Año Mariano

La comparecencia en la Audiencia Nacional del presidente del gobierno, Mariano Rajoy Brey, como testigo en el juicio por la primera época de la trama Gürtel; nombre este con el que se denomina a la red de corrupción vinculada al Partido Popular que ha sentado en el banquillo a decenas de empresarios y políticos disolutos, supone un paso más en el devenir judicial de la posiblemente mayor trama de corrupción política de nuestro país, además de marcar un punto y a aparte en la perversión del Partido Popular, así como en la decadencia moral del conjunto de nuestras instituciones. La histórica declaración del presidente de Gobierno como testigo en un juicio por la corrupción de su partido, supone sin duda un hito televisivo, una oportunidad para los grandes titulares, los pequeños artículos, como el que en este momento me dispongo a desarrollar y seguramente poco más, después de todo, nadie en su sano juicio podría esperar en España un varapalo judicial serio contra los mandamases del PP,  nadie excepto los más crédulos o inocentes con el sistema.

En una actuación perfectamente ajustada al derecho, en un país en donde las normas y las leyes han estado siempre moldeadas para castigar con mayor contundencia al robagallinas que al ladrón de guante blanco, el presidente del Tribunal, Ángel Hurtado, trastocó desde un primer momento toda posibilidad de sorpresa en el desarrollo de la jornada, cuando entre continuas interrupciones y oportunos vetos a preguntas consideradas como “no pertinentes”, logró facilitar en gran medida la defensa de un Mariano Rajoy, que si bien acudía a este juicio oficialmente como testigo, no pudo ocultar en un inicio los nervios propios de quien se sabe suspendido sobre un gran foso de corrupción política totalmente inasumible para un presidente del gobierno.

Pronto, el nerviosismo inicial dio paso a una plácida comparecencia marcada en la dirección por un Ángel Hurtado dispuesto a entorpecer la posibilidad de los abogados de indagar en matices o intentar que el testigo pudiese incurrir en alguna contradicción en sus declaraciones. Ante este devenir de los acontecimientos, Rajoy vaciló por momentos entre la amnesia propia de la familia real, haciendo gala en su declaración de los siempre útiles “no lo sé”, “no lo recuerdo”, “no me consta” y la aparentemente más elaborada estrategia de intentar separar la realidad económica y política de su partido. “Mi responsabilidad era política, no económica” o “Yo era un político y lo sigo siendo (…) eso no es tarea del presidente, sino de los servicios económicos”.

En apenas dos horas, el líder del Partido Popular, tuvo tiempo para negar conocimiento alguno sobre la financiación irregular del PP, los sobresueldos, las obras de su sede central o las cuentas A de su partido. “No tuve absolutamente ningún conocimiento (de la caja B). Mis responsabilidades son políticas, no de contabilidad”. Todo ello, pese a la insistencia del Partido Popular en la absoluta predisposición del presidente del Gobierno, para lograr esclarecer la responsabilidad política de su partido en los casos de corrupción; una falsa actitud de complacencia con la justicia que pronto se vino abajo, cuando haciendo uso de sus privilegios, el presidente del Gobierno decidió entrar a escondidas en la Audiencia Nacional intentando evitar el acoso de la prensa y de una gran parte de la ciudadanía, que se manifestaba en las cercanías dando muestra de su hartazgo con el lodazal de corrupción política en su partido.

Volvió entonces el Rajoy más burlón, el que con la inestimable ayuda de los abogados defensores se permitió una vez más recurrir; esta vez en sede judicial, a la posverdad, a la chulería parlamentaria, “Igual se ha confundido usted de testigo”, le recriminó al abogado de la asociación que logró que se le citase a declarar como testigo, y al pasotismo, “en el Partido Popular ha habido sus problemas y sus historias, como las ha habido, y muchas, en otras fuerzas políticas distintas“. A duras penas, el presidente del Gobierno logró abandonar la Audiencia Nacional evitando en cierta medida el componente mediático, en un proceso judicial por la trama Gürtel, en donde precisamente la prensa se ha encargado en más de una ocasión de ponerlo contra las cuerdas o más exactamente tras la pantalla de un plasma.

