La quinta columna del Yihadismo

De nuevo el horror, los gritos incesantes, el pánico, los llantos, la sangre. Enseguida el ruido lejano de las sirenas, nombres lanzados al aire con desesperación entre un constante grito sordo que parece como llegar de otro mundo, desde otras fronteras, mucho más allá del puente de Westminster o del propio Londres. De pronto un horror global capaz de imponer su tortura e inducir el pánico en un campo de desplazados en Nigeria, arrasar Damasco o golpear Alepo, hace su aparición en Londres sin que el color de nuestra piel, nuestras creencias o las afiliaciones políticas, parezcan importar cuando la sangre de personas inocentes comienza a derramarse a escasos metros pero todavía a una distancia insalvable de la Square Mile, el Número 10 de Downing Street o el Palacio de Buckingham. Allí estas muertes tardaran unos días en cobrar su sentido en forma de nuevos bombardeos, acalorados debates políticos o condolencias cargadas de medias verdades, silencios demasiado sonoros y palabras huecas como única forma oficial de consuelo.

En la acera, el sin sentido de más muertes. Entre ellas la de Aysha Frade, una profesora de 43 años de origen gallego, concretamente de Betanzos, a apenas cuatro kilómetros desde donde ahora escribo. Una conexión anecdótica quizás, pero lo suficientemente directa para que su muerte me haga pensar un poco más,  para que me resulte sencillo empatizar sin dificultades con el dolor de su familia e imaginarme las circunstancias que pudieron rodear a su muerte, seguramente un día normal para ella, camino del trabajo, una cita o de la universidad, un coche a toda velocidad, el caos y en un instante el miedo.

El miedo es un arma poderosa, mucho más que un coche, un cinturón bomba o un kalashnikov, el miedo puede enquistarse y perdurar en tu mente, en una sociedad o incluso en todo un continente, haciendo que se levanten nuevos muros de odio y segregación entre nosotros y ellos. Unos muros que son realmente lo único capaz dar sentido a esas muertes para quienes las cometen. Ningún Dios, ni ninguna bandera, pueden provocar mayor fanatismo que aquel que se cría y se reproduce en la miseria oculta al otro lado del muro. Barreras y concertinas que demasiadas veces se trasladan a nuestros barrios en forma de violencia policial, marginalidad, aislacionismo y una sensación de desarraigo cultural, propia de quienes generación tras generación han visto como se les negaba un hogar a ambos lados de la frontera.

No me malinterpreten, no pretendo justificar el yihadismo o decir algo así como que en Occidente nos lo tenemos merecido por todo el dolor acumulado por los pueblos oprimidos del mundo. No creo que funcionen así la cosas, al menos no deberían hacerlo. Pero sí creo firmemente en que los enemigos ya se encontraban dentro de nuestras fronteras antes de que comenzase todo esto. Cuando Osama bin Laden era un luchador anticomunista, las madrasas de Pakistán patentaban por primera vez el modelo de radicalización que arrasaría medio mundo y Yugoslavia sufría por primera vez un ataque destinado a desintegrar a una sociedad que jamás volvería a recuperarse tras aquella guerra. La brutalidad de la  Operación Fuerza Aliada, traslado a Yugoslavia el horror que había reinado en AfganistánNiños más familiarizados con el sonido de los cazas que con la alegría propia de un patio de colegio, tropas extranjeras, matanzas, guerra santa… Cuando las escuelas se vacían el fanatismo hace acto de presencia. Mucho después de que la OTAN o el ejercito Estadounidense haya abandonado el lugar a su suerte, tras el proceso de pacificación, cuando las cicatrices de la guerra solo pueden curarse con un cerrazón sobre las propias creencias, y la búsqueda de un sentido mayor a tanto sufrimiento. Es entonces cuando desaparece la lógica de las víctimas inocentes, entre campos de refugiados, barrios empobrecidos y cantidades ingentes de propaganda religiosa, alimentada incesantemente por nuestras campañas de democratización armada. Desde Occidente, la opinión pública pretende buscar una lógica de paz a los actos llevados a cabo por quienes se encuentran inmersos en una guerra global.

Un mundo islámico dividido entre guerras de poder internas, geopolítica intervencionista y demasiadas veces, una lógica  cimentada entre la caridad y las armas, con una herida abierta en común en tierras palestinas en donde la ocupación israelí y el posterior holocausto palestino sirvieron como campo de experimentación a la yihad global. Asesinatos selectivos y guerras televisadas con el único objetivo de reducir a cenizas cualquier alternativa política en Palestina, que pudiera simbolizar una esperanza de unidad. El Panarabismo moría al tiempo que des sus cenizas surgía un nuevo monstruo criado entre la sangre de inocentes, y alimentado por la sed de venganza. La guerra de Irak supuso la madurez de la yihad global, una guerra exclusivamente por recursos, cimentada entre mentiras y la total impotencia de las organizaciones internacionales ante el poder del imperio.

De las ruinas de Irak surgiría Al Qaeda como embajador global del terror, una imagen de marca del yihadismo al que como no podía ser de otra manera en una sociedad capitalista, pronto le siguieron numerosas franquicias y competidores. Una lógica de mercado aplicada al terror, que ha salpicado a todo el planeta con su sin razón, con su barbarie. Trasladando de forma indiscriminada el dolor de la guerra a lugares como Riad, Bali, Monbasa o Madrid. Un fanatismo, capaz de transformar la primavera de la esperanza en el más absoluto invierno. Egipto, Libia, Siria, Yemen, juguetes rotos en el tablero global de la geopolítica, que pronto formarían un autentico reino del terror en forma de un pseudocalifato apócrifo capaz de trasladar el infierno a la tierra.

No existe algo así como la seguridad global basada en las armas, no existen vallas, cuerpos de seguridad o protocolos antiterroristas capaces de impedir que el dolor de un mundo a la deriva nos salpique. No existe una política mágica capaz de erradicar al fundamentalismo de nuestras fronteras, resulta necesario tiempo para revertir décadas de etnocentrismo, debates sesgados, guetos y una la política basada en el miedo a lo diferente. Se necesita todo lo contrario a los valores de los que hoy hace gala Europa, una sociedad que ha olvidado sus propios demonios para de nuevo mostrarse impasible ante el auge de la xenofobia. Un  continente en una profunda crisis de valores, que la actual crisis económica no ha hecho más que profundizar.

