Duelo a muerte en el OK Corral

Pedro Sánchez, Susana Díaz y Patxi López, han llegado al corral con los ánimos agitados y las armas dispuestas tras numerosas rencillas y un honor, el del Partido Socialista Obrero Español, realmente comprometido tras la irrupción de unas nuevas formas políticas que no parecen haberle sentado especialmente bien al PSOE. Una formación la de Ferraz, rota entre una militancia ahogada por los hábitos del neoliberalismo y una burocracia reflejada en unos barones supeditados ideológicamente en gran medida a una vieja guardia que hace tiempo ya abandonó toda señal de socialismo.

Basta simplemente con repasar la cronología del Partido Socialista, para percatarnos de la delicada situación por la que atraviesa la que fuese la formación socialdemócrata por excelencia de nuestro país. Tras un pasado reciente y no tan reciente de traiciones, asaltos al poder y promesas incumplidas, las actuales primarias del PSOE se presentan como un duelo inmisericorde de reputaciones y egos (esperemos por sus militantes, también guarden un espacio para el ideario) en donde el votante socialista tienen todas las papeletas para seguir siendo el más perjudicado. Afirmó William Shakespeare a través de las palabras del siempre lúcido Macbeth: “Hay puñales en las sonrisas de los hombres; cuanto más cercanos son, más sangrientos” y sin ninguna duda, el puñal oculto que puso fin al liderazgo de Pedro Sánchez se terminó dibujando en las sonrisas de sus más cercanos, sus compañeros de partido. El continuado coqueteo del Secretario General con el entorno de Podemos para la hipotética formación de un Gobierno de coalición, las pequeñas batallas predecesoras de grandes guerras y el profundo temor de los históricos del PSOE (en consonancia con la derecha española) ante la posible realidad de un gobierno alternativo de izquierda, terminaron por forjar una traición al proyecto de Pedro Sánchez que por dolorosa, todavía hoy continua monopolizando casi en su totalidad el ambiente político en Ferraz.

Llega Pedro Sánchez a esta recta final de las primarias con la fuerza de quien se ha impuesto frente el aparato del partido al ostracismo, pese a las campañas mediáticas en su contra, el paso del tiempo y una campaña política no siempre del todo limpia por parte del entorno de Susana Díaz, el ex candidato socialista a la presidencia del gobierno logra contra todo pronostico, postularse ante la militancia de su partido con apenas 6.000 avales menos que la candidatura oficial. Todo sin renunciar, ni mucho menos, a hacer suyo el discurso de la traición a los principios de la formación que tanto tiempo lleva buscando una válvula de escape entre los votantes del PSOE y con la firme intención de hacer de su indefinición y los vaivenes políticos (grandes errores en el asalto a la Moncloa) posibles virtudes con las que recavar apoyos entre las diferentes corrientes de los socialistas .

Quienes vieron en la abstención y posterior lentitud  del proceso de primarias un punto y final para Pedro Sánchez, obviaron sin duda las armas que por el camino le estaban regalando a su futura candidatura, para presentar batalla hasta el final. Como una bola de derribo, el proyecto de quienes defendieron el “No es no” ha logrado sacudir los cimientos del PSOE poniendo de manifiesto las preferencias del aparato del partido a la hora de decidir el sentido del esfuerzo de su maquinaria electoral. Susana Díaz, se presenta por primera vez ante el electorado español como la cara visible de quienes pactaron por omisión con Rajoy, aquellos que se vieron con derecho para erigirse como la voz del pueblo y sus votantes, para en un decisión que les pertenecía tan solo a ellos, traicionar su programa electoral y dejar en manos de la derecha el gobierno de España.

Cuesta especialmente creer a la señora Díaz cuando nos habla de recuperar la izquierda o incluso a su propio partido. Cuesta no recordar su apoyo al gobierno del drama de los desahucios, el de la ley mordaza, los recortes y sin duda, el partido de la cara más bochornosa de la corrupción en España. Por mucho que se empeñen desde el PSOE en hacer valer el paso del tiempo, la mayoría de los españoles todavía recordamos su abstención.

La candidatura de Susana Díaz representa la baza del caballo ganador, la apuesta principal de un partido que si bien podría intentar controlar en última instancia los posibles daños, parece ya haber realizado su apuesta firme por una candidatura con los enemigos claros. Las primarias del PSOE, suponen un pequeño avance del camino a seguir por una maltrecha socialdemocracia que en toda Europa, no ha sabido canalizar la rabia y frustración de grandes masas de votantes. La lucha por el voto de la izquierda y el acceso al gobierno, ya no se da tan solo en las minorías sin necesidad de entrar en la arena para combatir los grandes postulados de nuestro sistema. La crisis financiera de 2008 y sus posteriores consecuencias sobre la población y especialmente sobre quienes erróneamente se consideraban clase media, ha dibujado sobre el tablero político español una ola de indignación hasta ahora difícilmente digerida por una vieja guardia del PSOE, que ante la incapacidad de sobrevivir al cambio de paradigmas, parece preferir precipitarse sin temor hacia la debacle.

