Juego de tronos

Existió un tiempo en el que desde Podemos , se nos lanzaba el mensaje de que su partido, no era “Ni de derechas, ni de izquierdas” sino transversal; una especie de partido para todo, capaz de canalizar la indignación y la rabia, fruto den país con una situación social y económica, realmente insostenible para las clases más desfavorecidas del mismo. Y quizás, realmente durante un tiempo, lo lograran. Al menos, lo lograran con aquellos ciudadanos; no pocos, que se encontraban profundamente desencantados con las continuas desbandadas a las que la izquierda tradicional, los tenía acostumbrados. Durante un tiempo, en el partido de Pablo Iglesias, las cosas parecieron hacerse de otro modo. Viejas reclamaciones, para una nueva izquierda, para nuevas formas. Pero todo eso, ha terminado por desvanecerse. Muchas cosas han cambiado desde aquel primer Vistalegre, en donde la fuerza del cambio que suponía Podemos, celebraba una asamblea constituyente que definiría los primeros pasos de un partido, que se decía “quería tomar el cielo por asalto” De aquellas primeras caras que asumían la responsabilidad de un reto que podría dar vértigo a cualquiera: Carolina Bescansa, Luis Alegre, Juan Carlos Monedero,Tania González…tan solo las de Pablo Iglesias e Iñigo Errejón, siguen actualmente activos en  la dirección de Podemos, y serán finalmente los 456.443 inscritos con derecho a voto, quienes decidan quién será el particular Connor MacLeod de la formación morada.

Llegamos a Vistalegre II con la sensación de tener el paso cambiado, una sensación rara e incomprensible. Como si en nuestro fuero interno, algo nos dijese, que una asamblea que debiera servir para definitivamente definir el rumbo de una formación política, se hubiese transformado, sin que nadie termine de apuntar muy bien el motivo, en una pelea de gallos, un juego de nombres o porque no decirlo de una manera más gráfica, en el típico “a ver quién la tiene más larga” del debate político de la izquierda española de toda la vida (siento una referencia tan machista y ordinaria, pero la política en nuestro país; por desgracia, sigue siendo así, incluso la política del cambio).

No vamos a saber tras Vistalegre II, si la formación morada terminara por definirse como republicana o no, no descubriremos cuales son sus planteamientos definitivos en materia económica o política, ni si la apuesta por una distribución territorial determinada en nuestro país, podrá también definir las relaciones del partido, con las diversas formaciones con las que ha tejido sus alianzas electorales. En la asamblea de Vistalegre, no se discutirá ninguno de estos puntos, al igual que no se hablará de muchos otros temas que seguramente, tendrían un peso mayor en el futuro inmediato de los votantes de Podemos, que el que un simple pulso entre facciones pueda llegar a alcanzar, al menos a corto plazo.

Pero no nos equivoquemos, entre toda esa amalgama en la que se vota por separado a 62 miembros de la dirección, 10 miembros de Garantías, cuatro tipos diferentes de documentos y cuatro representantes de los círculos, el objetivo principal, parece claro: bajar del trono de la izquierda a Pablo iglesias. Probablemente, podría llegar a afirmar sin conocerlo personalmente; pero sin miedo a equivocarme, que a Iñigo Errejón nunca le ha gustado demasiado eso de asaltar el cielo, y que ni por asomo, cabría la posibilidad de que las manos del politólogo madrileño, pudiesen acabar de ninguna de las maneras manchadas de cal en el fragor del debate parlamentario. Iñigo es más de escritorio, que de hospital de campaña, más de Sabina que de Eskorbuto, más de temporizar que de arriesgar y eso está bien, no tiene porque ser malo para la política de un partido, pero inevitablemente tiene sus consecuencias.

Cuando uno escribe sobre la guerra desde un escritorio, en lugar de hacerlo desde el propio campo de batalla, las balas no llegan a rozarlo. Uno no se enfrenta a grandes titulares con su nombre inmerso en toda clase de conspiraciones cada semana, ni pierde amigos o relaciones, por culpa de la tensión de la guerra. Cuando uno cubre un conflicto dede la seguridad de su escritorio, existe tiempo para las metáforas, para los adornos y para cuidar la prosa con la que nos vendemos al exterior. Existe tiempo para intentar agradar, un tiempo, que inmerso en el fragor de la batalla, resulta poco menos que imposible. Cuando uno se sumerge en el día a día político, y lo hace desde la dirección de una formación que ha nacido con la intención de declararle la guerra a los poderosos, no existe tiempo para las metáforas o la retórica, uno vive su día a día como un Vietnam intelectual y personal, sin tiempo u oportunidades para tender la mano a quien apenas se molesta en ocultar el puñal con el que piensa traicionarte.

Dicen los errejonistas y el propio Errejón, que de imponerse en Vistalegre II las tesis de Pablo Iglesias y de su equipo, las posibilidades de ganar al PP se desvanecen, lo desconozco, pero personalmente; soy de los que opinan, que la moderación promovida por sus partidarios en las sucesivas campañas, no ha contribuido precisamente a lograr ampliar la fortaleza de la izquierda, sino todo lo contrario. Pero si realmente el señor Errejón mantiene esa firme convicción, la alternativa se antoja clara: opte usted al liderazgo. Y hágalo con firmeza, pese a no haberlo hecho antes. Pese a no haber liderado el partido en sus primeros pasos, cuando el éxito o el fracaso podía ser enorme, cuando los primeros resultados, llamaban a su puerta como un toro desbocado difícilmente controlable o cuando las alianzas y los pasos a dar no estaban claros para nadie. Hágalo,  si realmente considera que el partido ha comenzado a perder el rumbo, pero si lo hace, debe ser claro con todos nosotros, con usted mismo y especialmente, debe ser claro con Pablo Iglesias, al fin y al cabo, se lo debe.

No tendría razón alguna, el actual líder de la formación a la que ambos pertenecen, para molestarse por un pulso de poder sincero, un pulso en el que postulados y liderazgos se expusieran abiertamente a debate ante una militancia, que sin duda lograría hacer de una experiencia semejante, un acto enriquecedor para el partido. Lo contrario, supone un engaño y siento decirlo, un desprecio para el señor Iglesias ¿De veras quiere convencernos de que una personalidad como la de Pablo Iglesias podría defender un proyecto político en el que no creé?

