Feminicidios: nos están asesinando

De nuevo el miedo en la cara de una mujer, la impotencia, los gritos, la frustración ante los golpes recibidos y finalmente, la sangre sobre el asfalto de una víctima del terrorismo machista en nuestro país. A los llantos y la consternación les seguirá la realidad de dos mujeres asesinadas en veinticuatro horas, treinta y una en apenas seis meses, ochocientas sesenta y seis en trece años… tan solo fríos números que añadir a las estadísticas que provocarán horas de rabia en sus barrios, minutos de silencio en las instituciones y probablemente apenas segundos de difusa atención en los grandes medios. Dos nombres que añadir a la larga lista de mujeres asesinadas por sus parejas, sus compañeros o simplemente por hombres que se creyeron con un derecho enfermizo sobre ellas hasta el extremo de arrebatarles la vida. Un sentimiento de dominio que hunde sus raíces en una sociedad funestamente patriarcal que todavía hoy, se muestra incapaz de reconocer la barbarie en el día a día de gran parte de sus mujeres. Mujeres que son golpeadas, maltratadas y finalmente asesinadas simplemente por su sexo.

Hoy resulta más necesario que nunca hacer un llamamiento a las diversas organizaciones feministas, sindicatos, partidos y al conjunto de la sociedad civil, para lanzar un pulso al patriarcado que impera en nuestro país con la firme intención de poner fin a la atrocidad de los feminicidios

Al dolor y a la rabia pública por los asesinatos machistas les seguirán sin excepción los comentarios jocosos en las redes sociales, el continuo menosprecio a la lucha feminista  e incluso sin ruborizarse, los arrebatos machistas en nuestro propio parlamento. No existe casualidad entre el asesino y la sociedad que lo acoge, sino que son una infinidad de pequeñas causalidades las que moldean desde la cuna al hombre que finalmente derramara la sangre de “su” mujer sobre nuestras calles. Los chistes machistas, el acoso entre adolescentes en el despertar de su sexualidad, la desigual repartición de los trabajos domésticos, la discriminación en el trabajo, la excesiva sexualización de la mujer en la publicidad, las estúpidas preguntas tras una violación, la justificación de aquel primer golpe… Toda una serie de causas detrás de cada una de las mujeres asesinadas a manos de un hombre que como sociedad no podemos seguir ignorando. Resulta necesario decir basta, basta de impunidad para quienes indistintamente tras la pantalla de un ordenador o la barra de un bar fomentan directamente la violencia contra las mujeres, basta de promesas políticas sin una dotación presupuestaria suficiente para garantizar la seguridad de las víctimas de malos tratos y especialmente, basta ya de tratar como una sucesión de casos aislados la realidad del terrorismo machista en nuestro país. En poco más de una década, las mujeres asesinadas por la violencia machista superan a las víctimas de la sin razón de la violencia etarra durante toda la existencia de la organización terrorista vasca. La obscena diferencia entre los medios materiales y humanos destinados a la lucha contra una y otra lacra, resulta simplemente ignominiosa.

No podemos permitir que a los compromisos políticos alcanzados por los diferentes partidos, para sacar adelante las 25 medidas que las ‘mujeres de Sol’ consideraban debían tratarse en la subcomisión sobre violencia de género impulsada por el Congreso, les  siga simplemente el silencio y el vuelva usted mañana tan típico de nuestro país. No hay lugar para más prorrogas, ni para eternizar nuevamente las negociaciones. Perdonen ustedes, pero nos están asesinando. No hay cabida para esperar a un nuevo 25 de Noviembre, ni nos interesan las fotos o las palabras grandilocuentes de sus señorías en los escaños de la que debería ser la casa de todos y todas, incluidas las mujeres para las que ya llega demasiado tarde una solución. La paciencia tienen un límite y en el caso de la lucha feminista, este se ha rebasado con la sangre de tantas mujeres asesinadas.

