una organización, siempre terminarán surgiendo luchas internas por el acceso al poder. Solo me cabe entonces concluir, que lo novedoso parece residir en que sean los propios dirigentes y a través de medios abiertos a la opinión pública, los que se encarguen de aclarar sus posturas.

Parece reinar en nuestro país desde hace ya demasiado tiempo, un extraño interés por hacer de la verdadera política algo extraño y de las más insospechables prácticas, política. Hablar de lo peligroso o de lo irresponsable que resulta para una formación el debate intelectual resulta poco menos estúpido que desacreditar a la propia democracia por su diversidad de propuestas. Después de todo, en sus amistades, en su trabajo o en el hogar, permítanme un consejo: desconfíen siempre de una única voz.

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Autor: @SeijoDani

 

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental. 

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Galicia canibal

Y finalmente Galicia, ya tiene fecha para sus elecciones. El 25 de septiembre y coincidiendo con los comicios vascos, Alberto Nuñez Feijóo ha decidido llamar de nuevo a los gallegos y gallegas a las urnas, quién sabe si pensando en los propios tiempo del país, en los de su partido o bien los suyos propios. Unos tiempos, los del presidente de la Xunta, que sin duda y por mucho que se empeñe en negarlo, miran desde hace tiempo a Madrid y podrían tener en ese 25 de septiembre, una oportunidad inmejorable para poner tierra de por medio ante uno de sus principales rivales políticos, y precisamente uno de los pocos a los que parece no haber salpicado en demasia la corrupción, Alfonso Alonso. Sin duda, sabe muy bien Feijóo que excepto a la debacle que supondría perder la Xunta para el PPdG, la comparación con el escenario vasco, siempre le será ventajosa en una supuesta carrera de cara a la sucesión del presidente de su partido, Mariano Rajoy.

Llega Feijóo y el PPdG a estas elecciones gallegas con las miserias y las ventajas de siempre, pero ante un escenario nuevo. Por primera vez en Galicia, el rival político; exceptuando un eterno fantasmagórico PSdG, se presenta para Nuñez Feijóo en clara alternativa de izquierdas desde dentro y desde fuera del nacionalismo. Si bien es cierto que en ambos casos, los aspirantes al trono llegan con las huestes mermadas tras largos y extenuantes procesos de deliberación internos, que tanto en el caso de Podemos / Mareas, como en el caso del BNG, han terminado relativamente sobre la bocina de la precampaña.

LLega por tanto la izquierda gallega a las elecciones con mucho proyecto por delante y una sola ventaja, pero una ventaja considerable: el mayor trabajo en una alternativa a Feijóo, lo supone en si la legislatura del propio presidente de la Xunta. El supuesto monaguillo de Orense ha dejado en Galicia: una pesca de cerco abandonada ante las exiguas cuotas repartidas en Bruselas, frente a la desidia del gobierno español y el servilismo de los representantes gallegos, un sector lácteo enterrado ante los ERE, la caída de precios y la crisis de subsistencia de cientos de explotaciones que libran entre la soledad y la traición una larga batalla para verse apoyados desde las instituciones, y una agricultura vapuleada y abandonada a su suerte por un gobierno que ve como con ella se pierde parte de la idiosincrasia de una tierra que por desgracia gobierna quién no la sabe comprender. 

A todo ello, podríamos sumar un desastroso y oscuro proyecto eólico, un clasismo imperante en su trato a los menos favorecidos, una clara tendencia a destruir empleo juvenil o a forzar la emigración; como antaño, de los más jóvenes y preparados del país, un conflicto entorno al idioma gallego, creado con clara intención de hacer desaparecer a este frente al uso del castellano, una generación de investigadores abandonados, una sanidad sobrepasada por los recortes… y así una interminable lista de afectados por las corruptelas y la praxis de un Partido Popular gallego en cuyas raíces se mezclan contrabandistas, narcotraficantes y políticos derivados de la España franquista, que sin embargo le han valido para tejer a sus espaldas toda una red de favores y caciques que hasta ahora le han dado, salvo honrosas excepciones, siempre la victoria electoral. No es de extrañar sabiendo esto, que el propio aspirante a revalidar la Xunta, haya superado sin más problemas la filtración a la prensa de una foto en la que compartía tardes de sol, en el yate del conocido traficante Marcial Dorado. En Galicia todos conocemos las leyendas de los fardos que han aupado a políticos y a empresarios, faceta esta de mi tierra muy bien recogida por Nacho Carretero en su Fariña, al igual que conocemos a un amigo o a un primo del alcalde que nos puede meter a trabajar en el ayuntamiento y somos plenamente conscientes de que en las iglesias y los asilos, los domingos de elección el voto viene ya sellado en su sobre. Así que que importa si el presidente conoce a un narco ¿Y quién no?. Después de todo, Galicia no es Sicilia con su Cosa Nostra, ni Colombia con sus grandes narcos o México con su violencia. Galicia no es ninguna de ellos, ni en el fondo, deja de serlos un poco todos a la vez.

