Feminicidios: nos están asesinando

De nuevo el miedo en la cara de una mujer, la impotencia, los gritos, la frustración ante los golpes recibidos y finalmente, la sangre sobre el asfalto de una víctima del terrorismo machista en nuestro país. A los llantos y la consternación les seguirá la realidad de dos mujeres asesinadas en veinticuatro horas, treinta y una en apenas seis meses, ochocientas sesenta y seis en trece años… tan solo fríos números que añadir a las estadísticas que provocarán horas de rabia en sus barrios, minutos de silencio en las instituciones y probablemente apenas segundos de difusa atención en los grandes medios. Dos nombres que añadir a la larga lista de mujeres asesinadas por sus parejas, sus compañeros o simplemente por hombres que se creyeron con un derecho enfermizo sobre ellas hasta el extremo de arrebatarles la vida. Un sentimiento de dominio que hunde sus raíces en una sociedad funestamente patriarcal que todavía hoy, se muestra incapaz de reconocer la barbarie en el día a día de gran parte de sus mujeres. Mujeres que son golpeadas, maltratadas y finalmente asesinadas simplemente por su sexo.

Hoy resulta más necesario que nunca hacer un llamamiento a las diversas organizaciones feministas, sindicatos, partidos y al conjunto de la sociedad civil, para lanzar un pulso al patriarcado que impera en nuestro país con la firme intención de poner fin a la atrocidad de los feminicidios

Al dolor y a la rabia pública por los asesinatos machistas les seguirán sin excepción los comentarios jocosos en las redes sociales, el continuo menosprecio a la lucha feminista  e incluso sin ruborizarse, los arrebatos machistas en nuestro propio parlamento. No existe casualidad entre el asesino y la sociedad que lo acoge, sino que son una infinidad de pequeñas causalidades las que moldean desde la cuna al hombre que finalmente derramara la sangre de “su” mujer sobre nuestras calles. Los chistes machistas, el acoso entre adolescentes en el despertar de su sexualidad, la desigual repartición de los trabajos domésticos, la discriminación en el trabajo, la excesiva sexualización de la mujer en la publicidad, las estúpidas preguntas tras una violación, la justificación de aquel primer golpe… Toda una serie de causas detrás de cada una de las mujeres asesinadas a manos de un hombre que como sociedad no podemos seguir ignorando. Resulta necesario decir basta, basta de impunidad para quienes indistintamente tras la pantalla de un ordenador o la barra de un bar fomentan directamente la violencia contra las mujeres, basta de promesas políticas sin una dotación presupuestaria suficiente para garantizar la seguridad de las víctimas de malos tratos y especialmente, basta ya de tratar como una sucesión de casos aislados la realidad del terrorismo machista en nuestro país. En poco más de una década, las mujeres asesinadas por la violencia machista superan a las víctimas de la sin razón de la violencia etarra durante toda la existencia de la organización terrorista vasca. La obscena diferencia entre los medios materiales y humanos destinados a la lucha contra una y otra lacra, resulta simplemente ignominiosa.

No podemos permitir que a los compromisos políticos alcanzados por los diferentes partidos, para sacar adelante las 25 medidas que las ‘mujeres de Sol’ consideraban debían tratarse en la subcomisión sobre violencia de género impulsada por el Congreso, les  siga simplemente el silencio y el vuelva usted mañana tan típico de nuestro país. No hay lugar para más prorrogas, ni para eternizar nuevamente las negociaciones. Perdonen ustedes, pero nos están asesinando. No hay cabida para esperar a un nuevo 25 de Noviembre, ni nos interesan las fotos o las palabras grandilocuentes de sus señorías en los escaños de la que debería ser la casa de todos y todas, incluidas las mujeres para las que ya llega demasiado tarde una solución. La paciencia tienen un límite y en el caso de la lucha feminista, este se ha rebasado con la sangre de tantas mujeres asesinadas.