Hoy resulta más necesario que nunca hacer un llamamiento a las diversas organizaciones feministas, sindicatos, partidos y al conjunto de la sociedad civil, para lanzar un pulso al patriarcado que impera en nuestro país con la firme intención de poner fin a la atrocidad de los feminicidios. Al igual que el 24 de octubre de 1975 en Islandia tuvo lugar el conocido como “El Día Libre de las Mujeres” con el que se estableció el primer paso para la emancipación de las mujeres de ese país, hoy en España resulta más necesario que nunca un paro femenino que ponga de manifiesto la fuerza de un colectivo que no piensa permitir ni un segundo más que las sigan asesinando. Un “Viernes Largo” como también se conoce al paro islandés, que debe suponer en nuestro país un antes y un después para una sociedad que no termina de abrir los ojos ante una situación que tiene su máxima expresión de insensatez y locura en los asesinatos machistas, pero que también extiende sus raíces prácticamente a todos los ámbitos de la vida de las mujeres.

Un sentimiento de dominio que hunde sus raíces en una sociedad funestamente patriarcal que todavía hoy, se muestra incapaz de reconocer la barbarie en el día a día de gran parte de sus mujeres

No podemos permitirnos un nombre más en la lista de asesinadas, no podemos permitirnos un golpe más, ni un homenaje vacuo o un minuto de silencio que no cambiará nada. Un paro nacional de mujeres es un reto complicado, pero precisamente por eso resulta más necesario demostrar que sí se puede, que es hora de decir basta. No permitamos ni por un segundo más que la sangre de las mujeres siga escribiendo gran parte de nuestra historia.

“Amurallar el propio sufrimiento es arriesgarte a que te devore desde el interior”

Frida Kahlo

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Carta Abierta a Blanca Suárez

Estimada Blanca, tras leer tus últimas declaraciones en una entrevista con los compañeros de Europa Press, no puedo evitar dirigirte estas palabras con todos mis respetos, pero con firme intención de hacerte ver el gran error cometido al calificar al feminismo como una moda. Sinceramente, desconozco los motivos que pueden provocar en una mujer un conflicto a la hora de definirte como feminista. Tampoco te pediría nunca que te definieses como tal, si tus principios o tus valores, chocasen con una ideología que simplemente defiende que las mujeres deben tener los mismos derechos que los hombres. Pero sinceramente, dudo que ese sea el caso. Más cuando tú misma defiendes en esa misma entrevista, la necesidad de igualdad a todos los niveles, me permito entonces pensar, que el problema puede llegar a situarse en la palabra feminista. Un concepto, una etiqueta, nacida y asentada tras décadas de lucha, de miles de batallas y conviene siempre recordarlo, tras mucho dolor, muerte y sufrimiento en la piel de las mujeres a lo largo de la historia. Una etiqueta por la que dieron gran parte de su vida mujeres como Mary Wollstonecraft, Christine de Pizan, Emmeline Pankhurst, Sojourner Truth, Simone de Beauvoir, Virgine Despentes, Kate Bolick o Celia Amorós, mujeres muy dispares e incluso distantes en gran parte de sus puntos de vista sobre el mundo, pero todas ellas, conscientes de la discriminación y la desigualdad sufrida por el simple motivo de su sexo. Una simple condición orgánica usada a lo largo de la historia para diferenciar entre mujeres y hombres, y así, a través de la construcción social de los géneros, poder llegar a ejercer un domino cultural, económico y sexual de los hombres sobre las mujeres, cimentando de esta forma, una lenta pero inexorable superestructura patriarcal que ha llegado a ejercer una presión tan aplastante pero silenciosa sobre nuestras vidas, que ha terminado consiguiendo que hoy, el hecho de definirte como feminista, como activista en la búsqueda de la igualdad entre hombres y mujeres, pueda llegar a costarte.

El feminismo no es una moda Blanca, no puede serlo en un mundo en donde el 79% de las personas que son explotadas sexualmente son mujeres y niñas, en donde el 38% de las mujeres que mueren en el mundo lo hacen a causa de la violencia machista y  donde la brecha salarial, sigue siendo una realidad. En tu propio país, las mujeres pueden llegar a cobrar un 23,25% menos que los hombres por el simple hecho de ser mujeres (Existen países en los que la cifra de la brecha salarial, puede llegar a alcanzar hasta un 75%.) El feminismo es la principal arma contra la desigualdad laboral, contra la violencia sexual o la discriminación en el ocio y el día a día de la mujer, el feminismo es la conciencia de la necesidad tomar partido en una de las más antiguas batallas contra la desigualdad, y especialmente, el feminismo es nuestra mayor esperanza contra aquellos que todavía hoy, continúan asesinando a mujeres por un sentimiento de superioridad sexual y cultural, simplemente por el hecho de ser “sus mujeres”.