Pese a todo, resultará complicado para Mariano Rajoy salir airoso como presidente del Partido Popular, de un proceso que en gran medida engloba la contabilidad B de su partido  (una trama de recepción de donativos ilegales de constructoras y entrega de dinero negro a los dirigentes conservadores) que ha salpicado ya de una u otra forma a todos los niveles de su organización. El apelar al “yo no sé nada” y el desesperado aferramiento al poder, fruto de la inexplicable complacencia de PSOE y Ciudadanos, además de la inoperancia institucional de Unidos Podemos, suponen una excusa demasiado efímera para un presidente del Gobierno envuelto por incapaz o por complice, en la mayor trama de corrupción política de nuestro país. Un país que pese a todo continua sumido en la más absoluta docilidad frente a los desmanes de una clase dirigente que lo gobierna con impunidad cara al abismo.

“Lo siento mucho pero las cosas son como son y a veces no son como a uno le gustaría que fueran”

Mariano Rajoy Brey 

MARIANO RAJOY EN CANTABRIA

 

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Una paz sin diálogo

8 abril de 2017 una fecha llamada a marcar la historia de nuestro país. Jean-Noel Etcheverry fundador de la agrupación ecologista Bizi! y detenido el pasado 16 de diciembre por su supuesta vinculación a la organización terrorista ETA, ha señalado ante la opinión pública esa fecha como la del último paso previo para encarar la total disolución del movimiento terrorista vasco Euskadi Ta Askatasuna (País Vasco y Libertad).

Un paso más en una hoja de ruta hacia la paz, en el que la postura del gobierno español ha sido la del inmovilismo durante estos últimos cinco años sin violencia. Una línea de actuación atrincherada en la negativa a asumir cualquier tipo de responsabilidad en la mesa de negociación, y en las sucesivas actuaciones policiales que en medio de un proceso de paz, parecen más encaminadas a dinamitar a la sociedad civil abertzale que a facilitar el camino para la total disolución de la organización terrorista. Un proceso que se afianzada únicamente en una sociedad civil que sigue firme al mando del mismo, pese a las continuas negativas de los gobiernos español y francés para erigirse como interlocutores ante la organización terrorista ETA.

Curiosamente, quienes durante décadas no dudaron en modular sus discursos o en tomar asiento en primitivas negociaciones ante los asesinos prometiendo “generosidad, mano tendida y espíritu abierto”, hoy son los mismos que muestran una incomprensible pero tajante negativa ante la perspectiva de asumir el cometido de quién en un proceso de paz tiene el deber de representar a un estado con un conflicto armado dentro de sus fronteras. Desde el decimoquinto congreso del Partido Popular Vasco, Mariano Rajoy hacía mención al comunicado de ETA, poniendo de nuevo el acento de su discurso en la negativa del gobierno español a entablar cualquier tipo de diálogo con la organización terrorista, y señalando la persecución policial como la única decisión política capaz de poner fin al conflicto “Esta posición que mantenemos nosotros es la justa, la democrática, la que preserva la dignidad de las víctimas del terrorismo y, por si a alguno no le llegaran esos argumentos, es también como el tiempo está encargando de demostrar, la mas eficaz para la disolución definitiva de ETA. Es es lo que tengo que decir sobre esto”  Una vía la de la negativa al diálogo que utiliza la voz de las víctimas para justificar una decisión exclusivamente política, y que no parece encontrar justificación en una sociedad vasca profundamente comprometida con la normalización de la convivencia política y social de un pueblo,  que todavía hoy arrastra profundas cicatrices fruto de la violencia.

Cinco años después de que ETA anunciase en un comunicado de apenas dos minutos y medio el “cese definitivo de la actividad armada” sin condiciones, el último conflicto armado de Europa continua incomprensiblemente estancado entre la pasividad gubernamental, y la desesperada intentona por parte de los terroristas para edulcorar la derrota como una última vía de expiación, para quienes años después al fin parecen percatarse de lo absurdo e innecesario de todo el dolor provocado. Un dolor reflejado en las 849 víctimas mortales por los atentados de la banda terrorista, en los presos, en los torturados, pero también en las familias y en la impotencia de todos aquellos que durante décadas, han visto como la amenaza de las armas frustraba cualquier esfuerzo de debate en Euskadi.

