Papá, ¿por qué somos de derechas?

Con más de ochocientos imputados por corrupción y cerca de treinta casos en manos de los tribunales, uno no puede más que sorprenderse ante la imagen de un partido político hostigado por los casos de corrupción gobernando la quinta economía de Europa. El primer partido imputado en la historia de la democracia y cuyo presidente y actual jefe del Ejecutivo se verá obligado a declarar por su supuesta vinculación con un macrocaso de corrupción, ha llegado al poder no libre de culpa sino ya inmerso en una inmensa trama delictiva muy alejada de suponer un caso aislado de deshonestidad tal y como se nos quiso hacer creer, sino algo mucho más cercano a un modus operandi institucionalizado desde tiempos inmemoriales en las entrañas políticas y morales del propio partido. Quienes nunca perdonaron a los españoles haber vivido por encima de sus posibilidades y los mismos que con desparpajo pidieron una y otra vez a las clases proletarias un mayor esfuerzo como forma de expiación ante los “errores” cometidos durante el delirium tremens del crédito fácil y la ilusión de bonanza económica, han visto sin embargo como los pecados de prevaricación, asociación ilícita, tráfico de influencias, malversación, falsedad y cohecho, entre tantos otros, les eran perdonados por una masa de votantes quizás hipnotizados por la maquinaría mediática y electoral del PP, quizás también infectados al igual que el partido al que confían su voto por la avaricia, la ira y la soberbia propia una concepción peculiar de lo que en realidad debe representar la marca España.

Después de todo, cuando uno se dispone a buscar las motivaciones de quién vota (con plena libertad o al menos creyéndose en plena posesión de la misma) al partido de la Gürtel, Púnica, Imelsa, Taula, Emarsa, Brugal, Alviasa, Palma Arena etc, son varios los planteamientos que se pueden pasar por la cabeza. Si bien en un primer momento uno podría pensar que se trata exclusivamente de una mezcolanza de personajes pudientes, fascistas remozados y fervorosos meapilas, las cuentas no parecen cuadrarnos atendiendo a los resultados electorales y mucho menos si como últimamente se estila en la nueva izquierda nos centramos en Twitter como referencia única para lograr tomar la pulsión política de la sociedad. Pese a que se hacen notar, no son tantos los fascistas ni los magnates que pueblan nuestro peculiar reino y la iglesia, la iglesia ya no es lo que era. Sus casos de corrupción y los abusos a menores son más sonados que sus homilías y por si Instagram o Mujeres y Hombres y Viceversa no suponían ya una seria competencia para hacer llegar sus mensajes, la aparición de un papa rojo ha hecho que nuestros obispos se centren en posiciones defensivas y en la tarea de no perder parte de su electorado más que en emprender grandes cruzadas ideológicas para captar votos. Tampoco nos ayuda a deshacer el cubo de rubik de la atracción electoral de la derecha el añadir a ésta suma otros tópicos del votante conservador como el de la edad avanzada, la incultura o la preeminencia del rural, puede que con estos factores las cifras de votantes empiecen a cuadrar en mayor medida, pero se nos plantea entonces la necesidad de dar respuesta al motivo por el que los jubilados, las capas populares de la población y un rural que está sufriendo en sus propias carnes un genocidio cultural y económico a manos de las grandes empresas capitalistas, pueden mostrarse capaces de entregar su voto a un partido que sin duda parece representar la viva imagen de gran parte de sus males.

La explicación no se encuentra en una derecha indocta como podría desprenderse de la lluvia de memes que invaden las redes sociales con cada victoria electoral del Partido Popular, ni en el radicalismo y razonamiento arcaico de un electorado que prefiere una España arruinada y perniciosa políticamente a verla en manos de los rojos. El oxigeno plebiscitario de los conservadores españoles se encuentra en sus redes clientelares, en los periodistas dispuestos a tapar sus corruptelas y a lanzar mierda contra todo lo que suponga una amenaza o perpetuar falsos mitos como el de la excelente gestión económica de la derecha, se encuentra también en en los organismos internacionales capaces de todo tipo de tropelías intervencionistas para lograr impedir alternativas políticas al eterno servilismo de la clase obrera y especialmente lo hallamos en una quinta columna mediática y política (Véase el tándem Cebrián González) aceptada y consentida por una nueva izquierda más empeñada en sacar autobuses a la calle o en perpetuarse en un discurso  desde la crítica que en cimentar nuevas redes comunicativas y políticas desde las que poder crear y dar voz a una nueva forma de hacer las cosas.