Así que por eso, por nuestras peculiaridades, por no saber si subimos o si bajamos;  aunque realmente ante esto he de decir que lo que no queremos en realidad es que lo sepan ustedes, entérense, y por cientos de motivos más. Las elecciones en Galicia, no serán fáciles para una izquierda que en esto si se asemeja mucho a la española, gusta demasiado de preparar la revolución antes de ganar la guerra. 

Se necesita un nacionalismo fuerte en Galicia, al igual que se necesita una Marea más larga en nuestra tierra, después de todo el BNG no es Podemos ni necesita serlo y puede que En Marea tampoco, por una vez el cambio lleva marca propia sin que esto suponga un nuevo gallego, con voz peculiar, deformando España. Es tiempo de cambio, es tiempo de lucha y la alternativa sin duda supondría la vuelta a  aqueles séculos escuros.

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Autor: @SeijoDani

 

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Guerra de trincheras

“Locura es hacer lo mismo una vez tras otra y esperar resultados diferentes”

Albert Einstein

Y precisamente esa es la sensación que nos queda a los españoles tras el 26J, la de una política cabezota, de límites, que se empeña  una y otra vez en repetir los mismos pasos, intentando con ello lograr un resultado diferente. Tras el 20D existían motivos para la reflexión, para el cambio, motivos para que la totalidad de las formaciones políticas del arco parlamentario español se pusiesen manos a la obra y comenzaran diferentes rondas de dialogo, tanto internas como externas, que condujesen a sus formaciones a un proceso de replanteamiento estratégico que los preparase para una nueva política partidista en España con unas nuevas reglas de juego. Pero no ha sido así. Los líderes políticos españoles y con ellos sus partidos, se dedicaron desde el minuto uno a cavar trincheras, a soterrar las posibilidades de acuerdos parlamentarios entre juegos fálico-infantiles y con ello, demostraron que pese al paso del tiempo, la democracia en España, continua siendo una democracia joven y poco acostumbrada al tête à tête político.

En España las negociaciones comienzan en la prensa, en las bases o incluso en las redes sociales, pero nunca en los despachos. Y claro, después de días, semanas o puede que incluso meses calentando a diestro y siniestro al personal con la cal viva o con Venezuela o de promesas y líneas rojas que jamás de los jamases se traspasarían, cuando los líderes políticos se sientan a negociar, el despacho más que un despacho parece una olla a presión y poco queda ya por decir. Lo que queda, es esperara a que pase el tiempo para salir a una nueva rueda de prensa y decir lo que ya todos sabemos o llegar a acuerdos sobre las líneas rojas que juramos no traspasar y que ahora por misterios de la coherencia, nuestros militantes rechazan enérgicamente.

Vivimos inmersos en una España esperpéntica en donde quienes promulgan la unidad de España pretenden excluir el peso parlamentario de los catalanes y vascos, mientras quienes desde ahí pretenden la independencia, se ofrecen sin temor para formar gobierno. Una España arcaica, absurda, solapada entre grandes titulares y a la espera de volver a lo de siempre. Se equivocan muchos si creen que el cambio en nuestro país ha llegado para quedarse, dennos un respiro y volveremos a la corrupción, a la burbuja inmobiliaria y al bipartidismo. Eso precisamente, la firme creencia de que todo volverá a la “normalidad” es lo que mantiene a los viejos partidos firmes ante las peticiones de cambio que llegan desde las nuevas formaciones.

Nadie ha dicho que resulte fácil llegar a un acuerdo en una España dividida entre izquierda/derecha, centralismo/nacionalismo y pasado/presente, pero resulta curioso que tras tantos años de leyenda de aquella lustrosa transición, seamos ahora incapaces precisamente los españoles de llegar a un acuerdo de mínimos estancados entre la falta de cintura de los nuevos partidos y la política de búnker de las viejas élites políticas de nuestro país.

Desconozco si el cambio terminará produciéndose o no en España y si se produce, desconozco el signo del mismo, pero si algo parece claro es que a la espera de que termine de arrancar la legislatura que se supone del cambio, la nueva política parece ya desencantar tanto a los españoles como la vieja. Cosas de la guerra de trincheras supongo.