No pretendo justificar el terrorismo, no creo que un artículo pueda llegar a cumplir tal fin por mucho que los de siempre se empeñen en tergiversarlo. El terrorismo, al igual que la guerra o la desigualdad social, tienen causas que lo provocan. Causas oscuras en demasiadas ocasiones y por norma general, muy alejadas de todos aquellos que derraman sangre inocente en una calle en Londres o en un lejano desierto. Nuestro deber con ellos, nuestro deber como sociedad, es el de intentar comprender los oscuros motivos que llevan a alguien a abandonar toda esperanza, con el único objetivo de matar, de provocar dolor. Solo así, podremos poner fin a un invierno moral ya demasiado largo.

“Nosotros representamos el futuro de Pakistán, un futuro en el que no tiene cabida la ignorancia, la intolerancia, y el terrorismo.”

Benazir Bhutto

londres.jpg

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres, te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña, por el nombre de la activista medioambiental.

Desde DowJones te agradecemos tu colaboración.

https://www.change.org/p/xulio-ferreiro-calle-berta-c%C3%A1ceres-en-a-coru%C3%B1a

Anuncios

“Yo destapé la trama Gürtel.”

Es probable que existan pocos personalidades en nuestra política nacional como Esperanza Aguirre. Toda una grande de España al servicio de su propia figura, un ego insuperable y una carrera política que pese a contar con numerosas batallas ganadas en su camino a la gloria, pocos se atreverían a estas alturas a definirla de otra manera que no fuese la de la más absoluta derrota, la de la soledad.

El 10 de junio de 2003, el poder de la Comunidad de Madrid llegaba a manos de Esperanza Aguirre fruto del Tamallazo. Una de las traiciones más sonadas de nuestra historia política llevada a cabo por Eduardo Tamayo y María Teresa Sáez, ambos parlamentarios en las listas del Partido Socialista madrileño que con su desbandada dejaban en manos del Partido Popular de Esperanza Aguirre un cargo político que ésta utilizaría desde ese preciso instante, para emprender una campaña de promoción personal y adoctrinamiento ideológico neoliberal de la población, financiado en numerosas ocasiones con fondos públicos, que a lo largo del tiempo convertirían a la Comunidad de Madrid en una plataforma desde la que la propia Esperanza Aguirre libraría sus batallas políticas, dentro y fuera de su partido.

Un poder y un ego ilimitados han sido los pilares sobre los que se ha construido una carrera política que a la propia Esperanza Aguirre le gusta recordar como consolidada año tras año en forma de mayorías absolutas, pero que esconde una cara menos grata para su figura política, una cara conformada por el control mediático absoluto de Telemadrid, el espionaje político en el seno del Partido Popular madrileño, la lucha despiadada por la privatización de los servicios públicos de todos los ciudadanos, y especialmente una cara B  en forma de corrupción y dopping electoral que utilizó donaciones de empresarios para adulterar durante años las elecciones madrileñas. El paso del tiempo parece demostrar que el respaldo electoral al que la baronesa siempre ha aludido para justificar sus actuaciones políticas, no parece tener mayor validez moral que los récords conseguidos por la atleta Marta Dominguez.

La historia de Esperanza Aguirre es la historia de una bestia política que siempre ha visto como su ambición superaba con creces a su talento, quién ha visto como sus asaltos al poder del Partido Popular han fracasado ante la falta de apoyos dentro de su propio partido y que parece, finalmente tendrá que conformarse con ver como su carrera política y su poder se diluyen entre los pulsos políticos perdidos, el acenso de las nuevas generaciones de su partido y los escándalos políticos y personales que hacen de la figura de quién siempre quiso considerarse la Margaret Thatcher española, algo más parecido al auge y caída de personajes como Rita Barberá o Ignacio González.

La corrupción parece ser, finalmente, la encargada de dar la última estocada a la vida política de Esperazna Aguirre. Rodeada en lo que hasta ahora parecía una atalaya moral ante las distintas tramas de corrupción de la Comunidad de Madrid, las informaciones que apuntan a la existencia de una caja B, que en la época de su gobierno financiaban a través de Fundescam los gastos electorales de su partido, con donaciones provenientes de de empresarios investigados en las tramas Gürtel y Púnica. La acción de la justicia pone bajo la lupa, no solo la financiación de la campaña electoral que concluiría con el Tamayazo, sino también los grandes proyectos de la época del partido Popular en Madrid. Proyectos como el plan de infraestructuras sanitarias y la construcción de seis hospitales, el proyecto de la Ciudad de la Justicia o la ampliación de las líneas del metro, pilares hasta ahora en el recuerdo de la gestión del Partido Popular madrileño, se encuentran años después investigados por posibles adjudicaciones irregulares en las fiestas de inauguración y en las partidas de publicidad asignadas para patrocinar dichos proyectos.

Quién dijo ser la principal víctima de la corrupción madrileña, y dejó escapar la oportunidad de abandonar definitivamente la política activa al dimitir como presidenta de la Comunidad de Madrid, en lo que parecía ser un último movimiento inteligente encaminado a evitar el acoso de la justicia, se encuentra una vez más a los pies de los caballos, ante los numerosos casos de corrupción que salpican su etapa de gobierno. Esperanza Aguirre, optó como los viejos rockeros por retirarse con un último y eterno espectáculo que dignificase su figura ante las cámaras. Pero de nuevo, la ambición de la baronesa, parece haber superado a su talento.

aguirre.jpg

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental.

Desde DowJones te agradecemos tu colaboración.

https://www.change.org/p/xulio-ferreiro-calle-berta-c%C3%A1ceres-en-a-coru%C3%B1a

La independencia amordazada

“El nacionalista no sólo no desaprueba las atrocidades cometidas por su propio lado, sino que tiene una extraordinaria capacidad para ni siquiera oír hablar de ellas.”

George Orwell

Hace tiempo que entre Cataluña y España, se juega a un juego demasiado peligroso. Un juego de tensiones, de orgullo, un juego de peones y reyes, de condados y reinos. Una partida tensa y eterna; a la par que fútil, para quienes tarde o temprano, deberán pagar sus consecuencias. La de la política como entretenimiento, como un espeso telón destinado a cubrir nuestros ojos y nuestros bolsillos, ante el continuo saqueo de unas élites económicas, capaces de parapetarse por igual, tras la estelada o la rajoigualda, según sus intereses vayan en ello. La Diada del año 2012, suponía el cenit de un proceso histórico, para infinidad de catalanes que veían en su tierra, el nacer de una joven nación. A la vez que fue recibido como una fuerte conmoción, para un viejo reino de trato alejado e inquisitorial con sus territorios. Una corona y un sistema enfermo, que pretende a costa de todo, conservar el control del territorio. El recurso del PP contra el Estatut, sumado a la conjunción de crisis económica y social, propició un caldo de cultivo ideal, para una idea, la de la huída hacia delante, que poco antes suponía poco menos que una quimera para los catalanes. El proceso de ruptura de Cataluña hoy, se trata mucho más, de las crónicas del abandono de un hogar desestructurado, que de las de una feliz y planeada independencia.

