Castillo de naipes

Si alguien dudaba del respaldo de las bases a Pablo Iglesias, Vistalegre II, ha servido para sacarlo de su error. Con el control de 37 de los 62 puestos del Consejo Ciudadano, y un mayoritario apoyo a su labor como Secretario General. El líder de la formación morada, pone fin a una crisis de legitimidad, quizás, demasiado artificial como para haber supuesto un verdadero reto a Iglesias y a su equipo. Las bases han hablado, y lo han hecho, para demostrar una vez más, que si algo no gusta en Podemos, son las injerencias de quienes no consideran los suyos. Se equivocó Iñigo Errejón en las formas y en los tiempos, pero especialmente, se equivocó, el hasta ahora número dos de Podemos, en los apoyos que sumaba, a la hora de respaldar su candidatura para arrebatar la hegemonía estratégica a Iglesias, en una pugna, que poco o nada ha tenido que ver, con el debate de futuro que precisa la formación del cambio. Una lucha, que se ha acercado más, al esperpento típico de la izquierda patria de toda la vida.

El apoyo de los grandes medios de comunicación, y la clara preferencia por su candidatura de la derecha de nuestro país, facilitó la creación de un ambiente de decadencia ficticia en torno al liderazgo de Iglesias, que si bien en el equipo de Iñigo Errejón, lo identificaron como el momento oportuno para plantear un pulso, que ya se venía gestando desde lo sucedido en Madrid, el tiempo, lo ha revelado, como un claro error estratégico en la candidatura del número dos de Podemos. Vistalegre, no era el momento, ni el lugar, para un debate entre bandos. Desde un principio, se apuntó desde la candidatura de Errejón al entorno de Pablo Iglesias como una horda de peligrosos radicales, dispuestos a convertir la asamblea ciudadana, en una checa, donde él y los suyos serían apartados de los órganos de decisión de Podemos. Olvidaban, que ese poder, residía tan solo en los más de 155.000 inscritos que votaron en Vistalegre II, y que finalmente, apostaron por hacer de su alarmista discurso de candidatura, una realidad.

Errejón apostó por el discurso del miedo, el de la izquierda moderada frente al radicalismo. Un discurso que quiso sonar a transversalidad, pero que quizás, ha terminado sonando demasiado a capitulación, a fin de ciclo del movimiento que comenzaba con el 15M. En una candidatura que llevaba por nombre “Recuperar la ilusión” el discurso y los asesores de Iñigo Errejón, han estado siempre más próximos a una postura que permitiese un futuro pacto de gobierno con el PSOE, que a crear una verdadera alternativa política para el votante desencantado de izquierda.

La centralidad en el discurso de los errejonistas del pacto con otras formaciones; en donde el mismo PSOE que había entregado el gobierno a Rajoy, parecía jugar un papel clave, las acusaciones de sus afines comparando a iglesias con  Franco o Sadam Husein o la puesta en cuestión  del pacto con Izquierda Unida, se pueden considerar, los grandes errores de un Iñigo Errejón, que si bien puede acertar con el discurso de la transversalidad, se equivoca en el sentido del mismo. La transversalidad vital para la formación de Pablo Iglesias, ha sido siempre la que se dibuja entre la calle y las instituciones.

Vistalegre II, ha comenzado a definir lo que Podemos quiere ser. Un partido con identidad propia, capaz de sobreponerse a las presiones externas, y en donde los cantos de sirena de posibles pactos con formaciones de la izquierda más aburguesada como el PSOE, no tienen cabida en sus debates internos. Podemos, debe aspirar a crear un nuevo marco teórico propio de su visión de la sociedad. Una línea ideológica y un discurso, capaces de crear un espacio vital propio entre el electorado, que suplante su actual estrategia de adaptar sus postulados a espacios electorales ya saturados e inestables. Por delante, la difícil tarea de lograr integrar la concepción de los errejonistas, en una distribución de poder, que todo parece indicar no les va a resultar favorable. Resultaría chocante, que el defensor intelectual de la transversalidad, se mostrase incapaz de acomodar su visión política a la formación a la cual actualmente todavía pertenece. Aunque cabe recordar, que el juego de estrategia, que sin duda se dibuja en el futuro inmediato de Podemos, es un juego de varios jugadores.

Pablistas, Errejonitas y también una Izquierda Anticapitalista, capaz de mantener la cordura y la estabilidad, en los momentos más duros del conflicto, comienzan a dibujar desde la pasada semana, un Podemos diferente. Un Podemos, en el que ya nadie duda, su cabeza visible: será Pablo Iglesias.

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Autor: @SeijoDani

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental.

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Juego de tronos

Existió un tiempo en el que desde Podemos , se nos lanzaba el mensaje de que su partido, no era “Ni de derechas, ni de izquierdas” sino transversal; una especie de partido para todo, capaz de canalizar la indignación y la rabia, fruto den país con una situación social y económica, realmente insostenible para las clases más desfavorecidas del mismo. Y quizás, realmente durante un tiempo, lo lograran. Al menos, lo lograran con aquellos ciudadanos; no pocos, que se encontraban profundamente desencantados con las continuas desbandadas a las que la izquierda tradicional, los tenía acostumbrados. Durante un tiempo, en el partido de Pablo Iglesias, las cosas parecieron hacerse de otro modo. Viejas reclamaciones, para una nueva izquierda, para nuevas formas. Pero todo eso, ha terminado por desvanecerse. Muchas cosas han cambiado desde aquel primer Vistalegre, en donde la fuerza del cambio que suponía Podemos, celebraba una asamblea constituyente que definiría los primeros pasos de un partido, que se decía “quería tomar el cielo por asalto” De aquellas primeras caras que asumían la responsabilidad de un reto que podría dar vértigo a cualquiera: Carolina Bescansa, Luis Alegre, Juan Carlos Monedero,Tania González…tan solo las de Pablo Iglesias e Iñigo Errejón, siguen actualmente activos en  la dirección de Podemos, y serán finalmente los 456.443 inscritos con derecho a voto, quienes decidan quién será el particular Connor MacLeod de la formación morada.

