The King in the North

La política del Eurogrupo durante la crisis griega se encargo de dejarnos claro dos cosas, una es que el carácter del neerlandés Jeroen Dijsselbloem no soporta demasiado bien los desafíos a su programa de autoritarismo económico, y la otra es que pese a no contar con el respaldo del sufragio de la ciudadanía, el Eurogrupo sin duda resulta uno de los mayores instrumentos para implantar en Europa los postulados económicos del neoliberalismo.

Los efectos de la crisis económica, lejos de suscitar los profundos debates ideológicos u organizativos, necesarios en el seno de la Unión Europea para profundizar en una mayor integración política, han desembocado en la total hegemonía de los intereses alemanes sobre el conjunto de la eurozona. Apoyada en el FMI y el BCE, Alemania impulsó la asfixiante presión de los mercados financieros sobre los países deudores que transformo los rescates de Grecia, Portugal, Irlanda o España, en una fuente de impulso para su propia economía, al ver como el aumento del precio de los créditos de esos países era acompañado con un abaratamiento de los costes de refinanciación de los bonos alemanes. Un modelo económico del Euro impuesto para cimentar la consideración internacional de Alemania como un valor refugio, que obliga a los gobiernos del sur de Europa a implantar políticas económicas destinadas en su mayor parte a garantizar el pago de la deuda, y que a su vez, traen consigo los tan temidos recortes que junto a una reducción de los ingresos laborales y a una apuesta única por las exportaciones, terminan profundizando en la desindustrialización del sur de Europa y socavan toda posibilidad de crecimiento y competencia en el seno del Eurogrupo.

El proceso de narcisismo económico que se plantea en Alemania para Europa, se ve completado con una concepción sumamente paternalista de las relaciones de solidaridad y responsabilidad dentro de la Unión. Lejos de culpar por  los efectos de la crisis económica a las políticas de la banca y los fondos de inversión, llevadas a cabo con el beneplácito de los Bancos Centrales y la connivencia de los políticos, Wolfgang Schäuble y  Angela Merkel, se han posicionado siempre entre los principales adalides de aquellos que veían en la desenfadada forma de vida del sur de Europa la causa principal de todos sus males. A nadie deberían extrañar por tanto las declaraciones de Jeroen Dijsselbloem en las que asegura que en la crisis del euro, los países del Norte se habían mostrado solidarios con los países en crisis, pese a que estos se gastaban todo su dinero en licor y mujeres para a continuación pedir ayuda. El pensamiento de Jeroen Dijsselbloem es el del emperador romano frente a los barbaros incivilizados del Sur de Europa, una horda de vividores empeñados en pasar sus horas entre copas de licor, rayas de cocaína y hermosas mujeres, todo ello financiado con fondos europeos. Abandona su discurso el presidente del Eurogrupo a una serie de tópicos muy manidos, para intentar culpabilizar a una parte de la ciudadanía europea que probablemente sea la que más está sufriendo en sus propias carnes los efectos de sus políticas económicas.

El sexismo y la xenofobia de las palabras de Dijsselbloem, parecen destinados a esconder ante la opinión pública europea los nada menos que 40.900 millones de euros que en los últimos cinco años Alemania se ha ahorrado por los bajos tipos de interés que paga por su deuda o el despilfarro  realizado por la propia locomotora europea. Una realidad, la de un Sur de Europa supeditado a los intereses y dictados de un neoliberalismo económico que lo ahoga, que a un supuesto socialdemócrata como Dijsselbloem, parece preocupar en mucha menor medida que lo que él considera modo de vida libertino propio del mediterráneo. La respuesta de los países del Sur de Europa no se hizo esperar en forma de exigencias formales de disculpas y peticiones de dimisión ante lo que es considerado como un insulto directo, además de una justificación implícita de las políticas xenófobas que comienzan a implantarse con firmeza en diferentes gobiernos europeos. Lejos de presentar su dimisión, Dijsselbloem se ha intentado escudar en malabares ideológicos con la teoría weberiana para justificar en la moral calvinista holandesa, un discurso que nada parece tener que ver con la religión a no ser que queramos ver en las palabras del presidente del Eurogrupo una reacción ante la Europa católica, en un contexto en el que Papa Francisco ha alertado en numerosas ocasiones acerca del peligro de las dictaduras económicas. Puede que la parte calvinista de quién no soporta demasiado bien los desafíos haya tenido algo que ver en toda esta polémica, pero todo parece indicar que se trata de un nuevo toque de atención de Alemania y del propio Eurogrupo para recordar la jerarquía existente. Al fin y al cabo las palabras de Dijsselbloem tan sólo suponen una forma más directa e inhumana de trasladar el discurso institucionalizado de la Europa de las dos velocidades

Las opciones parecen ya escasas pero claras para los gobiernos del Sur de Europa. En un contexto de pretendido vasallaje económico y político, la única alternativa viable para garantizar el proyecto común europeo se dibuja en un replanteamiento ideológico de igual a igual. Alemania y el resto de países de la Unión, deben comenzar a ver en la diversidad y en la fortaleza de las partes el principal valor Europeo. La concepción de solidaridad y cooperación en el seno de la Unión Europea debe plantearse en términos de rentabilidad global, y no como una balanza de intereses nacionales en el que unos estados se impongan sobre otros  con mayor asiduidad de la que resultaría deseable.

Dijsselbloem ha escupido con insolencia a la cara de los europeos lo que hasta ahora suponía el pensamiento mayoritario entre muchos de sus dirigentes. Su dimisión sin duda resulta necesaria por dignidad y por la responsabilidad política que mantienen los representantes de los gobiernos del Sur de Europa con sus habitantes, pero si no deseamos que únicamente sea la forma del discurso lo que cambie en Europa, es hora de plantear desde el Sur un pulso ideológico mayor.

“La República Federada de Europa es lo que debe ser. La evolución económica exige la abolición de fronteras nacionales. Si Europa debe permanecer dividida en grupos nacionales, entonces el Imperialismo recomenzará su trabajo. Sólo una República Federada de Europa puede dar la paz al mundo.”

León Trotsky

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Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres, te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña, por el nombre de la activista medioambiental.

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Una paz sin diálogo

8 abril de 2017 una fecha llamada a marcar la historia de nuestro país. Jean-Noel Etcheverry fundador de la agrupación ecologista Bizi! y detenido el pasado 16 de diciembre por su supuesta vinculación a la organización terrorista ETA, ha señalado ante la opinión pública esa fecha como la del último paso previo para encarar la total disolución del movimiento terrorista vasco Euskadi Ta Askatasuna (País Vasco y Libertad).

Un paso más en una hoja de ruta hacia la paz, en el que la postura del gobierno español ha sido la del inmovilismo durante estos últimos cinco años sin violencia. Una línea de actuación atrincherada en la negativa a asumir cualquier tipo de responsabilidad en la mesa de negociación, y en las sucesivas actuaciones policiales que en medio de un proceso de paz, parecen más encaminadas a dinamitar a la sociedad civil abertzale que a facilitar el camino para la total disolución de la organización terrorista. Un proceso que se afianzada únicamente en una sociedad civil que sigue firme al mando del mismo, pese a las continuas negativas de los gobiernos español y francés para erigirse como interlocutores ante la organización terrorista ETA.