Con el desarme de ETA, el fin de la violencia terrorista en nuestro país se dibuja como una realidad inevitable cercana, pero haría mal el estado al confundir la disolución de la banda terrorista con el final del propio conflicto vasco. La inexistencia de una hoja de ruta consensuada y un futuro desarme que todo indica no podrá producirse de forma verificada y ordenada, por la negativa del gobierno español a erigirse como interlocutor en el proceso de paz, suponen una nefasta señal para el futuro de una sociedad en donde las heridas abiertas son numerosas, y todavía son muchos los que en uno y otro bando parecen mostrarse incapaces de sobrevivir al cambio de mentalidad para una convivencia sin tensiones. El diálogo resulta más importante que nunca, cuando se hace patente que son muchas las cicatrices que sobrevivirán a la banda terrorista. El estado debe encontrarse hoy al lado de una sociedad civil que no puede sumar al dolor de los muertos, el peso de construir la paz en solitario. 

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Franco ha muerto, sus cachorros caminan

España, un país con cuatro décadas de dictadura fascista a sus espaldas. Un país olvidadizo, de silencios tensos y amenazas todavía latentes. Un país, en el que muy al contrario que en la mayor parte de las experiencias de gobierno de la ultraderecha en Europa, el dictador y con él su estructura social y de poder, nunca terminaron de marcharse, sino que tan solo se adaptaron a una nueva realidad, a nuevos tiempos. Tiempos en donde el miedo y la violencia, se antojaban menos útiles cuando se ejercían directamente desde el traje militar y en las instituciones. El fascismo español y el propio Franco, se libraron de los pelotones de ejecución, del exilio o la condena internacional, sin que nunca se llegase a pedir perdón por lo crímenes cometidos. La guerra fría, el dólar  y un turismo que poco o nada quiso saber del pasado de nuestro país, renovaron la cara a quienes algún día, también aquí, ensalzaron los peores demonios del ser humano, pese a no llevar, habitualmente, esvásticas en sus pecheras.

La muerte de Franco, supuso el punto y final a la última experiencia de gobierno de la ultraderecha en Europa. Con la muerte del dictador, los que habían aprovechado la mancha de sangre en sus manos y el reino del terror impuesto en dependencias policiales, renegaron de su pasado y convicciones fascistas, en busca de mayores oportunidades en una transición a la democracia, perfectamente orquestada y ejecutada desde las más altas esferas del propio franquismo. No resulto complicado para las grandes familias del fascismo español, el cambio de chaqueta y de convicciones. Muerto el dictador, la idolatría de la burguesía española, encontró en la democracia capitalista y en las oportunidades de negocio que esta ofrecía, el perfecto substituto a un sistema, ya por aquel entonces, profundamente anacrónico como para plantearse pagar un precio por su defensa. Fueron las clases trabajadoras españolas, y especialmente aquellos con un sentimiento de marcada pertenencia al régimen, los que mayor impacto sufrieron con un cambio, considerado por muchos como una traición. Mientras que gran parte de los españoles despertaban de una larga y cruel pesadilla, los pequeños cachorros del fascismo español, se sumían en una decadencia de la que ni todo su odio, sería capaz de rescatarlos. Partidos como Alianza Nacional 18 de Julio o Falange Española de las JONS, que pretendían mantener viva la herencia del dictador, se vieron relegados a la insignificancia en una lucha parlamentaria, en donde la Alianza Popular de Manuel Fraga, plagada de ex jerarcas franquistas, enseguida logro arrebatarles el dominio electoral del franquismo.

Desde Alianza Popular hasta su reconversión en el Partido Popular, el partido hegemónico de la derecha española, ha sabido canalizar hasta el día de hoy, un voto  de marcada ideología ultraderechista, en el seno de un supuesto partido conservador de centroderecha; y lo ha conseguido, con un juego de equilibrios, extremadamente complicado de mantener en muchas ocasiones, en el que la herencia del franquismo, es enaltecida y soslayada a partes iguales. Conscientes de peso relativo de sus sectores más radicales en su balance electoral, desde el Partido Popular, se ha evitado siempre que ha sido posible, hacer una condena en firme del golpe de estado y la posterior dictadura franquista. La exaltación del franquismo, la memoria histórica o las políticas de emigración, han recordado en numerosas ocasiones, el cordón umbilical que hasta hace no demasiado tiempo, unía a muchos de los dirigentes y votantes de la derecha española, con la dictadura. Un sector del Partido Popular, caracterizado por un fanatismo tímido, que dentro de sus electorado, comparten una amplia tipología de prejuicios con sectores de la ultraderecha más radical, pero que se obligan a actuar de manera “igualitaria” o “cívica” por temor a la posible sanción legal o social, que dar rienda suelta a su verdadero planteamiento ideológico, podría suponerles.