Puede que tristemente necesites que pase el tiempo para que te percates de lo que supone realmente ser feminista. Quizás lo hagas cuando pasen un par de años y tu cuerpo ya no responda a los cánones necesarios para los papeles que ocupas hoy en la gran pantalla, y muy probablemente, la industria del cine vea cada día más complicado encontrar un hueco para ti en sus producciones, quizás entonces, comprendas lo denigrante de esos continuos retoques con Photoshop que parecían buscar en ti la perfección, pero con el tiempo se tornarán en insultantes clichés sobre tu cuerpo, sobre tú profesión, esos mismos clichés machistas que se repetían una y otra vez en programas televisivos, más centrados en tus relaciones personales o en tus vestidos y escotes que en el discurrir de tu trabajo. Puede que sea entonces, cuando te des cuenta que definirse como feminista no es una moda, ni un capricho para la mujer de hoy. Al igual que para muchas mujeres de generaciones anteriores, definirse hoy como feminista, supone una necesidad en pro de la igualdad.

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Feminismo o barbarie

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1. m. Ideología que defiende que las mujeres deben tener los mismos derechos que los hombres.

No existe una alternativa al feminismo, que no sea la de la opresión a la mujer. La de una mundo patriarcal, en donde la dominación de la sociedad por un sexo; el masculino, se cimenta sobre la represión y la barbarie, contra la libertad individual y colectiva de las mujeres. La única alternativa al feminismo, supone aceptar el machismo. Un sometimiento de género, dibujado culturalmente en la subordinación cultural y productiva, el adoctrinamiento educativo o en el propio ocio; pero también, en  las violaciones grupales, la trata de blancas o el matrimonio infantil. Una triste realidad, la de la desigualdad y la violencia, que día a día, limita el desarrollo personal y profesional, de mujeres alrededor de todo el mundo.

Para una sociedad como la española, en donde la violencia patriarcal; todavía hoy, continua acrecentando un reguero de sangre, fruto de la parálisis institucional y la escaso calado de las iniciativas sociales, no pueden existir excusas para no encarar de forma definitiva, una revolución, en en la forma de entender la relación entre sexos. Resulta no solo necesario, sino exigible, una mayor dotación económica para políticas de género. De igual modo, resulta apremiante, la implantación de una nueva ley educativa, que determine y promueva, una línea de actuación para fomentar los valores de libertad productiva, sexual y reproductiva  para todas las mujeres. Para una democracia avanzada, una educación a la altura; en materia de género, sin duda debe representar, la mejor solución ante las problemáticas, presentes en nuestras sociedades, fruto de la estructura patriarcal. La situación, es ya insostenible, humana y políticamente. Basta ya de coacciones y debates reaccionarios, propugnados desde los sectores eclesiásticos más arcaicos y apoyados políticamente, por los últimos bastiones del franquismo sociológico. No existe un colectivo que haya aguantado tanto sufrimiento como el de las mujeres, no existe un colectivo que haya soportado tanta discriminación en silencio; y nunca más, esa será la respuesta ante el machismo y su violencia.

El 8 de marzo, las calles de nuestras ciudades, se llenarán con gritos de justicia, solidaridad y especialmente, gritos que reclamen, de una vez por todas, la implementación de una igualdad real. No se trata de odio, ni de libertinaje, como muchos quieren hacer ver. El libertinaje, como tantos otros aspectos que desde el tradicionalismo patrio, se quieren relacionar con la emancipación de la mujer, no guarda relación alguna con el feminismo. No, al menos, en mayor medida de la que podría guardar con el mundo de los hombres. Es hora de poner fin a estereotipos simplones y rancios, fruto de las mismas voces que en ya en la guerra civil, tildaban de putas o zorras, a aquellas mujeres que en muchas ocasiones; incluso con el fusil en la mano, se atrevieron a levantar su voz, para reclamar sus derechos en un mundo todavía en aquel momento, exclusivamente de hombres.