Llegamos a Vistalegre II con la sensación de tener el paso cambiado, una sensación rara e incomprensible. Como si en nuestro fuero interno, algo nos dijese, que una asamblea que debiera servir para definitivamente definir el rumbo de una formación política, se hubiese transformado, sin que nadie termine de apuntar muy bien el motivo, en una pelea de gallos, un juego de nombres o porque no decirlo de una manera más gráfica, en el típico “a ver quién la tiene más larga” del debate político de la izquierda española de toda la vida (siento una referencia tan machista y ordinaria, pero la política en nuestro país; por desgracia, sigue siendo así, incluso la política del cambio).

No vamos a saber tras Vistalegre II, si la formación morada terminara por definirse como republicana o no, no descubriremos cuales son sus planteamientos definitivos en materia económica o política, ni si la apuesta por una distribución territorial determinada en nuestro país, podrá también definir las relaciones del partido, con las diversas formaciones con las que ha tejido sus alianzas electorales. En la asamblea de Vistalegre, no se discutirá ninguno de estos puntos, al igual que no se hablará de muchos otros temas que seguramente, tendrían un peso mayor en el futuro inmediato de los votantes de Podemos, que el que un simple pulso entre facciones pueda llegar a alcanzar, al menos a corto plazo.

Pero no nos equivoquemos, entre toda esa amalgama en la que se vota por separado a 62 miembros de la dirección, 10 miembros de Garantías, cuatro tipos diferentes de documentos y cuatro representantes de los círculos, el objetivo principal, parece claro: bajar del trono de la izquierda a Pablo iglesias. Probablemente, podría llegar a afirmar sin conocerlo personalmente; pero sin miedo a equivocarme, que a Iñigo Errejón nunca le ha gustado demasiado eso de asaltar el cielo, y que ni por asomo, cabría la posibilidad de que las manos del politólogo madrileño, pudiesen acabar de ninguna de las maneras manchadas de cal en el fragor del debate parlamentario. Iñigo es más de escritorio, que de hospital de campaña, más de Sabina que de Eskorbuto, más de temporizar que de arriesgar y eso está bien, no tiene porque ser malo para la política de un partido, pero inevitablemente tiene sus consecuencias.

Cuando uno escribe sobre la guerra desde un escritorio, en lugar de hacerlo desde el propio campo de batalla, las balas no llegan a rozarlo. Uno no se enfrenta a grandes titulares con su nombre inmerso en toda clase de conspiraciones cada semana, ni pierde amigos o relaciones, por culpa de la tensión de la guerra. Cuando uno cubre un conflicto dede la seguridad de su escritorio, existe tiempo para las metáforas, para los adornos y para cuidar la prosa con la que nos vendemos al exterior. Existe tiempo para intentar agradar, un tiempo, que inmerso en el fragor de la batalla, resulta poco menos que imposible. Cuando uno se sumerge en el día a día político, y lo hace desde la dirección de una formación que ha nacido con la intención de declararle la guerra a los poderosos, no existe tiempo para las metáforas o la retórica, uno vive su día a día como un Vietnam intelectual y personal, sin tiempo u oportunidades para tender la mano a quien apenas se molesta en ocultar el puñal con el que piensa traicionarte.

Dicen los errejonistas y el propio Errejón, que de imponerse en Vistalegre II las tesis de Pablo Iglesias y de su equipo, las posibilidades de ganar al PP se desvanecen, lo desconozco, pero personalmente; soy de los que opinan, que la moderación promovida por sus partidarios en las sucesivas campañas, no ha contribuido precisamente a lograr ampliar la fortaleza de la izquierda, sino todo lo contrario. Pero si realmente el señor Errejón mantiene esa firme convicción, la alternativa se antoja clara: opte usted al liderazgo. Y hágalo con firmeza, pese a no haberlo hecho antes. Pese a no haber liderado el partido en sus primeros pasos, cuando el éxito o el fracaso podía ser enorme, cuando los primeros resultados, llamaban a su puerta como un toro desbocado difícilmente controlable o cuando las alianzas y los pasos a dar no estaban claros para nadie. Hágalo,  si realmente considera que el partido ha comenzado a perder el rumbo, pero si lo hace, debe ser claro con todos nosotros, con usted mismo y especialmente, debe ser claro con Pablo Iglesias, al fin y al cabo, se lo debe.

No tendría razón alguna, el actual líder de la formación a la que ambos pertenecen, para molestarse por un pulso de poder sincero, un pulso en el que postulados y liderazgos se expusieran abiertamente a debate ante una militancia, que sin duda lograría hacer de una experiencia semejante, un acto enriquecedor para el partido. Lo contrario, supone un engaño y siento decirlo, un desprecio para el señor Iglesias ¿De veras quiere convencernos de que una personalidad como la de Pablo Iglesias podría defender un proyecto político en el que no creé?

Comienza el fin de semana y con el, una asamblea con las espadas en todo lo alto y en la que pese a las buenas palabras, solo puede quedar uno. Sabina o Eskorbuto, Iglesias o Errejón, pero después de todo esto, no podrá seguir existiendo un liderazgo compartido. Pero si algo parece quedarnos al menos claro, es que tras una campaña con tanta basura en las redes y en los medios, Podemos debiera definirse definitivamente como un partido de izquierda. Puede que una izquierda nueva en las formas, pero sin duda, heredera en los modos de la típica izquierda fratricida de toda la vida.

