Año Mariano

La comparecencia en la Audiencia Nacional del presidente del gobierno, Mariano Rajoy Brey, como testigo en el juicio por la primera época de la trama Gürtel; nombre este con el que se denomina a la red de corrupción vinculada al Partido Popular que ha sentado en el banquillo a decenas de empresarios y políticos disolutos, supone un paso más en el devenir judicial de la posiblemente mayor trama de corrupción política de nuestro país, además de marcar un punto y a aparte en la perversión del Partido Popular, así como en la decadencia moral del conjunto de nuestras instituciones. La histórica declaración del presidente de Gobierno como testigo en un juicio por la corrupción de su partido, supone sin duda un hito televisivo, una oportunidad para los grandes titulares, los pequeños artículos, como el que en este momento me dispongo a desarrollar y seguramente poco más, después de todo, nadie en su sano juicio podría esperar en España un varapalo judicial serio contra los mandamases del PP,  nadie excepto los más crédulos o inocentes con el sistema.

En una actuación perfectamente ajustada al derecho, en un país en donde las normas y las leyes han estado siempre moldeadas para castigar con mayor contundencia al robagallinas que al ladrón de guante blanco, el presidente del Tribunal, Ángel Hurtado, trastocó desde un primer momento toda posibilidad de sorpresa en el desarrollo de la jornada, cuando entre continuas interrupciones y oportunos vetos a preguntas consideradas como “no pertinentes”, logró facilitar en gran medida la defensa de un Mariano Rajoy, que si bien acudía a este juicio oficialmente como testigo, no pudo ocultar en un inicio los nervios propios de quien se sabe suspendido sobre un gran foso de corrupción política totalmente inasumible para un presidente del gobierno.

Pronto, el nerviosismo inicial dio paso a una plácida comparecencia marcada en la dirección por un Ángel Hurtado dispuesto a entorpecer la posibilidad de los abogados de indagar en matices o intentar que el testigo pudiese incurrir en alguna contradicción en sus declaraciones. Ante este devenir de los acontecimientos, Rajoy vaciló por momentos entre la amnesia propia de la familia real, haciendo gala en su declaración de los siempre útiles “no lo sé”, “no lo recuerdo”, “no me consta” y la aparentemente más elaborada estrategia de intentar separar la realidad económica y política de su partido. “Mi responsabilidad era política, no económica” o “Yo era un político y lo sigo siendo (…) eso no es tarea del presidente, sino de los servicios económicos”.

En apenas dos horas, el líder del Partido Popular, tuvo tiempo para negar conocimiento alguno sobre la financiación irregular del PP, los sobresueldos, las obras de su sede central o las cuentas A de su partido. “No tuve absolutamente ningún conocimiento (de la caja B). Mis responsabilidades son políticas, no de contabilidad”. Todo ello, pese a la insistencia del Partido Popular en la absoluta predisposición del presidente del Gobierno, para lograr esclarecer la responsabilidad política de su partido en los casos de corrupción; una falsa actitud de complacencia con la justicia que pronto se vino abajo, cuando haciendo uso de sus privilegios, el presidente del Gobierno decidió entrar a escondidas en la Audiencia Nacional intentando evitar el acoso de la prensa y de una gran parte de la ciudadanía, que se manifestaba en las cercanías dando muestra de su hartazgo con el lodazal de corrupción política en su partido.

Volvió entonces el Rajoy más burlón, el que con la inestimable ayuda de los abogados defensores se permitió una vez más recurrir; esta vez en sede judicial, a la posverdad, a la chulería parlamentaria, “Igual se ha confundido usted de testigo”, le recriminó al abogado de la asociación que logró que se le citase a declarar como testigo, y al pasotismo, “en el Partido Popular ha habido sus problemas y sus historias, como las ha habido, y muchas, en otras fuerzas políticas distintas“. A duras penas, el presidente del Gobierno logró abandonar la Audiencia Nacional evitando en cierta medida el componente mediático, en un proceso judicial por la trama Gürtel, en donde precisamente la prensa se ha encargado en más de una ocasión de ponerlo contra las cuerdas o más exactamente tras la pantalla de un plasma.

Pese a todo, resultará complicado para Mariano Rajoy salir airoso como presidente del Partido Popular, de un proceso que en gran medida engloba la contabilidad B de su partido  (una trama de recepción de donativos ilegales de constructoras y entrega de dinero negro a los dirigentes conservadores) que ha salpicado ya de una u otra forma a todos los niveles de su organización. El apelar al “yo no sé nada” y el desesperado aferramiento al poder, fruto de la inexplicable complacencia de PSOE y Ciudadanos, además de la inoperancia institucional de Unidos Podemos, suponen una excusa demasiado efímera para un presidente del Gobierno envuelto por incapaz o por complice, en la mayor trama de corrupción política de nuestro país. Un país que pese a todo continua sumido en la más absoluta docilidad frente a los desmanes de una clase dirigente que lo gobierna con impunidad cara al abismo.

“Lo siento mucho pero las cosas son como son y a veces no son como a uno le gustaría que fueran”

Mariano Rajoy Brey 

MARIANO RAJOY EN CANTABRIA

 

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¡La impunidad ha muerto¡ ¡Viva la República!

“El Rey es tan Jefe de Estado como soy yo. Sólo que yo he sido electo tres veces con 63 por ciento. Somos iguales, Jefes de Estado igual. Somos tan Jefes de Estado el indio Evo Morales como el rey Juan Carlos de Borbón y yo”

Hugo Chávez

Seguramente, poco podría imaginarse; en aquel verano de 2010, el fiscal Pedro Horrach, que entre la amalgama de documentos que recibía en su despacho, que en mayor o menor medida guardaban relación con el caso Palma Arena, se encontraban ocho folios, remitidos por la fundación  Illesport, que iban a destapar el mayor caso de corrupción de la monarquía española. El caso del Instituto Nóos, de Diego Torres, de Iñaki Urdangarin. Pero especialmente, un caso que terminaría, con toda una infanta de España, sentada en el banquillo de los acusados.

