Franco ha muerto, sus cachorros caminan

España, un país con cuatro décadas de dictadura fascista a sus espaldas. Un país olvidadizo, de silencios tensos y amenazas todavía latentes. Un país, en el que muy al contrario que en la mayor parte de las experiencias de gobierno de la ultraderecha en Europa, el dictador y con él su estructura social y de poder, nunca terminaron de marcharse, sino que tan solo se adaptaron a una nueva realidad, a nuevos tiempos. Tiempos en donde el miedo y la violencia, se antojaban menos útiles cuando se ejercían directamente desde el traje militar y en las instituciones. El fascismo español y el propio Franco, se libraron de los pelotones de ejecución, del exilio o la condena internacional, sin que nunca se llegase a pedir perdón por lo crímenes cometidos. La guerra fría, el dólar  y un turismo que poco o nada quiso saber del pasado de nuestro país, renovaron la cara a quienes algún día, también aquí, ensalzaron los peores demonios del ser humano, pese a no llevar, habitualmente, esvásticas en sus pecheras.

La muerte de Franco, supuso el punto y final a la última experiencia de gobierno de la ultraderecha en Europa. Con la muerte del dictador, los que habían aprovechado la mancha de sangre en sus manos y el reino del terror impuesto en dependencias policiales, renegaron de su pasado y convicciones fascistas, en busca de mayores oportunidades en una transición a la democracia, perfectamente orquestada y ejecutada desde las más altas esferas del propio franquismo. No resulto complicado para las grandes familias del fascismo español, el cambio de chaqueta y de convicciones. Muerto el dictador, la idolatría de la burguesía española, encontró en la democracia capitalista y en las oportunidades de negocio que esta ofrecía, el perfecto substituto a un sistema, ya por aquel entonces, profundamente anacrónico como para plantearse pagar un precio por su defensa. Fueron las clases trabajadoras españolas, y especialmente aquellos con un sentimiento de marcada pertenencia al régimen, los que mayor impacto sufrieron con un cambio, considerado por muchos como una traición. Mientras que gran parte de los españoles despertaban de una larga y cruel pesadilla, los pequeños cachorros del fascismo español, se sumían en una decadencia de la que ni todo su odio, sería capaz de rescatarlos. Partidos como Alianza Nacional 18 de Julio o Falange Española de las JONS, que pretendían mantener viva la herencia del dictador, se vieron relegados a la insignificancia en una lucha parlamentaria, en donde la Alianza Popular de Manuel Fraga, plagada de ex jerarcas franquistas, enseguida logro arrebatarles el dominio electoral del franquismo.

Desde Alianza Popular hasta su reconversión en el Partido Popular, el partido hegemónico de la derecha española, ha sabido canalizar hasta el día de hoy, un voto  de marcada ideología ultraderechista, en el seno de un supuesto partido conservador de centroderecha; y lo ha conseguido, con un juego de equilibrios, extremadamente complicado de mantener en muchas ocasiones, en el que la herencia del franquismo, es enaltecida y soslayada a partes iguales. Conscientes de peso relativo de sus sectores más radicales en su balance electoral, desde el Partido Popular, se ha evitado siempre que ha sido posible, hacer una condena en firme del golpe de estado y la posterior dictadura franquista. La exaltación del franquismo, la memoria histórica o las políticas de emigración, han recordado en numerosas ocasiones, el cordón umbilical que hasta hace no demasiado tiempo, unía a muchos de los dirigentes y votantes de la derecha española, con la dictadura. Un sector del Partido Popular, caracterizado por un fanatismo tímido, que dentro de sus electorado, comparten una amplia tipología de prejuicios con sectores de la ultraderecha más radical, pero que se obligan a actuar de manera “igualitaria” o “cívica” por temor a la posible sanción legal o social, que dar rienda suelta a su verdadero planteamiento ideológico, podría suponerles.

