¡La impunidad ha muerto¡ ¡Viva la República!

“El Rey es tan Jefe de Estado como soy yo. Sólo que yo he sido electo tres veces con 63 por ciento. Somos iguales, Jefes de Estado igual. Somos tan Jefes de Estado el indio Evo Morales como el rey Juan Carlos de Borbón y yo”

Hugo Chávez

Seguramente, poco podría imaginarse; en aquel verano de 2010, el fiscal Pedro Horrach, que entre la amalgama de documentos que recibía en su despacho, que en mayor o menor medida guardaban relación con el caso Palma Arena, se encontraban ocho folios, remitidos por la fundación  Illesport, que iban a destapar el mayor caso de corrupción de la monarquía española. El caso del Instituto Nóos, de Diego Torres, de Iñaki Urdangarin. Pero especialmente, un caso que terminaría, con toda una infanta de España, sentada en el banquillo de los acusados.

Un caso de adjudicaciones amañadas, de trabajos ficticios, precios desproporcionados y un desmedido ánimo de lucro, que llevaría a Don Iñaki y al que por aquel entonces era su socio Diego Torres, ha embolsarse cerca 4,5 millones de euros, por un trabajo, en el que el peso de la participación del yerno del rey, resultaba clave, para garantizar un flujo de dinero constante, cuya procedencia principal era la de las administraciones gobernadas por el Partido Popular. Nóos, supuso un entramado fraudulento, en el que los 18 acusados, terminaron sucumbiendo ante la tentación de asociarse con la imagen de la casa real, pese a las escandalosas irregularidades necesarias para ello.

El salto a la palestra del caso Nóos, supuso para la casa real española, encarar, la investigación y el posterior juicio, que terminaría por debilitar para siempre, esa imagen cándida y campechana de una monarquía, que en medio de una crisis sin precedentes para sus súbditos, se posicionaba claramente del lado de los que de una forma u otra, se habían aprovechado para su beneficio económico, de un sistema, del que la corona siempre se había congratulado de ayudar a crear. Con Aizoon SL bajo sospecha (Una sociedad compartida al 50% por Iñaki Urdangarin y la infanta Cristina) la justicia, ponía en la picota, a una monarquía, aparentemente, vinculada a un caso de corrupción política, en el que el peso de la institución, había sido utilizado como si de una mera marca comercial más se tratase.

La investigación, logró demostrar, de manera clara, el funcionamiento del entramado de empresas y sociedades pantalla; que Iñaki Urdangarin y su socio Diego Torres, habían levantado, con el objetivo de hacer desaparecer para la Hacienda pública, el dinero fruto de la corrupción en sus actividades. Ante la imposibilidad de negar los claros indicios que apuntaban a Iñaki Urdangarin, no se tardo demasiado desde la casa real, en tomar la decisión de convertir, al yerno del rey, en la última barrera de defensa de la monarquía. Una estrategia, en la que se invirtieron numerosos recursos, y cuyo único objetivo, era el de intentar evitar  que la investigación, pudiese salpicar en mayor medida a la propia monarquía. No en vano, el caso Nóos, amenazaba en aquel momento, con afectar de manera directa a la hija del por aquel entonces rey de España. En un ambiente, en el que objetivo de todos los focos, se encontraba precisamente, en lograr demostrar, la posible implicación de la infanta Cristina, con los negocios de su marido. Algo, que a tenor de la sentencia final del caso, ha resultado; por un motivo o por otro, imposible para la acusación .

Con un sonoro murmullo político de fondo, y una fiscalía que en ocasiones ha bordeado una línea de actuación, más propia de la defensa de la infanta Cristina. La justicia, se ha mostrado incapaz, pese a los claros indicios, de demostrar la participación de Cristina de Borbón, como cooperadora necesaria en el delito fiscal cometido por su marido. Delito, que ha sido el único por el que doña Cristina, ha terminado sentada finalmente en el banquillo. No así, por los delitos de malversación, prevaricación o falsedades. Cabe recordar, que legalmente, la infanta, nunca ha tenido obligación alguna de denunciar a su marido, pese a que pudiese haber tenido conocimiento de las actividades ilícitas realizadas por el mismo. No cabría por tanto, pese al revuelo informativo, exigir responsabilidades en ese sentido, más allá de las que se le pudieran reclamar moral y socialmente a un miembro de la familia real que dice representar al conjunto de los españoles.