Un caso de adjudicaciones amañadas, de trabajos ficticios, precios desproporcionados y un desmedido ánimo de lucro, que llevaría a Don Iñaki y al que por aquel entonces era su socio Diego Torres, ha embolsarse cerca 4,5 millones de euros, por un trabajo, en el que el peso de la participación del yerno del rey, resultaba clave, para garantizar un flujo de dinero constante, cuya procedencia principal era la de las administraciones gobernadas por el Partido Popular. Nóos, supuso un entramado fraudulento, en el que los 18 acusados, terminaron sucumbiendo ante la tentación de asociarse con la imagen de la casa real, pese a las escandalosas irregularidades necesarias para ello.

El salto a la palestra del caso Nóos, supuso para la casa real española, encarar, la investigación y el posterior juicio, que terminaría por debilitar para siempre, esa imagen cándida y campechana de una monarquía, que en medio de una crisis sin precedentes para sus súbditos, se posicionaba claramente del lado de los que de una forma u otra, se habían aprovechado para su beneficio económico, de un sistema, del que la corona siempre se había congratulado de ayudar a crear. Con Aizoon SL bajo sospecha (Una sociedad compartida al 50% por Iñaki Urdangarin y la infanta Cristina) la justicia, ponía en la picota, a una monarquía, aparentemente, vinculada a un caso de corrupción política, en el que el peso de la institución, había sido utilizado como si de una mera marca comercial más se tratase.

La investigación, logró demostrar, de manera clara, el funcionamiento del entramado de empresas y sociedades pantalla; que Iñaki Urdangarin y su socio Diego Torres, habían levantado, con el objetivo de hacer desaparecer para la Hacienda pública, el dinero fruto de la corrupción en sus actividades. Ante la imposibilidad de negar los claros indicios que apuntaban a Iñaki Urdangarin, no se tardo demasiado desde la casa real, en tomar la decisión de convertir, al yerno del rey, en la última barrera de defensa de la monarquía. Una estrategia, en la que se invirtieron numerosos recursos, y cuyo único objetivo, era el de intentar evitar  que la investigación, pudiese salpicar en mayor medida a la propia monarquía. No en vano, el caso Nóos, amenazaba en aquel momento, con afectar de manera directa a la hija del por aquel entonces rey de España. En un ambiente, en el que objetivo de todos los focos, se encontraba precisamente, en lograr demostrar, la posible implicación de la infanta Cristina, con los negocios de su marido. Algo, que a tenor de la sentencia final del caso, ha resultado; por un motivo o por otro, imposible para la acusación .

Con un sonoro murmullo político de fondo, y una fiscalía que en ocasiones ha bordeado una línea de actuación, más propia de la defensa de la infanta Cristina. La justicia, se ha mostrado incapaz, pese a los claros indicios, de demostrar la participación de Cristina de Borbón, como cooperadora necesaria en el delito fiscal cometido por su marido. Delito, que ha sido el único por el que doña Cristina, ha terminado sentada finalmente en el banquillo. No así, por los delitos de malversación, prevaricación o falsedades. Cabe recordar, que legalmente, la infanta, nunca ha tenido obligación alguna de denunciar a su marido, pese a que pudiese haber tenido conocimiento de las actividades ilícitas realizadas por el mismo. No cabría por tanto, pese al revuelo informativo, exigir responsabilidades en ese sentido, más allá de las que se le pudieran reclamar moral y socialmente a un miembro de la familia real que dice representar al conjunto de los españoles.

Parece obvio, a tenor del elevado tren de vida de la pareja, que Doña Cristina, sí debió de reconocer en su día a día, claros indicios de la extraña actividad económica de su marido. Del mismo modo, que la capacidad de la infanta para disponer de los fondos de Aizoon, en donde se depositaban los beneficios fraudulentos de don Iñaki, apuntan de una manera clara, a una cierta responsabilidad en toda la trama, por parte de la hermana del actual rey. Una responsabilidad, que los correos destapados por  Diego Torres, extienden a su vez a nuevos ámbitos de la corona, dejando entrever, un claro conocimiento por parte del entorno de casa real, acerca de las actividades de Iñaki Urdangarin. Conocimiento, que desmonta totalmente, la fachada de una monarquía sorprendida por los tejemanejes del que hasta aquel entonces parecía el yerno ideal. La figura de Carlos García Revenga, secretario de las infantas, supone sin duda, uno de los vínculos claros entre la casa real y don Iñaki Urdangarin. El propio rey emérito, se vería salpicado por los mensajes destapados por Diego Torres, en donde las conversaciones con Corinna Sayn-Wittgenstein; supuesta amante del don Juan Carlos, parecen apuntar de manera directa a la aparente participación del rey en los negocios de don Iñaki Urdangarín, al menos como la figura, que nunca impidió que su nombre, y la reputación de la corona, fuese puesta al servicio de todo el entramado corrupto.

Con la absolución de Cristina de Borbón y la condena a Iñaki Urdangarin a un total de 6 años y 3 meses, la monarquía se encuentra ante la necesidad de hacer del marido de la infanta, un caso ejemplarizante, que evite; si todavía resulta posible, la sensación de la existencia de un justicia de dos sensibilidades, y dos velocidades en España.

Más allá de las sentencias judiciales y las responsabilidades penales, el proceso del caso Nóos, ha terminado destapando una dura realidad, para todos aquellos, que hasta hoy, creían en el sentido de una monarquía al servicio de los españoles. Las presiones ejercidas, en el entorno judicial y mediático, con la clara intencionalidad de alejar en la medida de lo posible a la infanta de las responsabilidades judiciales, han evidenciado a una corona muy alejada de los modelos de transparencia que desde la población se han venido exigiendo, ante el hartazgo de una corrupción ya endémica en el país. La corona, ha terminado de mostrarse al pueblo, como una institución, incapaz de reconocer sus propios errores. Un ente independiente del devenir democrático de nuestro país, incapaz de acomodarse a los cambios sociales pertinentes, al encontrarse totalmente inmersa en la firme tarea de apuntalar su propia supervivencia. Quién sabe, si por inoperancia o por mera impotencia, ante los posibles escándalos que una lupa parlamentaria podría hacer saltar a la opinión pública. La actuación de la casa real, ha continuado en una línea aislacionista, intentando dirimir en un proceso interno de reprimendas reales, lo que debería haberse convertido, en una clara oportunidad, para demostrar que ni tan siquiera la corona debe escaparse al ejercicio de la justicia.