Elecciones anticipadas, declaraciones de soberanía, consultas, organismos consultivos e incluso la reedición del pacto Ribbentrop-Mólotov, entre Mas y Junqueras de por medio. Han dado lugar a una sociedad polarizada, adormecida y unida únicamente, en el hartazgo con un proceso estancado en trincheras culturales y políticas de escasa profundidad. En nada se diferencian las tácticas o argumentos de la oligarquía de uno y otro bando. En nada se diferencian, pues su proyecto es el mismo, con un final diferente según el color del bolsillo. No se trata desde Cataluña de reivindicar el camino de una Generalitat de Cataluña, aguerrida con su pueblo ante las dificultades. No se trata tampoco de levantar una vez más los gritos de la anarquía en sus callejones o en sus pueblos, ni del ejemplo de la resistencia y la lucha contra la represión del fascismo y el orgullo de la cultura cuando una lo siente como propia, aunque se la quieran hacer ver extraña. Tampoco se pretende desde España evitar el desastre para Cataluña o los catalanes, no se actúa por responsabilidad institucional o deber de estado. Sino que se hace casi como por inercia, sin reflexión, ni alternativa. Se decide y se impone. Se trata de un juego de previsiones y de cifras, de números y nombres. Se trata de ladrones acusando de ladrones a otros ladrones. Un sin sentido, un trabalenguas de complicada digestión  y escasa recompensa para quién lo encara, pero de vital importancia para quién se empeña en pronunciarlo.

La Cataluña de la burguesía catalana, es la Cataluña de los recortes, la del pago de la deuda. Una sociedad de vida austera, con solemne pomposidad en sus altas esferas. La Cataluña del Porsche y la del ciudadano medio. Un país liberado de su metrópoli, pero no de sus cadenas, en forma de bancos y privatizacionesUna nación maniatada desde su nacimiento, un triste final, para un vacilante principio.

Conozco bien, la impotencia de quién sintiéndose parte de una nación diferente a la española, tiene que compartir su reino. Conozco los desprecios a la lengua, la cultura o la historia de sus ancestros. El pesado yugo de la historia de un país, todavía demasiado atemorizado ante la perdida de su imperio, como para replantear su propia territorialidad. Un complejo de anochecer prematuro, en donde nunca se creyó se pondría el sol.  El desafío independentista a Madrid, supone un nuevo reto, para una democracia joven e inestable. Un sistema con unos partidos más acostumbrados a evocar las pasiones y el sentimiento que la razón o el pacto social. Una política muy diferente a la economía, en donde el estado neoliberal, parece ser el único claro vencedor de uno u otro proyecto. No dudan ni por un instante en Madrid o Barcelona de la clara posibilidad de alcanzar pactos , cuando la verdadera estabilidad vaya en ello.  

Al igual que anteriormente lo supuso el terrorismo de ETA, la amenaza secesionista desde Cataluña, supone una baza política más en un estado con un evidente doble juego. Conocen desde el PP las claras ventajas en términos de rédito electoral que en el conjunto del estado, supone una Cataluña amenazante, enrocada. Una tensión que desde al derecha española vaticinan como molesta, pero ficticia. Un farol a todas luces, demasiado evidente en el seno de la Europa actual. Precisamente en esa inmediatez puede residir la falta de miras del estado español. Suceda lo que suceda el proceso secesionista, el independentismo parece ganar. De llevarse a cabo con éxito, dará como resultado o bien una Cataluña independiente o la palpable sensación de una sociedad, retenida contra su voluntad, en el marco de un estado de probada intransigencia. 

Mientras el día a día de este juego se desarrolla entre acusaciones de quién adoctrina a quién. Madrid y Cataluña, siguen suponiendo dos caras de una misma moneda. Dos estados, naciones o regiones, llámenle cada uno como quieran, como sientan. Dos pueblos, atados a un sistema devorador de culturas, de lenguas, de tradiciones y pasados. Un culto al engaño y a las acciones políticas de falsa bandera, que aprovechan nuestras más profundas pasiones, para incidir en lo que nos diferencia y nos enfrenta, frente a la verdadera unión de necesidad. La independencia de quien ha vendido al mejor postor sus derechos o su tierra, supone a todas cuentas, una independencia amordazada.

pujol.jpg

Autor: @SeijoDani

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental. 

https://www.change.org/p/xulio-ferreiro-calle-berta-c%C3%A1ceres-en-a-coru%C3%B1a

Por la boca muere el pez

Ha caído Ramón Espinar víctima de las exigencias de su discurso y de la propia dinámica de su partido. Poco podía imaginar el portavoz de Podemos en la asamblea de Madrid que cuando en 2007 tomaba la decisión de adquirir una vivienda protegida, los ojos de media España, terminarían también interesados en dicha propiedad.

Si algo ha caracterizado desde sus inicios a la formación que lidera Pablo Iglesias, es un discurso político con una marcada ética en lo social y en lo económico. No en vano, desde un principio, Podemos cimentó su campaña en una nueva política transparente y cercana, totalmente alejada de las malas praxis y las corruptelas de los viejos líderes. Sus dirigentes representaban ante la ciudadanía, una última esperanza de cambio, de renovación, esperanza que traía votos, pero también con ellos una gran responsabilidad sobre la formación de izquierdas.

Si uno simplemente se detiene a observa la cantidad por las que muchos están tildando a Espinar de corrupto, algo menos de 30000 euros, tales afirmaciones deberían de considerarse poco menos que ridículas en un país en donde tramas como la Gürtel, Filesa o Los ERE, han acostumbrado al español medio a cifras mareantes que poco o nada tienen que ver con el escaso beneficio que el joven Espinar pudo haber obtenido de la venta del que por aquel entonces era su inmueble. Pero pese a que desde los medios afines a la derecha se empeñen en tratarlo como tal, no se trata éste de un caso de corrupción, sino de algo mucho más importante y primigenio que todo eso: se trata de coherencia y ética.

Puede que efectivamente, Ramón Espinar estuviese en su derecho de vender una vivienda pública y con ello obtener un beneficio, al igual que la mayor parte de los bancos y cajas de nuestro país estaban en su derecho, cuando desatendiendo a todo resquicio de humanidad, desahuciaban a miles de españoles, dejando sus viviendas vacías, precisamente por el simple hecho de poder hacerlo. No debería Espinar escudarse ante propia conveniencia, en las reglas de un juego que dice aspira a cambiar. Al igual que no debería haber sido necesario ningún Cebrián, ni ningún medio de comunicación, para que el portavoz de Podemos hubiese podido sacar a la luz un caso como el que nos ocupa. Ocasiones para ello, sin duda no han faltado durante los últimos meses de su ajetreada vida política.