Puede que existan pocas posibilidades de que Pedro Sánchez sea de nuevo el secretario general del PSOE, los números y el sentido último de la candidatura de Patxi López juegan en su contra. Pero si algo parece seguro, pase lo que pase tras estas primarias, es que la guerra interna abierta en el PSOE está muy lejos de cerrarse. Como en el tiroteo entre los Earp y los Clanton, este último duelo en las filas de los socialistas, parece destinado a simbolizar la lenta agonía de una época ya pasada.

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Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres, te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña, por el nombre de la activista medioambiental.

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España: Democracia en funciones

Comienza la recta final para iniciar la legislatura y lo hace de forma bronca. En un parlamento poco acostumbrado a la representación de la pluralidad ideológica, la fragmentación y lucha de poderes palpable no solo entre bancadas, sino también en el seno de algunos partidos, parece garantizar una legislatura de constantes bravuconadas de cara a la opinión pública en el hemiciclo, mientras los acuerdos y traiciones; que serán sin duda necesarias a lo largo de la legislatura, se producen de puertas para adentro.

Apostó el presidente en funciones, por mantener su línea de no intervención en el eterno tablero de pactos en el que se ha convertido la política española y el tiempo le dio la razón. En un contexto de necesidades económicas apremiantes para lograr responder ante Europa y un acoso judicial cada vez más palpable en Génova, otros quizás, hubieran perdido la calma ante la perspectiva de unos nuevos comicios para su partido, pero no Mariano Rajoy. El presidente en funciones supo leer a una izquierda dividida, una derecha inofensiva y una sociedad, que si bien condena la corrupción, parece no estar dispuesta a pasar factura a los corruptos.

Simplemente sentándose durante su mandato en funciones, no tardó demasiado el Partido Popular en ver pasar los cadáveres de sus enemigos, suplicando una solución ante sus puertas. El primero de ellos, el de un Albert Rivera que comenzó a sentir el peso del fantasma de la intrascendencia desde el mismo recuento de las últimas elecciones. El líder de la formación naranja, no tardó en ofrecerse como el perfecto aliado de un Mariano Rajoy que en todo momento confió en la todavía manifiesta irrelevancia de una alternativa a la derecha que si bien no representaba la inocencia de Vox o UPyD, se le acerca bastante. Confiaron en el PP, en poder capear el temporal del trasvase de votos, debido a los escándalos de corrupción a la formación de Albert Rivera  y todo parece indicar que la jugada funciono.

El pacto con Pedro Sánchez, no surgió el efecto en el PP que se esperaba desde la formación naranja y lejos de ello, Ciudadanos quedo retratado como un partido sin rumbo fijo, una formación bisagra, incapaz de forjar una alternativa al bipartidismo y con el único sentido de servir como castigo a un PP que de cara a la ciudadanía, parece ya haber saldado sus deudas. Con un ostracismo todavía no asumido, la formación de Albert Rivera, deberá conformarse intentado sacar el mayor provecho electoral posible a la renovación de nombres, que no de políticas, que el Partido Popular estará dispuesto a mostrar como única concesión a un aliado todavía necesario pese a todo.

No por más esperado, fue menos relevante para las aspiraciones del Partido Popular, la visión de un Partido Socialista roto en dos ante la puertas de Génova. El golpe de estado dado a la ejecutiva de Pedro Sánchez, ante la tentativa de éste por profundizar en un gobierno del cambio con Podemos y los nacionalistas, ha dejado en manos de la vieja guardia más reaccionaria a un partido que desde su última ejecutiva se parece más al camarote de los hermanos Marx que a una verdadera alternativa de gobierno.

El voto favorable a la abstención y sin condiciones de cara a la formación de gobierno por parte de Mariano Rajoy, deja al Partido Socialista totalmente inmerso en la dinámica del Partido Popular. Se convertirá la estabilidad de España y el freno al independentismo, en una muletilla argumentativa perfecta para los populares de cara a la aprobación de las principales leyes de la legislatura. Si el PSOE ha podido traicionar una vez a su historia y a sus bases por el “bien de España” nada parece indicar desde Ferraz que no pueda volver a hacerlo si la inmediatez de las urnas amenaza de nuevo al partido en pleno proceso de desintegración. Será curioso observar, como Antonio Hernando defiende ante la cámara lo indefendible, a la espera de un nuevo líder para el partido que esta vez tendrá que pensarse muy bien donde deposita su confianza.  Tan solo le queda al PSOE afrontar la necesidad de un cambio o bien desaparecen como mártir de la estabilidad de un régimen del 78 que sea como sea, parece hacer aguas definitivamente.