La Crisis financiera de 2008, unida al socavamiento de los valores proletarios fruto de la posmodernización, han hecho que la derecha burguesa que hasta ahora había concentrado la mayor parte del voto ultra español, comience a resentirse, fruto del hedor a parasitismo y corrupción, que emanan los partidos políticos y a la sensación de desprotección que muchos ciudadanos comienzan a sufrir, debido a las políticas de recortes y austeridad implementadas desde Europa y aplicadas con total diligencia por el parlamentarismo español. Los jóvenes cachorros de la ultraderecha de nuestro país, más acostumbrados al calor de las cacerías en los estadios de fútbol que a la sierra madrileña, actúan de una forma más directa y violenta que el fanatismo tímido de la derecha española. El odio al diferente y la ideología fascista, lleva a muchos de los jóvenes Ultras a buscar inspiración en movimientos con una clara tendencia a la violencia. Movimientos como HamerSkin, Blood & Honour o Volksfront, suponen una nueva amenaza para el resurgir de la ultraderecha en un país demasiado acostumbrado a su intimidación. La clase media europea, supone el nuevo caldo de cultivo, para todo tipo de extremismos, radicales “islámicos” o nacionalsocialistas, encuentran en el sentimiento de desarraigo de los jóvenes europeos, un caladero perfecto para reforzar sus filas con el odio de quienes carecen de un sentimiento de pertenencia, más allá del que les pueda proporcionar el poder de su consumo.

Si bien el propio anacronismo de la existencia del fascismo en las democracias europeas, ha logrado hasta el momento contener el atractivo de la ultraderecha para la mayor parte del electorado, experiencias como CasaPound en Italia, Amanecer Dorado en Grecia o el Frente Nacional francés, han demostrado que una nueva ultraderecha, con un rostro de cara el público más amable y preocupado por la situación de clase obrera, puede lograr crecer en una política desprestigiada y enfangada en el cinismo y el populismo mal entendido, en donde los ultras encuentran el caladero perfecto para lanzar su mensaje de odio al diferente. La nueva ultraderecha española, cimenta desde los municipios una base social que pretende acrecentarse al calor de la crisis económica y la desigualdad social. Partidos como E2000 o Democracia Nacional, llevan a las instituciones, el mismo mensaje de odio y violencia que provoca en las calles, más de 4000 agresiones cada año. 

Organizaciones como Hogar Social Madrid, de marcado carácter fascista, reconocen abiertamente el cambio de paradigmas en la ultraderecha española. La defensa de los más desfavorecidos, siempre y cuando sean patrios,  y la ocupación de espacios simbólicos hasta ahora propios de la izquierda, son la nueva táctica de los fascistas españoles, para recabar mayor repercusión social. El Partido Popular y la derecha tradicional española, son para ellos un enemigo más en la búsqueda del poder político, como quedó de manifiesto en la celebración de la última victoria electoral de los de Mariano Rajoy. Hogar social Madrid, parece pretender unificar la hasta ahora fragmentada y enfrentada ultraderecha española. Si bien, las resistencias de ciertos sectores al liderazgo de Melisa Domínguez, resultan todavía patentes en foros en donde se ataca sin piedad su origen y sexo, como factores que la inhabilitan para ejercer dicho liderazgo, algo a lo que la joven estudiante de antropología social y cultural, parece permanecer ajena, apoyándose para ello, en su envenenada dialéctica y en los dorados minutos que los mass media españoles, parecen de manera extraña empeñados en regalarle.

Haría mal la sociedad y las instituciones españolas, en minusvalorar la amenaza de una alternativa unificada de la ultraderecha en nuestro país. No debemos olvidar, que la mayoría de la derecha española, se integro en la democracia con el anhelo de mantener la paz y seguridad que en su fuero interno, todavía justifican el alzamiento de 1936 y la posterior dictadura franquista. Por ese mismo motivo, la violencia propia de movimientos ultraderechistas de carácter Skin Head o neonazi, se ha encontrado hasta el momento, con serias dificultades a la hora de lograr un soporte electoral firme. Queda por ver si una hipotética alternativa más adaptada a la nueva realidad de la ultraderecha europea, cimentada en la islamofobia y el rechazo frontal a la emigración, podrá ocupar su espacio, en un país en donde la derecha nunca ha renunciado definitivamente al recurso de la violencia, y en donde cada día, la derecha obrera, muestra más desencanto con una democracia a la que culpa de la acuciante perdida de valores y de poder adquisitivo de las clases medias y bajas.