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Autor: @SeijoDani

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Arrivederci Europa

La sombra de la desesperación y el fanatismo, vuelve a recorrer Europa, al tiempo que unas instituciones demasiado identificadas con las estructuras económicas, pero a su vez muy alejadas de la unificación política y social, comienzan a sufrir en las urnas, los primeros embistes fruto de su manifiesta incapacidad para lograr conectar con una población que ha visto en el castigo a la propia Unión, una forma mayor de sanción al modelo liberal y a las políticas que rigen la Eurozona desde el inicio de la crisis en 2008.

Matteo Renzi, la supuesta esperanza europea y  quién llegó a ser presidente de Italia sin que para ello mediase un solo voto, se ha convertido en la última víctima política de una Europa en franca decadencia. Una Unión Europea envejecida en sus planteamientos económicos, y a su vez, demasiado inmadura políticamente como para lograr dibujar una alternativa a su propio colapso. La dimisión del Primer Ministro Italiano tras su fracaso en el referéndum para la reforma constitucional, se suma a la reciente realidad del Brexit y al auge de la extrema derecha en todo el continente, como una seria amenaza a la cohesión europea y al proyecto común en si mismo.

El resultado de la consulta y la dimisión de Matteo Renzi, dejan a Italia y a la propia Europa, sumidas en un largo ‘impasse‘ político, en donde de nuevo la tentación de evitar la consulta al pueblo, parece presentarse como la principal opción para unos dirigentes únicamente empeñados, en salvaguardar su proyecto económico por encima  de cualquier otra realidad.

Parecen ignorar en los despachos europeos, la posibilidad de que tras la ruptura de la Unión, pueda suceder la eventualidad de que el castigo a los modelos políticos tradicionales, no cese con el fin de proyecto político común europeo. El peligro seguirá acechando a cada región, en los populismos de Beppe Grillo, el fanatismo de Nikos Michaloliakos, la reminiscencias de Frauke Petry o la inminente realidad de gobierno de personajes como Norbert Hofer o Jean-Marie Le Pen.

El absurdo de entender los resultados en Reino Unido o Italia, únicamente como una anomalía puntual o como una negativa holística a una Europa unida, resulta peligroso no solo para el proyecto de la Unión Europea, sino para el futuro del continente en sí mismo. Tras el fracaso en las urnas de las diferentes opciones respaldadas por la Unión, se encuentran realidades como la crisis migratoria y su integración, la clara decadencia del capitalismo de mercado y su efecto sobre las diferentes capas sociales, el resurgir de las identidades nacionales o la acuciante necesidad de un pacto generacional en una Europa demasiada envejecida para poder permitirse el repliegue sobre sí misma.

Existen alternativas al fracaso del proyecto europeo, países como España o Grecia trazaron en su momento, salidas alejadas del fanatismo político y el euroescepticismo. Existía una alternativa europeísta y antiliberal, pero nunca quisieron escucharla. TsiprasVaroufakis o Pablo Iglesias, siempre supusieron un enemigo mayor para las élites europeas que los propios postulados de Marine Le pen o Nigel Farage.

Persecución al colectivo homosexual, islamofobia, racismo, demencia política, corrupción, guerra, belicismo, pobreza

Pruebas de la actual realidad europea y del inmovilismo de su política común, que dejan claro que esto nunca se ha tratado de una salida digna para Europa y para sus ciudadanos, sino tan solo de una nueva y brillante oportunidad de mercado.

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Autor: @SeijoDani

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Por la boca muere el pez

Ha caído Ramón Espinar víctima de las exigencias de su discurso y de la propia dinámica de su partido. Poco podía imaginar el portavoz de Podemos en la asamblea de Madrid que cuando en 2007 tomaba la decisión de adquirir una vivienda protegida, los ojos de media España, terminarían también interesados en dicha propiedad.

Si algo ha caracterizado desde sus inicios a la formación que lidera Pablo Iglesias, es un discurso político con una marcada ética en lo social y en lo económico. No en vano, desde un principio, Podemos cimentó su campaña en una nueva política transparente y cercana, totalmente alejada de las malas praxis y las corruptelas de los viejos líderes. Sus dirigentes representaban ante la ciudadanía, una última esperanza de cambio, de renovación, esperanza que traía votos, pero también con ellos una gran responsabilidad sobre la formación de izquierdas.

Si uno simplemente se detiene a observa la cantidad por las que muchos están tildando a Espinar de corrupto, algo menos de 30000 euros, tales afirmaciones deberían de considerarse poco menos que ridículas en un país en donde tramas como la Gürtel, Filesa o Los ERE, han acostumbrado al español medio a cifras mareantes que poco o nada tienen que ver con el escaso beneficio que el joven Espinar pudo haber obtenido de la venta del que por aquel entonces era su inmueble. Pero pese a que desde los medios afines a la derecha se empeñen en tratarlo como tal, no se trata éste de un caso de corrupción, sino de algo mucho más importante y primigenio que todo eso: se trata de coherencia y ética.

Puede que efectivamente, Ramón Espinar estuviese en su derecho de vender una vivienda pública y con ello obtener un beneficio, al igual que la mayor parte de los bancos y cajas de nuestro país estaban en su derecho, cuando desatendiendo a todo resquicio de humanidad, desahuciaban a miles de españoles, dejando sus viviendas vacías, precisamente por el simple hecho de poder hacerlo. No debería Espinar escudarse ante propia conveniencia, en las reglas de un juego que dice aspira a cambiar. Al igual que no debería haber sido necesario ningún Cebrián, ni ningún medio de comunicación, para que el portavoz de Podemos hubiese podido sacar a la luz un caso como el que nos ocupa. Ocasiones para ello, sin duda no han faltado durante los últimos meses de su ajetreada vida política.

Se escudan en Podemos en una ya poco misteriosa máquina del fango, para defenderse de unos ataque que ellos mismos han provocado desde sus inicios en cada discurso. Sería de una inocencia mayúscula, por parte de la formación morada, postularse como alternativa a décadas de corrupción con un discurso ciertamente agresivo, creyendo al mismo tiempo que los focos de esos medios que ellos mismos califican como del régimen, no se dirigirían inmediatamente a la búsqueda de cualquier contradicción entre el discurso y las prácticas de los miembros de su formación. Ciertamente las contradicciones y el fango, se encontraban ya en el hogar de Espinar, mucho antes de que el grupo Prisa pudiese tener interés alguno por zancadillearlo en la carrera política para liderar a su formación en Madird.