Comienza el fin de semana y con el, una asamblea con las espadas en todo lo alto y en la que pese a las buenas palabras, solo puede quedar uno. Sabina o Eskorbuto, Iglesias o Errejón, pero después de todo esto, no podrá seguir existiendo un liderazgo compartido. Pero si algo parece quedarnos al menos claro, es que tras una campaña con tanta basura en las redes y en los medios, Podemos debiera definirse definitivamente como un partido de izquierda. Puede que una izquierda nueva en las formas, pero sin duda, heredera en los modos de la típica izquierda fratricida de toda la vida.

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Autor: @SeijoDani

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental.

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La pasión turca

“La diferencia entre una democracia y una dictadura consiste en que en la democracia puedes votar antes de obedecer las órdenes.”

Charles Bukowski

No hace demasiado tiempo, mencionar a Recep Tayyip Erdogan, suponía en Occidente, nombrar la esperanza de un islam democrático. Al menos, la de un islam democrático a nuestra imagen y semejanza. Imagen, que nunca nos hemos parado a pensar, pudiese suponer un corsé demasiado apretado, para un cuerpo político y social que por mucho que lo intentemos, no corresponde al nuestro.

La llegada de Erdogan al poder, se produce en el contexto de una Turquía cansada de ser un estado entre dos aguas. Cansada del poder del ejercito y de la secularización, que enmascara la identidad de muchos de sus ciudadanos, bajo un manto de palpable clandestinidad y radicalización. La llegada  al poder de Erdogan, supone una opción ante lo insustancial de la memoria de un imperio que ya no existe, de un pasado glorioso, pero pasado al fin y al cabo. La única alternativa viable para el cambio, en un país en donde tras el golpe de Estado de 1980, la izquierda pareciese haber pasado a ser patrimonio exclusivamente kurdo.

El islamismo de Tayyip Erdogan, se dibujaba en la línea del liberalismo económico y el ferviente anticomunismo. Una concepción política y religiosa, alejada de las versiones más radicales del islam, pero suficiente, para que en la Turquía secular protegida por el ejercito, esto fuese visto como una seria amenaza al orden establecido. Erdogan sufrió en sus propias carnes la persecución política, la muerte de compañeros de partido en atentados diseñados para amedentrarlo e incluso la cárcel, donde pasaría diez meses, tras compartir un poema de carácter islámico. Irónicamente, en una Turquía de signo diferente, también sería la poesía, en este caso un poema crítico con la gestión de Erdogan, la que llevase a la modelo Merve Buyuksarac a prisión.

La historia y una profunda crisis económica, daría en 2002 el poder a Erdogan, gracias a un casi recién fundado, Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) que contra lo esperado por muchos conseguía una mayoría absoluta para un partido islámico, de corte conservador y centrista en su planteamiento. Pero en definitiva, un partido islámico, se hacía con el poder en un país en el que a su ejercito, nunca le había temblado la mano para disuadir el avance religioso en las instituciones.

La cerrazón del ejercito a la influencia religiosa y las continuas trabas a la participación política, impuestas por los numeroso golpes de estado, había volcado el deseo de cambio de la sociedad civil turca en las cofradías y hermandades islámicas. Esto propicio el caldo de cultivo perfecto, para la difusión de una doctrina que podríamos denominar como “liberalismo islámico” en la que personajes como Fetulá Gülen, ayudaron a crear una élite religiosa, capaz de ocupar numerosos cargos en las instituciones de poder del estado, sintetizando un marcado carácter religioso conservador, con los valores propios de las democracia liberal capitalista. Con su llegada al poder en 2002, los cuadros gülenistas sirvieron a Erdogan, para llevar a cabo una venganza contra el nacionalismo laico, en forma de purgas sistemáticas en la Judicatura, el ejercito o el funcionariado. El juicio del Ergenekon y especialmente la reforma constitucional de 2010, ponían punto y final a la visión del AKP, como un punto de encuentro entre democracia e islam. Gestos como la presencia del idioma kurdo en televisión, el alto el fuego con el PKK o la apertura oficial de negociaciones con la Unión Europea para su futura adhesión, pronto dan paso a la persecución política de la fuerte oposición kurda, la violencia sexual contra las activistas antigubernamentales o el mercadeo de los Derechos Humanos con Europa demasiado encerrada en sí mima, como para poner trabas ala construcción de un nuevo sultanato a sus puertas. Las privatizaciones, los recortes, así como las mayores garantías para  las multinacionales, parecen garantizar a Erdogan la convivencia con Occidente, la sharía y el capital suponen los cimientos de una nueva Turquía.

La reforma del ejercito y la mayor presencia de la religión en el día a día de Turquía, tensaron la cuerda en un país, en donde el uso del velo en las universidades, las restricciones al alcohol, la preponderancia de la religión en los estudios o el crecimiento vertiginoso del número de mezquitas, vinieron acompañados de un crecimiento paralelo de la corrupción y la concentración de poder en el estado. Tayyip Erdogan, se veía cercado por numerosos casos de corrupción que habían llevado a una fuerte reestructuración del Gobierno y que ahora, lo amenazaban directamente. Erdogan había convertido su voz, en mandato. El presidente que había llegado al poder, tras recorrer las calles de su país, se parapetaba de sus propias aspiraciones, tras los muros de su fastuoso palacio en Ankara. Un búnker físico e ideológico, desde el que poder dirigir el cambio de un sistema parlamentario a una república presidencialista, que todo parece indicar, puede suponer tan solo la mera fachada de una dictadura de facto. Cualquier síntoma de disidencia en Turquía, es perseguido y eliminado, desde la revuelta que tomó el parque de Gezi, hasta la oposición parlamentaria, pasando por periodistas o miembros del propio AKP, la discrepancia con las decisiones del sultán turco, se paga cara. EL terrorismo, la guerra interna, el conflicto sirio o el reciente golpe de estado, han sido oportunidades aprovechadas por Erdogan, para hacer política desde el caos.

La censura y las purgas, no pueden ocultar la sensación de un país polarizado. Turquía se ve atrapada en el juego de un sátrapa, obsesionado con recobrar una antigua grandeza que puede sin embargo provocar, la caída en desgracia definitiva de un gobernante y de un estado que no supo ser consciente de sus propios límites. El mismo Erdogan que utilizó a Fethullah Gülen, para  llegar al poder y abandonarlo cuando fue preciso, el que vio en el islam un medio para conseguir el apoyo social necesario para llevar adelante sus reformas institucionales y el trilero que supo hipnotizar a la UE, se encuentra ahora inmerso en una dinámica interna, extremadamente peligrosa de radicalización religiosa y en una situación exterior más débil que nunca, ante un doble juego con la OTAN y Rusia, con Siria de fondo. Comienzan a terminarse los comodines de la baraja del sultán turco, mientras la huída sin retorno del autoritarismo más descarnado, comienza a despejarse como la única opción de autoridad, para un país que en algún momento, quiso recobrar su protagonismo internacional.