El caso Nóos, nos deja a una infanta, absuelta por su supuesta ignorancia personal y política, y a todo un cuñado del actual rey de España, condenado por corrupción. Todo ello, parece gestar una extraña sensación propia del inicio del fin de un ciclo. ¡La impunidad ha muerto¡ ¡Viva la República!

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Autor: @SeijoDani

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental.

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La pasión turca

“La diferencia entre una democracia y una dictadura consiste en que en la democracia puedes votar antes de obedecer las órdenes.”

Charles Bukowski

No hace demasiado tiempo, mencionar a Recep Tayyip Erdogan, suponía en Occidente, nombrar la esperanza de un islam democrático. Al menos, la de un islam democrático a nuestra imagen y semejanza. Imagen, que nunca nos hemos parado a pensar, pudiese suponer un corsé demasiado apretado, para un cuerpo político y social que por mucho que lo intentemos, no corresponde al nuestro.

La llegada de Erdogan al poder, se produce en el contexto de una Turquía cansada de ser un estado entre dos aguas. Cansada del poder del ejercito y de la secularización, que enmascara la identidad de muchos de sus ciudadanos, bajo un manto de palpable clandestinidad y radicalización. La llegada  al poder de Erdogan, supone una opción ante lo insustancial de la memoria de un imperio que ya no existe, de un pasado glorioso, pero pasado al fin y al cabo. La única alternativa viable para el cambio, en un país en donde tras el golpe de Estado de 1980, la izquierda pareciese haber pasado a ser patrimonio exclusivamente kurdo.

El islamismo de Tayyip Erdogan, se dibujaba en la línea del liberalismo económico y el ferviente anticomunismo. Una concepción política y religiosa, alejada de las versiones más radicales del islam, pero suficiente, para que en la Turquía secular protegida por el ejercito, esto fuese visto como una seria amenaza al orden establecido. Erdogan sufrió en sus propias carnes la persecución política, la muerte de compañeros de partido en atentados diseñados para amedentrarlo e incluso la cárcel, donde pasaría diez meses, tras compartir un poema de carácter islámico. Irónicamente, en una Turquía de signo diferente, también sería la poesía, en este caso un poema crítico con la gestión de Erdogan, la que llevase a la modelo Merve Buyuksarac a prisión.

La historia y una profunda crisis económica, daría en 2002 el poder a Erdogan, gracias a un casi recién fundado, Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) que contra lo esperado por muchos conseguía una mayoría absoluta para un partido islámico, de corte conservador y centrista en su planteamiento. Pero en definitiva, un partido islámico, se hacía con el poder en un país en el que a su ejercito, nunca le había temblado la mano para disuadir el avance religioso en las instituciones.

La cerrazón del ejercito a la influencia religiosa y las continuas trabas a la participación política, impuestas por los numeroso golpes de estado, había volcado el deseo de cambio de la sociedad civil turca en las cofradías y hermandades islámicas. Esto propicio el caldo de cultivo perfecto, para la difusión de una doctrina que podríamos denominar como “liberalismo islámico” en la que personajes como Fetulá Gülen, ayudaron a crear una élite religiosa, capaz de ocupar numerosos cargos en las instituciones de poder del estado, sintetizando un marcado carácter religioso conservador, con los valores propios de las democracia liberal capitalista. Con su llegada al poder en 2002, los cuadros gülenistas sirvieron a Erdogan, para llevar a cabo una venganza contra el nacionalismo laico, en forma de purgas sistemáticas en la Judicatura, el ejercito o el funcionariado. El juicio del Ergenekon y especialmente la reforma constitucional de 2010, ponían punto y final a la visión del AKP, como un punto de encuentro entre democracia e islam. Gestos como la presencia del idioma kurdo en televisión, el alto el fuego con el PKK o la apertura oficial de negociaciones con la Unión Europea para su futura adhesión, pronto dan paso a la persecución política de la fuerte oposición kurda, la violencia sexual contra las activistas antigubernamentales o el mercadeo de los Derechos Humanos con Europa demasiado encerrada en sí mima, como para poner trabas ala construcción de un nuevo sultanato a sus puertas. Las privatizaciones, los recortes, así como las mayores garantías para  las multinacionales, parecen garantizar a Erdogan la convivencia con Occidente, la sharía y el capital suponen los cimientos de una nueva Turquía.

La reforma del ejercito y la mayor presencia de la religión en el día a día de Turquía, tensaron la cuerda en un país, en donde el uso del velo en las universidades, las restricciones al alcohol, la preponderancia de la religión en los estudios o el crecimiento vertiginoso del número de mezquitas, vinieron acompañados de un crecimiento paralelo de la corrupción y la concentración de poder en el estado. Tayyip Erdogan, se veía cercado por numerosos casos de corrupción que habían llevado a una fuerte reestructuración del Gobierno y que ahora, lo amenazaban directamente. Erdogan había convertido su voz, en mandato. El presidente que había llegado al poder, tras recorrer las calles de su país, se parapetaba de sus propias aspiraciones, tras los muros de su fastuoso palacio en Ankara. Un búnker físico e ideológico, desde el que poder dirigir el cambio de un sistema parlamentario a una república presidencialista, que todo parece indicar, puede suponer tan solo la mera fachada de una dictadura de facto. Cualquier síntoma de disidencia en Turquía, es perseguido y eliminado, desde la revuelta que tomó el parque de Gezi, hasta la oposición parlamentaria, pasando por periodistas o miembros del propio AKP, la discrepancia con las decisiones del sultán turco, se paga cara. EL terrorismo, la guerra interna, el conflicto sirio o el reciente golpe de estado, han sido oportunidades aprovechadas por Erdogan, para hacer política desde el caos.

La censura y las purgas, no pueden ocultar la sensación de un país polarizado. Turquía se ve atrapada en el juego de un sátrapa, obsesionado con recobrar una antigua grandeza que puede sin embargo provocar, la caída en desgracia definitiva de un gobernante y de un estado que no supo ser consciente de sus propios límites. El mismo Erdogan que utilizó a Fethullah Gülen, para  llegar al poder y abandonarlo cuando fue preciso, el que vio en el islam un medio para conseguir el apoyo social necesario para llevar adelante sus reformas institucionales y el trilero que supo hipnotizar a la UE, se encuentra ahora inmerso en una dinámica interna, extremadamente peligrosa de radicalización religiosa y en una situación exterior más débil que nunca, ante un doble juego con la OTAN y Rusia, con Siria de fondo. Comienzan a terminarse los comodines de la baraja del sultán turco, mientras la huída sin retorno del autoritarismo más descarnado, comienza a despejarse como la única opción de autoridad, para un país que en algún momento, quiso recobrar su protagonismo internacional.