No basta con inundar las redes sociales en donde un sector ya mayoritariamente de izquierda se regodee con su conocimiento político e ironía digital, necesitamos presencia real en las fábricas, en los barrios, en los pueblos. No basta con acudir a circos políticos televisados en donde el debate se reduce a lo absurdo en un intento por lanzar píldoras electoralistas a espectadores que ya han renunciado a cualquier conclusión alejada del cómodo en el fondo son todos son iguales, pese a que algunos políticos se empeñen negarlo en medio de un eterno cruce de acusaciones, necesitamos nuestros propios medios de comunicación y necesitamos apoyarlos y trabajar con ellos. No basta con políticas de universitarios para obreros, ni con obreros votando a políticos profesionales, sino que necesitamos a obreros en los partidos al igual que necesitamos de nuevo a la política en las fábricas. No basta con un discurso hecho desde la crítica y el permanente foco sobre los errores del adversario, sino que necesitamos un discurso propio y una alternativa real al modelo económico y social que desde la derecha se nos propone con un capitalismo cada día más depredador. No basta con sentarse a pensar que el rural o los mayores son el problema y desde luego no basta con un autobús recorriendo las calles de España, para que deje de sorprendernos un pueblo capaz de votar a un partido acosado por la corrupción, quizás debamos darle a ese pueblo una alternativa en la que creer, una herramienta política con la que trabajar y no simplemente una papeleta distinta destinada a ser depositada en la misma urna de siempre.

“El capitalismo es un sistema construido sobre la corrupción, eso no quiere decir que en otros sistemas no haya personas corruptas, pero el capitalismo es un sistema corrupto en sí mismo.”

Luis Eduardo Aute

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 Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres, te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña, por el nombre de la activista medioambiental.

Desde DowJones te agradecemos tu colaboración.

https://www.change.org/p/xulio-ferreiro-calle-berta-c%C3%A1ceres-en-a-coru%C3%B1

“República, siempre República.”

No resulta fácil sentarse tantos años después, aún con las heridas abiertas, para tratar la represión  de una dictadura fascista que mato a tantos españoles y esclavizo y atemorizo a la inmensa mayoría. Resulta duro pararse a pensar durante un segundo en tantas personas que todavía hoy siguen sin saber donde están sus familiares y que en el mejor de los casos, si lo saben, todavía deben consolarse con depositar flores nuevas sobre viejas fosas y cunetas, que guardan celosamente con el silencio del perdedor, heridas de un pasado que el silencio no termina de cerrar. Personas cuyo único delito fue atreverse a pensar diferente, a revelarse contra las injusticias y exigir unos derechos a los que tú y yo dedicamos breves comentarios en nuestros muros virtuales mientras nos los arrebatan. Luchas la nuestra y la de ellos, tan diferentes, tan alejadas, hasta en eso los hemos olvidado.

Españoles asesinados por una dictadura levantada sobre el odio al progreso, al laicismo, a la igualdad entre hombres y mujeres, al reconocimiento de la diversidad cultural y política de los pueblos de España cristalizada en el Frente Popular y el Front d’Esquerres. Odio profundo a las luchas obreras y a un campesinado organizado para reclamar el derecho a una tierra que su trabajo les otorgaba, en definitiva, asesinados por un odio visceral a la participación política del pueblo que hizo de la II República. Un peligroso enemigo a batir para los que todavía hoy son los poderes tradicionales de España: El ejercito, los caciques y la Iglesia.