Si algo caracteriza al feminismo, es la lucha por la igualdad, la solidaridad y la búsqueda de la libertad individual que capacite a las mujeres de las herramientas necesarios, para lograr una toma de decisiones libres, en campos como la sexualidad, la maternidad o la vida laboral y política. El feminismo, supone la mayor expresión de responsabilidad de una sociedad y unos individuos, que de una vez por todas, se comprometen a la supresión de la distinción de géneros, como una medida de sometimiento sexual, laboral o de cualquier otro tipo. La distinción sexual, no debe otorgar ningún derecho sobre las personas. Nuestro pene, no nos otorga ningún puñetero derecho sobre la mujer. Si en pleno siglo XXI, las calles deben volver a llenarse para recordarlo, así será.

La libertad sexual, la libertad reproductiva, los derechos laborales y especialmente el derecho a la vida. Son nuevamente, las banderas que el 8 de marzo, todo el colectivo feminista, mujeres y hombres; codo con codo, enarbolaremos una vez más, frente a aquellos que quieren hacer de la imposición sexual su derecho.

Este miércoles, recordaremos a Susan B. Anthony y al movimiento sufragista, Sojourner Truth y la lucha por los derechos civiles, Simone de Beauvoir y  su Segundo Sexo, Virginia Woolf, Clara Campoamor, Emilia Pardo Bazan, Rosalia de Castro, Frida Kahlo…figuras de mujeres que lucharon e hicieron posible, que en un mundo de hombres, la voz del feminismo, se elevase por encima de una sociedad profundamente machista. Pagando, en numerosas ocasiones, un precio demasiado alto para una persona, pero nunca para todo un colectivo. A aquellas voces, hoy se suman, las de mujeres como Rosa Cobo, Petra Collins, Emma Watson, Bell Hooks y tantas otras compañeras, que de manera pública o anónima no tienen miedo a dar un paso al frente para gritar basta. Basta de una sociedad y un mundo, en donde, sobre la mujer recae el peso del cuidado de la familia desde su más tierna infancia, hasta la muerte; y en donde esa labor, es vista en numerosas ocasiones, como una barrera a la hora de desarrollar su actividad profesional. Basta de impunidad ante los continuas vejaciones a la mujer vertidas desde las instituciones que dicen representarnos a todos y basta ya, sin más dilación de asesinatos. No podemos esperar más por la política, no podemos respetar sus tiempos, ni esperanzarnos ante promesas que nunca terminan de llegar. Son ya demasiadas las que faltan cada 8 de marzo, demasiado dolor, demasiada injusticia y demasiada rabia. Si el parlamento no puede poner fin a la barbarie, tendrán que ser las calles las que lo hagan. Ni una muerte más, ni una mujer menos por el terrorismo machista. Ningún país, puede considerarse democrático, mientras sus mujeres mueren por el simple hecho de ser mujeres.

No hace falta ser mujer para ser feminista, pero si resulta necesario que los hombres sean feministas, para que al fin las mujeres puedan llegar a ser libres. Este 8 de marzo, el feminismo tienen que volver a ser radical, sin miedo, sin ambages, sin pudor. Cuando te están matando, cuando las cadenas reprimen tu vida laboral, tu sexualidad, tu ocio, tu futuro…es hora de volver a reivindicar el papel de la mujer, es hora de una vez por todas, de librar la batalla más antigua de todas las revoluciones sociales.

“La construcción patriarcal de la diferencia entre la masculinidad y la feminidad es la diferencia política entre la libertad y el sometimiento”

Carole Pateman

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Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental.

