Un parlamento, una moción de censura… dos españas

“Ustedes representan lo malo conocido y el miedo. Han usado el miedo para robar”

Pablo Iglesias

La tercera moción de censura en cuarenta años de democracia, nos deja la constatación de la existencia de dos realidades muy distintas en el parlamento y en el tejido social español. Dos realidades, pertenecientes a dos españas que no solo nunca han llegado a confluir, sino que con el paso del tiempo, parecen alejarse todavía más fruto de un modelo económico y unas políticas, que fomentan la desigualdad social al compás de la corrupción política y la codicia desaforada de nuestra supuesta élite empresarial. Una codicia que ha hecho de nuestro país un paraíso para tramas de corrupción de todo tipo, en donde comunidades autónomas, empresas, ayuntamientos, bancos y partidos políticos, se han visto aquejados por un parasitismo en ocasiones tornado en depredación, que ha infectado a nuestras instituciones, transformando lo que antaño fuese un pacto social común, en un complejo sistema poder, en donde las élites del sistema han podido afanarse con libertinaje en la búsqueda de su máximo beneficio económico, cambiando las reglas del juego siempre que resultase necesario para sus necesidades.

Durante algo más de cinco horas, Unidos Podemos ha hecho uso de la tribuna del Congreso para poner de manifiesto la profunda decadencia de un gobierno y unas instituciones paralizadas por la corrupción, en donde los esfuerzos del ejecutivo se han visto en demasiadas ocasiones a lo largo de la legislatura, centrados en esquivar la actuación policial y el peso de la justicia sobre un Partido Popular que una vez más, ha llevado al extremo en su estrategia de defensa, la aparente necesidad política de la derecha de nuestro país de hacer del que se supone gobierno de todos, su cortijo particular.

Nada sabe el Partido Popular de los más de 100.000 desahuciados, los emigrados, los parados de larga duración, los más de 64.000 alumnos estudiando en barracones o la realidad de los trabajadores pobres en nuestro país

Entre lecturas inoportunas, comentarios machistas, aplausos de graderío y una total indiferencia por el discurso de Irene Montero o Pablo Iglesias, la bancada popular ha decidido simplemente ignorar una moción de censura que sabe fracasada de antemano, gracias a la falta de entendimiento entre los partidos que podrían configurar una alternativa a su gobierno. Nada parece importarle al PP la realidad social tras esta iniciativa, la de un país hastiado por la corrupción, golpeado por los recortes y quizás temeroso ante la precariedad laboral y la rapidez con la que iniciativas como la ley mordaza, han recortado sus libertades hasta hacer de la protesta social un delito. Un país cansado de las dos españas, divididas entre vencedores y vencidos, en la que el trabajador siempre termina perdiendo.

Sin duda desconocen en Genova 13, la realidad del trabajo precario, el miedo al despido, las hipotecas que pesan cada mes como una losa o el inhumano esfuerzo que puede suponer para una familia obrera el copago, por pequeño que sea, en servicios que antes se suponían públicos y gratuitos. Lo desconocen en Genova, como lo desconocen en el distrito de Salamanca, en la Moraleja o en el Viso. Los recortes de más de 10.000 millones de euros menos en la sanidad pública española, las listas de espera, la perdida de profesionales y camas o el negocio detrás de la salud de las personas no son asuntos que alteren la tranquilidad de los habitantes de esa “otra España” Después de todo, siempre pueden acudir a la sanidad privada, una sanidad sin listas de espera o molestos compañeros de habitación que nadie desea. Una sanidad que gracias a las reglas del juego, terminamos de una u otra manera pagando todos, pero que realmente solo unos pocos disfrutan. Una muestra extrema más del parasitismo de una minoría privilegiada sobre el conjunto de la sociedad española.  Una minoría que se cree con el derecho de vivir y gestionar lo público según sus propios intereses, para a continuación, una vez desmantelado un servicio que nos pertenece a todos, hacer uso de los servicios privados sin señal alguna de remordimiento. La realidad de las puertas giratorias, la de los pelotazos urbanísticos, la financiación ilegal o los favores de partido entre conocidos, suponen una concepción más propia del hampa que de la vida política, pero en España sobrevive sustentada por quienes en nuestro país, heredan el poder político y empresarial generación tras generación, en una simbiosis perfecta con las costumbres de la monarquía parlamentaria.