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Autor: @SeijoDani

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental. 

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La historia nos absolverá

Ha ganado la táctica de ocultar a su propio partido, ha ganado el ruido desde Madrid, ha ganado el miedo frente a las propuestas. En Galicia, ha ganado el Partido Popular y su candidato, aunque probablemente, no hayan ganado todos los que si han votado al PP.

Con unas elecciones  de nuevo a caballo entre Madrid y Santiago, el Partido Popular ha vuelto a aprovechar a la perfección, el ruido de la precampaña en los partidos de izquierda y un miedo, el del bloqueo institucional, que ese mismo ruido se ha encargado de amplificar y hacerlo sobrevolar sobre un hipotético pacto entre las formaciones de izquierda, que si bien parecía respaldado desde las agrupaciones gallegas, corría en la mentalidad popular, el serio peligro de verse embarrado en una nueva investidura eterna por el a priori necesario visto bueno desde Ferraz y Princesa.

Con un Feijóo ya acostumbrado a lidiar con las acusaciones que desde la oposición, apuntan a su huída a la política estatal. El PP ha decidió postergar sus cada día más evidentes luchas internas, para con un perfil de marca intencionadamente bajo, lograr revalidar en Galicia sus 41 escaños y con ellos, una mayoría absoluta que refuerza al candidato por ahora gallego y debilitan tremendamente tanto a las propuestas de izquierdas, como a un partido, Ciudadanos, aparentemente condenado a la deriva Díez en su intento de consolidarse como alternativa en el ala derecha de la política española.

Recibe un duro golpe la izquierda, y lo hace fruto de una campaña tremendamente inoportuna para el calendario del debate ideológico que a esta le ocupa. Llegaron las elecciones gallegas en pleno pulso identitario entre el carácter propio de las mareas y la inercia aglutinadora de Podemos, como lo hicieron también con un PSOE  inmerso en su particular “perestroika” y un BNG, que una vez más y pese a los cismas internos, ha demostrado con su campaña que nada tiene que ver la salud ideológica de un partido, con su salud electoral.

Llego la izquierda a las urnas en Galicia con una idea clara de lo que se quería cambiar: la inherente injusticia del sistema y especialmente la gestión que de ese sistema se llevaba a cabo desde el PP, pero también lo hacía inmersa en pleno proceso de deliberación sobre las formas de hacerlo y muy especialmente sobre cual iba a ser su alternativa.

No nos malinterpretemos, nada malo existe en el debate, siempre y cuando este se produzca en los tiempos y las formas adecuadas. Lo que no ha parecido suceder en el caso que nos ocupa, atendiendo a los numerosos titulares que en plena recta final de campaña han surgido a raíz de la guerra entre Sánchez y sus varones o Pablo iglesias e Ínigo Errejón. Si el PP decidió aparcar sus diferencias durante la campaña, la izquierda de nuevo comenzó la revolución, antes de finalizar la guerra.

Ha ganado el PP y lo ha hecho pese a la corrupción de sus dirigentes y la política de tierra quemada en sectores como el lácteo, el cerco o la agricultura. Gana el PP en una tierra que como decía el más ilustre de los gallegos, Alfonso Daniel Rodríguez Castelao, está más acostumbrada a emigrar que a pedir. Una tierra con demasiados partidos y escasos movimientos sociales o cooperativas, en donde curiosamente se puede cambiar con mayor facilidad el signo de un voto con las políticas de los pequeños ayuntamientos que con las grandes infraestructuras. Y es que lo del caciquismo en Galicia daría para un aparte, sin duda, resultaría curiosa la presencia de observadores internacionales en nuestros colegios electorales, pero eso no va a suceder, cosas de formar parte del imperio aunque sea en sus provincias más olvidadas. Gana el PP de los recortes, de la corrupción y la precariedad, un partido afanado por marginar o idioma aunque para eso tenga que llevarse también por delante su sabia, encarnada en lo rural y todo lo que en torno a el gira.

Gana la derecha y puede que no por sus propios méritos. Han pasado ya 25 años sin que desde el seno de la izquierda, se haya logrado articular una alternativa clara al modelo de capitalismo de casino en el que nos vemos inmersos como realidad casi global. La izquierda  y especialmente el socialismo europeo, permanece todavía en estado de letargo, tras el intenso golpe que supuso la caída del muro y la imposición del dogma neoliberal. No hemos sabido plantear una alternativa al actual modelo que no solo embelesase al votante tradicional, sino que atrajese a una abstención que sin duda lleva camino de convertirse en la verdadera batalla política de la izquierda de nuestro siglo, más allá de las quimeras del centro tan rentables en sus planteamientos ideológicos para la derecha.

Es necesario profundizar en el debate interno de las diferentes formaciones sin temor a la ruptura, es tiempo de lograr confrontar diferentes visiones dentro de un mismo Frente Amplio de izquierdas. Tiempo de debate, de coloquios y movimientos sociales. Es tiempo de recuperar las calles y desafiar a las injusticias también en los parlamentos, resulta necesario hacer ver a la población que el estado de las cosas no se corresponde a una crisis pasajera, sino a un estadio más de un modelo de sociedad que ve en la clase obrera y su condición de vida, un medio y no un fin en si mismo. No existe una salida a la crisis si no existe un modelo alternativo de sociedad y es ahí en donde debe residir nuestro proyecto, no una especie de buena gestión de las injusticias del sistema como paliativo de una situación insostenible.

Son tiempos de cambio y esta derrota tan solo retrasa cuatro años el asalto al cielo de un proyecto que debe ser a largo plazo y que debe cimentarse en votantes conscientes de la necesidad de su actividad y formación política. La alternativa, supondría sin duda la vuelta a las escisiones en formaciones más débiles y la lucha política por el acceso a los sillones.

Son muchos los que opinan que la indignación se canalizó por primera vez en la política gallega. Hoy, una vea más y pese al duro golpe, depende de la izquierda gallega, construir un marco solido para que sea también aquí en donde al fin se materialice su alternativa.