Con semejante panorama en la política española, sirvió el inmovilismo en el Partido Popular para llegar a la presidencia, con gran parte de la oposición desacreditada y subyugada, el único foco de resistencia inmediata, lo encuentra el presidente del gobierno en un Podemos demasiado acostumbrados a los principios ideológicos y a regirse por las reglas del juego en sede parlamentaria. Recibía el primer golpe, la formación de Pablo Iglesias, nada más llegar al congreso con un pacto entre “enemigos” en el que Partido Popular, PNV y la antigua Convergencia, decidían excluir de cualquier papel institucional importante a la alternativa a la política de recortes y privatización que supondría Unidos Podemos. Ignoraba la formación morada, la premisa más básica de la política: El enemigo de mi enemigo, siempre es mi amigo. Lejos de suponer una excepción, los apoyos puntuales que el PP recibió de los nacionalistas para la formación de la Mesa del Congreso, son un claro indicador de la más que posible deriva de la legislatura. Una vez iniciada la legislatura y ya alejados de los focos y la repercusión que una sesión de investidura supone para estos partidos, PNV y Convergencia, no dudarán en apoyar las iniciativas Populares, siempre y cuando están no comprometan demasiado postulados ideológicos ahora muy necesarios de cara al órdago nacionalista y que sin embargo sean efectivas de cara a poner freno a la alternativa al descontento en Euskadi y Catalunya que comienza a dibujar Unidos Podemos.

Da inicio una legislatura ya para muchos a esta hora demasiado larga. Intensa, trilera y castiza como pocas, una legislatura en la que pese a la resistencia de algunos, deberá hablarse de política en el parlamento, como una vez más, en las calles. 

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Autor: @SeijoDani

 

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Don’t let me down

139 votos a favor y 96 en contra, eso parece haber resultado suficiente como para borrar de un plumazo las declaraciones grandilocuentes, con las que los diferentes líderes del PSOE prometieron a sus bases; y con dicha promesa les pidieron su voto, nunca otorgar su apoyo a un gobierno del Partido Popular de Mariano Rajoy. Declaraciones que han desaparecido de la memoria socialista; aunque no de la hemeroteca, al igual que con ellas puede haber desaparecido finalmente la vieja dicotomía derecha/izquierda de dos partidos que defendían a la misma clase social, y en la que ya solo podían creer los más alienados a ésta nueva versión del viejo Pacto del Pardo.

Llegaba el PSOE a esos últimos momentos de su particular crónica de una muerte anunciada, con José Blanco como nuevo presidente de la Mesa del Comité Federal y con Javier Fernández como presidente de una gestora encargada de dirigir al equipo en su peor racha de resultados. Un entrenador de perfil bajo, al que nadie aprecia, ni conoce, para una transición necesaria a la hora ganar tiempo en Ferraz, para finalmente colocar a su verdadero candidato. Un papel poco agradecido el del asturiano, pero al que sin duda un socialista que inició su carrera en plena Asturias de la reconversión y de elementos como José Ángel Fernández Villa, ha sabido adaptarse sin excesivas dificultades.

Y mientras tanto a las puertas, una militancia decepcionada. Incapaz de ver  que puede que no haya sido el PSOE el que haya dado un paso a la derecha, sino que al compás de la crisis, grandes sectores de su propia militancia, comienzan a exigir más a un partido que realmente, nunca ha llegado ha pertenecer a la izquierda. La renuncia al marximo, la entrada en la OTAN, Filesa, la reconversión industrial, la huelga del 88 o la modificación de el artículo 135 de la Constitución, suponen ya antecedentes de un partido, que ahora en un contexto en el que la crisis de moralidad del neoliberalismo, hace cualquier alternativa desde la izquierda realmente peligrosa, prefiere entregar el gobierno a Rajoy, que explorar alternativas más progresistas, por mucho que requieran debates territoriales.

La abstención del PSOE, responde en el fondo a un desenmascaramiento “liberal” de los sectores que hasta ahora se llamaban moderados en la izquierda. Un movimiento precisamente destinado a cercenar a la verdadera alternativa a la izquierda, y enmarcado en la misma lógica que el chantaje a Syriza en Grecia, el asedio periodístico a Podemos en España o el boicot desde su propio partido a la candidatura de Bernie Sanders.

Solo se puede comprender la decisión de entregar el gobierno a Rajoy o bien desde la óptica de un bien mayor al del propio partido; óptica que recluirá finalmente al PSOE en un proceso de pasokización encaminado a la dura lucha por la conservación electoral y en donde toda expectativa de conquistar nuevo electorado, supone poco menos que una mera quimera o desde la de un pacto de silencio entre los dos partidos que hasta ahora se han alternado en el poder, para tapar posibles casos mayores de corrupción. Después de todo, en un país en donde los políticos se pueden llegar a vender por un bolso o una televisión y en donde el propio Pujol aseguro guardar silencio por no hacer tambalearse a España ¿Podría realmente a uno extrañarle esta última teoría?