Curiosamente, quienes durante décadas no dudaron en modular sus discursos o en tomar asiento en primitivas negociaciones ante los asesinos prometiendo “generosidad, mano tendida y espíritu abierto”, hoy son los mismos que muestran una incomprensible pero tajante negativa ante la perspectiva de asumir el cometido de quién en un proceso de paz tiene el deber de representar a un estado con un conflicto armado dentro de sus fronteras. Desde el decimoquinto congreso del Partido Popular Vasco, Mariano Rajoy hacía mención al comunicado de ETA, poniendo de nuevo el acento de su discurso en la negativa del gobierno español a entablar cualquier tipo de diálogo con la organización terrorista, y señalando la persecución policial como la única decisión política capaz de poner fin al conflicto “Esta posición que mantenemos nosotros es la justa, la democrática, la que preserva la dignidad de las víctimas del terrorismo y, por si a alguno no le llegaran esos argumentos, es también como el tiempo está encargando de demostrar, la mas eficaz para la disolución definitiva de ETA. Es es lo que tengo que decir sobre esto”  Una vía la de la negativa al diálogo que utiliza la voz de las víctimas para justificar una decisión exclusivamente política, y que no parece encontrar justificación en una sociedad vasca profundamente comprometida con la normalización de la convivencia política y social de un pueblo,  que todavía hoy arrastra profundas cicatrices fruto de la violencia.

Cinco años después de que ETA anunciase en un comunicado de apenas dos minutos y medio el “cese definitivo de la actividad armada” sin condiciones, el último conflicto armado de Europa continua incomprensiblemente estancado entre la pasividad gubernamental, y la desesperada intentona por parte de los terroristas para edulcorar la derrota como una última vía de expiación, para quienes años después al fin parecen percatarse de lo absurdo e innecesario de todo el dolor provocado. Un dolor reflejado en las 849 víctimas mortales por los atentados de la banda terrorista, en los presos, en los torturados, pero también en las familias y en la impotencia de todos aquellos que durante décadas, han visto como la amenaza de las armas frustraba cualquier esfuerzo de debate en Euskadi.

Con el desarme de ETA, el fin de la violencia terrorista en nuestro país se dibuja como una realidad inevitable cercana, pero haría mal el estado al confundir la disolución de la banda terrorista con el final del propio conflicto vasco. La inexistencia de una hoja de ruta consensuada y un futuro desarme que todo indica no podrá producirse de forma verificada y ordenada, por la negativa del gobierno español a erigirse como interlocutor en el proceso de paz, suponen una nefasta señal para el futuro de una sociedad en donde las heridas abiertas son numerosas, y todavía son muchos los que en uno y otro bando parecen mostrarse incapaces de sobrevivir al cambio de mentalidad para una convivencia sin tensiones. El diálogo resulta más importante que nunca, cuando se hace patente que son muchas las cicatrices que sobrevivirán a la banda terrorista. El estado debe encontrarse hoy al lado de una sociedad civil que no puede sumar al dolor de los muertos, el peso de construir la paz en solitario. 

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Yo, un inmigrante

6 de febrero de 2014

Hay pocas cosas tan ciertas, como que no existe forma de poner barreras al dolor y a la miseria. Ni las vallas y sus hombres armados, ni la sangre, ni los muertos, podrán detener a quién no conoce más esperanza, que la que su propia desesperación, dibuja al otro lado de una frontera, que no significa nada. Aquella mañana, cerca de 200 personas, se agolpaban en los montes marroquíes cercanos a la frontera española del Tarajal, cansados, pese a las jornadas dedicadas a recuperar el aliento, tras un viaje a través de un continente como el africano. Los nervios, el miedo y la ilusión debían agolparse en sus corazones, haciéndolos latir de una forma que quienes nunca hemos estado inmersos en un lucha semejante, me temo, jamás seremos capaces de comprender, pese a nuestros esfuerzos por intentarlo. Los últimos rezos antes de encarar el final del camino, las llamadas a casa y los preparativos necesarios pese a las muy escasas pertenencias, debían de mezclarse en el ambiente, junto a las valiosas palabras de los compañeros que ya habían intentado, antes, cruzar la frontera para aferrarse a un sueño europeo, que sabían no los esperaba con los brazos abiertos. En ese momento, los consejos para evitar a la policía marroquí, a la que ya estaban acostumbrados a temer por las continuas redadas a la caza del emigrante, y las señales con los puntos de acceso a la parte española de la frontera, debieron de suponer las últimas palabras que se dijeron, justo antes de los deseos de buena suerte y los planes a realizar nada más cruzar al otro lado.

Pronto, uno de los equipos de vigilancia, salpicados a lo largo de la valla de Ceuta, detectó a los cerca de 200 inmigrantes, y los preparativos de quienes dicen defender la frontera, comenzaron a activarse. Las fuerzas marroquíes, no dudaron ni por un instante en rechazar a golpes a los emigrantes. Los palos, se reafirmaron como política oficial al otro lado de la valla, fruto de la desidia del país africano por los derechos humanos, en total consonancia con lo que de él esperan sus socios europeos. El caos comenzó a desatarse entre los emigrantes, nadie esperaba que alcanzar su sueño fuese a ser sencillo, y no existía la oportunidad de retroceder, cualquier paso en falso podía significar una breve estancia en las dependencias policiales marroquíes y una larga travesía por el desierto, camino a ninguna parte. Un grupo numeroso se dirigió en ese momento hacia el espigón que separa España de Marruecos, en un punto que en buenas condiciones, se podría cruzar a pie, no era el caso. La tensión fruto de la represión en territorio marroquí y la fragilidad de un sueño tan cercano, pero inalcanzable para sus exiguas fuerzas en ese momento, hizo que los emigrantes comenzasen a agolparse en un espacio cada vez más reducido. Aumentan los nervios y la cosa no iba a mejorar. Pronto, comenzaron a llegar los agentes de la policía española a la punta del espigón, y sin motivo aparente, comenzaron también los disparos de material antidisturbios, ante lo que cualquiera en sus cabales, identificaría inmediatamente, como una emergencia humanitaria. El pánico hace acto de presencia, los botes de humo y las pelotas de goma, se suman al apelotonamiento de los inmigrantes para convertir la situación en una polvorín, que finalmente, terminaría estallando. Policía marroquí y española, parecen trabajar coordinados, pero inexplicablemente, la ayuda nunca llegará a los inmigrantes, que por aquel entonces, ya se empujan y caen al agua, fruto del pánico.

La línea que separa el continente africano de la “civilizada” Europa, parece desvanecerse ante los pasos de las botas militares y la trayectoria del material policial. Ni Salvamento Marítimo, ni Cruz Roja, habían sido requeridos en la actuación. Ese día, un total de 15 personas pierden la vida en la frontera; en unas aguas, las del Mediterráneo, que no discriminan entre nacionalidades a la hora de cobrarse su pago por la codicia humana. 5000 muertos solo en 2016, son la cara más desagradable, de un mar que baña las costas de realidades tan diferentes, de orillas tan lejanas en un mismo mundo. Las devoluciones en caliente de aquel día, derribaban la legalidad y la frontera, como excusa ante lo que solo debería pertenecer al ámbito de la humanidad. Nadie actuó para salvar a los emigrantes. Fueron tratados como el enemigo en una guerra ideológica, en donde la emigración, es vista por un sector de nuestra sociedad, como un mal que hay que detener, pese a que en el camino, se agolpen un sin fin de irregularidades.