 

«¡Ése es el pueblo, el que sufre todas las desdichas y es por tanto capaz de pelear con todo el coraje! A ese pueblo, cuyos caminos de angustias están empedrados de engaños y falsas promesas, no le íbamos a decir: “Te vamos a dar”, sino: “¡Aquí tienes, lucha ahora con todas tus fuerzas para que sean tuyas la libertad y la felicidad!”

Fidel Castro Ruz, La Historia me absolverá

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Autor: @SeijoDani

 

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Los dilemas de Pablo

Quizás lo que a continuación voy a confesar, pueda sonar raro; poco profesional incluso, espero sepan disculparme si ese es el caso. Pero hoy, a la hora de sentarme a escribir este artículo, reconozco que por primera vez, todavía desconozco exactamente en donde reside la noticia de lo que me dispongo a encarar. Puede que en realidad lo haga en la  propia crisis del periodismo político, en la decadencia de la democracia incluso o puede que sin más, se trate de la repentina falta de inspiración del que ahora escribe estas líneas. Pero por encima de todo, he de admitir, que tras estas primeras frases, continuo siendo incapaz de comprender como la existencia de discrepancias internas o luchas de poder en el seno de un partido, pueden seguir resultando tan sorprendentes.

No se trata de que no comprenda los ríos de tinta que se han vertido por las desavenencias públicas entre el líder de Podemos e Íñigo Errejón, no. Se trata de algo más profundo, más relacionado con el contexto y no con el foco inmediato, se trata de la aversión y el recelo que aún hoy nos produce cualquier tipo de pluralidad ideológica dentro de los diferentes tipos de organizaciones políticas en España. Una especie de reminiscencia franquista que hace que en nuestro país, todas las batallas intelectuales deban darse en las formaciones de puertas para fuera. En el mejor de los casos, con cuidadosos titulares de prensa estratégicamente filtrados. Después de todo, la nuestra siempre ha sido una sociedad de puñaladas por la espalda y juegos de tronos hasta que al fin, caiga el caudillo.

Pretenden ciertos medios y determinadas  visiones de la vida política, hacernos ver en la confrontación de ideas de cara a la opinión pública, dentro de los propios partidos, algo perverso, que sin que nadie sepa muy bien como, puede llegar a socavar nuestra democracia. Como si la pluralidad la enfermase.

No hace falta ser el más hábil de los periodistas, para percatarse de que en el seno de la formación morada, existen diferentes sensibilidades y como consecuencia de ello, han surgido serias discrepancias internas cuyo desenlace podemos simplificar a grandes rasgos en dos bandos: un ala moderada que busca encandilar a sectores de la población que no se identifican tanto con la izquierda tradicional o errejonistas, y un ala más radical o tradicional dentro de la izquierda, que busca hacer de podemos un partido no tan alejado del concepto de clase y  el socialismo que se sintetiza en el líder de la formación, Pablo Iglesias. Podríamos, a partir de estos datos, analizar profundamente las diferentes batallas que de esta lucha han surgido en Podemos y con ello obtendríamos sin duda una amplia visión de un partido joven, un partido curtido en ya muchas batallas y con no poca responsabilidad. Pero que sin duda, todavía se mantiene en continua formación y reelaboración. Un partido que como han mostrado sus numerosos bandazos programáticos, mantiene las dudas entre moverse en la órbita izquierda / derecha, arriba / abajo o nueva y vieja política. Por lo que he de suponer, que lo que debiera sonar verdaderamente extraño, llegado el caso, sería que no existiesen discrepancias en su seno.

Nunca han ocultado desde Podemos el continuo intercambio de pareceres en su formación, por tanto a poco que uno conozca no solo la naturaleza política, sino ya en si la naturaleza humana. Podrá dilucidar que entre dos visiones enfrentadas en el seno de una organización, siempre terminarán surgiendo luchas internas por el acceso al poder. Solo me cabe entonces concluir, que lo novedoso parece residir en que sean los propios dirigentes y a través de medios abiertos a la opinión pública, los que se encarguen de aclarar sus posturas.

Parece reinar en nuestro país desde hace ya demasiado tiempo, un extraño interés por hacer de la verdadera política algo extraño y de las más insospechables prácticas, política. Hablar de lo peligroso o de lo irresponsable que resulta para una formación el debate intelectual resulta poco menos estúpido que desacreditar a la propia democracia por su diversidad de propuestas. Después de todo, en sus amistades, en su trabajo o en el hogar, permítanme un consejo: desconfíen siempre de una única voz.

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Autor: @SeijoDani

 

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Juegos de trileros

Termina el verano, y con el regresamos los españoles de las vacaciones con la sensación de volver a ese eterno día de la marmota que supone ya la política en nuestro país. Regresamos a las declaraciones en los pasillos, a las ruedas de prensa y a esos platós de los mass media, en donde los debates siempre parecen alargarse, sin que parezcan aportar nada.

Regresamos al desgobierno en funciones y con ello a la tutela de Europa y de los mercados; si es que alguna vez nos habían dejado, al paro, a la corrupción y especialmente regresamos al miedo a unas nuevas elecciones. Una amenaza que pareciera cobrar una desmedida virulencia en un país que ha estado, en su pasado, 37 años sin celebrar unas elecciones libres, y en donde la clase obrera ha llegado a temer más a unos comicios que a la propia continuidad de las políticas de la precariedad y los recortes. Puede que mucha de esa animadversión repentina a los comicios, encuentre su explicación en la única alternativa que se ha planteado hasta ahora desde los partidos a las urnas. Alternativa en  forma de pactos de trileros entre partidos, en donde las promesas parecen ser gratuitas y apenas encuentran ya repercusión entre las esperanzas de los españoles.

Y es en medio de todo este eterno despertar político en el que se ha convertido nuestra existencia, en donde parece cobrar especial protagonismo un nuevo pacto, ésta vez entre Ciudadanos y Partido Popular, que en la búsqueda de su particular ménage a trois de gobierno con el PSOE, han decidido presionar al partido de Pedro Sánchez con un acuerdo en donde la formación naranja plantea combatir la corrupción de los populares, tras pasar un documento de condiciones innegociables, por el visto bueno de un comité ejecutivo, el del PP, en donde todavía hoy, permanecen Carmen Navarro, Ana Mato o Rita Barbera, entre otros tantos nombres encargados, al parecer, de supervisar  el cambio político de nuestro país.

