Miguel Ángel Blanco, la memoria secuestrada

Se cumplen ya dos décadas desde que tres miembros del comando Donosti secuestraran al concejal del Partido Popular en Ermua, Miguel Ángel Blanco. Dos décadas del ultimátum de los terroristas, el rostro del miedo reflejado en sus familiares y aquel tenso silencio intrínseco en la cuenta atrás de quien espera la muerte. Un silencio tan solo roto por dos disparos que tras una lenta agonía, teminaron finalmente con la vida de Miguel Ángel y cambiaron  el signo del miedo frente al terrorismo en nuestro país para siempre.

En realidad la sangre derramada por aquel joven concejal de Ermua sobre el campo de Lasarte, en nada se diferenciaba de la de tantos otros que antes habían perdido su vida fruto de la barbarie y la sin razón terrorista en nuestro país. Quizás, ese fuese el motivo por el que la perdida de Miguel Ángel Blanco, logró empapar de rabia e impotencia a una sociedad ya demasiado harta del sabor a muerte en su día a día, una sociedad que todavía permanecería durante mucho tiempo temerosa ante el las armas de los terroristas, pero que desde ese preciso instante, nunca más dejaría que el miedo la atenazase, evitando que pudiese pronunciar tras cada nuevo asesinato, un grito unánime: ¡BASTA YA!.

La muerte de Miguel Ángel Blanco supuso para el País Vasco y también para España, un antes y un después en la actitud frente a ETA. Los disparos que le arrebataron la vida, le arrebataron también las máscaras a una sociedad que hasta ese momento permanecía sin rostro frente a los terroristas, políticos, policías, periodistas, pero también vecinos y vecinas anónimos de cada pueblo de Euskadi, salieron por primera vez a la calle de ese día de forma masiva para mostrar su repulsa frente al terrorismo de ETA. Fueron entones los rostros de los asesinos, los que desde ese momento tuvieron que permanecer ocultos para siempre, tras unas capuchas blancas que no pudieron ocultar nunca más el rastro de sangre en sus palabras.

Décadas después de su asesinato y mientras los verdugos se pudren en la cárcel o en el infierno, la negativa de la alcaldesa de Madrid; Manuel Carmena, a poner una pancarta conmemorativa en la fachada del Ayuntamiento, ha conseguido que una vez más, el nombre de Miguel Ángel Blanco se vea envuelto en la sin razón argumentativa disfrazada de política. El tacticismo político y el revanchismo partidista, sumado a la torpeza de quienes desde el ayuntamiento madrileño no han sabido trasladar sus motivaciones, han logrado contra todo pronóstico en tiempos de paz, desdibujar un digno homenaje a una víctima de ETA como tantas otras.

Quienes durante años, desde las instituciones, han propiciado con su silencio y sus votos que las víctimas de la represión franquista sigan compartiendo su olvido con el descarado ensalzamiento a su asesino y cuyos cargos políticos se atrevieron a vilipendiar a sus familiares, hoy pretenden ante la opinión pública, convertirse en adalides de las buenas maneras para  hacer de un posible fallo en las formas políticas de la alcaldesa, un delirante caso de convivencia con los terroristas. Pudiese uno tildar sin riesgo a equivocarse, de abyecto e inmoral a quien desde la militancia en la  misma formación política por la que Miguel Ángel Blanco dio la vida, hoy se atreve a intentar dibujar una sonrisa en la cara de los terroristas, resucitando la división y el uso partidista de las víctimas que siempre buscaron sus asesinos. Quizás, no se equivoco la alcaldesa, cuando pretendió evitar personalizar el dolor, puesto que desgraciadamente para nuestro país, solo así parece evitarse la apropiación del mismo.

Inexplicablemente, Pablo Casado, Mayor Oreja, Cristina Cifuentes e incluso la propia Marimar Blanco, se han sumado en las últimas horas, a la horada de insultos e insinuaciones que sin atender al debate democrático, han pretendido entre deleznables titulares de prensa y desesperadas ofensivas políticas, vincular a la alcaldesa de Madrid con un supuesto desprecio a las víctimas o lo que es todavía peor, un apoyo directo a los terroristas. La misma Manuela Carmena, que en Atocha salvo la vida por mera casualidad durante el atentado al bufete laboralista a manso de pistoleros de la ultraderecha española, vive hoy inmersa en la delirante pseudorealidad de quienes en pleno homenaje a un político asesinado por las armas de los terroristas, sacan a relucir sin pudor alguno el devenir político de Venezuela, el proceso soberanista catalán o cualquier otro asunto que pueda llegar a importunarles a la hora de alcanzar sus objetivos políticos, para en un ejercicio de cinismo ilimitado, pretender imponer la lógica de todo lo que nos molesta es ETA.

Sin que pueda evitarlo, recurre una vez más el PP en su estrategia política, al argumentario tan insertado en su ADN del todo es ETA. Quienes en más de una ocasión se atrevieron a menospreciar a víctimas del terrorismo como Pilar Manjón, hoy pretenden manipular la realidad para tildar de etarra o radical a todo aquel que quiera recordar a las víctimas de una manera diferente a la establecida durante los años de la barbarie. Haría bien el Partido Popular en recordar su desmemoria con los represaliados durante la dictadura franquista, su indigna gestión y manipulación informativa durante el 11M o las continuas zancadillas al ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero, durante el proceso de negociación que puso fin a la actividad asesina de la organización terrorista ETA. Podría incluso el partido de Mariano Rajoy volver la vista hacia su propio partido, para encontrar en sus propias filas el más profundo desprecio a la memoria de Miguel Ángel.

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Alsasua, polvo en los ojos

“Estoy a favor de la verdad, la diga quien la diga. Estoy a favor de la justicia, a favor o en contra de quien sea.”

Malcolm X

Iñaki Abad, Julen Goikoetxea, Jon Ander Cob, Aratz Urrizola, Jokin Unamuno, Adur Ramírez de Alda y Oihan Arnanz, siete jóvenes de la localidad Navarra de Alasasua víctimas del polémico artículo 573 del Código Penal, aprobado por el gobierno de Mariano Rajoy  durante los continuos atentados yihadistas de 2015 en Europa, y que hoy sirve en España, para mantener encarcelados a tres jóvenes independentistas, acusados de agredir a dos guardias civiles durante el transcurso de una noche de copas en Navarra. Una medida judicial definida por la propia ONU como poco democrática, que permite que hoy en nuestro país lo que en cualquier otro escenario supondría poco más que un delito de lesiones, haya terminado para estos jóvenes abertzales, en una acusación por terrorismo enmarcada en un proceso de paz en el País Vasco paralizado por la apatía estatal y durante el recrudecimiento de los juicios por enaltecimiento del terrorismo, que poco o nada tienen que ver con la realidad política o la pulsión social de Euskal Herria.

