Duelo a muerte en el OK Corral

Pedro Sánchez, Susana Díaz y Patxi López, han llegado al corral con los ánimos agitados y las armas dispuestas tras numerosas rencillas y un honor, el del Partido Socialista Obrero Español, realmente comprometido tras la irrupción de unas nuevas formas políticas que no parecen haberle sentado especialmente bien al PSOE. Una formación la de Ferraz, rota entre una militancia ahogada por los hábitos del neoliberalismo y una burocracia reflejada en unos barones supeditados ideológicamente en gran medida a una vieja guardia que hace tiempo ya abandonó toda señal de socialismo.

Basta simplemente con repasar la cronología del Partido Socialista, para percatarnos de la delicada situación por la que atraviesa la que fuese la formación socialdemócrata por excelencia de nuestro país. Tras un pasado reciente y no tan reciente de traiciones, asaltos al poder y promesas incumplidas, las actuales primarias del PSOE se presentan como un duelo inmisericorde de reputaciones y egos (esperemos por sus militantes, también guarden un espacio para el ideario) en donde el votante socialista tienen todas las papeletas para seguir siendo el más perjudicado. Afirmó William Shakespeare a través de las palabras del siempre lúcido Macbeth: “Hay puñales en las sonrisas de los hombres; cuanto más cercanos son, más sangrientos” y sin ninguna duda, el puñal oculto que puso fin al liderazgo de Pedro Sánchez se terminó dibujando en las sonrisas de sus más cercanos, sus compañeros de partido. El continuado coqueteo del Secretario General con el entorno de Podemos para la hipotética formación de un Gobierno de coalición, las pequeñas batallas predecesoras de grandes guerras y el profundo temor de los históricos del PSOE (en consonancia con la derecha española) ante la posible realidad de un gobierno alternativo de izquierda, terminaron por forjar una traición al proyecto de Pedro Sánchez que por dolorosa, todavía hoy continua monopolizando casi en su totalidad el ambiente político en Ferraz.

Llega Pedro Sánchez a esta recta final de las primarias con la fuerza de quien se ha impuesto frente el aparato del partido al ostracismo, pese a las campañas mediáticas en su contra, el paso del tiempo y una campaña política no siempre del todo limpia por parte del entorno de Susana Díaz, el ex candidato socialista a la presidencia del gobierno logra contra todo pronostico, postularse ante la militancia de su partido con apenas 6.000 avales menos que la candidatura oficial. Todo sin renunciar, ni mucho menos, a hacer suyo el discurso de la traición a los principios de la formación que tanto tiempo lleva buscando una válvula de escape entre los votantes del PSOE y con la firme intención de hacer de su indefinición y los vaivenes políticos (grandes errores en el asalto a la Moncloa) posibles virtudes con las que recavar apoyos entre las diferentes corrientes de los socialistas .

Quienes vieron en la abstención y posterior lentitud  del proceso de primarias un punto y final para Pedro Sánchez, obviaron sin duda las armas que por el camino le estaban regalando a su futura candidatura, para presentar batalla hasta el final. Como una bola de derribo, el proyecto de quienes defendieron el “No es no” ha logrado sacudir los cimientos del PSOE poniendo de manifiesto las preferencias del aparato del partido a la hora de decidir el sentido del esfuerzo de su maquinaria electoral. Susana Díaz, se presenta por primera vez ante el electorado español como la cara visible de quienes pactaron por omisión con Rajoy, aquellos que se vieron con derecho para erigirse como la voz del pueblo y sus votantes, para en un decisión que les pertenecía tan solo a ellos, traicionar su programa electoral y dejar en manos de la derecha el gobierno de España.

Cuesta especialmente creer a la señora Díaz cuando nos habla de recuperar la izquierda o incluso a su propio partido. Cuesta no recordar su apoyo al gobierno del drama de los desahucios, el de la ley mordaza, los recortes y sin duda, el partido de la cara más bochornosa de la corrupción en España. Por mucho que se empeñen desde el PSOE en hacer valer el paso del tiempo, la mayoría de los españoles todavía recordamos su abstención.