Resulta innecesario narrar una vez más en estas líneas  el triste final de aquella esperanzadora aventura que supuso la II República para una atrasada España, después de todo quién querría intentar convencer a quienes todavía hoy ven en el golpe de estado y en la lucha fratricida, una santa cruzada o un mal ineludible. A esos que ondean viejas banderas y nuevos odios al sol intentando desmantelar a una democracia que miserablemente por complicidad los ampara, una democracia con leyes para defender al dictador y a sus cachorros, mientras persigue a quienes simplemente  señalan su odio con humor, con demasiada paciencia.

Un sistema nacido del chantaje y de la amenaza del pacto o las armas, que no reparo a las víctimas, ni condeno a los asesinos y a sus cómplices. Una democracia cimentada desde su nacimiento con franquistas convertidos de la nada, en una operación de lavado de cara institucional, en grandes demócratas. Un sistema que hizo de los Suarez, Fraga o Juan Carlos grandes figuras de nuestra política, pero que nada supo o quiso saber de los más 114.000 repúblicanos que siguen sepultados en las cunetas y fosas comunes que siembran nuestro país. Entre ellos más de 20.000 repúblicanos asesinados y enterrados en un último acto de profundo desprecio póstumo junto a su asesino en el Valle de los caídos o de los más de 400.000 presos políticos obligados a realizar trabajos forzados para el gran empresariado español. Acto con lo que Franco y el régimen pagaron la inestimable ayuda que estos aportaron a su causa, los mismos que ahora siguen ejerciendo poder y han sido los verdaderos asesinos tras la mascarada del pequeño dictador y su santa cruzada.

De esta forma huérfana de tantos que dieron la vida por ella y subyugada y atenazada por aquellos que siempre la odiaron, nació la democracia en España. No es de extrañar entonces que tantos sintamos que nuestra bandera, que nuestras instituciones, no nos representa. No cuando todavía hoy siguen manchadas de la sangre de quienes realmente dieron su vida por ella.

Y de aquellos fangos, estos lodos. Lodos en los que nace y se desenvuelve todavía hoy la derecha española tan reacia a condenar la dictadura y la apología de la misma, pero empeñada en condenar y humillar en el eterno olvido a aquellos que dieron su vida por un gobierno legítimo. Legítimo pese a sus falacias, pese a las campañas destinadas a intentar reescribir la historia de manera directa con la asfixia presupuestaria de la memoria histórica o de manera indirecta manteniendo vivo el recuerdo de sus verdugos en nuestras calles. Una democracia no puede ser un lugar en donde se homenajea a los asesinos mientras se olvida a sus víctimas.

77 años después, siguen esperando en las cunetas tantos españoles un simple perdón. Hermanos, hijos  y puede que nietos que tendrán que ver como un país ciego se sigue negando a reconocer a la España de Franco como causante de uno de los grandes reinos del terror, un capitulo negro de la historia que por mucho prevalezca la voz del silencio, jamás podrá cerrarse hasta que se cicatrice la última de sus heridas.

Salud y República, no olvidamos.

no pasaran

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Franco ha muerto, sus cachorros caminan

España, un país con cuatro décadas de dictadura fascista a sus espaldas. Un país olvidadizo, de silencios tensos y amenazas todavía latentes. Un país, en el que muy al contrario que en la mayor parte de las experiencias de gobierno de la ultraderecha en Europa, el dictador y con él su estructura social y de poder, nunca terminaron de marcharse, sino que tan solo se adaptaron a una nueva realidad, a nuevos tiempos. Tiempos en donde el miedo y la violencia, se antojaban menos útiles cuando se ejercían directamente desde el traje militar y en las instituciones. El fascismo español y el propio Franco, se libraron de los pelotones de ejecución, del exilio o la condena internacional, sin que nunca se llegase a pedir perdón por lo crímenes cometidos. La guerra fría, el dólar  y un turismo que poco o nada quiso saber del pasado de nuestro país, renovaron la cara a quienes algún día, también aquí, ensalzaron los peores demonios del ser humano, pese a no llevar, habitualmente, esvásticas en sus pecheras.