Desconozco, la responsabilidad exacta de los agentes que aquel día actuaron en defensa; supuestamente, de la frontera de un país que nos pertenece a todos. No soy consciente de la existencia de un protocolo o una línea de actuación que permita el uso de material antidisturbios, ante lo que a todas luces parece una situación más propicia para el equipo sanitario y los chalecos salvavidas. No voy a hablar aquí de culpables o inhumanidad, ya que la justicia no me lo permite, también en eso, los españoles jugamos con una fina línea que coarta nuestra libertad, que dibuja nuestra frontera. Aquel día, 15 personas murieron intentando alcanzar un país que es el nuestro, personas que se aferraron a la vida, que escaparon de situaciones de miseria y guerra, para llegar a un territorio, que muchos de los que dicen amar su bandera, maltratan y desprecian en nuestro nombre. No voy a entrar, en la actuación posterior de Fernández de Mesa, Martínez Vazquez o Fernandez Díaz…la mentira y las manipulaciones tienen un recorrido corto, pese a los premios y gratificaciones que en este país pueden recibir quienes de tal modo actúan.

Los muertos de la tragedia del Tarajal, fueron enterrados de manera rápida y anónima, Los homenajes y las lágrimas se producían muy lejos de la frontera, en los hogares de las familias que un día vieron partir a quienes eran sus hermanos, sus hijos o sus padres. Para Occidente, aquellos cuerpos no eran más que otro número en una tumba sin nombre, un intento de asalto repelido ante la amenaza de una emigración descontrolada, un relato político, una muestra de nuestra decadencia y un símbolo de amenazas mayores ¿Hasta cuando va a seguir soportando el mundo nuestra prepotencia e inhumanidad? 

En octubre de 2015, la jueza María del Carmen Serván archivó la causa, según su punto de vista, no existían pruebas suficientes para asegurar que la actuación de la Guardia Civil hubiera contribuido a la muerte de estas personas. Los testimonios de los testigos no identificados, los inmigrantes, no eran considerados válidos, y en palabras de la propia jueza “Los inmigrantes asumieron el riesgo de entrar ilegalmente en territorio español por el mar a nado, en avalancha, aprovechando la noche,  vistiendo gran cantidad de ropa y haciendo caso omiso a las actuaciones disuasorias tanto de las fuerzas marroquíes como de la Guardia Civil”

Ciertamente, los inmigrantes, asumieron el riesgo de un “viaje” que puede llegar a atravesar ocho países, desiertos, zonas de guerra y todo ello en manos de mafias de dudosa fiabilidad y de un desmesurado amor por el dinero, así como de un comprobado desprecio por las vidas que en ellos se depositan. Un riesgo muy diferente al de esos turistas que cada año rescatamos de sus viajes de aventuras o el de un escursionista o un deportista, que desoyendo las advertencias de las autoridades, decide continuar su camino sin importarle el evidente peligro. Los 15 muertos en aquella intervención en la frontera, decidieron entre la muerte lenta, y la miseria o el peligro de una ruta, que no admite lugar para los formalismos y los trámites legales que en realidad, suponen poco más que un espejismo en el caso de la emigración africana a España.

La tragedia del Tarajal es la tragedia de la emigración, de los muertos, de sus familias, de la desigualdad y la pobreza, pero también la tragedia de un país que en aquel día se definió ante el mundo como una supuesta democracia más preocupada y volcada en la defensa de sus fronteras que en la de los seres humanos. Una tragedia para un país y un sistema que es el nuestro. Como un ciudadano más, hoy me sumo al grito del dolor de las familias que aquel día perdieron a los suyos y a su aliento, un aliento que todavía hoy, continua pidiendo justicia.

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Autor: @SeijoDani

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Franco ha muerto, sus cachorros caminan

España, un país con cuatro décadas de dictadura fascista a sus espaldas. Un país olvidadizo, de silencios tensos y amenazas todavía latentes. Un país, en el que muy al contrario que en la mayor parte de las experiencias de gobierno de la ultraderecha en Europa, el dictador y con él su estructura social y de poder, nunca terminaron de marcharse, sino que tan solo se adaptaron a una nueva realidad, a nuevos tiempos. Tiempos en donde el miedo y la violencia, se antojaban menos útiles cuando se ejercían directamente desde el traje militar y en las instituciones. El fascismo español y el propio Franco, se libraron de los pelotones de ejecución, del exilio o la condena internacional, sin que nunca se llegase a pedir perdón por lo crímenes cometidos. La guerra fría, el dólar  y un turismo que poco o nada quiso saber del pasado de nuestro país, renovaron la cara a quienes algún día, también aquí, ensalzaron los peores demonios del ser humano, pese a no llevar, habitualmente, esvásticas en sus pecheras.

La muerte de Franco, supuso el punto y final a la última experiencia de gobierno de la ultraderecha en Europa. Con la muerte del dictador, los que habían aprovechado la mancha de sangre en sus manos y el reino del terror impuesto en dependencias policiales, renegaron de su pasado y convicciones fascistas, en busca de mayores oportunidades en una transición a la democracia, perfectamente orquestada y ejecutada desde las más altas esferas del propio franquismo. No resulto complicado para las grandes familias del fascismo español, el cambio de chaqueta y de convicciones. Muerto el dictador, la idolatría de la burguesía española, encontró en la democracia capitalista y en las oportunidades de negocio que esta ofrecía, el perfecto substituto a un sistema, ya por aquel entonces, profundamente anacrónico como para plantearse pagar un precio por su defensa. Fueron las clases trabajadoras españolas, y especialmente aquellos con un sentimiento de marcada pertenencia al régimen, los que mayor impacto sufrieron con un cambio, considerado por muchos como una traición. Mientras que gran parte de los españoles despertaban de una larga y cruel pesadilla, los pequeños cachorros del fascismo español, se sumían en una decadencia de la que ni todo su odio, sería capaz de rescatarlos. Partidos como Alianza Nacional 18 de Julio o Falange Española de las JONS, que pretendían mantener viva la herencia del dictador, se vieron relegados a la insignificancia en una lucha parlamentaria, en donde la Alianza Popular de Manuel Fraga, plagada de ex jerarcas franquistas, enseguida logro arrebatarles el dominio electoral del franquismo.

Desde Alianza Popular hasta su reconversión en el Partido Popular, el partido hegemónico de la derecha española, ha sabido canalizar hasta el día de hoy, un voto  de marcada ideología ultraderechista, en el seno de un supuesto partido conservador de centroderecha; y lo ha conseguido, con un juego de equilibrios, extremadamente complicado de mantener en muchas ocasiones, en el que la herencia del franquismo, es enaltecida y soslayada a partes iguales. Conscientes de peso relativo de sus sectores más radicales en su balance electoral, desde el Partido Popular, se ha evitado siempre que ha sido posible, hacer una condena en firme del golpe de estado y la posterior dictadura franquista. La exaltación del franquismo, la memoria histórica o las políticas de emigración, han recordado en numerosas ocasiones, el cordón umbilical que hasta hace no demasiado tiempo, unía a muchos de los dirigentes y votantes de la derecha española, con la dictadura. Un sector del Partido Popular, caracterizado por un fanatismo tímido, que dentro de sus electorado, comparten una amplia tipología de prejuicios con sectores de la ultraderecha más radical, pero que se obligan a actuar de manera “igualitaria” o “cívica” por temor a la posible sanción legal o social, que dar rienda suelta a su verdadero planteamiento ideológico, podría suponerles.