Una sociedad civil que en el pueblo de Alsasua, no ha dudado desde un primer momento y en contra de la polémica decisión de las autoridades españolas, en manifestarse para pedir la puesta en libertad de los jóvenes detenidos y el fin de lo que gran parte de los vecinos consideran continuos montajes policiales y judiciales. Lo que a día de hoy, para la Audiencia Nacional es considerado terrorismo, para los vecinos y vecinas de la localidad (Además de para 83 alcaldes de Euskadi y Navarra) no supone más que una pelea de bar fruto de lo que ellos describen como asfixiante presencia de la Guardia Civil en el pueblo.

Iñaki Abad, Julen Goikoetxea, Jon Ander Cob, Aratz Urrizola, Jokin Unamuno, Adur Ramírez de Alda y Oihan Arnanz, siete jóvenes de la localidad Navarra de Alasasua, víctimas del polémico artículo 573 del Código Penal, aprobado por el gobierno de Mariano Rajoy,  durante los continuos atentados yihadistas de 2015 en Europa

Pese a las masivas movilizaciones vecinales y a los propios informes de la Guardia Civil remitidos al Juzgado de Instrucción número 3 de Pamplona, en los que niegan la existencia de un linchamiento organizado contra los dos guardias civiles agredidos junto a sus parejas en un bar de la localidad, la Audiencia Nacional  en una actuación polémica, decidió finalmente hacerse cargo del proceso, basándose en los testimonios de los propios denunciantes como única prueba, todo, pese a las numerosas contradicciones de los mismos con la versión del resto de testigos.

En poco más de una semana desde su detención, los nueve jóvenes de entre 19 y 24 años, fueron procesados atribuyéndoles un delito de terrorismo en concurso ideal de lesiones, atentado y odio. Una decisión fundada en la hipótesis de que los detenidos llevaron a cabo la agresión motivados por su conocimiento de la condición de guardias civiles del teniente y el sargento, lo que enmarcaría los hechos en las “rutinas de hostigamiento” contra el instituto armado español protagonizadas por el colectivo Ospa Mugimendua, al que pertenecen algunos de los detenidos. Una decisión judicial, que a todas luces puede llegar a suponer un ejercicio excesivo de conjeturas en la reconstrucción de los hechos, y que a tenor de las pruebas presentadas judicialmente, apunta sin duda a que la actuación de la Audiencia Nacional, no viene sino a enturbiar los intentos emprendidos por la sociedad vasca, para normalizar la convivencia tras numerosas décadas de conflicto y el reciente cese de la actividad armada de ETA.

No en vano, aceptar que la pertenencia de los jóvenes detenidos en Alsasua a diferentes organizaciones independentistas, que pueden compartir o no, diversos objetivos con la organización terrorista ETA, supone motivo suficiente para su procesamiento por terrorismo tras una reyerta en un bar, abre una peligrosa vía legal en donde la afiliación de los acusados y no los hechos en sí, suponen el principal baremo para la posterior actuación de la justicia. La búsqueda de la independencia o la expulsión de los miembros de las Fuerzas de Seguridad del Estado de Navarra y del País Vasco, figuran entre los objetivos perseguidos en su momento por la organización terroristas y hoy forman parte de las principales reivindicaciones políticas de la izquierda abertzale. Precisamente, en asumir como legítimas las reivindicaciones de quienes sin el peso de las armas pueden defender tales postulados, hoy pasan gran parte de las esperanzas para  la convivencia y el correcto desarrollo del proceso de paz en Euskadi. En ningún caso en una sociedad plenamente democrática, encabezar una campaña por reprobable y deshonrosa que pueda parecer esta a la Audiencia Nacional, puede suponer la posterior vinculación con una organización terrorista.

un ejercicio excesivo de conjeturas en la reconstrucción de los hechos, y que a tenor de las pruebas presentadas judicialmente, apunta sin duda a que la actuación de la Audiencia Nacional no viene sino a enturbiar los intentos emprendidos por la sociedad vasca, para normalizar la convivencia tras numerosas décadas de conflicto y el cese reciente de la actividad armada de ETA

“Proporcionalidad, justicia y equidad” son las lógicas reivindicaciones de un pueblo y unas familias, que todavía hoy siguen gritando a viva voz que sus jóvenes no son terroristas. El circo mediático y político en un caso en donde en las propias palabras de las familias de los detenidos, los jóvenes de Alsasua “han sido utilizados de una manera ejemplarizante y no desde parámetros jurídicos” parece impedirnos lograr reflexionar acerca de lo absurdo e insultante de comparar una simple pelea de bar, con la realidad vivida por muchos ciudadanos durante la existencia de la amenaza de las armas en nuestro país.

Mantener la acusación de terrorismo y peticiones de prisión absolutamente desproporcionadas, que pueden llegar a superar los 10 año de prisión, supone un insulto a la inteligencia de un pueblo que ya ha pagado demasiado caro los desesperados intentos de quienes parecen querer prorrogar de manera artificial la lógica del discurso de las armas.

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Euskadi, los huevos de la serpiente

José Pardines Arcay, Jorge Juan García Carneiro, José Lasa Arostigui, José Ignacio Zabala, Javier Pérez Arenaza, Miriam Barrera Alcaraz, José Ramón Domínguez Burillo, María Doleres González Catarain, Luis Isasa Lasa, Jesús María Basáñez, Miguel Ángel Blanco Garrido, Silvia Martínez Santiago, Xabier Galdeano, Lucía Urigoitia, José Ramón Goikoetxea Galparsoro, Josu Muguruza, Miguel Isaías Carrasco Arnaldo Otegi Mondragon.