Hoy resulta más necesario que nunca hacer un llamamiento a las diversas organizaciones feministas, sindicatos, partidos y al conjunto de la sociedad civil, para lanzar un pulso al patriarcado que impera en nuestro país con la firme intención de poner fin a la atrocidad de los feminicidios. Al igual que el 24 de octubre de 1975 en Islandia tuvo lugar el conocido como “El Día Libre de las Mujeres” con el que se estableció el primer paso para la emancipación de las mujeres de ese país, hoy en España resulta más necesario que nunca un paro femenino que ponga de manifiesto la fuerza de un colectivo que no piensa permitir ni un segundo más que las sigan asesinando. Un “Viernes Largo” como también se conoce al paro islandés, que debe suponer en nuestro país un antes y un después para una sociedad que no termina de abrir los ojos ante una situación que tiene su máxima expresión de insensatez y locura en los asesinatos machistas, pero que también extiende sus raíces prácticamente a todos los ámbitos de la vida de las mujeres.

Un sentimiento de dominio que hunde sus raíces en una sociedad funestamente patriarcal que todavía hoy, se muestra incapaz de reconocer la barbarie en el día a día de gran parte de sus mujeres

No podemos permitirnos un nombre más en la lista de asesinadas, no podemos permitirnos un golpe más, ni un homenaje vacuo o un minuto de silencio que no cambiará nada. Un paro nacional de mujeres es un reto complicado, pero precisamente por eso resulta más necesario demostrar que sí se puede, que es hora de decir basta. No permitamos ni por un segundo más que la sangre de las mujeres siga escribiendo gran parte de nuestra historia.

“Amurallar el propio sufrimiento es arriesgarte a que te devore desde el interior”

Frida Kahlo

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Feminismo o barbarie

feminismo

1. m. Ideología que defiende que las mujeres deben tener los mismos derechos que los hombres.

No existe una alternativa al feminismo, que no sea la de la opresión a la mujer. La de una mundo patriarcal, en donde la dominación de la sociedad por un sexo; el masculino, se cimenta sobre la represión y la barbarie, contra la libertad individual y colectiva de las mujeres. La única alternativa al feminismo, supone aceptar el machismo. Un sometimiento de género, dibujado culturalmente en la subordinación cultural y productiva, el adoctrinamiento educativo o en el propio ocio; pero también, en  las violaciones grupales, la trata de blancas o el matrimonio infantil. Una triste realidad, la de la desigualdad y la violencia, que día a día, limita el desarrollo personal y profesional, de mujeres alrededor de todo el mundo.

Para una sociedad como la española, en donde la violencia patriarcal; todavía hoy, continua acrecentando un reguero de sangre, fruto de la parálisis institucional y la escaso calado de las iniciativas sociales, no pueden existir excusas para no encarar de forma definitiva, una revolución, en en la forma de entender la relación entre sexos. Resulta no solo necesario, sino exigible, una mayor dotación económica para políticas de género. De igual modo, resulta apremiante, la implantación de una nueva ley educativa, que determine y promueva, una línea de actuación para fomentar los valores de libertad productiva, sexual y reproductiva  para todas las mujeres. Para una democracia avanzada, una educación a la altura; en materia de género, sin duda debe representar, la mejor solución ante las problemáticas, presentes en nuestras sociedades, fruto de la estructura patriarcal. La situación, es ya insostenible, humana y políticamente. Basta ya de coacciones y debates reaccionarios, propugnados desde los sectores eclesiásticos más arcaicos y apoyados políticamente, por los últimos bastiones del franquismo sociológico. No existe un colectivo que haya aguantado tanto sufrimiento como el de las mujeres, no existe un colectivo que haya soportado tanta discriminación en silencio; y nunca más, esa será la respuesta ante el machismo y su violencia.