Lucrecia Pérez, Hassan Al Yahami, Guillem Agulló, David Furones, Aitor Zabaleta, Carlos Palomino…nombres que ya no están entre nosotros, y que deben prevenirnos y hacer más presente que nunca, la verdadera cara de la ultraderecha española.

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Autor: @SeijoDani

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Muerte entre las flores

El que tiene mala memoria se ahorra muchos remordimientos.

John Osborne

Acuamed, Baltar, Gürtel, Cooperación, Fabra, Brugal, Taula…una larga enumeración de casos de corrupción que se prolonga, hasta completar la ominosa cifra de 31 tramas investigadas, con más de 500 imputados en las filas del Partido Popular. Unos nombres, pertenecientes a tramas de corrupción, ya enquistadas en la realidad de una formación política que gobierna nuestro país; pese a ello, con el apoyo de gran parte de la ciudadanía. Al menos, con el de una base de votantes, que se mantiene fiel pese a los continuos desengaños de quienes dicen representarlos en las instituciones.

Si bien pudiese parecer a tenor de los resultados electorales, que vivimos en un país en el que la corrupción no pasa factura a las distintas formaciones políticas. Un vistazo en profundidad a la realidad de esas mismas formaciones, comienza a revelarnos lo incorrecto de una afirmación tan extendida. Si bien es cierto que en la realidad inmediata, el castigo es laxo y los votantes parecen guiarse en gran medida, por sentimientos de pertenencia a una formación política o por el miedo que las alternativas a dichas formaciones, parecen todavía provocar en el electorado. El germen de la corrupción es un parasito que se incrusta, en un principio no tanto en las urnas, sino en la dinámica de los propios partidos.

El político corrupto, ha supuesto una figura totémica en la política del partido, un símbolo aglutinador de las practicas de un colectivo, sobre el que se estructuraban las relaciones de poder de toda una formación. Una guía del bien y del mal, superior a la ética o al propio poder judicial. Cuando uno pasa a formar parte de un entramado como el del caso Taula, en donde quién ha estado 23 años en la alcaldía de Valencia, parece desenvolverse con idéntica soltura, entre el pitufeo interno de su partido que en los pasillos de las instituciones, el límite entre lo moralmente reprobable y lo aceptable, parece diluirse ante la percepción de un bien mayor, el del partido. El mismo bien mayor, por el que cuando salen a la luz los casos de corrupción del partido, enseguida comienzan a resonar los tambores en la plaza, se prepara la comunión para los implicados y la guillotina se engrasa a la espera de un minucioso análisis de riesgos. Tan solo el conocimiento puede salvar al corrupto. Tanto conoces, tanto vales. Es la realidad en un mundo, en donde el secretismo y los favores políticos, se confunden con una supuesta lealtad a la formación de cara a los medios.

Son muchos, los falsos ídolos caídos en la política en España, pero quizás ninguno represente tan bien la doble moral de éste juego, como lo ha hecho la figura de Rita Barberá. Quién lo fue todo en la política valenciana del Partido Popular y quién ayudo a aupar al Mariano Rajoy al cargo que hoy ocupa, vio como ante la amenaza de la corrupción, sus supuestas amistades y con ellas el partido en sí mismo, no dudaron ni por un instante, en aplicar a su figura, la cuarentena propia de la política de tierra quemada.

No quedó tras la caída electoral y judicial de la eterna alcaldesa, nada tras de sí. Quienes hasta ese momento la habían arropado en su partido, la abandonaron y poca amabilidad podía esperar, y seguramente esperaba, Barberá por parte de quienes hasta ese momento había sometido a una oposición perseguida durante su mandato. Vivió Rita Barberá en sus propias carnes la caída de un símbolo y la soledad que le sigue. Arrojada al ostracismo de quienes tienen demasiado que callar para ser públicamente crucificados, pero han dejado escapar lo suficiente, como para poder continuar en la élite de la tribu. Rita Barberá pasó sus últimos días intentando adaptarse a un papel complicado, el de desterrada. Desterrada de una formación que había ayudado a levantar y en la que ahora las nuevas generaciones no tenían ningún reparo en mostrarla como una paria, un ejemplo de lo que ese partido, nunca debería ser.