Se escudan en Podemos en una ya poco misteriosa máquina del fango, para defenderse de unos ataque que ellos mismos han provocado desde sus inicios en cada discurso. Sería de una inocencia mayúscula, por parte de la formación morada, postularse como alternativa a décadas de corrupción con un discurso ciertamente agresivo, creyendo al mismo tiempo que los focos de esos medios que ellos mismos califican como del régimen, no se dirigirían inmediatamente a la búsqueda de cualquier contradicción entre el discurso y las prácticas de los miembros de su formación. Ciertamente las contradicciones y el fango, se encontraban ya en el hogar de Espinar, mucho antes de que el grupo Prisa pudiese tener interés alguno por zancadillearlo en la carrera política para liderar a su formación en Madird.

Cayó Ramón Espinar víctima de su pasado y de su propio discurso, en un país en donde reina la corrupción, pero que siempre ha gustado castigar con especial entusiasmo, la pillería del robagallinas. 

espinar.jpg

Autor: @SeijoDani

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental. 

https://www.change.org/p/xulio-ferreiro-calle-berta-c%C3%A1ceres-en-a-coru%C3%B1a

La historia nos absolverá

Ha ganado la táctica de ocultar a su propio partido, ha ganado el ruido desde Madrid, ha ganado el miedo frente a las propuestas. En Galicia, ha ganado el Partido Popular y su candidato, aunque probablemente, no hayan ganado todos los que si han votado al PP.

Con unas elecciones  de nuevo a caballo entre Madrid y Santiago, el Partido Popular ha vuelto a aprovechar a la perfección, el ruido de la precampaña en los partidos de izquierda y un miedo, el del bloqueo institucional, que ese mismo ruido se ha encargado de amplificar y hacerlo sobrevolar sobre un hipotético pacto entre las formaciones de izquierda, que si bien parecía respaldado desde las agrupaciones gallegas, corría en la mentalidad popular, el serio peligro de verse embarrado en una nueva investidura eterna por el a priori necesario visto bueno desde Ferraz y Princesa.

Con un Feijóo ya acostumbrado a lidiar con las acusaciones que desde la oposición, apuntan a su huída a la política estatal. El PP ha decidió postergar sus cada día más evidentes luchas internas, para con un perfil de marca intencionadamente bajo, lograr revalidar en Galicia sus 41 escaños y con ellos, una mayoría absoluta que refuerza al candidato por ahora gallego y debilitan tremendamente tanto a las propuestas de izquierdas, como a un partido, Ciudadanos, aparentemente condenado a la deriva Díez en su intento de consolidarse como alternativa en el ala derecha de la política española.

Recibe un duro golpe la izquierda, y lo hace fruto de una campaña tremendamente inoportuna para el calendario del debate ideológico que a esta le ocupa. Llegaron las elecciones gallegas en pleno pulso identitario entre el carácter propio de las mareas y la inercia aglutinadora de Podemos, como lo hicieron también con un PSOE  inmerso en su particular “perestroika” y un BNG, que una vez más y pese a los cismas internos, ha demostrado con su campaña que nada tiene que ver la salud ideológica de un partido, con su salud electoral.

Llego la izquierda a las urnas en Galicia con una idea clara de lo que se quería cambiar: la inherente injusticia del sistema y especialmente la gestión que de ese sistema se llevaba a cabo desde el PP, pero también lo hacía inmersa en pleno proceso de deliberación sobre las formas de hacerlo y muy especialmente sobre cual iba a ser su alternativa.

No nos malinterpretemos, nada malo existe en el debate, siempre y cuando este se produzca en los tiempos y las formas adecuadas. Lo que no ha parecido suceder en el caso que nos ocupa, atendiendo a los numerosos titulares que en plena recta final de campaña han surgido a raíz de la guerra entre Sánchez y sus varones o Pablo iglesias e Ínigo Errejón. Si el PP decidió aparcar sus diferencias durante la campaña, la izquierda de nuevo comenzó la revolución, antes de finalizar la guerra.

Ha ganado el PP y lo ha hecho pese a la corrupción de sus dirigentes y la política de tierra quemada en sectores como el lácteo, el cerco o la agricultura. Gana el PP en una tierra que como decía el más ilustre de los gallegos, Alfonso Daniel Rodríguez Castelao, está más acostumbrada a emigrar que a pedir. Una tierra con demasiados partidos y escasos movimientos sociales o cooperativas, en donde curiosamente se puede cambiar con mayor facilidad el signo de un voto con las políticas de los pequeños ayuntamientos que con las grandes infraestructuras. Y es que lo del caciquismo en Galicia daría para un aparte, sin duda, resultaría curiosa la presencia de observadores internacionales en nuestros colegios electorales, pero eso no va a suceder, cosas de formar parte del imperio aunque sea en sus provincias más olvidadas. Gana el PP de los recortes, de la corrupción y la precariedad, un partido afanado por marginar o idioma aunque para eso tenga que llevarse también por delante su sabia, encarnada en lo rural y todo lo que en torno a el gira.

Gana la derecha y puede que no por sus propios méritos. Han pasado ya 25 años sin que desde el seno de la izquierda, se haya logrado articular una alternativa clara al modelo de capitalismo de casino en el que nos vemos inmersos como realidad casi global. La izquierda  y especialmente el socialismo europeo, permanece todavía en estado de letargo, tras el intenso golpe que supuso la caída del muro y la imposición del dogma neoliberal. No hemos sabido plantear una alternativa al actual modelo que no solo embelesase al votante tradicional, sino que atrajese a una abstención que sin duda lleva camino de convertirse en la verdadera batalla política de la izquierda de nuestro siglo, más allá de las quimeras del centro tan rentables en sus planteamientos ideológicos para la derecha.

Es necesario profundizar en el debate interno de las diferentes formaciones sin temor a la ruptura, es tiempo de lograr confrontar diferentes visiones dentro de un mismo Frente Amplio de izquierdas. Tiempo de debate, de coloquios y movimientos sociales. Es tiempo de recuperar las calles y desafiar a las injusticias también en los parlamentos, resulta necesario hacer ver a la población que el estado de las cosas no se corresponde a una crisis pasajera, sino a un estadio más de un modelo de sociedad que ve en la clase obrera y su condición de vida, un medio y no un fin en si mismo. No existe una salida a la crisis si no existe un modelo alternativo de sociedad y es ahí en donde debe residir nuestro proyecto, no una especie de buena gestión de las injusticias del sistema como paliativo de una situación insostenible.