Cayó Ramón Espinar víctima de su pasado y de su propio discurso, en un país en donde reina la corrupción, pero que siempre ha gustado castigar con especial entusiasmo, la pillería del robagallinas. 

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Autor: @SeijoDani

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España: Democracia en funciones

Comienza la recta final para iniciar la legislatura y lo hace de forma bronca. En un parlamento poco acostumbrado a la representación de la pluralidad ideológica, la fragmentación y lucha de poderes palpable no solo entre bancadas, sino también en el seno de algunos partidos, parece garantizar una legislatura de constantes bravuconadas de cara a la opinión pública en el hemiciclo, mientras los acuerdos y traiciones; que serán sin duda necesarias a lo largo de la legislatura, se producen de puertas para adentro.

Apostó el presidente en funciones, por mantener su línea de no intervención en el eterno tablero de pactos en el que se ha convertido la política española y el tiempo le dio la razón. En un contexto de necesidades económicas apremiantes para lograr responder ante Europa y un acoso judicial cada vez más palpable en Génova, otros quizás, hubieran perdido la calma ante la perspectiva de unos nuevos comicios para su partido, pero no Mariano Rajoy. El presidente en funciones supo leer a una izquierda dividida, una derecha inofensiva y una sociedad, que si bien condena la corrupción, parece no estar dispuesta a pasar factura a los corruptos.

Simplemente sentándose durante su mandato en funciones, no tardó demasiado el Partido Popular en ver pasar los cadáveres de sus enemigos, suplicando una solución ante sus puertas. El primero de ellos, el de un Albert Rivera que comenzó a sentir el peso del fantasma de la intrascendencia desde el mismo recuento de las últimas elecciones. El líder de la formación naranja, no tardó en ofrecerse como el perfecto aliado de un Mariano Rajoy que en todo momento confió en la todavía manifiesta irrelevancia de una alternativa a la derecha que si bien no representaba la inocencia de Vox o UPyD, se le acerca bastante. Confiaron en el PP, en poder capear el temporal del trasvase de votos, debido a los escándalos de corrupción a la formación de Albert Rivera  y todo parece indicar que la jugada funciono.

El pacto con Pedro Sánchez, no surgió el efecto en el PP que se esperaba desde la formación naranja y lejos de ello, Ciudadanos quedo retratado como un partido sin rumbo fijo, una formación bisagra, incapaz de forjar una alternativa al bipartidismo y con el único sentido de servir como castigo a un PP que de cara a la ciudadanía, parece ya haber saldado sus deudas. Con un ostracismo todavía no asumido, la formación de Albert Rivera, deberá conformarse intentado sacar el mayor provecho electoral posible a la renovación de nombres, que no de políticas, que el Partido Popular estará dispuesto a mostrar como única concesión a un aliado todavía necesario pese a todo.

No por más esperado, fue menos relevante para las aspiraciones del Partido Popular, la visión de un Partido Socialista roto en dos ante la puertas de Génova. El golpe de estado dado a la ejecutiva de Pedro Sánchez, ante la tentativa de éste por profundizar en un gobierno del cambio con Podemos y los nacionalistas, ha dejado en manos de la vieja guardia más reaccionaria a un partido que desde su última ejecutiva se parece más al camarote de los hermanos Marx que a una verdadera alternativa de gobierno.

El voto favorable a la abstención y sin condiciones de cara a la formación de gobierno por parte de Mariano Rajoy, deja al Partido Socialista totalmente inmerso en la dinámica del Partido Popular. Se convertirá la estabilidad de España y el freno al independentismo, en una muletilla argumentativa perfecta para los populares de cara a la aprobación de las principales leyes de la legislatura. Si el PSOE ha podido traicionar una vez a su historia y a sus bases por el “bien de España” nada parece indicar desde Ferraz que no pueda volver a hacerlo si la inmediatez de las urnas amenaza de nuevo al partido en pleno proceso de desintegración. Será curioso observar, como Antonio Hernando defiende ante la cámara lo indefendible, a la espera de un nuevo líder para el partido que esta vez tendrá que pensarse muy bien donde deposita su confianza.  Tan solo le queda al PSOE afrontar la necesidad de un cambio o bien desaparecen como mártir de la estabilidad de un régimen del 78 que sea como sea, parece hacer aguas definitivamente.

Con semejante panorama en la política española, sirvió el inmovilismo en el Partido Popular para llegar a la presidencia, con gran parte de la oposición desacreditada y subyugada, el único foco de resistencia inmediata, lo encuentra el presidente del gobierno en un Podemos demasiado acostumbrados a los principios ideológicos y a regirse por las reglas del juego en sede parlamentaria. Recibía el primer golpe, la formación de Pablo Iglesias, nada más llegar al congreso con un pacto entre “enemigos” en el que Partido Popular, PNV y la antigua Convergencia, decidían excluir de cualquier papel institucional importante a la alternativa a la política de recortes y privatización que supondría Unidos Podemos. Ignoraba la formación morada, la premisa más básica de la política: El enemigo de mi enemigo, siempre es mi amigo. Lejos de suponer una excepción, los apoyos puntuales que el PP recibió de los nacionalistas para la formación de la Mesa del Congreso, son un claro indicador de la más que posible deriva de la legislatura. Una vez iniciada la legislatura y ya alejados de los focos y la repercusión que una sesión de investidura supone para estos partidos, PNV y Convergencia, no dudarán en apoyar las iniciativas Populares, siempre y cuando están no comprometan demasiado postulados ideológicos ahora muy necesarios de cara al órdago nacionalista y que sin embargo sean efectivas de cara a poner freno a la alternativa al descontento en Euskadi y Catalunya que comienza a dibujar Unidos Podemos.