La Crisis financiera de 2008, unida al socavamiento de los valores proletarios fruto de la posmodernización, han hecho que la derecha burguesa que hasta ahora había concentrado la mayor parte del voto ultra español, comience a resentirse, fruto del hedor a parasitismo y corrupción, que emanan los partidos políticos y a la sensación de desprotección que muchos ciudadanos comienzan a sufrir, debido a las políticas de recortes y austeridad implementadas desde Europa y aplicadas con total diligencia por el parlamentarismo español. Los jóvenes cachorros de la ultraderecha de nuestro país, más acostumbrados al calor de las cacerías en los estadios de fútbol que a la sierra madrileña, actúan de una forma más directa y violenta que el fanatismo tímido de la derecha española. El odio al diferente y la ideología fascista, lleva a muchos de los jóvenes Ultras a buscar inspiración en movimientos con una clara tendencia a la violencia. Movimientos como HamerSkin, Blood & Honour o Volksfront, suponen una nueva amenaza para el resurgir de la ultraderecha en un país demasiado acostumbrado a su intimidación. La clase media europea, supone el nuevo caldo de cultivo, para todo tipo de extremismos, radicales “islámicos” o nacionalsocialistas, encuentran en el sentimiento de desarraigo de los jóvenes europeos, un caladero perfecto para reforzar sus filas con el odio de quienes carecen de un sentimiento de pertenencia, más allá del que les pueda proporcionar el poder de su consumo.

Si bien el propio anacronismo de la existencia del fascismo en las democracias europeas, ha logrado hasta el momento contener el atractivo de la ultraderecha para la mayor parte del electorado, experiencias como CasaPound en Italia, Amanecer Dorado en Grecia o el Frente Nacional francés, han demostrado que una nueva ultraderecha, con un rostro de cara el público más amable y preocupado por la situación de clase obrera, puede lograr crecer en una política desprestigiada y enfangada en el cinismo y el populismo mal entendido, en donde los ultras encuentran el caladero perfecto para lanzar su mensaje de odio al diferente. La nueva ultraderecha española, cimenta desde los municipios una base social que pretende acrecentarse al calor de la crisis económica y la desigualdad social. Partidos como E2000 o Democracia Nacional, llevan a las instituciones, el mismo mensaje de odio y violencia que provoca en las calles, más de 4000 agresiones cada año. 

Organizaciones como Hogar Social Madrid, de marcado carácter fascista, reconocen abiertamente el cambio de paradigmas en la ultraderecha española. La defensa de los más desfavorecidos, siempre y cuando sean patrios,  y la ocupación de espacios simbólicos hasta ahora propios de la izquierda, son la nueva táctica de los fascistas españoles, para recabar mayor repercusión social. El Partido Popular y la derecha tradicional española, son para ellos un enemigo más en la búsqueda del poder político, como quedó de manifiesto en la celebración de la última victoria electoral de los de Mariano Rajoy. Hogar social Madrid, parece pretender unificar la hasta ahora fragmentada y enfrentada ultraderecha española. Si bien, las resistencias de ciertos sectores al liderazgo de Melisa Domínguez, resultan todavía patentes en foros en donde se ataca sin piedad su origen y sexo, como factores que la inhabilitan para ejercer dicho liderazgo, algo a lo que la joven estudiante de antropología social y cultural, parece permanecer ajena, apoyándose para ello, en su envenenada dialéctica y en los dorados minutos que los mass media españoles, parecen de manera extraña empeñados en regalarle.

Haría mal la sociedad y las instituciones españolas, en minusvalorar la amenaza de una alternativa unificada de la ultraderecha en nuestro país. No debemos olvidar, que la mayoría de la derecha española, se integro en la democracia con el anhelo de mantener la paz y seguridad que en su fuero interno, todavía justifican el alzamiento de 1936 y la posterior dictadura franquista. Por ese mismo motivo, la violencia propia de movimientos ultraderechistas de carácter Skin Head o neonazi, se ha encontrado hasta el momento, con serias dificultades a la hora de lograr un soporte electoral firme. Queda por ver si una hipotética alternativa más adaptada a la nueva realidad de la ultraderecha europea, cimentada en la islamofobia y el rechazo frontal a la emigración, podrá ocupar su espacio, en un país en donde la derecha nunca ha renunciado definitivamente al recurso de la violencia, y en donde cada día, la derecha obrera, muestra más desencanto con una democracia a la que culpa de la acuciante perdida de valores y de poder adquisitivo de las clases medias y bajas.

Lucrecia Pérez, Hassan Al Yahami, Guillem Agulló, David Furones, Aitor Zabaleta, Carlos Palomino…nombres que ya no están entre nosotros, y que deben prevenirnos y hacer más presente que nunca, la verdadera cara de la ultraderecha española.

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Autor: @SeijoDani

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental.

https://www.change.org/p/xulio-ferreiro-calle-berta-c%C3%A1ceres-en-a-coru%C3%B1a

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Inda, Kafka y la metamorfosis del periodismo

“El objetivo ya no es para el “cambio” o para el “progreso” o para la “revolución”, sino simplemente para escapar, para vivir en el perímetro más alejado de un mundo que podría haber sido.”