 

Triste camino el de un partido como Ciudadanos que hoy pacta con el PSOE y mañana con el PP, variando para ello si es preciso, en donde sea, sus postulados y el de un Partido Popular que por sorprendente que parezca tras 30 años de democracia, sigue sin entender que ser el partido más votado en las elecciones de un sistema parlamentario, no supone una carta blanca a la hora de formar gobierno. Un pacto entre naranjas y populares que parece pretender solapar con nuevas promesas de cambio, lo que hace ya tiempo, deberían ser responsabilidades políticas para un partido que ha gobernado España infestado por la corrupción, y que si nada cambia, parece dispuesto a volver  a hacerlo con el voto amigo, eso si con las narices tapadas, de la formación naranja. A día de hoy, esta parece suponer la única y surrealista alternativa para evitar concurrir de nuevo a las urnas.

Todo ello en un país en donde la izquierda a la espera de las elecciones gallegas y vascas, sigue sin comprender que la renuncia al acuerdo con los nacionalismos, tarde o temprano será una promesa más incumplida por alguna de las partes, ya que pese a todo, y atendiendo al panorama político que se nos presenta, sigue suponiendo la única llave viable para la formación de futuros gobiernos.

 

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Autor: @SeijoDani

 

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Galicia canibal

Y finalmente Galicia, ya tiene fecha para sus elecciones. El 25 de septiembre y coincidiendo con los comicios vascos, Alberto Nuñez Feijóo ha decidido llamar de nuevo a los gallegos y gallegas a las urnas, quién sabe si pensando en los propios tiempo del país, en los de su partido o bien los suyos propios. Unos tiempos, los del presidente de la Xunta, que sin duda y por mucho que se empeñe en negarlo, miran desde hace tiempo a Madrid y podrían tener en ese 25 de septiembre, una oportunidad inmejorable para poner tierra de por medio ante uno de sus principales rivales políticos, y precisamente uno de los pocos a los que parece no haber salpicado en demasia la corrupción, Alfonso Alonso. Sin duda, sabe muy bien Feijóo que excepto a la debacle que supondría perder la Xunta para el PPdG, la comparación con el escenario vasco, siempre le será ventajosa en una supuesta carrera de cara a la sucesión del presidente de su partido, Mariano Rajoy.

Llega Feijóo y el PPdG a estas elecciones gallegas con las miserias y las ventajas de siempre, pero ante un escenario nuevo. Por primera vez en Galicia, el rival político; exceptuando un eterno fantasmagórico PSdG, se presenta para Nuñez Feijóo en clara alternativa de izquierdas desde dentro y desde fuera del nacionalismo. Si bien es cierto que en ambos casos, los aspirantes al trono llegan con las huestes mermadas tras largos y extenuantes procesos de deliberación internos, que tanto en el caso de Podemos / Mareas, como en el caso del BNG, han terminado relativamente sobre la bocina de la precampaña.

LLega por tanto la izquierda gallega a las elecciones con mucho proyecto por delante y una sola ventaja, pero una ventaja considerable: el mayor trabajo en una alternativa a Feijóo, lo supone en si la legislatura del propio presidente de la Xunta. El supuesto monaguillo de Orense ha dejado en Galicia: una pesca de cerco abandonada ante las exiguas cuotas repartidas en Bruselas, frente a la desidia del gobierno español y el servilismo de los representantes gallegos, un sector lácteo enterrado ante los ERE, la caída de precios y la crisis de subsistencia de cientos de explotaciones que libran entre la soledad y la traición una larga batalla para verse apoyados desde las instituciones, y una agricultura vapuleada y abandonada a su suerte por un gobierno que ve como con ella se pierde parte de la idiosincrasia de una tierra que por desgracia gobierna quién no la sabe comprender. 

A todo ello, podríamos sumar un desastroso y oscuro proyecto eólico, un clasismo imperante en su trato a los menos favorecidos, una clara tendencia a destruir empleo juvenil o a forzar la emigración; como antaño, de los más jóvenes y preparados del país, un conflicto entorno al idioma gallego, creado con clara intención de hacer desaparecer a este frente al uso del castellano, una generación de investigadores abandonados, una sanidad sobrepasada por los recortes… y así una interminable lista de afectados por las corruptelas y la praxis de un Partido Popular gallego en cuyas raíces se mezclan contrabandistas, narcotraficantes y políticos derivados de la España franquista, que sin embargo le han valido para tejer a sus espaldas toda una red de favores y caciques que hasta ahora le han dado, salvo honrosas excepciones, siempre la victoria electoral. No es de extrañar sabiendo esto, que el propio aspirante a revalidar la Xunta, haya superado sin más problemas la filtración a la prensa de una foto en la que compartía tardes de sol, en el yate del conocido traficante Marcial Dorado. En Galicia todos conocemos las leyendas de los fardos que han aupado a políticos y a empresarios, faceta esta de mi tierra muy bien recogida por Nacho Carretero en su Fariña, al igual que conocemos a un amigo o a un primo del alcalde que nos puede meter a trabajar en el ayuntamiento y somos plenamente conscientes de que en las iglesias y los asilos, los domingos de elección el voto viene ya sellado en su sobre. Así que que importa si el presidente conoce a un narco ¿Y quién no?. Después de todo, Galicia no es Sicilia con su Cosa Nostra, ni Colombia con sus grandes narcos o México con su violencia. Galicia no es ninguna de ellos, ni en el fondo, deja de serlos un poco todos a la vez.

Así que por eso, por nuestras peculiaridades, por no saber si subimos o si bajamos;  aunque realmente ante esto he de decir que lo que no queremos en realidad es que lo sepan ustedes, entérense, y por cientos de motivos más. Las elecciones en Galicia, no serán fáciles para una izquierda que en esto si se asemeja mucho a la española, gusta demasiado de preparar la revolución antes de ganar la guerra. 

Se necesita un nacionalismo fuerte en Galicia, al igual que se necesita una Marea más larga en nuestra tierra, después de todo el BNG no es Podemos ni necesita serlo y puede que En Marea tampoco, por una vez el cambio lleva marca propia sin que esto suponga un nuevo gallego, con voz peculiar, deformando España. Es tiempo de cambio, es tiempo de lucha y la alternativa sin duda supondría la vuelta a  aqueles séculos escuros.

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Autor: @SeijoDani

 

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Yo acuso

Carta al militante de izquierda

Señor: Me permitís que abochornado por la desastrosa derrota del pasado 26J, me preocupe por vuestra gloria y os diga que nuestra estrella, tan feliz hasta hoy, está amenazada por nuestros propios errores.