La Crisis financiera de 2008, unida al socavamiento de los valores proletarios fruto de la posmodernización, han hecho que la derecha burguesa que hasta ahora había concentrado la mayor parte del voto ultra español, comience a resentirse, fruto del hedor a parasitismo y corrupción, que emanan los partidos políticos y a la sensación de desprotección que muchos ciudadanos comienzan a sufrir, debido a las políticas de recortes y austeridad implementadas desde Europa y aplicadas con total diligencia por el parlamentarismo español. Los jóvenes cachorros de la ultraderecha de nuestro país, más acostumbrados al calor de las cacerías en los estadios de fútbol que a la sierra madrileña, actúan de una forma más directa y violenta que el fanatismo tímido de la derecha española. El odio al diferente y la ideología fascista, lleva a muchos de los jóvenes Ultras a buscar inspiración en movimientos con una clara tendencia a la violencia. Movimientos como HamerSkin, Blood & Honour o Volksfront, suponen una nueva amenaza para el resurgir de la ultraderecha en un país demasiado acostumbrado a su intimidación. La clase media europea, supone el nuevo caldo de cultivo, para todo tipo de extremismos, radicales “islámicos” o nacionalsocialistas, encuentran en el sentimiento de desarraigo de los jóvenes europeos, un caladero perfecto para reforzar sus filas con el odio de quienes carecen de un sentimiento de pertenencia, más allá del que les pueda proporcionar el poder de su consumo.

Si bien el propio anacronismo de la existencia del fascismo en las democracias europeas, ha logrado hasta el momento contener el atractivo de la ultraderecha para la mayor parte del electorado, experiencias como CasaPound en Italia, Amanecer Dorado en Grecia o el Frente Nacional francés, han demostrado que una nueva ultraderecha, con un rostro de cara el público más amable y preocupado por la situación de clase obrera, puede lograr crecer en una política desprestigiada y enfangada en el cinismo y el populismo mal entendido, en donde los ultras encuentran el caladero perfecto para lanzar su mensaje de odio al diferente. La nueva ultraderecha española, cimenta desde los municipios una base social que pretende acrecentarse al calor de la crisis económica y la desigualdad social. Partidos como E2000 o Democracia Nacional, llevan a las instituciones, el mismo mensaje de odio y violencia que provoca en las calles, más de 4000 agresiones cada año. 

Organizaciones como Hogar Social Madrid, de marcado carácter fascista, reconocen abiertamente el cambio de paradigmas en la ultraderecha española. La defensa de los más desfavorecidos, siempre y cuando sean patrios,  y la ocupación de espacios simbólicos hasta ahora propios de la izquierda, son la nueva táctica de los fascistas españoles, para recabar mayor repercusión social. El Partido Popular y la derecha tradicional española, son para ellos un enemigo más en la búsqueda del poder político, como quedó de manifiesto en la celebración de la última victoria electoral de los de Mariano Rajoy. Hogar social Madrid, parece pretender unificar la hasta ahora fragmentada y enfrentada ultraderecha española. Si bien, las resistencias de ciertos sectores al liderazgo de Melisa Domínguez, resultan todavía patentes en foros en donde se ataca sin piedad su origen y sexo, como factores que la inhabilitan para ejercer dicho liderazgo, algo a lo que la joven estudiante de antropología social y cultural, parece permanecer ajena, apoyándose para ello, en su envenenada dialéctica y en los dorados minutos que los mass media españoles, parecen de manera extraña empeñados en regalarle.

Haría mal la sociedad y las instituciones españolas, en minusvalorar la amenaza de una alternativa unificada de la ultraderecha en nuestro país. No debemos olvidar, que la mayoría de la derecha española, se integro en la democracia con el anhelo de mantener la paz y seguridad que en su fuero interno, todavía justifican el alzamiento de 1936 y la posterior dictadura franquista. Por ese mismo motivo, la violencia propia de movimientos ultraderechistas de carácter Skin Head o neonazi, se ha encontrado hasta el momento, con serias dificultades a la hora de lograr un soporte electoral firme. Queda por ver si una hipotética alternativa más adaptada a la nueva realidad de la ultraderecha europea, cimentada en la islamofobia y el rechazo frontal a la emigración, podrá ocupar su espacio, en un país en donde la derecha nunca ha renunciado definitivamente al recurso de la violencia, y en donde cada día, la derecha obrera, muestra más desencanto con una democracia a la que culpa de la acuciante perdida de valores y de poder adquisitivo de las clases medias y bajas.

Lucrecia Pérez, Hassan Al Yahami, Guillem Agulló, David Furones, Aitor Zabaleta, Carlos Palomino…nombres que ya no están entre nosotros, y que deben prevenirnos y hacer más presente que nunca, la verdadera cara de la ultraderecha española.

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Autor: @SeijoDani

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La pasión turca

“La diferencia entre una democracia y una dictadura consiste en que en la democracia puedes votar antes de obedecer las órdenes.”

Charles Bukowski

No hace demasiado tiempo, mencionar a Recep Tayyip Erdogan, suponía en Occidente, nombrar la esperanza de un islam democrático. Al menos, la de un islam democrático a nuestra imagen y semejanza. Imagen, que nunca nos hemos parado a pensar, pudiese suponer un corsé demasiado apretado, para un cuerpo político y social que por mucho que lo intentemos, no corresponde al nuestro.

La llegada de Erdogan al poder, se produce en el contexto de una Turquía cansada de ser un estado entre dos aguas. Cansada del poder del ejercito y de la secularización, que enmascara la identidad de muchos de sus ciudadanos, bajo un manto de palpable clandestinidad y radicalización. La llegada  al poder de Erdogan, supone una opción ante lo insustancial de la memoria de un imperio que ya no existe, de un pasado glorioso, pero pasado al fin y al cabo. La única alternativa viable para el cambio, en un país en donde tras el golpe de Estado de 1980, la izquierda pareciese haber pasado a ser patrimonio exclusivamente kurdo.

El islamismo de Tayyip Erdogan, se dibujaba en la línea del liberalismo económico y el ferviente anticomunismo. Una concepción política y religiosa, alejada de las versiones más radicales del islam, pero suficiente, para que en la Turquía secular protegida por el ejercito, esto fuese visto como una seria amenaza al orden establecido. Erdogan sufrió en sus propias carnes la persecución política, la muerte de compañeros de partido en atentados diseñados para amedentrarlo e incluso la cárcel, donde pasaría diez meses, tras compartir un poema de carácter islámico. Irónicamente, en una Turquía de signo diferente, también sería la poesía, en este caso un poema crítico con la gestión de Erdogan, la que llevase a la modelo Merve Buyuksarac a prisión.

La historia y una profunda crisis económica, daría en 2002 el poder a Erdogan, gracias a un casi recién fundado, Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) que contra lo esperado por muchos conseguía una mayoría absoluta para un partido islámico, de corte conservador y centrista en su planteamiento. Pero en definitiva, un partido islámico, se hacía con el poder en un país en el que a su ejercito, nunca le había temblado la mano para disuadir el avance religioso en las instituciones.