Parece obvio, a tenor del elevado tren de vida de la pareja, que Doña Cristina, sí debió de reconocer en su día a día, claros indicios de la extraña actividad económica de su marido. Del mismo modo, que la capacidad de la infanta para disponer de los fondos de Aizoon, en donde se depositaban los beneficios fraudulentos de don Iñaki, apuntan de una manera clara, a una cierta responsabilidad en toda la trama, por parte de la hermana del actual rey. Una responsabilidad, que los correos destapados por  Diego Torres, extienden a su vez a nuevos ámbitos de la corona, dejando entrever, un claro conocimiento por parte del entorno de casa real, acerca de las actividades de Iñaki Urdangarin. Conocimiento, que desmonta totalmente, la fachada de una monarquía sorprendida por los tejemanejes del que hasta aquel entonces parecía el yerno ideal. La figura de Carlos García Revenga, secretario de las infantas, supone sin duda, uno de los vínculos claros entre la casa real y don Iñaki Urdangarin. El propio rey emérito, se vería salpicado por los mensajes destapados por Diego Torres, en donde las conversaciones con Corinna Sayn-Wittgenstein; supuesta amante del don Juan Carlos, parecen apuntar de manera directa a la aparente participación del rey en los negocios de don Iñaki Urdangarín, al menos como la figura, que nunca impidió que su nombre, y la reputación de la corona, fuese puesta al servicio de todo el entramado corrupto.

Con la absolución de Cristina de Borbón y la condena a Iñaki Urdangarin a un total de 6 años y 3 meses, la monarquía se encuentra ante la necesidad de hacer del marido de la infanta, un caso ejemplarizante, que evite; si todavía resulta posible, la sensación de la existencia de un justicia de dos sensibilidades, y dos velocidades en España.

Más allá de las sentencias judiciales y las responsabilidades penales, el proceso del caso Nóos, ha terminado destapando una dura realidad, para todos aquellos, que hasta hoy, creían en el sentido de una monarquía al servicio de los españoles. Las presiones ejercidas, en el entorno judicial y mediático, con la clara intencionalidad de alejar en la medida de lo posible a la infanta de las responsabilidades judiciales, han evidenciado a una corona muy alejada de los modelos de transparencia que desde la población se han venido exigiendo, ante el hartazgo de una corrupción ya endémica en el país. La corona, ha terminado de mostrarse al pueblo, como una institución, incapaz de reconocer sus propios errores. Un ente independiente del devenir democrático de nuestro país, incapaz de acomodarse a los cambios sociales pertinentes, al encontrarse totalmente inmersa en la firme tarea de apuntalar su propia supervivencia. Quién sabe, si por inoperancia o por mera impotencia, ante los posibles escándalos que una lupa parlamentaria podría hacer saltar a la opinión pública. La actuación de la casa real, ha continuado en una línea aislacionista, intentando dirimir en un proceso interno de reprimendas reales, lo que debería haberse convertido, en una clara oportunidad, para demostrar que ni tan siquiera la corona debe escaparse al ejercicio de la justicia.

El caso Nóos, nos deja a una infanta, absuelta por su supuesta ignorancia personal y política, y a todo un cuñado del actual rey de España, condenado por corrupción. Todo ello, parece gestar una extraña sensación propia del inicio del fin de un ciclo. ¡La impunidad ha muerto¡ ¡Viva la República!

noos

Autor: @SeijoDani

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental.