La muerte de Franco, supuso el punto y final a la última experiencia de gobierno de la ultraderecha en Europa. Con la muerte del dictador, los que habían aprovechado la mancha de sangre en sus manos y el reino del terror impuesto en dependencias policiales, renegaron de su pasado y convicciones fascistas, en busca de mayores oportunidades en una transición a la democracia, perfectamente orquestada y ejecutada desde las más altas esferas del propio franquismo. No resulto complicado para las grandes familias del fascismo español, el cambio de chaqueta y de convicciones. Muerto el dictador, la idolatría de la burguesía española, encontró en la democracia capitalista y en las oportunidades de negocio que esta ofrecía, el perfecto substituto a un sistema, ya por aquel entonces, profundamente anacrónico como para plantearse pagar un precio por su defensa. Fueron las clases trabajadoras españolas, y especialmente aquellos con un sentimiento de marcada pertenencia al régimen, los que mayor impacto sufrieron con un cambio, considerado por muchos como una traición. Mientras que gran parte de los españoles despertaban de una larga y cruel pesadilla, los pequeños cachorros del fascismo español, se sumían en una decadencia de la que ni todo su odio, sería capaz de rescatarlos. Partidos como Alianza Nacional 18 de Julio o Falange Española de las JONS, que pretendían mantener viva la herencia del dictador, se vieron relegados a la insignificancia en una lucha parlamentaria, en donde la Alianza Popular de Manuel Fraga, plagada de ex jerarcas franquistas, enseguida logro arrebatarles el dominio electoral del franquismo.

Desde Alianza Popular hasta su reconversión en el Partido Popular, el partido hegemónico de la derecha española, ha sabido canalizar hasta el día de hoy, un voto  de marcada ideología ultraderechista, en el seno de un supuesto partido conservador de centroderecha; y lo ha conseguido, con un juego de equilibrios, extremadamente complicado de mantener en muchas ocasiones, en el que la herencia del franquismo, es enaltecida y soslayada a partes iguales. Conscientes de peso relativo de sus sectores más radicales en su balance electoral, desde el Partido Popular, se ha evitado siempre que ha sido posible, hacer una condena en firme del golpe de estado y la posterior dictadura franquista. La exaltación del franquismo, la memoria histórica o las políticas de emigración, han recordado en numerosas ocasiones, el cordón umbilical que hasta hace no demasiado tiempo, unía a muchos de los dirigentes y votantes de la derecha española, con la dictadura. Un sector del Partido Popular, caracterizado por un fanatismo tímido, que dentro de sus electorado, comparten una amplia tipología de prejuicios con sectores de la ultraderecha más radical, pero que se obligan a actuar de manera “igualitaria” o “cívica” por temor a la posible sanción legal o social, que dar rienda suelta a su verdadero planteamiento ideológico, podría suponerles.

La Crisis financiera de 2008, unida al socavamiento de los valores proletarios fruto de la posmodernización, han hecho que la derecha burguesa que hasta ahora había concentrado la mayor parte del voto ultra español, comience a resentirse, fruto del hedor a parasitismo y corrupción, que emanan los partidos políticos y a la sensación de desprotección que muchos ciudadanos comienzan a sufrir, debido a las políticas de recortes y austeridad implementadas desde Europa y aplicadas con total diligencia por el parlamentarismo español. Los jóvenes cachorros de la ultraderecha de nuestro país, más acostumbrados al calor de las cacerías en los estadios de fútbol que a la sierra madrileña, actúan de una forma más directa y violenta que el fanatismo tímido de la derecha española. El odio al diferente y la ideología fascista, lleva a muchos de los jóvenes Ultras a buscar inspiración en movimientos con una clara tendencia a la violencia. Movimientos como HamerSkin, Blood & Honour o Volksfront, suponen una nueva amenaza para el resurgir de la ultraderecha en un país demasiado acostumbrado a su intimidación. La clase media europea, supone el nuevo caldo de cultivo, para todo tipo de extremismos, radicales “islámicos” o nacionalsocialistas, encuentran en el sentimiento de desarraigo de los jóvenes europeos, un caladero perfecto para reforzar sus filas con el odio de quienes carecen de un sentimiento de pertenencia, más allá del que les pueda proporcionar el poder de su consumo.