La cerrazón del ejercito a la influencia religiosa y las continuas trabas a la participación política, impuestas por los numeroso golpes de estado, había volcado el deseo de cambio de la sociedad civil turca en las cofradías y hermandades islámicas. Esto propicio el caldo de cultivo perfecto, para la difusión de una doctrina que podríamos denominar como “liberalismo islámico” en la que personajes como Fetulá Gülen, ayudaron a crear una élite religiosa, capaz de ocupar numerosos cargos en las instituciones de poder del estado, sintetizando un marcado carácter religioso conservador, con los valores propios de las democracia liberal capitalista. Con su llegada al poder en 2002, los cuadros gülenistas sirvieron a Erdogan, para llevar a cabo una venganza contra el nacionalismo laico, en forma de purgas sistemáticas en la Judicatura, el ejercito o el funcionariado. El juicio del Ergenekon y especialmente la reforma constitucional de 2010, ponían punto y final a la visión del AKP, como un punto de encuentro entre democracia e islam. Gestos como la presencia del idioma kurdo en televisión, el alto el fuego con el PKK o la apertura oficial de negociaciones con la Unión Europea para su futura adhesión, pronto dan paso a la persecución política de la fuerte oposición kurda, la violencia sexual contra las activistas antigubernamentales o el mercadeo de los Derechos Humanos con Europa demasiado encerrada en sí mima, como para poner trabas ala construcción de un nuevo sultanato a sus puertas. Las privatizaciones, los recortes, así como las mayores garantías para  las multinacionales, parecen garantizar a Erdogan la convivencia con Occidente, la sharía y el capital suponen los cimientos de una nueva Turquía.

La reforma del ejercito y la mayor presencia de la religión en el día a día de Turquía, tensaron la cuerda en un país, en donde el uso del velo en las universidades, las restricciones al alcohol, la preponderancia de la religión en los estudios o el crecimiento vertiginoso del número de mezquitas, vinieron acompañados de un crecimiento paralelo de la corrupción y la concentración de poder en el estado. Tayyip Erdogan, se veía cercado por numerosos casos de corrupción que habían llevado a una fuerte reestructuración del Gobierno y que ahora, lo amenazaban directamente. Erdogan había convertido su voz, en mandato. El presidente que había llegado al poder, tras recorrer las calles de su país, se parapetaba de sus propias aspiraciones, tras los muros de su fastuoso palacio en Ankara. Un búnker físico e ideológico, desde el que poder dirigir el cambio de un sistema parlamentario a una república presidencialista, que todo parece indicar, puede suponer tan solo la mera fachada de una dictadura de facto. Cualquier síntoma de disidencia en Turquía, es perseguido y eliminado, desde la revuelta que tomó el parque de Gezi, hasta la oposición parlamentaria, pasando por periodistas o miembros del propio AKP, la discrepancia con las decisiones del sultán turco, se paga cara. EL terrorismo, la guerra interna, el conflicto sirio o el reciente golpe de estado, han sido oportunidades aprovechadas por Erdogan, para hacer política desde el caos.

La censura y las purgas, no pueden ocultar la sensación de un país polarizado. Turquía se ve atrapada en el juego de un sátrapa, obsesionado con recobrar una antigua grandeza que puede sin embargo provocar, la caída en desgracia definitiva de un gobernante y de un estado que no supo ser consciente de sus propios límites. El mismo Erdogan que utilizó a Fethullah Gülen, para  llegar al poder y abandonarlo cuando fue preciso, el que vio en el islam un medio para conseguir el apoyo social necesario para llevar adelante sus reformas institucionales y el trilero que supo hipnotizar a la UE, se encuentra ahora inmerso en una dinámica interna, extremadamente peligrosa de radicalización religiosa y en una situación exterior más débil que nunca, ante un doble juego con la OTAN y Rusia, con Siria de fondo. Comienzan a terminarse los comodines de la baraja del sultán turco, mientras la huída sin retorno del autoritarismo más descarnado, comienza a despejarse como la única opción de autoridad, para un país que en algún momento, quiso recobrar su protagonismo internacional.

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Autor: @SeijoDani

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental. 

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Arrivederci Europa

La sombra de la desesperación y el fanatismo, vuelve a recorrer Europa, al tiempo que unas instituciones demasiado identificadas con las estructuras económicas, pero a su vez muy alejadas de la unificación política y social, comienzan a sufrir en las urnas, los primeros embistes fruto de su manifiesta incapacidad para lograr conectar con una población que ha visto en el castigo a la propia Unión, una forma mayor de sanción al modelo liberal y a las políticas que rigen la Eurozona desde el inicio de la crisis en 2008.

Matteo Renzi, la supuesta esperanza europea y  quién llegó a ser presidente de Italia sin que para ello mediase un solo voto, se ha convertido en la última víctima política de una Europa en franca decadencia. Una Unión Europea envejecida en sus planteamientos económicos, y a su vez, demasiado inmadura políticamente como para lograr dibujar una alternativa a su propio colapso. La dimisión del Primer Ministro Italiano tras su fracaso en el referéndum para la reforma constitucional, se suma a la reciente realidad del Brexit y al auge de la extrema derecha en todo el continente, como una seria amenaza a la cohesión europea y al proyecto común en si mismo.

El resultado de la consulta y la dimisión de Matteo Renzi, dejan a Italia y a la propia Europa, sumidas en un largo ‘impasse‘ político, en donde de nuevo la tentación de evitar la consulta al pueblo, parece presentarse como la principal opción para unos dirigentes únicamente empeñados, en salvaguardar su proyecto económico por encima  de cualquier otra realidad.

Parecen ignorar en los despachos europeos, la posibilidad de que tras la ruptura de la Unión, pueda suceder la eventualidad de que el castigo a los modelos políticos tradicionales, no cese con el fin de proyecto político común europeo. El peligro seguirá acechando a cada región, en los populismos de Beppe Grillo, el fanatismo de Nikos Michaloliakos, la reminiscencias de Frauke Petry o la inminente realidad de gobierno de personajes como Norbert Hofer o Jean-Marie Le Pen.

El absurdo de entender los resultados en Reino Unido o Italia, únicamente como una anomalía puntual o como una negativa holística a una Europa unida, resulta peligroso no solo para el proyecto de la Unión Europea, sino para el futuro del continente en sí mismo. Tras el fracaso en las urnas de las diferentes opciones respaldadas por la Unión, se encuentran realidades como la crisis migratoria y su integración, la clara decadencia del capitalismo de mercado y su efecto sobre las diferentes capas sociales, el resurgir de las identidades nacionales o la acuciante necesidad de un pacto generacional en una Europa demasiada envejecida para poder permitirse el repliegue sobre sí misma.

Existen alternativas al fracaso del proyecto europeo, países como España o Grecia trazaron en su momento, salidas alejadas del fanatismo político y el euroescepticismo. Existía una alternativa europeísta y antiliberal, pero nunca quisieron escucharla. TsiprasVaroufakis o Pablo Iglesias, siempre supusieron un enemigo mayor para las élites europeas que los propios postulados de Marine Le pen o Nigel Farage.

Persecución al colectivo homosexual, islamofobia, racismo, demencia política, corrupción, guerra, belicismo, pobreza

Pruebas de la actual realidad europea y del inmovilismo de su política común, que dejan claro que esto nunca se ha tratado de una salida digna para Europa y para sus ciudadanos, sino tan solo de una nueva y brillante oportunidad de mercado.

