Una paz sin diálogo

8 abril de 2017 una fecha llamada a marcar la historia de nuestro país. Jean-Noel Etcheverry fundador de la agrupación ecologista Bizi! y detenido el pasado 16 de diciembre por su supuesta vinculación a la organización terrorista ETA, ha señalado ante la opinión pública esa fecha como la del último paso previo para encarar la total disolución del movimiento terrorista vasco Euskadi Ta Askatasuna (País Vasco y Libertad).

Un paso más en una hoja de ruta hacia la paz, en el que la postura del gobierno español ha sido la del inmovilismo durante estos últimos cinco años sin violencia. Una línea de actuación atrincherada en la negativa a asumir cualquier tipo de responsabilidad en la mesa de negociación, y en las sucesivas actuaciones policiales que en medio de un proceso de paz, parecen más encaminadas a dinamitar a la sociedad civil abertzale que a facilitar el camino para la total disolución de la organización terrorista. Un proceso que se afianzada únicamente en una sociedad civil que sigue firme al mando del mismo, pese a las continuas negativas de los gobiernos español y francés para erigirse como interlocutores ante la organización terrorista ETA.

Curiosamente, quienes durante décadas no dudaron en modular sus discursos o en tomar asiento en primitivas negociaciones ante los asesinos prometiendo “generosidad, mano tendida y espíritu abierto”, hoy son los mismos que muestran una incomprensible pero tajante negativa ante la perspectiva de asumir el cometido de quién en un proceso de paz tiene el deber de representar a un estado con un conflicto armado dentro de sus fronteras. Desde el decimoquinto congreso del Partido Popular Vasco, Mariano Rajoy hacía mención al comunicado de ETA, poniendo de nuevo el acento de su discurso en la negativa del gobierno español a entablar cualquier tipo de diálogo con la organización terrorista, y señalando la persecución policial como la única decisión política capaz de poner fin al conflicto “Esta posición que mantenemos nosotros es la justa, la democrática, la que preserva la dignidad de las víctimas del terrorismo y, por si a alguno no le llegaran esos argumentos, es también como el tiempo está encargando de demostrar, la mas eficaz para la disolución definitiva de ETA. Es es lo que tengo que decir sobre esto”  Una vía la de la negativa al diálogo que utiliza la voz de las víctimas para justificar una decisión exclusivamente política, y que no parece encontrar justificación en una sociedad vasca profundamente comprometida con la normalización de la convivencia política y social de un pueblo,  que todavía hoy arrastra profundas cicatrices fruto de la violencia.

Cinco años después de que ETA anunciase en un comunicado de apenas dos minutos y medio el “cese definitivo de la actividad armada” sin condiciones, el último conflicto armado de Europa continua incomprensiblemente estancado entre la pasividad gubernamental, y la desesperada intentona por parte de los terroristas para edulcorar la derrota como una última vía de expiación, para quienes años después al fin parecen percatarse de lo absurdo e innecesario de todo el dolor provocado. Un dolor reflejado en las 849 víctimas mortales por los atentados de la banda terrorista, en los presos, en los torturados, pero también en las familias y en la impotencia de todos aquellos que durante décadas, han visto como la amenaza de las armas frustraba cualquier esfuerzo de debate en Euskadi.

Con el desarme de ETA, el fin de la violencia terrorista en nuestro país se dibuja como una realidad inevitable cercana, pero haría mal el estado al confundir la disolución de la banda terrorista con el final del propio conflicto vasco. La inexistencia de una hoja de ruta consensuada y un futuro desarme que todo indica no podrá producirse de forma verificada y ordenada, por la negativa del gobierno español a erigirse como interlocutor en el proceso de paz, suponen una nefasta señal para el futuro de una sociedad en donde las heridas abiertas son numerosas, y todavía son muchos los que en uno y otro bando parecen mostrarse incapaces de sobrevivir al cambio de mentalidad para una convivencia sin tensiones. El diálogo resulta más importante que nunca, cuando se hace patente que son muchas las cicatrices que sobrevivirán a la banda terrorista. El estado debe encontrarse hoy al lado de una sociedad civil que no puede sumar al dolor de los muertos, el peso de construir la paz en solitario. 

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Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres, te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña, por el nombre de la activista medioambiental.