Da inicio una legislatura ya para muchos a esta hora demasiado larga. Intensa, trilera y castiza como pocas, una legislatura en la que pese a la resistencia de algunos, deberá hablarse de política en el parlamento, como una vez más, en las calles. 

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Autor: @SeijoDani

 

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La historia nos absolverá

Ha ganado la táctica de ocultar a su propio partido, ha ganado el ruido desde Madrid, ha ganado el miedo frente a las propuestas. En Galicia, ha ganado el Partido Popular y su candidato, aunque probablemente, no hayan ganado todos los que si han votado al PP.

Con unas elecciones  de nuevo a caballo entre Madrid y Santiago, el Partido Popular ha vuelto a aprovechar a la perfección, el ruido de la precampaña en los partidos de izquierda y un miedo, el del bloqueo institucional, que ese mismo ruido se ha encargado de amplificar y hacerlo sobrevolar sobre un hipotético pacto entre las formaciones de izquierda, que si bien parecía respaldado desde las agrupaciones gallegas, corría en la mentalidad popular, el serio peligro de verse embarrado en una nueva investidura eterna por el a priori necesario visto bueno desde Ferraz y Princesa.

Con un Feijóo ya acostumbrado a lidiar con las acusaciones que desde la oposición, apuntan a su huída a la política estatal. El PP ha decidió postergar sus cada día más evidentes luchas internas, para con un perfil de marca intencionadamente bajo, lograr revalidar en Galicia sus 41 escaños y con ellos, una mayoría absoluta que refuerza al candidato por ahora gallego y debilitan tremendamente tanto a las propuestas de izquierdas, como a un partido, Ciudadanos, aparentemente condenado a la deriva Díez en su intento de consolidarse como alternativa en el ala derecha de la política española.

Recibe un duro golpe la izquierda, y lo hace fruto de una campaña tremendamente inoportuna para el calendario del debate ideológico que a esta le ocupa. Llegaron las elecciones gallegas en pleno pulso identitario entre el carácter propio de las mareas y la inercia aglutinadora de Podemos, como lo hicieron también con un PSOE  inmerso en su particular “perestroika” y un BNG, que una vez más y pese a los cismas internos, ha demostrado con su campaña que nada tiene que ver la salud ideológica de un partido, con su salud electoral.

Llego la izquierda a las urnas en Galicia con una idea clara de lo que se quería cambiar: la inherente injusticia del sistema y especialmente la gestión que de ese sistema se llevaba a cabo desde el PP, pero también lo hacía inmersa en pleno proceso de deliberación sobre las formas de hacerlo y muy especialmente sobre cual iba a ser su alternativa.

No nos malinterpretemos, nada malo existe en el debate, siempre y cuando este se produzca en los tiempos y las formas adecuadas. Lo que no ha parecido suceder en el caso que nos ocupa, atendiendo a los numerosos titulares que en plena recta final de campaña han surgido a raíz de la guerra entre Sánchez y sus varones o Pablo iglesias e Ínigo Errejón. Si el PP decidió aparcar sus diferencias durante la campaña, la izquierda de nuevo comenzó la revolución, antes de finalizar la guerra.

Ha ganado el PP y lo ha hecho pese a la corrupción de sus dirigentes y la política de tierra quemada en sectores como el lácteo, el cerco o la agricultura. Gana el PP en una tierra que como decía el más ilustre de los gallegos, Alfonso Daniel Rodríguez Castelao, está más acostumbrada a emigrar que a pedir. Una tierra con demasiados partidos y escasos movimientos sociales o cooperativas, en donde curiosamente se puede cambiar con mayor facilidad el signo de un voto con las políticas de los pequeños ayuntamientos que con las grandes infraestructuras. Y es que lo del caciquismo en Galicia daría para un aparte, sin duda, resultaría curiosa la presencia de observadores internacionales en nuestros colegios electorales, pero eso no va a suceder, cosas de formar parte del imperio aunque sea en sus provincias más olvidadas. Gana el PP de los recortes, de la corrupción y la precariedad, un partido afanado por marginar o idioma aunque para eso tenga que llevarse también por delante su sabia, encarnada en lo rural y todo lo que en torno a el gira.

Gana la derecha y puede que no por sus propios méritos. Han pasado ya 25 años sin que desde el seno de la izquierda, se haya logrado articular una alternativa clara al modelo de capitalismo de casino en el que nos vemos inmersos como realidad casi global. La izquierda  y especialmente el socialismo europeo, permanece todavía en estado de letargo, tras el intenso golpe que supuso la caída del muro y la imposición del dogma neoliberal. No hemos sabido plantear una alternativa al actual modelo que no solo embelesase al votante tradicional, sino que atrajese a una abstención que sin duda lleva camino de convertirse en la verdadera batalla política de la izquierda de nuestro siglo, más allá de las quimeras del centro tan rentables en sus planteamientos ideológicos para la derecha.

Es necesario profundizar en el debate interno de las diferentes formaciones sin temor a la ruptura, es tiempo de lograr confrontar diferentes visiones dentro de un mismo Frente Amplio de izquierdas. Tiempo de debate, de coloquios y movimientos sociales. Es tiempo de recuperar las calles y desafiar a las injusticias también en los parlamentos, resulta necesario hacer ver a la población que el estado de las cosas no se corresponde a una crisis pasajera, sino a un estadio más de un modelo de sociedad que ve en la clase obrera y su condición de vida, un medio y no un fin en si mismo. No existe una salida a la crisis si no existe un modelo alternativo de sociedad y es ahí en donde debe residir nuestro proyecto, no una especie de buena gestión de las injusticias del sistema como paliativo de una situación insostenible.