Son tiempos de cambio y esta derrota tan solo retrasa cuatro años el asalto al cielo de un proyecto que debe ser a largo plazo y que debe cimentarse en votantes conscientes de la necesidad de su actividad y formación política. La alternativa, supondría sin duda la vuelta a las escisiones en formaciones más débiles y la lucha política por el acceso a los sillones.

Son muchos los que opinan que la indignación se canalizó por primera vez en la política gallega. Hoy, una vea más y pese al duro golpe, depende de la izquierda gallega, construir un marco solido para que sea también aquí en donde al fin se materialice su alternativa.

 

«¡Ése es el pueblo, el que sufre todas las desdichas y es por tanto capaz de pelear con todo el coraje! A ese pueblo, cuyos caminos de angustias están empedrados de engaños y falsas promesas, no le íbamos a decir: “Te vamos a dar”, sino: “¡Aquí tienes, lucha ahora con todas tus fuerzas para que sean tuyas la libertad y la felicidad!”

Fidel Castro Ruz, La Historia me absolverá

feijoo

 

Autor: @SeijoDani

 

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental. 

https://www.change.org/p/xulio-ferreiro-calle-berta-c%C3%A1ceres-en-a-coru%C3%B1a

Enemigo público

Se suele decir que el tiempo pone a cada uno en su lugar, y he de suponer que precisamente en eso estaba pensando el señor Beiras cuando ya en aquel 2012 se atrevió a decir sin miedo, pero con la clara conciencia de lo que tendría que soportar  proveniente de la oposición y de los medios, aquello de que el señor Feijóo y su gobierno mataba a más personas que el mayor grupo terrorista del estado.

No le faltaba razón al señor Beiras, cuando apuntaba a que el ahorro y la contención del gasto público en áreas tan sensibles como la sanidad mataba a gente, y la acusación realizada por parte de la fiscalía a dos altos cargos públicos de la Xunta, dos de esos cargos que Feijóo gustaba de adjudicar con el dedazo típico en el PP, por homicidio imprudente al negar los fármacos que necesitaban los afectados por la hepatitis C en Galicia, así parece demostrarlo.

No le faltaba razón y el tiempo lo ha demostrado, pese a que por aquel entonces los minutos televisivos, prefirieron centrarse en el dedo para criticar las formas o la supuesta dureza del mensaje del líder de anova, en lugar de centrar su atención en una situación que terminaría con la citación de dos altos cargos de la Consellería de Sanidad de la Xunta de Galicia, para declarar como investigados, lo que se conocía como imputados antes de la implantación de la neolengua del Partido Popular, por retrasar premeditadamente tratamientos a seis pacientes con hepatitis C que terminaron falleciendo.

Ante todo esto, Feijóo quiso acallar las muertes provocadas por su política o la política que le señalaron desde Madrid, con una comparecencia en el parlamento gallego. Parlamento al que el PPdG está acostumbrado a utilizar como caja de resonancia de sus mensajes y en el que pese al circo diario de despropósitos antidemocráticos que se vive, tan solo se suele expulsar de el al propio señor Beiras, cuando pierde la paciencia y  gana la indignación como ciudadano, frente a la corrección como parlamentario, o a los propios enfermos y a sus familiares, cuando se atreven a llevar la petición agonizante de justicia ante la cara de sus asesinos. Nada dijo Feijóo de las cartas de los médicos denunciando la situación, ninguna explicación por parte del presidente de la Xunta, acerca las presiones que tuvo que ejercer sobre la entonces consejera de Sanidad Rocío Mosquera, saltándose todos los cauces administrativos, un equipo médico del Hospital Clínico Universitario de Santiago, para lograr salvar la vida a su paciente, ninguna explicación tampoco sobre la supuesta administración de fármacos contraproducentes en sustitución de otros más costosos a los enfermos de hepatitis C en Galicia.

Son seis al menos, aunque ni una muerte sería justificable para una ciudadanía digna. Seis muertos a las puertas de un hospital, una de esas situaciones que antaño parecían suceder en los Estados Unidos y nos hacían congratularnos de poseer una sanidad en la que contase por encima de todo el tratamiento y no la contabilidad. Una situación que se ha trasladado a nuestro país como consecuencia de un modelo económico inhumano y la colaboración de una fauna política en muchos casos, complice del mismo.

la-fiscalia-denuncia-a-la-xunta-por-la-muerte-de-enfermos-de-hepatitis-c.jpg

Autor: @SeijoDani

 

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental.

Desde DowJones te agradecemos tu colaboración.

https://www.change.org/p/xulio-ferreiro-calle-berta-c%C3%A1ceres-en-a-coru%C3%B1a

 

 

 

 

No es país para pactos

Ante semejante panorama, y tras las primeras elecciones del fin del bipartidismo, los partidos parecen decididos a dar de nuevo la voz al pueblo. Ya que eso que les hemos dictado la última ocasión que nos dieron tal privilegio, parece en definitiva no haberles gustado demasiado. Lo nuevo y lo viejo, la izquierda y la derecha, han vuelto a demostrar que eso de llegar a acuerdos no es muy español y que si siempre se ha dicho que hay dos españas por algo será, aunque ahora nos quieran contar que ya no son dos, que son cuatro, cinco o las que les ayuden a crear los medios. Pero por mucho que se sumen actores, el dialogo sigue siendo el mismo.

La izquierda española sigue dividida entre esos que quieren hacer la revolución a su suerte, sin contar con nadie, ni respetar a los actores que en ocasiones, más de las que parece, comparten trincheras con ellos, y esos otros que son de izquierda pero un poquito nada más. Esos que perdieron Catalunya por no saber o no querer comprender que el discurso de la identidad nacional de un pueblo, nada tiene que ver con romper España, y esos mismos que gobiernan Andalucía como su más preciado botín, entregándosela desde tiempos inmemoriales a banqueros y terratenientes a cambio de un cada vez más escaso jornal para su pueblo. La izquierda de siempre, una izquierda en gran parte tibia en su discurso, en sus formas y en sus pulsos, una izquierda que mira al Partido Popular en cada acto de campaña y que salvo por las apariciones de los viejos roqueros como Xosé Manuel Beiras o Julio Anguita, sigue sin lograr hacer emerger de sus entrañas a ese líder que aúne la seriedad y discurso de Alberto Garzón, con el carisma y el liderazgo de Pablo Iglesias. Puede pues que en definitiva la solución este en el pacto, un pacto que no gusta ni a unos ni a otros, que no termina de concretarse y que si uno atiende a lo que nos separa, parece poco menos que imposible, pero inevitablemente necesario.

