Miguel Ángel Blanco, la memoria secuestrada

Se cumplen ya dos décadas desde que tres miembros del comando Donosti secuestraran al concejal del Partido Popular en Ermua, Miguel Ángel Blanco. Dos décadas del ultimátum de los terroristas, el rostro del miedo reflejado en sus familiares y aquel tenso silencio intrínseco en la cuenta atrás de quien espera la muerte. Un silencio tan solo roto por dos disparos que tras una lenta agonía, teminaron finalmente con la vida de Miguel Ángel y cambiaron  el signo del miedo frente al terrorismo en nuestro país para siempre.

En realidad la sangre derramada por aquel joven concejal de Ermua sobre el campo de Lasarte, en nada se diferenciaba de la de tantos otros que antes habían perdido su vida fruto de la barbarie y la sin razón terrorista en nuestro país. Quizás, ese fuese el motivo por el que la perdida de Miguel Ángel Blanco, logró empapar de rabia e impotencia a una sociedad ya demasiado harta del sabor a muerte en su día a día, una sociedad que todavía permanecería durante mucho tiempo temerosa ante el las armas de los terroristas, pero que desde ese preciso instante, nunca más dejaría que el miedo la atenazase, evitando que pudiese pronunciar tras cada nuevo asesinato, un grito unánime: ¡BASTA YA!.

La muerte de Miguel Ángel Blanco supuso para el País Vasco y también para España, un antes y un después en la actitud frente a ETA. Los disparos que le arrebataron la vida, le arrebataron también las máscaras a una sociedad que hasta ese momento permanecía sin rostro frente a los terroristas, políticos, policías, periodistas, pero también vecinos y vecinas anónimos de cada pueblo de Euskadi, salieron por primera vez a la calle de ese día de forma masiva para mostrar su repulsa frente al terrorismo de ETA. Fueron entones los rostros de los asesinos, los que desde ese momento tuvieron que permanecer ocultos para siempre, tras unas capuchas blancas que no pudieron ocultar nunca más el rastro de sangre en sus palabras.

Décadas después de su asesinato y mientras los verdugos se pudren en la cárcel o en el infierno, la negativa de la alcaldesa de Madrid; Manuel Carmena, a poner una pancarta conmemorativa en la fachada del Ayuntamiento, ha conseguido que una vez más, el nombre de Miguel Ángel Blanco se vea envuelto en la sin razón argumentativa disfrazada de política. El tacticismo político y el revanchismo partidista, sumado a la torpeza de quienes desde el ayuntamiento madrileño no han sabido trasladar sus motivaciones, han logrado contra todo pronóstico en tiempos de paz, desdibujar un digno homenaje a una víctima de ETA como tantas otras.

Quienes durante años, desde las instituciones, han propiciado con su silencio y sus votos que las víctimas de la represión franquista sigan compartiendo su olvido con el descarado ensalzamiento a su asesino y cuyos cargos políticos se atrevieron a vilipendiar a sus familiares, hoy pretenden ante la opinión pública, convertirse en adalides de las buenas maneras para  hacer de un posible fallo en las formas políticas de la alcaldesa, un delirante caso de convivencia con los terroristas. Pudiese uno tildar sin riesgo a equivocarse, de abyecto e inmoral a quien desde la militancia en la  misma formación política por la que Miguel Ángel Blanco dio la vida, hoy se atreve a intentar dibujar una sonrisa en la cara de los terroristas, resucitando la división y el uso partidista de las víctimas que siempre buscaron sus asesinos. Quizás, no se equivoco la alcaldesa, cuando pretendió evitar personalizar el dolor, puesto que desgraciadamente para nuestro país, solo así parece evitarse la apropiación del mismo.

Inexplicablemente, Pablo Casado, Mayor Oreja, Cristina Cifuentes e incluso la propia Marimar Blanco, se han sumado en las últimas horas, a la horada de insultos e insinuaciones que sin atender al debate democrático, han pretendido entre deleznables titulares de prensa y desesperadas ofensivas políticas, vincular a la alcaldesa de Madrid con un supuesto desprecio a las víctimas o lo que es todavía peor, un apoyo directo a los terroristas. La misma Manuela Carmena, que en Atocha salvo la vida por mera casualidad durante el atentado al bufete laboralista a manso de pistoleros de la ultraderecha española, vive hoy inmersa en la delirante pseudorealidad de quienes en pleno homenaje a un político asesinado por las armas de los terroristas, sacan a relucir sin pudor alguno el devenir político de Venezuela, el proceso soberanista catalán o cualquier otro asunto que pueda llegar a importunarles a la hora de alcanzar sus objetivos políticos, para en un ejercicio de cinismo ilimitado, pretender imponer la lógica de todo lo que nos molesta es ETA.

Sin que pueda evitarlo, recurre una vez más el PP en su estrategia política, al argumentario tan insertado en su ADN del todo es ETA. Quienes en más de una ocasión se atrevieron a menospreciar a víctimas del terrorismo como Pilar Manjón, hoy pretenden manipular la realidad para tildar de etarra o radical a todo aquel que quiera recordar a las víctimas de una manera diferente a la establecida durante los años de la barbarie. Haría bien el Partido Popular en recordar su desmemoria con los represaliados durante la dictadura franquista, su indigna gestión y manipulación informativa durante el 11M o las continuas zancadillas al ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero, durante el proceso de negociación que puso fin a la actividad asesina de la organización terrorista ETA. Podría incluso el partido de Mariano Rajoy volver la vista hacia su propio partido, para encontrar en sus propias filas el más profundo desprecio a la memoria de Miguel Ángel.

1499673200_829197_1499673351_portadilla_normal

 

 

Alsasua, polvo en los ojos

“Estoy a favor de la verdad, la diga quien la diga. Estoy a favor de la justicia, a favor o en contra de quien sea.”