Tras su muerte, Rafael Hernando y con él, su partido, han blandido de nuevo la figura de Rita Barberá, como símbolo de injusticia, para intentar con ello, no solo tirar por tierra los escasos avances en materia de lucha política contra la corrupción, en un país en donde han sido saqueados por la misma, más de 7.500 millones de euros, sino a su vez y aprovechando la conmoción propia de un fallecimiento (Algo a mi parecer propio del carroñerismo más rastrero) lanzar una ofensiva contra todo aquello que pudiese ser considerado disidencia, sea ésta interna o externa.

Las injurias son las razones de los que tienen culpa.

Jean Jacques Rousseau

Tras apartar, sino exiliar de la vida política a quién fuese máxima representante del partido en Valencia, Rafa Hernando como Consigliere de la tribu, pronto comenzó una política de propaganda, como siempre encaminada a proteger el bien mayor, recordemos: el partido. Ya no era Rita Barberá una paria, sino una mártir, y tampoco era la higiene democrática lo que había llevado al PP a su confinamiento en el grupo mixto del senado, sino las ansias de protección frente a una horda de medios de comunicación que exigían responsabilidades a quién por otra parte, entre otros muchos, debía asumirlas. Olvida Rafa Hernando en su campaña de depuración las hemerotecas, las olvida o simplemente no quiere hacer caso de ellas. En su afán por pasar factura no solo a los medios, sino también a los nuevos cargos, que desde dentro del Partido Popular, quisieron renegar de las viejas prácticas y sus grandes exponentes en partido, el portavoz del PP, es plenamente consciente de formar parte de una formación sin militancia, al menos sin una con la suficiente fuerza en su voz, como para poder suponer un cisma en la reacción ante tales acusaciones. No existirá el debate formal acerca de las reprimendas moralizantes que desde su tribuna lanza el orador Hernando, como tampoco existirá quien pida explicaciones acerca de los motivos que llevaban al presidente del gobierno, Mariano Rajoy, a mantener el contacto con una imputada por un supuesto caso de corrupción, como lo era la señora Barberá.

Pretenden desde el PP verter un rastro de culpabilidad sobre quienes tan solo informaron de su desfachatez, de sus corruptelas. Pretende Rafa Hernando y su partido dar macha atrás en sus ya escasos movimientos contra la corrupción, convenciéndonos de que la muerte de Rita Barberá ha supuesto un claro ejemplo de las consecuencias de la extralimitación mediática.

Desconozco las causas que han llevado al corazón de la señora Barberá a no soportar más el peso de la vida, desconozco las mismas y fuesen cuales fuesen lamento la perdida de su familia. Ninguna muerte debe suponer un alivio para quién dice amar la vida. Desconozco la causa de su muerte y no por ello, me veo condenado de alguna manera a obviar los errores de su vida. Pretenden desde el Partido Popular, hacer borrón y cuenta nueva, silenciar la voz de la justicia, pretenden desde el PP convenceros de nuestra implicación en una muerte, en la que de existir responsabilidades, se asemejarían más a las de una muerte entre las flores.

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Autor: @SeijoDani

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Don’t let me down

139 votos a favor y 96 en contra, eso parece haber resultado suficiente como para borrar de un plumazo las declaraciones grandilocuentes, con las que los diferentes líderes del PSOE prometieron a sus bases; y con dicha promesa les pidieron su voto, nunca otorgar su apoyo a un gobierno del Partido Popular de Mariano Rajoy. Declaraciones que han desaparecido de la memoria socialista; aunque no de la hemeroteca, al igual que con ellas puede haber desaparecido finalmente la vieja dicotomía derecha/izquierda de dos partidos que defendían a la misma clase social, y en la que ya solo podían creer los más alienados a ésta nueva versión del viejo Pacto del Pardo.