La candidatura de Susana Díaz representa la baza del caballo ganador, la apuesta principal de un partido que si bien podría intentar controlar en última instancia los posibles daños, parece ya haber realizado su apuesta firme por una candidatura con los enemigos claros. Las primarias del PSOE, suponen un pequeño avance del camino a seguir por una maltrecha socialdemocracia que en toda Europa, no ha sabido canalizar la rabia y frustración de grandes masas de votantes. La lucha por el voto de la izquierda y el acceso al gobierno, ya no se da tan solo en las minorías sin necesidad de entrar en la arena para combatir los grandes postulados de nuestro sistema. La crisis financiera de 2008 y sus posteriores consecuencias sobre la población y especialmente sobre quienes erróneamente se consideraban clase media, ha dibujado sobre el tablero político español una ola de indignación hasta ahora difícilmente digerida por una vieja guardia del PSOE, que ante la incapacidad de sobrevivir al cambio de paradigmas, parece preferir precipitarse sin temor hacia la debacle.

Puede que existan pocas posibilidades de que Pedro Sánchez sea de nuevo el secretario general del PSOE, los números y el sentido último de la candidatura de Patxi López juegan en su contra. Pero si algo parece seguro, pase lo que pase tras estas primarias, es que la guerra interna abierta en el PSOE está muy lejos de cerrarse. Como en el tiroteo entre los Earp y los Clanton, este último duelo en las filas de los socialistas, parece destinado a simbolizar la lenta agonía de una época ya pasada.

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Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres, te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña, por el nombre de la activista medioambiental.

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España: Democracia en funciones

Comienza la recta final para iniciar la legislatura y lo hace de forma bronca. En un parlamento poco acostumbrado a la representación de la pluralidad ideológica, la fragmentación y lucha de poderes palpable no solo entre bancadas, sino también en el seno de algunos partidos, parece garantizar una legislatura de constantes bravuconadas de cara a la opinión pública en el hemiciclo, mientras los acuerdos y traiciones; que serán sin duda necesarias a lo largo de la legislatura, se producen de puertas para adentro.

Apostó el presidente en funciones, por mantener su línea de no intervención en el eterno tablero de pactos en el que se ha convertido la política española y el tiempo le dio la razón. En un contexto de necesidades económicas apremiantes para lograr responder ante Europa y un acoso judicial cada vez más palpable en Génova, otros quizás, hubieran perdido la calma ante la perspectiva de unos nuevos comicios para su partido, pero no Mariano Rajoy. El presidente en funciones supo leer a una izquierda dividida, una derecha inofensiva y una sociedad, que si bien condena la corrupción, parece no estar dispuesta a pasar factura a los corruptos.

Simplemente sentándose durante su mandato en funciones, no tardó demasiado el Partido Popular en ver pasar los cadáveres de sus enemigos, suplicando una solución ante sus puertas. El primero de ellos, el de un Albert Rivera que comenzó a sentir el peso del fantasma de la intrascendencia desde el mismo recuento de las últimas elecciones. El líder de la formación naranja, no tardó en ofrecerse como el perfecto aliado de un Mariano Rajoy que en todo momento confió en la todavía manifiesta irrelevancia de una alternativa a la derecha que si bien no representaba la inocencia de Vox o UPyD, se le acerca bastante. Confiaron en el PP, en poder capear el temporal del trasvase de votos, debido a los escándalos de corrupción a la formación de Albert Rivera  y todo parece indicar que la jugada funciono.

El pacto con Pedro Sánchez, no surgió el efecto en el PP que se esperaba desde la formación naranja y lejos de ello, Ciudadanos quedo retratado como un partido sin rumbo fijo, una formación bisagra, incapaz de forjar una alternativa al bipartidismo y con el único sentido de servir como castigo a un PP que de cara a la ciudadanía, parece ya haber saldado sus deudas. Con un ostracismo todavía no asumido, la formación de Albert Rivera, deberá conformarse intentado sacar el mayor provecho electoral posible a la renovación de nombres, que no de políticas, que el Partido Popular estará dispuesto a mostrar como única concesión a un aliado todavía necesario pese a todo.