El 8 de marzo, las calles de nuestras ciudades, se llenarán con gritos de justicia, solidaridad y especialmente, gritos que reclamen, de una vez por todas, la implementación de una igualdad real. No se trata de odio, ni de libertinaje, como muchos quieren hacer ver. El libertinaje, como tantos otros aspectos que desde el tradicionalismo patrio, se quieren relacionar con la emancipación de la mujer, no guarda relación alguna con el feminismo. No, al menos, en mayor medida de la que podría guardar con el mundo de los hombres. Es hora de poner fin a estereotipos simplones y rancios, fruto de las mismas voces que en ya en la guerra civil, tildaban de putas o zorras, a aquellas mujeres que en muchas ocasiones; incluso con el fusil en la mano, se atrevieron a levantar su voz, para reclamar sus derechos en un mundo todavía en aquel momento, exclusivamente de hombres.

Si algo caracteriza al feminismo, es la lucha por la igualdad, la solidaridad y la búsqueda de la libertad individual que capacite a las mujeres de las herramientas necesarios, para lograr una toma de decisiones libres, en campos como la sexualidad, la maternidad o la vida laboral y política. El feminismo, supone la mayor expresión de responsabilidad de una sociedad y unos individuos, que de una vez por todas, se comprometen a la supresión de la distinción de géneros, como una medida de sometimiento sexual, laboral o de cualquier otro tipo. La distinción sexual, no debe otorgar ningún derecho sobre las personas. Nuestro pene, no nos otorga ningún puñetero derecho sobre la mujer. Si en pleno siglo XXI, las calles deben volver a llenarse para recordarlo, así será.

La libertad sexual, la libertad reproductiva, los derechos laborales y especialmente el derecho a la vida. Son nuevamente, las banderas que el 8 de marzo, todo el colectivo feminista, mujeres y hombres; codo con codo, enarbolaremos una vez más, frente a aquellos que quieren hacer de la imposición sexual su derecho.

Este miércoles, recordaremos a Susan B. Anthony y al movimiento sufragista, Sojourner Truth y la lucha por los derechos civiles, Simone de Beauvoir y  su Segundo Sexo, Virginia Woolf, Clara Campoamor, Emilia Pardo Bazan, Rosalia de Castro, Frida Kahlo…figuras de mujeres que lucharon e hicieron posible, que en un mundo de hombres, la voz del feminismo, se elevase por encima de una sociedad profundamente machista. Pagando, en numerosas ocasiones, un precio demasiado alto para una persona, pero nunca para todo un colectivo. A aquellas voces, hoy se suman, las de mujeres como Rosa Cobo, Petra Collins, Emma Watson, Bell Hooks y tantas otras compañeras, que de manera pública o anónima no tienen miedo a dar un paso al frente para gritar basta. Basta de una sociedad y un mundo, en donde, sobre la mujer recae el peso del cuidado de la familia desde su más tierna infancia, hasta la muerte; y en donde esa labor, es vista en numerosas ocasiones, como una barrera a la hora de desarrollar su actividad profesional. Basta de impunidad ante los continuas vejaciones a la mujer vertidas desde las instituciones que dicen representarnos a todos y basta ya, sin más dilación de asesinatos. No podemos esperar más por la política, no podemos respetar sus tiempos, ni esperanzarnos ante promesas que nunca terminan de llegar. Son ya demasiadas las que faltan cada 8 de marzo, demasiado dolor, demasiada injusticia y demasiada rabia. Si el parlamento no puede poner fin a la barbarie, tendrán que ser las calles las que lo hagan. Ni una muerte más, ni una mujer menos por el terrorismo machista. Ningún país, puede considerarse democrático, mientras sus mujeres mueren por el simple hecho de ser mujeres.

No hace falta ser mujer para ser feminista, pero si resulta necesario que los hombres sean feministas, para que al fin las mujeres puedan llegar a ser libres. Este 8 de marzo, el feminismo tienen que volver a ser radical, sin miedo, sin ambages, sin pudor. Cuando te están matando, cuando las cadenas reprimen tu vida laboral, tu sexualidad, tu ocio, tu futuro…es hora de volver a reivindicar el papel de la mujer, es hora de una vez por todas, de librar la batalla más antigua de todas las revoluciones sociales.