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Autor: @SeijoDani

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Arrivederci Europa

La sombra de la desesperación y el fanatismo, vuelve a recorrer Europa, al tiempo que unas instituciones demasiado identificadas con las estructuras económicas, pero a su vez muy alejadas de la unificación política y social, comienzan a sufrir en las urnas, los primeros embistes fruto de su manifiesta incapacidad para lograr conectar con una población que ha visto en el castigo a la propia Unión, una forma mayor de sanción al modelo liberal y a las políticas que rigen la Eurozona desde el inicio de la crisis en 2008.

Matteo Renzi, la supuesta esperanza europea y  quién llegó a ser presidente de Italia sin que para ello mediase un solo voto, se ha convertido en la última víctima política de una Europa en franca decadencia. Una Unión Europea envejecida en sus planteamientos económicos, y a su vez, demasiado inmadura políticamente como para lograr dibujar una alternativa a su propio colapso. La dimisión del Primer Ministro Italiano tras su fracaso en el referéndum para la reforma constitucional, se suma a la reciente realidad del Brexit y al auge de la extrema derecha en todo el continente, como una seria amenaza a la cohesión europea y al proyecto común en si mismo.

El resultado de la consulta y la dimisión de Matteo Renzi, dejan a Italia y a la propia Europa, sumidas en un largo ‘impasse‘ político, en donde de nuevo la tentación de evitar la consulta al pueblo, parece presentarse como la principal opción para unos dirigentes únicamente empeñados, en salvaguardar su proyecto económico por encima  de cualquier otra realidad.

Parecen ignorar en los despachos europeos, la posibilidad de que tras la ruptura de la Unión, pueda suceder la eventualidad de que el castigo a los modelos políticos tradicionales, no cese con el fin de proyecto político común europeo. El peligro seguirá acechando a cada región, en los populismos de Beppe Grillo, el fanatismo de Nikos Michaloliakos, la reminiscencias de Frauke Petry o la inminente realidad de gobierno de personajes como Norbert Hofer o Jean-Marie Le Pen.

El absurdo de entender los resultados en Reino Unido o Italia, únicamente como una anomalía puntual o como una negativa holística a una Europa unida, resulta peligroso no solo para el proyecto de la Unión Europea, sino para el futuro del continente en sí mismo. Tras el fracaso en las urnas de las diferentes opciones respaldadas por la Unión, se encuentran realidades como la crisis migratoria y su integración, la clara decadencia del capitalismo de mercado y su efecto sobre las diferentes capas sociales, el resurgir de las identidades nacionales o la acuciante necesidad de un pacto generacional en una Europa demasiada envejecida para poder permitirse el repliegue sobre sí misma.

Existen alternativas al fracaso del proyecto europeo, países como España o Grecia trazaron en su momento, salidas alejadas del fanatismo político y el euroescepticismo. Existía una alternativa europeísta y antiliberal, pero nunca quisieron escucharla. TsiprasVaroufakis o Pablo Iglesias, siempre supusieron un enemigo mayor para las élites europeas que los propios postulados de Marine Le pen o Nigel Farage.

Persecución al colectivo homosexual, islamofobia, racismo, demencia política, corrupción, guerra, belicismo, pobreza

Pruebas de la actual realidad europea y del inmovilismo de su política común, que dejan claro que esto nunca se ha tratado de una salida digna para Europa y para sus ciudadanos, sino tan solo de una nueva y brillante oportunidad de mercado.

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Autor: @SeijoDani

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Muerte entre las flores

El que tiene mala memoria se ahorra muchos remordimientos.

John Osborne

Acuamed, Baltar, Gürtel, Cooperación, Fabra, Brugal, Taula…una larga enumeración de casos de corrupción que se prolonga, hasta completar la ominosa cifra de 31 tramas investigadas, con más de 500 imputados en las filas del Partido Popular. Unos nombres, pertenecientes a tramas de corrupción, ya enquistadas en la realidad de una formación política que gobierna nuestro país; pese a ello, con el apoyo de gran parte de la ciudadanía. Al menos, con el de una base de votantes, que se mantiene fiel pese a los continuos desengaños de quienes dicen representarlos en las instituciones.

Si bien pudiese parecer a tenor de los resultados electorales, que vivimos en un país en el que la corrupción no pasa factura a las distintas formaciones políticas. Un vistazo en profundidad a la realidad de esas mismas formaciones, comienza a revelarnos lo incorrecto de una afirmación tan extendida. Si bien es cierto que en la realidad inmediata, el castigo es laxo y los votantes parecen guiarse en gran medida, por sentimientos de pertenencia a una formación política o por el miedo que las alternativas a dichas formaciones, parecen todavía provocar en el electorado. El germen de la corrupción es un parasito que se incrusta, en un principio no tanto en las urnas, sino en la dinámica de los propios partidos.

El político corrupto, ha supuesto una figura totémica en la política del partido, un símbolo aglutinador de las practicas de un colectivo, sobre el que se estructuraban las relaciones de poder de toda una formación. Una guía del bien y del mal, superior a la ética o al propio poder judicial. Cuando uno pasa a formar parte de un entramado como el del caso Taula, en donde quién ha estado 23 años en la alcaldía de Valencia, parece desenvolverse con idéntica soltura, entre el pitufeo interno de su partido que en los pasillos de las instituciones, el límite entre lo moralmente reprobable y lo aceptable, parece diluirse ante la percepción de un bien mayor, el del partido. El mismo bien mayor, por el que cuando salen a la luz los casos de corrupción del partido, enseguida comienzan a resonar los tambores en la plaza, se prepara la comunión para los implicados y la guillotina se engrasa a la espera de un minucioso análisis de riesgos. Tan solo el conocimiento puede salvar al corrupto. Tanto conoces, tanto vales. Es la realidad en un mundo, en donde el secretismo y los favores políticos, se confunden con una supuesta lealtad a la formación de cara a los medios.