No por más esperado, fue menos relevante para las aspiraciones del Partido Popular, la visión de un Partido Socialista roto en dos ante la puertas de Génova. El golpe de estado dado a la ejecutiva de Pedro Sánchez, ante la tentativa de éste por profundizar en un gobierno del cambio con Podemos y los nacionalistas, ha dejado en manos de la vieja guardia más reaccionaria a un partido que desde su última ejecutiva se parece más al camarote de los hermanos Marx que a una verdadera alternativa de gobierno.

El voto favorable a la abstención y sin condiciones de cara a la formación de gobierno por parte de Mariano Rajoy, deja al Partido Socialista totalmente inmerso en la dinámica del Partido Popular. Se convertirá la estabilidad de España y el freno al independentismo, en una muletilla argumentativa perfecta para los populares de cara a la aprobación de las principales leyes de la legislatura. Si el PSOE ha podido traicionar una vez a su historia y a sus bases por el “bien de España” nada parece indicar desde Ferraz que no pueda volver a hacerlo si la inmediatez de las urnas amenaza de nuevo al partido en pleno proceso de desintegración. Será curioso observar, como Antonio Hernando defiende ante la cámara lo indefendible, a la espera de un nuevo líder para el partido que esta vez tendrá que pensarse muy bien donde deposita su confianza.  Tan solo le queda al PSOE afrontar la necesidad de un cambio o bien desaparecen como mártir de la estabilidad de un régimen del 78 que sea como sea, parece hacer aguas definitivamente.

Con semejante panorama en la política española, sirvió el inmovilismo en el Partido Popular para llegar a la presidencia, con gran parte de la oposición desacreditada y subyugada, el único foco de resistencia inmediata, lo encuentra el presidente del gobierno en un Podemos demasiado acostumbrados a los principios ideológicos y a regirse por las reglas del juego en sede parlamentaria. Recibía el primer golpe, la formación de Pablo Iglesias, nada más llegar al congreso con un pacto entre “enemigos” en el que Partido Popular, PNV y la antigua Convergencia, decidían excluir de cualquier papel institucional importante a la alternativa a la política de recortes y privatización que supondría Unidos Podemos. Ignoraba la formación morada, la premisa más básica de la política: El enemigo de mi enemigo, siempre es mi amigo. Lejos de suponer una excepción, los apoyos puntuales que el PP recibió de los nacionalistas para la formación de la Mesa del Congreso, son un claro indicador de la más que posible deriva de la legislatura. Una vez iniciada la legislatura y ya alejados de los focos y la repercusión que una sesión de investidura supone para estos partidos, PNV y Convergencia, no dudarán en apoyar las iniciativas Populares, siempre y cuando están no comprometan demasiado postulados ideológicos ahora muy necesarios de cara al órdago nacionalista y que sin embargo sean efectivas de cara a poner freno a la alternativa al descontento en Euskadi y Catalunya que comienza a dibujar Unidos Podemos.

Da inicio una legislatura ya para muchos a esta hora demasiado larga. Intensa, trilera y castiza como pocas, una legislatura en la que pese a la resistencia de algunos, deberá hablarse de política en el parlamento, como una vez más, en las calles. 

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Autor: @SeijoDani

 

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Los dilemas de Pedro

Estalló finalmente la guerra en el PSOE como estallan todas las guerras que se mantienen más o menos frías durante largo tiempo, de manera sorpresiva y cruel. Con un movimiento inesperado y 17 dimisiones en la ejecutiva socialista, para configurar, al fin de forma visible, la plana mayor de un sector crítico en el propio partido que excusandose en la deriva política del propio Pedro Sánchez y los recientes resultados electorales en Galicia y Euskadi, buscan finalmente formalizar un impeachment al hasta todavía hoy líder socialista, para siempre supuestamente, lograr desatascar no solo el bloqueo del propio partido, sino a su vez la situación política en España.