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El poso de lar armas

Jose Pardines Arcay, Jorge Juan Garcia Carneiro, José Lasa Arostigui, José Ignacio Zabala, Javier Pérez Arenaza, Miriam Barrera Alcaraz, Jose Ramon Dominguez Burillo, María Doleres González Catarain, Luis Isasa Lasa, Jesús María Basáñez, Miguel Ángel Blanco Garrido, Silvia Martinez Santiago, Xabier Galdeano, Lucía Urigoitia, José Ramón Goikoetxea Galparsoro, Josu Muguruza, Miguel Isaías Carrasco…Arnaldo Otegi Mondragon.

829 Víctimas del terrorismo etarra, no menos de 4.000 presos torturados en las cárceles, donde muchos perderían su vida; y todavía hoy, 373 reclusos de la banda terrorista repartidos en 45 cárceles de todo el estado Español. Nombres y números, para intentar esbozar el retrato de una guerra abierta entre dos posiciones encontradas. Nombres que esconden sangre, horror y la más pura sinrazón del ser humano. Pero también, entre el dolor y la barbarie, se esconde el trasfondo de un conflicto político que ha perdurado en nuestro territorio, como uno de los más sangrientos enfrentamientos que ha tenido lugar en la actual Unión Europea, y que pese al anuncio de la banda terrorista en 2011, del cese definitivo de la actividad armada, permanece hoy todavía latente, en el día a día de lo vascos y vascas. Especialmente, cuando en Euskadi se habla de política.

Cabe recordar que Arnaldo Otegi no es Nelson Mandela, ni se trata tampoco, como muchos piensan, del Gerry Adams vasco. A diferencia del político sudafricano, el dirigente abertzale, hace ya tiempo que no ejerce su lucha contra un sistema de gobierno despótico, ni asesino. Y todavía hoy, lo que lo diferencia del político norirlandés, es que ni EH Bildu, ni el propio Otegui, han tenido la oportunidad de lograr liderar un proceso de paz frente a un estado con suficiente responsabilidad moral o política. Pareciese que a diferencia de el Ulster o Colombia, España, todavía no está preparada para encarar definitivamente la paz.

Con la decisión de Junta Electoral de Guipúzcoa de apartar definitivamente de las candidaturas vascas a Otegi, una vez más, el gobierno español hace muestra de una clara intransigencia poco comprensible para quién se encuentra ante la posibilidad histórica de soterrar definitivamente la violencia como método político en Euskadi. De nuevo, los mecanismos del estado de derecho, se fuerzan y se retuercen para buscar la sanción en lugar del entendimiento. Al pacto de Estella, en donde el nacionalismo vasco comenzó a articular un camino para la paz, le siguieron la Ley de Partidos y el caso Betaragune. Un proceso, a medio camino entre judicial y político, en donde quienes planteaban por primera vez el cese definitivo de la violencia, fueron arrestados y convertidos para muchos, realmente en los primeros presos políticos del País Vasco.

Durante seis años de ancarcelamiento, Arnaldo Otegui ha sido considerado por ciertos sectores de Euskadi, militantes de la izquierda abertzale, como un símbolo de su propia voz encerrada en una prisión española. Mientras se multiplicaban los casos y las causas para mantenerlo en prisión, se ha podido comprobar, como el camino que un día iniciaron ciertos dirigentes de la izquierda abertzale, un camino hacia la paz arriesgado y valiente frente a sus propios demonios, parece ya inalterable. ETA ha dejado finalmente de marcar la agenda política en el País Vasco, al igual que hoy deberían de hacerlo la ilegalización de partidos o el goteo de entradas en prisión de personalidades de la izquierda abertzale.

El fin del terrorismo y de la barbarie en “Euskal Herria”, no supone el final del conflicto vasco, sino tan solo un cambio de escenario. La voz del independentismo no ha desaparecido en Euskadi con el ruido de las armas, sino que se ha transformado en lo que nunca debió dejar de ser: una confrontación ideológica, en donde la única voz valida es la del pueblo libre.

No voy a entrar a valorar si Arnaldo Otegui ha sido un preso político o no, pero sin duda, ha sido como mínimo lo más parecido a esa figura que hemos mantenido encerrado en nuestras cárceles desde la dictadura franquista. Sea como sea, lo que parece ya innegable es que una vez cumplida su pena, quizás una pena necesaria para quién pretende borrar todo el dolor causado por las armas en su propia tierra, es hora de devolver su voz a una parte importante de la población vasca. Una población, que también ha esperado demasiado para hacerse oír por encima del ruido de las pistolas.

No puedes separar la paz de la libertad, porque nadie puede estar en paz, a no ser que tenga su libertad.

Malcolm X

otegui

 

Autor: @SeijoDani

 

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