“La construcción patriarcal de la diferencia entre la masculinidad y la feminidad es la diferencia política entre la libertad y el sometimiento”

Carole Pateman

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Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental.

Desde DowJones te agradecemos tu colaboración.

https://www.change.org/p/xulio-ferreiro-calle-berta-c%C3%A1ceres-en-a-coru%C3%B1a

Violaciones, el miedo de ser mujer

Un bar a altas horas de la madrugada, una calle vacía, un parking, el camino de la feria a casa, el portal de tu edificio, la ruta por la que sales a correr, unas fiestas patronales…sitios aparentemente inofensivos para un hombre, pero que sin embargo, pueden esconder una autentica pesadilla, para una mujer. Doy por hecho, que a estas alturas del artículo, no serán pocos (y pocas) los que comiencen a pensar que exagero, que peco de alarmista o peor aún: que pertenezco a eso a lo que, quienes pretenden ocultar su machismo, en tiempos no tan propicios para hacer bandera del mismo, denominan feminazis. Ni una cosa, ni la otra en realidad. En siete años, se han producido en España, 9.040 casos de violación, tres al día, uno cada 8 horas. 9.040 casos, que suponen tan solo la punta del iceberg, en un país, en donde tan solo una de cada seis violaciones llegan a denunciarse. 9.040 casos de mujeres que tras sufrir en sus carnes la máxima expresión de violencia machista, perdieron el miedo a que su testimonio fuese puesto en duda, a las preguntas encaminadas a demostrar su inocencia ante la agresión, a una justicia lenta e ineficaz en gran parte de las ocasiones, al que dirán, a la sumisión. Sumisión ante un sistema injusto, que las educa para evitar la violación, para no provocarla, pero que sin embargo, carece de mecanismos en su sistema educativo, para enseñar a sus hombres a no violar, a no creerse con ningún derecho especial  sobre la libertad sexual de las mujeres, por el simple hecho de su sexo. Una sociedad enferma, cobarde, solo así se puede denominar a quién  prefiere normalizar el miedo continuo de la víctima, que educar al agresor.

Vivimos en una sociedad con cierta Cultura de la violación, una sociedad dispuesta a desconfiar del testimonio de la víctima o incluso capaz de justificar o considerar menos grave, una violación cuando el alcohol o el “tonteo” previo, forman parte de la agresión. Una sociedad machista, en donde la ropa de la víctima sigue siendo un factor a tener en cuenta, y en donde el pasado sexual o el momento de pronunciar la palabra “No” pueden suponer un nuevo castigo para las mujeres víctimas de una violación. Factores de por si inaceptables, que llegan a formar parte de la instrucción judicial o el relato periodístico, muchas veces más propio de épocas que creíamos ya pasadas. Una sociedad, que pese a carecer en su Derecho Penal, de la figura de la provocación ante la violación, sí tiende, inexplicablemente a condenarla socialmente, pese a su inexistencia.

Es en el contexto de una sociedad profundamente patriarcal, en el que las violaciones por medio de la llamada “sumisión química” han aumentado preocupantemente, en torno al 30% en los últimos años. Bastan unos gramos de alguna substancia tóxica de relativamente fácil acceso, en la copa de una mujer, para lograr doblegar su voluntad. Desorientación, mareos, perdida de la conciencia…los últimos indicios previos a una violación, que hasta hace relativamente poco, en la mayor parte de las ocasiones, era puesta en duda, incluso por las autoridades. La sumisión química, es un paso más en la violencia ejercida por una sociedad extremadamente patriarcal sobre las mujeres. Un mecanismo de coacción, que condiciona su comportamiento diario, que les impone el miedo en su día a día, ante situaciones por las que un hombre no debe sentir preocupación. Existe una clara discriminación hacia la mujer, en un estado en el que parte de sus ciudadanos, no pueden poseer la misma percepción de seguridad que el resto, por la única razón de su sexo.