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Yo, un inmigrante

6 de febrero de 2014

Hay pocas cosas tan ciertas, como que no existe forma de poner barreras al dolor y a la miseria. Ni las vallas y sus hombres armados, ni la sangre, ni los muertos, podrán detener a quién no conoce más esperanza, que la que su propia desesperación, dibuja al otro lado de una frontera, que no significa nada. Aquella mañana, cerca de 200 personas, se agolpaban en los montes marroquíes cercanos a la frontera española del Tarajal, cansados, pese a las jornadas dedicadas a recuperar el aliento, tras un viaje a través de un continente como el africano. Los nervios, el miedo y la ilusión debían agolparse en sus corazones, haciéndolos latir de una forma que quienes nunca hemos estado inmersos en un lucha semejante, me temo, jamás seremos capaces de comprender, pese a nuestros esfuerzos por intentarlo. Los últimos rezos antes de encarar el final del camino, las llamadas a casa y los preparativos necesarios pese a las muy escasas pertenencias, debían de mezclarse en el ambiente, junto a las valiosas palabras de los compañeros que ya habían intentado, antes, cruzar la frontera para aferrarse a un sueño europeo, que sabían no los esperaba con los brazos abiertos. En ese momento, los consejos para evitar a la policía marroquí, a la que ya estaban acostumbrados a temer por las continuas redadas a la caza del emigrante, y las señales con los puntos de acceso a la parte española de la frontera, debieron de suponer las últimas palabras que se dijeron, justo antes de los deseos de buena suerte y los planes a realizar nada más cruzar al otro lado.

Pronto, uno de los equipos de vigilancia, salpicados a lo largo de la valla de Ceuta, detectó a los cerca de 200 inmigrantes, y los preparativos de quienes dicen defender la frontera, comenzaron a activarse. Las fuerzas marroquíes, no dudaron ni por un instante en rechazar a golpes a los emigrantes. Los palos, se reafirmaron como política oficial al otro lado de la valla, fruto de la desidia del país africano por los derechos humanos, en total consonancia con lo que de él esperan sus socios europeos. El caos comenzó a desatarse entre los emigrantes, nadie esperaba que alcanzar su sueño fuese a ser sencillo, y no existía la oportunidad de retroceder, cualquier paso en falso podía significar una breve estancia en las dependencias policiales marroquíes y una larga travesía por el desierto, camino a ninguna parte. Un grupo numeroso se dirigió en ese momento hacia el espigón que separa España de Marruecos, en un punto que en buenas condiciones, se podría cruzar a pie, no era el caso. La tensión fruto de la represión en territorio marroquí y la fragilidad de un sueño tan cercano, pero inalcanzable para sus exiguas fuerzas en ese momento, hizo que los emigrantes comenzasen a agolparse en un espacio cada vez más reducido. Aumentan los nervios y la cosa no iba a mejorar. Pronto, comenzaron a llegar los agentes de la policía española a la punta del espigón, y sin motivo aparente, comenzaron también los disparos de material antidisturbios, ante lo que cualquiera en sus cabales, identificaría inmediatamente, como una emergencia humanitaria. El pánico hace acto de presencia, los botes de humo y las pelotas de goma, se suman al apelotonamiento de los inmigrantes para convertir la situación en una polvorín, que finalmente, terminaría estallando. Policía marroquí y española, parecen trabajar coordinados, pero inexplicablemente, la ayuda nunca llegará a los inmigrantes, que por aquel entonces, ya se empujan y caen al agua, fruto del pánico.

La línea que separa el continente africano de la “civilizada” Europa, parece desvanecerse ante los pasos de las botas militares y la trayectoria del material policial. Ni Salvamento Marítimo, ni Cruz Roja, habían sido requeridos en la actuación. Ese día, un total de 15 personas pierden la vida en la frontera; en unas aguas, las del Mediterráneo, que no discriminan entre nacionalidades a la hora de cobrarse su pago por la codicia humana. 5000 muertos solo en 2016, son la cara más desagradable, de un mar que baña las costas de realidades tan diferentes, de orillas tan lejanas en un mismo mundo. Las devoluciones en caliente de aquel día, derribaban la legalidad y la frontera, como excusa ante lo que solo debería pertenecer al ámbito de la humanidad. Nadie actuó para salvar a los emigrantes. Fueron tratados como el enemigo en una guerra ideológica, en donde la emigración, es vista por un sector de nuestra sociedad, como un mal que hay que detener, pese a que en el camino, se agolpen un sin fin de irregularidades.