Desde DowJones te agradecemos tu colaboración.

https://www.change.org/p/xulio-ferreiro-calle-berta-c%C3%A1ceres-en-a-coru%C3%B1a

Violaciones, el miedo de ser mujer

Un bar a altas horas de la madrugada, una calle vacía, un parking, el camino de la feria a casa, el portal de tu edificio, la ruta por la que sales a correr, unas fiestas patronales…sitios aparentemente inofensivos para un hombre, pero que sin embargo, pueden esconder una autentica pesadilla, para una mujer. Doy por hecho, que a estas alturas del artículo, no serán pocos (y pocas) los que comiencen a pensar que exagero, que peco de alarmista o peor aún: que pertenezco a eso a lo que, quienes pretenden ocultar su machismo, en tiempos no tan propicios para hacer bandera del mismo, denominan feminazis. Ni una cosa, ni la otra en realidad. En siete años, se han producido en España, 9.040 casos de violación, tres al día, uno cada 8 horas. 9.040 casos, que suponen tan solo la punta del iceberg, en un país, en donde tan solo una de cada seis violaciones llegan a denunciarse. 9.040 casos de mujeres que tras sufrir en sus carnes la máxima expresión de violencia machista, perdieron el miedo a que su testimonio fuese puesto en duda, a las preguntas encaminadas a demostrar su inocencia ante la agresión, a una justicia lenta e ineficaz en gran parte de las ocasiones, al que dirán, a la sumisión. Sumisión ante un sistema injusto, que las educa para evitar la violación, para no provocarla, pero que sin embargo, carece de mecanismos en su sistema educativo, para enseñar a sus hombres a no violar, a no creerse con ningún derecho especial  sobre la libertad sexual de las mujeres, por el simple hecho de su sexo. Una sociedad enferma, cobarde, solo así se puede denominar a quién  prefiere normalizar el miedo continuo de la víctima, que educar al agresor.

Vivimos en una sociedad con cierta Cultura de la violación, una sociedad dispuesta a desconfiar del testimonio de la víctima o incluso capaz de justificar o considerar menos grave, una violación cuando el alcohol o el “tonteo” previo, forman parte de la agresión. Una sociedad machista, en donde la ropa de la víctima sigue siendo un factor a tener en cuenta, y en donde el pasado sexual o el momento de pronunciar la palabra “No” pueden suponer un nuevo castigo para las mujeres víctimas de una violación. Factores de por si inaceptables, que llegan a formar parte de la instrucción judicial o el relato periodístico, muchas veces más propio de épocas que creíamos ya pasadas. Una sociedad, que pese a carecer en su Derecho Penal, de la figura de la provocación ante la violación, sí tiende, inexplicablemente a condenarla socialmente, pese a su inexistencia.

Es en el contexto de una sociedad profundamente patriarcal, en el que las violaciones por medio de la llamada “sumisión química” han aumentado preocupantemente, en torno al 30% en los últimos años. Bastan unos gramos de alguna substancia tóxica de relativamente fácil acceso, en la copa de una mujer, para lograr doblegar su voluntad. Desorientación, mareos, perdida de la conciencia…los últimos indicios previos a una violación, que hasta hace relativamente poco, en la mayor parte de las ocasiones, era puesta en duda, incluso por las autoridades. La sumisión química, es un paso más en la violencia ejercida por una sociedad extremadamente patriarcal sobre las mujeres. Un mecanismo de coacción, que condiciona su comportamiento diario, que les impone el miedo en su día a día, ante situaciones por las que un hombre no debe sentir preocupación. Existe una clara discriminación hacia la mujer, en un estado en el que parte de sus ciudadanos, no pueden poseer la misma percepción de seguridad que el resto, por la única razón de su sexo.

Desde 2010, y según el artículo 181 del código penal, las penas para quienes sin violencia o intimidación, atente contra la libertad de otra persona, se limitan a de uno a tres años de prisión, sin que se considere un agravante el uso de sedantes u otras substancias químicas. Un dictamen muy alejado de la perspectiva de Naciones Unidas, que por su parte, si reclama a los diferentes estados, introducir en sus legislaciones, circunstancias agravantes en los caos en los que las sustancias psicoactivas, sean administradas con la intención de cometer una agresión sexual. Un planteamiento de por si conservador, para un estado como el español, en donde cada 8 horas, una mujer es agredida sexualmente ¿Se imaginan por un momento algún otro colectivo soportando una agresión de tal magnitud sin utilizar la palabra terrorismo o genocidio? Realmente, se me hace complicado.