Llegaba el PSOE a esos últimos momentos de su particular crónica de una muerte anunciada, con José Blanco como nuevo presidente de la Mesa del Comité Federal y con Javier Fernández como presidente de una gestora encargada de dirigir al equipo en su peor racha de resultados. Un entrenador de perfil bajo, al que nadie aprecia, ni conoce, para una transición necesaria a la hora ganar tiempo en Ferraz, para finalmente colocar a su verdadero candidato. Un papel poco agradecido el del asturiano, pero al que sin duda un socialista que inició su carrera en plena Asturias de la reconversión y de elementos como José Ángel Fernández Villa, ha sabido adaptarse sin excesivas dificultades.

Y mientras tanto a las puertas, una militancia decepcionada. Incapaz de ver  que puede que no haya sido el PSOE el que haya dado un paso a la derecha, sino que al compás de la crisis, grandes sectores de su propia militancia, comienzan a exigir más a un partido que realmente, nunca ha llegado ha pertenecer a la izquierda. La renuncia al marximo, la entrada en la OTAN, Filesa, la reconversión industrial, la huelga del 88 o la modificación de el artículo 135 de la Constitución, suponen ya antecedentes de un partido, que ahora en un contexto en el que la crisis de moralidad del neoliberalismo, hace cualquier alternativa desde la izquierda realmente peligrosa, prefiere entregar el gobierno a Rajoy, que explorar alternativas más progresistas, por mucho que requieran debates territoriales.

La abstención del PSOE, responde en el fondo a un desenmascaramiento “liberal” de los sectores que hasta ahora se llamaban moderados en la izquierda. Un movimiento precisamente destinado a cercenar a la verdadera alternativa a la izquierda, y enmarcado en la misma lógica que el chantaje a Syriza en Grecia, el asedio periodístico a Podemos en España o el boicot desde su propio partido a la candidatura de Bernie Sanders.

Solo se puede comprender la decisión de entregar el gobierno a Rajoy o bien desde la óptica de un bien mayor al del propio partido; óptica que recluirá finalmente al PSOE en un proceso de pasokización encaminado a la dura lucha por la conservación electoral y en donde toda expectativa de conquistar nuevo electorado, supone poco menos que una mera quimera o desde la de un pacto de silencio entre los dos partidos que hasta ahora se han alternado en el poder, para tapar posibles casos mayores de corrupción. Después de todo, en un país en donde los políticos se pueden llegar a vender por un bolso o una televisión y en donde el propio Pujol aseguro guardar silencio por no hacer tambalearse a España ¿Podría realmente a uno extrañarle esta última teoría?

De ser así, tras el voto a la abstención encontraríamos más un encubrimiento a las propias corruptelas y a las del Partido Popular, que como se nos ha vendido, un apoyo al gobierno de Rajoy por el bien de España. Lo cual podría también dar sentido a declaraciones como las de Eduardo Madina que en el propio Comité Federal, parecían mostrara la vergüenza y ansiedad por librarse de un peso; el de dar el gobierno a la derecha, que cargará sobre las conciencias de algunos dirigentes que ahora con el pretexto de la disciplina de partido, intentan diluir su responsabilidad en el voto forzosamente unánime de la bancada socialista.

Pero dejemos de elucubrar. La realidad la dibuja en torno a un futuro gobierno, el del partido de Bárcenas y compañía, vigilado supuestamente desde la oposición, por un partido inmerso entre otros casos, en el de los ERE. Ese es el panorama que deja un Comité Federal en donde pesaron más los horarios del AVE Madrid-Sevilla que el propio debate interno.

Un PSOE que parece haber elegido un mal menor en la abstención ante el temor a una nueva cita electoral, temor a unos nuevos comicios que esconde tras de si un tic antidemocrático de pánico a reconocer el fracaso de los propios planteamientos ideológicos y de programa, miedo a los propios errores y una huída hacia delante que si bien puede retrasar el golpe final al PSOE, ni mucho menos parece encaminada a lograr amortiguarlo.

Con el PSOE se ha roto para muchos, un primer amor en “la izquierda” que creyeron duraría para siempre.

“Nobody ever loved me like she does

Oh, she does, yeah, she does
And if somebody loved me like she do me
Oh, she do me, yes, she does

Don’t let me down
Don’t let me down

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Autor: @SeijoDani

 

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental. 