Hunter S. Thompson

Cuando el economista Juan Torres abandono el plató de La Sexta Noche, ante los insultos del señor Eduardo Inda, hacía ya mucho tiempo que gran parte de la audiencia había tomado una decisión similar. Al menos, gran parte de esa audiencia que entiende el debate político como algo más allá de la polémica, el sectarismo o un mero entretenimiento basura, que no llega caer definitivamente en el abismo de la prensa rosa.

Juan Torres se sumaba ese día a la lista de invitados que de una u otra manera, sufrían las interrupciones, el acoso y el enfangamiento del debate de un individuo, que por alguna extraña razón, se siente perfectamente capacitado para alternar el cinismo deportivo y político, a partes iguales en las parrillas televisivas, al tiempo que pretende impartir lecciones de moralidad a toda voz discrepante con su dogma. Un producto propio de los mass media, esos mismos que han visto en la actualidad política, el mismo filón que encontraron en los concursos televisivos, los reality o la alta cocina. Y que ahora, buscan en el periodismo utilizándolo para su provecho, como tan solo un chulo sin escrúpulos podría hacerlo con las cortesanas de su propiedad. Personalmente, he de reconocer que no me molestan especialmente del señor Inda, sus sandeces o sus continuas piruetas con la legalidad y la ética profesional, bendito mando a distancia. Sino que lo hace su visibilidad y su trayectoria profesional, me molesta, no por envidia, ni por una animadversión a su persona, sino por puro bochorno y lástima. Bochorno ante unos medios que al tiempo que recortan plantillas y recursos, que dejan de apostar por formatos como el reportaje de largo recorrido por el coste del mismo o que incluso llegan a convertirse en auténticos corta y pega de fuentes externas, mantienen en sus plantillas a diversos bufones mediáticos, las princesas del pueblo de la información, los reyes de la polémica. Simples productos destinados al titular, al trending topic…al beneficio económico y no social, ni cultural. Y es precisamente en ese punto, en donde me asalta la lástima. Lástima por una profesión que enseña a sus alumnos que de nada sirve el esfuerzo o el riesgo en el oficio, de nada vale la búsqueda incesante de la verdad o el olfato ante una gran historia, si al final del día, las visitas de tu artículo, no tiñen de negro los cada día más acuciantes números rojos del periodismo. No hay sitio para el viejo reportero en la redacción, ni para aquel periodista indisciplinado pero con casta, no hay lugar para el joven impetuoso o el legendario reportero de guerra. Ya no hay sitio para los idealistas, los estrafalarios o los auténticos escritores entre los teclados, se los ha llevado la uniformidad del mercado. Han perdido la batalla ante el cinismo.

Cuando Juan Torres, abandonó el plato de La Sexta Noche, muchas redacciones volvieron a sonreír. Volvió a verse humo saliendo del cenicero de los viejos despachos y porque no, alguna que otra botella escondida entre los cajones de la redacción. El viejo periodismo, ese mismo que algún día se conoció como Nuevo, se cobro una pequeña batalla, quién sabe si la última, eso depende de ustedes, ante los horarios de máxima audiencia, ante lo arcaico del circo moderno.

Reconozco no haber disfrutado de ese pequeño duelo entre dos maneras de entender este mundo, hace ya tiempo que del catedrático andaluz solo sé por sus libros, por su blog y por pequeños artículos y entrevistas que selecciono cuidadosamente de la red. Y es que aunque muchos aún no lo crean, existe toda una democracia informativa ahí fuera, en donde el periodismo, pese a su crisis, es legión.

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Autor: @SeijoDani

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental.

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El cinismo en la imprenta

Libertad de prensa:  derecho que poseen los medios de comunicación para investigar e informar sin ningún tipo de limitación o coacción, como la censura previa, el acoso o el hostigamiento.

 

Guerras olvidadas en los límites de repúblicas ex soviéticas, violaciones en Yuba o Haití, jóvenes asesinados con nuestras armas en Yemen, represión en El Aaiún, las coacciones laborales en tu empresa o el negocio de las minas del coltán en el Congo. Siete noticias que sin duda no abrirán las portadas de ningún medio mañana, y que quizás, ya no encuentren el espacio suficiente en unos altavoces informativos, cada vez más saturados de publicidad y lo que algunos darían en llamar publireportajes o para ser más exactos: propaganda.