Si bien el propio anacronismo de la existencia del fascismo en las democracias europeas, ha logrado hasta el momento contener el atractivo de la ultraderecha para la mayor parte del electorado, experiencias como CasaPound en Italia, Amanecer Dorado en Grecia o el Frente Nacional francés, han demostrado que una nueva ultraderecha, con un rostro de cara el público más amable y preocupado por la situación de clase obrera, puede lograr crecer en una política desprestigiada y enfangada en el cinismo y el populismo mal entendido, en donde los ultras encuentran el caladero perfecto para lanzar su mensaje de odio al diferente. La nueva ultraderecha española, cimenta desde los municipios una base social que pretende acrecentarse al calor de la crisis económica y la desigualdad social. Partidos como E2000 o Democracia Nacional, llevan a las instituciones, el mismo mensaje de odio y violencia que provoca en las calles, más de 4000 agresiones cada año. 

Organizaciones como Hogar Social Madrid, de marcado carácter fascista, reconocen abiertamente el cambio de paradigmas en la ultraderecha española. La defensa de los más desfavorecidos, siempre y cuando sean patrios,  y la ocupación de espacios simbólicos hasta ahora propios de la izquierda, son la nueva táctica de los fascistas españoles, para recabar mayor repercusión social. El Partido Popular y la derecha tradicional española, son para ellos un enemigo más en la búsqueda del poder político, como quedó de manifiesto en la celebración de la última victoria electoral de los de Mariano Rajoy. Hogar social Madrid, parece pretender unificar la hasta ahora fragmentada y enfrentada ultraderecha española. Si bien, las resistencias de ciertos sectores al liderazgo de Melisa Domínguez, resultan todavía patentes en foros en donde se ataca sin piedad su origen y sexo, como factores que la inhabilitan para ejercer dicho liderazgo, algo a lo que la joven estudiante de antropología social y cultural, parece permanecer ajena, apoyándose para ello, en su envenenada dialéctica y en los dorados minutos que los mass media españoles, parecen de manera extraña empeñados en regalarle.

Haría mal la sociedad y las instituciones españolas, en minusvalorar la amenaza de una alternativa unificada de la ultraderecha en nuestro país. No debemos olvidar, que la mayoría de la derecha española, se integro en la democracia con el anhelo de mantener la paz y seguridad que en su fuero interno, todavía justifican el alzamiento de 1936 y la posterior dictadura franquista. Por ese mismo motivo, la violencia propia de movimientos ultraderechistas de carácter Skin Head o neonazi, se ha encontrado hasta el momento, con serias dificultades a la hora de lograr un soporte electoral firme. Queda por ver si una hipotética alternativa más adaptada a la nueva realidad de la ultraderecha europea, cimentada en la islamofobia y el rechazo frontal a la emigración, podrá ocupar su espacio, en un país en donde la derecha nunca ha renunciado definitivamente al recurso de la violencia, y en donde cada día, la derecha obrera, muestra más desencanto con una democracia a la que culpa de la acuciante perdida de valores y de poder adquisitivo de las clases medias y bajas.

Lucrecia Pérez, Hassan Al Yahami, Guillem Agulló, David Furones, Aitor Zabaleta, Carlos Palomino…nombres que ya no están entre nosotros, y que deben prevenirnos y hacer más presente que nunca, la verdadera cara de la ultraderecha española.

ultraespain

Autor: @SeijoDani

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Contra Franco vivíamos mejor

Cuarenta y un años de la muerte del dictador. Cuarenta y un años de concentraciones y homenajes a su memoria en la plaza de Oriente, cuarenta y un años de olvido y desmemoria. El 20 de noviembre de 1975, España despedía a Franco, a la lucha antifranquista, pero no al Franquismo. Murió el dictador en su cama; con la seguridad de quién falto de descendencia política real, en un occidente en donde las armas ya no podían subyugar a los pueblos, encontró una vía para la continuidad de su legado en la sangre real, en la desmemoria y en la amenaza del ruido de los sables, y el miedo que estos provocaban en una sociedad demasiado acostumbrada al castigo por pensar diferente.