Necesitamos una izquierda propia, una izquierda que ponga definitivamente sobre la mesa un nuevo modelo de producción, unido a una nueva legislación laboral que proteja a los individuos no solo como consumidores, sino además y principalmente como trabajadores. Una izquierda que sume en sus filas a los diferentes actores de la lucha del 99%, los movimientos ecologistas, animalista, feminista, así como los diferentes campos de la lucha obrera, que deben de suponer un solo frente amplio en frontal oposición a la ofensiva neoliberal que desde el 1% de los superricos se ha lanzado para despojarnos de nuestros derechos. Derechos por los que muchos dieron su vida y a los que por dignidad y por necesidad, no podemos renunciar. Necesitamos y exigimos una izquierda propia, pero también global. Una izquierda de los movimientos sociales y de sus comunidades y a la vez una izquierda capaz de aunar fuerzas para afrontar desafíos globales como la lucha contra los paraísos fiscales, el cambio climático o al militarismo en sus más diversas facetas, origen este de los miles de refugiados que todavía hoy, vergonzosamente, aislamos de nuestras fronteras con campos de concentración y concertinas.

Eso necesita la izquierda española, y lo necesita en oposición a una derecha rancia en lo nuevo y en lo viejo, una derecha que habla de regeneración en la búsqueda del pacto con un partido que ha estado inmerso en un ciclo de corrupción sistémica que empezó con Naseiro y continua con Bárcenas, un partido con altos cargos imputados, con comunidades autónomas como Madrid o Valencia que pareciesen salidas de las brillantes páginas de Mario Puzo. Un partido que no ha perdido perdón y que ha puesto trabas siempre que le ha sido posible a las investigaciones judiciales, acostumbrado a ver la paja en el ojo ajeno, mientras encubría la viga en el propio. Con ese partido, la nueva derecha busca pactar un acuerdo en el que todo cambie para que todo siga igual.  Un acuerdo que permita continuar con la precarización del trabajo y las privatizaciones que durante muchos años han transcurrido en paralelo a la corrupción política y empresarial que ha terminado por infectar totalmente al sistema en su conjunto. La nueva derecha busca pactar con una versión suya más rancia y depurada, haciéndonos creer que el problema lo supone un ministro o un diputado, pero no, se trata de un sistema corrupto que en nuestro país ha tenido sin lugar a dudas un gran aliento en el ladrillazo de Jose Maria Aznar o en las privatizaciones de las empresas públicas de uno y otro bando.

No es posible el acuerdo con quienes se lucraron de la España de las obras faraónicas que únicamente sirvieron para sacar pecho y comisiones, al igual que no es posible llegar a acuerdos con quienes figuran en las offshore, ni con quienes pretenden pactar con ellos.

 

 

goya.jpg

 

Autor: @SeijoDani

 

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental.

Desde DowJones te agradecemos tu colaboración.

https://www.change.org/p/xulio-ferreiro-calle-berta-c%C3%A1ceres-en-a-coru%C3%B1a

Libertad o Barbarie

 

Una de los primeros recuerdos que tengo marcados a fuego en mi memoria en esto del horror, es la imagen de Muhammad al-Durra siendo asesinado ante la mirada impotente de medio mundo y el firme abrazo protector de su padre, justo antes de que un soldado israelí, arrebatase ese bello gesto al mundo para siempre. Fue una imagen que me marcó profundamente, aunque pronto vinieron otras, en la propia Palestina, en Yugoslavia, en Pakistán, en Syria o en Iraq. Pronto comprendí que el mundo no era un lugar seguro en donde ir a clase o a la oficina eran una simple rutina o en donde el sonido de las balas y de la guerra no tenía más significado que el de algún  nuevo juego con el que pasar las tardes hasta un nuevo amanecer. Pronto comprendí que nacer en Europa, significaba un gran privilegio para mi, que lo que yo consideraba derechos fundamentales, en otras partes del mundo eran motivos por los que matar o por los que morir.

Muchas veces resulta necesaria una tragedia de este calibre para que apreciemos de una manera peculiar, de esa manera que tan solo la perdida nos puede otorgar, esa inmensa burbuja en la que nos encontramos aislados como ciudadanos occidentales.

Muy alejada de mi intención el restarle ni un ápice del justo sufrimiento y dolor al pueblo europeo por la ola de atentados que sufrimos en las últimas décadas en Europa. Puesto que sería injusto pedirle a un pueblo que sangra que no alzase su voz al cielo, al igual que sería injusto que tales gritos de dolor y de justicia cayeran en saco roto. Una injusticia que por desgracia nosotros hemos cometido demasiado a menudo cuando los que sangraban eran otros. ¿Quién escucho Muhammad al-Durra o a los mieles de niños asesinados y represaliados por el régimen sionista de Israel? ¿Quién consulto al pueblo de Afganistán o a tantos otros antes de hacerlos participes de un juego de poder e influencia en el que en el mejor de los casos las víctimas solo eran cifras en el telediario para nosotros? Y la respuesta es nadie, nadie se preocupo entonces por ellos, al igual que seguimos sin hacerlo realmente ahora.

Es lógico y normal que nos duelan nuestras víctimas que nos duelan más los golpes en nuestras capitales, pero no podemos permitir que el odio ciegue nuestras respuesta. No podemos seguir cerrando los ojos y dejando en manos del establishment militar la respuesta a nuestros muertos, no debemos volver a confiar en los mercaderes de la muerte para encontrar el camino de la paz.

Odio, rencor, venganza, palabras que resurgen en Europa junto al auge del fanatismo y del miedo y que debemos enfrentar antes de que sea demasiado tarde. El 78% de las víctimas mortales debidas al terrorismo en el último año, se produjeron tan solo en 5 países: Irak, Nigeria, Afganistán, Pakistán y Siria. Países todos ellos del mundo islámico que nos demuestran que necesitan nuestra ayuda, no nuestros misiles. Tras décadas de intervenciones militares y chantajes políticos de todo tipo, Occidente como sociedad, no puede permitirse mirar a cada musulmán como si fuese un potencial terrorista. No podemos permitirnos olvidar nombres como los de Malala Yousafzai o Benazir Bhutto, no podemos olvidarnos del ejemplo en forma de olivos de la resistencia pacífica del pueblo palestino ante la barbarie de Israel. No podemos, ni debemos olvidarnos de que Bruselas, París, Madrid o Londres han sido tan solo pequeñas muestras de lo que para millones de personas supone su día a día.