Son malos tiempos para el periodismo. Y lo son, en parte, por ti y por mi. Por todos los que hemos abandonado al llamado cuarto poder, en manos de accionistas con sus propios intereses y gobiernos de mecenato. En donde la única guía de la palabra, es en demasiadas ocasiones, simplemente la moneda. Nos encontramos, como señalaba Rafael Correa, en una entrevista que le realizaba Ana Pastor para TVE, ante una realidad escrita por quién depende del sustento del dueño de la imprenta. Una realidad en muchas ocasiones vilipendiada y manipulada en las redacciones de medio mundo, como paso previo para ser servida en nuestros quioscos, radios y televisiones cada mañana. La verdad ya no importa, ya tan solo lo hace, la inmediatez del contenido.

Sabemos con premura cuando ha ocurrido un atentado, aunque nada sepamos del origen de la organización que lo comete. Conocemos al instante los muertos por violentas protestas contra regímenes totalitarios que apenas logramos localizar en el mapa, y de los que ni mucho menos podríamos formarnos una idea política propia e ingerimos cada mañana, tarde y noche: asesinatos, novedades políticas, deportes y cultura de medio mundo, sin que ello nos aporte nada. Aunque parezca mentira, nos mantenemos más desinformados que nunca de la realidad que nos rodea, vivimos en la época de la información y carecemos de ella. En la década de los mass media, hemos pasado de un periodismo como medio de denuncia, a un periodismo como escaparate ideológico, como mero altavoz de pequeños grupos de poder. Un periodismo por tanto, al servicio de quienes lo financian.

Una amenaza del poder político y empresarial al periodismo que ha sido factible, en gran medida, gracias a que los lectores no hemos respaldado de manera enérgica a los medios y a los profesionales que se levantaban cada mañana, con la única intención de mostrarnos un mundo sin adulterar. Sin duda alguna, los Rupert MurdochMichael Bloomberg o Carlos Slim de turno, no buscan a periodistas como Alberto Arce o Hernán Zin, a nadie importa lo que pasa en Tegucigalpa, y Palestina, hace mucho tiempo que dejó de ser rentable. En eso se ha convertido para ellos el periodismo, en pura rentabilidad, y si para ello las portadas de sus medios tienen que derrocar a un gobierno o potenciar la imagen de su propio candidato, sin duda lo harán. Y no creo que se lo impida precisamente su ética.

Son malos tiempos para confiar en un medio o en una línea editorial, malos tiempos para levantarse con el periódico de siempre cada mañana y sin duda, malos tiempos para los periodistas valientes. Pero no todo está perdido. De las cenizas de la credibilidad hipotecada de los medios tradicionales, han surgido grandes iniciativas con un alma propia. Proyectos como 5W o diarios como infoLibre o eldiario que buscan devolver al periodismo no solo su decencia, sino también su valía.  De la mano de amplios reportajes, en donde de nuevo lo que cuenta es responder las preguntas y no solo atraer las miradas ante un titular pomposo, el periodismo goza de una segunda oportunidad. Iniciativas valientes, pero también caras, que viven continuamente en un complicado equilibro entre brillantes reportajes y cuantiosas facturas que les permitan hacer verdadero periodismo un día más.

Es nuestra responsabilidad el mantenerlos en pie. Es nuestro derecho a una información libre e independiente el que está en juego, y sin duda, para poder vivir en un mundo libre, uno debiera tener la oportunidad de poder conocerlo primero.

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Dedicado a Manuel Rico y Fernando Berlin, así como a tantos otros periodistas que luchan con su trabajo, por un derecho que es de todos. Fuerza y gracias de todo corazón.

 

 

 

Juegos de trileros

Termina el verano, y con el regresamos los españoles de las vacaciones con la sensación de volver a ese eterno día de la marmota que supone ya la política en nuestro país. Regresamos a las declaraciones en los pasillos, a las ruedas de prensa y a esos platós de los mass media, en donde los debates siempre parecen alargarse, sin que parezcan aportar nada.

Regresamos al desgobierno en funciones y con ello a la tutela de Europa y de los mercados; si es que alguna vez nos habían dejado, al paro, a la corrupción y especialmente regresamos al miedo a unas nuevas elecciones. Una amenaza que pareciera cobrar una desmedida virulencia en un país que ha estado, en su pasado, 37 años sin celebrar unas elecciones libres, y en donde la clase obrera ha llegado a temer más a unos comicios que a la propia continuidad de las políticas de la precariedad y los recortes. Puede que mucha de esa animadversión repentina a los comicios, encuentre su explicación en la única alternativa que se ha planteado hasta ahora desde los partidos a las urnas. Alternativa en  forma de pactos de trileros entre partidos, en donde las promesas parecen ser gratuitas y apenas encuentran ya repercusión entre las esperanzas de los españoles.