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Autor: @SeijoDani

 

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No es tiempo de derrotismo

El 26J ha pasado y los resultados, si bien es cierto han sido malos para la izquierda, deben servir como aviso a navegantes y como punta de lanza de una nueva forma de hacer política, una nueva forma de crear mecanismos de cambio. La victoria del Partido Popular en las pasadas elecciones, viene a demostrarle a los partidos del cambio, y especialmente a la confluencia de Unidos Podemos, que no siempre ganan los buenos en esto de la política y que pese a la corrupción, la desfachatez o los delitos cometidos desde los puestos de responsabilidad del estado, esto de la democracia occidental, cada vez se trata más de poder engatusar a un votante más que el resto.

Unidos Podemos ha visto como quienes lo acusaban de populista debido a sus políticas sociales, lo han vencido en la batalla electoral precisamente haciendo uso de las armas de la demagogia y el populismo en su faceta más vil, esa en donde las promesas no son constructivas y se bajan impuestos tan solo pensando en el recuento de votos o en donde el miedo al cambio se propaga desde todos los medios de comunicación posibles, sin que la alternativa al mismo, sea mucho mejor que el caos que desde la derecha tanto nos anunciaban.

Los españoles han hablado en la urnas y han decidido que siga imperando la corrupción, que se vacíe la hucha de las pensiones a un ritmo alarmante o que se haga de la televisión de todos un medio de propaganda en donde brille por su ausencia el talento o la profesionalidad. Los españoles han hablado y si desde la izquierda se pretende algún día gobernar este país, harían bien en alejarse de los estereotipos validos para las cátedras, para comenzar a identificar la idiosincrasia de un país en donde por mucho que carezca de sentido, son muchos de los mismos obreros que pagan el precio de las políticas de la derecha, los primeros en aupar a esta a sus más gloriosas victorias electorales.

Mucho se ha hablado desde la izquierda de la ignorancia del proletario pepero o de lo ingrato de intentar hacer política progresista para las clases populares, para que estas terminen votando a la derecha más rancia sin contemplaciones. Y si bien es cierto que puede carecer de sentido para un obrero votar al Partido Popular ¿De verdad creemos que más de siete millones de españoles votan a la derecha por puro masoquismo o ignorancia?

Desde la izquierda se ha hecho una campaña de cambio en donde cambiaban más los mensajes que las formas, en donde los movimientos sociales, los sindicatos y los medios, han jugado un papel irrelevante y en donde se ha preferido suavizar el asalto al cielo para no infundir temor entre la posible armada electoral, en lugar de infundir valores y conceptos en un obrero que está muy falto de ellos. No comprenden desde los puestos de responsabilidad de esta vanguardia del cambio que se supone es  Unidos Podemos, que sus intervenciones en la Sexta Noche o sus golpes de efecto en Twitter van dirigidos a un público ya convencido, muy alejado de la masa proletaria. Tales intervenciones suponen únicamente toques de calidad ante un público que ya volcado con el equipo.

El mensaje del cambio debe bajar de los altares de las universidades al polvo del campo español y del entorno fabril, debemos ser capaces de ver en los partidos del cambio a voces del sindicalismo, de los movimientos sociales y de las luchas estudiantiles y anticapitalistas. Debemos ser la voz de los sin voz y debemos serlo en sus barrios, en sus institutos y en sus fábricas, los platós de televisión o los grandes actos de campaña deben suponer únicamente un escaparate de nuestro verdadero trabajo, una muestra de nuestro contacto con la calle y nunca nuestro principal instrumento electoral.

Hemos perdido una gran oportunidad para el cambio, pero quizás hemos ganado una última oportunidad para recuperar la esencia de los movimientos que nacen del pueblo y para el pueblo. Podría resultar complicado mantener esa esencia ante un inminente pacto electoral con las fuerzas políticas tradicionales, pero ahora, desde la oposición somos libres de mantener nuestra esencia, de perder el miedo a decir la verdad aunque esta sea dolorosa y a romper con ciertos esquemas en los que nunca, una izquierda que promulga el verdadero cambio, debió de verse inmersa.

Puede que la clase obrera española no sea la más preparada para el cambio o la más grata con el mismo, pero sea como sea, es esa clase obrera a la que nos ha tocado dirigirnos, con la que nos ha tocado compartir camino en la lucha del día a día y con la única con la que podremos lograr devolver algún día la dignidad a un país ya muy falto de ella.

 

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Autor: @SeijoDani

 

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