2472 atentados después y tras derramar la sangre de 849 víctimas mortales, los nombres de Jean-Serge Nérin, Carlos Sáenz de Tejada y Diego Salvá, se convertían finalmente en últimos en sumarse a la memoria de la sin razón de la barbarie terrorista de ETA en nuestro país. 829 víctimas, no menos de 4.000 presos torturados en las cárceles (donde muchos perderían su vida) y todavía hoy, 373 reclusos de la banda terrorista repartidos en 45 cárceles de todo el estado español, nombres y números para intentar esbozar el retrato de una guerra abierta entre dos posiciones encontradas. Nombres que esconden sangre, horror y la más pura sinrazón del ser humano, y una amenaza, la de las armas, que durante medio siglo acompañó a tantos y tantas que pese a todo, decidieron alzar su voz contra quienes anhelaban la imposición de una visión única de la política vasca. Muchos pagaron con su vida tal atrevimiento. Fernando Múgica, Enrique Casas, Ernest Lluch, Miguel Ángel Blanco… diferentes visiones de la sociedad vasca, diferentes caracteres políticos y sentimientos hacia su tierra, pero todos ellos unidos por el silencio previo al clic de la pistola de un terrorista o la bomba lapa debajo de sus coches que arrebataría sus vidas e ilusiones para siempre a la sociedad de su país. Una sociedad durante mucho tiempo demasiado acostumbrada al sonido de las explosiones, los llantos y las sirenas, un pueblo con miedo, preso de sus propios deseos y temores, que terminaron por esconderse tras los sentimientos de venganza de quienes lo habían perdido todo tras un atentado o el terror amenazante de quienes se acostumbraron a ver en los encapuchados su única vía de representación política.

Nació así en Euskadi una nueva cultura del miedo y del terror, una legitimación por parte de ciertos sectores de la sociedad de la fuerza como única interpelación válida ante el adversario político y con ello, nacieron también en Euskadi las heridas que ahora tanto tardarán en cicatrizar. Entre el dolor y la barbarie, se esconde el trasfondo de un conflicto que ha perdurado en nuestro territorio como uno de los más sangrientos enfrentamientos políticos de nuestra era moderna, y que pese al anuncio de la banda terrorista en 2011 del cese definitivo de la actividad armada, en un comunicado de apenas dos minutos y medio de duración, el último conflicto armado de Europa, permanece hoy todavía latente en el día a día de los vascos y vascas, especialmente cuando en Euskadi se habla de política.

La distorsión de la violencia, terminó alcanzando a una política vasca infectada por un germen, el de la venganza, que cinco años después impide encarar con normalidad un proceso de reconciliación social que en condiciones normales hace ya tiempo debiese haber contado con el apoyo directo e incondicional de los gobiernos español y francés, sin embargo, se da en el conflicto vasco una situación particular, en donde una organización terrorista dispuesta a entregar sus armas para escenificar un fin de la violencia al que le han empujado los operativos policiales y la propia realidad político-social de su entorno, no encuentra interlocutor en el otro lado. Ni los gobiernos español y francés, ni la propia Europa, ni los miembros de la comunidad internacional, parecen dispuestos a primar el fin de la violencia en España, por encima de los propios equilibrios políticos inherentes en las relaciones entre políticos y  estados.

Se continúan todavía hoy desde el estado español negando realidades sociales como Bateragune o judiciales como el caso Txapartegi, al tiempo que desde las instituciones se profundiza en la venganza como método de justicia para mantener políticas penitenciarias carentes de cualquier cobertura legal, políticas como la dispersión de presos, método este que no solo castiga a los terroristas sino a su entorno familiar y social, además del continuo uso de artificios legales para lograr privar a los presos etarras de los principios tendentes a la unificación del derecho en la Unión Europea que les permitiría en ciertos casos, acceder a la rebaja de condenas al ver descontados los períodos cumplidos en prisión en otros países pertenecientes ala Unión Europea. El gobierno español hace muestra de una clara intransigencia poco comprensible para quien se encuentra ante la posibilidad histórica de soterrar definitivamente la violencia como método político en Euskadi.

De nuevo, los mecanismos del estado de derecho se fuerzan y se retuercen para buscar la sanción en lugar del entendimiento, seis años después del cese del ruido de las armas, el silencio y los sentimientos de venganza soterrada durante tantos años continúan dificultando la vuelta a la normalidad de una sociedad ya demasiado acostumbrada al silencio. Resulta necesario hoy en Euskadi que las diferentes realidades enfrentadas durante tanto tiempo en una lucha armada, comiencen a ver en las concesiones al adversario no una cesión ante el enemigo, sino una oportunidad para una sociedad en su conjunto y a sus deseos de paz.

Durante seis años de encarcelamiento, Arnaldo Otegui simbolizó para ciertos sectores de Euskadi, militantes de la izquierda abertzale, un símbolo de su propia voz encerrada en una prisión española. Mientras se multiplicaban los casos y las causas para mantenerlo en prisión, se ha podido comprobar, como el camino que un día iniciaron ciertos dirigentes de la izquierda abertzale, un camino hacia la paz arriesgado y valiente frente a sus propios demonios, parece ya inalterable. Un camino que como el propio líder abertzale reconocía, se hacía tarde y en un lento y doloroso proceso que comenzó en la inconsciencia que en aquel momento tenían en el entorno de la banda terrorista acerca del dolor que sus actos provocaban en la sociedad vasca y el verdadero alcance de las heridas abiertas por estos. Solo atendiendo a esas declaraciones, uno podría entender la profunda brecha que ETA llegó a provocar en la propia sociedad de Euskadi y España. Una brecha todavía abierta en las heridas de las víctimas y los familiares de las mismas, que continúan esperando un punto y final claro a tanto dolor y sufrimiento. En palabras de Sara Buesa, víctima de la banda terrorista, alguien debe dar respuesta a la pregunta de si ha tenido sentido en algún momento la lucha armada en el País Vasco.

Pareciese que a diferencia de el Ulster o Colombia, España todavía no está preparada para encarar definitivamente la paz. El fin del terrorismo y de la barbarie en “Euskal Herria” no supone el final del conflicto vasco, sino tan sólo un cambio de escenario, un proceso en donde la voz del independentismo no ha desaparecido en la sociedad con el ruido de las armas, sino que se ha transformado en lo que nunca debió dejar de ser: una confrontación ideológica en donde la única voz válida es la del pueblo libre, un pueblo que todavía hoy ve como la represión y la violencia son rutina en sus calles, como el peso de la violencia sigue presente en su día a día, sin que policía, política, justicia y la propia sociedad, sepan muy bien como desenmarañar una situación en la que todos los bandos se han acostumbrado a jugar sucio.

Hacer la paz, he encontrado, es mucho más difícil que hacer la guerra.

Gerry Adams

Estas decisiones serán de gran alcance y difíciles. Pero nunca faltó coraje en el pasado. Coraje que se necesita ahora para el futuro.

