Yes We Trump

“Coge la familia, mézclala con Dios y la nación, añade diez horas de trabajo diario, y tienes todo lo que necesitas.”

La Senda del Perdedor, Charles Bukowski (1982)

Contra todo pronostico y pese a las constantes amenazas vertidas desde numerosos medios, Donald John Trump se ha convertido  finalmente en el cuadragésimo quinto presidente de los Estados Unidos de América. Con 57 millones de votantes, el viejo magnate inmobiliario asesta así una dolorosa derrota no solo al corazón del partido Demócrata, sino a su vez, a todos aquellos que dentro de su propia formación, decidieron abandonar precipitadamente un caballo al que pocos vieron como posible ganador. Sorprendió Trump sin embargo, al imponerse en unas primarias con 16 candidatos sin el apoyo de su partido y lo ha vuelto a hacer, al lograr conquistar a una América desconocida para muchos de sus ciudadanos, un país en cambio, sin un rumbo fijo y en donde la crisis de las hipotecas subprime y el legado de Obama, ha dejado a muchos americanos con la extraña sensación de comenzar a ver a su país desde los ojos de un pequeño caniche.

Comenzó su candidatura Donald Trump, ante una sociedad cansada de su pasado. Cansada del peso que supone ser el mayor imperio de la tierra y de las lejanas guerras que vacían sus arcas, así como de la necesidad de continuar cediendo espacio en las comodidades de su día a día y especialmente, una sociedad cansada de la creciente desigualdad entre una élite gobernante o establishment y el resto de los ciudadanos norteamericanos.

En ese contexto, le bastó al candidato republicano con cambiar el tono de su discurso, para pese a su pasado, lograr dibujarse como la única alternativa a un sistema de capitalismo salvaje, al que pocos en Estados Unidos se atreven todavía a plantear una alternativa, pero al que no pocos, critican ya abiertamente, debido a sus nefastas consecuencias sobre el tejido económico y cultural del país. Es tan solo en ese contexto de ruptura del pacto social estadounidense, en donde una candidatura como la de Trump, lograría encontrar apoyos suficientes, unos apoyos con los que nadie contaba, pero que finalmente, le han propiciado, conjuntamente con su partido, el control de ambas cámaras, Congreso y Senado, así como la posibilidad de dirimir el sustituto de Antonin Scalia en la Corte Suprema de Estados Unidos, un puesto que sin duda terminará en manos del conservadurismo más ortodoxo, otorgándole la capacidad de anular leyes que consideren contrarias a la constitución del país.

Se avecinan tiempos duros para un partido Demócrata que parece ser víctima de sus propios demonios. Demonios nacidos de la pasividad con la que el propio partido, acepto la implantación neoliberal sin cortapisas que proponían sus élites en consonancia con el partido Republicano y que terminaron de forjarse, cuando esas mismas élites prefirieron vencer en su guerra de clases interna, apoyando incluso al borde de la ilegalidad a una de los suyos a elegir al mejor candidato para lograr la presidencia.

Sabían perfectamente en el partido Demócrata, las debilidades de Hillary Clinton como candidata frente a Trump, representaba inherentemente a un sistema al que odiaban la mayoría de estadounidenses y le basto a Trump con no hacer lo mismo. Por la contra, Hillary Clinton, consciente de la incapacidad de su campaña para desvincularse de eso que en España llamaríamos la herencia recibida, apostó fuertemente por dos factores principales: el hecho de ser mujer y su apoyo a las minorías. Ambas claras cualidades de la demócrata frente a Trump, pero que a la postre se revelarían claramente como insuficientes frente a factores no menos importantes como la opacidad de los movimientos económicos de la Fundación Clinton, la filtración de sus correos o la desastrosa intervención en Libia.

Se colocó Clinton con su actitud en un centro político cada vez más desierto, en una campaña que como hemos podido comprobar, se jugó finalmente en los extremos. Basto esa posición de desventaja inicial, para que Donald Trump supiese a donde llevar la campaña. Consciente de su incapacidad para salir airoso en el debate ideológico, no obstante está a punto de tomar posesión como presidente sin apenas hablar de su programa económico, Donald Trump logró embarrar el debate electoral haciendo uso del numeroso arsenal sensacionalista que su propia habilidad de adaptación a una sociedad mediática y las debilidades de su contrincante le proporcionaban. Por su parte, el equipo de Hillary Clinton se mostró incapaz en todo momento de articular una estrategia de defensa, frente a la guerra relámpago de acusaciones que el equipo de Trump, totalmente mimetizado en una poderosa Wehrmacht electoral, lanzó contra ellos. Logró el magnate estadounidense escapar vivo del primer debate presidencial y poner en más aprietos de lo que la prensa occidental estuvo dispuesta a reconocer a su rival demócrata en el debate del 19 de octubre.