De ser así, tras el voto a la abstención encontraríamos más un encubrimiento a las propias corruptelas y a las del Partido Popular, que como se nos ha vendido, un apoyo al gobierno de Rajoy por el bien de España. Lo cual podría también dar sentido a declaraciones como las de Eduardo Madina que en el propio Comité Federal, parecían mostrara la vergüenza y ansiedad por librarse de un peso; el de dar el gobierno a la derecha, que cargará sobre las conciencias de algunos dirigentes que ahora con el pretexto de la disciplina de partido, intentan diluir su responsabilidad en el voto forzosamente unánime de la bancada socialista.

Pero dejemos de elucubrar. La realidad la dibuja en torno a un futuro gobierno, el del partido de Bárcenas y compañía, vigilado supuestamente desde la oposición, por un partido inmerso entre otros casos, en el de los ERE. Ese es el panorama que deja un Comité Federal en donde pesaron más los horarios del AVE Madrid-Sevilla que el propio debate interno.

Un PSOE que parece haber elegido un mal menor en la abstención ante el temor a una nueva cita electoral, temor a unos nuevos comicios que esconde tras de si un tic antidemocrático de pánico a reconocer el fracaso de los propios planteamientos ideológicos y de programa, miedo a los propios errores y una huída hacia delante que si bien puede retrasar el golpe final al PSOE, ni mucho menos parece encaminada a lograr amortiguarlo.

Con el PSOE se ha roto para muchos, un primer amor en “la izquierda” que creyeron duraría para siempre.

“Nobody ever loved me like she does

Oh, she does, yeah, she does
And if somebody loved me like she do me
Oh, she do me, yes, she does

Don’t let me down
Don’t let me down

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Autor: @SeijoDani

 

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental. 

Por consiguiente, Felipe

Pareciese de nuevo desatarse el Ferraz una crisis sistémica, que ha acompañado al partido socialista a lo largo de su ya dilatada trayectoria en la política española. Una crisis con muchas caras, demasiados nombres y no pocos frentes, pero en definitiva, una crisis intrínseca en el propio partido socialista y por extensión en la democracia de nuestro país.

La batalla por el poder que la pasada semana se desataba en el seno del partido socialista, bien podría ser la continuación de un conflicto interno tan viejo como el propio PSOE. Desde la expulsión de su fundador en 1872, hasta la crisis interna que ha desembocado en la renuncia de Pedro Sánchez a su proyecto, el Partido Socialista Obrero Español ha vivido un sin fin de batallas fratricidas entre quienes veían en su propio partido un medio para cambiar a la sociedad capitalista y quienes tan solo buscaban al calor del partido, ofrecer un contrapeso a las ideas más reaccionarias de una derecha española que en definitiva siempre ha visto en el PSOE un mal menor de la izquierda de este país.

Desde Largo Caballero y su apoyo a la dictadura de Primo de Rivera, hasta el enfrentamiento entre los sectores más conservadores del partido encarnados en Almunia, y el aperturismo progresista de Josep Borrell, la historia del PSOE parece dividirse en una continua dicotomía entre conservadores que dicen ser socialistas y socialistas que por desgracia militan en un partido a todas luces conservador.

Ignoraba Pedro Sánchez la historia de su propio partido a la hora de dar rienda suelta a su ambición, pareciendo desconocer que el pacto con una fuerza de la “nueva izquierda” como Unidos Podemos, supondría para los barones de Ferraz un precio demasiado alto para llegar a la Moncloa. Olvidaba el líder socialista que el propio sentido de su partido no era el de reforzar un gobierno del cambio, sino por encima de todo, se trataba de apuntalar un sistema de contrapoderes que el PSOE había ayudado a crear y sin el que ahora, su supervivencia electoral sería meramente inviable.

Pedro Sánchez se enfrento llevado por su ego a la política de todo para el pueblo pero sin el pueblo del PSOE. El madrileño no había sido el candidato de Ferraz, ni el del ibex, lo que en definitiva sería lo mismo, había sido el candidato de las bases y al final del proceso un mal menor en una batalla por el poder que podríamos haber resumido en un simple todos contra el loco de Tapias. Sánchez suponía para la vieja guardia socialista el mismo tipo de parche que el propio PSOE supone para la derecha: una especie de bálsamo ante la izquierda que desde su partido denominan populista. Cuando ante la perspectiva de convertirse en presidente del gobierno, Pedro Sánchez obvio las claras advertencias que le instaban a cesar en la negociación de un gobierno alternativo, para abstenerse ante una futura investidura de Mariano Rajoy, de nuevo estallaron las viejas tensiones en el Partido Socialista.