Soria, sé fuerte

Cuando ya nada parecía poder sorprendernos en este lejano reino de occidente llamado España. El gobierno, supuestamente en funciones del Partido Popular, ha parecido por un momento, dispuesto a brindarnos un redoble más de tambores en este particular circo en el que hemos llegado a transformar nuestra política patria. Con el nombramiento del ex ministro Soria, en plena resaca de la fallida sesión de investidura, para el puesto de Director ejecutivo en el Banco Mundial. El gobierno popular y particularmente su presidente, Mariano Rajoy, dejaban claro que en España, tan solo los favores en el seno del propio partido parecen pagarse.

Tras años de una incesante lucha política y económica de diferentes gobiernos de nuestro país, por conseguir ocupar espacios de poder en diferentes organismos internacionales. Todo ha culminado con la representación de nuestra política más caciquil, y el dedazo como clara reminiscencia de la época Aznar en el gobierno de Mariano Rajoy, en el nombramiento de personajes de la calaña moral de Soria o Rato para cargos de responsabilidad en instituciones como el Banco Mundial. Si para esto nos hemos apretado el cinturón todos estos años los españoles, quizás hubiese sido mejor continuar nuestro camino de una manera un tanto más digna, en el ostracismo internacional.

El PP demuestra una vez más con este movimiento, su particular visión de la gestión del estado. Haciendo un uso meramente particular, de un nombramiento que nos debiera representar a todos. El puesto con el que se pretendía recompensar al ministro antirenovables, del fracking, los chollos hoteleros o las prospecciones en Las Canarias, entre otras perlas. Es un puesto que representa a todos los españoles. Un puesto en el escaparate de la política internacional que ha costado demasiado conseguir, para que termine una vez más, ocupado por el amigo del presidente de turno.

Se nos quiso convencer desde Génova de que el cargo fue asignado en un concurso de méritos en el que Soria, como un funcionario más, se presentó y accedió al cargo por su propia valía. Nunca por méritos políticos. Explicación que podría resultar factible, sino fuese porque José Manuel Soria ha permanecido apartado de su labores como funcionario durante 26 años, la plaza nunca ha estado reservada para funcionarios, el gobierno se encargo de no hacer pública la convocatoria, ni en el Boletín Oficial del Estado, ni en la web del Ministerio oportuno y porque pese a que a pasásemos por alto todos los puntos anteriores. No podemos olvidar que el ex ministro de Industria, Energía y Turismo tuvo que renunciar a su cargo, precisamente por las contradicciones, cuando no directamente mentiras, a la hora de explicar su participación en empresas radicadas en paraísos fiscales.

Mentía el ex ministro entonces, cuando declaraba no saber nada de dichas empresas y miente el PP ahora, cuando dice haberle concedido el cargo exclusivamente por méritos profesionales. Pese a todo, nadie espera ya que Rajoy de un paso atrás, tras nuevamente descubrirse el engaño. La dimisión de Soria, fue un lapsus de cordura en el reino de la impunidad. Rajoy ahora niega saber nada de este nombramiento, al igual que tampoco le tembló la voz al declarar no saber nada sobre el caso Bárcenas.  Tendremos que esperar a que los Aguirre, Monago o Cifuentes huelan de nuevo la sangre en la ya debilitada manada del presidente en funciones, para que las guerras internas en la familia popular, nos proporcionen una vez más, los restos de la carnaza de la corrupción como arma política en los titulares.

Son malos tiempos para la bancada popular, y la inmediatez de los juicios por el ‘caso Nóos’, las ‘tarjetas black’, el ‘caso Gürtel’ o los ‘Papeles de Bárcenas’ no parecen una buena señal para calmar lo que sin duda ya podemos comenzar a tildar como guerra interna en el PP, por la sucesión de un presidente ya en franca decadencia. Después de todo, tan solo eso ha logrado que el ex ministro tuviese que renunciar a un cargo por el que pasaría a cobrar anualmente, la friolera de 226.000 euros libres de impuestos. Dato este último que a tenor de su pasado, sin duda ha debido doler especialmente al político canario.

Tras el ruido de sables en el seno del partido y la repercusión en los medios. Soria y el Partido Popular, tendrán que pensar un momento y un destino más oportuno, para esta vez con más sigilo, poder encontrar un lugar en donde colocar definitivamente al ex ministro.

 

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Autor: @SeijoDani

 

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental. 

https://www.change.org/p/xulio-ferreiro-calle-berta-c%C3%A1ceres-en-a-coru%C3%B1a

Desde DowJones te agradecemos tu colaboración.