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“Estar contra el fascismo sin estar contra el capitalismo, rebelarse contra la barbarie que nace de la barbarie, equivale a reclamar una parte del ternero y oponerse a sacrificarlo.”

Bertolt Brecht

La victoria de Donald Trump, ejemplifica perfectamente, el pulso vital de una sociedad inmersa en la tenue frontera que separa a una población indignada que da un voto vergonzoso al Brexit o al mismo Trump; como castigo a un sistema de capitalismo salvaje, de una sociedad destrozada por la desigualdad y la  desesperanza, que termina convirtiéndose en un desecho y acepta con indiferencia cualquier solución proveniente del más puro fanatismo. Venció el magnate con un discurso no muy alejado al de los partidarios del Brexit en Reino Unido o los filofascismo de Marine Le Pen y Amanecer Dorado en Europa, un discurso vacuo, totalmente plano en lo en lo programático o lo político, pero que sin embargo, ahonda en las más profundas preocupaciones de gran parte de un electorado que sigue pensando, aunque puede que no lo pronuncie, en que primero va el comer y después está la moral.

Con una retórica que a cualquier incauto le pareciese anunciar algo así como la próxima perestroika capitalista, Donald Trump atacó desde los inicios de su campaña a un sistema de libre comercio que fruto de las deslocalizaciones y la perdida de empleos que están producen, ha transformado a América en un país que ya no trabaja con sus propias manos. El republicano ha mostrado en numerosas ocasiones su rechazo por una economía basada en grandes tratados de libre comercio y en beneficios que no repercutan en el propio país. Acuerdos como el TTIP o el NAFTA, parecen curiosamente verse más seriamente amenazados por la llegada al poder del reaccionario magnate que por la presión de millones de personas en interminables campañas sistemáticamente ignoradas por sus respectivos gobiernos. Trump pretende dotar a América de 25 millones de empleos en diez años y para ello necesita una fuerte inversión pública, la cual parece dispuesto a realizar así como traer vuelta a unas empresas que según su equipo de campaña, facturan más de 2,4 billones de euros en el exterior. El supuesto secreto para lograrlo, una zanahoria  en forma de bajada de la tasa de Sociedades a un máximo del 15%, muy inferior a al 35% actual y que supondría la mayor reducción fiscal desde la época de la presidencia de Ronald Reagan. Una especie de vuelta originaria al capitalismo, que si bien no parece suponer un avance de planteamientos, al menso si pudiese dejar espacio, en el mejor de los casos, al surgimiento de diferentes alternativas en el resto del mundo.

Trump, pretende con sus planteamientos, desmontar lo que le considera una involución del espíritu americano durante la era Obama. Propuestas estrella del expresidente demócrata como el Obamacare o el tímido intento en la restricción al uso de armas,  tendrán los días contados con la llegada a la Casa Blanca del presidente republicano, muy en el aire quedan cuestiones como el aborto o el derecho al matrimonio igualitario, con las que muy al contrario de lo que parece pensar la mayoría de los europeos, Donald Trump no mantienen las tesis más duras dentro de su propio partido.

Pero si un campo ha dado que hablar para seguidores y detractores de Trump, esa ha sido la inmigración. Desde la prohibición de entrada a las personas musulmanas que podríamos englobar en esa demencial visión del republicano, en su concepción particular de la lucha contra el terrorismo, hasta la construcción de un muro que separase Estados Unidos de México, pasando por la deportación de 11 millones de indocumentados. El presidente entrante, ha hecho en todo momento de la inmigración su propio caballo de batalla particular que sin duda le ha evitado e numerosas ocasiones, la necesidad de hacer juicios de valor más profundos, sobre el conjunto de una sociedad americana que probablemente teme más al ilegal como competencia laboral que como extranjero en su país. El equipo de Trump sabe que no existe algo así como emigrantes buenos y malos por naturaleza, sino realidades sociales que no podrán de ningún modo evitarse con un simple muro. Mientras los EEUU sigan siendo uno de los mayores consumidores de drogas del planeta y la tensión social siga aumentando, se seguirán produciendo delitos relacionados con el narcotráfico, crímenes y violaciones en territorio norteamericano. Sería curioso que ante masivas deportaciones y la persistencia del problema de la violencia, muchos de los que hoy creyeron en el American Great Again!, terminarán aislados entre los muros de sus propios barrios de white trash.

Todo esto en cuanto a la política interior, de puertas para afuera, puede que en teoría se produzcan los cambios más importantes de la era Trump, pero solo en teoría. El presidente republicano ha prometido una especie de Pax romana, parece intuir Trump un cierto hartazgo en la población americana, por el precio a pagar por guerras que poco o nada importan a los ciudadanos. Confía Trump en la disuasión propia de una superpotencia para no necesitar una nueva guerra y con ello prepara al país para lo que parece ser una época de aislacionismo geopolítico. Como si el Capitán América se cansase del repetitivo protagonismo del superhéroe, parece claro que saudíes y los europeos, pero también surcoreanos y japoneses, deberán comenzar a valerse por si solos para garantizar su propia defensa. Si bien la existencia de la OTAN como tal, no parece pueda correr ningún peligro, si se puede intuir, una mayor exigencia en la contribución económica, por parte de Estado Unidos a sus aliados. Lo que en un tablero internacional a priori sin un cowboy sobre la mesa, sin duda podría resultar en un negocio rentable para todos.

Realidades como las de Siria, en donde Trump parece mucho más dispuesto a la negociación con Putin que a seguir armando a confusos líderes fanáticos y con barba; Palestina, que parece alejarse de una solución a corto plazo o China, en donde la batalla entre potencias parece destinada a darse en los despachos, pueden desatascarse en un mundo al que el premio Nobel de la paz y su candidata Hillary Clinton, habían llevado de nuevo al borde de la guerra fría.

Donald Trump es un hijo de perra fascista, un insulto a cualquier democracia, pero no más que un presidente saliente que ha deportado a 2.8 millones de personas10.ooo inmigrantes muertos en el Mediterráneo, las vallas de Melilla, la brecha salarial en Europa o los bombardeos de Siria o Libia.

Quizás el mayor peligro de Trump lo suponga el de un negacionista del cambio climático, así como la del ejemplo surgido para otras alternativas fascistas deseosas de llegar al poder. Debería el progresismo mundial aprender las lecciones surgidas de cerrar cualquier alternativa electoral anticapitalista, una táctica que ha llevado a la mayor potencia del planeta a preferir incluso la alternativa que suponía Trump en el poder, a entregar de nuevo el poder al sistema que representaba Clinton. Parece romper Trump con el llamado fin de la historia, en el mismo país que quiso imponerlo. Por delante, cuatro años de trabajo para una izquierda que debe aprovechar la oportunidad que ha dado que muchos hayan abierto los ojos ante las miserias del capitalismo tras la elección de Trump.

Resulta necesario crear una alternativa de base y especialmente una alternativa ideológica atrayente frente modelo neoliberal, si la izquierda americana y con ella la izquierda mundial demuestran no estar a la altura de las circunstancias, simplemente esperando desde una concepción bastante pobre de la democracia, que el futuro presidente no pueda cumplir sus promesas, podremos encontrarnos tras cuatro años, ante una realidad en la que la lección de Trump pueda convertirse esta vez, en el llamado mal menor.

TRUMPMERIKA.jpg

Autor: @SeijoDani

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental. 

https://www.change.org/p/xulio-ferreiro-calle-berta-c%C3%A1ceres-en-a-coru%C3%B1a

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