Decía Nelson Mandela que no existía otro camino que la paz, y lo hacía en el momento que los jóvenes de Soweto cansados de ser masacrados por el gobierno del apartheidtomaban las armas para vengarse. No voy a decir que comprenda a los terroristas, ni que pretenda hacerlo, pero si sé que detrás de cada uno de esos jóvenes que hoy son fanáticos dispuestos a inmolarse en nombre de una religión que en el fondo creo que desconocen, existe una historia y debemos de conocerla. Debemos de buscar el motivo por el que nuestros jóvenes, los hijos de los emigrantes que un día vinieron a Europa en busca de una vida mejor, hoy albergan tanto odio hacia nosotros. Quizás esas respuestas lleven años escondidas, o puede que no tanto en realidad, en guettos como Molenbeek o la cañada de Hidum, en disturbios como los de París en 2005 o en la escasa comprensión que  la sociedad europea tuvo de movimientos como “Ni putas, Ni sumisas” que nos venían avisando de una alarmante falta de integración social y cultural de los hijos de la emigración musulmana.

No podemos, ni debemos asumir socialmente el papel de mártires ante el terrorismo yihadista, al igual que tampoco podemos eludir ni un segundo más nuestra responsabilidad ante un fenómeno que simplemente ahora ha traspasado nuestras fronteras.

“Nadie nace odiando a otra persona por el color de su piel, o su origen, o su religión.”

Nelson Mandela

Idomeni-refugiados-explosiones_Bruselas_MDSIMA20160322_0219_21

Autor: @SeijoDani

 

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental.

Desde DowJones te agradecemos tu colaboración.

https://www.change.org/p/xulio-ferreiro-calle-berta-c%C3%A1ceres-en-a-coru%C3%B1a

¿#JesuisParis?

Hoy a tocado volver a ser París,pero bien podría haber tocado ser Madrid,Londres o cualquier otra capital europea.Y es que por un momento,el sonido de las explosiones durante la retransmisión de un partido de fútbol ha parado a nuestras sociedades de consumo y alertados por los boletines informativos,todos hemos pulsado el botón de pausa en nuestra vidas para sobrecogernos al unísono ante la barbarie que nos golpeaba una vez más en forma de atentado terrorista.

Y digo “nos” porque esta vez quién sabe si por la cercanía geográfica y cultural,por la tez blanca de la mayoría de las víctimas o simplemente por la inmediata y masiva cobertura de los medios de comunicación,la sangre de este atentado nos ha impactado de forma diferente.Y lo ha hecho,porque además de ser uno de los escasos atentados que golpean nuestra zona de confort,esta vez ha golpeado a uno de los pilares fundamentales de nuestra sociedad:el ocio.Los terroristas de Daesh,se fijaron como objetivo una de las salas de conciertos más emblemáticas de París,además de una bulliciosa zona de restaurantes cercana a la plaza de la República e intentaron,afortunadamente sin mucha pericia,atentar contra el estadio de Saint Denis.En donde en ese momento se disputaba ante la presencia de miles de espectadores;entre ellos el preside la la república François Hollande,el partido amistoso Fracia-Alemania.Esta vez el terror no se había producido en algún país lejano,ni se trataba de una venganza aislada contra un grupo de caricaturistas locos o de un ataque más a la policía que nos protege.Esta vez,el objetivo era la sociedad francesa en su conjunto.Y eso nos atemoriza profundamente.