Fue entonces cuando como si por el no pasasen los años, Felipe González volvió a tomar las riendas de su partido, para en un fugaz golpe de mano, desenmascararse al fin; ya sin ambages, como el verdadero rey sol del Partido Socialista. El viejo jarrón chino irrumpió en la vida política de Ferraz, para como en ocasiones anteriores, desacreditar a la voz de la militancia y a su candidato por un supuesto bien mayor para el parido.

Si siempre pudimos sospechar que en la crisis entre Almunia y Borrell, González y El País supusieron la punta de lanza de una trama que terminó por forzar la dimisión del que era el candidato de las bases socialistas a presidente del gobierno. De nuevo la historia repetía, pero esta vez con mayor claridad, sin cortapisas. Quién sabe si debido a que la generosidad de su burguesa silueta, ya haya hecho empequeñecerse hasta el propio ridículo la chaqueta de pana del viejo Isidoro o si en su propia evolución ideológica González ya no considere necesario los ambages en su discurso. Esta vez el respaldo del ex presidente socialista a las posturas más retrogradas y conservadoras de su partido ha sido cristalino.

Poco o nada queda ya de aquel joven socialista que conseguía en 1982 su primera mayoría absoluta con el apoyo de 10 millones de españoles que creyeron en aquel proyecto que decía quería cambiar España. El de la sanidad y educación para todos, un proyecto que nos llevo a Europa y a la OTAN, y quién sabe sin en ese mismo momento comenzó a desmoronarse ante su propio éxito.

Entre el viejo Isidoro de la clandestinidad que con su carisma y discurso logró arrebatar el peso de la calle a la verdadera oposición al franquismo que había supuesto el PCE y el Felipe González que ahora conocemos, se encuentran tantos quiebros ideológicos que para un servidor resulta ya demasiado complicado poder definir en que punto exacto murió aquel Felipe que se definía así mismo como alternativa para España.

Desde la entrada a la OTAN, la renuncia al marxismo, la reconversión industrial fruto de la claudicación entonces igual que ahora a los dictámenes económicos de la UE, pasando por la represión a los sindicatos en el 88, los más de 3 millones de parados en 1993 y las 28 personas asesinadas por los GAL. Felipe González ha terminado representando para la sociedad la ensoñación liberal de que el dinero todo lo puede comprar, incluso las ideologías.

Con la oligarquía en Venezuela, conseguidor en Sudán del Sur, capataz en el México de Carlos Slim o señor X en Euskadi. Mil caras para un personaje que a lo largo de su trayectoria ha logrado mantenerse como tótem del socialismo español, sin que por ello tuviese que renunciar a cargos como el de consejero de Gas Natural Fenosa, por el que llego a cobrar 100.00 euros anuales, o el de representante de una mesa de sabios en la UE que bien podrían denominarse como embajadores del liberalismo en Europa.

Toda una trayectoria que ha llevado a Felipe a situarse por convicción o por necesidad, al frente de un golpe de mano burgués en el propio partido socialista. La perspectiva de un gobierno con Unidos Podemos parece haber alertado al sistema y con ello a la vieja guardia socialista hasta el punto de ahora si, estar dispuestos a cualquier cosa con tal de encontrar soluciones a un sistema que parece tambalearse irremediablemente.

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Autor: @SeijoDani

 

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Los dilemas de Pedro

Estalló finalmente la guerra en el PSOE como estallan todas las guerras que se mantienen más o menos frías durante largo tiempo, de manera sorpresiva y cruel. Con un movimiento inesperado y 17 dimisiones en la ejecutiva socialista, para configurar, al fin de forma visible, la plana mayor de un sector crítico en el propio partido que excusandose en la deriva política del propio Pedro Sánchez y los recientes resultados electorales en Galicia y Euskadi, buscan finalmente formalizar un impeachment al hasta todavía hoy líder socialista, para siempre supuestamente, lograr desatascar no solo el bloqueo del propio partido, sino a su vez la situación política en España.

Basandose en un discurso que incomprensiblemente asume como propio el mea culpa ante la clara imposibilidad de formar gobierno por parte de Mariano Rajoy y pasadas las cinco y media de la tarde de ayer, Antonio Pradas presentaba en Ferraz su dimisión y la de otros dieciséis miembros de la dirección socialista. Dimisiones que según su propia versión, se deberían sumar a las ya realizadas con anterioridad por Gómez Besteiro y Javier Abreu, además de sumar también en esa particular cuenta la de Pedro Zerolo. Se le olvida al hasta hoy secretario de Política Federal del PSOE que el fallecimiento del socialista madrileño, poco o nada tuvo que ver con discrepancias con el presidente de su partido. Un detalle que muestra el nivel descarnado de la disputa por el poder en Ferraz.