Malcolm X

Iñaki Abad, Julen Goikoetxea, Jon Ander Cob, Aratz Urrizola, Jokin Unamuno, Adur Ramírez de Alda y Oihan Arnanz, siete jóvenes de la localidad Navarra de Alasasua víctimas del polémico artículo 573 del Código Penal, aprobado por el gobierno de Mariano Rajoy  durante los continuos atentados yihadistas de 2015 en Europa, y que hoy sirve en España, para mantener encarcelados a tres jóvenes independentistas, acusados de agredir a dos guardias civiles durante el transcurso de una noche de copas en Navarra. Una medida judicial definida por la propia ONU como poco democrática, que permite que hoy en nuestro país lo que en cualquier otro escenario supondría poco más que un delito de lesiones, haya terminado para estos jóvenes abertzales, en una acusación por terrorismo enmarcada en un proceso de paz en el País Vasco paralizado por la apatía estatal y durante el recrudecimiento de los juicios por enaltecimiento del terrorismo, que poco o nada tienen que ver con la realidad política o la pulsión social de Euskal Herria.

Una sociedad civil que en el pueblo de Alsasua, no ha dudado desde un primer momento y en contra de la polémica decisión de las autoridades españolas, en manifestarse para pedir la puesta en libertad de los jóvenes detenidos y el fin de lo que gran parte de los vecinos consideran continuos montajes policiales y judiciales. Lo que a día de hoy, para la Audiencia Nacional es considerado terrorismo, para los vecinos y vecinas de la localidad (Además de para 83 alcaldes de Euskadi y Navarra) no supone más que una pelea de bar fruto de lo que ellos describen como asfixiante presencia de la Guardia Civil en el pueblo.

Iñaki Abad, Julen Goikoetxea, Jon Ander Cob, Aratz Urrizola, Jokin Unamuno, Adur Ramírez de Alda y Oihan Arnanz, siete jóvenes de la localidad Navarra de Alasasua, víctimas del polémico artículo 573 del Código Penal, aprobado por el gobierno de Mariano Rajoy,  durante los continuos atentados yihadistas de 2015 en Europa

Pese a las masivas movilizaciones vecinales y a los propios informes de la Guardia Civil remitidos al Juzgado de Instrucción número 3 de Pamplona, en los que niegan la existencia de un linchamiento organizado contra los dos guardias civiles agredidos junto a sus parejas en un bar de la localidad, la Audiencia Nacional  en una actuación polémica, decidió finalmente hacerse cargo del proceso, basándose en los testimonios de los propios denunciantes como única prueba, todo, pese a las numerosas contradicciones de los mismos con la versión del resto de testigos.

En poco más de una semana desde su detención, los nueve jóvenes de entre 19 y 24 años, fueron procesados atribuyéndoles un delito de terrorismo en concurso ideal de lesiones, atentado y odio. Una decisión fundada en la hipótesis de que los detenidos llevaron a cabo la agresión motivados por su conocimiento de la condición de guardias civiles del teniente y el sargento, lo que enmarcaría los hechos en las “rutinas de hostigamiento” contra el instituto armado español protagonizadas por el colectivo Ospa Mugimendua, al que pertenecen algunos de los detenidos. Una decisión judicial, que a todas luces puede llegar a suponer un ejercicio excesivo de conjeturas en la reconstrucción de los hechos, y que a tenor de las pruebas presentadas judicialmente, apunta sin duda a que la actuación de la Audiencia Nacional, no viene sino a enturbiar los intentos emprendidos por la sociedad vasca, para normalizar la convivencia tras numerosas décadas de conflicto y el reciente cese de la actividad armada de ETA.

No en vano, aceptar que la pertenencia de los jóvenes detenidos en Alsasua a diferentes organizaciones independentistas, que pueden compartir o no, diversos objetivos con la organización terrorista ETA, supone motivo suficiente para su procesamiento por terrorismo tras una reyerta en un bar, abre una peligrosa vía legal en donde la afiliación de los acusados y no los hechos en sí, suponen el principal baremo para la posterior actuación de la justicia. La búsqueda de la independencia o la expulsión de los miembros de las Fuerzas de Seguridad del Estado de Navarra y del País Vasco, figuran entre los objetivos perseguidos en su momento por la organización terroristas y hoy forman parte de las principales reivindicaciones políticas de la izquierda abertzale. Precisamente, en asumir como legítimas las reivindicaciones de quienes sin el peso de las armas pueden defender tales postulados, hoy pasan gran parte de las esperanzas para  la convivencia y el correcto desarrollo del proceso de paz en Euskadi. En ningún caso en una sociedad plenamente democrática, encabezar una campaña por reprobable y deshonrosa que pueda parecer esta a la Audiencia Nacional, puede suponer la posterior vinculación con una organización terrorista.

un ejercicio excesivo de conjeturas en la reconstrucción de los hechos, y que a tenor de las pruebas presentadas judicialmente, apunta sin duda a que la actuación de la Audiencia Nacional no viene sino a enturbiar los intentos emprendidos por la sociedad vasca, para normalizar la convivencia tras numerosas décadas de conflicto y el cese reciente de la actividad armada de ETA

“Proporcionalidad, justicia y equidad” son las lógicas reivindicaciones de un pueblo y unas familias, que todavía hoy siguen gritando a viva voz que sus jóvenes no son terroristas. El circo mediático y político en un caso en donde en las propias palabras de las familias de los detenidos, los jóvenes de Alsasua “han sido utilizados de una manera ejemplarizante y no desde parámetros jurídicos” parece impedirnos lograr reflexionar acerca de lo absurdo e insultante de comparar una simple pelea de bar, con la realidad vivida por muchos ciudadanos durante la existencia de la amenaza de las armas en nuestro país.

Mantener la acusación de terrorismo y peticiones de prisión absolutamente desproporcionadas, que pueden llegar a superar los 10 año de prisión, supone un insulto a la inteligencia de un pueblo que ya ha pagado demasiado caro los desesperados intentos de quienes parecen querer prorrogar de manera artificial la lógica del discurso de las armas.

arton77389-f187f

 

Euskadi, los huevos de la serpiente

José Pardines Arcay, Jorge Juan García Carneiro, José Lasa Arostigui, José Ignacio Zabala, Javier Pérez Arenaza, Miriam Barrera Alcaraz, José Ramón Domínguez Burillo, María Doleres González Catarain, Luis Isasa Lasa, Jesús María Basáñez, Miguel Ángel Blanco Garrido, Silvia Martínez Santiago, Xabier Galdeano, Lucía Urigoitia, José Ramón Goikoetxea Galparsoro, Josu Muguruza, Miguel Isaías Carrasco Arnaldo Otegi Mondragon.