Nada sabe el Partido Popular de los más de 100.000 desahuciados, los emigrados, los parados de larga duración, los cerca de 64.000 alumnos estudiando en barracones o la realidad de los trabajadores pobres en nuestro país. Ellos, nunca han sufrido la angustia de no poder acceder a la energía o la cruenta necesidad de pedir ayuda para comer. Esa nunca ha sido su realidad. Su presente y su futuro se asemeja más a la especulación, la búsqueda aplicada de resultados en los datos macro, aunque la vida no cuadre, y más directamente el puro y desmedido lucro personal, las corruptelas, las inversiones sin riesgo gracias apoyadas en las leyes y en la banca… Dos realidades muy diferentes enfrentadas y de las que deberíamos ser plenamente conscientes antes de emitir cualquier tipo de voto. Llámenle como quieran, arriba y abajo, izquierda y derecha, vencedores y vencidos, ellos y nosotros…, pero sean conscientes de que en el parlamento, al igual que en nuestro país, todavía hoy existen dos españas claramente diferenciadas.

Un Partido Popular que una vez más, ha llevado al extremo en su estrategia de defensa, la aparente necesidad política de la derecha de nuestro país de hacer del que se supone gobierno de todos, su cortijo particular

Decía Rajoy a Iglesias que “Esta moción sirve únicamente para marcar terreno al PSOE o para crear más indignados. Sirve para todo menos para lo que tiene que valer una moción de censura” olvidaba el presidente del gobierno, que ante todo, una moción de censura debe servir para corregir el rumbo de un país a la deriva, un objetivo que hoy vuelve a quedar claro no será posible, mientras una España, para la que parece gobernar el Partido Popular, continue negando la realidad en la que por causa de sus políticas, vive inmersa gran parte de la para ellos, esa gran desconocida otra España.

desigualdad

 

 

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Un país sin techo

Artículo 47

  1. “Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación. La comunidad participará en las plusvalías que genere la acción urbanística de los entes públicos.”

Imagínese por un momento que lo despiden de su trabajo,imagínese que no dispone de medios económicos con los que sobrevivir o mantener a su familia y la impotencia de ir viendo como las escasas ayudas que le aporta el Estado,se van acercando a su fin sin que logre encontrar ningún otro trabajo con el que salir de esa espiral que amenaza con tragárselo todo.Imagínese por un segundo que tras esperarlo durante mucho tiempo y sin que pudiese imaginárselo como algo real,hoy se encuentra finalmente con la tan temida orden de desahucio ante su puerta.Imagínese entonces el desgarrador llanto de sus hijos,la cara descompuesta de su mujer y el miedo que se dibuja en usted al no saber cómo va a resultar el final de toda esta situación en la que sin poder esperárselo desde su más o menos acomodada vida,de repente se ha visto inmerso.Piense ahora que éste ha sido de una forma más o menos similar,el escenario que ha acompañado a gran parte de los 400.000 desahucios que desde el inicio de la crisis se han producido en nuestro país.Un país,en el que si usted ha logrado situarse en esta realidad,comenzará a dudar si existe una verdadera democracia.

Tan sólo en 2013 y pese a la ornamentalidad del artículo 47 de nuestra Constitución,se han producido en nuestro país una media de 184 desahucios diarios,184 personas que diariamente han perdido lo que suponía en dos de cada tres ocasiones su vivienda principal.Es decir,el escenario en donde discurría su vida y en donde condensaban todos sus recuerdos.En definitiva,su hogar.

Y es que lejos de lo que nos puedan intentar transmitir las partes interesadas en que nada cambie en el sistema de acceso a la vivienda.El drama de los desahucios afecta principalmente a la clase trabajadora,una clase que ha servido de base para que el gran empresariado y sus políticos afines hayan levantado de la nada una burbuja inmobiliaria que ha supuesto el fruto de gran parte de nuestros males actuales. Una burbuja en donde los precios de la vivienda alcanzaban valores astronómicos muy alejados de las posibilidades de la mayor parte de la ciudadania, mientras los políticos lejos de preocuparse por un posible estallido,incluían en su argumentario el discurso de que si los españoles compraban viviendas era porque podían.El ladrillazo supone en un alarde de inoperancia sin precedentes,que nadie se percatase del hecho de que si los españoles compraban vivienda tras encadenarse a créditos hipotecarios generacionales, no era porque pudiesen, sino porque entonces al igual que hora,no tenían otra salida.

Ciertamente no podemos negar la existencia de  ciudadanos que jaleados por el guirigay formado por la política y las escabadoras,se sumaran inconscientemente a la ola especulativa de la segunda vivienda o la acuciante falta de una mayor cultura del alquiler en España ¿Pero acaso se dieron desde las instituciones pasos para solucionar esta sitaución o muy por el contrario se fomentaron las prácticas que finalmente nos han transformado en el mayor solar de Europa?La respuesta salta a la vista.