Y es en medio de todo este eterno despertar político en el que se ha convertido nuestra existencia, en donde parece cobrar especial protagonismo un nuevo pacto, ésta vez entre Ciudadanos y Partido Popular, que en la búsqueda de su particular ménage a trois de gobierno con el PSOE, han decidido presionar al partido de Pedro Sánchez con un acuerdo en donde la formación naranja plantea combatir la corrupción de los populares, tras pasar un documento de condiciones innegociables, por el visto bueno de un comité ejecutivo, el del PP, en donde todavía hoy, permanecen Carmen Navarro, Ana Mato o Rita Barbera, entre otros tantos nombres encargados, al parecer, de supervisar  el cambio político de nuestro país.

 

Triste camino el de un partido como Ciudadanos que hoy pacta con el PSOE y mañana con el PP, variando para ello si es preciso, en donde sea, sus postulados y el de un Partido Popular que por sorprendente que parezca tras 30 años de democracia, sigue sin entender que ser el partido más votado en las elecciones de un sistema parlamentario, no supone una carta blanca a la hora de formar gobierno. Un pacto entre naranjas y populares que parece pretender solapar con nuevas promesas de cambio, lo que hace ya tiempo, deberían ser responsabilidades políticas para un partido que ha gobernado España infestado por la corrupción, y que si nada cambia, parece dispuesto a volver  a hacerlo con el voto amigo, eso si con las narices tapadas, de la formación naranja. A día de hoy, esta parece suponer la única y surrealista alternativa para evitar concurrir de nuevo a las urnas.

Todo ello en un país en donde la izquierda a la espera de las elecciones gallegas y vascas, sigue sin comprender que la renuncia al acuerdo con los nacionalismos, tarde o temprano será una promesa más incumplida por alguna de las partes, ya que pese a todo, y atendiendo al panorama político que se nos presenta, sigue suponiendo la única llave viable para la formación de futuros gobiernos.

 

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Autor: @SeijoDani

 

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental.

Desde DowJones te agradecemos tu colaboración.

https://www.change.org/p/xulio-ferreiro-calle-berta-c%C3%A1ceres-en-a-coru%C3%B1a

 

«Ábrete, Sésamo!»

Y resulta que no eran 40 ladrones, sino muchos más. La filtración de 11,5 millones de documentos a través de “EL Consorcio Internacional de Periodismo de Investigación” ese tipo de periodismo al que pretenden matar los mass media y por algo será, ha dejado al descubierto las espurias relaciones económicas de empresarios, políticos, deportistas, personalidades de la cultura y miembros de las familias reales de medio mundo con el despacho de abogados panameño Mossack Fonseca. Despacho con el que ya desde los años setenta, han venido trabajado bancos como el UBS suizo o el británico HSBC para gestionar los activos opacos de sus respectivos clientes.

Nos han impuesto sus ajustes y privatizaciones, al tiempo que evadían ese dinero que se suponía tan escaso para nosotros, y ante la mirada impasible de una élite política inepta en el mejor de los casos y complice en gran parte de ellos.

Nos convencieron de que se trataba de una crisis, de que eran necesarios los esfuerzos para salir del bache circunstancial en el que nos encontrábamos. Nos pidieron solidaridad,  una vez más, a esa clase obrera ya cansada de ver como aumentan los esfuerzos y se dilapidan los derechos. Pero nos engañaron, no se trataba de una crisis, sino que se trataba de una verdadera estafa.

Una estafa con la que el 1% por ciento de la población mundial, el mismo porcentaje que controla el 99% de la riqueza del planeta, lanzaba una nueva ofensiva neoliberal con la que dilapidar los restos del estado de bienestar europeo, y favorecer de esa manera una ola de privatizaciones y recortes sociales que sin duda ha aportado grandes réditos a esos que presumen de bandera patria, pero que ponen a buen recaudo sus ingresos en paraísos fiscales. Y siempre a poder ser, dejando la mínima aportación tributaria en las arcas de la tan querida patria.