2472 atentados después y tras derramar la sangre de 849 víctimas mortales, los nombres de Jean-Serge Nérin, Carlos Sáenz de Tejada y Diego Salvá, se convertían finalmente en últimos en sumarse a la memoria de la sin razón de la barbarie terrorista de ETA en nuestro país. 829 víctimas, no menos de 4.000 presos torturados en las cárceles (donde muchos perderían su vida) y todavía hoy, 373 reclusos de la banda terrorista repartidos en 45 cárceles de todo el estado español, nombres y números para intentar esbozar el retrato de una guerra abierta entre dos posiciones encontradas. Nombres que esconden sangre, horror y la más pura sinrazón del ser humano, y una amenaza, la de las armas, que durante medio siglo acompañó a tantos y tantas que pese a todo, decidieron alzar su voz contra quienes anhelaban la imposición de una visión única de la política vasca. Muchos pagaron con su vida tal atrevimiento. Fernando Múgica, Enrique Casas, Ernest Lluch, Miguel Ángel Blanco… diferentes visiones de la sociedad vasca, diferentes caracteres políticos y sentimientos hacia su tierra, pero todos ellos unidos por el silencio previo al clic de la pistola de un terrorista o la bomba lapa debajo de sus coches que arrebataría sus vidas e ilusiones para siempre a la sociedad de su país. Una sociedad durante mucho tiempo demasiado acostumbrada al sonido de las explosiones, los llantos y las sirenas, un pueblo con miedo, preso de sus propios deseos y temores, que terminaron por esconderse tras los sentimientos de venganza de quienes lo habían perdido todo tras un atentado o el terror amenazante de quienes se acostumbraron a ver en los encapuchados su única vía de representación política.

Nació así en Euskadi una nueva cultura del miedo y del terror, una legitimación por parte de ciertos sectores de la sociedad de la fuerza como única interpelación válida ante el adversario político y con ello, nacieron también en Euskadi las heridas que ahora tanto tardarán en cicatrizar. Entre el dolor y la barbarie, se esconde el trasfondo de un conflicto que ha perdurado en nuestro territorio como uno de los más sangrientos enfrentamientos políticos de nuestra era moderna, y que pese al anuncio de la banda terrorista en 2011 del cese definitivo de la actividad armada, en un comunicado de apenas dos minutos y medio de duración, el último conflicto armado de Europa, permanece hoy todavía latente en el día a día de los vascos y vascas, especialmente cuando en Euskadi se habla de política.

La distorsión de la violencia, terminó alcanzando a una política vasca infectada por un germen, el de la venganza, que cinco años después impide encarar con normalidad un proceso de reconciliación social que en condiciones normales hace ya tiempo debiese haber contado con el apoyo directo e incondicional de los gobiernos español y francés, sin embargo, se da en el conflicto vasco una situación particular, en donde una organización terrorista dispuesta a entregar sus armas para escenificar un fin de la violencia al que le han empujado los operativos policiales y la propia realidad político-social de su entorno, no encuentra interlocutor en el otro lado. Ni los gobiernos español y francés, ni la propia Europa, ni los miembros de la comunidad internacional, parecen dispuestos a primar el fin de la violencia en España, por encima de los propios equilibrios políticos inherentes en las relaciones entre políticos y  estados.

Se continúan todavía hoy desde el estado español negando realidades sociales como Bateragune o judiciales como el caso Txapartegi, al tiempo que desde las instituciones se profundiza en la venganza como método de justicia para mantener políticas penitenciarias carentes de cualquier cobertura legal, políticas como la dispersión de presos, método este que no solo castiga a los terroristas sino a su entorno familiar y social, además del continuo uso de artificios legales para lograr privar a los presos etarras de los principios tendentes a la unificación del derecho en la Unión Europea que les permitiría en ciertos casos, acceder a la rebaja de condenas al ver descontados los períodos cumplidos en prisión en otros países pertenecientes ala Unión Europea. El gobierno español hace muestra de una clara intransigencia poco comprensible para quien se encuentra ante la posibilidad histórica de soterrar definitivamente la violencia como método político en Euskadi.

De nuevo, los mecanismos del estado de derecho se fuerzan y se retuercen para buscar la sanción en lugar del entendimiento, seis años después del cese del ruido de las armas, el silencio y los sentimientos de venganza soterrada durante tantos años continúan dificultando la vuelta a la normalidad de una sociedad ya demasiado acostumbrada al silencio. Resulta necesario hoy en Euskadi que las diferentes realidades enfrentadas durante tanto tiempo en una lucha armada, comiencen a ver en las concesiones al adversario no una cesión ante el enemigo, sino una oportunidad para una sociedad en su conjunto y a sus deseos de paz.

Durante seis años de encarcelamiento, Arnaldo Otegui simbolizó para ciertos sectores de Euskadi, militantes de la izquierda abertzale, un símbolo de su propia voz encerrada en una prisión española. Mientras se multiplicaban los casos y las causas para mantenerlo en prisión, se ha podido comprobar, como el camino que un día iniciaron ciertos dirigentes de la izquierda abertzale, un camino hacia la paz arriesgado y valiente frente a sus propios demonios, parece ya inalterable. Un camino que como el propio líder abertzale reconocía, se hacía tarde y en un lento y doloroso proceso que comenzó en la inconsciencia que en aquel momento tenían en el entorno de la banda terrorista acerca del dolor que sus actos provocaban en la sociedad vasca y el verdadero alcance de las heridas abiertas por estos. Solo atendiendo a esas declaraciones, uno podría entender la profunda brecha que ETA llegó a provocar en la propia sociedad de Euskadi y España. Una brecha todavía abierta en las heridas de las víctimas y los familiares de las mismas, que continúan esperando un punto y final claro a tanto dolor y sufrimiento. En palabras de Sara Buesa, víctima de la banda terrorista, alguien debe dar respuesta a la pregunta de si ha tenido sentido en algún momento la lucha armada en el País Vasco.