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Autor: @SeijoDani

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Welcome to Trumpmerica

“Estar contra el fascismo sin estar contra el capitalismo, rebelarse contra la barbarie que nace de la barbarie, equivale a reclamar una parte del ternero y oponerse a sacrificarlo.”

Bertolt Brecht

La victoria de Donald Trump, ejemplifica perfectamente, el pulso vital de una sociedad inmersa en la tenue frontera que separa a una población indignada que da un voto vergonzoso al Brexit o al mismo Trump; como castigo a un sistema de capitalismo salvaje, de una sociedad destrozada por la desigualdad y la  desesperanza, que termina convirtiéndose en un desecho y acepta con indiferencia cualquier solución proveniente del más puro fanatismo. Venció el magnate con un discurso no muy alejado al de los partidarios del Brexit en Reino Unido o los filofascismo de Marine Le Pen y Amanecer Dorado en Europa, un discurso vacuo, totalmente plano en lo en lo programático o lo político, pero que sin embargo, ahonda en las más profundas preocupaciones de gran parte de un electorado que sigue pensando, aunque puede que no lo pronuncie, en que primero va el comer y después está la moral.

Con una retórica que a cualquier incauto le pareciese anunciar algo así como la próxima perestroika capitalista, Donald Trump atacó desde los inicios de su campaña a un sistema de libre comercio que fruto de las deslocalizaciones y la perdida de empleos que están producen, ha transformado a América en un país que ya no trabaja con sus propias manos. El republicano ha mostrado en numerosas ocasiones su rechazo por una economía basada en grandes tratados de libre comercio y en beneficios que no repercutan en el propio país. Acuerdos como el TTIP o el NAFTA, parecen curiosamente verse más seriamente amenazados por la llegada al poder del reaccionario magnate que por la presión de millones de personas en interminables campañas sistemáticamente ignoradas por sus respectivos gobiernos. Trump pretende dotar a América de 25 millones de empleos en diez años y para ello necesita una fuerte inversión pública, la cual parece dispuesto a realizar así como traer vuelta a unas empresas que según su equipo de campaña, facturan más de 2,4 billones de euros en el exterior. El supuesto secreto para lograrlo, una zanahoria  en forma de bajada de la tasa de Sociedades a un máximo del 15%, muy inferior a al 35% actual y que supondría la mayor reducción fiscal desde la época de la presidencia de Ronald Reagan. Una especie de vuelta originaria al capitalismo, que si bien no parece suponer un avance de planteamientos, al menso si pudiese dejar espacio, en el mejor de los casos, al surgimiento de diferentes alternativas en el resto del mundo.

Trump, pretende con sus planteamientos, desmontar lo que le considera una involución del espíritu americano durante la era Obama. Propuestas estrella del expresidente demócrata como el Obamacare o el tímido intento en la restricción al uso de armas,  tendrán los días contados con la llegada a la Casa Blanca del presidente republicano, muy en el aire quedan cuestiones como el aborto o el derecho al matrimonio igualitario, con las que muy al contrario de lo que parece pensar la mayoría de los europeos, Donald Trump no mantienen las tesis más duras dentro de su propio partido.

Pero si un campo ha dado que hablar para seguidores y detractores de Trump, esa ha sido la inmigración. Desde la prohibición de entrada a las personas musulmanas que podríamos englobar en esa demencial visión del republicano, en su concepción particular de la lucha contra el terrorismo, hasta la construcción de un muro que separase Estados Unidos de México, pasando por la deportación de 11 millones de indocumentados. El presidente entrante, ha hecho en todo momento de la inmigración su propio caballo de batalla particular que sin duda le ha evitado e numerosas ocasiones, la necesidad de hacer juicios de valor más profundos, sobre el conjunto de una sociedad americana que probablemente teme más al ilegal como competencia laboral que como extranjero en su país. El equipo de Trump sabe que no existe algo así como emigrantes buenos y malos por naturaleza, sino realidades sociales que no podrán de ningún modo evitarse con un simple muro. Mientras los EEUU sigan siendo uno de los mayores consumidores de drogas del planeta y la tensión social siga aumentando, se seguirán produciendo delitos relacionados con el narcotráfico, crímenes y violaciones en territorio norteamericano. Sería curioso que ante masivas deportaciones y la persistencia del problema de la violencia, muchos de los que hoy creyeron en el American Great Again!, terminarán aislados entre los muros de sus propios barrios de white trash.

Todo esto en cuanto a la política interior, de puertas para afuera, puede que en teoría se produzcan los cambios más importantes de la era Trump, pero solo en teoría. El presidente republicano ha prometido una especie de Pax romana, parece intuir Trump un cierto hartazgo en la población americana, por el precio a pagar por guerras que poco o nada importan a los ciudadanos. Confía Trump en la disuasión propia de una superpotencia para no necesitar una nueva guerra y con ello prepara al país para lo que parece ser una época de aislacionismo geopolítico. Como si el Capitán América se cansase del repetitivo protagonismo del superhéroe, parece claro que saudíes y los europeos, pero también surcoreanos y japoneses, deberán comenzar a valerse por si solos para garantizar su propia defensa. Si bien la existencia de la OTAN como tal, no parece pueda correr ningún peligro, si se puede intuir, una mayor exigencia en la contribución económica, por parte de Estado Unidos a sus aliados. Lo que en un tablero internacional a priori sin un cowboy sobre la mesa, sin duda podría resultar en un negocio rentable para todos.

Realidades como las de Siria, en donde Trump parece mucho más dispuesto a la negociación con Putin que a seguir armando a confusos líderes fanáticos y con barba; Palestina, que parece alejarse de una solución a corto plazo o China, en donde la batalla entre potencias parece destinada a darse en los despachos, pueden desatascarse en un mundo al que el premio Nobel de la paz y su candidata Hillary Clinton, habían llevado de nuevo al borde de la guerra fría.

Donald Trump es un hijo de perra fascista, un insulto a cualquier democracia, pero no más que un presidente saliente que ha deportado a 2.8 millones de personas10.ooo inmigrantes muertos en el Mediterráneo, las vallas de Melilla, la brecha salarial en Europa o los bombardeos de Siria o Libia.

Quizás el mayor peligro de Trump lo suponga el de un negacionista del cambio climático, así como la del ejemplo surgido para otras alternativas fascistas deseosas de llegar al poder. Debería el progresismo mundial aprender las lecciones surgidas de cerrar cualquier alternativa electoral anticapitalista, una táctica que ha llevado a la mayor potencia del planeta a preferir incluso la alternativa que suponía Trump en el poder, a entregar de nuevo el poder al sistema que representaba Clinton. Parece romper Trump con el llamado fin de la historia, en el mismo país que quiso imponerlo. Por delante, cuatro años de trabajo para una izquierda que debe aprovechar la oportunidad que ha dado que muchos hayan abierto los ojos ante las miserias del capitalismo tras la elección de Trump.

Resulta necesario crear una alternativa de base y especialmente una alternativa ideológica atrayente frente modelo neoliberal, si la izquierda americana y con ella la izquierda mundial demuestran no estar a la altura de las circunstancias, simplemente esperando desde una concepción bastante pobre de la democracia, que el futuro presidente no pueda cumplir sus promesas, podremos encontrarnos tras cuatro años, ante una realidad en la que la lección de Trump pueda convertirse esta vez, en el llamado mal menor.