No volverán los créditos para un televisor o las vacaciones con los niños cada verano, no van a regresar los salarios por encima de los mil euros como norma, no volverán los puestos fijos o los derechos laborales, y ni tan siquiera debemos de mantener la esperanza de que vuelvan nuestros jóvenes. Esos que exiliados de otra guerra, la de clases, han dejado atrás un país que les pertenece para buscarse un futuro mejor en tierras más propicias para esa nuestra generación mejor formada de nuestra historia. Quién sabe si en Reino Unido o en Suiza quizás.

Dejamos escapar la oportunidad de cambiar las cosas durante los primeros compases de la crisis de 2008, cuando banqueros y políticos tenían verdadero temor ante una revolución global que cambiase las normas del juego para siempre. Abandonamos las calles, cuando nos prometieron que aceptarían pequeños cambios; que finalmente nunca llegaron, si jugábamos con sus reglas y en sus parlamentos. Pero ya no podemos seguir tapándonos los ojos ante una realidad que nos golpea de nuevo directamente a la cara. 

El capitalismo tal y como lo conocemos ha muerto. Debemos salir a las calles para pedir una sociedad más justa, una sociedad en donde las reglas del juego sean iguales para todos y en donde la política sea al fin un instrumento del pueblo y para el pueblo.

El destape más grande de la historia de las miserias del capitalismo, debe de significar el cese del paradigma neoliberal en nuestras vidas. Debemos de recuperar el sentido social de la economía y más importante aún, debemos de recuperar la dignidad de un pueblo que no puede asumir ni por un instante más, un régimen de servidumbre camuflado tras una nómina a final de mes.

#panamapapers debe significar algo más que una exclusiva periodística, algo más que el nombre de una estrella de fútbol o de un presidente corrupto en las portadas. Estamos ante la constatación de que nos han estado robando sistemáticamente y de que las instituciones que se suponía debían impedirlo les han facilitado el trabajo. No en vano, resulta sencillo constatar como los mismos nombres que pueblan los casos de corrupción, son al fin y al cabo, los que tarde o temprano terminan vinculados a las tramas opacas para evadir capitales.

Hagamos de esta filtración nuestro golpe de fotuna, nuestra cueba de Alí Babá

 

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Autor: @SeijoDani

 

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental.

Desde DowJones te agradecemos tu colaboración.

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¿Bajar los brazos?

Comienza una semana en la que muchas cosas parecen cambiar,para que todo siga igual.Manifestaciones,acampadas,paralización de desahucios,movilización ciudadana,represión,nueva política,viejas costumbres y un sin fin de términos que podríamos acuñar para definir estos cinco años desde aquella Spanish Revolution,que durante un instante nos hizo pensar,al que más o al que menos,que realmente podríamos cambiar las cosas.

Cinco años  de luchas y de esperanza,en los que ha cambiado el rey pero permanece la monarquía,en los que han cambiado los cargos pero permanece la impunidad y lo más lamentable de todo:cinco años en los que han cambiado las marionetas pero persisten sus titiriteros.

Cometimos el grave error de abandonar las calles para confiar el peso del cambio de nuevo a las urnas.Pensamos que podríamos cambiar su juego desde dentro y nos encontramos con que es difícil saltarse las reglas sin de vez en cuando romper alguna carta.Sus leyes mordaza,sus amnistías fiscales,sus desequilibrios electorales,sus pactos con la fiscalía…,miles de atajos para unos pocos,los de siempre,que pese a todo,continúan dominando el juego que parece someternos a todos.

Tuvimos nuestra gran oportunidad en el inicio de esta crisis que no comenzamos.Tuvimos la oportunidad de acorralar a los bancos,de exigir la nacionalización de los mismos,de deshacernos de una desprestigiada clase política y de una pseudodemocracia que lleva demasiado tiempo anclándonos en este eterno 1984 y  a golpe de huelgas y manifestaciones,exigir un cambio drástico en un modelo productivo que esclaviza el esfuerzo de todos para el beneficio de unos pocos.

Pero la perdimos,perdimos aquella oportunidad.Acorralados entre el bombardeo sus mass media y en estado de shock ante los despidos en masa,terminamos por creernos aquel mea culpa de que el colapso financiero era nuestra responsabilidad,que habíamos vivido por encima de nuestras posibilidades hipotecando nuestras vidas y que hora debíamos asumir las consecuencias.Y cuando eso no funciono,simplemente centraron nuestro odio en los inmigrantes o en cualquier otro colectivo que pudiese resultar una presa fácil.Utilizaron nuestra falsa sensación de pertenencia a una clase media,para desviar el odio hacia abajo,mientras intentaban mantenernos aletargados.Nos dijeron que la austeridad era necesaria,que de esa manera  pronto fluiría el crédito.Nos prometieron que volverían los tiempos del dinero fácil,de aquellos prestamos que no podemos pagar concedidos para cosas que no necesitamos.Y eso nos tranquilizó,y continua haciéndolo,aunque en el mejor de los casos sea una cruel mentira.

Apelaron a nuestro ansía consumista para lograr crucificar nuestra sanidad,nuestra educación y nuestras libertades en pos del dios dinero y el gran pecado original del consumismo.Nos engañaron diciéndonos que Syriza o Podemos,eran los bolcheviques de nuestro tiempo y dejaron que estos,no sé si por ignorancia o simplemente por creer que era lo mejor para avanzar en su eterna derrota,vaciaron las calles y las plazas abandonando a su suerte a esos últimos soldados del Kronstadt,en forma de huelgas y movimientos antisistema que todavía entonces,quién sabe si con más o menos razón,seguían gritando al mundo que nada cambiaría si terminaban sacándonos de las calles.

Cinco años para encontrarnos en España,ante un pacto entre los mal llamados socialistas y una derecha nueva,pero con ese viejo olor a rancio.Cinco años que nos recuerdan que tanto ha cambiado,pero que no se ha movido nada.

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Autor: @SeijoDani

 

 

El amor es ciego.

50 personas bajo la lupa de la justicia,entre los que se encuentran 20 concejales y exconcejales,una treintena de asesores del Partido Popular valenciano y 7.215.530 cómplices repartidos por toda España como votantes que con su apoyo electoral a una organización criminal en forma partido político,han dado el visto bueno a una corrupción vespasiana que desde la época de Naseiro,hasta el caso Bárcenas,ha marcado la hoja de ruta del PP utilizando el poder político y los fondos públicos provenientes del mismo,para obtener un lucro ilícito de forma personal y para beneficio del propio partido.

El ‘caso Imelsa‘ supone una nueva bofetada a la sociedad española,un nuevo clavo en un ataúd político,el del Partido Popular que hace tiempo en cualquier sociedad crítica con sus dirigentes,debería encontrarse enterrado bajo el peso de una corrupción  asfixiante incluso ya para la propia cúpula del partido.Pero esto no sucederá en España,en un país acostumbrado al revanchismo y a la confrontación más cercana al garrote que al estrado,las dos españas parecen dispuestas a obviar las flagrantes corruptelas de sus alcaldes y presidentes,siempre y cuando los Mass media garanticen un continuo flujo de información en donde encontrar algún caso en la otra orilla política para desahogar su rabia y frustración ante un panorama social cada vez más desolador.

Y ante todo esto,uno como votante de izquierdas,se pregunta si a la vista de los resultados electorales y viendo lo aferrados que se sienten a sus siglas,no deberían de ser los propios votantes del Partido Popular los primeros interesados en tirar de la manta,en desmontar un guión propio de la corrupción más casposa para intentar recuperar así antes de que sea tarde una alternativa política cada vez más infectada por la corrupción con cada día que pasa.Como dijo el por ahora presidente en funciones,tenemos lo que merecemos.

 

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Autor: @SeijoDani

El periodismo y sus trincheras

Cuando uno escucha de nuevo la ya sempiterna frase de que el periodismo ha muerto, no puede cuanto menos que dejarse llevar, una vez más por ese pequeño rincón de su mente en el que todavía sobreviven, sin que el tiempo parezca afectarles, los grandes nombres del periodismo. Nombres a los que sin duda tanto la profesión periodística, como la ciudadanía debemos tanto, como lo son el de Joseph Kessel, Seymour Hersh, Bob Woodward o Günter Wallraff.

Es cierto que puede que en realidad el periodismo no haya muerto y que en cierta medida no vaya a hacerlo nunca. Pero hemos de reconocer sin discusión alguna, que no parecen que sean estes precisamente los mejores tiempos para acercarse con esperanza a la profesión. Aunque todavía vivo, los grandes momentos del periodismo parecen haber pasado ante nosotros sin que podamos vislumbrar nuevas esperanzas de recuperarlos en un horizonte cercano.