Pareciese que a diferencia de el Ulster o Colombia, España todavía no está preparada para encarar definitivamente la paz. El fin del terrorismo y de la barbarie en “Euskal Herria” no supone el final del conflicto vasco, sino tan sólo un cambio de escenario, un proceso en donde la voz del independentismo no ha desaparecido en la sociedad con el ruido de las armas, sino que se ha transformado en lo que nunca debió dejar de ser: una confrontación ideológica en donde la única voz válida es la del pueblo libre, un pueblo que todavía hoy ve como la represión y la violencia son rutina en sus calles, como el peso de la violencia sigue presente en su día a día, sin que policía, política, justicia y la propia sociedad, sepan muy bien como desenmarañar una situación en la que todos los bandos se han acostumbrado a jugar sucio.

Hacer la paz, he encontrado, es mucho más difícil que hacer la guerra.

Gerry Adams

Estas decisiones serán de gran alcance y difíciles. Pero nunca faltó coraje en el pasado. Coraje que se necesita ahora para el futuro.

Gerry Adams

eta-msn-365xxx80

Una paz sin diálogo

8 abril de 2017 una fecha llamada a marcar la historia de nuestro país. Jean-Noel Etcheverry fundador de la agrupación ecologista Bizi! y detenido el pasado 16 de diciembre por su supuesta vinculación a la organización terrorista ETA, ha señalado ante la opinión pública esa fecha como la del último paso previo para encarar la total disolución del movimiento terrorista vasco Euskadi Ta Askatasuna (País Vasco y Libertad).

Un paso más en una hoja de ruta hacia la paz, en el que la postura del gobierno español ha sido la del inmovilismo durante estos últimos cinco años sin violencia. Una línea de actuación atrincherada en la negativa a asumir cualquier tipo de responsabilidad en la mesa de negociación, y en las sucesivas actuaciones policiales que en medio de un proceso de paz, parecen más encaminadas a dinamitar a la sociedad civil abertzale que a facilitar el camino para la total disolución de la organización terrorista. Un proceso que se afianzada únicamente en una sociedad civil que sigue firme al mando del mismo, pese a las continuas negativas de los gobiernos español y francés para erigirse como interlocutores ante la organización terrorista ETA.

Curiosamente, quienes durante décadas no dudaron en modular sus discursos o en tomar asiento en primitivas negociaciones ante los asesinos prometiendo “generosidad, mano tendida y espíritu abierto”, hoy son los mismos que muestran una incomprensible pero tajante negativa ante la perspectiva de asumir el cometido de quién en un proceso de paz tiene el deber de representar a un estado con un conflicto armado dentro de sus fronteras. Desde el decimoquinto congreso del Partido Popular Vasco, Mariano Rajoy hacía mención al comunicado de ETA, poniendo de nuevo el acento de su discurso en la negativa del gobierno español a entablar cualquier tipo de diálogo con la organización terrorista, y señalando la persecución policial como la única decisión política capaz de poner fin al conflicto “Esta posición que mantenemos nosotros es la justa, la democrática, la que preserva la dignidad de las víctimas del terrorismo y, por si a alguno no le llegaran esos argumentos, es también como el tiempo está encargando de demostrar, la mas eficaz para la disolución definitiva de ETA. Es es lo que tengo que decir sobre esto”  Una vía la de la negativa al diálogo que utiliza la voz de las víctimas para justificar una decisión exclusivamente política, y que no parece encontrar justificación en una sociedad vasca profundamente comprometida con la normalización de la convivencia política y social de un pueblo,  que todavía hoy arrastra profundas cicatrices fruto de la violencia.

Cinco años después de que ETA anunciase en un comunicado de apenas dos minutos y medio el “cese definitivo de la actividad armada” sin condiciones, el último conflicto armado de Europa continua incomprensiblemente estancado entre la pasividad gubernamental, y la desesperada intentona por parte de los terroristas para edulcorar la derrota como una última vía de expiación, para quienes años después al fin parecen percatarse de lo absurdo e innecesario de todo el dolor provocado. Un dolor reflejado en las 849 víctimas mortales por los atentados de la banda terrorista, en los presos, en los torturados, pero también en las familias y en la impotencia de todos aquellos que durante décadas, han visto como la amenaza de las armas frustraba cualquier esfuerzo de debate en Euskadi.

Con el desarme de ETA, el fin de la violencia terrorista en nuestro país se dibuja como una realidad inevitable cercana, pero haría mal el estado al confundir la disolución de la banda terrorista con el final del propio conflicto vasco. La inexistencia de una hoja de ruta consensuada y un futuro desarme que todo indica no podrá producirse de forma verificada y ordenada, por la negativa del gobierno español a erigirse como interlocutor en el proceso de paz, suponen una nefasta señal para el futuro de una sociedad en donde las heridas abiertas son numerosas, y todavía son muchos los que en uno y otro bando parecen mostrarse incapaces de sobrevivir al cambio de mentalidad para una convivencia sin tensiones. El diálogo resulta más importante que nunca, cuando se hace patente que son muchas las cicatrices que sobrevivirán a la banda terrorista. El estado debe encontrarse hoy al lado de una sociedad civil que no puede sumar al dolor de los muertos, el peso de construir la paz en solitario. 

eta.jpg

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres, te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña, por el nombre de la activista medioambiental.

Desde DowJones te agradecemos tu colaboración.

https://www.change.org/p/xulio-ferreiro-calle-berta-c%C3%A1ceres-en-a-coru%C3%B1a

España: Democracia en funciones

Comienza la recta final para iniciar la legislatura y lo hace de forma bronca. En un parlamento poco acostumbrado a la representación de la pluralidad ideológica, la fragmentación y lucha de poderes palpable no solo entre bancadas, sino también en el seno de algunos partidos, parece garantizar una legislatura de constantes bravuconadas de cara a la opinión pública en el hemiciclo, mientras los acuerdos y traiciones; que serán sin duda necesarias a lo largo de la legislatura, se producen de puertas para adentro.