Basandose en un discurso que incomprensiblemente asume como propio el mea culpa ante la clara imposibilidad de formar gobierno por parte de Mariano Rajoy y pasadas las cinco y media de la tarde de ayer, Antonio Pradas presentaba en Ferraz su dimisión y la de otros dieciséis miembros de la dirección socialista. Dimisiones que según su propia versión, se deberían sumar a las ya realizadas con anterioridad por Gómez Besteiro y Javier Abreu, además de sumar también en esa particular cuenta la de Pedro Zerolo. Se le olvida al hasta hoy secretario de Política Federal del PSOE que el fallecimiento del socialista madrileño, poco o nada tuvo que ver con discrepancias con el presidente de su partido. Un detalle que muestra el nivel descarnado de la disputa por el poder en Ferraz.

Apelan los críticos dentro del PSOE, desconozco si con razón o sin ella, todo depende de las interpretaciones, a los estatutos del partido para tumbar a Sánchez. Estatutos que por otra parte, se da por supuesto pretenden hacer del partido una organización democrática, la cual curiosamente, dejaría en gran medida de serlo si finalmente fuese posible que un secretario general elegido por las bases, pudiese ser destituido por un grupo de barones que parecen olvidar que al igual que cualquier otro cargo de su partido, se deben principalmente a los votantes que conforman sus bases, esas mismas bases a las que ahora parecen querer evitar en una táctica que de tener éxito asestaría un golpe mortal no solo al primer candidato elegido directamente en primarias, sino a su vez a la propia legitimidad de las mismas.

Se  busca tumbar a Sánchez en los medios, en los pasillos y en las ruedas de prensa, cuando únicamente son los militantes socialistas los que debieran encargarse de hacerlo si llegase el caso. Y se hace desde la vía de los despachos, precisamente porque no se confía en poseer el apoyo suficiente en caso de seguir el cauce que cualquier partido acorde a los tiempos seguiría ante una disputa de tal magnitud, remitirse de inmediato a la militancia.

La política española, ve como en un paso más de su degeneración, el que hasta ahora había sido un partido de gobierno, se enfrasca a marchas forzadas en la pura lógica del populismo mal entendido, ese en el que se confunde la lógica política con el espectáculo deportivo, para aplicar a esta las mimas soluciones. Los críticos con Pedro Sánchez no traen otra propuesta a la militancia distinta a la del cambio de entrenador, como si resultase posible que esa inercia en si mismo fuese de nuevo a llenar el estadio.

Puede que Pedro Sánchez no sea un buen líder para el PSOE y con total seguridad no se trata de un defensor de las políticas sociales ni progresistas, sino que se encuentra muy alejado de las mismas. Tampoco debemos confundir en esta lucha interna en el seno del PSOE, con un conflicto entre los que defienden el NO a Rajoy o una abstención que facilite su gobierno.

El problema del PSOE estaba ahí antes de Sánchez y estará ahí si es que este se va. Es el problema de un partido sin una identidad propia,  que continua sintiéndose en el sector de la izquierda, pero que es capaz de pactar con el Partido Popular la modificación del artículo 135 de la constitución española de espaldas a la ciudadanía. Un partido cuyo discurso territorial lo ha llevado a perder la mayoría de sus apoyos en Euskadi o Catalunya, pero que sigue negándose a cualquier replanteamiento territorial en España. Un partido sin alternativas, roto y desde anoche mismo, un partido en manos de intereses nada claros.