No permitamos pues, que nuestra desilusión, frene nuestra fuerza. No permitamos que nuestra tristeza, frene nuestra rabia. El pueblo ha hablado, vecinos y vecinas, compatriotas, compañeros de trabajo y de estudios, diversas vidas y diversos motivos  tras cada uno, que han decidido dar una vez más la confianza a la derecha para que gobierne este país. Que han decidido, fuese cual fuese el motivo, que la corrupción, los recortes o la política entendida como sociedad anónima totalitaria, no tengan consecuencias para quienes así la practican. No es hora de hablar de pucherazos, y mucho menos de tildar de indolentes o analfabetos políticos a los votantes que así lo han decidido, no lo es, y aunque lo fuese no creo que esa actitud pudiese cambiar nada.

Tenemos en la izquierda, en la izquierda académica al menos, un problema para entender  al pueblo llano, al proletariado, y tenemos pues un serio problema, puesto que es a ellos a quiénes se supone queremos representar. Desde muchos partidos, se piensa en el trabajador español, como pensaría un evangelizador castellano de los indígenas en el Nuevo Mundo. Y esto no es de extrañar cuando uno habla de las luchas de nuestros abuelos y abuelas, de las huelgas generales, de los presos y presas políticos, de las revoluciones latinoamericanas, de los guerrilleros, de las luchas obreras con compañeros y compañeras que nunca volvieron a casa, pero lo hace tras un discurso de clase media y lo hace desde las universidades y platós, y no desde la calle o las fábricas.

Podemos, nació en su origen como un partido político que acogía el desencanto de la ciudadanía con la clase política tradicional en nuestro país, nacía de una muestra histórica de movilización ciudadana para nuestro estado como lo fue el 15M, pero nacía también del miedo a definirse, de la transversalidad y de la renuncia a cualquier tipo de protesta que pudiese asociarse con la violencia ejercida de abajo hacia arriba, bien fuese esta en forma de disturbios en las calles o de boicot obrero al empresariado. Podemos nacía en sus propias palabras de la ilusión y el descontento, pero lo hacía muy probablemente; sin que ellos mismos se diesen cuenta, para difuminar la rabia y la alternativa al sistema imperante. Pablo Iglesias surgía del mundo universitario y de las redes sociales, como un comunista convencido, como un chavista, como un antisistema, y se encontraba el pasado 25J ante una caricatura de si mismo que por la mañana tildaba de socialdemócratas a Marx y a Engels, y que por la tarde intentaba convencer a quién pudiera escucharlo, de que un Felipe del que el mismo estaba repitiendo sus peores errores, era el malo malísimo tras un PSOE que al parecer ponía piedras al cambio. Y no lo niego, pero quién podría preocuparse por eso, cuando quién criticó a la OTAN apostaba por el asesino Julio Rodríguez como miembro de su partido o apoyaba sin fisuras la pertenencia a una UE o a un euro que había hecho claudicar ya a su camarada Tsipras en Grecia. 

Nadie podría esperar ya nada desde la izquierda de un PSOE que hace tiempo dejó de lado a la clase trabajadora y a la conciencia social, para servir como policía bueno al juego del IBEX 35, nadie podría esperar nada de ellos, más que el respeto. Respeto que perdió el señor Pablo Iglesias cuando achacó a su propia inmadurez su pertenencia a la ideología comunista, una falta de respeto y un insulto para todos aquellos que todavía hoy y sin caducidad para ello, defendemos por convicción y no por conveniencia o ingenuidad, una doctrina económica, política y social que consideramos como única alternativa viable para el bienestar humano. Por no hablar de la curiosa manera que supone esta declaración de romper la brecha generacional que históricamente ha perjudicado siempre la izquierda, si un candidato en apenas treinta años ha virado del comunismo a la socialdemocracia, que no habrán podido hacer nuestros mayores.

Se equivocó Iglesias en su estrategia, se equivoco al hacer propaganda y volvió a equivocarse al hacerla de la forma en que la hacían sus rivales. Podemos nunca debió de entrar en la lucha por el centro, un centro que por otra parte ha sido el mejor invento de la derecha desde el fascismo, su identidad y su vocación era para los votantes de izquierda y con ellos debía encarar la batalla electoral, y si en ese proceso y en ese discurso se encontraban nuevos efectivos, bienvenidos fueran. Pero no se produjo así, mientras en Francia o en México los obreros salían a la calle a luchar y a morir por sus derechos, aquí se acallaban los ecos de las calles y se tranquilizaba a los empresarios en grandes hoteles.

Ante todo la verdad, y la verdad es mi señor que nosotros perdimos las elecciones, las perdimos cuando no supimos presentar una alternativa a un capitalismo que se ahoga en su propia miseria pero que no deja salida para quienes se encuentran ahogándose con el. Las perdimos cuando no supimos tejer alianzas internacionales y nos avergonzamos de nuestras luchas y de nuestra identidad, y las perdimos también, y especialmente, cuando decidimos que política y barricadas eran incompatibles.

Señor  concluyamos, que ya es tiempo.

YO ACUSO a tantos y tantas españolas de dejarse caer en la apatía política, en el “todos son iguales” o lo que es peor, en la complicidad con los que nos roban y nos humillan con sus políticas

ACUSO a todo una generación de españoles y de españolas de ver con miedo, pero también con cobardía, como se desmantelan los derechos sociales por los que otros derramaron tanta sangre

ACUSO a nuestra clase política por dejar caer hasta lo más bajo el nivel del debate político en nuestro país, por apelar a las pasiones y no a la razón, y los acuso de hacerlo con plena conciencia y para su propio beneficio

ACUSO al señor Pablo Iglesias y a muchos y muchas en su partido, pero también en  sus partidos aliados, de renunciar a sus orígenes, de querer convencer al electorado de ser dignos de la confianza de su voto, cuando ellos mismo renunciaron a sus ideas por miedo al que dirán

ACUSO a sindicatos y a sindicalistas de abandonar las calles y los tambores de la lucha social, cuando la frustración y el descontento más necesitaba ser canalizado en la verdadera lucha obrera, en las calles y en las fábricas de nuestro país

ACUSO a la izquierda intelectual y académica de dejar escapar un momento histórico en nuestro continente, para presentar una alternativa radical al sistema capitalista. Una alternativa con la que dar aire y esperanza a quienes no encuentran una salida digna y verdadera.

ACUSO a la prensa española de convivencia y mercantilismo político al servicio del poder, cada medio con diferentes dueños, pero con un mismo fin y una misma táctica: la manipulación informativa.

 

Y por último: yo acuso al propio sistema por ser cruelmente inhumano y depredador, por carecer de sentimientos o propósitos más allá de los meros beneficios o el consumo. Por no poner nombre o cara a las personas y por no considerar suficiente ningún sacrificio ante el altar del capitalismo.

No ignoro que, al formular estas acusaciones, arrojo sobre mí el propio peso de las mismas como ciudadano y militante de una izquierda derrotada hoy, pero combativa mañana. Y voluntariamente me pongo a disposición de cualquiera que sea la tarea para construir alternativa

En cuanto a las personas a quienes acuso, debo decir que ni las conozco ni las he visto nunca, ni siento particularmente por ellas rencor ni odio. Las considero como compañeros, como personas con sus defectos y sus virtudes. Y el acto que realizo aquí, no es más que un medio para intentar llevar la revolución a una izquierda aún dormida, aún huérfana de ejemplo.

Sólo un sentimiento me mueve, sólo deseo que la luz se haga, y lo imploro en nombre de la humanidad, que ha sufrido tanto y que tiene derecho a ser feliz. Mi ardiente protesta no es más que un grito de mi alma, un deseo para que quienes hoy se equivocaron a mi parecer, mañana sean quienes compartan nuestros aciertos, bien en primera línea o bien en la retaguardia, el cambio no debe suponerlo nunca un nombre o unas siglas. Existe futuro y esperanza, al igual que sigue existiendo rabia y dolor, si somos capaces de sentirlo como nuestro, si somos capaces de transformar el dolor del pueblo en acciones y en cambios de consciencia, no solo en promesas y votos, entonces la derrota de hoy, será la victoria de mañana, pero para ello es necesaria la reflexión y la autocrítica.

Pese a todo, si nos mostramos orgullosos de lo que somos: Unidos Podemos.

Así lo espero.

 

lucha obrera

 

Autor: @SeijoDani

 

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental.

Desde DowJones te agradecemos tu colaboración.

https://www.change.org/p/xulio-ferreiro-calle-berta-c%C3%A1ceres-en-a-coru%C3%B1a

No pasarán

Se ha tardado, pero se ha conseguido. A la segunda, Izquierda Unida y Podemos han logrado ratificar un acuerdo electoral que permitirá a la izquierda española acudir en un frente amplio a las elecciones generales del próximo 26 de junio. Un frente amplio que se ha granjeado, desde aquellos inicios como una mera posibilidad, hasta la actual plasmación en forma de acuerdo previo a su consulta con las respectivas bases de cada partido, numerosos enemigos. Algunos, los más seguramente, en la derecha, esa derecha que desvelándose a si misma, no ha tardado en denominar a este acuerdo como el del Frente Popular, en referencia a la mítica coalición electoral creada en 1936, por los principales partidos de izquierda españoles, para lograr derrotar a la por aquel entonces muy presente amenaza fascista en las urnas.

No deja de ser curioso, que sea la propia derecha la que no deje de ver paralelismos entre la situación actual de España y la de 1936. No sorprende tanto a poco que se la conozca, sin embargo que en su afán por presentar a Podemos e Izquierda Unida como unos rojos, ateos y comunistas extremadamente peligrosos, la derecha se quite por un momento la careta de los modales y se muestre tal y como es, sin disfraces.

Una derecha que se ha olvidado de que las cosas ya no son como antes, de que ya hace mucho tiempo que uno puede mostrarse orgulloso de ser comunista o simplemente de izquierdas, sin tener que dar explicaciones a nadie y mucho menos a ellos. Una derecha que pretende infundir el temor aludiendo según les convenga al radicalismo de esa nueva izquierda en algunos casos y tan vieja en otros, lo del trastorno de personalidad discursiva en la derecha daría otra entrada. Un juego sucio cementado en comparaciones muy raídas sobre el argumento del gerracivilismo y  la necesidad del centrismo y la ambigüedad política para no desenterrar heridas. Un discurso adjudicatario, como si fuese la izquierda, los perdedores, quienes debiéramos sumisión eterna a los vencidos bajo amenaza latente de provocar el ruido de sables una vez más.

Nos amenazan una vez más con el discurso de la transición, con el argumento del silencio, olvidando que hace varios mayos ya, la sociedad española supero su mayoría de edad democrática. La supero precisamente en donde hoy se abrazaban Alberto Garzón y Pablo Iglesias, para unir en un frente común a los herederos de los vencidos por una guerra injusta primero y por un sistema cimentado por el silencio y la creciente desigualdad social después. 

Pero no hemos llegado hasta aquí con ansias de revancha, ni de venganza. No somos más radicales de lo que lo fueron nuestros padres o nuestros abuelos en aquel 28 de febrero de 1931, pero tampoco lo volveremos a ser menos. Somos la clase obrera y trabajadora de este pueblo, a la misma que quisieron acallar y no pudieron. Somos los estudiantes, los parados, los jubilados, los emigrados y tantos otros a los que quisieron silenciar para siempre.

Somos la alternativa, la resistencia, la lucha social y la esperanza. Y si eso es ser radical, sin duda, también somos radicales.

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Autor: @SeijoDani

 

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental.

Desde DowJones te agradecemos tu colaboración.

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No es país para pactos

Ante semejante panorama, y tras las primeras elecciones del fin del bipartidismo, los partidos parecen decididos a dar de nuevo la voz al pueblo. Ya que eso que les hemos dictado la última ocasión que nos dieron tal privilegio, parece en definitiva no haberles gustado demasiado. Lo nuevo y lo viejo, la izquierda y la derecha, han vuelto a demostrar que eso de llegar a acuerdos no es muy español y que si siempre se ha dicho que hay dos españas por algo será, aunque ahora nos quieran contar que ya no son dos, que son cuatro, cinco o las que les ayuden a crear los medios. Pero por mucho que se sumen actores, el dialogo sigue siendo el mismo.