Apostó el presidente en funciones, por mantener su línea de no intervención en el eterno tablero de pactos en el que se ha convertido la política española y el tiempo le dio la razón. En un contexto de necesidades económicas apremiantes para lograr responder ante Europa y un acoso judicial cada vez más palpable en Génova, otros quizás, hubieran perdido la calma ante la perspectiva de unos nuevos comicios para su partido, pero no Mariano Rajoy. El presidente en funciones supo leer a una izquierda dividida, una derecha inofensiva y una sociedad, que si bien condena la corrupción, parece no estar dispuesta a pasar factura a los corruptos.

Simplemente sentándose durante su mandato en funciones, no tardó demasiado el Partido Popular en ver pasar los cadáveres de sus enemigos, suplicando una solución ante sus puertas. El primero de ellos, el de un Albert Rivera que comenzó a sentir el peso del fantasma de la intrascendencia desde el mismo recuento de las últimas elecciones. El líder de la formación naranja, no tardó en ofrecerse como el perfecto aliado de un Mariano Rajoy que en todo momento confió en la todavía manifiesta irrelevancia de una alternativa a la derecha que si bien no representaba la inocencia de Vox o UPyD, se le acerca bastante. Confiaron en el PP, en poder capear el temporal del trasvase de votos, debido a los escándalos de corrupción a la formación de Albert Rivera  y todo parece indicar que la jugada funciono.

El pacto con Pedro Sánchez, no surgió el efecto en el PP que se esperaba desde la formación naranja y lejos de ello, Ciudadanos quedo retratado como un partido sin rumbo fijo, una formación bisagra, incapaz de forjar una alternativa al bipartidismo y con el único sentido de servir como castigo a un PP que de cara a la ciudadanía, parece ya haber saldado sus deudas. Con un ostracismo todavía no asumido, la formación de Albert Rivera, deberá conformarse intentado sacar el mayor provecho electoral posible a la renovación de nombres, que no de políticas, que el Partido Popular estará dispuesto a mostrar como única concesión a un aliado todavía necesario pese a todo.

No por más esperado, fue menos relevante para las aspiraciones del Partido Popular, la visión de un Partido Socialista roto en dos ante la puertas de Génova. El golpe de estado dado a la ejecutiva de Pedro Sánchez, ante la tentativa de éste por profundizar en un gobierno del cambio con Podemos y los nacionalistas, ha dejado en manos de la vieja guardia más reaccionaria a un partido que desde su última ejecutiva se parece más al camarote de los hermanos Marx que a una verdadera alternativa de gobierno.

El voto favorable a la abstención y sin condiciones de cara a la formación de gobierno por parte de Mariano Rajoy, deja al Partido Socialista totalmente inmerso en la dinámica del Partido Popular. Se convertirá la estabilidad de España y el freno al independentismo, en una muletilla argumentativa perfecta para los populares de cara a la aprobación de las principales leyes de la legislatura. Si el PSOE ha podido traicionar una vez a su historia y a sus bases por el “bien de España” nada parece indicar desde Ferraz que no pueda volver a hacerlo si la inmediatez de las urnas amenaza de nuevo al partido en pleno proceso de desintegración. Será curioso observar, como Antonio Hernando defiende ante la cámara lo indefendible, a la espera de un nuevo líder para el partido que esta vez tendrá que pensarse muy bien donde deposita su confianza.  Tan solo le queda al PSOE afrontar la necesidad de un cambio o bien desaparecen como mártir de la estabilidad de un régimen del 78 que sea como sea, parece hacer aguas definitivamente.

Con semejante panorama en la política española, sirvió el inmovilismo en el Partido Popular para llegar a la presidencia, con gran parte de la oposición desacreditada y subyugada, el único foco de resistencia inmediata, lo encuentra el presidente del gobierno en un Podemos demasiado acostumbrados a los principios ideológicos y a regirse por las reglas del juego en sede parlamentaria. Recibía el primer golpe, la formación de Pablo Iglesias, nada más llegar al congreso con un pacto entre “enemigos” en el que Partido Popular, PNV y la antigua Convergencia, decidían excluir de cualquier papel institucional importante a la alternativa a la política de recortes y privatización que supondría Unidos Podemos. Ignoraba la formación morada, la premisa más básica de la política: El enemigo de mi enemigo, siempre es mi amigo. Lejos de suponer una excepción, los apoyos puntuales que el PP recibió de los nacionalistas para la formación de la Mesa del Congreso, son un claro indicador de la más que posible deriva de la legislatura. Una vez iniciada la legislatura y ya alejados de los focos y la repercusión que una sesión de investidura supone para estos partidos, PNV y Convergencia, no dudarán en apoyar las iniciativas Populares, siempre y cuando están no comprometan demasiado postulados ideológicos ahora muy necesarios de cara al órdago nacionalista y que sin embargo sean efectivas de cara a poner freno a la alternativa al descontento en Euskadi y Catalunya que comienza a dibujar Unidos Podemos.

Da inicio una legislatura ya para muchos a esta hora demasiado larga. Intensa, trilera y castiza como pocas, una legislatura en la que pese a la resistencia de algunos, deberá hablarse de política en el parlamento, como una vez más, en las calles. 

congreso.jpg

Autor: @SeijoDani

 

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental. 

https://www.change.org/p/xulio-ferreiro-calle-berta-c%C3%A1ceres-en-a-coru%C3%B1a

 

 

Memorias de Euskadi

Cinco años desde que la organización terrorista ETA, anunciase el “cese definitivo de la actividad armada” sin poner condiciones. Cinco años, desde que aquel jueves 20 de Octubre de 2011, en un comunicado de apenas dos minutos y medio de duración, ETA diese por finalizado el último conflicto armado de Europa.