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Autor: @SeijoDani

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Memorias de Euskadi

Cinco años desde que la organización terrorista ETA, anunciase el “cese definitivo de la actividad armada” sin poner condiciones. Cinco años, desde que aquel jueves 20 de Octubre de 2011, en un comunicado de apenas dos minutos y medio de duración, ETA diese por finalizado el último conflicto armado de Europa.

2472 atentados después y tras derramar la sangre de 849 víctimas mortales, los nombres de Jean-Serge Nérin, Carlos Sáenz de Tejada y Diego Salvá, se convertían finalmente en últimos en sumarse a la memoria de la sin razón de la barbarie terrorista en nuestro país. En su comunicado, ETA, iniciaba el principio del fin a la anormalidad democrática que  suponía el miedo provocado por la amenaza de los pistoleros, en vida de la sociedad vasca. Una amenaza, la de las armas, que durante medio siglo acompañó a tantos y tantas que pese a todo, decidieron alzar su voz contra quienes anhelaban la imposición de una visión única de la política vasca. Muchos pagaron con su vida tal atrevimiento. Fernando Múgica, Enrique Casas, Ernest Lluch, Miguel Ángel Blanco…diferentes visiones de la sociedad vasca, diferentes caracteres políticos y sentimientos hacia su tierra, pero todos ellos unidos por el silencio previo al clic de la pistola de un terrorista o la bomba lapa debajo de sus coches que arrebataría sus vidas e ilusiones para siempre a la sociedad vasca. Una sociedad durante mucho tiempo demasiado acostumbrada al sonido de las explosiones, los llantos y las sirenas, un pueblo con miedo, preso de sus propios deseos y temores, que terminaron por esconderse tras los sentimientos de venganza de quienes lo habían perdido todo tras un atentado o el terror amenazante de quienes se acostumbraron a ver en los encapuchados su única vía de representación política.

Nació así en Euskadi, una nueva cultura del miedo y del terror, una legitimación por parte de ciertos sectores de la sociedad de la fuerza como única interpelación válida ante el adversario político, y con ello, nacieron también en Euskadi las heridas que ahora tanto tardarán en cicatrizar.

Reconocía recientemente el líder abertzale, Arnaldo Otegi, la inconsciencia que en aquel momento tenían en el entorno de la banda terrorista, acerca del dolor que sus actos provocaban en la sociedad vasca y el verdadero alcance de las heridas abiertas por estos. Ciertamente, solo atendiendo a esas declaraciones, uno podría entender la profunda brecha que ETA llego a provocar en la propia sociedad vasca. Una brecha todavía abierta en las heridas de las víctimas y los familiares de las mismas, que continúan esperando un punto y final claro a tanto dolor y sufrimiento. Como pedía Sara Buesa, víctima de la banda terrorista, alguien debe dar respuesta a la pregunta de si ha tenido sentido en algún momento la lucha armada en el Pais Vasco.

La distorsión de la violencia alcanza también a una política vasca infectada también por un germen, el de la venganza, que cinco años después, impide encarar con normalidad un proceso de reconciliación social que en condiciones normales hace ya tiempo debiese haber contado con el apoyo de los gobiernos español y francés. Se da en el conflicto vasco, una situación particular. En donde una organización terrorista, dispuesta a entregar sus armas, para escenificar un fin de la violencia al que le han empujado los operativos policiales y la propia realidad Político-Social de su entorno, no encuentra interlocutor al otro lado. Ni los gobiernos español y francés, ni la propia Europa, ni los miembros de la comunidad internacional, parecen dispuestos a primar el fin de la violencia en España, por encima de los propios equilibrios políticos inherentes en las relaciones entre estados.

Continúan desde el estado español negando realidades sociales como Bateragune o judiciales como el caso Txapartegi, al tiempo que desde las instituciones se profundiza en la venganza como método de justicia a la hora de mantener políticas penitenciarias carentes de cualquier cobertura legal. Políticas como la dispersión de presos, método este que no solo castiga a los terroristas sino a su entorno familiar y social, además del continuo uso de artificios legales, para lograr privar a los presos etarras de los principios tendentes a la unificación del derecho en la Unión Europea que les permitirían en ciertos casos, acceder a la rebaja de condenas al ver descontados los períodos cumplidos en prisión en otros países pertenecientes ala Unión Europea.

El anuncio de cese definitivo del terrorismo en Euskadi, abría una etapa para posibilitar el diálogo sobre contenidos políticos y la creación de un futuro marco social de convivencia pacífica entre los diferentes actores sociales vascos, pero cinco años después del cese del ruido de las armas, el silencio y los sentimientos de venganza soterrada durante tantos años, continúan a dificultar la vuelta a la normalidad de una sociedad ya demasiado acostumbrada al silencio.

Resulta más necesario que nunca que ambas realidades enfrentadas durante tanto tiempo en una lucha armada en Euskadi, comiencen a ver en las concesiones al adversario no una cesión ante el enemigo, sino una oportunidad a una sociedad y sus deseos de paz.

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Autor: @SeijoDani

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental. 

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Por consiguiente, Felipe

Pareciese de nuevo desatarse el Ferraz una crisis sistémica, que ha acompañado al partido socialista a lo largo de su ya dilatada trayectoria en la política española. Una crisis con muchas caras, demasiados nombres y no pocos frentes, pero en definitiva, una crisis intrínseca en el propio partido socialista y por extensión en la democracia de nuestro país.

La batalla por el poder que la pasada semana se desataba en el seno del partido socialista, bien podría ser la continuación de un conflicto interno tan viejo como el propio PSOE. Desde la expulsión de su fundador en 1872, hasta la crisis interna que ha desembocado en la renuncia de Pedro Sánchez a su proyecto, el Partido Socialista Obrero Español ha vivido un sin fin de batallas fratricidas entre quienes veían en su propio partido un medio para cambiar a la sociedad capitalista y quienes tan solo buscaban al calor del partido, ofrecer un contrapeso a las ideas más reaccionarias de una derecha española que en definitiva siempre ha visto en el PSOE un mal menor de la izquierda de este país.

Desde Largo Caballero y su apoyo a la dictadura de Primo de Rivera, hasta el enfrentamiento entre los sectores más conservadores del partido encarnados en Almunia, y el aperturismo progresista de Josep Borrell, la historia del PSOE parece dividirse en una continua dicotomía entre conservadores que dicen ser socialistas y socialistas que por desgracia militan en un partido a todas luces conservador.

Ignoraba Pedro Sánchez la historia de su propio partido a la hora de dar rienda suelta a su ambición, pareciendo desconocer que el pacto con una fuerza de la “nueva izquierda” como Unidos Podemos, supondría para los barones de Ferraz un precio demasiado alto para llegar a la Moncloa. Olvidaba el líder socialista que el propio sentido de su partido no era el de reforzar un gobierno del cambio, sino por encima de todo, se trataba de apuntalar un sistema de contrapoderes que el PSOE había ayudado a crear y sin el que ahora, su supervivencia electoral sería meramente inviable.