Desde 2010, y según el artículo 181 del código penal, las penas para quienes sin violencia o intimidación, atente contra la libertad de otra persona, se limitan a de uno a tres años de prisión, sin que se considere un agravante el uso de sedantes u otras substancias químicas. Un dictamen muy alejado de la perspectiva de Naciones Unidas, que por su parte, si reclama a los diferentes estados, introducir en sus legislaciones, circunstancias agravantes en los caos en los que las sustancias psicoactivas, sean administradas con la intención de cometer una agresión sexual. Un planteamiento de por si conservador, para un estado como el español, en donde cada 8 horas, una mujer es agredida sexualmente ¿Se imaginan por un momento algún otro colectivo soportando una agresión de tal magnitud sin utilizar la palabra terrorismo o genocidio? Realmente, se me hace complicado.

Todavía, no existen grandes debates en el parlamento acerca de la libertad sexual de las mujeres, ni se estudian en las aulas los nombres de las víctimas, y ni tan siquiera, se les enseña a los alumnos y alumnas la importancia de la igualdad de género. No se busca desde los partidos, el voto de las potenciales víctimas, no se hace, porque se les ha educado en el secretismo, en el silencio complice. Preferimos seguir hablando de feminismo radical o riéndole las gracias a quién de menospreciar a las víctimas de cualquier otro tipo de terrorismo, estaría entre rejas. El feminismo, no condena a los hombres por su sexo, sino por la indiferencia y el manto de protección que en la construcción de su género, muchos hombres, han propiciado al machismo. Es nuestra responsabilidad desmontar esa protección, es nuestro deber, ponerle fin al miedo que la mujer siente, por el simple hecho de serlo.

“Amurallar el propio sufrimiento es arriesgarte a que te devore desde el interior”

Frida Kahlo.

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Autor: @SeijoDani

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental.

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Lo siento mujer

Supongo que todo pudo comenzar la primera vez que su madre le compro una muñeca en lugar de aquel coche que tanto le gustaba, en las miradas raras cuando quiso jugar al fútbol, las broncas con aquel primer novio por aquella minifalda “demasiado corta”, los celos, los mal entendidos los sábados por la noche, el primer puta, los anuncios denigrantes, los “piropos” a destiempo, la falta de ayuda en casa, los golpes, la talla 36 como canon de belleza, los tacones en la oficina, las miradas lascivas de aquel desconocido, el acoso por un aborto, el miedo a volver sola a casa. Tu sexo…su sexo. 

En nuestro país viven actualmente 23.695.618 mujeres, 90 de ellas nos faltan al haber sido asesinadas durante este último año fruto de la violencia machista. Algunas, como Mariana Carmen Radú de 43 años, habían denunciado; otras no, quizás por miedo a la represalia o simplemente por temor a ser incomprendidas en una sociedad que tantas veces mira para otro lado cuando la sangre aún no se ha derramado en su suelo. De esos veintitrés millones millones de mujeres, una será violada cada 8 horas, doce de cada cien sufrirán malos tratos a lo largo de su vida  y seguramente la totalidad, vivirá de una o de otra manera la inmensa variedad de formas en las que la sociedad y los que en ella nos encontramos, discriminamos a una mujer por el simple motivo de su sexo. Vivimos en una sociedad, con toda una red de conductas interiorizadas desde nuestra más tierna infancia, para hacerlas sentir distintas, muy probablemente inferiores. Como podría sino explicarse una sociedad, en la que más de las mitad de los adolescentes le dice a sus novias con quién puede hablar, en donde se sigue juzgando a las mujeres por su sexualidad o en donde son necesarias leyes, en tantas ocasiones violadas, para garantizar la paridad en los puestos de responsabilidad de nuestras empresas o nuestros gobiernos.