2472 atentados después y tras derramar la sangre de 849 víctimas mortales, los nombres de Jean-Serge Nérin, Carlos Sáenz de Tejada y Diego Salvá, se convertían finalmente en últimos en sumarse a la memoria de la sin razón de la barbarie terrorista en nuestro país. En su comunicado, ETA, iniciaba el principio del fin a la anormalidad democrática que  suponía el miedo provocado por la amenaza de los pistoleros, en vida de la sociedad vasca. Una amenaza, la de las armas, que durante medio siglo acompañó a tantos y tantas que pese a todo, decidieron alzar su voz contra quienes anhelaban la imposición de una visión única de la política vasca. Muchos pagaron con su vida tal atrevimiento. Fernando Múgica, Enrique Casas, Ernest Lluch, Miguel Ángel Blanco…diferentes visiones de la sociedad vasca, diferentes caracteres políticos y sentimientos hacia su tierra, pero todos ellos unidos por el silencio previo al clic de la pistola de un terrorista o la bomba lapa debajo de sus coches que arrebataría sus vidas e ilusiones para siempre a la sociedad vasca. Una sociedad durante mucho tiempo demasiado acostumbrada al sonido de las explosiones, los llantos y las sirenas, un pueblo con miedo, preso de sus propios deseos y temores, que terminaron por esconderse tras los sentimientos de venganza de quienes lo habían perdido todo tras un atentado o el terror amenazante de quienes se acostumbraron a ver en los encapuchados su única vía de representación política.

Nació así en Euskadi, una nueva cultura del miedo y del terror, una legitimación por parte de ciertos sectores de la sociedad de la fuerza como única interpelación válida ante el adversario político, y con ello, nacieron también en Euskadi las heridas que ahora tanto tardarán en cicatrizar.

Reconocía recientemente el líder abertzale, Arnaldo Otegi, la inconsciencia que en aquel momento tenían en el entorno de la banda terrorista, acerca del dolor que sus actos provocaban en la sociedad vasca y el verdadero alcance de las heridas abiertas por estos. Ciertamente, solo atendiendo a esas declaraciones, uno podría entender la profunda brecha que ETA llego a provocar en la propia sociedad vasca. Una brecha todavía abierta en las heridas de las víctimas y los familiares de las mismas, que continúan esperando un punto y final claro a tanto dolor y sufrimiento. Como pedía Sara Buesa, víctima de la banda terrorista, alguien debe dar respuesta a la pregunta de si ha tenido sentido en algún momento la lucha armada en el Pais Vasco.

La distorsión de la violencia alcanza también a una política vasca infectada también por un germen, el de la venganza, que cinco años después, impide encarar con normalidad un proceso de reconciliación social que en condiciones normales hace ya tiempo debiese haber contado con el apoyo de los gobiernos español y francés. Se da en el conflicto vasco, una situación particular. En donde una organización terrorista, dispuesta a entregar sus armas, para escenificar un fin de la violencia al que le han empujado los operativos policiales y la propia realidad Político-Social de su entorno, no encuentra interlocutor al otro lado. Ni los gobiernos español y francés, ni la propia Europa, ni los miembros de la comunidad internacional, parecen dispuestos a primar el fin de la violencia en España, por encima de los propios equilibrios políticos inherentes en las relaciones entre estados.

Continúan desde el estado español negando realidades sociales como Bateragune o judiciales como el caso Txapartegi, al tiempo que desde las instituciones se profundiza en la venganza como método de justicia a la hora de mantener políticas penitenciarias carentes de cualquier cobertura legal. Políticas como la dispersión de presos, método este que no solo castiga a los terroristas sino a su entorno familiar y social, además del continuo uso de artificios legales, para lograr privar a los presos etarras de los principios tendentes a la unificación del derecho en la Unión Europea que les permitirían en ciertos casos, acceder a la rebaja de condenas al ver descontados los períodos cumplidos en prisión en otros países pertenecientes ala Unión Europea.

El anuncio de cese definitivo del terrorismo en Euskadi, abría una etapa para posibilitar el diálogo sobre contenidos políticos y la creación de un futuro marco social de convivencia pacífica entre los diferentes actores sociales vascos, pero cinco años después del cese del ruido de las armas, el silencio y los sentimientos de venganza soterrada durante tantos años, continúan a dificultar la vuelta a la normalidad de una sociedad ya demasiado acostumbrada al silencio.

Resulta más necesario que nunca que ambas realidades enfrentadas durante tanto tiempo en una lucha armada en Euskadi, comiencen a ver en las concesiones al adversario no una cesión ante el enemigo, sino una oportunidad a una sociedad y sus deseos de paz.

etadow.jpg

Autor: @SeijoDani

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental. 

https://www.change.org/p/xulio-ferreiro-calle-berta-c%C3%A1ceres-en-a-coru%C3%B1a

Los dilemas de Pedro

Estalló finalmente la guerra en el PSOE como estallan todas las guerras que se mantienen más o menos frías durante largo tiempo, de manera sorpresiva y cruel. Con un movimiento inesperado y 17 dimisiones en la ejecutiva socialista, para configurar, al fin de forma visible, la plana mayor de un sector crítico en el propio partido que excusandose en la deriva política del propio Pedro Sánchez y los recientes resultados electorales en Galicia y Euskadi, buscan finalmente formalizar un impeachment al hasta todavía hoy líder socialista, para siempre supuestamente, lograr desatascar no solo el bloqueo del propio partido, sino a su vez la situación política en España.

Basandose en un discurso que incomprensiblemente asume como propio el mea culpa ante la clara imposibilidad de formar gobierno por parte de Mariano Rajoy y pasadas las cinco y media de la tarde de ayer, Antonio Pradas presentaba en Ferraz su dimisión y la de otros dieciséis miembros de la dirección socialista. Dimisiones que según su propia versión, se deberían sumar a las ya realizadas con anterioridad por Gómez Besteiro y Javier Abreu, además de sumar también en esa particular cuenta la de Pedro Zerolo. Se le olvida al hasta hoy secretario de Política Federal del PSOE que el fallecimiento del socialista madrileño, poco o nada tuvo que ver con discrepancias con el presidente de su partido. Un detalle que muestra el nivel descarnado de la disputa por el poder en Ferraz.

Apelan los críticos dentro del PSOE, desconozco si con razón o sin ella, todo depende de las interpretaciones, a los estatutos del partido para tumbar a Sánchez. Estatutos que por otra parte, se da por supuesto pretenden hacer del partido una organización democrática, la cual curiosamente, dejaría en gran medida de serlo si finalmente fuese posible que un secretario general elegido por las bases, pudiese ser destituido por un grupo de barones que parecen olvidar que al igual que cualquier otro cargo de su partido, se deben principalmente a los votantes que conforman sus bases, esas mismas bases a las que ahora parecen querer evitar en una táctica que de tener éxito asestaría un golpe mortal no solo al primer candidato elegido directamente en primarias, sino a su vez a la propia legitimidad de las mismas.