Llego Sánchez a Ferraz arropado por muchos de los que ayer presentaban su dimisión. Entre esos apoyos, los de una Susana Díaz que veía en el líder madrileño un muñeco de paja del que poder deshacerse una vez superada la candidatura de quién consideraba su verdadero rival, Eduardo Madina. Han pasado escasamente dos meses desde que los que hoy claman ante la tiranía de la era Sánchez daban su apoyo a este mismo proyecto, un proyecto al que Felipe González se ha encargado de dar la puntilla con sus recientes declaraciones a los medios de comunicación, en las que el que se supone ya ex líder socialista, no ha dudado en volver a enfundarse su chaqueta de pana tras sus asesorías a personajes tan cercanos a la izquierda como Carlos Slim, Henrique Capriles o Farshad Zandi, para sin rubor alguno y amparado en sus estrechas relaciones con un Ibex que busca la gobernabilidad de la izquierda y un diario El País que se ha convertido cuanto menos en un baron más dentro de la ejecutiva socialista, eregirse en el principal impulsor de la oposición a Sánchez. Un Felipe González que si vendió hace ya tiempo sus principios, nada hacía pensar en realidad que le fuese a resultar especialmente complicado llegar a hacer lo mismo con los de su partido.

Nos encontramos por tanto en una situación sin buenos y malos, sino para desgracia de la militancia socialista, en un callejón sin salida en donde lo único que parece claro, es la incapacidad a corto plazo de construir alternativas de aquellos que de un modo u otro, en su carrera al poder, continúan derribando estructuras en esta larga perestroika en el seno PSOE.

Al igual que la Guerra Civil española supuso un claro antecedente ideológico a la II Guerra Mundial, el actual conflicto fratricida en el Partido Socialista español, parece resultar un adelanto de la inevitable crisis del modelo socialdemócrata en Europa. Lo que hoy se decide en Ferraz es el futuro de una de las principales alternativas a la ofensiva de la derecha en España, y siendo sensatos, todo parece indicar que sea cual sea el vencedor de esta batalla, seguirá resultando necesaria una verdadera alternativa desde las bases del partido.

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Autor: @SeijoDani

 

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Show must go on

De nuevo, le toca el turno de las negociaciones a la clase política, sin que el pueblo haya cambiado nada. Sin grandes manifestaciones, sin indignación en nuestras calles, sin huelgas, sin movimientos populares, ni excesivas muestras de desagrado o incomprensión. Tan solo con desencanto, con escepticismo, como quién ya ve en la supuesta solución una parte más del problema.

Una vez más, la sociedad española ha votado y se ha recostado en su sofá, a la espera de las soluciones de un hemiciclo no menos inerte que la propia calle. Soluciones que se nos presentan enmascaradas en pactos políticos que no importan y en maratonianas declaraciones que si cabe, lo hacen menos. Excepto, claro está, si las tenemos en cuenta como mera escenografía imprescindible dentro del parlamentarismo español, para de esa manera, lograr romper sin excesivo pudor pactos y promesas alcanzados con la ciudadanía anteriormente. Un reino del teatro y la mentira en donde la responsabilidad ante la hemeroteca supone un extraño castigo para los partidos. Y en donde el engaño electoral, tienen su lugar privilegiado en el engranaje social, como medio para que la decadencia de una democracia, ya a estas alturas, muy alejada de su propio pueblo, no salga a relucir en demasía.

Para muestra un botón. El pacto entre Ciudadanos y Partido Popular, supone la muestra más fidedigna de la desmemoria política, del engaño electoral y la parquedad ciudadana en un solo documento. Tras su breve aventura con Pedro Sánchez, Albert Rivera pretende mostrarse ante España como un adalid de la democracia, capaz de rescatar a España del desastre de una nueva consulta ciudadana. Y si para ello en Ciudadanos tienen que cambiar programas electorales, desdecirse o incluso mentir mirando fijamente a cámara con una lustrosa sonrisa únicamente esgrimida en tales circunstancias por quién nada creé de lo que dice o por lo contrario, por quién creé firmemente que el fin justifica todos los medios. Albert Rivera lo hará, al igual que en mayor o menor medida parecen dispuestos a hacerlo hoy la mayor parte de nuestros políticos.