Vivimos en un entorno patriarcal, en donde tan solo 18 denuncias falsas de un total de 130.000 por violencia machista en 2015, sirven para jugar a la ambigüedad a tantos de nuestros cargos políticos. Una realidad en donde el miedo llega a condicionar la vida de la mitad de sus habitantes y en donde la justicia, en demasiadas ocasiones, no se encuentra al lado de la víctima. Techos de cristal todavía vigentes e inalterables, marcados en su curriculum junto a su sexo y quién sabe si como inmensas estrellas amarillas cosidas en sus vaginas o sus pechos. Símbolos invisibles pero latentes de la discriminación de una parte vital de nuestra sociedad. Genocidio, silenciado en tantas partes del mundo y con escasas políticas, más gestuales que comprometidas, para lograr su fin.

Triste una sociedad que dice criar a mujeres libres e independientes, pero que las abandona a su suerte en un mundo que todavía no está preparado para ellas. Un mundo que no nos cría en la igualdad, sino en la diferencia. En donde a los sentidos silencios de protesta, les siguen los recortes en algo que realmente, en el fuero interno de la política, no se considera prioritario. Ningún otro tipo de terrorismo gozaría de la impunidad de la que goza el terrorismo machista, ningún otro genocidio lograría silenciarse al igual que silenciamos el lento gotear de la muerte de nuestras mujeres. Sin duda, supone para nosotros como colectividad, pero también como individuos particulares, una revolución pendiente.

Existen cientos de motivos por los que uno debiera encarar la lucha feministas: por ética, por solidaridad, por necesidad, por amor, por deuda con quién le dio la vida o simplemente por justicia. Por ver al fin en los ojos de la próxima generación de mujeres, la esperanza, en unos ojos en los que todavía hoy se ve tantas veces reflejado el miedo.

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Autor: @SeijoDani

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental. 

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Querido hombre,

Tenía apenas 18 años o quizás fueran 37. Realmente, estos datos poco importan, al igual que tampoco lo hace su nombre, su procedencia o su clase social. Tan solo importa que era una mujer. Puede que fuese también la hija, la madre o la hermana de alguien, pero ante todo era eso: una mujer. Tan solo eso, fue lo que le valió para estar en el punto de mira cuando regresaba a casa después de una noche de fiesta. Sola, sin compañía, como tantas otras veces, pero con el miedo presente cuando eres una mujer en un mundo de hombres. Y es que para sentirse insegura siendo mujer, no hace falta que tus calles sean las calles de Managua, Brasilia o Caracas. Pero por desgracia, esta vez el miedo era justificado.

En 2015, en España fueron violadas 1200 mujeres, más de 8200 violaciones desde 2009, una violación cada ocho horas. Cuando la introdujeron a la fuerza en aquel portal, ella tan solo pudo gritar de impotencia, resistirse, y pensar en que aquello había comenzado mucho antes de aquella noche. Con los chicos que la llamaban zorra en clase por no tener relaciones sexuales cuando ellos suponían que debía tenerlas o simplemente por hacerlo cuando y con quién ella eligiese, con las miradas que la congelaban cada noche ante una falda o un escote con el que ella se sentía cómoda y atractiva, simplemente. O aquella intentona de ese chico que le gustaba, pero que sin que lo hubiese llegado a comprender del todo bien en aquel momento, se había intentado propasar esa noche en la que ella iba tan borracha y el le introdujo su mano en el pantalón. Ahora, mientras decía una y otra vez basta, mientras suplicaba que se detuviese al hombre que la sujetaba firmemente mientras la violaba, al fin comprendía que nadie la había preparado para el miedo de dirigirse sola a casa cada noche, frente a una sociedad que premia una concepción soterrada, pero imperante, de la mujer como un ser subordinado al hombre y en donde en los últimos once años, más de 700 mujeres han sido asesinadas por el terrorismo machista, sin que esto haya supuesto que se creasen grandes cuerpos policiales contra ese tipo de violencia o se haya producido un verdadero movimiento social, como respuesta a un infierno, el de la violencia patriarcal, que en nuestro país ya han sufrido al menos el 12,5 % de las mujeres que nos rodean.