Desconozco, la responsabilidad exacta de los agentes que aquel día actuaron en defensa; supuestamente, de la frontera de un país que nos pertenece a todos. No soy consciente de la existencia de un protocolo o una línea de actuación que permita el uso de material antidisturbios, ante lo que a todas luces parece una situación más propicia para el equipo sanitario y los chalecos salvavidas. No voy a hablar aquí de culpables o inhumanidad, ya que la justicia no me lo permite, también en eso, los españoles jugamos con una fina línea que coarta nuestra libertad, que dibuja nuestra frontera. Aquel día, 15 personas murieron intentando alcanzar un país que es el nuestro, personas que se aferraron a la vida, que escaparon de situaciones de miseria y guerra, para llegar a un territorio, que muchos de los que dicen amar su bandera, maltratan y desprecian en nuestro nombre. No voy a entrar, en la actuación posterior de Fernández de Mesa, Martínez Vazquez o Fernandez Díaz…la mentira y las manipulaciones tienen un recorrido corto, pese a los premios y gratificaciones que en este país pueden recibir quienes de tal modo actúan.

Los muertos de la tragedia del Tarajal, fueron enterrados de manera rápida y anónima, Los homenajes y las lágrimas se producían muy lejos de la frontera, en los hogares de las familias que un día vieron partir a quienes eran sus hermanos, sus hijos o sus padres. Para Occidente, aquellos cuerpos no eran más que otro número en una tumba sin nombre, un intento de asalto repelido ante la amenaza de una emigración descontrolada, un relato político, una muestra de nuestra decadencia y un símbolo de amenazas mayores ¿Hasta cuando va a seguir soportando el mundo nuestra prepotencia e inhumanidad? 

En octubre de 2015, la jueza María del Carmen Serván archivó la causa, según su punto de vista, no existían pruebas suficientes para asegurar que la actuación de la Guardia Civil hubiera contribuido a la muerte de estas personas. Los testimonios de los testigos no identificados, los inmigrantes, no eran considerados válidos, y en palabras de la propia jueza “Los inmigrantes asumieron el riesgo de entrar ilegalmente en territorio español por el mar a nado, en avalancha, aprovechando la noche,  vistiendo gran cantidad de ropa y haciendo caso omiso a las actuaciones disuasorias tanto de las fuerzas marroquíes como de la Guardia Civil”

Ciertamente, los inmigrantes, asumieron el riesgo de un “viaje” que puede llegar a atravesar ocho países, desiertos, zonas de guerra y todo ello en manos de mafias de dudosa fiabilidad y de un desmesurado amor por el dinero, así como de un comprobado desprecio por las vidas que en ellos se depositan. Un riesgo muy diferente al de esos turistas que cada año rescatamos de sus viajes de aventuras o el de un escursionista o un deportista, que desoyendo las advertencias de las autoridades, decide continuar su camino sin importarle el evidente peligro. Los 15 muertos en aquella intervención en la frontera, decidieron entre la muerte lenta, y la miseria o el peligro de una ruta, que no admite lugar para los formalismos y los trámites legales que en realidad, suponen poco más que un espejismo en el caso de la emigración africana a España.

La tragedia del Tarajal es la tragedia de la emigración, de los muertos, de sus familias, de la desigualdad y la pobreza, pero también la tragedia de un país que en aquel día se definió ante el mundo como una supuesta democracia más preocupada y volcada en la defensa de sus fronteras que en la de los seres humanos. Una tragedia para un país y un sistema que es el nuestro. Como un ciudadano más, hoy me sumo al grito del dolor de las familias que aquel día perdieron a los suyos y a su aliento, un aliento que todavía hoy, continua pidiendo justicia.

tarajall

Autor: @SeijoDani

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Lo siento mujer

Supongo que todo pudo comenzar la primera vez que su madre le compro una muñeca en lugar de aquel coche que tanto le gustaba, en las miradas raras cuando quiso jugar al fútbol, las broncas con aquel primer novio por aquella minifalda “demasiado corta”, los celos, los mal entendidos los sábados por la noche, el primer puta, los anuncios denigrantes, los “piropos” a destiempo, la falta de ayuda en casa, los golpes, la talla 36 como canon de belleza, los tacones en la oficina, las miradas lascivas de aquel desconocido, el acoso por un aborto, el miedo a volver sola a casa. Tu sexo…su sexo. 