Son muchos, los falsos ídolos caídos en la política en España, pero quizás ninguno represente tan bien la doble moral de éste juego, como lo ha hecho la figura de Rita Barberá. Quién lo fue todo en la política valenciana del Partido Popular y quién ayudo a aupar al Mariano Rajoy al cargo que hoy ocupa, vio como ante la amenaza de la corrupción, sus supuestas amistades y con ellas el partido en sí mismo, no dudaron ni por un instante, en aplicar a su figura, la cuarentena propia de la política de tierra quemada.

No quedó tras la caída electoral y judicial de la eterna alcaldesa, nada tras de sí. Quienes hasta ese momento la habían arropado en su partido, la abandonaron y poca amabilidad podía esperar, y seguramente esperaba, Barberá por parte de quienes hasta ese momento había sometido a una oposición perseguida durante su mandato. Vivió Rita Barberá en sus propias carnes la caída de un símbolo y la soledad que le sigue. Arrojada al ostracismo de quienes tienen demasiado que callar para ser públicamente crucificados, pero han dejado escapar lo suficiente, como para poder continuar en la élite de la tribu. Rita Barberá pasó sus últimos días intentando adaptarse a un papel complicado, el de desterrada. Desterrada de una formación que había ayudado a levantar y en la que ahora las nuevas generaciones no tenían ningún reparo en mostrarla como una paria, un ejemplo de lo que ese partido, nunca debería ser.

Tras su muerte, Rafael Hernando y con él, su partido, han blandido de nuevo la figura de Rita Barberá, como símbolo de injusticia, para intentar con ello, no solo tirar por tierra los escasos avances en materia de lucha política contra la corrupción, en un país en donde han sido saqueados por la misma, más de 7.500 millones de euros, sino a su vez y aprovechando la conmoción propia de un fallecimiento (Algo a mi parecer propio del carroñerismo más rastrero) lanzar una ofensiva contra todo aquello que pudiese ser considerado disidencia, sea ésta interna o externa.

Las injurias son las razones de los que tienen culpa.

Jean Jacques Rousseau

Tras apartar, sino exiliar de la vida política a quién fuese máxima representante del partido en Valencia, Rafa Hernando como Consigliere de la tribu, pronto comenzó una política de propaganda, como siempre encaminada a proteger el bien mayor, recordemos: el partido. Ya no era Rita Barberá una paria, sino una mártir, y tampoco era la higiene democrática lo que había llevado al PP a su confinamiento en el grupo mixto del senado, sino las ansias de protección frente a una horda de medios de comunicación que exigían responsabilidades a quién por otra parte, entre otros muchos, debía asumirlas. Olvida Rafa Hernando en su campaña de depuración las hemerotecas, las olvida o simplemente no quiere hacer caso de ellas. En su afán por pasar factura no solo a los medios, sino también a los nuevos cargos, que desde dentro del Partido Popular, quisieron renegar de las viejas prácticas y sus grandes exponentes en partido, el portavoz del PP, es plenamente consciente de formar parte de una formación sin militancia, al menos sin una con la suficiente fuerza en su voz, como para poder suponer un cisma en la reacción ante tales acusaciones. No existirá el debate formal acerca de las reprimendas moralizantes que desde su tribuna lanza el orador Hernando, como tampoco existirá quien pida explicaciones acerca de los motivos que llevaban al presidente del gobierno, Mariano Rajoy, a mantener el contacto con una imputada por un supuesto caso de corrupción, como lo era la señora Barberá.

Pretenden desde el PP verter un rastro de culpabilidad sobre quienes tan solo informaron de su desfachatez, de sus corruptelas. Pretende Rafa Hernando y su partido dar macha atrás en sus ya escasos movimientos contra la corrupción, convenciéndonos de que la muerte de Rita Barberá ha supuesto un claro ejemplo de las consecuencias de la extralimitación mediática.

Desconozco las causas que han llevado al corazón de la señora Barberá a no soportar más el peso de la vida, desconozco las mismas y fuesen cuales fuesen lamento la perdida de su familia. Ninguna muerte debe suponer un alivio para quién dice amar la vida. Desconozco la causa de su muerte y no por ello, me veo condenado de alguna manera a obviar los errores de su vida. Pretenden desde el Partido Popular, hacer borrón y cuenta nueva, silenciar la voz de la justicia, pretenden desde el PP convenceros de nuestra implicación en una muerte, en la que de existir responsabilidades, se asemejarían más a las de una muerte entre las flores.

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Autor: @SeijoDani

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental. 

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Por la boca muere el pez

Ha caído Ramón Espinar víctima de las exigencias de su discurso y de la propia dinámica de su partido. Poco podía imaginar el portavoz de Podemos en la asamblea de Madrid que cuando en 2007 tomaba la decisión de adquirir una vivienda protegida, los ojos de media España, terminarían también interesados en dicha propiedad.

Si algo ha caracterizado desde sus inicios a la formación que lidera Pablo Iglesias, es un discurso político con una marcada ética en lo social y en lo económico. No en vano, desde un principio, Podemos cimentó su campaña en una nueva política transparente y cercana, totalmente alejada de las malas praxis y las corruptelas de los viejos líderes. Sus dirigentes representaban ante la ciudadanía, una última esperanza de cambio, de renovación, esperanza que traía votos, pero también con ellos una gran responsabilidad sobre la formación de izquierdas.

Si uno simplemente se detiene a observa la cantidad por las que muchos están tildando a Espinar de corrupto, algo menos de 30000 euros, tales afirmaciones deberían de considerarse poco menos que ridículas en un país en donde tramas como la Gürtel, Filesa o Los ERE, han acostumbrado al español medio a cifras mareantes que poco o nada tienen que ver con el escaso beneficio que el joven Espinar pudo haber obtenido de la venta del que por aquel entonces era su inmueble. Pero pese a que desde los medios afines a la derecha se empeñen en tratarlo como tal, no se trata éste de un caso de corrupción, sino de algo mucho más importante y primigenio que todo eso: se trata de coherencia y ética.

Puede que efectivamente, Ramón Espinar estuviese en su derecho de vender una vivienda pública y con ello obtener un beneficio, al igual que la mayor parte de los bancos y cajas de nuestro país estaban en su derecho, cuando desatendiendo a todo resquicio de humanidad, desahuciaban a miles de españoles, dejando sus viviendas vacías, precisamente por el simple hecho de poder hacerlo. No debería Espinar escudarse ante propia conveniencia, en las reglas de un juego que dice aspira a cambiar. Al igual que no debería haber sido necesario ningún Cebrián, ni ningún medio de comunicación, para que el portavoz de Podemos hubiese podido sacar a la luz un caso como el que nos ocupa. Ocasiones para ello, sin duda no han faltado durante los últimos meses de su ajetreada vida política.