Se  busca tumbar a Sánchez en los medios, en los pasillos y en las ruedas de prensa, cuando únicamente son los militantes socialistas los que debieran encargarse de hacerlo si llegase el caso. Y se hace desde la vía de los despachos, precisamente porque no se confía en poseer el apoyo suficiente en caso de seguir el cauce que cualquier partido acorde a los tiempos seguiría ante una disputa de tal magnitud, remitirse de inmediato a la militancia.

La política española, ve como en un paso más de su degeneración, el que hasta ahora había sido un partido de gobierno, se enfrasca a marchas forzadas en la pura lógica del populismo mal entendido, ese en el que se confunde la lógica política con el espectáculo deportivo, para aplicar a esta las mimas soluciones. Los críticos con Pedro Sánchez no traen otra propuesta a la militancia distinta a la del cambio de entrenador, como si resultase posible que esa inercia en si mismo fuese de nuevo a llenar el estadio.

Puede que Pedro Sánchez no sea un buen líder para el PSOE y con total seguridad no se trata de un defensor de las políticas sociales ni progresistas, sino que se encuentra muy alejado de las mismas. Tampoco debemos confundir en esta lucha interna en el seno del PSOE, con un conflicto entre los que defienden el NO a Rajoy o una abstención que facilite su gobierno.

El problema del PSOE estaba ahí antes de Sánchez y estará ahí si es que este se va. Es el problema de un partido sin una identidad propia,  que continua sintiéndose en el sector de la izquierda, pero que es capaz de pactar con el Partido Popular la modificación del artículo 135 de la constitución española de espaldas a la ciudadanía. Un partido cuyo discurso territorial lo ha llevado a perder la mayoría de sus apoyos en Euskadi o Catalunya, pero que sigue negándose a cualquier replanteamiento territorial en España. Un partido sin alternativas, roto y desde anoche mismo, un partido en manos de intereses nada claros.

Llego Sánchez a Ferraz arropado por muchos de los que ayer presentaban su dimisión. Entre esos apoyos, los de una Susana Díaz que veía en el líder madrileño un muñeco de paja del que poder deshacerse una vez superada la candidatura de quién consideraba su verdadero rival, Eduardo Madina. Han pasado escasamente dos meses desde que los que hoy claman ante la tiranía de la era Sánchez daban su apoyo a este mismo proyecto, un proyecto al que Felipe González se ha encargado de dar la puntilla con sus recientes declaraciones a los medios de comunicación, en las que el que se supone ya ex líder socialista, no ha dudado en volver a enfundarse su chaqueta de pana tras sus asesorías a personajes tan cercanos a la izquierda como Carlos Slim, Henrique Capriles o Farshad Zandi, para sin rubor alguno y amparado en sus estrechas relaciones con un Ibex que busca la gobernabilidad de la izquierda y un diario El País que se ha convertido cuanto menos en un baron más dentro de la ejecutiva socialista, eregirse en el principal impulsor de la oposición a Sánchez. Un Felipe González que si vendió hace ya tiempo sus principios, nada hacía pensar en realidad que le fuese a resultar especialmente complicado llegar a hacer lo mismo con los de su partido.

Nos encontramos por tanto en una situación sin buenos y malos, sino para desgracia de la militancia socialista, en un callejón sin salida en donde lo único que parece claro, es la incapacidad a corto plazo de construir alternativas de aquellos que de un modo u otro, en su carrera al poder, continúan derribando estructuras en esta larga perestroika en el seno PSOE.

Al igual que la Guerra Civil española supuso un claro antecedente ideológico a la II Guerra Mundial, el actual conflicto fratricida en el Partido Socialista español, parece resultar un adelanto de la inevitable crisis del modelo socialdemócrata en Europa. Lo que hoy se decide en Ferraz es el futuro de una de las principales alternativas a la ofensiva de la derecha en España, y siendo sensatos, todo parece indicar que sea cual sea el vencedor de esta batalla, seguirá resultando necesaria una verdadera alternativa desde las bases del partido.

dowpsoe.jpg

 

Autor: @SeijoDani

 

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental. 

https://www.change.org/p/xulio-ferreiro-calle-berta-c%C3%A1ceres-en-a-coru%C3%B1a

 

 

 

 

 

El poso de lar armas

Jose Pardines Arcay, Jorge Juan Garcia Carneiro, José Lasa Arostigui, José Ignacio Zabala, Javier Pérez Arenaza, Miriam Barrera Alcaraz, Jose Ramon Dominguez Burillo, María Doleres González Catarain, Luis Isasa Lasa, Jesús María Basáñez, Miguel Ángel Blanco Garrido, Silvia Martinez Santiago, Xabier Galdeano, Lucía Urigoitia, José Ramón Goikoetxea Galparsoro, Josu Muguruza, Miguel Isaías Carrasco…Arnaldo Otegi Mondragon.

829 Víctimas del terrorismo etarra, no menos de 4.000 presos torturados en las cárceles, donde muchos perderían su vida; y todavía hoy, 373 reclusos de la banda terrorista repartidos en 45 cárceles de todo el estado Español. Nombres y números, para intentar esbozar el retrato de una guerra abierta entre dos posiciones encontradas. Nombres que esconden sangre, horror y la más pura sinrazón del ser humano. Pero también, entre el dolor y la barbarie, se esconde el trasfondo de un conflicto político que ha perdurado en nuestro territorio, como uno de los más sangrientos enfrentamientos que ha tenido lugar en la actual Unión Europea, y que pese al anuncio de la banda terrorista en 2011, del cese definitivo de la actividad armada, permanece hoy todavía latente, en el día a día de lo vascos y vascas. Especialmente, cuando en Euskadi se habla de política.

Cabe recordar que Arnaldo Otegi no es Nelson Mandela, ni se trata tampoco, como muchos piensan, del Gerry Adams vasco. A diferencia del político sudafricano, el dirigente abertzale, hace ya tiempo que no ejerce su lucha contra un sistema de gobierno despótico, ni asesino. Y todavía hoy, lo que lo diferencia del político norirlandés, es que ni EH Bildu, ni el propio Otegui, han tenido la oportunidad de lograr liderar un proceso de paz frente a un estado con suficiente responsabilidad moral o política. Pareciese que a diferencia de el Ulster o Colombia, España, todavía no está preparada para encarar definitivamente la paz.