En nuestro país viven actualmente 23.695.618 mujeres, 90 de ellas nos faltan al haber sido asesinadas durante este último año fruto de la violencia machista. Algunas, como Mariana Carmen Radú de 43 años, habían denunciado; otras no, quizás por miedo a la represalia o simplemente por temor a ser incomprendidas en una sociedad que tantas veces mira para otro lado cuando la sangre aún no se ha derramado en su suelo. De esos veintitrés millones millones de mujeres, una será violada cada 8 horas, doce de cada cien sufrirán malos tratos a lo largo de su vida  y seguramente la totalidad, vivirá de una o de otra manera la inmensa variedad de formas en las que la sociedad y los que en ella nos encontramos, discriminamos a una mujer por el simple motivo de su sexo. Vivimos en una sociedad, con toda una red de conductas interiorizadas desde nuestra más tierna infancia, para hacerlas sentir distintas, muy probablemente inferiores. Como podría sino explicarse una sociedad, en la que más de las mitad de los adolescentes le dice a sus novias con quién puede hablar, en donde se sigue juzgando a las mujeres por su sexualidad o en donde son necesarias leyes, en tantas ocasiones violadas, para garantizar la paridad en los puestos de responsabilidad de nuestras empresas o nuestros gobiernos.

Vivimos en un entorno patriarcal, en donde tan solo 18 denuncias falsas de un total de 130.000 por violencia machista en 2015, sirven para jugar a la ambigüedad a tantos de nuestros cargos políticos. Una realidad en donde el miedo llega a condicionar la vida de la mitad de sus habitantes y en donde la justicia, en demasiadas ocasiones, no se encuentra al lado de la víctima. Techos de cristal todavía vigentes e inalterables, marcados en su curriculum junto a su sexo y quién sabe si como inmensas estrellas amarillas cosidas en sus vaginas o sus pechos. Símbolos invisibles pero latentes de la discriminación de una parte vital de nuestra sociedad. Genocidio, silenciado en tantas partes del mundo y con escasas políticas, más gestuales que comprometidas, para lograr su fin.

Triste una sociedad que dice criar a mujeres libres e independientes, pero que las abandona a su suerte en un mundo que todavía no está preparado para ellas. Un mundo que no nos cría en la igualdad, sino en la diferencia. En donde a los sentidos silencios de protesta, les siguen los recortes en algo que realmente, en el fuero interno de la política, no se considera prioritario. Ningún otro tipo de terrorismo gozaría de la impunidad de la que goza el terrorismo machista, ningún otro genocidio lograría silenciarse al igual que silenciamos el lento gotear de la muerte de nuestras mujeres. Sin duda, supone para nosotros como colectividad, pero también como individuos particulares, una revolución pendiente.

Existen cientos de motivos por los que uno debiera encarar la lucha feministas: por ética, por solidaridad, por necesidad, por amor, por deuda con quién le dio la vida o simplemente por justicia. Por ver al fin en los ojos de la próxima generación de mujeres, la esperanza, en unos ojos en los que todavía hoy se ve tantas veces reflejado el miedo.

mujer

Autor: @SeijoDani

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental. 

