Un parlamento, una moción de censura… dos españas

“Ustedes representan lo malo conocido y el miedo. Han usado el miedo para robar”

Pablo Iglesias

La tercera moción de censura en cuarenta años de democracia, nos deja la constatación de la existencia de dos realidades muy distintas en el parlamento y en el tejido social español. Dos realidades, pertenecientes a dos españas que no solo nunca han llegado a confluir, sino que con el paso del tiempo, parecen alejarse todavía más fruto de un modelo económico y unas políticas, que fomentan la desigualdad social al compás de la corrupción política y la codicia desaforada de nuestra supuesta élite empresarial. Una codicia que ha hecho de nuestro país un paraíso para tramas de corrupción de todo tipo, en donde comunidades autónomas, empresas, ayuntamientos, bancos y partidos políticos, se han visto aquejados por un parasitismo en ocasiones tornado en depredación, que ha infectado a nuestras instituciones, transformando lo que antaño fuese un pacto social común, en un complejo sistema poder, en donde las élites del sistema han podido afanarse con libertinaje en la búsqueda de su máximo beneficio económico, cambiando las reglas del juego siempre que resultase necesario para sus necesidades.

Durante algo más de cinco horas, Unidos Podemos ha hecho uso de la tribuna del Congreso para poner de manifiesto la profunda decadencia de un gobierno y unas instituciones paralizadas por la corrupción, en donde los esfuerzos del ejecutivo se han visto en demasiadas ocasiones a lo largo de la legislatura, centrados en esquivar la actuación policial y el peso de la justicia sobre un Partido Popular que una vez más, ha llevado al extremo en su estrategia de defensa, la aparente necesidad política de la derecha de nuestro país de hacer del que se supone gobierno de todos, su cortijo particular.

Nada sabe el Partido Popular de los más de 100.000 desahuciados, los emigrados, los parados de larga duración, los más de 64.000 alumnos estudiando en barracones o la realidad de los trabajadores pobres en nuestro país

Entre lecturas inoportunas, comentarios machistas, aplausos de graderío y una total indiferencia por el discurso de Irene Montero o Pablo Iglesias, la bancada popular ha decidido simplemente ignorar una moción de censura que sabe fracasada de antemano, gracias a la falta de entendimiento entre los partidos que podrían configurar una alternativa a su gobierno. Nada parece importarle al PP la realidad social tras esta iniciativa, la de un país hastiado por la corrupción, golpeado por los recortes y quizás temeroso ante la precariedad laboral y la rapidez con la que iniciativas como la ley mordaza, han recortado sus libertades hasta hacer de la protesta social un delito. Un país cansado de las dos españas, divididas entre vencedores y vencidos, en la que el trabajador siempre termina perdiendo.

Sin duda desconocen en Genova 13, la realidad del trabajo precario, el miedo al despido, las hipotecas que pesan cada mes como una losa o el inhumano esfuerzo que puede suponer para una familia obrera el copago, por pequeño que sea, en servicios que antes se suponían públicos y gratuitos. Lo desconocen en Genova, como lo desconocen en el distrito de Salamanca, en la Moraleja o en el Viso. Los recortes de más de 10.000 millones de euros menos en la sanidad pública española, las listas de espera, la perdida de profesionales y camas o el negocio detrás de la salud de las personas no son asuntos que alteren la tranquilidad de los habitantes de esa “otra España” Después de todo, siempre pueden acudir a la sanidad privada, una sanidad sin listas de espera o molestos compañeros de habitación que nadie desea. Una sanidad que gracias a las reglas del juego, terminamos de una u otra manera pagando todos, pero que realmente solo unos pocos disfrutan. Una muestra extrema más del parasitismo de una minoría privilegiada sobre el conjunto de la sociedad española.  Una minoría que se cree con el derecho de vivir y gestionar lo público según sus propios intereses, para a continuación, una vez desmantelado un servicio que nos pertenece a todos, hacer uso de los servicios privados sin señal alguna de remordimiento. La realidad de las puertas giratorias, la de los pelotazos urbanísticos, la financiación ilegal o los favores de partido entre conocidos, suponen una concepción más propia del hampa que de la vida política, pero en España sobrevive sustentada por quienes en nuestro país, heredan el poder político y empresarial generación tras generación, en una simbiosis perfecta con las costumbres de la monarquía parlamentaria.

Nada sabe el Partido Popular de los más de 100.000 desahuciados, los emigrados, los parados de larga duración, los cerca de 64.000 alumnos estudiando en barracones o la realidad de los trabajadores pobres en nuestro país. Ellos, nunca han sufrido la angustia de no poder acceder a la energía o la cruenta necesidad de pedir ayuda para comer. Esa nunca ha sido su realidad. Su presente y su futuro se asemeja más a la especulación, la búsqueda aplicada de resultados en los datos macro, aunque la vida no cuadre, y más directamente el puro y desmedido lucro personal, las corruptelas, las inversiones sin riesgo gracias apoyadas en las leyes y en la banca… Dos realidades muy diferentes enfrentadas y de las que deberíamos ser plenamente conscientes antes de emitir cualquier tipo de voto. Llámenle como quieran, arriba y abajo, izquierda y derecha, vencedores y vencidos, ellos y nosotros…, pero sean conscientes de que en el parlamento, al igual que en nuestro país, todavía hoy existen dos españas claramente diferenciadas.

Un Partido Popular que una vez más, ha llevado al extremo en su estrategia de defensa, la aparente necesidad política de la derecha de nuestro país de hacer del que se supone gobierno de todos, su cortijo particular

Decía Rajoy a Iglesias que “Esta moción sirve únicamente para marcar terreno al PSOE o para crear más indignados. Sirve para todo menos para lo que tiene que valer una moción de censura” olvidaba el presidente del gobierno, que ante todo, una moción de censura debe servir para corregir el rumbo de un país a la deriva, un objetivo que hoy vuelve a quedar claro no será posible, mientras una España, para la que parece gobernar el Partido Popular, continue negando la realidad en la que por causa de sus políticas, vive inmersa gran parte de la para ellos, esa gran desconocida otra España.

desigualdad

 

 

Moción de censura, nos sobran los motivos

“Por las arrugas de mi voz
se filtra la desolación
de saber q éstos son
los últimos versos q te escribo,
para decir “con Dios” a los dos
nos sobran los motivos. “

Joaquin Sabina

Tras el tramabús, los continuos debates y declaraciones contra la corrupción como escaparate parlamentario y las peleas internas representadas en territorio enemigo, Unidos Podemos ha decidido dar un paso al frente anunciando la búsqueda de apoyos parlamentarios para iniciar una moción de censura contra el presidente del gobierno Mariano Rajoy. En una estrategia política arriesgada, pero que algunos ya adelantaron, el partido de Pablo Iglesias sale al paso de los últimos escándalos de corrupción, para en un all in parlamentario, obligar a los demás grupos de la oposición a abandonar sus trincheras dialécticas y poner definitivamente sus cartas sobre la mesa.