Apelan los críticos dentro del PSOE, desconozco si con razón o sin ella, todo depende de las interpretaciones, a los estatutos del partido para tumbar a Sánchez. Estatutos que por otra parte, se da por supuesto pretenden hacer del partido una organización democrática, la cual curiosamente, dejaría en gran medida de serlo si finalmente fuese posible que un secretario general elegido por las bases, pudiese ser destituido por un grupo de barones que parecen olvidar que al igual que cualquier otro cargo de su partido, se deben principalmente a los votantes que conforman sus bases, esas mismas bases a las que ahora parecen querer evitar en una táctica que de tener éxito asestaría un golpe mortal no solo al primer candidato elegido directamente en primarias, sino a su vez a la propia legitimidad de las mismas.

Se  busca tumbar a Sánchez en los medios, en los pasillos y en las ruedas de prensa, cuando únicamente son los militantes socialistas los que debieran encargarse de hacerlo si llegase el caso. Y se hace desde la vía de los despachos, precisamente porque no se confía en poseer el apoyo suficiente en caso de seguir el cauce que cualquier partido acorde a los tiempos seguiría ante una disputa de tal magnitud, remitirse de inmediato a la militancia.

La política española, ve como en un paso más de su degeneración, el que hasta ahora había sido un partido de gobierno, se enfrasca a marchas forzadas en la pura lógica del populismo mal entendido, ese en el que se confunde la lógica política con el espectáculo deportivo, para aplicar a esta las mimas soluciones. Los críticos con Pedro Sánchez no traen otra propuesta a la militancia distinta a la del cambio de entrenador, como si resultase posible que esa inercia en si mismo fuese de nuevo a llenar el estadio.

Puede que Pedro Sánchez no sea un buen líder para el PSOE y con total seguridad no se trata de un defensor de las políticas sociales ni progresistas, sino que se encuentra muy alejado de las mismas. Tampoco debemos confundir en esta lucha interna en el seno del PSOE, con un conflicto entre los que defienden el NO a Rajoy o una abstención que facilite su gobierno.

El problema del PSOE estaba ahí antes de Sánchez y estará ahí si es que este se va. Es el problema de un partido sin una identidad propia,  que continua sintiéndose en el sector de la izquierda, pero que es capaz de pactar con el Partido Popular la modificación del artículo 135 de la constitución española de espaldas a la ciudadanía. Un partido cuyo discurso territorial lo ha llevado a perder la mayoría de sus apoyos en Euskadi o Catalunya, pero que sigue negándose a cualquier replanteamiento territorial en España. Un partido sin alternativas, roto y desde anoche mismo, un partido en manos de intereses nada claros.

Llego Sánchez a Ferraz arropado por muchos de los que ayer presentaban su dimisión. Entre esos apoyos, los de una Susana Díaz que veía en el líder madrileño un muñeco de paja del que poder deshacerse una vez superada la candidatura de quién consideraba su verdadero rival, Eduardo Madina. Han pasado escasamente dos meses desde que los que hoy claman ante la tiranía de la era Sánchez daban su apoyo a este mismo proyecto, un proyecto al que Felipe González se ha encargado de dar la puntilla con sus recientes declaraciones a los medios de comunicación, en las que el que se supone ya ex líder socialista, no ha dudado en volver a enfundarse su chaqueta de pana tras sus asesorías a personajes tan cercanos a la izquierda como Carlos Slim, Henrique Capriles o Farshad Zandi, para sin rubor alguno y amparado en sus estrechas relaciones con un Ibex que busca la gobernabilidad de la izquierda y un diario El País que se ha convertido cuanto menos en un baron más dentro de la ejecutiva socialista, eregirse en el principal impulsor de la oposición a Sánchez. Un Felipe González que si vendió hace ya tiempo sus principios, nada hacía pensar en realidad que le fuese a resultar especialmente complicado llegar a hacer lo mismo con los de su partido.

Nos encontramos por tanto en una situación sin buenos y malos, sino para desgracia de la militancia socialista, en un callejón sin salida en donde lo único que parece claro, es la incapacidad a corto plazo de construir alternativas de aquellos que de un modo u otro, en su carrera al poder, continúan derribando estructuras en esta larga perestroika en el seno PSOE.

Al igual que la Guerra Civil española supuso un claro antecedente ideológico a la II Guerra Mundial, el actual conflicto fratricida en el Partido Socialista español, parece resultar un adelanto de la inevitable crisis del modelo socialdemócrata en Europa. Lo que hoy se decide en Ferraz es el futuro de una de las principales alternativas a la ofensiva de la derecha en España, y siendo sensatos, todo parece indicar que sea cual sea el vencedor de esta batalla, seguirá resultando necesaria una verdadera alternativa desde las bases del partido.