Cuando se levanto tan solo pudo pensar en que la había llevado a salir aquella noche, en su ropa o en si su violador, podía haber sido alguno de los chicos con los que había estado bailando en aquel club, no sé…puede que lo fuese pidiendo sin darse cuenta o que aquel chico, simplemente se sintiese atraído por aquel escote que tan poco le gustaba a su padre o a su novio. Poco podía pensar entonces, en que su violación en realidad era mucho más simple que todo eso, se trataba en el fondo de una cosa de hombres, de una cultura en donde todos esos pensamientos que a ella ahora se le pasaban ininterrumpidamente por la cabeza, eran vistos por muchos como atenuantes de un acto de agresión física y sexual contra una mujer, de una cultura enferma, que se vanagloria de crear mujeres libres e independientes, pero en la que todavía hoy, no existe un lugar para mujeres libres e independientes.

Una vez en comisaría o ante el juez, puede que fuese precisamente otra mujer la que le preguntase si había cerrado bien las pierna durante la agresión o si estaba segura de no haberlo disfrutado; nadie ha dicho que el machismo sea cosa solo de hombres, y  puede que para entonces ya todo diese igual o por el contrario todo comenzará a importar un poco más. Pero lo que es seguro, es que  ya era demasiado tarde para evitar una nueva violación utilizada como arma en esa guerra soterrada que todavía hoy, de forma consciente o inconsciente, libran gran parte de los hombres contra esa “otra” mitad de nuestra sociedad que suponen las mujeres. Una guerra que se libra en el lenguaje, en los tópicos, en el control sobre las parejas, la discriminación laboral o con el condicionamiento en el ocio de una mujer ante la amenaza de ser violada si regresa sola a casa.

Todavía hoy, vivimos en una sociedad en la que ser mujer, sigue siendo un motivo de discriminación, una sociedad que jamás llegará a ser justa o democrática, mientras la mitad de sus componentes, sigan sintiendo miedo al caminar solas por nuestras calles.

 

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Autor: @SeijoDani

 

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental.

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Jornada de reflexión

Volvemos a vernos inmersos en otra campaña electoral, y vuelven las dos españas: una España mágica pincelada por un gobierno que siempre parece haber tenido poco tiempo para realizar sus políticas, pero que promete hacerlo si le damos una nueva oportunidad,  y otra muy distinta, desdibujada por una oposición que sino fuese suficiente  ya con nuestros propios problemas, siempre parece capaz de encontrar alguno más. Aún teniendo que buscar en Venezuela, en Grecia o en Irán.

Triste panorama para unos ciudadanos, nosotros, que en medio de una espiral de paternalismo, que a veces roza la falta de respeto,  y de alarmismo, volvemos a encontrarnos en una relación directa con esos entes, los partidos, que durante el resto del año, parecen tan alejados de nosotros en esa lejana galaxia llamada parlamentarismo. Todo con tal de ganar nuestro más preciado bien en democracia, el único ya dirían algunos: nuestro voto. Durante unos instantes, volvemos a contar, dejamos de ser agricultores, taxistas o desempleados; en el mejor de los casos, cuando no meros consumidores, para convertirnos en patriotas, en honrados ciudadanos o en compañeros y compañeras, eso depende ya del gusto de cada uno.

Como si de una gran navidad política se tratase, todos los ciudadanos pasamos por defecto durante unos días, a ser individuos bondadosos e incorruptibles, tan solo en ciertos casos y como excepción; engañados sin duda con crueles artificios y artimañas por algún malvado líder del partido rival, se debe reconducir en su voto a algún ciudadano perdido. Nada que un buen debate o una carta aparentemente personal, pero tan prefabricada como la propia democracia, no pueda arreglar en un instante. 