Gerry Adams

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Carrero Blanco, ministro naval

“Primero vinieron a buscar a los comunistas, y yo no hablé porque no era comunista. Después vinieron por los socialistas y los sindicalistas, y yo no hablé porque no era lo uno ni lo otro. Después vinieron por los judíos, y yo no hablé porque no era judío. Después vinieron por mí, y para ese momento ya no quedaba nadie que pudiera hablar por mí”

Martin Niemoeller

La Audiencia Nacional acaba de condenar a un año de prisión y a siete de inhabilitación absoluta a la compañera Cassandra por 13 mensajes sobre el gerifalte franquista Carrero Blanco, asesinado por ETA en 1973. La Justicia española ha considerado que los mensajes lanzados por Cassandra en su cuenta de la red social Twitter suponen desprecio, deshonra, descrédito, burla y afrenta a las personas que han sufrido el terrorismo y a sus familiares. La Sección Cuarta de la Sala de lo Penal en una sentencia, fechada el martes 29 de marzo, abre así un peligroso precedente para una sociedad que dice considerarse democrática. El mismo país que durante años se ha llenado la boca con hipócritas discursos para exigir libertad de expresión en países como Venezuela o Ecuador, y que quiso hacer ver al mundo su solidaridad con Charlie Hebdo o su compromiso con Leopoldo López, es el que ahora cuarenta y cuatro años después de la muerte del último valuarte del franquismo, se permite arruinar el futuro inmediatro de una joven estudiante de historia por unos jocosos comentarios lanzados acerca del almirante y mano derecha del dictador franco.

La justicia que decidió no actuar ante las amenazas de muerte al Presidente de SOS Racismo Madrid Moha Gerehou, y que convive con el enaltecimiento del fascismo en un país en donde una dictadura de ese carácter provocó la más triste página de nuestra historia, condena a Cassandra a una pena de presión aludiendo a que su actuación “golpea sentimientos de solidaridad de la comunidad que en todo delito de terrorismo percibe un ataque a la convivencia pacífica construida entre todos” y “Supone una lesión a su dignidad humana”, una sentencia pretende de ese modo ocultar tras el discurso de la protección a las víctimas, un claro ataque a la libertad de expresión de los ciudadanos de nuestro país o al menos a una gran parte de ellos.  Muy al contrario de lo que alega el tribunal, los comentarios realizados por Cassandra desde una cuenta de Twitter con apenas 15.000 seguidores no “producen perplejidad e indignación en la sociedad” sino que es el reproche penal ejercido sobre la tuitera, lo que alarma a una sociedad que ve como las barreras a su libertad de expresión ya avanzan en España a pasos agigantados.

En un país en donde se llega a sancionar a quién osa alertar ante el abuso de poder de las autoridades, se persiguen el publicar filtraciones pese a la efectividad demostrada por la prensa en ese campo frente a la corrupción (o precisamente por ese motivo) y se ponen serias trabas al derecho a huelga de los trabajadores, la persecución al humor y la ironía de esta sentencia se debe enmarcar en el contexto de una cruzada moral que en la actualidad cae del lado de los postulados de una derecha de insulto fácil y escasas disculpas, que sigue marcando la agenda del discurso de este país frente a una izquierda siempre a remolque de los acontecimientos.

Cassandra suma su nombre a los de César StrawberryBeñat Lasa FernándezValtonyc o Pablo Hásel entre tantos otros (capítulo a parte merecería la triste y delirante Operación Araña) que han pagado con penas de cárcel o sanciones económicas, el ejercer su libertad de expresión en lo que muchos todavía consideran una democracia plena. Nos arrebatan la justicia al igual que lo hacen con la sanidad o la educación, poco a poco, de forma paulatina y comenzando siempre su ataque por los más indefensos, por los desarraigados del sistema, aquellos que se salen del rebaño del pensamiento único implantado por los mass media, y se atreven a pensar por sí mismos, pero también por los más desfavorecidos económicamente, aquellos que no parecen importarle a nadie, y que carecen de cualquier tipo de recurso para hacer valer sus derechos. No terminamos de comprender que se trata tan solo de los primeros pasos de una empresa mucho mayor, una escalada en el recorte a nuestros derechos fundamentales que poco a poco, ya no transigirá ningún derecho a replica.

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Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres, te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña, por el nombre de la activista medioambiental.

Desde DowJones te agradecemos tu colaboración.

https://www.change.org/p/xulio-ferreiro-calle-berta-c%C3%A1ceres-en-a-coru%C3%B1a

Una paz sin diálogo

8 abril de 2017 una fecha llamada a marcar la historia de nuestro país. Jean-Noel Etcheverry fundador de la agrupación ecologista Bizi! y detenido el pasado 16 de diciembre por su supuesta vinculación a la organización terrorista ETA, ha señalado ante la opinión pública esa fecha como la del último paso previo para encarar la total disolución del movimiento terrorista vasco Euskadi Ta Askatasuna (País Vasco y Libertad).

Un paso más en una hoja de ruta hacia la paz, en el que la postura del gobierno español ha sido la del inmovilismo durante estos últimos cinco años sin violencia. Una línea de actuación atrincherada en la negativa a asumir cualquier tipo de responsabilidad en la mesa de negociación, y en las sucesivas actuaciones policiales que en medio de un proceso de paz, parecen más encaminadas a dinamitar a la sociedad civil abertzale que a facilitar el camino para la total disolución de la organización terrorista. Un proceso que se afianzada únicamente en una sociedad civil que sigue firme al mando del mismo, pese a las continuas negativas de los gobiernos español y francés para erigirse como interlocutores ante la organización terrorista ETA.

Curiosamente, quienes durante décadas no dudaron en modular sus discursos o en tomar asiento en primitivas negociaciones ante los asesinos prometiendo “generosidad, mano tendida y espíritu abierto”, hoy son los mismos que muestran una incomprensible pero tajante negativa ante la perspectiva de asumir el cometido de quién en un proceso de paz tiene el deber de representar a un estado con un conflicto armado dentro de sus fronteras. Desde el decimoquinto congreso del Partido Popular Vasco, Mariano Rajoy hacía mención al comunicado de ETA, poniendo de nuevo el acento de su discurso en la negativa del gobierno español a entablar cualquier tipo de diálogo con la organización terrorista, y señalando la persecución policial como la única decisión política capaz de poner fin al conflicto “Esta posición que mantenemos nosotros es la justa, la democrática, la que preserva la dignidad de las víctimas del terrorismo y, por si a alguno no le llegaran esos argumentos, es también como el tiempo está encargando de demostrar, la mas eficaz para la disolución definitiva de ETA. Es es lo que tengo que decir sobre esto”  Una vía la de la negativa al diálogo que utiliza la voz de las víctimas para justificar una decisión exclusivamente política, y que no parece encontrar justificación en una sociedad vasca profundamente comprometida con la normalización de la convivencia política y social de un pueblo,  que todavía hoy arrastra profundas cicatrices fruto de la violencia.