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Autor: @SeijoDani

 

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La historia nos absolverá

Ha ganado la táctica de ocultar a su propio partido, ha ganado el ruido desde Madrid, ha ganado el miedo frente a las propuestas. En Galicia, ha ganado el Partido Popular y su candidato, aunque probablemente, no hayan ganado todos los que si han votado al PP.

Con unas elecciones  de nuevo a caballo entre Madrid y Santiago, el Partido Popular ha vuelto a aprovechar a la perfección, el ruido de la precampaña en los partidos de izquierda y un miedo, el del bloqueo institucional, que ese mismo ruido se ha encargado de amplificar y hacerlo sobrevolar sobre un hipotético pacto entre las formaciones de izquierda, que si bien parecía respaldado desde las agrupaciones gallegas, corría en la mentalidad popular, el serio peligro de verse embarrado en una nueva investidura eterna por el a priori necesario visto bueno desde Ferraz y Princesa.

Con un Feijóo ya acostumbrado a lidiar con las acusaciones que desde la oposición, apuntan a su huída a la política estatal. El PP ha decidió postergar sus cada día más evidentes luchas internas, para con un perfil de marca intencionadamente bajo, lograr revalidar en Galicia sus 41 escaños y con ellos, una mayoría absoluta que refuerza al candidato por ahora gallego y debilitan tremendamente tanto a las propuestas de izquierdas, como a un partido, Ciudadanos, aparentemente condenado a la deriva Díez en su intento de consolidarse como alternativa en el ala derecha de la política española.

Recibe un duro golpe la izquierda, y lo hace fruto de una campaña tremendamente inoportuna para el calendario del debate ideológico que a esta le ocupa. Llegaron las elecciones gallegas en pleno pulso identitario entre el carácter propio de las mareas y la inercia aglutinadora de Podemos, como lo hicieron también con un PSOE  inmerso en su particular “perestroika” y un BNG, que una vez más y pese a los cismas internos, ha demostrado con su campaña que nada tiene que ver la salud ideológica de un partido, con su salud electoral.

Llego la izquierda a las urnas en Galicia con una idea clara de lo que se quería cambiar: la inherente injusticia del sistema y especialmente la gestión que de ese sistema se llevaba a cabo desde el PP, pero también lo hacía inmersa en pleno proceso de deliberación sobre las formas de hacerlo y muy especialmente sobre cual iba a ser su alternativa.

No nos malinterpretemos, nada malo existe en el debate, siempre y cuando este se produzca en los tiempos y las formas adecuadas. Lo que no ha parecido suceder en el caso que nos ocupa, atendiendo a los numerosos titulares que en plena recta final de campaña han surgido a raíz de la guerra entre Sánchez y sus varones o Pablo iglesias e Ínigo Errejón. Si el PP decidió aparcar sus diferencias durante la campaña, la izquierda de nuevo comenzó la revolución, antes de finalizar la guerra.

Ha ganado el PP y lo ha hecho pese a la corrupción de sus dirigentes y la política de tierra quemada en sectores como el lácteo, el cerco o la agricultura. Gana el PP en una tierra que como decía el más ilustre de los gallegos, Alfonso Daniel Rodríguez Castelao, está más acostumbrada a emigrar que a pedir. Una tierra con demasiados partidos y escasos movimientos sociales o cooperativas, en donde curiosamente se puede cambiar con mayor facilidad el signo de un voto con las políticas de los pequeños ayuntamientos que con las grandes infraestructuras. Y es que lo del caciquismo en Galicia daría para un aparte, sin duda, resultaría curiosa la presencia de observadores internacionales en nuestros colegios electorales, pero eso no va a suceder, cosas de formar parte del imperio aunque sea en sus provincias más olvidadas. Gana el PP de los recortes, de la corrupción y la precariedad, un partido afanado por marginar o idioma aunque para eso tenga que llevarse también por delante su sabia, encarnada en lo rural y todo lo que en torno a el gira.

Gana la derecha y puede que no por sus propios méritos. Han pasado ya 25 años sin que desde el seno de la izquierda, se haya logrado articular una alternativa clara al modelo de capitalismo de casino en el que nos vemos inmersos como realidad casi global. La izquierda  y especialmente el socialismo europeo, permanece todavía en estado de letargo, tras el intenso golpe que supuso la caída del muro y la imposición del dogma neoliberal. No hemos sabido plantear una alternativa al actual modelo que no solo embelesase al votante tradicional, sino que atrajese a una abstención que sin duda lleva camino de convertirse en la verdadera batalla política de la izquierda de nuestro siglo, más allá de las quimeras del centro tan rentables en sus planteamientos ideológicos para la derecha.