Políticos y empresarios han cimentado una mezcolanza de especulación urbanística,cultura de la propiedad y créditos de alto riesgo que sumados a la nula presencia de políticas encaminadas a favorecer el alquiler, han convertido a España en el epicentro de una tormenta perfecta de la crisis inmobiliaria,que con su estallido ha terminado con el sueño de toda una generación de españoles de lograr poseer una vivienda en propiedad. Toda esta situación se ha visto acompañada hasta el último segundo por un discurso gubernamental en pro del dinamismo de la construcción y la sacralidad de la propiedad privada.Una sacralidad que actualmente,tras la crisis económica que ha dinamitado el consumo en nuestro país,se ha visto reciclada hacía las obligaciones crediticias que el ciudadano parece verse en la obligación de cumplir pese a que esto le pueda suponer en última instancia el quedarse en la calle mientras entrega su vivienda al banco.Bancos a los que curiosamente nuestros políticos han entregado más de 130.000 millones de euros de las arcas publicas, mientras con total impunidad prosiguen desahuciando a gente pese a la tan anunciada ley hipotecaria.Ley que lejos de suponer un respiro para los más necesitados frente a la actuación del sistema bancario,ha visto con pasividad como este rechazaba hasta el 40% de las familias que pedían acogerse al código antidesahucios.

Y mientras el gobierno español continua haciendo oídos sordos a esta situación,desde Europa llaman la atención sobre un sistema en donde los ciudadanos tienen que aportar cerca de 36.000 millones a fondo perdido para el rescate de una entidad corrupta desde su fundación como es Bankia,mientras esta prosigue con su política de desahucios. Quién le iba a decir a los españoles,tan aleccionados durante décadas con la amenaza comunista, que no serian precisamente estos,sin los bancos los que finalmente les quitasen sus casas.

Todo parece diseñado para atar un sistema económico bipolar de corte socialista para las grandes esferas y de capitalismo de casino para el resto de los ciudadanos.Solamente se vislumbra una salida en la movilización social y la insumisión que organizaciones como la PAH ,los bomberos o diferentes agrupaciones judiciales han llevado a cabo denunciando la inviabilidad de un modelo económico en donde los mismos que nos aleccionan sobre la necesidad de hacer frente a la deuda pública,parecen obviar deliberadamente el hecho de que no parezca que nadie vaya a devolver los fondos que nos hemos visto obligados a aportar desde la ciudadania para evitar el colapso de un sistema moribundo.

Resulta más necesario que nunca un debate sobre el modelo social y económico en nuestro país, en donde se plantee si al igual que se nos pretende inculcar la sacralidad para el individuo de las obligaciones crediticias con las instituciones bancarias,debe ser responsabilidad de la ciudadania el exigir que estas aporten los fondos que se les han inyectado desde los estados para su saneamiento.Fondos que a todas luces parecen en la actualidad muy necesarios para lograr fomentar una red eficaz de vivienda pública o para crear nuevas ayudas económicas que permitan afrontar el pago de los alquileres a las personas más necesitadas.En definitiva,fondos que permitiesen lograr que ese artículo 47 de nuestra constitución garantizase finalmente una vivienda digna para todos los españoles.

kk


Autor: @SeijoDani

Un euro para la clase media

“…Cuando vinieron a llevarse a los judíos,
no protesté,
porque yo no era judío, 

Cuando vinieron a buscarme,
no había nadie más que pudiera protestar.”

Al igual que en el poema de Martin Niemöller, la pobreza y la desigualdad parecen avanzar en España sin que nadie levante la voz, al menos no lo suficiente. Mientras el número de millonarios creció en un 24% en nuestro país, hasta alcanzar las 465.000 personas, las cuales ya poseen casi el 60% de la riqueza de nuestro país, en el otro extremo de nuestra sociedad, más de 3M de personas se encuentran ya viviendo bajo el umbral de la pobreza extrema, es decir sobreviven día a día con menos de trescientos euros al mes. Situación ésta que lógicamente les impide tener acceso a los recursos que les garanticen unas condiciones mínimas de nutrición, salud o acceso a la vivienda. Pero esto no termina aquí, al rededor del 27% de los españoles; muchos de los cuales poseen un trabajo, se encuentran actualmente en serio riesgo de caer bajo el umbral de la pobreza relativa y al menos la mitad de los hogares españoles manifiestan serias dificultades para poder llegar a fin de mes. Situación ésta que hace plantearme: ¿puede considerarse realmente clase media a una familia que se ve sometida a privaciones en su consumo alimenticio, energético o de ocio para poder llegar a fin de mes?

Hemos considerado a España un país sustentado básicamente por la clase media o clase trabajadora, pero en estos tiempos de crisis, esta identidad se ve alterada y resulta más necesario que nunca distinguir entre ambas realidades. Ya que si uno atiende a diferentes estudios, nos encontrarnos con situaciones como que el 12% de los trabajadores españoles son pobres. Porcentaje que nos sitúa en este sentido, al nivel de países como Rumanía o Grecia. Países a los que sin duda en el imaginario colectivo, consideramos países pobres.

