Memorias de Euskadi

Cinco años desde que la organización terrorista ETA, anunciase el “cese definitivo de la actividad armada” sin poner condiciones. Cinco años, desde que aquel jueves 20 de Octubre de 2011, en un comunicado de apenas dos minutos y medio de duración, ETA diese por finalizado el último conflicto armado de Europa.

2472 atentados después y tras derramar la sangre de 849 víctimas mortales, los nombres de Jean-Serge Nérin, Carlos Sáenz de Tejada y Diego Salvá, se convertían finalmente en últimos en sumarse a la memoria de la sin razón de la barbarie terrorista en nuestro país. En su comunicado, ETA, iniciaba el principio del fin a la anormalidad democrática que  suponía el miedo provocado por la amenaza de los pistoleros, en vida de la sociedad vasca. Una amenaza, la de las armas, que durante medio siglo acompañó a tantos y tantas que pese a todo, decidieron alzar su voz contra quienes anhelaban la imposición de una visión única de la política vasca. Muchos pagaron con su vida tal atrevimiento. Fernando Múgica, Enrique Casas, Ernest Lluch, Miguel Ángel Blanco…diferentes visiones de la sociedad vasca, diferentes caracteres políticos y sentimientos hacia su tierra, pero todos ellos unidos por el silencio previo al clic de la pistola de un terrorista o la bomba lapa debajo de sus coches que arrebataría sus vidas e ilusiones para siempre a la sociedad vasca. Una sociedad durante mucho tiempo demasiado acostumbrada al sonido de las explosiones, los llantos y las sirenas, un pueblo con miedo, preso de sus propios deseos y temores, que terminaron por esconderse tras los sentimientos de venganza de quienes lo habían perdido todo tras un atentado o el terror amenazante de quienes se acostumbraron a ver en los encapuchados su única vía de representación política.

Nació así en Euskadi, una nueva cultura del miedo y del terror, una legitimación por parte de ciertos sectores de la sociedad de la fuerza como única interpelación válida ante el adversario político, y con ello, nacieron también en Euskadi las heridas que ahora tanto tardarán en cicatrizar.

Reconocía recientemente el líder abertzale, Arnaldo Otegi, la inconsciencia que en aquel momento tenían en el entorno de la banda terrorista, acerca del dolor que sus actos provocaban en la sociedad vasca y el verdadero alcance de las heridas abiertas por estos. Ciertamente, solo atendiendo a esas declaraciones, uno podría entender la profunda brecha que ETA llego a provocar en la propia sociedad vasca. Una brecha todavía abierta en las heridas de las víctimas y los familiares de las mismas, que continúan esperando un punto y final claro a tanto dolor y sufrimiento. Como pedía Sara Buesa, víctima de la banda terrorista, alguien debe dar respuesta a la pregunta de si ha tenido sentido en algún momento la lucha armada en el Pais Vasco.

La distorsión de la violencia alcanza también a una política vasca infectada también por un germen, el de la venganza, que cinco años después, impide encarar con normalidad un proceso de reconciliación social que en condiciones normales hace ya tiempo debiese haber contado con el apoyo de los gobiernos español y francés. Se da en el conflicto vasco, una situación particular. En donde una organización terrorista, dispuesta a entregar sus armas, para escenificar un fin de la violencia al que le han empujado los operativos policiales y la propia realidad Político-Social de su entorno, no encuentra interlocutor al otro lado. Ni los gobiernos español y francés, ni la propia Europa, ni los miembros de la comunidad internacional, parecen dispuestos a primar el fin de la violencia en España, por encima de los propios equilibrios políticos inherentes en las relaciones entre estados.

Continúan desde el estado español negando realidades sociales como Bateragune o judiciales como el caso Txapartegi, al tiempo que desde las instituciones se profundiza en la venganza como método de justicia a la hora de mantener políticas penitenciarias carentes de cualquier cobertura legal. Políticas como la dispersión de presos, método este que no solo castiga a los terroristas sino a su entorno familiar y social, además del continuo uso de artificios legales, para lograr privar a los presos etarras de los principios tendentes a la unificación del derecho en la Unión Europea que les permitirían en ciertos casos, acceder a la rebaja de condenas al ver descontados los períodos cumplidos en prisión en otros países pertenecientes ala Unión Europea.

El anuncio de cese definitivo del terrorismo en Euskadi, abría una etapa para posibilitar el diálogo sobre contenidos políticos y la creación de un futuro marco social de convivencia pacífica entre los diferentes actores sociales vascos, pero cinco años después del cese del ruido de las armas, el silencio y los sentimientos de venganza soterrada durante tantos años, continúan a dificultar la vuelta a la normalidad de una sociedad ya demasiado acostumbrada al silencio.

Resulta más necesario que nunca que ambas realidades enfrentadas durante tanto tiempo en una lucha armada en Euskadi, comiencen a ver en las concesiones al adversario no una cesión ante el enemigo, sino una oportunidad a una sociedad y sus deseos de paz.

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Autor: @SeijoDani

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental. 

https://www.change.org/p/xulio-ferreiro-calle-berta-c%C3%A1ceres-en-a-coru%C3%B1a

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