Con la decisión de Junta Electoral de Guipúzcoa de apartar definitivamente de las candidaturas vascas a Otegi, una vez más, el gobierno español hace muestra de una clara intransigencia poco comprensible para quién se encuentra ante la posibilidad histórica de soterrar definitivamente la violencia como método político en Euskadi. De nuevo, los mecanismos del estado de derecho, se fuerzan y se retuercen para buscar la sanción en lugar del entendimiento. Al pacto de Estella, en donde el nacionalismo vasco comenzó a articular un camino para la paz, le siguieron la Ley de Partidos y el caso Betaragune. Un proceso, a medio camino entre judicial y político, en donde quienes planteaban por primera vez el cese definitivo de la violencia, fueron arrestados y convertidos para muchos, realmente en los primeros presos políticos del País Vasco.

Durante seis años de ancarcelamiento, Arnaldo Otegui ha sido considerado por ciertos sectores de Euskadi, militantes de la izquierda abertzale, como un símbolo de su propia voz encerrada en una prisión española. Mientras se multiplicaban los casos y las causas para mantenerlo en prisión, se ha podido comprobar, como el camino que un día iniciaron ciertos dirigentes de la izquierda abertzale, un camino hacia la paz arriesgado y valiente frente a sus propios demonios, parece ya inalterable. ETA ha dejado finalmente de marcar la agenda política en el País Vasco, al igual que hoy deberían de hacerlo la ilegalización de partidos o el goteo de entradas en prisión de personalidades de la izquierda abertzale.

El fin del terrorismo y de la barbarie en “Euskal Herria”, no supone el final del conflicto vasco, sino tan solo un cambio de escenario. La voz del independentismo no ha desaparecido en Euskadi con el ruido de las armas, sino que se ha transformado en lo que nunca debió dejar de ser: una confrontación ideológica, en donde la única voz valida es la del pueblo libre.

No voy a entrar a valorar si Arnaldo Otegui ha sido un preso político o no, pero sin duda, ha sido como mínimo lo más parecido a esa figura que hemos mantenido encerrado en nuestras cárceles desde la dictadura franquista. Sea como sea, lo que parece ya innegable es que una vez cumplida su pena, quizás una pena necesaria para quién pretende borrar todo el dolor causado por las armas en su propia tierra, es hora de devolver su voz a una parte importante de la población vasca. Una población, que también ha esperado demasiado para hacerse oír por encima del ruido de las pistolas.

No puedes separar la paz de la libertad, porque nadie puede estar en paz, a no ser que tenga su libertad.

Malcolm X

otegui

 

Autor: @SeijoDani

 

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental.

Desde DowJones te agradecemos tu colaboración.

“ETA es ETA.”

Y se ha vuelto a abrir la caja de pandora,por las polémicas declaraciones de Pablo Iglesias acerca de las políticas penitenciarias que promueven la dispersión de los presos etarras en las cárceles de nuestro país.Como siempre que en España se habla de terrorismo,han aparecido los oportunistas y los radicales sin pistola,para tildar al líder de Podemos de proetarra y filonazi por el simple echo de llamar la atención sobre una política que más que castigar a los asesinos,castiga a sus familias.Todos entenderemos que muchas de esas madres que en las largas caravanas se trasladan por todo el país,para una escueta visita a sus hijos,puedan llegar a maldecir a los mismos,a odiarlos.Pero por desgracia,eso no se elige.Les ha tocado la cara menos amarga de una situación trágica de por si.

Nadie en su sano juicio,puede negar que las principales víctimas,son los asesinados y los heridos por los terroristas.Nadie puede negar que sus familiares son quién deben de contar con el apoyo incondicional del estado y el reconocimiento de la sociedad civil por su lucha incesante por la democracia.Debe exigirse el fin de una vez por todas del “algo habrán hecho” y debe de exigirse que se pida perdón desde el mundo abertzale por el soporte que esta a proporcionado a los terroristas.Pero para eso debe de acabarse con la política de venganza,debe de terminarse con el silencio en torno al terrorismo y debe de una vez por todas,abrirse un debate para mostrar a ETA como lo que verdaderamente es y ha sido siempre:una locura terrorista que ha destrozado a muchas familias a lo largo de su historia,incluidas las de los propios terroristas.

Hablar sobre el fin de ETA es hablar sobre leyes penitenciarias,sobre las víctimas y sobre responsabilidades a asumir antes del fin de la barbarie por todos los responsables de la misma.Hablar sobre el fin de ETA,es reconocer que esos que ahora están presos,no son soldados a los que hay que alejar de casa por su peligrosidad,sino pobres diablos a los que la visita de su familia debe recordarles todo lo que han arruinado.Debe recordarles que en su supuesta lucha por Euskadi,ellos han sido el cáncer de esa misma sociedad.

Es de esperar;seamos ingenuos por un momento,que ya nadie puede hacer instrumentalización política del terrorismo y pensar que desde la izquierda se defiende el terrorismo de ETA.Puesto que al condenar el terrorismo,no quiere decir que se cese en la búsqueda de la explicación política al mismo;obviamente tras esta barbarie existen reivindicaciones políticas y eso es algo que ni el más obtuso de los españoles puede negar;pero a todas luces,decir esto no justifica el tiro en la nuca.Es obvio que el terrorismo etarra tenía el objetivo político de la independencia,al igual que resulta obvio que ETA y sus criminales son mafiosos de medio pelo que poco o nada conocen sobre la lucha política y mucho menos sobre la representación de un pueblo como el vasco.

Personalmente uno de los recuerdos más tempranos en mi memoria son las lagrimas por Miguel Ángel Blanco,no entendía siendo muy niño aquella barbarie y sigo sin comprenderla ahora.Pero precisamente por eso,el análisis y el estudio del mal llamado conflicto vasco continua siendo algo indispensable.El silencio,supone sin duda el desprecio más grande para las víctimas.

aa

Autor: @SeijoDani

A %d blogueros les gusta esto: