No es tiempo de derrotismo

El 26J ha pasado y los resultados, si bien es cierto han sido malos para la izquierda, deben servir como aviso a navegantes y como punta de lanza de una nueva forma de hacer política, una nueva forma de crear mecanismos de cambio. La victoria del Partido Popular en las pasadas elecciones, viene a demostrarle a los partidos del cambio, y especialmente a la confluencia de Unidos Podemos, que no siempre ganan los buenos en esto de la política y que pese a la corrupción, la desfachatez o los delitos cometidos desde los puestos de responsabilidad del estado, esto de la democracia occidental, cada vez se trata más de poder engatusar a un votante más que el resto.

Unidos Podemos ha visto como quienes lo acusaban de populista debido a sus políticas sociales, lo han vencido en la batalla electoral precisamente haciendo uso de las armas de la demagogia y el populismo en su faceta más vil, esa en donde las promesas no son constructivas y se bajan impuestos tan solo pensando en el recuento de votos o en donde el miedo al cambio se propaga desde todos los medios de comunicación posibles, sin que la alternativa al mismo, sea mucho mejor que el caos que desde la derecha tanto nos anunciaban.

Los españoles han hablado en la urnas y han decidido que siga imperando la corrupción, que se vacíe la hucha de las pensiones a un ritmo alarmante o que se haga de la televisión de todos un medio de propaganda en donde brille por su ausencia el talento o la profesionalidad. Los españoles han hablado y si desde la izquierda se pretende algún día gobernar este país, harían bien en alejarse de los estereotipos validos para las cátedras, para comenzar a identificar la idiosincrasia de un país en donde por mucho que carezca de sentido, son muchos de los mismos obreros que pagan el precio de las políticas de la derecha, los primeros en aupar a esta a sus más gloriosas victorias electorales.

Mucho se ha hablado desde la izquierda de la ignorancia del proletario pepero o de lo ingrato de intentar hacer política progresista para las clases populares, para que estas terminen votando a la derecha más rancia sin contemplaciones. Y si bien es cierto que puede carecer de sentido para un obrero votar al Partido Popular ¿De verdad creemos que más de siete millones de españoles votan a la derecha por puro masoquismo o ignorancia?

Desde la izquierda se ha hecho una campaña de cambio en donde cambiaban más los mensajes que las formas, en donde los movimientos sociales, los sindicatos y los medios, han jugado un papel irrelevante y en donde se ha preferido suavizar el asalto al cielo para no infundir temor entre la posible armada electoral, en lugar de infundir valores y conceptos en un obrero que está muy falto de ellos. No comprenden desde los puestos de responsabilidad de esta vanguardia del cambio que se supone es  Unidos Podemos, que sus intervenciones en la Sexta Noche o sus golpes de efecto en Twitter van dirigidos a un público ya convencido, muy alejado de la masa proletaria. Tales intervenciones suponen únicamente toques de calidad ante un público que ya volcado con el equipo.

El mensaje del cambio debe bajar de los altares de las universidades al polvo del campo español y del entorno fabril, debemos ser capaces de ver en los partidos del cambio a voces del sindicalismo, de los movimientos sociales y de las luchas estudiantiles y anticapitalistas. Debemos ser la voz de los sin voz y debemos serlo en sus barrios, en sus institutos y en sus fábricas, los platós de televisión o los grandes actos de campaña deben suponer únicamente un escaparate de nuestro verdadero trabajo, una muestra de nuestro contacto con la calle y nunca nuestro principal instrumento electoral.

Hemos perdido una gran oportunidad para el cambio, pero quizás hemos ganado una última oportunidad para recuperar la esencia de los movimientos que nacen del pueblo y para el pueblo. Podría resultar complicado mantener esa esencia ante un inminente pacto electoral con las fuerzas políticas tradicionales, pero ahora, desde la oposición somos libres de mantener nuestra esencia, de perder el miedo a decir la verdad aunque esta sea dolorosa y a romper con ciertos esquemas en los que nunca, una izquierda que promulga el verdadero cambio, debió de verse inmersa.

Puede que la clase obrera española no sea la más preparada para el cambio o la más grata con el mismo, pero sea como sea, es esa clase obrera a la que nos ha tocado dirigirnos, con la que nos ha tocado compartir camino en la lucha del día a día y con la única con la que podremos lograr devolver algún día la dignidad a un país ya muy falto de ella.

 

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Autor: @SeijoDani

 

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental.

Desde DowJones te agradecemos tu colaboración.

https://www.change.org/p/xulio-ferreiro-calle-berta-c%C3%A1ceres-en-a-coru%C3%B1a

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