En pocas décadas hemos pasado de un periodismo que funcionaba como prolongación de las inquietudes y curiosidades de la ciudadanía, a una simple extensión ya afianzada de la voz unísona del sistema económico y político. De un periodismo el cual rebuscaba en los vertederos políticos, a uno en el que se encienden los focos únicamente ante la señal de la luz roja con la que los políticos deciden mandar un mensaje previamente establecido, al tiempo que se apagan las ya escasas voces críticas que sobreviven en los medios actuales. En definitiva, hemos pasado de un periodismo rebelde y de trinchera a un periodismo atrincherado en sí mismo.

Nombres como los de Ana Pastor, Esther Palomera o Carlos Cúe; entre otros tantos, a los cuales diariamente atribuimos la envenenada responsabilidad de representar el garante del escaso periodismo crítico y mordaz que existe en nuestro país, no deberían de suponer para esta profesión más que la norma establecida por la que se guiara la misma. Desgraciadamente, no es así. Hoy en día, el cuarto poder que se le atribuye a la prensa, se ve inmerso en una voraz y desastrosa batalla por las audiencias y los beneficios, en donde los ciudadanos somos utilizados como meros destinatarios en los que poder inocular cualquier tipo de mensaje previamente establecido por la política o el gran empresariado.

La veracidad y la información ya no son lo primordial para el medio, los ingresos publicitarios y las inversiones de capital se han convertido en la piedra angular de la agenda de los directores, que han sustituído así en poco tiempo la responsabilidad ante la audiencia básicamente por el deber ante sus accionistas.

Con esta situación, a nadie debiera extrañarle ya la imparable polarización de los grandes medios en corrientes de opinión claramente asimiladas a los diferentes grupos empresariales o políticos ¿Cómo pretendemos reclamar información verídica de una guerra o de la gestión de un gobernante cuando los intereses del principal accionista de un medio se pueden ver afectados por la opinión que los lectores del mismo tengan de esa situación?

Tal realidad ha provocado que el periodismo haya encaminado su modelo informativo a una especie de breve cápsula de entretenimiento en donde el espectador no deba más que interiorizar el mensaje que se le transmite sin que exista una necesidad de desarrollo del concepto crítico. Vivimos inmersos en la actualidad informativa, pero estamos más desinformados que nunca. La obsesión de la primicia y el último minuto nos ha llevado a un periodismo en donde la vida útil de las noticias termina antes de que se puedan desarrollar plenamente las mismas ¿Acaso podría alguno de nosotros atendiendo a los medios explicar la confusa situación de la guerra civil en Ucrania?,¿Podríamos conocer la situación en Haití tras el terremoto o las consecuencias de los vertidos en Fukushima? seguramente nos resultaría complicado.

Resulta necesario salirnos de la falsa sensación de vernos informados que desde los grandes medios quieren que experimentemos, no necesitamos más mini dosis informativas, ni más periodistas que escudados en sus editoriales nos transmitan lo que debemos pensar como si de antiguos dioses mesopotámicos de la información se tratasen. Lo que urgentemente necesitamos en la sociedad es a esos periodistas vocacionales y embarrados que durante tanto tiempo nos descubrieron las luces y las sombras de la realidad, para que nosotros mismos pudiésemos adaptarla a nuestra visión de la misma.

Puede que el periodismo no haya muerto, pero si las cosas no cambian, puede que sí lo hagan los medios. En los tiempo de internet y las redes sociales, las ciudadanía no seguirá soportando la mentira, la omisión o el engaño en los mismos. Sucesos como el 11M o el movimiento de los indignados, demostraron como incluso ante un cerrajón informativo de los grandes medios tradicionales, resulta ya imposible ponerle coto a la realidad. La sociedad vive tiempos convulsos y busca desesperadamente alguien o algo que ocupe el hueco dejado en las trincheras por muchos periodistas y ese hueco lo esta ocupando internet, un medio que lejos de suponer la potencial arma de apertura al debate y contacto con la ciudadanía que se podría suponer para las grandes agencias informativas, no pasa en la mayoría de ellas de un mero atrezo que no los aleje demasiado de la aparente modernidad. Y esto es así, no por falta de medios o apertura de miras, sino porque internet es, para un periodismo sometido al orden establecido, un arma que fácilmente se les puede escapar de las manos sin que aporte grandes beneficios.

Son tiempos complicados para una profesión siempre en crisis, pero hoy al igual que siempre, siguen existiendo grandes periodistas, lo que sí escasea es la libertad en los grandes medios y estamos muy necesitados de ella.

nn

Autor: @SeijoDani