Es necesario profundizar en el debate interno de las diferentes formaciones sin temor a la ruptura, es tiempo de lograr confrontar diferentes visiones dentro de un mismo Frente Amplio de izquierdas. Tiempo de debate, de coloquios y movimientos sociales. Es tiempo de recuperar las calles y desafiar a las injusticias también en los parlamentos, resulta necesario hacer ver a la población que el estado de las cosas no se corresponde a una crisis pasajera, sino a un estadio más de un modelo de sociedad que ve en la clase obrera y su condición de vida, un medio y no un fin en si mismo. No existe una salida a la crisis si no existe un modelo alternativo de sociedad y es ahí en donde debe residir nuestro proyecto, no una especie de buena gestión de las injusticias del sistema como paliativo de una situación insostenible.

Son tiempos de cambio y esta derrota tan solo retrasa cuatro años el asalto al cielo de un proyecto que debe ser a largo plazo y que debe cimentarse en votantes conscientes de la necesidad de su actividad y formación política. La alternativa, supondría sin duda la vuelta a las escisiones en formaciones más débiles y la lucha política por el acceso a los sillones.

Son muchos los que opinan que la indignación se canalizó por primera vez en la política gallega. Hoy, una vea más y pese al duro golpe, depende de la izquierda gallega, construir un marco solido para que sea también aquí en donde al fin se materialice su alternativa.

 

«¡Ése es el pueblo, el que sufre todas las desdichas y es por tanto capaz de pelear con todo el coraje! A ese pueblo, cuyos caminos de angustias están empedrados de engaños y falsas promesas, no le íbamos a decir: “Te vamos a dar”, sino: “¡Aquí tienes, lucha ahora con todas tus fuerzas para que sean tuyas la libertad y la felicidad!”

Fidel Castro Ruz, La Historia me absolverá

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Autor: @SeijoDani

 

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental. 

https://www.change.org/p/xulio-ferreiro-calle-berta-c%C3%A1ceres-en-a-coru%C3%B1a

Tiempo de pactos

Pasan los días y continua una ausencia de gobierno formal que quién sabe si de manera esclarecedora,parece no notarse en demasía.La economía continua en su lenta deriva a quién sabe donde,los casos de corrupción prosiguen en su incesante goteo y las polémicas;estas si cada vez de ámbito más ridículo,continúan a solapar las verdaderas noticias en los espacios informativos de nuestro país.

Desde el punto de vista de la ciudadania que mayoritariamente pidió el cambio el las pasadas elecciones,no olvidemos que por mucho que insista el Partido Popular;en un sistema parlamentario las elecciones las gana quién tiene posibilidades de formar gobierno y no el partido más votado,resulta difícil comprender como pasado un tiempo más que prudencial,los partidos involucrados en un posible gobierno de izquierdas siguen sin dar verdaderas muestras de una iniciativa real para lograr un acuerdo solido.En un país abocado a la precariedad laboral y con un partido provisionalmente en el gobierno,acosado por la corrupción en gran parte de sus capas superficiales y ya a la espera de verse acusado y sentenciado en sus más altas esferas,parece casi surrealista una situación en la que PSOE-Podemos e IU parecen preocuparse más en salvaguardar su imagen de marca ante su electorado que en la formación de un gobierno progresista que permita comenzar a actuar desde las instituciones y con la propia ciudadanía para desenmascarar y combatir a la vieja política que poco a poco comienza a notar el peso del cambio político que afronta nuestro país.

Un gobierno que lidere el cambio no solo es una oportunidad que se presenta más viva que nunca ante las puertas de Ferraz,sino una responsabilidad histórica para un PSOE que debe elegir entre sus bases y la vuelta a la antigua socialdemocracia o sus barones y expresidentes y el pacto con el ibex35.No existen más alternativas que el cambio o la lenta agonía,que la presidencia o la tensa espera de la puñalada al César para Pedro Sánchez.

Pero si bien es cierto que debido a su continuada deriva al liberalismo más recalcitrante y a la corrupción de la que ha formado parte,es desde Ferraz desde donde se deben de dar los pasos que cimienten la confianza necesaria para un futuro pacto de gobierno,es desde Podemos y en menor medida desde IU desde donde deben de surgir las voces de la concordia y la cordura.

Las políticas sociales,el compromiso con la libertad individual y colectiva y la esperada puesta sobre la mesa de la necesidad de modificar unas reglas del juego anquilosadas desde la transición y demasiado ventajosas con los viejos partidos,deben de ser los puntos principales en una negociación de gobierno en la que debe quedar claro entre las filas socialistas que dicho pacto se deberá actualizar a tenor de sus actos,durante el transcurso de una posible legislatura conjunta entre las formaciones de izquierda.

Supone una responsabilidad histórica y con sus votantes la formación de un gobierno del cambio para los señores Sánchez,Iglesias y Garzón.No existiría mayor fracaso que la constatación de que ante una nueva oportunidad de afrontar los retos que se nos plantean,las disputas internas en el seno de la izquierda le devolvieran el poder a los corruptos.

 

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Autor: @SeijoDani