En definitiva, una prototípica historia de buenos y malos la de nuestra democracia, en la que hasta no hace mucho parecían no importar los papeles. En donde gobernase quién gobernase el fuerte, siempre terminaban ganando los mismos, esos a los que hoy llamamos mercados y ayer burguesía, pero que a fin de cuentas siguen representando lo mismo. Una sociedad corrompida por el poder, en donde se nos habla del ejemplo griego o de la peligrosidad de según que políticas, sin hablarnos de la amenaza que una Europa ya en la senda del neoliberalismo puso sobre la mesa de Alexis Tsipras, una sociedad que habla de los derechos de los venezolanos y las venezolanas, pero que poco o nada dicen sobre la desigualdad de una sociedad en la que los negros, los indigenas, siguen siendo vistos como ciudadanos de segunda, como menos venezolanos que el resto. En donde se nos habla de los refugiados, pero no de la guerra, esa guerra que nosotros mismos creamos en primavera y pretendemos ocultar ahora que el invierno del dolor llama a nuestras puertas. Una sociedad que llora a las mujeres muertas, pero abraza al patriarcado. En donde se dice combatir a la corrupción, pero se favorece el sumo poder de las empresas en el juego político. Una sociedad de pocos y para pocos, en donde se nos miente, se nos engaña y finalmente nos dan la falsa sensación de poder, cuando se nos deja meter una papeleta en una urna una vez cada cuatro años, puede que dos si no les gusta el resultado.

La verdadera conquista de la izquierda no será la victoria de Podemos/IU ni el 15M o un par de ayuntamientos, nuestra victoria reside en cada par de ojos abiertos a la realidad, en cada casa que sea parte activa de la lucha política y suponga un nuevo impulso para ganar nuestro más preciado derecho, el derecho a derribar muros, a cambiar las cosas, el derecho a construir un nuevo mundo alejado de su vieja distopia capitalista.

Perdonen que este no sea un análisis más de el último debate, perdonen que aquí no hablemos de candidatos ganadores o perdedores, sino de un sistema injusto y de la necesidad de cambiarlo.

Sin duda, tomar conciencia política es más sacrificado que ver un debate o depositar una papeleta, y si realmente queremos una verdadera democracia, así debe serlo.

 

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Autor: @SeijoDani

 

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental.

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Terrorismo machista en una sociedad patriarcal.

Una semana más,una muerte más…una mujer asesinada a manos de su pareja.Un titular en los medios de comunicación como un número más.Como una simple cifra a añadir a la continua sangría que supone en nuestro país;y en la sociedad global,el yugo del patriarcado,el terrorismo machista.

Y conscientemente hablo de terrorismo machista y no de violencia de género,porque aunque los medios y la política nos hayan adoctrinado a centrar nuestra mirada en un cadáver,en una mujer ya fallecida,la pesadilla de esa compañera comienza mucho antes.

Comienza con ese hombre que no ayudar en las tareas comunes con total superioridad,con ese individuo que ve en sus malas contestaciones;en sus gritos,en los platos rotos en el suelo,en el miedo en los ojos de su pareja,una realidad aceptable por el simple hecho de ser un hombre.Que apela para ello a una condición adscrita a su sexo por derecho. La muerte de la mujer maltratada comienza mucho antes de que los servicios sanitarios la separen de la realidad con una fina capa de plástico por encima de su cabeza.Su muerte tiene comienzo con el miedo a denunciar debido al que dirán,al “algo habrá hecho”,a la justicia no podrá protegerme y él seguirá en la calle,va a ser peor.La muerte de la mujer maltratada comienza cuando la sociedad la considera una cifra más,un motivo por el que salir a la calle a protestar,pero no una realidad social a la que poner fin de una vez por todas.

Después de todo las únicas armas que posee una sociedad democrática contra el terrorismo machista,se basan en la educación y la justicia.Una educación basada en la igualdad para evitar la propagación del patriarcado en las nuevas generaciones y una justicia real.Una justicia que considere al maltratador como un terrorista,un agresor contra un amplio sector de nuestra comunidad,contra todo el conjunto social y no contra un individuo o una mujer en particular.

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Autor: @SeijoDani