Se escudan en Podemos en una ya poco misteriosa máquina del fango, para defenderse de unos ataque que ellos mismos han provocado desde sus inicios en cada discurso. Sería de una inocencia mayúscula, por parte de la formación morada, postularse como alternativa a décadas de corrupción con un discurso ciertamente agresivo, creyendo al mismo tiempo que los focos de esos medios que ellos mismos califican como del régimen, no se dirigirían inmediatamente a la búsqueda de cualquier contradicción entre el discurso y las prácticas de los miembros de su formación. Ciertamente las contradicciones y el fango, se encontraban ya en el hogar de Espinar, mucho antes de que el grupo Prisa pudiese tener interés alguno por zancadillearlo en la carrera política para liderar a su formación en Madird.

Cayó Ramón Espinar víctima de su pasado y de su propio discurso, en un país en donde reina la corrupción, pero que siempre ha gustado castigar con especial entusiasmo, la pillería del robagallinas. 

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Autor: @SeijoDani

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental. 

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La historia nos absolverá

Ha ganado la táctica de ocultar a su propio partido, ha ganado el ruido desde Madrid, ha ganado el miedo frente a las propuestas. En Galicia, ha ganado el Partido Popular y su candidato, aunque probablemente, no hayan ganado todos los que si han votado al PP.

Con unas elecciones  de nuevo a caballo entre Madrid y Santiago, el Partido Popular ha vuelto a aprovechar a la perfección, el ruido de la precampaña en los partidos de izquierda y un miedo, el del bloqueo institucional, que ese mismo ruido se ha encargado de amplificar y hacerlo sobrevolar sobre un hipotético pacto entre las formaciones de izquierda, que si bien parecía respaldado desde las agrupaciones gallegas, corría en la mentalidad popular, el serio peligro de verse embarrado en una nueva investidura eterna por el a priori necesario visto bueno desde Ferraz y Princesa.

Con un Feijóo ya acostumbrado a lidiar con las acusaciones que desde la oposición, apuntan a su huída a la política estatal. El PP ha decidió postergar sus cada día más evidentes luchas internas, para con un perfil de marca intencionadamente bajo, lograr revalidar en Galicia sus 41 escaños y con ellos, una mayoría absoluta que refuerza al candidato por ahora gallego y debilitan tremendamente tanto a las propuestas de izquierdas, como a un partido, Ciudadanos, aparentemente condenado a la deriva Díez en su intento de consolidarse como alternativa en el ala derecha de la política española.

Recibe un duro golpe la izquierda, y lo hace fruto de una campaña tremendamente inoportuna para el calendario del debate ideológico que a esta le ocupa. Llegaron las elecciones gallegas en pleno pulso identitario entre el carácter propio de las mareas y la inercia aglutinadora de Podemos, como lo hicieron también con un PSOE  inmerso en su particular “perestroika” y un BNG, que una vez más y pese a los cismas internos, ha demostrado con su campaña que nada tiene que ver la salud ideológica de un partido, con su salud electoral.

Llego la izquierda a las urnas en Galicia con una idea clara de lo que se quería cambiar: la inherente injusticia del sistema y especialmente la gestión que de ese sistema se llevaba a cabo desde el PP, pero también lo hacía inmersa en pleno proceso de deliberación sobre las formas de hacerlo y muy especialmente sobre cual iba a ser su alternativa.

No nos malinterpretemos, nada malo existe en el debate, siempre y cuando este se produzca en los tiempos y las formas adecuadas. Lo que no ha parecido suceder en el caso que nos ocupa, atendiendo a los numerosos titulares que en plena recta final de campaña han surgido a raíz de la guerra entre Sánchez y sus varones o Pablo iglesias e Ínigo Errejón. Si el PP decidió aparcar sus diferencias durante la campaña, la izquierda de nuevo comenzó la revolución, antes de finalizar la guerra.

Ha ganado el PP y lo ha hecho pese a la corrupción de sus dirigentes y la política de tierra quemada en sectores como el lácteo, el cerco o la agricultura. Gana el PP en una tierra que como decía el más ilustre de los gallegos, Alfonso Daniel Rodríguez Castelao, está más acostumbrada a emigrar que a pedir. Una tierra con demasiados partidos y escasos movimientos sociales o cooperativas, en donde curiosamente se puede cambiar con mayor facilidad el signo de un voto con las políticas de los pequeños ayuntamientos que con las grandes infraestructuras. Y es que lo del caciquismo en Galicia daría para un aparte, sin duda, resultaría curiosa la presencia de observadores internacionales en nuestros colegios electorales, pero eso no va a suceder, cosas de formar parte del imperio aunque sea en sus provincias más olvidadas. Gana el PP de los recortes, de la corrupción y la precariedad, un partido afanado por marginar o idioma aunque para eso tenga que llevarse también por delante su sabia, encarnada en lo rural y todo lo que en torno a el gira.

Gana la derecha y puede que no por sus propios méritos. Han pasado ya 25 años sin que desde el seno de la izquierda, se haya logrado articular una alternativa clara al modelo de capitalismo de casino en el que nos vemos inmersos como realidad casi global. La izquierda  y especialmente el socialismo europeo, permanece todavía en estado de letargo, tras el intenso golpe que supuso la caída del muro y la imposición del dogma neoliberal. No hemos sabido plantear una alternativa al actual modelo que no solo embelesase al votante tradicional, sino que atrajese a una abstención que sin duda lleva camino de convertirse en la verdadera batalla política de la izquierda de nuestro siglo, más allá de las quimeras del centro tan rentables en sus planteamientos ideológicos para la derecha.