Tan solo viendo en la propia democracia, en la monarquía y en la figura del rey en sí misma, una herencia del caudillo, podremos dar explicación a realidades tan execrables como las que todavía hoy, llenan nuestro callejero con los nombres de figuras como las del General Yagüe, el doctor Vallejo-Najera o el Conde de Mayalde. Nombres escritos en oro en por quienes se encargaron de realizar una transición de vencedores y vencidos, quienes solo tras la muerte de su general, se aventuraron a firmar la paz por Dios, por España y por el Rey. A la dualidad por la que años atrás, justificaron la guerra y el asesinato de sus hermanos y hermanas, se la añadía ahora la guía espiritual de la monarquía como un substituto chirriante para muchos, pero absolutamente necesario, para garantizar el inmovilismo fundamental. 

Comprendieron pronto los poderes fácticos del estado, representados en la banca, los empresarios y terratenientes, la jerarquía católica y judicial, los mandos del ejército y todos aquellos que seguían sustentando la sociedad civil después del fallecimiento del dictador, que el franquismo, no debería morir con el caudillo.

Y llegó el momento del gran cuento, un cuento en donde se nos mostró a un rey impuesto por un tirano, como a un garante de la democracia, en donde la pluralidad de partidos, nació con la amenaza e imposición del modelo de estado y en donde 114.000 desaparecidos en nuestras cunetas y en nuestros campos, fueron olvidados en el que supuso su último sacrificio para dotar a sus hijos y nietos de aquello por lo que siempre lucharon, la libertad. 

Un cuento, supuestamente sin buenos o malos, pero con vencedores y vencidos. En donde las desmemoria institucional, propicia que el dictador repose en un monumento a su memoria, en donde la santa cruz, invita al visitante a elevar la vista al cielo, para lograr olvidar el sufrimiento y dolor de la tierra sobre la que sus pies descansan. Una tierra símbolo de las dos españas que todavía hoy persisten en pleno Siglo XXI. Una España orgullosa y agradecida por la dictadura, taciturna en sus verdaderas pulsiones internas cuando de pedir el voto se trata, pero que todavía hoy, no duda en amparar y proteger el legado de quién sigue considerando padre y mentor de la España moderna. Una España representada en la derecha rancia y radical de Fuerza Nueva, el Movimiento Católico Español, Falange o Democracia Nacional, pero también para que negarlo, en sectores de un partido de gobierno, como el Partido Popular que todavía en 2013, se negaba a que el enaltecimiento del franquismo fuese considerado delito.

Muchos son los que se niegan cuarenta y un años después a mover los recuerdos, posiblemente por miedo a una condena al pasado, pero también a su vez a muchas bases del presente. 41 años de nostálgicos en el poder y en las calles torpedeando las ansias de justicia de tantos y tantas, mientras se empeñan en mantener vivo el recuerdo del fascismo ante la debilidad de un país desmemoriado.

Una desmemoria de lo que supuso para España el franquismo de la que forma parte la propia izquierda y su traición a la lucha antifranquista y a su legado. Una traición firmada y cimentada en un pacto de transición en el que el franquismo, se postuló sin oposición, como alternativa democrática a si mismo. Una hoja de ruta, la de la transición en la que la izquierda se negó a si misma y a su vez, a una tradición ideológica republicana. Una tradición de lucha olvidada en un pacto de silencio que legitimó el legado político, económico y social de la dictadura. Un legado, al que todavía hoy, somos incapaces de condenar en firme en un parlamento ya democrático.