La izquierda española sigue dividida entre esos que quieren hacer la revolución a su suerte, sin contar con nadie, ni respetar a los actores que en ocasiones, más de las que parece, comparten trincheras con ellos, y esos otros que son de izquierda pero un poquito nada más. Esos que perdieron Catalunya por no saber o no querer comprender que el discurso de la identidad nacional de un pueblo, nada tiene que ver con romper España, y esos mismos que gobiernan Andalucía como su más preciado botín, entregándosela desde tiempos inmemoriales a banqueros y terratenientes a cambio de un cada vez más escaso jornal para su pueblo. La izquierda de siempre, una izquierda en gran parte tibia en su discurso, en sus formas y en sus pulsos, una izquierda que mira al Partido Popular en cada acto de campaña y que salvo por las apariciones de los viejos roqueros como Xosé Manuel Beiras o Julio Anguita, sigue sin lograr hacer emerger de sus entrañas a ese líder que aúne la seriedad y discurso de Alberto Garzón, con el carisma y el liderazgo de Pablo Iglesias. Puede pues que en definitiva la solución este en el pacto, un pacto que no gusta ni a unos ni a otros, que no termina de concretarse y que si uno atiende a lo que nos separa, parece poco menos que imposible, pero inevitablemente necesario.

Necesitamos una izquierda propia, una izquierda que ponga definitivamente sobre la mesa un nuevo modelo de producción, unido a una nueva legislación laboral que proteja a los individuos no solo como consumidores, sino además y principalmente como trabajadores. Una izquierda que sume en sus filas a los diferentes actores de la lucha del 99%, los movimientos ecologistas, animalista, feminista, así como los diferentes campos de la lucha obrera, que deben de suponer un solo frente amplio en frontal oposición a la ofensiva neoliberal que desde el 1% de los superricos se ha lanzado para despojarnos de nuestros derechos. Derechos por los que muchos dieron su vida y a los que por dignidad y por necesidad, no podemos renunciar. Necesitamos y exigimos una izquierda propia, pero también global. Una izquierda de los movimientos sociales y de sus comunidades y a la vez una izquierda capaz de aunar fuerzas para afrontar desafíos globales como la lucha contra los paraísos fiscales, el cambio climático o al militarismo en sus más diversas facetas, origen este de los miles de refugiados que todavía hoy, vergonzosamente, aislamos de nuestras fronteras con campos de concentración y concertinas.

Eso necesita la izquierda española, y lo necesita en oposición a una derecha rancia en lo nuevo y en lo viejo, una derecha que habla de regeneración en la búsqueda del pacto con un partido que ha estado inmerso en un ciclo de corrupción sistémica que empezó con Naseiro y continua con Bárcenas, un partido con altos cargos imputados, con comunidades autónomas como Madrid o Valencia que pareciesen salidas de las brillantes páginas de Mario Puzo. Un partido que no ha perdido perdón y que ha puesto trabas siempre que le ha sido posible a las investigaciones judiciales, acostumbrado a ver la paja en el ojo ajeno, mientras encubría la viga en el propio. Con ese partido, la nueva derecha busca pactar un acuerdo en el que todo cambie para que todo siga igual.  Un acuerdo que permita continuar con la precarización del trabajo y las privatizaciones que durante muchos años han transcurrido en paralelo a la corrupción política y empresarial que ha terminado por infectar totalmente al sistema en su conjunto. La nueva derecha busca pactar con una versión suya más rancia y depurada, haciéndonos creer que el problema lo supone un ministro o un diputado, pero no, se trata de un sistema corrupto que en nuestro país ha tenido sin lugar a dudas un gran aliento en el ladrillazo de Jose Maria Aznar o en las privatizaciones de las empresas públicas de uno y otro bando.

No es posible el acuerdo con quienes se lucraron de la España de las obras faraónicas que únicamente sirvieron para sacar pecho y comisiones, al igual que no es posible llegar a acuerdos con quienes figuran en las offshore, ni con quienes pretenden pactar con ellos.

 

 

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Autor: @SeijoDani

 

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental.

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Tiempo de pactos

Pasan los días y continua una ausencia de gobierno formal que quién sabe si de manera esclarecedora,parece no notarse en demasía.La economía continua en su lenta deriva a quién sabe donde,los casos de corrupción prosiguen en su incesante goteo y las polémicas;estas si cada vez de ámbito más ridículo,continúan a solapar las verdaderas noticias en los espacios informativos de nuestro país.

Desde el punto de vista de la ciudadania que mayoritariamente pidió el cambio el las pasadas elecciones,no olvidemos que por mucho que insista el Partido Popular;en un sistema parlamentario las elecciones las gana quién tiene posibilidades de formar gobierno y no el partido más votado,resulta difícil comprender como pasado un tiempo más que prudencial,los partidos involucrados en un posible gobierno de izquierdas siguen sin dar verdaderas muestras de una iniciativa real para lograr un acuerdo solido.En un país abocado a la precariedad laboral y con un partido provisionalmente en el gobierno,acosado por la corrupción en gran parte de sus capas superficiales y ya a la espera de verse acusado y sentenciado en sus más altas esferas,parece casi surrealista una situación en la que PSOE-Podemos e IU parecen preocuparse más en salvaguardar su imagen de marca ante su electorado que en la formación de un gobierno progresista que permita comenzar a actuar desde las instituciones y con la propia ciudadanía para desenmascarar y combatir a la vieja política que poco a poco comienza a notar el peso del cambio político que afronta nuestro país.

Un gobierno que lidere el cambio no solo es una oportunidad que se presenta más viva que nunca ante las puertas de Ferraz,sino una responsabilidad histórica para un PSOE que debe elegir entre sus bases y la vuelta a la antigua socialdemocracia o sus barones y expresidentes y el pacto con el ibex35.No existen más alternativas que el cambio o la lenta agonía,que la presidencia o la tensa espera de la puñalada al César para Pedro Sánchez.

Pero si bien es cierto que debido a su continuada deriva al liberalismo más recalcitrante y a la corrupción de la que ha formado parte,es desde Ferraz desde donde se deben de dar los pasos que cimienten la confianza necesaria para un futuro pacto de gobierno,es desde Podemos y en menor medida desde IU desde donde deben de surgir las voces de la concordia y la cordura.

Las políticas sociales,el compromiso con la libertad individual y colectiva y la esperada puesta sobre la mesa de la necesidad de modificar unas reglas del juego anquilosadas desde la transición y demasiado ventajosas con los viejos partidos,deben de ser los puntos principales en una negociación de gobierno en la que debe quedar claro entre las filas socialistas que dicho pacto se deberá actualizar a tenor de sus actos,durante el transcurso de una posible legislatura conjunta entre las formaciones de izquierda.

Supone una responsabilidad histórica y con sus votantes la formación de un gobierno del cambio para los señores Sánchez,Iglesias y Garzón.No existiría mayor fracaso que la constatación de que ante una nueva oportunidad de afrontar los retos que se nos plantean,las disputas internas en el seno de la izquierda le devolvieran el poder a los corruptos.

 

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Autor: @SeijoDani