Todavía, no existen grandes debates en el parlamento acerca de la libertad sexual de las mujeres, ni se estudian en las aulas los nombres de las víctimas, y ni tan siquiera, se les enseña a los alumnos y alumnas la importancia de la igualdad de género. No se busca desde los partidos, el voto de las potenciales víctimas, no se hace, porque se les ha educado en el secretismo, en el silencio complice. Preferimos seguir hablando de feminismo radical o riéndole las gracias a quién de menospreciar a las víctimas de cualquier otro tipo de terrorismo, estaría entre rejas. El feminismo, no condena a los hombres por su sexo, sino por la indiferencia y el manto de protección que en la construcción de su género, muchos hombres, han propiciado al machismo. Es nuestra responsabilidad desmontar esa protección, es nuestro deber, ponerle fin al miedo que la mujer siente, por el simple hecho de serlo.

“Amurallar el propio sufrimiento es arriesgarte a que te devore desde el interior”

Frida Kahlo.

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Autor: @SeijoDani

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental.

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Lo siento mujer

Supongo que todo pudo comenzar la primera vez que su madre le compro una muñeca en lugar de aquel coche que tanto le gustaba, en las miradas raras cuando quiso jugar al fútbol, las broncas con aquel primer novio por aquella minifalda “demasiado corta”, los celos, los mal entendidos los sábados por la noche, el primer puta, los anuncios denigrantes, los “piropos” a destiempo, la falta de ayuda en casa, los golpes, la talla 36 como canon de belleza, los tacones en la oficina, las miradas lascivas de aquel desconocido, el acoso por un aborto, el miedo a volver sola a casa. Tu sexo…su sexo. 

En nuestro país viven actualmente 23.695.618 mujeres, 90 de ellas nos faltan al haber sido asesinadas durante este último año fruto de la violencia machista. Algunas, como Mariana Carmen Radú de 43 años, habían denunciado; otras no, quizás por miedo a la represalia o simplemente por temor a ser incomprendidas en una sociedad que tantas veces mira para otro lado cuando la sangre aún no se ha derramado en su suelo. De esos veintitrés millones millones de mujeres, una será violada cada 8 horas, doce de cada cien sufrirán malos tratos a lo largo de su vida  y seguramente la totalidad, vivirá de una o de otra manera la inmensa variedad de formas en las que la sociedad y los que en ella nos encontramos, discriminamos a una mujer por el simple motivo de su sexo. Vivimos en una sociedad, con toda una red de conductas interiorizadas desde nuestra más tierna infancia, para hacerlas sentir distintas, muy probablemente inferiores. Como podría sino explicarse una sociedad, en la que más de las mitad de los adolescentes le dice a sus novias con quién puede hablar, en donde se sigue juzgando a las mujeres por su sexualidad o en donde son necesarias leyes, en tantas ocasiones violadas, para garantizar la paridad en los puestos de responsabilidad de nuestras empresas o nuestros gobiernos.

Vivimos en un entorno patriarcal, en donde tan solo 18 denuncias falsas de un total de 130.000 por violencia machista en 2015, sirven para jugar a la ambigüedad a tantos de nuestros cargos políticos. Una realidad en donde el miedo llega a condicionar la vida de la mitad de sus habitantes y en donde la justicia, en demasiadas ocasiones, no se encuentra al lado de la víctima. Techos de cristal todavía vigentes e inalterables, marcados en su curriculum junto a su sexo y quién sabe si como inmensas estrellas amarillas cosidas en sus vaginas o sus pechos. Símbolos invisibles pero latentes de la discriminación de una parte vital de nuestra sociedad. Genocidio, silenciado en tantas partes del mundo y con escasas políticas, más gestuales que comprometidas, para lograr su fin.

Triste una sociedad que dice criar a mujeres libres e independientes, pero que las abandona a su suerte en un mundo que todavía no está preparado para ellas. Un mundo que no nos cría en la igualdad, sino en la diferencia. En donde a los sentidos silencios de protesta, les siguen los recortes en algo que realmente, en el fuero interno de la política, no se considera prioritario. Ningún otro tipo de terrorismo gozaría de la impunidad de la que goza el terrorismo machista, ningún otro genocidio lograría silenciarse al igual que silenciamos el lento gotear de la muerte de nuestras mujeres. Sin duda, supone para nosotros como colectividad, pero también como individuos particulares, una revolución pendiente.