Son tiempos de cambio y esta derrota tan solo retrasa cuatro años el asalto al cielo de un proyecto que debe ser a largo plazo y que debe cimentarse en votantes conscientes de la necesidad de su actividad y formación política. La alternativa, supondría sin duda la vuelta a las escisiones en formaciones más débiles y la lucha política por el acceso a los sillones.

Son muchos los que opinan que la indignación se canalizó por primera vez en la política gallega. Hoy, una vea más y pese al duro golpe, depende de la izquierda gallega, construir un marco solido para que sea también aquí en donde al fin se materialice su alternativa.

 

«¡Ése es el pueblo, el que sufre todas las desdichas y es por tanto capaz de pelear con todo el coraje! A ese pueblo, cuyos caminos de angustias están empedrados de engaños y falsas promesas, no le íbamos a decir: “Te vamos a dar”, sino: “¡Aquí tienes, lucha ahora con todas tus fuerzas para que sean tuyas la libertad y la felicidad!”

Fidel Castro Ruz, La Historia me absolverá

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Autor: @SeijoDani

 

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental. 

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Los dilemas de Pablo

Quizás lo que a continuación voy a confesar, pueda sonar raro; poco profesional incluso, espero sepan disculparme si ese es el caso. Pero hoy, a la hora de sentarme a escribir este artículo, reconozco que por primera vez, todavía desconozco exactamente en donde reside la noticia de lo que me dispongo a encarar. Puede que en realidad lo haga en la  propia crisis del periodismo político, en la decadencia de la democracia incluso o puede que sin más, se trate de la repentina falta de inspiración del que ahora escribe estas líneas. Pero por encima de todo, he de admitir, que tras estas primeras frases, continuo siendo incapaz de comprender como la existencia de discrepancias internas o luchas de poder en el seno de un partido, pueden seguir resultando tan sorprendentes.

No se trata de que no comprenda los ríos de tinta que se han vertido por las desavenencias públicas entre el líder de Podemos e Íñigo Errejón, no. Se trata de algo más profundo, más relacionado con el contexto y no con el foco inmediato, se trata de la aversión y el recelo que aún hoy nos produce cualquier tipo de pluralidad ideológica dentro de los diferentes tipos de organizaciones políticas en España. Una especie de reminiscencia franquista que hace que en nuestro país, todas las batallas intelectuales deban darse en las formaciones de puertas para fuera. En el mejor de los casos, con cuidadosos titulares de prensa estratégicamente filtrados. Después de todo, la nuestra siempre ha sido una sociedad de puñaladas por la espalda y juegos de tronos hasta que al fin, caiga el caudillo.

Pretenden ciertos medios y determinadas  visiones de la vida política, hacernos ver en la confrontación de ideas de cara a la opinión pública, dentro de los propios partidos, algo perverso, que sin que nadie sepa muy bien como, puede llegar a socavar nuestra democracia. Como si la pluralidad la enfermase.

No hace falta ser el más hábil de los periodistas, para percatarse de que en el seno de la formación morada, existen diferentes sensibilidades y como consecuencia de ello, han surgido serias discrepancias internas cuyo desenlace podemos simplificar a grandes rasgos en dos bandos: un ala moderada que busca encandilar a sectores de la población que no se identifican tanto con la izquierda tradicional o errejonistas, y un ala más radical o tradicional dentro de la izquierda, que busca hacer de podemos un partido no tan alejado del concepto de clase y  el socialismo que se sintetiza en el líder de la formación, Pablo Iglesias. Podríamos, a partir de estos datos, analizar profundamente las diferentes batallas que de esta lucha han surgido en Podemos y con ello obtendríamos sin duda una amplia visión de un partido joven, un partido curtido en ya muchas batallas y con no poca responsabilidad. Pero que sin duda, todavía se mantiene en continua formación y reelaboración. Un partido que como han mostrado sus numerosos bandazos programáticos, mantiene las dudas entre moverse en la órbita izquierda / derecha, arriba / abajo o nueva y vieja política. Por lo que he de suponer, que lo que debiera sonar verdaderamente extraño, llegado el caso, sería que no existiesen discrepancias en su seno.

Nunca han ocultado desde Podemos el continuo intercambio de pareceres en su formación, por tanto a poco que uno conozca no solo la naturaleza política, sino ya en si la naturaleza humana. Podrá dilucidar que entre dos visiones enfrentadas en el seno de una organización, siempre terminarán surgiendo luchas internas por el acceso al poder. Solo me cabe entonces concluir, que lo novedoso parece residir en que sean los propios dirigentes y a través de medios abiertos a la opinión pública, los que se encarguen de aclarar sus posturas.

Parece reinar en nuestro país desde hace ya demasiado tiempo, un extraño interés por hacer de la verdadera política algo extraño y de las más insospechables prácticas, política. Hablar de lo peligroso o de lo irresponsable que resulta para una formación el debate intelectual resulta poco menos estúpido que desacreditar a la propia democracia por su diversidad de propuestas. Después de todo, en sus amistades, en su trabajo o en el hogar, permítanme un consejo: desconfíen siempre de una única voz.

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Autor: @SeijoDani

 

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental. 

https://www.change.org/p/xulio-ferreiro-calle-berta-c%C3%A1ceres-en-a-coru%C3%B1a

No pasarán

Se ha tardado, pero se ha conseguido. A la segunda, Izquierda Unida y Podemos han logrado ratificar un acuerdo electoral que permitirá a la izquierda española acudir en un frente amplio a las elecciones generales del próximo 26 de junio. Un frente amplio que se ha granjeado, desde aquellos inicios como una mera posibilidad, hasta la actual plasmación en forma de acuerdo previo a su consulta con las respectivas bases de cada partido, numerosos enemigos. Algunos, los más seguramente, en la derecha, esa derecha que desvelándose a si misma, no ha tardado en denominar a este acuerdo como el del Frente Popular, en referencia a la mítica coalición electoral creada en 1936, por los principales partidos de izquierda españoles, para lograr derrotar a la por aquel entonces muy presente amenaza fascista en las urnas.