Nos atemoriza saber que ese infierno  que creíamos encerrado en países lejanos de Medio Oriente,y al que ya nos hemos acostumbrado a vislumbrar por televisión día tras día y semana tras semana durante las horas de la comida,puede en realidad llamar a nuestras puertas en cualquier momento.
Rápidamente;en la sociedad de las tragedias 2.0,surgieron las muestras de empatía en las redes sociales con los hashtags #JesuisParis o #JesuisFrance al igual que anteriormente habían desfilado por la efímera pasarela mediática de Twitter o Facebook los tan <<in>> en ese momento #BringBackOurGirls  o #PrayForBangkok sin que tras un vistazo nada tengan que saber,gran parte de los que se suman a estas expresiones,de la delicada vida en las aldeas de Nigeria atacadas por Boko Haram o de la asfixiante vida política de una Tailandia ahogada por la dictadura.
En realidad,la mayoría de los que se muestran especialmente alarmados por tan diversos acontecimientos desconoce las causas o los antecedentes de cualquiera de estas tragedias,la mayor parte ni siquiera conoce la identidad de los diferentes actores que participan en ellas y desde luego ninguno de nosotros puede llegar a imaginarse desde la comodidad de nuestra sociedad del bienestar,el horror que viven las víctimas de las violaciones masivas en Chibok o la desesperación que se siente tras sufrir un nuevo atentado en Bagdad.Nos apresuramos a decir que somos Paris,México o Bangkok pero ninguno o muy pocos,nos afanamos en buscarle una explicación a lo ocurrido.Inmediatamente nos dejamos guiar por los mass media,por los gobiernos e incluso cada vez más;especialmente desde el 11 de septiembre,por el miedo sin que nuestra actitud crítica aflore ya en ningún momento.
Nadie parece dispuesto a cuestionar al gobierno francés tras los atentados de este fin de semana,nadie parece dispuesto a pedir explicaciones por sus decisiones.Decisiones que en muchos casos han contribuido a crear un mundo más inestable e indirectamente a facilitar los factores que han desembocado en los atentados de París.
Muchos dirán que no es el momento de pedir explicaciones,que es el momento de mostrar unidad y firmeza frente al terror yihadista ¿Pero cuando es ese momento entonces? ¿Una vez que nuestros gobernantes, amparados bajo el paraguas de la libertad,impongan un estado de sitio en donde poder coartar nuestros derechos fundamentales en nombre de la seguridad?
En una sociedad de la información cada vez más desinformada;en parte gracias al periodismo twitter,todos parecemos estar dispuestos a olvidar que el mismo Hollande que ahora pide contundencia contra Daesh,vende armamento a Arabia Saudí al igual que lo hace su aliado en los recientes bombardeos a Raqqa,Estados Unidos.País este ultimo que ha seguido vendiendo armamento a los saudíes incluso inmediatamente después de los atentados de París.
Armas que el estado con la más radical y arcaica  interpretación oficialista del islam ha utilizado en el mejor de los casos para fomentar una guerra demencial en Yemen que sin duda promete desestabilizar aún más la región o lo que es peor,para entregárselas directamente a los combatientes suníes de Daesh,en un desesperado intento para desestabilizar Syria e Iraq frente la creciente influencia de Irán en la región.Observando las décadas de actuaciones unilaterales y puramente etnocentristas de  Occidente en la región,podemos y debemos darnos cuenta de que en gran medida nosotros hemos contribuido a crear los demonios que hoy llaman a nuestra puerta.En una actitud puramente ignorante,Occidente ha cerrado los ojos durante años a la realidad que lo rodeaba.Somos los principales consumidores de la droga con la que trafican los cárteles que asesinan a niños (Material sensible)y siembran el país de fosas comunes y desaparecidos,compramos los diamantes o el coltán que financia las guerras civiles que tiñen demasiado a menudo de sangre el suelo de África y somos el destino del petróleo con cuyas divisas se compran los Kalashnicov de los que se nutren los terroristas del Daesh.Pese a todo seguimos cerrando los ojos,esperamos que en una sociedad donde todo es global,el terror sea una excepción y  nada de esto nos afecte.
Pero hace tiempo que eso ya no es así.Ahora nos toca vivir con miedo y sentir en nuestras carnes las consecuencias del terrorismo islámico,como antes nos ha tocado sufrir las guerras de poder del hampa en bandas nutridas de excombatientes de la antigua Yugoslavia o las reyertas entre las maras provenientes de Centroamérica.Manifestaciones de violencia heredada de diversos factores pero todas ellas con un factor común.En una sociedad global resulta imposible lanzar una bomba,derrocar un gobierno o financiar una guerra civil en otro país sin esperar que tarde o temprano surjan consecuencias globales.
Una pregunta se me viene a la cabeza cuando a menudo veo la barbarie de Daesh y reparo en sus ansias de expansión a un califato del terror ¿Que hubiese pasado si hubiese triunfado en el mundo árabe la idea del Panarabismo? ¿Que hubiese sucedido si la unidad en esa región del mundo se hubiese producido alejada del paraguas de la OTAN? Quién sabe puede que bajo aquellas premisas de nacionalización de las empresas extranjeras,reformas agrarias y el desarrollo de servicios públicos al alcance de todo el pueblo,el mundo árabe al fin lograse una identidad propia no tan marcadamente religiosa.Puede que sin la injerencia de las grandes potencias mundiales sobre la región,quizás hoy no estaríamos hablando del Daesh,de la guerra contra el terrorismo o puede que sí.Quién sabe.
Pero hoy,en oriente,sólo quedan;tras décadas de manipulación política e intervenciones militares intentando imponer una pseudocultura del consumo bajo la idea de la democracia,una tierra quemada caldo de cultivo perfecto para la creación de un monstruo llamado Daesh.Un monstruo que parece encontrar sus bases en jóvenes sin identidad de cualquier parte del mundo que buscan en el fanatismo religioso algo con lo que poder identificarse,un sentido más allá de su nomina o la falta de la misma.
La explicación de los atentados en París es más compleja que una acción de unos terroristas pertenecientes a una organización con un odio irracional a todo lo que representa Occidente y si se pretende terminar con el terrorismo islamista la respuesta a los mismos debería consistir en algo más que bombardear Syria.Después de todo esa misma línea de actuación fue llevada a cabo en Afganistan o Iraq y a tenor de los acontecimientos no parece haber surgido demasiado efecto.Estoy de acuerdo en que la solución a los problemas de Oriente Medio pasa en la actualidad por derrocar a Daesh,en que es un primer paso necesario para estabilizar la región.Pero permítanme que me pare a pensar en las posibles consecuencias de la participación directa una vez más de Occidente,antes de que nos lancemos de nuevo con un palo al que decimos tener atada la bandera de la libertad contra tan peligroso avispero.Puede que esta vez sea necesario un cambio de perspectiva,que debamos ayudar a las facciones locales a alcanzar un consenso de unidad que les permita recuperar sus vidas,sus países.Puede que la ayuda de occidente simplemente sea necesaria tras el fin del conflicto con la supervisión en el desarme que impida el surgimiento de nuevos frentes y en forma de ayudas económicas para la reconstrucción de los países no supeditadas a prestamos millonarios del FMI que terminan por ahogar cualquier esperanza de progreso antes de que esta puedan ver la luz.
Si nuestro dolor por las víctimas es real,nuestra reacción no se debe limitar a poner la bandera de turno tan solo porque una red social nos lo recomiende,dado que si llegamos a perder nuestro sentido de la realidad hasta el punto de que sea Facebook la encargada de dotar de mayor o menos importancia a las víctimas,resultará cada vez más complicado alcanzar una sociedad de ciudadanos con un sentido crítico propio que luche por exigir a sus gobiernos la toma de decisiones para la búsqueda de la paz común por encima de intereses particulares. 
12226962_831215510331389_893591811156621983_n
Autor: @SeijoDani

Una victoria que sabe a responsabilidad y compromiso político.

En plena reflexión postelectoral, solo una palabra puede venírseme a la cabeza para resumir los resultados de estos comicios,responsabilidad.Y es que esa ha sido la clave de muchos de los grandes resultados que la izquierda ha conseguido al fin, frente a una derecha envalentonada y escudada en el recurso del miedo.Responsabilidad política y también ciudadana,que ha servido para que ciudades como Madrid,A Coruña o Barcelona;por citar alguno de los claros ejemplos que nos ha dejado la jornada electoral,pongan en manos de ciudadanos con vocación política y no de los que se habían convertido ya en gestores políticos profesionales,la ilusión por un cambio ya muy necesario y que sin duda parece crecer en el conjunto del estado con intensidad.Nadie puede prometer que las mareas o las agrupaciones ciudadanas de diversa índole que han dado un paso al frente para terminar con la mala praxis política que se había convertido en nuestro país en algo ya habitual,vayan a tener un éxito inmediato.

Nadie puede prometer que no vayan a cometer errores y que las soluciones que tan bien lucen sobre el papel vayan a lucir de igual manera sobre la realidad de nuestro día a día,nadie puede prometernos que se terminaran inmediatamente los sufrimientos de una ciudadania ya muy cansada,y en realidad,nadie debería hacerlo.Pero la noche de ayer si nos ha traído algo muy valioso para el conjunto de la ciudadania,la prueba fehaciente de que organizados y asumiendo responsabilidades políticas,los ciudadanos podemos llegar a hacer del gobierno;local o estatal,algo nuestro.Podemos dejar de lado los tiempos en los que la política era tan solo una urna en donde depositar nuestras obligaciones en forma de papeleta.Podemos cambiar eso,podemos al fin tener la convicción de que la política,el estado,es cosa de todos y no un entre abstracto manejado por las diversas familias de siempre a su antojo.

Si algo nos debe traer esta jornada electoral,es la reflexión sobre la importancia y la necesidad de que del pueblo surja la nueva política y no simplemente un ganador cada cuatro años como si de un absurdo reality show se tratase.

bb

Autor: @SeijoDani