Olvidamos con todo ello del franquismo su verdadero rostro, sus campos de concentración, su fundamentos ideológicos y su cruel represión posterior a la guerra. Pero con ello, nos empeñamos también, en olvidar su legado. Un legado en le que las águilas y los brazos alzados, conviven con las agresiones y la legitimación de los crímenes del pasado. Cuarenta y un años de la muerte del dictador, cuarenta y un años de silencio y olvido que definitivamente van tocando a su fin. Por la dignidad y por los olvidados.

Dedicado a Lagarder Danciu, por recoger y hacer suya la memoria y el orgullo de la lucha antifascista de todo un país. Gracias 

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Autor: @SeijoDani

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Fascismo y justicia, no en España.

Ayer se cumplió un año de la muerte de Jimmy, como se cumplirán este año 22 de la muerte de Guillem Agulló y 23 de la cobarde ejecución de Lucrecia Pérez. 23 años de impunidad, 23 años en los que hemos podido ver como Pedro J Cuevas salía a la calle tras cumplir a penas 4 años de prisión para incorporarse casi inmediatamente a las filas de la ultraderecha española, como candidato político en las listas del partido Alianza Nacional. Poco duro la aventura democrática de este asesino transformado en político. En 2005 y antes de que se pudiera presentar a las elecciones, como miembro de una organización fascista con claras implicaciones violentas, fue detenido en el marco de la Operación Panzer. Una operación judicial que con su desarrollo marco una de las páginas más negras de la justicia española. Según todos los indicios, un asesino reconocido y la organización fascista a la que pertenecía poseían claras vinculaciones con el trafico de armas en nuestro país, ademas de ser poseedores de numerosa parafernalia neonazi. Armas que eran facilitadas presuntamente por diversos contactos que los ultraderechistas poseían dentro del propio ejercito español. Tal relación podría resultar sorprendente si los vínculos entre las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado y el fascismo militante, no fuesen ya denunciados cuando en 1992 la munición utilizada para asesinar a Lucrecia Pérez Matos fuese la de una  bala del nueve largo Parabellum de uso policial y militar. Este echo nos retrotrae ya desde ese primer asesinato racista en nuestro país, a una clara conexión entre grupúsculos de la ultraderecha criminal española y miembros de las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado. Acusación que no debería extrañar a nadie que analice la historia de España con una visión más allá del bonito cuento de hadas que la transición supuso para muchos españoles.

Ahora, tras el asesinato a sangre fría de Jimmy, nos vuelven a pedir que creamos en la justicia, al igual que nos pidieron que creyésemos en  la transición: enterrando a nuestros muertos, mientras esperamos una justicia que no  termina de llegar. Nos piden confianza mientras los asesinos vuelven con impunidad al Calderón. Nos piden fe, mientras que los únicos perseguidos por la justicia son Alfon y los Bukaneros. Para ellos son los realmente peligrosos.

No soy miembro de Riazor Blues, ni tan siquiera socio del Deportivo. No comparto, por suerte o por desgracia, no lo sé, esa loca pasión por los colores de una camiseta. Al igual que jamás entenderé que priorice el odio hooligan al sentimiento nacional entre las aficiones de Galicia. Pero contra el racismo, contra el fascismo me tendrán a su lado: Sempre Riazor blues, sempre Deportivo.