No deja de ser curioso, que sea la propia derecha la que no deje de ver paralelismos entre la situación actual de España y la de 1936. No sorprende tanto a poco que se la conozca, sin embargo que en su afán por presentar a Podemos e Izquierda Unida como unos rojos, ateos y comunistas extremadamente peligrosos, la derecha se quite por un momento la careta de los modales y se muestre tal y como es, sin disfraces.

Una derecha que se ha olvidado de que las cosas ya no son como antes, de que ya hace mucho tiempo que uno puede mostrarse orgulloso de ser comunista o simplemente de izquierdas, sin tener que dar explicaciones a nadie y mucho menos a ellos. Una derecha que pretende infundir el temor aludiendo según les convenga al radicalismo de esa nueva izquierda en algunos casos y tan vieja en otros, lo del trastorno de personalidad discursiva en la derecha daría otra entrada. Un juego sucio cementado en comparaciones muy raídas sobre el argumento del gerracivilismo y  la necesidad del centrismo y la ambigüedad política para no desenterrar heridas. Un discurso adjudicatario, como si fuese la izquierda, los perdedores, quienes debiéramos sumisión eterna a los vencidos bajo amenaza latente de provocar el ruido de sables una vez más.

Nos amenazan una vez más con el discurso de la transición, con el argumento del silencio, olvidando que hace varios mayos ya, la sociedad española supero su mayoría de edad democrática. La supero precisamente en donde hoy se abrazaban Alberto Garzón y Pablo Iglesias, para unir en un frente común a los herederos de los vencidos por una guerra injusta primero y por un sistema cimentado por el silencio y la creciente desigualdad social después. 

Pero no hemos llegado hasta aquí con ansias de revancha, ni de venganza. No somos más radicales de lo que lo fueron nuestros padres o nuestros abuelos en aquel 28 de febrero de 1931, pero tampoco lo volveremos a ser menos. Somos la clase obrera y trabajadora de este pueblo, a la misma que quisieron acallar y no pudieron. Somos los estudiantes, los parados, los jubilados, los emigrados y tantos otros a los que quisieron silenciar para siempre.

Somos la alternativa, la resistencia, la lucha social y la esperanza. Y si eso es ser radical, sin duda, también somos radicales.

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Autor: @SeijoDani

 

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental.

Desde DowJones te agradecemos tu colaboración.

https://www.change.org/p/xulio-ferreiro-calle-berta-c%C3%A1ceres-en-a-coru%C3%B1a

 

No es país para pactos

Ante semejante panorama, y tras las primeras elecciones del fin del bipartidismo, los partidos parecen decididos a dar de nuevo la voz al pueblo. Ya que eso que les hemos dictado la última ocasión que nos dieron tal privilegio, parece en definitiva no haberles gustado demasiado. Lo nuevo y lo viejo, la izquierda y la derecha, han vuelto a demostrar que eso de llegar a acuerdos no es muy español y que si siempre se ha dicho que hay dos españas por algo será, aunque ahora nos quieran contar que ya no son dos, que son cuatro, cinco o las que les ayuden a crear los medios. Pero por mucho que se sumen actores, el dialogo sigue siendo el mismo.

La izquierda española sigue dividida entre esos que quieren hacer la revolución a su suerte, sin contar con nadie, ni respetar a los actores que en ocasiones, más de las que parece, comparten trincheras con ellos, y esos otros que son de izquierda pero un poquito nada más. Esos que perdieron Catalunya por no saber o no querer comprender que el discurso de la identidad nacional de un pueblo, nada tiene que ver con romper España, y esos mismos que gobiernan Andalucía como su más preciado botín, entregándosela desde tiempos inmemoriales a banqueros y terratenientes a cambio de un cada vez más escaso jornal para su pueblo. La izquierda de siempre, una izquierda en gran parte tibia en su discurso, en sus formas y en sus pulsos, una izquierda que mira al Partido Popular en cada acto de campaña y que salvo por las apariciones de los viejos roqueros como Xosé Manuel Beiras o Julio Anguita, sigue sin lograr hacer emerger de sus entrañas a ese líder que aúne la seriedad y discurso de Alberto Garzón, con el carisma y el liderazgo de Pablo Iglesias. Puede pues que en definitiva la solución este en el pacto, un pacto que no gusta ni a unos ni a otros, que no termina de concretarse y que si uno atiende a lo que nos separa, parece poco menos que imposible, pero inevitablemente necesario.

Necesitamos una izquierda propia, una izquierda que ponga definitivamente sobre la mesa un nuevo modelo de producción, unido a una nueva legislación laboral que proteja a los individuos no solo como consumidores, sino además y principalmente como trabajadores. Una izquierda que sume en sus filas a los diferentes actores de la lucha del 99%, los movimientos ecologistas, animalista, feminista, así como los diferentes campos de la lucha obrera, que deben de suponer un solo frente amplio en frontal oposición a la ofensiva neoliberal que desde el 1% de los superricos se ha lanzado para despojarnos de nuestros derechos. Derechos por los que muchos dieron su vida y a los que por dignidad y por necesidad, no podemos renunciar. Necesitamos y exigimos una izquierda propia, pero también global. Una izquierda de los movimientos sociales y de sus comunidades y a la vez una izquierda capaz de aunar fuerzas para afrontar desafíos globales como la lucha contra los paraísos fiscales, el cambio climático o al militarismo en sus más diversas facetas, origen este de los miles de refugiados que todavía hoy, vergonzosamente, aislamos de nuestras fronteras con campos de concentración y concertinas.