Pedro Sánchez se enfrento llevado por su ego a la política de todo para el pueblo pero sin el pueblo del PSOE. El madrileño no había sido el candidato de Ferraz, ni el del ibex, lo que en definitiva sería lo mismo, había sido el candidato de las bases y al final del proceso un mal menor en una batalla por el poder que podríamos haber resumido en un simple todos contra el loco de Tapias. Sánchez suponía para la vieja guardia socialista el mismo tipo de parche que el propio PSOE supone para la derecha: una especie de bálsamo ante la izquierda que desde su partido denominan populista. Cuando ante la perspectiva de convertirse en presidente del gobierno, Pedro Sánchez obvio las claras advertencias que le instaban a cesar en la negociación de un gobierno alternativo, para abstenerse ante una futura investidura de Mariano Rajoy, de nuevo estallaron las viejas tensiones en el Partido Socialista.

Fue entonces cuando como si por el no pasasen los años, Felipe González volvió a tomar las riendas de su partido, para en un fugaz golpe de mano, desenmascararse al fin; ya sin ambages, como el verdadero rey sol del Partido Socialista. El viejo jarrón chino irrumpió en la vida política de Ferraz, para como en ocasiones anteriores, desacreditar a la voz de la militancia y a su candidato por un supuesto bien mayor para el parido.

Si siempre pudimos sospechar que en la crisis entre Almunia y Borrell, González y El País supusieron la punta de lanza de una trama que terminó por forzar la dimisión del que era el candidato de las bases socialistas a presidente del gobierno. De nuevo la historia repetía, pero esta vez con mayor claridad, sin cortapisas. Quién sabe si debido a que la generosidad de su burguesa silueta, ya haya hecho empequeñecerse hasta el propio ridículo la chaqueta de pana del viejo Isidoro o si en su propia evolución ideológica González ya no considere necesario los ambages en su discurso. Esta vez el respaldo del ex presidente socialista a las posturas más retrogradas y conservadoras de su partido ha sido cristalino.

Poco o nada queda ya de aquel joven socialista que conseguía en 1982 su primera mayoría absoluta con el apoyo de 10 millones de españoles que creyeron en aquel proyecto que decía quería cambiar España. El de la sanidad y educación para todos, un proyecto que nos llevo a Europa y a la OTAN, y quién sabe sin en ese mismo momento comenzó a desmoronarse ante su propio éxito.

Entre el viejo Isidoro de la clandestinidad que con su carisma y discurso logró arrebatar el peso de la calle a la verdadera oposición al franquismo que había supuesto el PCE y el Felipe González que ahora conocemos, se encuentran tantos quiebros ideológicos que para un servidor resulta ya demasiado complicado poder definir en que punto exacto murió aquel Felipe que se definía así mismo como alternativa para España.

Desde la entrada a la OTAN, la renuncia al marxismo, la reconversión industrial fruto de la claudicación entonces igual que ahora a los dictámenes económicos de la UE, pasando por la represión a los sindicatos en el 88, los más de 3 millones de parados en 1993 y las 28 personas asesinadas por los GAL. Felipe González ha terminado representando para la sociedad la ensoñación liberal de que el dinero todo lo puede comprar, incluso las ideologías.

Con la oligarquía en Venezuela, conseguidor en Sudán del Sur, capataz en el México de Carlos Slim o señor X en Euskadi. Mil caras para un personaje que a lo largo de su trayectoria ha logrado mantenerse como tótem del socialismo español, sin que por ello tuviese que renunciar a cargos como el de consejero de Gas Natural Fenosa, por el que llego a cobrar 100.00 euros anuales, o el de representante de una mesa de sabios en la UE que bien podrían denominarse como embajadores del liberalismo en Europa.

Toda una trayectoria que ha llevado a Felipe a situarse por convicción o por necesidad, al frente de un golpe de mano burgués en el propio partido socialista. La perspectiva de un gobierno con Unidos Podemos parece haber alertado al sistema y con ello a la vieja guardia socialista hasta el punto de ahora si, estar dispuestos a cualquier cosa con tal de encontrar soluciones a un sistema que parece tambalearse irremediablemente.

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Autor: @SeijoDani

 

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El refugio de la ira

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1. m.Miedo muy intenso.

2. m.Persona o cosa que produce terror.

3. m.Método expeditivo de represión revolucionaria o contrarrevolucionaria.

 

Una vez más, el miedo vuelve a marcar la agenda en el viejo continente, y tras la última serie de ataques en Niza, Munich y Normandía, la población europea vuelve a entrar en una espiral mediaticosocial de psicosis colectiva, que sin duda pone de manifiesto la escasa preparación de la estructura social europea, para asumir la realidad de un mundo que las propias políticas occidentales han ayudado a crear.

Pese a que sin que me lo pueda explicar, resulte socialmente reprochable desde hace algún tiempo hacerlo; personalmente, sigo siendo de esos que cuando ve el dolor de las víctimas de la barbarie en Europa, no puede evitar pensar en los miles de muertos que ese mismo odio, ha producido y sigue produciendo a diario en países como Irak, Siria o Eritrea. No se trata de una búsqueda emprendida con el afán de encontrar justificación o explicación a lo que no puede resultar justificable o explicable de ninguna de las maneras, ni se trata únicamente  de un sentimiento de culpa o vergüenza por lo que mis compatriotas o sus aliados hayan podido aportar a su tragedia. Sino que simplemente se trata de algo más humano, de algo más simple, se trata simplemente de empatía. Empatía hacia personas que sabes que viven a miles de kilómetros y a los que en gran parte de los casos, resultaría mucho más sencillo identificar con los que aquí son los atacantes y no los atacados, bien sea porque rezan a un mismo dios, hablan un mismo idioma o bien tienen un mismo aspecto, cualquier cosa, cualquier detalle en el que nos queramos fijar, por mínimo que  sea en ellos, resultaría totalmente natural para cimentar el odio contra quienes también son oprimidos; por quién hoy en Europa, pero desde hace ya mucho tiempo en sus hogares, continua sembrando el terror en nombre de un dios que desconocen.

Pedimos justicia, pedimos igualdad y libertad para sus países, lloramos a sus muertos en “sentidos” homenajes y pedimos responsabilidad a nuestros políticos por las víctimas civiles fruto de nuestros bombardeos, nos mostramos comprometidos frente a la guerra y contra la injusticia, pero cuando el terror llama a nuestras puertas, simplemente pedimos más controles, mayores requisitos de entrada y en muchos casos simplemente la expulsión de todos los refugiados, como si dejarlos morir en el Mediterráneo resultase mucho más humano que los bombardeos de una coalición.

Resulta ridícula la pretensión occidental, que promoviendo la violencia en el mundo, pretende que en un mundo globalizado, el terror sea lo único que no se expanda através de las fronteras. Puede que resulte ya tarde para evitar al cien por cien el terrorismo en Europa, pero todavía hoy estamos a tiempo de que los hijos e hijas de los ahogados hoy en nuestras costas, no sean los terroristas que siembren de terror nuestras calles mañana.

Asumir de una vez por todas que nuestras política exterior y nuestra supuesta pretensión de salvaguardar la paz, ha llevado al mundo a una de sus horas más oscuras de terror y migraciones forzadas, no se trata de buenismo ni de una estupidez de la izquierda, sino de humanismo y geostrategia, resultaría estúpido a estas alturas no percatarse de que las bombas nunca lograran traer la paz.

 

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Autor: @SeijoDani

 

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental.

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