Las grabaciones y documentación recopiladas en la operación Lezo han dejado al descubierto una nueva pieza de la elaborada trama de corrupción que extiende sus vínculos sobre el Partido Popular y que una vez se ha sentido acorralada ante la continua presión policial y judicial, no ha dudado ni por un instante en hacer uso de sus vínculos con el gobierno para obstaculizar  e intimidar en la medida de lo posible la acción del poder judicial. Un claro ejemplo de estos métodos los encontramos en las conversaciones recogidas en el sumario de esta operación en donde Ignacio González y Eduardo Zaplana con total naturalidad charlan acerca de apartar de la Audiencia Nacional a Eloy Velasco o de la posibilidad de influir desde el ejecutivo en el transcurrir de las decisiones judiciales que afectan a los casos de corrupción vinculados con el Partido Popular,  tales conversaciones suponen un paso más para depauperar el ya de por sí escaso bagaje democrático de unas instituciones que se encuentran inmersas en una espiral de corrupción que llega incluso a amenazar a los máximos representantes del estado. Ante la anomalía de un estado de excepción democrático por el saqueo del PP de las administraciones públicas y un comportamiento parásito de las instituciones el proponer una moción de censura en un país que desde la Transición, ha vivido únicamente dos situaciones similares; una contra Adolfo Suárez y otra contra Felipe González, ambas fracasadas, supone una actitud de responsabilidad política y moral y un desafío frente a aquellos que únicamente han utilizado los mecanismos del estado de derecho con el único fin de degradar los resortes democráticos del estado para lograr con ello obtener un beneficio económico ilícito con aparente impunidad.

No existe tiempo para estrategias electoralistas o una incesante algarabía de discursos parlamentarios huecos ante la corrupción sistémica y la amenaza directa a principios básicos como la vulneración de la división de poderes, la independencia judicial  o la libertad de expresión. La respuesta parlamentaria de aquellos que ocupan un cargo en representación de todos los españoles debe ser la de la defensa sin fisuras de la democracia y eso queridos lectores, es precisamente lo que hoy se ha pretendido lograr con una moción de censura que es utilizada como último recurso frente a un gobierno del Partido Popular que no solo ha evitado en todo momento su responsabilidad con la ciudadanía y sus representantes, sino que en numerosas ocasiones ha entorpecido de manera continuada la labor de la justicia con tácticas más propias del entorno mafioso que con las de una formación de gobierno.

Sin duda una vez más el Partido Popular utilizará en su defensa frente a la flagrante corrupción el argumento de los casos aislados y el respaldo electoral, defensa que podrían resultar válida en un entorno puramente democrático, pero que sin duda se queda coja en un país en donde el partido del gobierno se encuentra inmerso en un macrocaso de financiación ilegal y cuyo entorno empresarial, judicial y periodístico parecen trabajar al unísono en la construcción de un discurso electoral alternativo para la formación conservadora. No se trata como en otras ocasiones de dinamitar esa defensa porque el partido del gobierno haya llegado al poder incumpliendo una tras otra cada una de sus medidas, ni de que las democracias occidentales hayamos asumido como lógico un gobierno con elevadísimas tasas de abstención, sino que en el caso particular de España, los apuros del partido del gobierno por soterrar una flagrante corrupción que ahoga su día a día político socavan las premisas básicas de cualquier estado de derecho. No debería existir por tanto ningún temor para afirmar que el voto a un partido que ha financiado sus campañas electorales con la corrupción no es un voto válido, dado que la financiación ilegal en sí misma ha corrompido el proceso democrático despojándolo de validez.

Ante la moción de censura no existen más alternativas que el apoyo a la misma o el respaldo a las políticas y al ejecutivo del Partido Popular. No existen trincheras en donde reelaborar el discurso electoralista, ni más pseudoverdades que lanzar a los medios de comunicación con el único objetivo de calmar las aguas, Ciudadanos y el Partido Socialista se encuentran ahora ante la disyuntiva de posicionarse como parte de la solución o pasar a formar definitivamente parte del problema en el imaginario colectivo. La moción de censura tal y como se recoge en la constitución necesita al menos la firma de 35 parlamentarios para su presentación (con lo que podría salir adelante con la iniciativa única de Unidos Podemos) y el voto favorable de la mayoría absoluta de los miembros del Congreso de los Diputados para su aprobación, es en ese punto en donde el voto de las que ahora se consideran formaciones del eje de oposición deberán definirse, con ello Unidos Podemos pretende poner fin a la estrategia política de quien públicamente crítica los casos de corrupción y el devenir político del Partido Popular, pero por el otro lado sostiene el gobierno de la formación conservadora con su respaldo parlamentario. 

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Los escenarios:

El golpe a la línea de flotación de Ciudadanos que supondría su negativa a participar en la moción de censura completa un proceso político dirigido a la más absoluta irrelevancia iniciado con el total incumplimiento por parte de Mariano Rajoy de unos acuerdos para la formación de gobierno que muchos hemos comenzado a dudar hayan existido en algún momento fuera de la imaginación del propio Rivera. Por su parte, un Partido Socialista inmerso las primarias únicamente se enfrenta a dos opciones: aceptar la moción de censura y recuperar el liderazgo de la oposición desde la formación de un gobierno alternativo o aceptar ceder la iniciativa en la oposición de Unidos Podemos, con lo que resultaría más rentable para Díaz comenzar a plantearse una futura formación de gobierno con los opositores.

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres, te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña, por el nombre de la activista medioambiental.

Desde DowJones te agradecemos tu colaboración.

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Una paz sin diálogo

8 abril de 2017 una fecha llamada a marcar la historia de nuestro país. Jean-Noel Etcheverry fundador de la agrupación ecologista Bizi! y detenido el pasado 16 de diciembre por su supuesta vinculación a la organización terrorista ETA, ha señalado ante la opinión pública esa fecha como la del último paso previo para encarar la total disolución del movimiento terrorista vasco Euskadi Ta Askatasuna (País Vasco y Libertad).

Un paso más en una hoja de ruta hacia la paz, en el que la postura del gobierno español ha sido la del inmovilismo durante estos últimos cinco años sin violencia. Una línea de actuación atrincherada en la negativa a asumir cualquier tipo de responsabilidad en la mesa de negociación, y en las sucesivas actuaciones policiales que en medio de un proceso de paz, parecen más encaminadas a dinamitar a la sociedad civil abertzale que a facilitar el camino para la total disolución de la organización terrorista. Un proceso que se afianzada únicamente en una sociedad civil que sigue firme al mando del mismo, pese a las continuas negativas de los gobiernos español y francés para erigirse como interlocutores ante la organización terrorista ETA.

Curiosamente, quienes durante décadas no dudaron en modular sus discursos o en tomar asiento en primitivas negociaciones ante los asesinos prometiendo “generosidad, mano tendida y espíritu abierto”, hoy son los mismos que muestran una incomprensible pero tajante negativa ante la perspectiva de asumir el cometido de quién en un proceso de paz tiene el deber de representar a un estado con un conflicto armado dentro de sus fronteras. Desde el decimoquinto congreso del Partido Popular Vasco, Mariano Rajoy hacía mención al comunicado de ETA, poniendo de nuevo el acento de su discurso en la negativa del gobierno español a entablar cualquier tipo de diálogo con la organización terrorista, y señalando la persecución policial como la única decisión política capaz de poner fin al conflicto “Esta posición que mantenemos nosotros es la justa, la democrática, la que preserva la dignidad de las víctimas del terrorismo y, por si a alguno no le llegaran esos argumentos, es también como el tiempo está encargando de demostrar, la mas eficaz para la disolución definitiva de ETA. Es es lo que tengo que decir sobre esto”  Una vía la de la negativa al diálogo que utiliza la voz de las víctimas para justificar una decisión exclusivamente política, y que no parece encontrar justificación en una sociedad vasca profundamente comprometida con la normalización de la convivencia política y social de un pueblo,  que todavía hoy arrastra profundas cicatrices fruto de la violencia.

Cinco años después de que ETA anunciase en un comunicado de apenas dos minutos y medio el “cese definitivo de la actividad armada” sin condiciones, el último conflicto armado de Europa continua incomprensiblemente estancado entre la pasividad gubernamental, y la desesperada intentona por parte de los terroristas para edulcorar la derrota como una última vía de expiación, para quienes años después al fin parecen percatarse de lo absurdo e innecesario de todo el dolor provocado. Un dolor reflejado en las 849 víctimas mortales por los atentados de la banda terrorista, en los presos, en los torturados, pero también en las familias y en la impotencia de todos aquellos que durante décadas, han visto como la amenaza de las armas frustraba cualquier esfuerzo de debate en Euskadi.

Con el desarme de ETA, el fin de la violencia terrorista en nuestro país se dibuja como una realidad inevitable cercana, pero haría mal el estado al confundir la disolución de la banda terrorista con el final del propio conflicto vasco. La inexistencia de una hoja de ruta consensuada y un futuro desarme que todo indica no podrá producirse de forma verificada y ordenada, por la negativa del gobierno español a erigirse como interlocutor en el proceso de paz, suponen una nefasta señal para el futuro de una sociedad en donde las heridas abiertas son numerosas, y todavía son muchos los que en uno y otro bando parecen mostrarse incapaces de sobrevivir al cambio de mentalidad para una convivencia sin tensiones. El diálogo resulta más importante que nunca, cuando se hace patente que son muchas las cicatrices que sobrevivirán a la banda terrorista. El estado debe encontrarse hoy al lado de una sociedad civil que no puede sumar al dolor de los muertos, el peso de construir la paz en solitario. 

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“Yo destapé la trama Gürtel.”

Es probable que existan pocos personalidades en nuestra política nacional como Esperanza Aguirre. Toda una grande de España al servicio de su propia figura, un ego insuperable y una carrera política que pese a contar con numerosas batallas ganadas en su camino a la gloria, pocos se atreverían a estas alturas a definirla de otra manera que no fuese la de la más absoluta derrota, la de la soledad.

El 10 de junio de 2003, el poder de la Comunidad de Madrid llegaba a manos de Esperanza Aguirre fruto del Tamallazo. Una de las traiciones más sonadas de nuestra historia política llevada a cabo por Eduardo Tamayo y María Teresa Sáez, ambos parlamentarios en las listas del Partido Socialista madrileño que con su desbandada dejaban en manos del Partido Popular de Esperanza Aguirre un cargo político que ésta utilizaría desde ese preciso instante, para emprender una campaña de promoción personal y adoctrinamiento ideológico neoliberal de la población, financiado en numerosas ocasiones con fondos públicos, que a lo largo del tiempo convertirían a la Comunidad de Madrid en una plataforma desde la que la propia Esperanza Aguirre libraría sus batallas políticas, dentro y fuera de su partido.

Un poder y un ego ilimitados han sido los pilares sobre los que se ha construido una carrera política que a la propia Esperanza Aguirre le gusta recordar como consolidada año tras año en forma de mayorías absolutas, pero que esconde una cara menos grata para su figura política, una cara conformada por el control mediático absoluto de Telemadrid, el espionaje político en el seno del Partido Popular madrileño, la lucha despiadada por la privatización de los servicios públicos de todos los ciudadanos, y especialmente una cara B  en forma de corrupción y dopping electoral que utilizó donaciones de empresarios para adulterar durante años las elecciones madrileñas. El paso del tiempo parece demostrar que el respaldo electoral al que la baronesa siempre ha aludido para justificar sus actuaciones políticas, no parece tener mayor validez moral que los récords conseguidos por la atleta Marta Dominguez.

La historia de Esperanza Aguirre es la historia de una bestia política que siempre ha visto como su ambición superaba con creces a su talento, quién ha visto como sus asaltos al poder del Partido Popular han fracasado ante la falta de apoyos dentro de su propio partido y que parece, finalmente tendrá que conformarse con ver como su carrera política y su poder se diluyen entre los pulsos políticos perdidos, el acenso de las nuevas generaciones de su partido y los escándalos políticos y personales que hacen de la figura de quién siempre quiso considerarse la Margaret Thatcher española, algo más parecido al auge y caída de personajes como Rita Barberá o Ignacio González.

La corrupción parece ser, finalmente, la encargada de dar la última estocada a la vida política de Esperazna Aguirre. Rodeada en lo que hasta ahora parecía una atalaya moral ante las distintas tramas de corrupción de la Comunidad de Madrid, las informaciones que apuntan a la existencia de una caja B, que en la época de su gobierno financiaban a través de Fundescam los gastos electorales de su partido, con donaciones provenientes de de empresarios investigados en las tramas Gürtel y Púnica. La acción de la justicia pone bajo la lupa, no solo la financiación de la campaña electoral que concluiría con el Tamayazo, sino también los grandes proyectos de la época del partido Popular en Madrid. Proyectos como el plan de infraestructuras sanitarias y la construcción de seis hospitales, el proyecto de la Ciudad de la Justicia o la ampliación de las líneas del metro, pilares hasta ahora en el recuerdo de la gestión del Partido Popular madrileño, se encuentran años después investigados por posibles adjudicaciones irregulares en las fiestas de inauguración y en las partidas de publicidad asignadas para patrocinar dichos proyectos.

Quién dijo ser la principal víctima de la corrupción madrileña, y dejó escapar la oportunidad de abandonar definitivamente la política activa al dimitir como presidenta de la Comunidad de Madrid, en lo que parecía ser un último movimiento inteligente encaminado a evitar el acoso de la justicia, se encuentra una vez más a los pies de los caballos, ante los numerosos casos de corrupción que salpican su etapa de gobierno. Esperanza Aguirre, optó como los viejos rockeros por retirarse con un último y eterno espectáculo que dignificase su figura ante las cámaras. Pero de nuevo, la ambición de la baronesa, parece haber superado a su talento.

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Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental.

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Franco ha muerto, sus cachorros caminan

España, un país con cuatro décadas de dictadura fascista a sus espaldas. Un país olvidadizo, de silencios tensos y amenazas todavía latentes. Un país, en el que muy al contrario que en la mayor parte de las experiencias de gobierno de la ultraderecha en Europa, el dictador y con él su estructura social y de poder, nunca terminaron de marcharse, sino que tan solo se adaptaron a una nueva realidad, a nuevos tiempos. Tiempos en donde el miedo y la violencia, se antojaban menos útiles cuando se ejercían directamente desde el traje militar y en las instituciones. El fascismo español y el propio Franco, se libraron de los pelotones de ejecución, del exilio o la condena internacional, sin que nunca se llegase a pedir perdón por lo crímenes cometidos. La guerra fría, el dólar  y un turismo que poco o nada quiso saber del pasado de nuestro país, renovaron la cara a quienes algún día, también aquí, ensalzaron los peores demonios del ser humano, pese a no llevar, habitualmente, esvásticas en sus pecheras.

La muerte de Franco, supuso el punto y final a la última experiencia de gobierno de la ultraderecha en Europa. Con la muerte del dictador, los que habían aprovechado la mancha de sangre en sus manos y el reino del terror impuesto en dependencias policiales, renegaron de su pasado y convicciones fascistas, en busca de mayores oportunidades en una transición a la democracia, perfectamente orquestada y ejecutada desde las más altas esferas del propio franquismo. No resulto complicado para las grandes familias del fascismo español, el cambio de chaqueta y de convicciones. Muerto el dictador, la idolatría de la burguesía española, encontró en la democracia capitalista y en las oportunidades de negocio que esta ofrecía, el perfecto substituto a un sistema, ya por aquel entonces, profundamente anacrónico como para plantearse pagar un precio por su defensa. Fueron las clases trabajadoras españolas, y especialmente aquellos con un sentimiento de marcada pertenencia al régimen, los que mayor impacto sufrieron con un cambio, considerado por muchos como una traición. Mientras que gran parte de los españoles despertaban de una larga y cruel pesadilla, los pequeños cachorros del fascismo español, se sumían en una decadencia de la que ni todo su odio, sería capaz de rescatarlos. Partidos como Alianza Nacional 18 de Julio o Falange Española de las JONS, que pretendían mantener viva la herencia del dictador, se vieron relegados a la insignificancia en una lucha parlamentaria, en donde la Alianza Popular de Manuel Fraga, plagada de ex jerarcas franquistas, enseguida logro arrebatarles el dominio electoral del franquismo.

Desde Alianza Popular hasta su reconversión en el Partido Popular, el partido hegemónico de la derecha española, ha sabido canalizar hasta el día de hoy, un voto  de marcada ideología ultraderechista, en el seno de un supuesto partido conservador de centroderecha; y lo ha conseguido, con un juego de equilibrios, extremadamente complicado de mantener en muchas ocasiones, en el que la herencia del franquismo, es enaltecida y soslayada a partes iguales. Conscientes de peso relativo de sus sectores más radicales en su balance electoral, desde el Partido Popular, se ha evitado siempre que ha sido posible, hacer una condena en firme del golpe de estado y la posterior dictadura franquista. La exaltación del franquismo, la memoria histórica o las políticas de emigración, han recordado en numerosas ocasiones, el cordón umbilical que hasta hace no demasiado tiempo, unía a muchos de los dirigentes y votantes de la derecha española, con la dictadura. Un sector del Partido Popular, caracterizado por un fanatismo tímido, que dentro de sus electorado, comparten una amplia tipología de prejuicios con sectores de la ultraderecha más radical, pero que se obligan a actuar de manera “igualitaria” o “cívica” por temor a la posible sanción legal o social, que dar rienda suelta a su verdadero planteamiento ideológico, podría suponerles.

La Crisis financiera de 2008, unida al socavamiento de los valores proletarios fruto de la posmodernización, han hecho que la derecha burguesa que hasta ahora había concentrado la mayor parte del voto ultra español, comience a resentirse, fruto del hedor a parasitismo y corrupción, que emanan los partidos políticos y a la sensación de desprotección que muchos ciudadanos comienzan a sufrir, debido a las políticas de recortes y austeridad implementadas desde Europa y aplicadas con total diligencia por el parlamentarismo español. Los jóvenes cachorros de la ultraderecha de nuestro país, más acostumbrados al calor de las cacerías en los estadios de fútbol que a la sierra madrileña, actúan de una forma más directa y violenta que el fanatismo tímido de la derecha española. El odio al diferente y la ideología fascista, lleva a muchos de los jóvenes Ultras a buscar inspiración en movimientos con una clara tendencia a la violencia. Movimientos como HamerSkin, Blood & Honour o Volksfront, suponen una nueva amenaza para el resurgir de la ultraderecha en un país demasiado acostumbrado a su intimidación. La clase media europea, supone el nuevo caldo de cultivo, para todo tipo de extremismos, radicales “islámicos” o nacionalsocialistas, encuentran en el sentimiento de desarraigo de los jóvenes europeos, un caladero perfecto para reforzar sus filas con el odio de quienes carecen de un sentimiento de pertenencia, más allá del que les pueda proporcionar el poder de su consumo.

Si bien el propio anacronismo de la existencia del fascismo en las democracias europeas, ha logrado hasta el momento contener el atractivo de la ultraderecha para la mayor parte del electorado, experiencias como CasaPound en Italia, Amanecer Dorado en Grecia o el Frente Nacional francés, han demostrado que una nueva ultraderecha, con un rostro de cara el público más amable y preocupado por la situación de clase obrera, puede lograr crecer en una política desprestigiada y enfangada en el cinismo y el populismo mal entendido, en donde los ultras encuentran el caladero perfecto para lanzar su mensaje de odio al diferente. La nueva ultraderecha española, cimenta desde los municipios una base social que pretende acrecentarse al calor de la crisis económica y la desigualdad social. Partidos como E2000 o Democracia Nacional, llevan a las instituciones, el mismo mensaje de odio y violencia que provoca en las calles, más de 4000 agresiones cada año. 

Organizaciones como Hogar Social Madrid, de marcado carácter fascista, reconocen abiertamente el cambio de paradigmas en la ultraderecha española. La defensa de los más desfavorecidos, siempre y cuando sean patrios,  y la ocupación de espacios simbólicos hasta ahora propios de la izquierda, son la nueva táctica de los fascistas españoles, para recabar mayor repercusión social. El Partido Popular y la derecha tradicional española, son para ellos un enemigo más en la búsqueda del poder político, como quedó de manifiesto en la celebración de la última victoria electoral de los de Mariano Rajoy. Hogar social Madrid, parece pretender unificar la hasta ahora fragmentada y enfrentada ultraderecha española. Si bien, las resistencias de ciertos sectores al liderazgo de Melisa Domínguez, resultan todavía patentes en foros en donde se ataca sin piedad su origen y sexo, como factores que la inhabilitan para ejercer dicho liderazgo, algo a lo que la joven estudiante de antropología social y cultural, parece permanecer ajena, apoyándose para ello, en su envenenada dialéctica y en los dorados minutos que los mass media españoles, parecen de manera extraña empeñados en regalarle.

Haría mal la sociedad y las instituciones españolas, en minusvalorar la amenaza de una alternativa unificada de la ultraderecha en nuestro país. No debemos olvidar, que la mayoría de la derecha española, se integro en la democracia con el anhelo de mantener la paz y seguridad que en su fuero interno, todavía justifican el alzamiento de 1936 y la posterior dictadura franquista. Por ese mismo motivo, la violencia propia de movimientos ultraderechistas de carácter Skin Head o neonazi, se ha encontrado hasta el momento, con serias dificultades a la hora de lograr un soporte electoral firme. Queda por ver si una hipotética alternativa más adaptada a la nueva realidad de la ultraderecha europea, cimentada en la islamofobia y el rechazo frontal a la emigración, podrá ocupar su espacio, en un país en donde la derecha nunca ha renunciado definitivamente al recurso de la violencia, y en donde cada día, la derecha obrera, muestra más desencanto con una democracia a la que culpa de la acuciante perdida de valores y de poder adquisitivo de las clases medias y bajas.

Lucrecia Pérez, Hassan Al Yahami, Guillem Agulló, David Furones, Aitor Zabaleta, Carlos Palomino…nombres que ya no están entre nosotros, y que deben prevenirnos y hacer más presente que nunca, la verdadera cara de la ultraderecha española.

ultraespain

Autor: @SeijoDani

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental.

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Muerte entre las flores

El que tiene mala memoria se ahorra muchos remordimientos.

John Osborne

Acuamed, Baltar, Gürtel, Cooperación, Fabra, Brugal, Taula…una larga enumeración de casos de corrupción que se prolonga, hasta completar la ominosa cifra de 31 tramas investigadas, con más de 500 imputados en las filas del Partido Popular. Unos nombres, pertenecientes a tramas de corrupción, ya enquistadas en la realidad de una formación política que gobierna nuestro país; pese a ello, con el apoyo de gran parte de la ciudadanía. Al menos, con el de una base de votantes, que se mantiene fiel pese a los continuos desengaños de quienes dicen representarlos en las instituciones.

Si bien pudiese parecer a tenor de los resultados electorales, que vivimos en un país en el que la corrupción no pasa factura a las distintas formaciones políticas. Un vistazo en profundidad a la realidad de esas mismas formaciones, comienza a revelarnos lo incorrecto de una afirmación tan extendida. Si bien es cierto que en la realidad inmediata, el castigo es laxo y los votantes parecen guiarse en gran medida, por sentimientos de pertenencia a una formación política o por el miedo que las alternativas a dichas formaciones, parecen todavía provocar en el electorado. El germen de la corrupción es un parasito que se incrusta, en un principio no tanto en las urnas, sino en la dinámica de los propios partidos.

El político corrupto, ha supuesto una figura totémica en la política del partido, un símbolo aglutinador de las practicas de un colectivo, sobre el que se estructuraban las relaciones de poder de toda una formación. Una guía del bien y del mal, superior a la ética o al propio poder judicial. Cuando uno pasa a formar parte de un entramado como el del caso Taula, en donde quién ha estado 23 años en la alcaldía de Valencia, parece desenvolverse con idéntica soltura, entre el pitufeo interno de su partido que en los pasillos de las instituciones, el límite entre lo moralmente reprobable y lo aceptable, parece diluirse ante la percepción de un bien mayor, el del partido. El mismo bien mayor, por el que cuando salen a la luz los casos de corrupción del partido, enseguida comienzan a resonar los tambores en la plaza, se prepara la comunión para los implicados y la guillotina se engrasa a la espera de un minucioso análisis de riesgos. Tan solo el conocimiento puede salvar al corrupto. Tanto conoces, tanto vales. Es la realidad en un mundo, en donde el secretismo y los favores políticos, se confunden con una supuesta lealtad a la formación de cara a los medios.

Son muchos, los falsos ídolos caídos en la política en España, pero quizás ninguno represente tan bien la doble moral de éste juego, como lo ha hecho la figura de Rita Barberá. Quién lo fue todo en la política valenciana del Partido Popular y quién ayudo a aupar al Mariano Rajoy al cargo que hoy ocupa, vio como ante la amenaza de la corrupción, sus supuestas amistades y con ellas el partido en sí mismo, no dudaron ni por un instante, en aplicar a su figura, la cuarentena propia de la política de tierra quemada.

No quedó tras la caída electoral y judicial de la eterna alcaldesa, nada tras de sí. Quienes hasta ese momento la habían arropado en su partido, la abandonaron y poca amabilidad podía esperar, y seguramente esperaba, Barberá por parte de quienes hasta ese momento había sometido a una oposición perseguida durante su mandato. Vivió Rita Barberá en sus propias carnes la caída de un símbolo y la soledad que le sigue. Arrojada al ostracismo de quienes tienen demasiado que callar para ser públicamente crucificados, pero han dejado escapar lo suficiente, como para poder continuar en la élite de la tribu. Rita Barberá pasó sus últimos días intentando adaptarse a un papel complicado, el de desterrada. Desterrada de una formación que había ayudado a levantar y en la que ahora las nuevas generaciones no tenían ningún reparo en mostrarla como una paria, un ejemplo de lo que ese partido, nunca debería ser.

Tras su muerte, Rafael Hernando y con él, su partido, han blandido de nuevo la figura de Rita Barberá, como símbolo de injusticia, para intentar con ello, no solo tirar por tierra los escasos avances en materia de lucha política contra la corrupción, en un país en donde han sido saqueados por la misma, más de 7.500 millones de euros, sino a su vez y aprovechando la conmoción propia de un fallecimiento (Algo a mi parecer propio del carroñerismo más rastrero) lanzar una ofensiva contra todo aquello que pudiese ser considerado disidencia, sea ésta interna o externa.

Las injurias son las razones de los que tienen culpa.

Jean Jacques Rousseau

Tras apartar, sino exiliar de la vida política a quién fuese máxima representante del partido en Valencia, Rafa Hernando como Consigliere de la tribu, pronto comenzó una política de propaganda, como siempre encaminada a proteger el bien mayor, recordemos: el partido. Ya no era Rita Barberá una paria, sino una mártir, y tampoco era la higiene democrática lo que había llevado al PP a su confinamiento en el grupo mixto del senado, sino las ansias de protección frente a una horda de medios de comunicación que exigían responsabilidades a quién por otra parte, entre otros muchos, debía asumirlas. Olvida Rafa Hernando en su campaña de depuración las hemerotecas, las olvida o simplemente no quiere hacer caso de ellas. En su afán por pasar factura no solo a los medios, sino también a los nuevos cargos, que desde dentro del Partido Popular, quisieron renegar de las viejas prácticas y sus grandes exponentes en partido, el portavoz del PP, es plenamente consciente de formar parte de una formación sin militancia, al menos sin una con la suficiente fuerza en su voz, como para poder suponer un cisma en la reacción ante tales acusaciones. No existirá el debate formal acerca de las reprimendas moralizantes que desde su tribuna lanza el orador Hernando, como tampoco existirá quien pida explicaciones acerca de los motivos que llevaban al presidente del gobierno, Mariano Rajoy, a mantener el contacto con una imputada por un supuesto caso de corrupción, como lo era la señora Barberá.

Pretenden desde el PP verter un rastro de culpabilidad sobre quienes tan solo informaron de su desfachatez, de sus corruptelas. Pretende Rafa Hernando y su partido dar macha atrás en sus ya escasos movimientos contra la corrupción, convenciéndonos de que la muerte de Rita Barberá ha supuesto un claro ejemplo de las consecuencias de la extralimitación mediática.

Desconozco las causas que han llevado al corazón de la señora Barberá a no soportar más el peso de la vida, desconozco las mismas y fuesen cuales fuesen lamento la perdida de su familia. Ninguna muerte debe suponer un alivio para quién dice amar la vida. Desconozco la causa de su muerte y no por ello, me veo condenado de alguna manera a obviar los errores de su vida. Pretenden desde el Partido Popular, hacer borrón y cuenta nueva, silenciar la voz de la justicia, pretenden desde el PP convenceros de nuestra implicación en una muerte, en la que de existir responsabilidades, se asemejarían más a las de una muerte entre las flores.

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Autor: @SeijoDani

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental. 

https://www.change.org/p/xulio-ferreiro-calle-berta-c%C3%A1ceres-en-a-coru%C3%B1a

 

 

Contra Franco vivíamos mejor

Cuarenta y un años de la muerte del dictador. Cuarenta y un años de concentraciones y homenajes a su memoria en la plaza de Oriente, cuarenta y un años de olvido y desmemoria. El 20 de noviembre de 1975, España despedía a Franco, a la lucha antifranquista, pero no al Franquismo. Murió el dictador en su cama; con la seguridad de quién falto de descendencia política real, en un occidente en donde las armas ya no podían subyugar a los pueblos, encontró una vía para la continuidad de su legado en la sangre real, en la desmemoria y en la amenaza del ruido de los sables, y el miedo que estos provocaban en una sociedad demasiado acostumbrada al castigo por pensar diferente.

Tan solo viendo en la propia democracia, en la monarquía y en la figura del rey en sí misma, una herencia del caudillo, podremos dar explicación a realidades tan execrables como las que todavía hoy, llenan nuestro callejero con los nombres de figuras como las del General Yagüe, el doctor Vallejo-Najera o el Conde de Mayalde. Nombres escritos en oro en por quienes se encargaron de realizar una transición de vencedores y vencidos, quienes solo tras la muerte de su general, se aventuraron a firmar la paz por Dios, por España y por el Rey. A la dualidad por la que años atrás, justificaron la guerra y el asesinato de sus hermanos y hermanas, se la añadía ahora la guía espiritual de la monarquía como un substituto chirriante para muchos, pero absolutamente necesario, para garantizar el inmovilismo fundamental. 

Comprendieron pronto los poderes fácticos del estado, representados en la banca, los empresarios y terratenientes, la jerarquía católica y judicial, los mandos del ejército y todos aquellos que seguían sustentando la sociedad civil después del fallecimiento del dictador, que el franquismo, no debería morir con el caudillo.

Y llegó el momento del gran cuento, un cuento en donde se nos mostró a un rey impuesto por un tirano, como a un garante de la democracia, en donde la pluralidad de partidos, nació con la amenaza e imposición del modelo de estado y en donde 114.000 desaparecidos en nuestras cunetas y en nuestros campos, fueron olvidados en el que supuso su último sacrificio para dotar a sus hijos y nietos de aquello por lo que siempre lucharon, la libertad. 

Un cuento, supuestamente sin buenos o malos, pero con vencedores y vencidos. En donde las desmemoria institucional, propicia que el dictador repose en un monumento a su memoria, en donde la santa cruz, invita al visitante a elevar la vista al cielo, para lograr olvidar el sufrimiento y dolor de la tierra sobre la que sus pies descansan. Una tierra símbolo de las dos españas que todavía hoy persisten en pleno Siglo XXI. Una España orgullosa y agradecida por la dictadura, taciturna en sus verdaderas pulsiones internas cuando de pedir el voto se trata, pero que todavía hoy, no duda en amparar y proteger el legado de quién sigue considerando padre y mentor de la España moderna. Una España representada en la derecha rancia y radical de Fuerza Nueva, el Movimiento Católico Español, Falange o Democracia Nacional, pero también para que negarlo, en sectores de un partido de gobierno, como el Partido Popular que todavía en 2013, se negaba a que el enaltecimiento del franquismo fuese considerado delito.

Muchos son los que se niegan cuarenta y un años después a mover los recuerdos, posiblemente por miedo a una condena al pasado, pero también a su vez a muchas bases del presente. 41 años de nostálgicos en el poder y en las calles torpedeando las ansias de justicia de tantos y tantas, mientras se empeñan en mantener vivo el recuerdo del fascismo ante la debilidad de un país desmemoriado.