Cinco años después de que ETA anunciase en un comunicado de apenas dos minutos y medio el “cese definitivo de la actividad armada” sin condiciones, el último conflicto armado de Europa continua incomprensiblemente estancado entre la pasividad gubernamental, y la desesperada intentona por parte de los terroristas para edulcorar la derrota como una última vía de expiación, para quienes años después al fin parecen percatarse de lo absurdo e innecesario de todo el dolor provocado. Un dolor reflejado en las 849 víctimas mortales por los atentados de la banda terrorista, en los presos, en los torturados, pero también en las familias y en la impotencia de todos aquellos que durante décadas, han visto como la amenaza de las armas frustraba cualquier esfuerzo de debate en Euskadi.

Con el desarme de ETA, el fin de la violencia terrorista en nuestro país se dibuja como una realidad inevitable cercana, pero haría mal el estado al confundir la disolución de la banda terrorista con el final del propio conflicto vasco. La inexistencia de una hoja de ruta consensuada y un futuro desarme que todo indica no podrá producirse de forma verificada y ordenada, por la negativa del gobierno español a erigirse como interlocutor en el proceso de paz, suponen una nefasta señal para el futuro de una sociedad en donde las heridas abiertas son numerosas, y todavía son muchos los que en uno y otro bando parecen mostrarse incapaces de sobrevivir al cambio de mentalidad para una convivencia sin tensiones. El diálogo resulta más importante que nunca, cuando se hace patente que son muchas las cicatrices que sobrevivirán a la banda terrorista. El estado debe encontrarse hoy al lado de una sociedad civil que no puede sumar al dolor de los muertos, el peso de construir la paz en solitario. 

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Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres, te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña, por el nombre de la activista medioambiental.

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La independencia amordazada

“El nacionalista no sólo no desaprueba las atrocidades cometidas por su propio lado, sino que tiene una extraordinaria capacidad para ni siquiera oír hablar de ellas.”

George Orwell

Hace tiempo que entre Cataluña y España, se juega a un juego demasiado peligroso. Un juego de tensiones, de orgullo, un juego de peones y reyes, de condados y reinos. Una partida tensa y eterna; a la par que fútil, para quienes tarde o temprano, deberán pagar sus consecuencias. La de la política como entretenimiento, como un espeso telón destinado a cubrir nuestros ojos y nuestros bolsillos, ante el continuo saqueo de unas élites económicas, capaces de parapetarse por igual, tras la estelada o la rajoigualda, según sus intereses vayan en ello. La Diada del año 2012, suponía el cenit de un proceso histórico, para infinidad de catalanes que veían en su tierra, el nacer de una joven nación. A la vez que fue recibido como una fuerte conmoción, para un viejo reino de trato alejado e inquisitorial con sus territorios. Una corona y un sistema enfermo, que pretende a costa de todo, conservar el control del territorio. El recurso del PP contra el Estatut, sumado a la conjunción de crisis económica y social, propició un caldo de cultivo ideal, para una idea, la de la huída hacia delante, que poco antes suponía poco menos que una quimera para los catalanes. El proceso de ruptura de Cataluña hoy, se trata mucho más, de las crónicas del abandono de un hogar desestructurado, que de las de una feliz y planeada independencia.

Elecciones anticipadas, declaraciones de soberanía, consultas, organismos consultivos e incluso la reedición del pacto Ribbentrop-Mólotov, entre Mas y Junqueras de por medio. Han dado lugar a una sociedad polarizada, adormecida y unida únicamente, en el hartazgo con un proceso estancado en trincheras culturales y políticas de escasa profundidad. En nada se diferencian las tácticas o argumentos de la oligarquía de uno y otro bando. En nada se diferencian, pues su proyecto es el mismo, con un final diferente según el color del bolsillo. No se trata desde Cataluña de reivindicar el camino de una Generalitat de Cataluña, aguerrida con su pueblo ante las dificultades. No se trata tampoco de levantar una vez más los gritos de la anarquía en sus callejones o en sus pueblos, ni del ejemplo de la resistencia y la lucha contra la represión del fascismo y el orgullo de la cultura cuando una lo siente como propia, aunque se la quieran hacer ver extraña. Tampoco se pretende desde España evitar el desastre para Cataluña o los catalanes, no se actúa por responsabilidad institucional o deber de estado. Sino que se hace casi como por inercia, sin reflexión, ni alternativa. Se decide y se impone. Se trata de un juego de previsiones y de cifras, de números y nombres. Se trata de ladrones acusando de ladrones a otros ladrones. Un sin sentido, un trabalenguas de complicada digestión  y escasa recompensa para quién lo encara, pero de vital importancia para quién se empeña en pronunciarlo.

La Cataluña de la burguesía catalana, es la Cataluña de los recortes, la del pago de la deuda. Una sociedad de vida austera, con solemne pomposidad en sus altas esferas. La Cataluña del Porsche y la del ciudadano medio. Un país liberado de su metrópoli, pero no de sus cadenas, en forma de bancos y privatizacionesUna nación maniatada desde su nacimiento, un triste final, para un vacilante principio.

Conozco bien, la impotencia de quién sintiéndose parte de una nación diferente a la española, tiene que compartir su reino. Conozco los desprecios a la lengua, la cultura o la historia de sus ancestros. El pesado yugo de la historia de un país, todavía demasiado atemorizado ante la perdida de su imperio, como para replantear su propia territorialidad. Un complejo de anochecer prematuro, en donde nunca se creyó se pondría el sol.  El desafío independentista a Madrid, supone un nuevo reto, para una democracia joven e inestable. Un sistema con unos partidos más acostumbrados a evocar las pasiones y el sentimiento que la razón o el pacto social. Una política muy diferente a la economía, en donde el estado neoliberal, parece ser el único claro vencedor de uno u otro proyecto. No dudan ni por un instante en Madrid o Barcelona de la clara posibilidad de alcanzar pactos , cuando la verdadera estabilidad vaya en ello.  

Al igual que anteriormente lo supuso el terrorismo de ETA, la amenaza secesionista desde Cataluña, supone una baza política más en un estado con un evidente doble juego. Conocen desde el PP las claras ventajas en términos de rédito electoral que en el conjunto del estado, supone una Cataluña amenazante, enrocada. Una tensión que desde al derecha española vaticinan como molesta, pero ficticia. Un farol a todas luces, demasiado evidente en el seno de la Europa actual. Precisamente en esa inmediatez puede residir la falta de miras del estado español. Suceda lo que suceda el proceso secesionista, el independentismo parece ganar. De llevarse a cabo con éxito, dará como resultado o bien una Cataluña independiente o la palpable sensación de una sociedad, retenida contra su voluntad, en el marco de un estado de probada intransigencia. 