Tan solo Hillary Clinton, con su campaña de menosprecio a Trump y a lo que el candidato republicano representaba, pudo ser capaz de hacer resurgir a una candidatura que llego a situarse hasta seis puntos por debajo en los sondeos electorales y que comenzó su remontada, espoleado por la investigación del FBI a los correos de la exsecretaria de estado y con un electorado potencial que veía en quienes criticaban a Trump el origen de gran parte de sus males.

En el último instante, logró pesar más la ira social largamente contenida contra el establishment que representaba Clinton que la lucha racial, la feminista o la lucha por los derechos de las minorías a las que ella parecía defender. Menospreciaron desde el partido Demócrata la importancia de la concienciación de su electorado en el voto de clase, para escudarse en la alternativa del voto por el mal menor y en el de las minorías, lo que unido al desprecio por la realidad social de una gran parte del electorado, parece finalmente haberles costado  la presidencia.

En un artículo reciente del New York Times, Paul Krugman acusa a las áreas rurales blancas de no compartir “nuestra idea de lo que es Estados Unidos” alude el economista a que para esos <<otros americanos>>: “se trata de una cuestión de sangre y tierra, del patriarcado tradicional y la jerarquía étnica” votarían a cualquiera que representase al partido Republicano. Se equivoca desde un principio el señor Krugman, más allá de que no siempre los candidatos republicanos consiguen movilizar a ese tipo de votante, algunos progresistas pareciesen focalizar el problema en la gente y en el sentido de su voto, en lugar de hacerlo en el sistema (capitalista) y en sus consecuencias para esas personas. Son los mismos que criticaron el Brexit o el surgimiento de Amanecer Dorado, pero no dijeron nada cuando los diferentes acuerdos de libre comercio se ratificaron sin consulta popular previa o en España se modifico el artículo 135 de la Constitución de espaldas al pueblo. Pareciese molestar a algunos más el sentido de la voluntad popular que la imposición autoritaria de los intereses económicos del sistema.

Solo desde esa óptica del desheredado, se puede explicar no solo la realidad de esa mal llamada basura blanca o chavs, en gran parte natal del desindustrializado cinturón de óxido que finalmente da la victoria a Trump, sino también de realidades más complejas, como la del hispano que una vez adquirido el sentimiento nacional, en un país en el que resulta relativamente sencillo lograrlo, decide votar a Trump ante la amenaza que supone el trabajo ilegal de muchos compatriotas para sus intereses o el prototipo de votante al que podríamos llamar Gran Torino que no siendo necesariamente un militante convencido racista o un mero descerebrado, si logra conectar con facilidad con esa América que Trump representa.

Trump logró representar el rechazo más absoluto a las élites y al sistema, pese a curiosamente ser el claro reflejo de las mismas. Eso y un voto oculto como constatación de un sistema que no entiende a gran parte de su ciudadanía y que se ha escapado en los análisis de la inmensa mayoría de los medios y del propio partido Demócrata, ha terminado dando la victoria a un candidato al que parece haberle bastado con el apoyo de los que casi nunca cuentan en la política americana, para conseguir finalmente la presidencia.

El tiempo dirá si nos encontramos ante el primer presidente de una nueva concepción de la política americana.

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Autor: @SeijoDani

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental. 

https://www.change.org/p/xulio-ferreiro-calle-berta-c%C3%A1ceres-en-a-coru%C3%B1a

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España: Democracia en funciones

Comienza la recta final para iniciar la legislatura y lo hace de forma bronca. En un parlamento poco acostumbrado a la representación de la pluralidad ideológica, la fragmentación y lucha de poderes palpable no solo entre bancadas, sino también en el seno de algunos partidos, parece garantizar una legislatura de constantes bravuconadas de cara a la opinión pública en el hemiciclo, mientras los acuerdos y traiciones; que serán sin duda necesarias a lo largo de la legislatura, se producen de puertas para adentro.

Apostó el presidente en funciones, por mantener su línea de no intervención en el eterno tablero de pactos en el que se ha convertido la política española y el tiempo le dio la razón. En un contexto de necesidades económicas apremiantes para lograr responder ante Europa y un acoso judicial cada vez más palpable en Génova, otros quizás, hubieran perdido la calma ante la perspectiva de unos nuevos comicios para su partido, pero no Mariano Rajoy. El presidente en funciones supo leer a una izquierda dividida, una derecha inofensiva y una sociedad, que si bien condena la corrupción, parece no estar dispuesta a pasar factura a los corruptos.