Una desmemoria de lo que supuso para España el franquismo de la que forma parte la propia izquierda y su traición a la lucha antifranquista y a su legado. Una traición firmada y cimentada en un pacto de transición en el que el franquismo, se postuló sin oposición, como alternativa democrática a si mismo. Una hoja de ruta, la de la transición en la que la izquierda se negó a si misma y a su vez, a una tradición ideológica republicana. Una tradición de lucha olvidada en un pacto de silencio que legitimó el legado político, económico y social de la dictadura. Un legado, al que todavía hoy, somos incapaces de condenar en firme en un parlamento ya democrático.

Olvidamos con todo ello del franquismo su verdadero rostro, sus campos de concentración, su fundamentos ideológicos y su cruel represión posterior a la guerra. Pero con ello, nos empeñamos también, en olvidar su legado. Un legado en le que las águilas y los brazos alzados, conviven con las agresiones y la legitimación de los crímenes del pasado. Cuarenta y un años de la muerte del dictador, cuarenta y un años de silencio y olvido que definitivamente van tocando a su fin. Por la dignidad y por los olvidados.

Dedicado a Lagarder Danciu, por recoger y hacer suya la memoria y el orgullo de la lucha antifascista de todo un país. Gracias 

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Autor: @SeijoDani

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental. 

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Don’t let me down

139 votos a favor y 96 en contra, eso parece haber resultado suficiente como para borrar de un plumazo las declaraciones grandilocuentes, con las que los diferentes líderes del PSOE prometieron a sus bases; y con dicha promesa les pidieron su voto, nunca otorgar su apoyo a un gobierno del Partido Popular de Mariano Rajoy. Declaraciones que han desaparecido de la memoria socialista; aunque no de la hemeroteca, al igual que con ellas puede haber desaparecido finalmente la vieja dicotomía derecha/izquierda de dos partidos que defendían a la misma clase social, y en la que ya solo podían creer los más alienados a ésta nueva versión del viejo Pacto del Pardo.

Llegaba el PSOE a esos últimos momentos de su particular crónica de una muerte anunciada, con José Blanco como nuevo presidente de la Mesa del Comité Federal y con Javier Fernández como presidente de una gestora encargada de dirigir al equipo en su peor racha de resultados. Un entrenador de perfil bajo, al que nadie aprecia, ni conoce, para una transición necesaria a la hora ganar tiempo en Ferraz, para finalmente colocar a su verdadero candidato. Un papel poco agradecido el del asturiano, pero al que sin duda un socialista que inició su carrera en plena Asturias de la reconversión y de elementos como José Ángel Fernández Villa, ha sabido adaptarse sin excesivas dificultades.

Y mientras tanto a las puertas, una militancia decepcionada. Incapaz de ver  que puede que no haya sido el PSOE el que haya dado un paso a la derecha, sino que al compás de la crisis, grandes sectores de su propia militancia, comienzan a exigir más a un partido que realmente, nunca ha llegado ha pertenecer a la izquierda. La renuncia al marximo, la entrada en la OTAN, Filesa, la reconversión industrial, la huelga del 88 o la modificación de el artículo 135 de la Constitución, suponen ya antecedentes de un partido, que ahora en un contexto en el que la crisis de moralidad del neoliberalismo, hace cualquier alternativa desde la izquierda realmente peligrosa, prefiere entregar el gobierno a Rajoy, que explorar alternativas más progresistas, por mucho que requieran debates territoriales.

La abstención del PSOE, responde en el fondo a un desenmascaramiento “liberal” de los sectores que hasta ahora se llamaban moderados en la izquierda. Un movimiento precisamente destinado a cercenar a la verdadera alternativa a la izquierda, y enmarcado en la misma lógica que el chantaje a Syriza en Grecia, el asedio periodístico a Podemos en España o el boicot desde su propio partido a la candidatura de Bernie Sanders.

Solo se puede comprender la decisión de entregar el gobierno a Rajoy o bien desde la óptica de un bien mayor al del propio partido; óptica que recluirá finalmente al PSOE en un proceso de pasokización encaminado a la dura lucha por la conservación electoral y en donde toda expectativa de conquistar nuevo electorado, supone poco menos que una mera quimera o desde la de un pacto de silencio entre los dos partidos que hasta ahora se han alternado en el poder, para tapar posibles casos mayores de corrupción. Después de todo, en un país en donde los políticos se pueden llegar a vender por un bolso o una televisión y en donde el propio Pujol aseguro guardar silencio por no hacer tambalearse a España ¿Podría realmente a uno extrañarle esta última teoría?

De ser así, tras el voto a la abstención encontraríamos más un encubrimiento a las propias corruptelas y a las del Partido Popular, que como se nos ha vendido, un apoyo al gobierno de Rajoy por el bien de España. Lo cual podría también dar sentido a declaraciones como las de Eduardo Madina que en el propio Comité Federal, parecían mostrara la vergüenza y ansiedad por librarse de un peso; el de dar el gobierno a la derecha, que cargará sobre las conciencias de algunos dirigentes que ahora con el pretexto de la disciplina de partido, intentan diluir su responsabilidad en el voto forzosamente unánime de la bancada socialista.

Pero dejemos de elucubrar. La realidad la dibuja en torno a un futuro gobierno, el del partido de Bárcenas y compañía, vigilado supuestamente desde la oposición, por un partido inmerso entre otros casos, en el de los ERE. Ese es el panorama que deja un Comité Federal en donde pesaron más los horarios del AVE Madrid-Sevilla que el propio debate interno.

Un PSOE que parece haber elegido un mal menor en la abstención ante el temor a una nueva cita electoral, temor a unos nuevos comicios que esconde tras de si un tic antidemocrático de pánico a reconocer el fracaso de los propios planteamientos ideológicos y de programa, miedo a los propios errores y una huída hacia delante que si bien puede retrasar el golpe final al PSOE, ni mucho menos parece encaminada a lograr amortiguarlo.

Con el PSOE se ha roto para muchos, un primer amor en “la izquierda” que creyeron duraría para siempre.

“Nobody ever loved me like she does

Oh, she does, yeah, she does
And if somebody loved me like she do me
Oh, she do me, yes, she does

Don’t let me down
Don’t let me down

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Autor: @SeijoDani

 

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental. 

Soria, sé fuerte

Cuando ya nada parecía poder sorprendernos en este lejano reino de occidente llamado España. El gobierno, supuestamente en funciones del Partido Popular, ha parecido por un momento, dispuesto a brindarnos un redoble más de tambores en este particular circo en el que hemos llegado a transformar nuestra política patria. Con el nombramiento del ex ministro Soria, en plena resaca de la fallida sesión de investidura, para el puesto de Director ejecutivo en el Banco Mundial. El gobierno popular y particularmente su presidente, Mariano Rajoy, dejaban claro que en España, tan solo los favores en el seno del propio partido parecen pagarse.

Tras años de una incesante lucha política y económica de diferentes gobiernos de nuestro país, por conseguir ocupar espacios de poder en diferentes organismos internacionales. Todo ha culminado con la representación de nuestra política más caciquil, y el dedazo como clara reminiscencia de la época Aznar en el gobierno de Mariano Rajoy, en el nombramiento de personajes de la calaña moral de Soria o Rato para cargos de responsabilidad en instituciones como el Banco Mundial. Si para esto nos hemos apretado el cinturón todos estos años los españoles, quizás hubiese sido mejor continuar nuestro camino de una manera un tanto más digna, en el ostracismo internacional.

El PP demuestra una vez más con este movimiento, su particular visión de la gestión del estado. Haciendo un uso meramente particular, de un nombramiento que nos debiera representar a todos. El puesto con el que se pretendía recompensar al ministro antirenovables, del fracking, los chollos hoteleros o las prospecciones en Las Canarias, entre otras perlas. Es un puesto que representa a todos los españoles. Un puesto en el escaparate de la política internacional que ha costado demasiado conseguir, para que termine una vez más, ocupado por el amigo del presidente de turno.

Se nos quiso convencer desde Génova de que el cargo fue asignado en un concurso de méritos en el que Soria, como un funcionario más, se presentó y accedió al cargo por su propia valía. Nunca por méritos políticos. Explicación que podría resultar factible, sino fuese porque José Manuel Soria ha permanecido apartado de su labores como funcionario durante 26 años, la plaza nunca ha estado reservada para funcionarios, el gobierno se encargo de no hacer pública la convocatoria, ni en el Boletín Oficial del Estado, ni en la web del Ministerio oportuno y porque pese a que a pasásemos por alto todos los puntos anteriores. No podemos olvidar que el ex ministro de Industria, Energía y Turismo tuvo que renunciar a su cargo, precisamente por las contradicciones, cuando no directamente mentiras, a la hora de explicar su participación en empresas radicadas en paraísos fiscales.

Mentía el ex ministro entonces, cuando declaraba no saber nada de dichas empresas y miente el PP ahora, cuando dice haberle concedido el cargo exclusivamente por méritos profesionales. Pese a todo, nadie espera ya que Rajoy de un paso atrás, tras nuevamente descubrirse el engaño. La dimisión de Soria, fue un lapsus de cordura en el reino de la impunidad. Rajoy ahora niega saber nada de este nombramiento, al igual que tampoco le tembló la voz al declarar no saber nada sobre el caso Bárcenas.  Tendremos que esperar a que los Aguirre, Monago o Cifuentes huelan de nuevo la sangre en la ya debilitada manada del presidente en funciones, para que las guerras internas en la familia popular, nos proporcionen una vez más, los restos de la carnaza de la corrupción como arma política en los titulares.

Son malos tiempos para la bancada popular, y la inmediatez de los juicios por el ‘caso Nóos’, las ‘tarjetas black’, el ‘caso Gürtel’ o los ‘Papeles de Bárcenas’ no parecen una buena señal para calmar lo que sin duda ya podemos comenzar a tildar como guerra interna en el PP, por la sucesión de un presidente ya en franca decadencia. Después de todo, tan solo eso ha logrado que el ex ministro tuviese que renunciar a un cargo por el que pasaría a cobrar anualmente, la friolera de 226.000 euros libres de impuestos. Dato este último que a tenor de su pasado, sin duda ha debido doler especialmente al político canario.

Tras el ruido de sables en el seno del partido y la repercusión en los medios. Soria y el Partido Popular, tendrán que pensar un momento y un destino más oportuno, para esta vez con más sigilo, poder encontrar un lugar en donde colocar definitivamente al ex ministro.

 

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Autor: @SeijoDani

 

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Enemigo público

Se suele decir que el tiempo pone a cada uno en su lugar, y he de suponer que precisamente en eso estaba pensando el señor Beiras cuando ya en aquel 2012 se atrevió a decir sin miedo, pero con la clara conciencia de lo que tendría que soportar  proveniente de la oposición y de los medios, aquello de que el señor Feijóo y su gobierno mataba a más personas que el mayor grupo terrorista del estado.

No le faltaba razón al señor Beiras, cuando apuntaba a que el ahorro y la contención del gasto público en áreas tan sensibles como la sanidad mataba a gente, y la acusación realizada por parte de la fiscalía a dos altos cargos públicos de la Xunta, dos de esos cargos que Feijóo gustaba de adjudicar con el dedazo típico en el PP, por homicidio imprudente al negar los fármacos que necesitaban los afectados por la hepatitis C en Galicia, así parece demostrarlo.

No le faltaba razón y el tiempo lo ha demostrado, pese a que por aquel entonces los minutos televisivos, prefirieron centrarse en el dedo para criticar las formas o la supuesta dureza del mensaje del líder de anova, en lugar de centrar su atención en una situación que terminaría con la citación de dos altos cargos de la Consellería de Sanidad de la Xunta de Galicia, para declarar como investigados, lo que se conocía como imputados antes de la implantación de la neolengua del Partido Popular, por retrasar premeditadamente tratamientos a seis pacientes con hepatitis C que terminaron falleciendo.

Ante todo esto, Feijóo quiso acallar las muertes provocadas por su política o la política que le señalaron desde Madrid, con una comparecencia en el parlamento gallego. Parlamento al que el PPdG está acostumbrado a utilizar como caja de resonancia de sus mensajes y en el que pese al circo diario de despropósitos antidemocráticos que se vive, tan solo se suele expulsar de el al propio señor Beiras, cuando pierde la paciencia y  gana la indignación como ciudadano, frente a la corrección como parlamentario, o a los propios enfermos y a sus familiares, cuando se atreven a llevar la petición agonizante de justicia ante la cara de sus asesinos. Nada dijo Feijóo de las cartas de los médicos denunciando la situación, ninguna explicación por parte del presidente de la Xunta, acerca las presiones que tuvo que ejercer sobre la entonces consejera de Sanidad Rocío Mosquera, saltándose todos los cauces administrativos, un equipo médico del Hospital Clínico Universitario de Santiago, para lograr salvar la vida a su paciente, ninguna explicación tampoco sobre la supuesta administración de fármacos contraproducentes en sustitución de otros más costosos a los enfermos de hepatitis C en Galicia.

Son seis al menos, aunque ni una muerte sería justificable para una ciudadanía digna. Seis muertos a las puertas de un hospital, una de esas situaciones que antaño parecían suceder en los Estados Unidos y nos hacían congratularnos de poseer una sanidad en la que contase por encima de todo el tratamiento y no la contabilidad. Una situación que se ha trasladado a nuestro país como consecuencia de un modelo económico inhumano y la colaboración de una fauna política en muchos casos, complice del mismo.

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Autor: @SeijoDani

 

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