Mientras el día a día de este juego se desarrolla entre acusaciones de quién adoctrina a quién. Madrid y Cataluña, siguen suponiendo dos caras de una misma moneda. Dos estados, naciones o regiones, llámenle cada uno como quieran, como sientan. Dos pueblos, atados a un sistema devorador de culturas, de lenguas, de tradiciones y pasados. Un culto al engaño y a las acciones políticas de falsa bandera, que aprovechan nuestras más profundas pasiones, para incidir en lo que nos diferencia y nos enfrenta, frente a la verdadera unión de necesidad. La independencia de quien ha vendido al mejor postor sus derechos o su tierra, supone a todas cuentas, una independencia amordazada.

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Autor: @SeijoDani

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental. 

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Un marco para España

La causa mayor de revoluciones, es que mientras las naciones avanzan al trote, las constituciones van a pie.

Thomas Macaulay

38 Años de una constitución tan necesaria en su momento, como obsoleta resulta hoy para una España, que treinta y ocho años después, mira a ese antiguo tratado, como un flotador al que tan solo se aferran quienes por ansias de poder o por miedo al futuro, se niegan a aceptar el cambio. En 1978 Pinochet preguntaba por democracia en dictadura, el Frente Sandinista se levantaba contra la dictadura de Somoza, ETA asesinaba a 64 personas, nacía Didier Drogba y el Liverpool se hacía con la Copa de Europa, al derrotar en una complicada final, al Brujas por un gol a cero. Un mundo y una España diferentes, los que sobreviven a un texto, que si bien se ideo como un medio capaz de regir nuestros destinos, por un período de tiempo prolongado, mediante el subterfugio de las continuas reformas constitucionales. Hoy se denota insuficiente, ante una realidad, la de nuestro país, que ha superado con creces los miedos y tabúes con los que nacía nuestra remota Carta Magna.

Aspectos como la cuestión territorial o la corona, demuestran a las claras que los tiempos han cambiado en España. Ya no se habla de la República, exclusivamente con un tono de añoranza o venganza, sino que para un país aparentemente democrático, la casa real, resulta ya escandalosamente anacrónica, por su sentido y por sus formas, incluso para muchos de sus hasta ahora más firmes defensores. Una institución poco dada al cambio, en donde atuendos y formalidades más mundanas, pretenden dotar de un aire nuevo a un clan familiar, en el que en virtud del artículo 57.1 de nuestra constitución, la prevalencia del varón sobre la mujer en la sucesión al trono, sigue suponiendo un insulto a la igualdad de género, dentro del mayor insulto que para el conjunto de la ciudadanía, supone el acceso a la jefatura del estado por mera herencia familiar.

Tampoco en lo relativo a la cuestión territorial, supone una mayor ayuda nuestra Carta Constitucional. Desde la amenaza directa de rupturismo de  Catalunya, hasta el sentimiento nacional, en la actualidad políticamente más moderado de Euskadi, Galicia o Andalucía. La realidad del equilibrio centralista, parece haber tocado a su fin en nuestro país. Urge para ello, alcanzar la capacidad de dibujar una hoja de ruta que permita crear las condiciones para una representación federalista en España. Urge por tanto, rescatar al Senado del ostracismo, para una vez liberado de su condición de cementerio de elefantes, dotarlo de la capacidad de convertirse en una verdadera cámara de representación territorial, que logre persinificar las diferentes identidades nacionales de nuestro país e imponga los límites entre las esas identidades nacionales y la identidad particular que supone el conjunto del estado Español. No podrán posponerse eternamente la consultas soberanistas en España y cada negativa a un plebiscito como búsqueda de alternativas, supone un paso de cara a una ruptura unilateral de las diferentes identidades nacionales del estado.

Una Constitución con claras lagunas en su conexión con la realidad social, y en donde la una ley electoral más representativa o la protección de los derechos sociales como derechos fundamentales de todas y todos los españoles, se presentan como necesidades inherentes a la democracia de nuestro país, que deben ocupar un espacio central en un acuerdo que fruto del inmovilismo político, sigue bloqueando un cambio necesario desde el parlamento y a su vez, exige un mínimo de 500.000 firmas para dotar de voz política directa a los ciudadanos.

Comienza la Carta Magna española a evidenciar sus muchas carencias. Carencias propias de un documento que representa la voz de un pacto de otro tiempo, de otra realidad. No debe existir por tanto, miendo a la reforma constitucional en una sociedad democrática, al igual que no debe suponer nunca; una constitución, un marco inmovilista para una sociedad con necesidades cambiantes, como lo es la sociedad española.

El punto de ruptura entre la nueva y la vieja política, el desafío territorial y de concepción del estado, la nueva estructura europea, las relidades migratorias o la clara necesidad de un nuevo pacto generacional. Son solo algunas de las cuestiones que acucían a nuestro país a reformular la ley fundamental que debe regir los derechos y deberes de todos los españoles. Es hora de que sea nuestra propia voz, la que de forma y no tan solo validez a la configuración de una nueva Constitución.

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Autor: @SeijoDani

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental. 

https://www.change.org/p/xulio-ferreiro-calle-berta-c%C3%A1ceres-en-a-coru%C3%B1a

Memorias de Euskadi

Cinco años desde que la organización terrorista ETA, anunciase el “cese definitivo de la actividad armada” sin poner condiciones. Cinco años, desde que aquel jueves 20 de Octubre de 2011, en un comunicado de apenas dos minutos y medio de duración, ETA diese por finalizado el último conflicto armado de Europa.

2472 atentados después y tras derramar la sangre de 849 víctimas mortales, los nombres de Jean-Serge Nérin, Carlos Sáenz de Tejada y Diego Salvá, se convertían finalmente en últimos en sumarse a la memoria de la sin razón de la barbarie terrorista en nuestro país. En su comunicado, ETA, iniciaba el principio del fin a la anormalidad democrática que  suponía el miedo provocado por la amenaza de los pistoleros, en vida de la sociedad vasca. Una amenaza, la de las armas, que durante medio siglo acompañó a tantos y tantas que pese a todo, decidieron alzar su voz contra quienes anhelaban la imposición de una visión única de la política vasca. Muchos pagaron con su vida tal atrevimiento. Fernando Múgica, Enrique Casas, Ernest Lluch, Miguel Ángel Blanco…diferentes visiones de la sociedad vasca, diferentes caracteres políticos y sentimientos hacia su tierra, pero todos ellos unidos por el silencio previo al clic de la pistola de un terrorista o la bomba lapa debajo de sus coches que arrebataría sus vidas e ilusiones para siempre a la sociedad vasca. Una sociedad durante mucho tiempo demasiado acostumbrada al sonido de las explosiones, los llantos y las sirenas, un pueblo con miedo, preso de sus propios deseos y temores, que terminaron por esconderse tras los sentimientos de venganza de quienes lo habían perdido todo tras un atentado o el terror amenazante de quienes se acostumbraron a ver en los encapuchados su única vía de representación política.