Simplemente sentándose durante su mandato en funciones, no tardó demasiado el Partido Popular en ver pasar los cadáveres de sus enemigos, suplicando una solución ante sus puertas. El primero de ellos, el de un Albert Rivera que comenzó a sentir el peso del fantasma de la intrascendencia desde el mismo recuento de las últimas elecciones. El líder de la formación naranja, no tardó en ofrecerse como el perfecto aliado de un Mariano Rajoy que en todo momento confió en la todavía manifiesta irrelevancia de una alternativa a la derecha que si bien no representaba la inocencia de Vox o UPyD, se le acerca bastante. Confiaron en el PP, en poder capear el temporal del trasvase de votos, debido a los escándalos de corrupción a la formación de Albert Rivera  y todo parece indicar que la jugada funciono.

El pacto con Pedro Sánchez, no surgió el efecto en el PP que se esperaba desde la formación naranja y lejos de ello, Ciudadanos quedo retratado como un partido sin rumbo fijo, una formación bisagra, incapaz de forjar una alternativa al bipartidismo y con el único sentido de servir como castigo a un PP que de cara a la ciudadanía, parece ya haber saldado sus deudas. Con un ostracismo todavía no asumido, la formación de Albert Rivera, deberá conformarse intentado sacar el mayor provecho electoral posible a la renovación de nombres, que no de políticas, que el Partido Popular estará dispuesto a mostrar como única concesión a un aliado todavía necesario pese a todo.

No por más esperado, fue menos relevante para las aspiraciones del Partido Popular, la visión de un Partido Socialista roto en dos ante la puertas de Génova. El golpe de estado dado a la ejecutiva de Pedro Sánchez, ante la tentativa de éste por profundizar en un gobierno del cambio con Podemos y los nacionalistas, ha dejado en manos de la vieja guardia más reaccionaria a un partido que desde su última ejecutiva se parece más al camarote de los hermanos Marx que a una verdadera alternativa de gobierno.

El voto favorable a la abstención y sin condiciones de cara a la formación de gobierno por parte de Mariano Rajoy, deja al Partido Socialista totalmente inmerso en la dinámica del Partido Popular. Se convertirá la estabilidad de España y el freno al independentismo, en una muletilla argumentativa perfecta para los populares de cara a la aprobación de las principales leyes de la legislatura. Si el PSOE ha podido traicionar una vez a su historia y a sus bases por el “bien de España” nada parece indicar desde Ferraz que no pueda volver a hacerlo si la inmediatez de las urnas amenaza de nuevo al partido en pleno proceso de desintegración. Será curioso observar, como Antonio Hernando defiende ante la cámara lo indefendible, a la espera de un nuevo líder para el partido que esta vez tendrá que pensarse muy bien donde deposita su confianza.  Tan solo le queda al PSOE afrontar la necesidad de un cambio o bien desaparecen como mártir de la estabilidad de un régimen del 78 que sea como sea, parece hacer aguas definitivamente.

Con semejante panorama en la política española, sirvió el inmovilismo en el Partido Popular para llegar a la presidencia, con gran parte de la oposición desacreditada y subyugada, el único foco de resistencia inmediata, lo encuentra el presidente del gobierno en un Podemos demasiado acostumbrados a los principios ideológicos y a regirse por las reglas del juego en sede parlamentaria. Recibía el primer golpe, la formación de Pablo Iglesias, nada más llegar al congreso con un pacto entre “enemigos” en el que Partido Popular, PNV y la antigua Convergencia, decidían excluir de cualquier papel institucional importante a la alternativa a la política de recortes y privatización que supondría Unidos Podemos. Ignoraba la formación morada, la premisa más básica de la política: El enemigo de mi enemigo, siempre es mi amigo. Lejos de suponer una excepción, los apoyos puntuales que el PP recibió de los nacionalistas para la formación de la Mesa del Congreso, son un claro indicador de la más que posible deriva de la legislatura. Una vez iniciada la legislatura y ya alejados de los focos y la repercusión que una sesión de investidura supone para estos partidos, PNV y Convergencia, no dudarán en apoyar las iniciativas Populares, siempre y cuando están no comprometan demasiado postulados ideológicos ahora muy necesarios de cara al órdago nacionalista y que sin embargo sean efectivas de cara a poner freno a la alternativa al descontento en Euskadi y Catalunya que comienza a dibujar Unidos Podemos.

Da inicio una legislatura ya para muchos a esta hora demasiado larga. Intensa, trilera y castiza como pocas, una legislatura en la que pese a la resistencia de algunos, deberá hablarse de política en el parlamento, como una vez más, en las calles. 

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Autor: @SeijoDani

 

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental. 

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