Es necesario profundizar en el debate interno de las diferentes formaciones sin temor a la ruptura, es tiempo de lograr confrontar diferentes visiones dentro de un mismo Frente Amplio de izquierdas. Tiempo de debate, de coloquios y movimientos sociales. Es tiempo de recuperar las calles y desafiar a las injusticias también en los parlamentos, resulta necesario hacer ver a la población que el estado de las cosas no se corresponde a una crisis pasajera, sino a un estadio más de un modelo de sociedad que ve en la clase obrera y su condición de vida, un medio y no un fin en si mismo. No existe una salida a la crisis si no existe un modelo alternativo de sociedad y es ahí en donde debe residir nuestro proyecto, no una especie de buena gestión de las injusticias del sistema como paliativo de una situación insostenible.

Son tiempos de cambio y esta derrota tan solo retrasa cuatro años el asalto al cielo de un proyecto que debe ser a largo plazo y que debe cimentarse en votantes conscientes de la necesidad de su actividad y formación política. La alternativa, supondría sin duda la vuelta a las escisiones en formaciones más débiles y la lucha política por el acceso a los sillones.

Son muchos los que opinan que la indignación se canalizó por primera vez en la política gallega. Hoy, una vea más y pese al duro golpe, depende de la izquierda gallega, construir un marco solido para que sea también aquí en donde al fin se materialice su alternativa.

 

«¡Ése es el pueblo, el que sufre todas las desdichas y es por tanto capaz de pelear con todo el coraje! A ese pueblo, cuyos caminos de angustias están empedrados de engaños y falsas promesas, no le íbamos a decir: “Te vamos a dar”, sino: “¡Aquí tienes, lucha ahora con todas tus fuerzas para que sean tuyas la libertad y la felicidad!”

Fidel Castro Ruz, La Historia me absolverá

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Autor: @SeijoDani

 

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental. 

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El capità Barberá

Hoy le ha tocado de nuevo a Rita Barberá, pero bien podía haber sido Fabra, Álvaro Lapuerta, Matas o cualquier otro nombre político el que saliese de la profunda chistera de la corrupción en Génova. Después de todo, tras años acostumbrándonos a encadenar caso de corrupción tras caso de corrupción en el seno del Partido Popular; comienzo a sospechar, que es tan solo nuestro propio pánico a continuar mirando hacia arriba, el que nos impide ver un nexo tras cada nombre en una ya muy larga lista de casos salpicados en un mismo partido.

Pero en los noticiarios de hoy, es la que fuera ama y señora de Valencia; la eterna alcaldesa, quién ocupa todas las portadas y cabeceras de los medios. Minutos y horas, dedicadas a  escrutar la vida y obra de la veterana dirigente valenciana, sin que nadie parezca tener gran interés, en poner de manifiesto la relación entre la implicación de Barberá en un caso de blanqueo de capitales en el PP del ayuntamiento de Valencia; y la que sin duda, podemos calificar de maravillosa relación hasta ahora entre la ex alcaldesa y la florinata de la cúpula popular, así como con gran parte del empresariado valenciano más afín a la derecha. Pareciese como si ante unos indicios demasiado obvios de podredumbre del propio sistema, nos conformásemos de nuevo con apuntar simplemente una serie de nombres contra los que descargar momentáneamente nuestra ira.

Y es que no nos equivoquemos, Rita Barberá no supone para la corrupción en España mucho más que una funcionaria demasiado acrecentada. Otra modesta ficha, por momentos subida en un Ferrari, en un juego mucho más complejo de lo que ella misma podría imaginar y sin duda el ejemplo más claro de un gobierno sátrapa, el de Partido Popular Valenciano, que alimento durante años con circos y redes clientelares a un sistema mucho más profundo que permitió a unos pocos garantizarse el beneficio privado de los bienes públicos y el cual sigue oculto tras la inmensa maraña de nombres mediáticos y eternas causas judiciales.

Pero después de todo, no saquemos conclusiones equivocadas en este pequeño análisis del caso Taula y la situación de la señora Barberá. Nadie pretende negar la importancia de la imputación de la que fuera alcaldesa de Valencia y afiliada número tres del Partido Popular. Estoy seguro de que pocos sitios serán más recogidos que la cárcel para que Rita profundice en la lectura de Gramsci. Tampoco podemos dejar pasar por alto el silencio complice o en el peor de los casos temeroso de gran parte de los altos cargos del Partido Popular ante esta causa, con un Rajoy de nuevo en su versión más huidiza, rescatando incluso el plasma para sus apariciones en Galicia, y con un equipo de prensa todavía inmerso entre el ajetreo y la saturación por el reciente caso Soria, tan solo parece quedarles ya en el Partido Popular, una de esas extravagantes invocaciones a lo oportuno de los testigos desaparecidos o los discos duros destruidos a martillazos, para que de nuevo todo parezca diluirse entre la inmediatez de la prensa y la amnesia ante la saturación informativa de gran parte del electorado. 

El caso Taula supone en definitiva en nuestro país una nueva cara para una dinámica ya demasiado habitual: un caso de corrupción, cantidades obscenas de dinero negro y tan solo un puñado de nombres en todos los titulares. Una simplificación de la realidad de la corrupción tan absurda, como sin duda efectiva para quienes se encuentran al frente del sistema.

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Autor: @SeijoDani

 

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Juegos de trileros

Termina el verano, y con el regresamos los españoles de las vacaciones con la sensación de volver a ese eterno día de la marmota que supone ya la política en nuestro país. Regresamos a las declaraciones en los pasillos, a las ruedas de prensa y a esos platós de los mass media, en donde los debates siempre parecen alargarse, sin que parezcan aportar nada.

Regresamos al desgobierno en funciones y con ello a la tutela de Europa y de los mercados; si es que alguna vez nos habían dejado, al paro, a la corrupción y especialmente regresamos al miedo a unas nuevas elecciones. Una amenaza que pareciera cobrar una desmedida virulencia en un país que ha estado, en su pasado, 37 años sin celebrar unas elecciones libres, y en donde la clase obrera ha llegado a temer más a unos comicios que a la propia continuidad de las políticas de la precariedad y los recortes. Puede que mucha de esa animadversión repentina a los comicios, encuentre su explicación en la única alternativa que se ha planteado hasta ahora desde los partidos a las urnas. Alternativa en  forma de pactos de trileros entre partidos, en donde las promesas parecen ser gratuitas y apenas encuentran ya repercusión entre las esperanzas de los españoles.