Nació así en Euskadi, una nueva cultura del miedo y del terror, una legitimación por parte de ciertos sectores de la sociedad de la fuerza como única interpelación válida ante el adversario político, y con ello, nacieron también en Euskadi las heridas que ahora tanto tardarán en cicatrizar.

Reconocía recientemente el líder abertzale, Arnaldo Otegi, la inconsciencia que en aquel momento tenían en el entorno de la banda terrorista, acerca del dolor que sus actos provocaban en la sociedad vasca y el verdadero alcance de las heridas abiertas por estos. Ciertamente, solo atendiendo a esas declaraciones, uno podría entender la profunda brecha que ETA llego a provocar en la propia sociedad vasca. Una brecha todavía abierta en las heridas de las víctimas y los familiares de las mismas, que continúan esperando un punto y final claro a tanto dolor y sufrimiento. Como pedía Sara Buesa, víctima de la banda terrorista, alguien debe dar respuesta a la pregunta de si ha tenido sentido en algún momento la lucha armada en el Pais Vasco.

La distorsión de la violencia alcanza también a una política vasca infectada también por un germen, el de la venganza, que cinco años después, impide encarar con normalidad un proceso de reconciliación social que en condiciones normales hace ya tiempo debiese haber contado con el apoyo de los gobiernos español y francés. Se da en el conflicto vasco, una situación particular. En donde una organización terrorista, dispuesta a entregar sus armas, para escenificar un fin de la violencia al que le han empujado los operativos policiales y la propia realidad Político-Social de su entorno, no encuentra interlocutor al otro lado. Ni los gobiernos español y francés, ni la propia Europa, ni los miembros de la comunidad internacional, parecen dispuestos a primar el fin de la violencia en España, por encima de los propios equilibrios políticos inherentes en las relaciones entre estados.

Continúan desde el estado español negando realidades sociales como Bateragune o judiciales como el caso Txapartegi, al tiempo que desde las instituciones se profundiza en la venganza como método de justicia a la hora de mantener políticas penitenciarias carentes de cualquier cobertura legal. Políticas como la dispersión de presos, método este que no solo castiga a los terroristas sino a su entorno familiar y social, además del continuo uso de artificios legales, para lograr privar a los presos etarras de los principios tendentes a la unificación del derecho en la Unión Europea que les permitirían en ciertos casos, acceder a la rebaja de condenas al ver descontados los períodos cumplidos en prisión en otros países pertenecientes ala Unión Europea.

El anuncio de cese definitivo del terrorismo en Euskadi, abría una etapa para posibilitar el diálogo sobre contenidos políticos y la creación de un futuro marco social de convivencia pacífica entre los diferentes actores sociales vascos, pero cinco años después del cese del ruido de las armas, el silencio y los sentimientos de venganza soterrada durante tantos años, continúan a dificultar la vuelta a la normalidad de una sociedad ya demasiado acostumbrada al silencio.

Resulta más necesario que nunca que ambas realidades enfrentadas durante tanto tiempo en una lucha armada en Euskadi, comiencen a ver en las concesiones al adversario no una cesión ante el enemigo, sino una oportunidad a una sociedad y sus deseos de paz.

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Autor: @SeijoDani

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El poso de lar armas

Jose Pardines Arcay, Jorge Juan Garcia Carneiro, José Lasa Arostigui, José Ignacio Zabala, Javier Pérez Arenaza, Miriam Barrera Alcaraz, Jose Ramon Dominguez Burillo, María Doleres González Catarain, Luis Isasa Lasa, Jesús María Basáñez, Miguel Ángel Blanco Garrido, Silvia Martinez Santiago, Xabier Galdeano, Lucía Urigoitia, José Ramón Goikoetxea Galparsoro, Josu Muguruza, Miguel Isaías Carrasco…Arnaldo Otegi Mondragon.

829 Víctimas del terrorismo etarra, no menos de 4.000 presos torturados en las cárceles, donde muchos perderían su vida; y todavía hoy, 373 reclusos de la banda terrorista repartidos en 45 cárceles de todo el estado Español. Nombres y números, para intentar esbozar el retrato de una guerra abierta entre dos posiciones encontradas. Nombres que esconden sangre, horror y la más pura sinrazón del ser humano. Pero también, entre el dolor y la barbarie, se esconde el trasfondo de un conflicto político que ha perdurado en nuestro territorio, como uno de los más sangrientos enfrentamientos que ha tenido lugar en la actual Unión Europea, y que pese al anuncio de la banda terrorista en 2011, del cese definitivo de la actividad armada, permanece hoy todavía latente, en el día a día de lo vascos y vascas. Especialmente, cuando en Euskadi se habla de política.

Cabe recordar que Arnaldo Otegi no es Nelson Mandela, ni se trata tampoco, como muchos piensan, del Gerry Adams vasco. A diferencia del político sudafricano, el dirigente abertzale, hace ya tiempo que no ejerce su lucha contra un sistema de gobierno despótico, ni asesino. Y todavía hoy, lo que lo diferencia del político norirlandés, es que ni EH Bildu, ni el propio Otegui, han tenido la oportunidad de lograr liderar un proceso de paz frente a un estado con suficiente responsabilidad moral o política. Pareciese que a diferencia de el Ulster o Colombia, España, todavía no está preparada para encarar definitivamente la paz.

Con la decisión de Junta Electoral de Guipúzcoa de apartar definitivamente de las candidaturas vascas a Otegi, una vez más, el gobierno español hace muestra de una clara intransigencia poco comprensible para quién se encuentra ante la posibilidad histórica de soterrar definitivamente la violencia como método político en Euskadi. De nuevo, los mecanismos del estado de derecho, se fuerzan y se retuercen para buscar la sanción en lugar del entendimiento. Al pacto de Estella, en donde el nacionalismo vasco comenzó a articular un camino para la paz, le siguieron la Ley de Partidos y el caso Betaragune. Un proceso, a medio camino entre judicial y político, en donde quienes planteaban por primera vez el cese definitivo de la violencia, fueron arrestados y convertidos para muchos, realmente en los primeros presos políticos del País Vasco.