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Querido hombre,

Tenía apenas 18 años o quizás fueran 37. Realmente, estos datos poco importan, al igual que tampoco lo hace su nombre, su procedencia o su clase social. Tan solo importa que era una mujer. Puede que fuese también la hija, la madre o la hermana de alguien, pero ante todo era eso: una mujer. Tan solo eso, fue lo que le valió para estar en el punto de mira cuando regresaba a casa después de una noche de fiesta. Sola, sin compañía, como tantas otras veces, pero con el miedo presente cuando eres una mujer en un mundo de hombres. Y es que para sentirse insegura siendo mujer, no hace falta que tus calles sean las calles de Managua, Brasilia o Caracas. Pero por desgracia, esta vez el miedo era justificado.

En 2015, en España fueron violadas 1200 mujeres, más de 8200 violaciones desde 2009, una violación cada ocho horas. Cuando la introdujeron a la fuerza en aquel portal, ella tan solo pudo gritar de impotencia, resistirse, y pensar en que aquello había comenzado mucho antes de aquella noche. Con los chicos que la llamaban zorra en clase por no tener relaciones sexuales cuando ellos suponían que debía tenerlas o simplemente por hacerlo cuando y con quién ella eligiese, con las miradas que la congelaban cada noche ante una falda o un escote con el que ella se sentía cómoda y atractiva, simplemente. O aquella intentona de ese chico que le gustaba, pero que sin que lo hubiese llegado a comprender del todo bien en aquel momento, se había intentado propasar esa noche en la que ella iba tan borracha y el le introdujo su mano en el pantalón. Ahora, mientras decía una y otra vez basta, mientras suplicaba que se detuviese al hombre que la sujetaba firmemente mientras la violaba, al fin comprendía que nadie la había preparado para el miedo de dirigirse sola a casa cada noche, frente a una sociedad que premia una concepción soterrada, pero imperante, de la mujer como un ser subordinado al hombre y en donde en los últimos once años, más de 700 mujeres han sido asesinadas por el terrorismo machista, sin que esto haya supuesto que se creasen grandes cuerpos policiales contra ese tipo de violencia o se haya producido un verdadero movimiento social, como respuesta a un infierno, el de la violencia patriarcal, que en nuestro país ya han sufrido al menos el 12,5 % de las mujeres que nos rodean.

Cuando se levanto tan solo pudo pensar en que la había llevado a salir aquella noche, en su ropa o en si su violador, podía haber sido alguno de los chicos con los que había estado bailando en aquel club, no sé…puede que lo fuese pidiendo sin darse cuenta o que aquel chico, simplemente se sintiese atraído por aquel escote que tan poco le gustaba a su padre o a su novio. Poco podía pensar entonces, en que su violación en realidad era mucho más simple que todo eso, se trataba en el fondo de una cosa de hombres, de una cultura en donde todos esos pensamientos que a ella ahora se le pasaban ininterrumpidamente por la cabeza, eran vistos por muchos como atenuantes de un acto de agresión física y sexual contra una mujer, de una cultura enferma, que se vanagloria de crear mujeres libres e independientes, pero en la que todavía hoy, no existe un lugar para mujeres libres e independientes.

Una vez en comisaría o ante el juez, puede que fuese precisamente otra mujer la que le preguntase si había cerrado bien las pierna durante la agresión o si estaba segura de no haberlo disfrutado; nadie ha dicho que el machismo sea cosa solo de hombres, y  puede que para entonces ya todo diese igual o por el contrario todo comenzará a importar un poco más. Pero lo que es seguro, es que  ya era demasiado tarde para evitar una nueva violación utilizada como arma en esa guerra soterrada que todavía hoy, de forma consciente o inconsciente, libran gran parte de los hombres contra esa “otra” mitad de nuestra sociedad que suponen las mujeres. Una guerra que se libra en el lenguaje, en los tópicos, en el control sobre las parejas, la discriminación laboral o con el condicionamiento en el ocio de una mujer ante la amenaza de ser violada si regresa sola a casa.

Todavía hoy, vivimos en una sociedad en la que ser mujer, sigue siendo un motivo de discriminación, una sociedad que jamás llegará a ser justa o democrática, mientras la mitad de sus componentes, sigan sintiendo miedo al caminar solas por nuestras calles.

 

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Autor: @SeijoDani

 

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental.

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