Eso necesita la izquierda española, y lo necesita en oposición a una derecha rancia en lo nuevo y en lo viejo, una derecha que habla de regeneración en la búsqueda del pacto con un partido que ha estado inmerso en un ciclo de corrupción sistémica que empezó con Naseiro y continua con Bárcenas, un partido con altos cargos imputados, con comunidades autónomas como Madrid o Valencia que pareciesen salidas de las brillantes páginas de Mario Puzo. Un partido que no ha perdido perdón y que ha puesto trabas siempre que le ha sido posible a las investigaciones judiciales, acostumbrado a ver la paja en el ojo ajeno, mientras encubría la viga en el propio. Con ese partido, la nueva derecha busca pactar un acuerdo en el que todo cambie para que todo siga igual.  Un acuerdo que permita continuar con la precarización del trabajo y las privatizaciones que durante muchos años han transcurrido en paralelo a la corrupción política y empresarial que ha terminado por infectar totalmente al sistema en su conjunto. La nueva derecha busca pactar con una versión suya más rancia y depurada, haciéndonos creer que el problema lo supone un ministro o un diputado, pero no, se trata de un sistema corrupto que en nuestro país ha tenido sin lugar a dudas un gran aliento en el ladrillazo de Jose Maria Aznar o en las privatizaciones de las empresas públicas de uno y otro bando.

No es posible el acuerdo con quienes se lucraron de la España de las obras faraónicas que únicamente sirvieron para sacar pecho y comisiones, al igual que no es posible llegar a acuerdos con quienes figuran en las offshore, ni con quienes pretenden pactar con ellos.

 

 

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Autor: @SeijoDani

 

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental.

Desde DowJones te agradecemos tu colaboración.

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“Lo nuevo y lo viejo”

Un bar,un bar de barrio y dos candidatos a la presidencia del gobierno,como representación de lo que les guste o no a algunos,parece significar ya la nueva política en España.Una nueva política más desenfadada,menos anquilosada y mucho más cercana al ciudadano de lo que nunca han estado los partidos tradicionales.Pocos dudaran de que los nuevos partidos y sus representantes siguen buscando con estas nuevas formulas lo mismo que sus antecesores ante el ciudadano,su voto.Pero ahora parecen dispuestos a hacerlo remangándose la camisa y sin miedo,de una forma mucho más cercana a la ciudadanía.

Parece que se terminaron los pactos previos entre los equipos de los diferentes candidatos,en los que lejos de buscar facilitar al medio en cuestión el dar respuestas a los ciudadanos ante las dudas electorales previas a las elecciones,se buscaba principalmente el evitar hacer sangre.Una especie de duelo al amanecer simulado,en el que la combinación traje corbata y el talante eran las únicas armas elegidas para azuzar al contrincante.Permitiendo sin demasiados apuros de esa forma salvaguardar el honor de sendos candidatos en un mero tramite,ante el poco margen para las sorpresas que tan rígido formato proporcionaba.Un formato en el que el periodista se despojaba del nervio del oficio,para ejercer el papel de un invitado de piedra o en el mejor de los casos,de un controlador del tiempo marcado para cada intervención.Asunto este que parecía centrar en cenit de las discusiones entre candidatos.En un “debate” en donde no existían las replicas o el dialogo,el espacio temporal del mensaje gozaba de más importancia que las ideas o la confrontación política.Debates en donde el marco ganaba en importancia al contenido.

Y es que en eso reside la importancia del debate de ayer.Gracias al equipo de Salvados y a La Sexta hemos podido disfrutar al fin del verdadero debate político en nuestras pantallas.Del debate con mayúsculas.Ese que nos ha hecho olvidar la anquilosada decadencia de la comunicación política en España y abrazar por fin la información para dejar escapar,esperemos que para siempre,la mera propaganda electoral.Resulta curioso y decepcionante que no exista espacio e iniciativa en la televisión pública de nuestro país para fomentar este tipo de debates.Por desgracia e incompetencia,parece que en términos generales interesan más las confidencias entre una presentadora de boletín y un cantante amigo de recoger favores que asuntos de vital importancia para los ciudadanos,pero eso es algo que ya me temo no podremos cambiar al menos hasta diciembre.

Entrando en la arena del debate,podemos hacernos una idea general del mismo:Ni Ciudadanos es tan de centro como dicen,ni Podemos es tan de izquierdas como nos quieren hacer ver.Fue en lo social en donde Pablo Iglesias se encontró cómodo defendiendo sin titubeos posturas progresistas en puntos clave como la abolición de la Ley Mordaza,el cierre de los Centros de Internamiento para Extranjeros,la garantía de una Sanidad Universal o la legalización del Toro de La Vega.Propuestas todas ellas cimentadas en lo puramente ideológico y en las que la visión del líder de Podemos se mostró mas directa y con menos ambages que la de Albert Rivera y su partido.Pero una vez más,el talón de Aquiles de Podemos,fueron los matices en su programa económico.Y es que fue ahí en donde el discurso de Rivera se impuso claramente a la oratoria de Pablo Iglesias.Lejos de entrar a debate sobre las convicciones ideológicas de cada uno,Rivera supo aprovechar que a falta de pocos meses ya para las elecciones generales de diciembre,el equipo de Podemos parece seguir sin poder explicar de manera clara y concisa como piensan llevar a cabo las medidas de su programa económico.Y puede que por ello,si hubiese que declarar un vencedor,quizás ese inicio más agresivo del líder de Ciudadanos y la coincidencia en el tiempo de esa clara derrota dialéctica de Pablo Iglesias en el tramo exacto en donde se debatieron las propuestas económicas,pueda haber hecho que la mayoría de la audiencia diera a Albert Rivera como el vencedor a los puntos del debate de ayer.

Sea como sea,me quedo con esa sensación de que ambos combatientes,sabiendo mantener siempre las formas,ayer se bajaron del ring de La Sexta con golpes en sus rostros y la sensación de haber brindado un buen combate dialéctico con el que ganarle al electorado cada voto disputado.ppAutor:@SeijoDani