Y es en medio de todo este eterno despertar político en el que se ha convertido nuestra existencia, en donde parece cobrar especial protagonismo un nuevo pacto, ésta vez entre Ciudadanos y Partido Popular, que en la búsqueda de su particular ménage a trois de gobierno con el PSOE, han decidido presionar al partido de Pedro Sánchez con un acuerdo en donde la formación naranja plantea combatir la corrupción de los populares, tras pasar un documento de condiciones innegociables, por el visto bueno de un comité ejecutivo, el del PP, en donde todavía hoy, permanecen Carmen Navarro, Ana Mato o Rita Barbera, entre otros tantos nombres encargados, al parecer, de supervisar  el cambio político de nuestro país.

 

Triste camino el de un partido como Ciudadanos que hoy pacta con el PSOE y mañana con el PP, variando para ello si es preciso, en donde sea, sus postulados y el de un Partido Popular que por sorprendente que parezca tras 30 años de democracia, sigue sin entender que ser el partido más votado en las elecciones de un sistema parlamentario, no supone una carta blanca a la hora de formar gobierno. Un pacto entre naranjas y populares que parece pretender solapar con nuevas promesas de cambio, lo que hace ya tiempo, deberían ser responsabilidades políticas para un partido que ha gobernado España infestado por la corrupción, y que si nada cambia, parece dispuesto a volver  a hacerlo con el voto amigo, eso si con las narices tapadas, de la formación naranja. A día de hoy, esta parece suponer la única y surrealista alternativa para evitar concurrir de nuevo a las urnas.

Todo ello en un país en donde la izquierda a la espera de las elecciones gallegas y vascas, sigue sin comprender que la renuncia al acuerdo con los nacionalismos, tarde o temprano será una promesa más incumplida por alguna de las partes, ya que pese a todo, y atendiendo al panorama político que se nos presenta, sigue suponiendo la única llave viable para la formación de futuros gobiernos.

 

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Autor: @SeijoDani

 

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El silencio de los corderos

Las calles vuelven a oler a caucho quemado y a sangre en Paris, la izquierda francesa ha vuelto a salir a las calles bloqueando las refinerías y dejando sin combustible a las gasolineras, para arropada por cientos de miles de trabajadores, hacer de las calles de Paris de nuevo un campo de batalla en donde defender sus derechos. El ejecutivo del “socialista” François Hollande y a central sindical CGT siguen sin llegar a un acuerdo de paz, ante la exigencia del colectivo obrero de la retirada del proyecto de ley de la ministra de Trabajo, Myriam El Khomri, que permita poder volver a la mesa de negociaciones evitando así una nueva movilización general en las calles, programada ya para el 14 de junio.

Francia se encuentra en pie de guerra, contra una reforma laboral, que en nada se asemeja por laxa a la aplicada en España. Reforma laboral, la nuestra, que entre otras exquisiteces fruto de la combinación de las mentes pensantes de la derecha y el empresariado de nuestro país, ha permitido rebajar la indemnización por despido improcedente de 45 a 33 días, ampliar las causas objetivas de despido o hacer innecesaria la autorización previa de la administración para llevar a cabo los ERE. Todas ellas medidas que como podan comprobar, se encuentran encaminadas a aumentar la precariedad laboral y los derechos de unos trabajadores que en muchos casos pese a serlo, se encuentran en serio riesgo de pobreza.

¿Pero que diferencia entonces al obrero español del francés para que logre contener su ira? ¿Acaso nuestra situación es más favorable que al otro lado de los Pirineos?

Por desgracia la respuesta es no, lo que diferencia al obrero español del resto de sus compañeros europeos, es su hartazgo. Hartazgo de una clase sindical muy alejada ya de victorias como la de la Huelgona o del ejemplo y el sacrificio en la lucha obrera, llevada a cabo en las minas o en los astilleros españoles. El sindicalismo en nuestro país, al igual que en muchos otros, ha caído en las redes del poder político y económico, cambiando las barricadas por los consejos de administración y los adoquines por las subvenciones. Se ha dejado a un lado la reivindicación social para dar paso al parasitismo. Al ciudadano y la calle por el aparato estatal y el establishment, y con el sindicalismo alejado del movimiento obrero, llegaron los primeros casos de corrupción: las facturas falsas, los cursos de formación, los ERE y tantas otras corruptelas que si bien todavía se encontraban muy alejadas de los grandes escándalos de los patronos, también lo hacían a su vez inmensamente de la lucha diaria de quién decían defender, los obreros de este país.

En la Inglaterra de Margaret Thatcher, uno de los sindicalismos más fuertes de todo el continente sucumbió después de que la dama de hierro desatase los “perros de la codicia” contra ellos, en España no hicieron falta excisiones, ni tan siquiera un excesivo conflicto, fueron los propios perros quienes buscaron el collar de sus nuevos amos para lograra sobrevivir a un mundo cambiante. Los héroes de la clase obrera fueron olvidados, gano el supuesto pragmatismo y el capital impuso finalmente sus reglas. Tras eso, solo fueron necesarios ciertos retoques, ciertas mordazas y así finalmente lograron silenciar las avenidas.

Sindicatos y sindicalistas fueron olvidados, y nombres como el de Cándido Méndez o Ignacio Toxo, pasaron a significar lo mismo para el obrero español que los de Manuel Rodríguez,Andrés Bódalo o los “ocho de Airbus”, un mismo cajón para muy diferentes procedencias.

Pero la realidad política y social de nuestro país, nos recuerda de nuevo la necesidad un sindicalismo fuerte, de clase y de calle. Un sindicalismo capaz de hacer frente al reto de defender los derechos ya adquiridos y conquistar los derechos que nos han arrebatado en los últimos años escudandose en una crisis que han utilizado como oportunidad para imponernos más precariedad. Un sindicalismo fuerte en un país en donde aumenta preocupantemente la siniestralidad laboralen donde conciliar la vida laboral y familiar sigue siendo poco más o menso que una utopía y en donde el obrero medio, pese a todo, sigue teniendo muy presente lo que es jugarse la vida en la calle por sus derechos, por los derechos de los suyos. 

Ellos nos quieren en silencio, nos quieren temerosos y quietos, pero no podemos permitirlo, no pueden acallarnos durante mucho más tiempo. Mientras exista un ellos y un nosotros en este sistema, los obreros deberemos seguir organizándonos para reclamar lo que nos pertenece, para luchar por nuestros derechos.

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Autor: @SeijoDani

 

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