En España la realidad está cambiando al compás de la situación social de sus habitantes. Hemos pasado de ser un país de la Champions League, en donde gran parte de nosotros buscábamos a Curro en el Caribe cada verano, a llegar al final de Liga ajustándonos el cinturón y con la calefacción en muchos casos apagada durante el invierno para evitar el tan temido descenso. Un rápido trayecto del “todo va bien” a sufrir una de las mayores crisis estructurales de nuestra historia. Ya no somos el país del modelo AVE ni de la sanidad universal. Actualmente somos un país en donde se rescatan autopistas y se desmantelan hospitales; un país en donde los bancos reciben dinero público y las personas son expulsadas de sus casas si se demoran en el pago; un país en donde muchos niños reciben sus clases en barracones de obra, mientras nuestros políticos roban impunemente unos recursos muy necesarios. En definitiva, somos un país con más de 4,5M de parados y casi 12M de personas en exclusión social severa.

Hagamos en pequeño inciso llegados a este punto, y situémonos en el hipotético caso de que trasladar la situación social de nuestro país a nuestra propia realidad, fuese tan sencillo como el trasladar estos porcentajes de los que estamos hablando a un grupo de diez de nuestros amigos o conocidos. Pues bien, si estos diez amigos representasen la situación social de España en la actualidad, tan sólo uno de ellos podría ser considerado como clase alta o muy alta; tres de ellos pertenecerían a la tan consabida clase media y a otros cuatro les correspondería situarse en un baremo inferior de ésta; al parecer, misma clase media, eso si. Lo lograrían en principio, sufriendo serias dificultades para poder mantenerse en los hipotéticos baremos de la misma. Es más, de estos cuatro amigos a los que situamos dentro de la clase media, uno de ellos, puede que sin que nos percatemos en nuestro trato con el, se encuentra ya en serio riesgo de caer en la pobreza relativa. Pobreza ésta en la que ya se encuentran dos de nuestros conocidos. Uno de ellos incluso superándola para encontrarse ya inmerso el extremo de la pobreza absoluta, muy alejado ya de nuestro circulo social, apartado y con serias dificultades para poder incorporarse nuevamente en un futuro cercano al mismo.

¿Y qué hacemos como sociedad ante todo esto?, pues aparentemente poco la verdad. Es cierto que España es un país en gran medida solidario, en donde el índice solidaridad con organizaciones que se encargan de la atención a los colectivos más vulnerables ha aumentado desde el inicio de la crisis en torno a un 20% y que organizaciones como Cáritas o Cruz Roja siempre han recibido un amplio apoyo social en sus iniciativas, pero ésta no es la solución. Al menos no por si sola.

La solución pasa por identificar correctamente desde el estado las situaciones de pobreza. No podemos seguir considerando a esa mitad de los españoles que afirma llegar con dificultades a fin de mes como clase media, y seguir de esa forma imponiendo la mayor parte del peso de la carga impositiva sobre sus hombros. Las efectividad de la lucha en los avances sociales se basa principalmente en saber identificar correctamente la realidad social que nos ocupa, y si un ciudadano tiene serias dificultades para llegar a fin de mes, éste debe ser considerado como persona en riesgo de pobreza relativa y no como clase media. Admitamos de una vez el hundimiento de esta clase que las políticas actuales están provocando en nuestra sociedad, ya que cualquier otra interpretación de nuestra realidad social se trata meramente de literatura política barata que dificultará enormemente la recuperación de la misma.

La lucha contra la pobreza y la inversión social debe de suponer un objetivo principal de los gobiernos, estos deben ser los encargados de imponer un reparto más justo de la riqueza de nuestros país. Pero no nos engañemos, si como el viejo Castelao decía: “este continua siendo un país en donde la gente no pide, sino emigra”, pronto nos convertiremos en el único país de Europa en donde personas que se consideran de clase media, buscan a final de mes comida en un cubo de basura.  Nuestra única salida consiste en participar en la vida política y social de nuestro país, ni las urnas ni las plazas por sí solas revertirán esta tendencia a la desigualdad extrema en la que nos vemos inmersos. Movimientos sociales, alternativas políticas, cooperativas y las numerosas mareas de diferente índole que inundan las calles de nuestras ciudades, deben de suponer la punta de lanza de una corriente social que luche contra la pobreza en nuestro país. Caer en la pobreza no debe suponer un estigma social, sino un motivo más en la lucha por un sistema más justo.

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texto: @seijodani