Existen cientos de motivos por los que uno debiera encarar la lucha feministas: por ética, por solidaridad, por necesidad, por amor, por deuda con quién le dio la vida o simplemente por justicia. Por ver al fin en los ojos de la próxima generación de mujeres, la esperanza, en unos ojos en los que todavía hoy se ve tantas veces reflejado el miedo.

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Autor: @SeijoDani

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental. 

https://www.change.org/p/xulio-ferreiro-calle-berta-c%C3%A1ceres-en-a-coru%C3%B1a

“Carta abierta a Arcadi Espada.”

Señor Arcadi Espada,con todos mis respetos,o al menos con todo aquel que pueda mantener hacia usted tras leer su artículo de hoy en “El Mundo”.Considero que uno tiene tan sólo dos opciones tras reflexionar sobre el mismo y sobre la persona que es capaz de escribir eso y tras ello tener la sangre fría de dar su visto bueno para unir su nombre a tan despreciable publicación.O bien uno puede analizar su trayectoria y pensar que es usted un provocador nato,un personaje político y periodístico venido a menos que busca la atención mediática a cualquier precio y que simplemente tras un proceso dilatado de incontinencia verbal esta vez la pataleta se le ha ido de las manos o bien existe la opción de considerarlo un machista acérrimo.Uno de esos personajes que ante la opinión pública jamás admitirán considerar a la mujer un ser inferior;el lento paso de los siglos afortunadamente ha dejado en mal lugar tales declaraciones,pero que sin embargo en su foro interno piensa de esa manera.Considera a la mujer un sujeto social y político irrelevante y por tanto un sujeto molesto ante cualquier manifestación de su propia identidad alejada de la masa,aunque se trate esta tan solo de defenderse ante el genocidio que en gran parte del mundo una minoría aún no evolucionada de sus pares masculinos,parecen empeñados en perpetrar contra su género.Parece que tal atrevimiento,tal osadía del colectivo femenino y especialmente del movimiento feminista produce en esos machistas de segunda orden social,como usted señor Espada,una reacción incontrolable capaz de llevarlo a sacar ese demonio machista y retrogrado que tiene dentro por un momento a la  luz pública.A darle visibilidad y salir de ese segundo plano en donde muchos “hombres” como usted se encuentran cómodos ante ese machismo imperante en nuestra sociedad .Por suerte para usted y por desgracia para todos esos ciudadanos comprometidos con la igualdad y la justicia,en un país como España sus declaraciones pasarán inadvertidas en unos días.Con suerte,alguno de sus pupilos políticos se verán obligado por la presión mediática a reprenderlo en público a alejarse aún más de usted y arrebatarle la ya escasa sensación de pertenencia a un proyecto al que ayudo a dar a luz y del que ahora han apartado y visto sus más oscuros demonios,opino que con razón.Ese será su exiguo castigo ante la tropelía que usted ha realizado hoy.Usted no será llevado ante la Audiencia Nacional,ni será acusado de enaltecer el terrorismo machista.No tendrá que preocuparse de que los partidos políticos en una campaña mediática realmente agresiva le acusen de estar del lado de los asesinos o de que una publicación como “El Mundo” cese su colaboración por considerarlo una persona que apoya a los violentos.Usted,señor Espada,podrá vivir tranquilo con su misoginia y su machismo imperante sin que seguramente usted mismo se de cuenta de tales pulsiones latentes en su persona.Debido a que seguimos viviendo en una sociedad patriarcal en donde las largas listas de mujeres asesinadas siguen siendo consideradas por muchos como personas sospechosas y es que sigue presente ese “algo habrán hecho” en la sociedad.Al igual que lamentablemente hasta hace poco seguía presente esa sombra sobre las víctimas de ETA.

Pero no duerma tan tranquilo señor Espada,tarde o temprano esta sociedad cambiará,lo reclaman las calles y las víctimas,y miles de personas que defendemos la igualdad y que más temprano que tarde,haremos de personajes como usted lo que son,parias de un tiempo ya pasado,cómplices de uno de los mayores genocidios que la sociedad en su conjunto ha tenido que encarar.

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Testo: @seijodani