Moción Kamikaze

Unidos Podemos demuestra una vez más, con la moción de censura que en este mismo momento presenta en el Congreso de los Diputados, que el nuestro es un país en donde la ciudadanía ha perdido el pulso de la calle, la capacidad para rebelarse, la necesidad de cambio o cualquier inquietud política que pueda implicar la necesidad de apartarse de los cauces establecidos, de las urnas en domingo, las promesas electorales incumplidas, los abusos soportados con silencio en el puesto trabajo, los informativos claramente manipulados y el bochornoso espectáculo de nuestros políticos en el Congreso cada vez que los números y la políticamente asfixiante disciplina de partido, son lo único que importan en una votación.

Les ahorro el suspense de horas de debate, al igual que tantas otras llamadas de atención, esta tampoco servirá para ver como la oposición finalmente cierra filas contra los escándalos de corrupción, la apropiación de la justicia por parte del gobierno o la franca decadencia de la televisión pública como ariete ideológico. De nada valdrá el discurso de Pablo Iglesias, ni el de Alberto Garzón o el Irene Montero. Caerán en saco roto, al igual que lo harán las siempre notorias intervenciones de Gabriel Rufián, a veces rozando la poesía política y otras tantas, más cercanas al simple uso de la ironía contra quienes han hecho de su escaño un hogar para el cinismo. El número de escaños ha hablado y una vez más sin que exista espacio para el debate, la moción de censura no logrará finalmente salir adelante.

Los motivos para el anunciado fracaso de esta moción de censura son diversos, empezando por las formas en su propuesta del grupo de Pablo Iglesias. Unidos Podemos recurrió al Artículo 113 de la Constitución seguramente más centrado en los tiempos de la prensa de nuestro país y en la posible rentabilidad mediática de la moción de censura, que en los tiempos y necesidades de sus posibles socios en tal aventura. Después de todo, pese a que la operación Lezo supuso un motivo más que valido para desalojar al partido del Gobierno de Moncloa “ante la grave situación institucional puesta en evidencia en las últimas semanas” los tiempos políticos de la que entonces era principal fuerza opositora, dejaron al PSOE en fuera de juego e inmerso en un duro proceso de primarias del que Pedro Sánchez saldría fuertemente reforzado, tras su ruptura con la convivencia del Partido Socialista con los Populares y con una excusa perfecta para negar el apoyo a una moción liderada por Pablo Iglesias, sin participación alguna del Partido Socialista. Desconozco si por ingenuidad política o por la prepotencia del partido, la moción de censura presentada por Unidos Podemos, nacía ya muerta ante la negativa del PSOE a sumarse a una iniciativa de la que le ofrecieron todas posibilidades de desmarcarse, incluida una, la de la abstención, que últimamente parece agradar a los socialistas.

Ante la negativa del PSOE a contemplar la posibilidad de un gobierno alternativo al Partido Popular, no tardó demasiado en producirse una cascada de reacciones que permitieron a Genova poder contar desde un inicio entre sus aliados con Ciudadanos. El partido de Albert Rivera, que finalmente votará No a la moción de censura, pese a su supuesto discurso regeneracionista y su implacable lucha contra la corrupción, se haya inmerso en un extraño caso parlamentario del doctor Jekyll y el señor Hyde que permite a la formación naranja mostrarse a un tiempo capaz de funcionar de manera indiferente como un apéndice más de las políticas del Partido Popular en el conjunto del estado o como el sustento de la vieja guardia del PSOE en Andalucía, todo ello, mientras pronuncia discursos en la cámara parlamentaria contra la corrupción y las viejas formas políticas. La moción parece volverá a poner de manifiesto que pese a sus esfuerzos, el partido de Albert Rivera, ya no consigue engañar a nadie excepto a sí mismo y muy oportunamente a Metroscopia.

Con el apoyo en el NO de Ciudadanos y Coalición Canaria, al partido que presume de ser el último bastión de la unidad de España, le bastará con la abstención obtenida a golpe de presupuesto de los partidos de la derecha nacionalistas vasca y catalana,  para salvar momentaneamente una legislatura que desde hoy se sabe débil. El toque de atención de Unidos Podemos, no solo debe de suponer un pulso al gobierno de Mariano Rajoy, sino una llamada de atención a la ciudadanía acerca de las posiciones de cada uno de los partidos respecto al gobierno del Partido Popular. No existen discursos alternativos a quienes hoy intentan desalojar a la corrupción y a la mentira del parlamento español y quienes con su negativa o su silencio, permiten una vez más que está continue gestionando la vida política en España. La moción de censura, se presenta en estos momentos principalmente como un halo de luz en la eterna mascarada política que comenzaba a suponer una legislatura, en donde muchos de quienes se dicen grandes enemigos, suelen terminar compartiendo sentido de voto en las decisiones más importantes.

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