Asistimos pues a una política camaleónica, desmemoriada y deslengüada a partes iguales, en donde el ciudadano es únicamente considerado como votante consumidor o consumidor votante de manera indiferente. Poco o nada importan ya nuestras pataletas a los políticos, las huelgas han pasado a considerarse actos violentos y carentes de sentido, la disidencia política real supone inmediatamente la sospecha de terrorismo y la participación ciudadana en la política es vilipendiada y caricaturizada en los mass media sin apenas tregua o compasión.

Vivimos en una sociedad engañada y autoengañada, una sociedad que pide el cambio pero que teme a la participación en la lucha social, una sociedad que señala a la corrupción pero que no dudaría en aprovechar si se presenta la ocasión sus ventajas. Una sociedad reflejo de sus políticos y una política fruto de sus ciudadanos. Dos caras de una misma moneda, dos organismos y una misma simbiosis que ha llevado a nuestro país a una complicada disyuntiva:  continuar la farsa o remover las cosas.

De momento: abrimos de nuevo el telón, encendemos los focos y comenzamos una nueva legislatura en la que una vez más la formación de gobierno parece importar más que la fortaleza y la autoridad del mismo. Supongo que después de todo, una vez puesto los nombres y colores a los cargos, de tomar decisiones ya se encargarán Merkel, Europa, la Troika o quién sabe realmente en manos de quien se encuentra actualmente nuestro destino en el día a día. Si bien todo parece indicar tras fulgurante imposición de la modificación del artículo 135 de nuestra constitución, que ya no en las nuestras.

Pero si algo  parece realmente  importante en todo esto, es que tras las mentiras y el show, tras las nuevas declaraciones y las promesas, usted no ha tenido que participar de nuevo en la irónicamente llamada fiesta de la democracia.

Pero no se preocupe, tras una larga jornada de trabajo, siempre podrá indignarse desde su sofá a la hora del telediario.

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Autor: @SeijoDani

 

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Juegos de trileros

Termina el verano, y con el regresamos los españoles de las vacaciones con la sensación de volver a ese eterno día de la marmota que supone ya la política en nuestro país. Regresamos a las declaraciones en los pasillos, a las ruedas de prensa y a esos platós de los mass media, en donde los debates siempre parecen alargarse, sin que parezcan aportar nada.

Regresamos al desgobierno en funciones y con ello a la tutela de Europa y de los mercados; si es que alguna vez nos habían dejado, al paro, a la corrupción y especialmente regresamos al miedo a unas nuevas elecciones. Una amenaza que pareciera cobrar una desmedida virulencia en un país que ha estado, en su pasado, 37 años sin celebrar unas elecciones libres, y en donde la clase obrera ha llegado a temer más a unos comicios que a la propia continuidad de las políticas de la precariedad y los recortes. Puede que mucha de esa animadversión repentina a los comicios, encuentre su explicación en la única alternativa que se ha planteado hasta ahora desde los partidos a las urnas. Alternativa en  forma de pactos de trileros entre partidos, en donde las promesas parecen ser gratuitas y apenas encuentran ya repercusión entre las esperanzas de los españoles.

Y es en medio de todo este eterno despertar político en el que se ha convertido nuestra existencia, en donde parece cobrar especial protagonismo un nuevo pacto, ésta vez entre Ciudadanos y Partido Popular, que en la búsqueda de su particular ménage a trois de gobierno con el PSOE, han decidido presionar al partido de Pedro Sánchez con un acuerdo en donde la formación naranja plantea combatir la corrupción de los populares, tras pasar un documento de condiciones innegociables, por el visto bueno de un comité ejecutivo, el del PP, en donde todavía hoy, permanecen Carmen Navarro, Ana Mato o Rita Barbera, entre otros tantos nombres encargados, al parecer, de supervisar  el cambio político de nuestro país.