Durante seis años de ancarcelamiento, Arnaldo Otegui ha sido considerado por ciertos sectores de Euskadi, militantes de la izquierda abertzale, como un símbolo de su propia voz encerrada en una prisión española. Mientras se multiplicaban los casos y las causas para mantenerlo en prisión, se ha podido comprobar, como el camino que un día iniciaron ciertos dirigentes de la izquierda abertzale, un camino hacia la paz arriesgado y valiente frente a sus propios demonios, parece ya inalterable. ETA ha dejado finalmente de marcar la agenda política en el País Vasco, al igual que hoy deberían de hacerlo la ilegalización de partidos o el goteo de entradas en prisión de personalidades de la izquierda abertzale.

El fin del terrorismo y de la barbarie en “Euskal Herria”, no supone el final del conflicto vasco, sino tan solo un cambio de escenario. La voz del independentismo no ha desaparecido en Euskadi con el ruido de las armas, sino que se ha transformado en lo que nunca debió dejar de ser: una confrontación ideológica, en donde la única voz valida es la del pueblo libre.

No voy a entrar a valorar si Arnaldo Otegui ha sido un preso político o no, pero sin duda, ha sido como mínimo lo más parecido a esa figura que hemos mantenido encerrado en nuestras cárceles desde la dictadura franquista. Sea como sea, lo que parece ya innegable es que una vez cumplida su pena, quizás una pena necesaria para quién pretende borrar todo el dolor causado por las armas en su propia tierra, es hora de devolver su voz a una parte importante de la población vasca. Una población, que también ha esperado demasiado para hacerse oír por encima del ruido de las pistolas.

No puedes separar la paz de la libertad, porque nadie puede estar en paz, a no ser que tenga su libertad.

Malcolm X

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Autor: @SeijoDani

 

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Desde DowJones te agradecemos tu colaboración.

Cruz de olvido

“LO QUE DUELE NO ES SER HOMOSEXUAL,

SINO QUE LO ECHEN EN CARA COMO SI FUERA UNA PESTE.”

CHAVELA VARGAS 

78 países todavía hoy consideran ilegal la homosexualidad y en 5 de ellos, la orientación sexual de una persona puede costarle ser condenado a la pena de muerte.

Frente a los frios datos, las misas de Juan Antonio Reig en la televisión pública elucubrando sobre la orientación sexual desde la castidad y la ignorancia* o las delirantes declaraciones del cardenal arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares, llamando a la comunidad católica a defender “el bien precioso de la familia cristiana” ante la escalada que contra ella dirigen políticos, el imperio gay y ciertas ideologías feministas”. Un imperio gay, al que se refiere el prelado, que sin duda ha encontrado brutales límites en países como Irán, Arabia Saudí, Yemen, Mauritania, Sudán o las regiones del norte de Nigeria y el sur de Somalia. Todos estos, emplazamientos en donde la orientación sexual de una persona le puede valer para terminar colgado de una grúa o lapidado bajo la ira de tus propios conciudadanos, privilegio muy alejado del trato que uno imaginaría reservado para los representantes de tan glorioso imperio.

Olvidaba también en su retórica el señor arzobispo, que todavía hoy también en nuestro país muchos siguen soportando día tras día agresiones por el simple hecho de su orientación sexual. Exactamente, 240 incidentes detectados por el Observatorio Madrileño contra la LGTBfobia durante 2016 en la comunidad de Madrid de los que por miedo o incomprensión tan solo 59 han sido denunciados. Ataques en los reside la vergüenza de una sociedad que mira para otro lado, que sigue considerando como poco alarmante o admisible que un colectivo sea perseguido por una causa tan ridícula como su orientación sexual. No hacemos lo suficiente. Permitimos que muchos de estos atentados queden impunes y con ello, disculpamos a un agresor que tal vez encuentre el eco necesario para  justificar su violencia en las palabras de figuras tan representativas para nuestra sociedad como lo puedan ser el arzobispo Cañizares, el profesor  José Luis Pérez Requejo de la Universidad Católica de Valencia o la concejala del Partido Popular Gema Borrás. Diferentes personalidades y una misma omisión en cada uno de ellos, y es que al igual que quienes pintaban los nombres de las víctimas de ETA en la diana, quienes defienden con sus palabras la inferioridad de un ser humano únicamente por su condición sexual, alientan el odio y dan el primer paso para que otros ejecuten el castigo, aunque ni mucho menos esa pueda ser la intención de sus palabras.

Nadie podría imaginar hoy a un alto representante de la iglesia, del estado o de las instituciones educativas, defendiendo que los matrimonios mixtos son un plan macabro para exterminar a la humanidad o alegando que muchos psicólogos y psiquiatras han demostrado que existe relación entre la raza negra y la pedofilia. No lo imaginamos y no lo toleramos al igual que no toleraríamos un estado como la Sudáfrica del Apartheid, pero sin embargo, sí toleramos una Rusia o una Arabia Saudi homófoba. Lo hacemos porque no es nuestra lucha y porque en el fondo, aunque se tienda a pensar lo contrario, todavía hoy a muchos no les molesta demasiado que hasta hace poco los homosexuales no pudiesen donar sangre en Irlanda del Norte o que en Italia se les haya permitido contraer matrimonio pero no adoptar. No les molesta porque en su foro interno siguen pensando que en la homosexualidad algo no está del todo bien.

Resulta necesario un pulso definitivo de la comunidad LGTB, pero también un pulso de la sociedad en su conjunto, un desafío que derribe las últimas barreras de una sociedad que todavía hoy, ve como algo normal que no exista un solo futbolista que haya confesado abiertamente su homosexualidad en ningún gran club europeo o que activistas como Franklin Edward Kameny, Harvey Bernard Milk o Nikolái Alekséyev sean meros desconocidos para una sociedad que sin embargo conoce muy bien a Nelson Mandela o a Martin Luther King.

La discriminación por la orientación sexual de una persona debe causar en nuestra sociedad el mismo rechazo y repulsa que cualquier otro tipo de persecución a una minoría y para ello debemos luchar con más intensidad que nunca para lograr conseguir que nunca más una muestra de amor o de sexualidad sea motivo de desprecio o de agresión.

Dedicado a Pedro Zerolo, una luz puede animar a otros a comenzar a iluminar la más oscura de las batallas.


*Para cubrirme las espaldas en un estado español en donde las garantías a la libertad de expresión y la piel de los sectores conservadores son igualmente finas, aclararé que me refiero a ignorancia sexual, me sorprendería que Antonio Reig se ofendiese ante tal afirmación.

seguro-gay

Autor: @SeijoDani

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