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Autor: @SeijoDani

#JeSuisCharlie

En pocas ocasiones uno es tan consciente del poder de la palabra o la imagen libre como cuando el fanatismo la amenaza. A nadie se le escapa que sin duda el atentado contra la redacción del semanario satírico Charlie Hebdo,supone un atentado contra todos aquellos que aman la libertad de expresión,contra la tolerancia,contra el gremio periodístico en general y supone particularmente un atentado contra el grueso de la comunidad islámica que ve,como de nuevo el sin sentido de una minoría radical, consigue hacer tambalearse el cada vez más complicado equilibrio en el que sus miembros se han acostumbrado a vivir desde los primeros golpes del terrorismo islamista en Europa.Una dificultad en la convivencia que me provoca tristeza,tristeza al comprobar como mientras el grueso de los europeos instantes después del atentado parecían dispuestos a recordar principios básicos como la igualdad,la solidaridad y la fraternidad,poco o nada tardaron esos sentimientos europeístas en sucumbir ante nuestros propios demonios.En permitir el asalto al debate por parte de nuestros propios radicales clamando venganza,distorsionando la reflexión progresista y tildando de populistas o ilusos a todos los que pretendemos combatir a la barbarie con el método racional. Una lamentable muestra de esta peligrosa deriva,lo pudimos ver instantáneamente en la política ultraconservadora Marine Le Pen que aún con la sangre de los periodistas franceses húmeda en el suelo de la redacción en donde se forjaba una revista que si por algo la debe ser recordada es por su progresismo,no dudó ni por un instante,en utilizar a los propios muertos para lograr elevar el tono del debate al proponer instaurar la pena de muerte para los terroristas.Y por qué no su linchamiento público me pregunto. Alejémonos de estos delirios xenófobos,la tragedia de Charlie Hebdo debe servirnos para reforzar nuestros postulados democráticos,para ensalzar el progreso de una sociedad europea que a lo largo de los tiempos ha sabido esquivar la sed de venganza que nos producía la barbarie,ya fuese esta terrorista o fruto de las más diversas y crueles distopías que desgraciadamente se han dado en la vieja Europa. Y es que es ahora más que nunca,cuando no podemos permitirnos ceder ante el fanatismo y la amenaza injustificada e injustificable de la sin razón.La nuestra ha sido y es la tierra de la libertad y la racionalidad,una tierra en donde el estado de derecho supone el principal garante de un ilustrador o un periodista que aún plenamente consciente de las amenazas de muerte contra su persona fruto de su labor,esquiva sus miedos y lleva hasta sus últimas consecuencias el costoso primcipio de preferir vivir de pie que morir arrodillado,éste es el caso de Stéphane Charbonnier.No nos dejemos engañar,no nos convirtamos en cómplices de esos,nuestros propios radicales que pretenden cargar en los hombros de toda una comunidad el peso de los actos de unos pocos.Dejarnos llevar en este momento por la trampa del odio,supondría el mayor desprecio al trabajo de unos profesionales que dieron su vida por unos ideales diametralmente opuestos al neofascismo que abandera ahora la respuesta violenta,supondría en definitiva dar la razón a los terroristas y quitársela a las víctimas. No caigamos tampoco en la psicosis propia del islamismo que con sus actos de terror pretende castigar a toda una nación de inocentes por las acciones y daños que sus dirigentes causan a su comunidad,no caigamos como ellos han hecho,en la tentación de atrincherarse en las posiciones más racistas y radicales.Soy consciente de lo sencillo de caer en el odio,en la venganza.De la facilidad de ponerle cara a un enemigo lejano en nuestra propia comunidad,bien sea por llevar velo o por tener un acento diferente.En realidad dejarse llevar por ese ejercicio de sin razón,resulta tan sencillo como culpar a toda una nación por la sangre derramada por sus bombas en tierras lejanas,tan sencillo como fomentar el odio en jóvenes que ven como la tierra de origen de sus ancestros es destruida por los espurios intereses económicos occidentales.Pero es precisamente en ese punto,en medio del odio,en el que debemos hacer prevalecer nuestros valores,nuestra identidad. No existe mejor momento para enarbolar los valores de la democracia que cuando ésta se ve atacada,no dejemos que la sangre de quienes dieron su vida por una sociedad más justa y libre,sirva para fomentar la respuesta del odio.El mejor homenaje posible es continuar la lucha por una sociedad mejor. #JeSuisCharlie Stéphane Charbonnier,Jean Cabut,Georges Wolinski,Bernard Verlhac,Philippe Honoré,Elsa Cayat,Bernard Maris,Mustapha Ourrad,Fréderic Boisseau,Michel Renaud,Frank Brinsolaro,Ahmed Merabet. D.E.P

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Autor: @SeijoDani