 

Triste camino el de un partido como Ciudadanos que hoy pacta con el PSOE y mañana con el PP, variando para ello si es preciso, en donde sea, sus postulados y el de un Partido Popular que por sorprendente que parezca tras 30 años de democracia, sigue sin entender que ser el partido más votado en las elecciones de un sistema parlamentario, no supone una carta blanca a la hora de formar gobierno. Un pacto entre naranjas y populares que parece pretender solapar con nuevas promesas de cambio, lo que hace ya tiempo, deberían ser responsabilidades políticas para un partido que ha gobernado España infestado por la corrupción, y que si nada cambia, parece dispuesto a volver  a hacerlo con el voto amigo, eso si con las narices tapadas, de la formación naranja. A día de hoy, esta parece suponer la única y surrealista alternativa para evitar concurrir de nuevo a las urnas.

Todo ello en un país en donde la izquierda a la espera de las elecciones gallegas y vascas, sigue sin comprender que la renuncia al acuerdo con los nacionalismos, tarde o temprano será una promesa más incumplida por alguna de las partes, ya que pese a todo, y atendiendo al panorama político que se nos presenta, sigue suponiendo la única llave viable para la formación de futuros gobiernos.

 

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Autor: @SeijoDani

 

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Tiempo de pactos

Pasan los días y continua una ausencia de gobierno formal que quién sabe si de manera esclarecedora,parece no notarse en demasía.La economía continua en su lenta deriva a quién sabe donde,los casos de corrupción prosiguen en su incesante goteo y las polémicas;estas si cada vez de ámbito más ridículo,continúan a solapar las verdaderas noticias en los espacios informativos de nuestro país.

Desde el punto de vista de la ciudadania que mayoritariamente pidió el cambio el las pasadas elecciones,no olvidemos que por mucho que insista el Partido Popular;en un sistema parlamentario las elecciones las gana quién tiene posibilidades de formar gobierno y no el partido más votado,resulta difícil comprender como pasado un tiempo más que prudencial,los partidos involucrados en un posible gobierno de izquierdas siguen sin dar verdaderas muestras de una iniciativa real para lograr un acuerdo solido.En un país abocado a la precariedad laboral y con un partido provisionalmente en el gobierno,acosado por la corrupción en gran parte de sus capas superficiales y ya a la espera de verse acusado y sentenciado en sus más altas esferas,parece casi surrealista una situación en la que PSOE-Podemos e IU parecen preocuparse más en salvaguardar su imagen de marca ante su electorado que en la formación de un gobierno progresista que permita comenzar a actuar desde las instituciones y con la propia ciudadanía para desenmascarar y combatir a la vieja política que poco a poco comienza a notar el peso del cambio político que afronta nuestro país.

Un gobierno que lidere el cambio no solo es una oportunidad que se presenta más viva que nunca ante las puertas de Ferraz,sino una responsabilidad histórica para un PSOE que debe elegir entre sus bases y la vuelta a la antigua socialdemocracia o sus barones y expresidentes y el pacto con el ibex35.No existen más alternativas que el cambio o la lenta agonía,que la presidencia o la tensa espera de la puñalada al César para Pedro Sánchez.

Pero si bien es cierto que debido a su continuada deriva al liberalismo más recalcitrante y a la corrupción de la que ha formado parte,es desde Ferraz desde donde se deben de dar los pasos que cimienten la confianza necesaria para un futuro pacto de gobierno,es desde Podemos y en menor medida desde IU desde donde deben de surgir las voces de la concordia y la cordura.

Las políticas sociales,el compromiso con la libertad individual y colectiva y la esperada puesta sobre la mesa de la necesidad de modificar unas reglas del juego anquilosadas desde la transición y demasiado ventajosas con los viejos partidos,deben de ser los puntos principales en una negociación de gobierno en la que debe quedar claro entre las filas socialistas que dicho pacto se deberá actualizar a tenor de sus actos,durante el transcurso de una posible legislatura conjunta entre las formaciones de izquierda.

Supone una responsabilidad histórica y con sus votantes la formación de un gobierno del cambio para los señores Sánchez,Iglesias y Garzón.No existiría mayor fracaso que la constatación de que ante una nueva oportunidad de afrontar los retos que se nos plantean,las disputas internas en el seno de la izquierda le devolvieran el poder a los corruptos.

 

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Autor: @SeijoDani