Yo acuso

Carta al militante de izquierda

Señor: Me permitís que abochornado por la desastrosa derrota del pasado 26J, me preocupe por vuestra gloria y os diga que nuestra estrella, tan feliz hasta hoy, está amenazada por nuestros propios errores.

No permitamos pues, que nuestra desilusión, frene nuestra fuerza. No permitamos que nuestra tristeza, frene nuestra rabia. El pueblo ha hablado, vecinos y vecinas, compatriotas, compañeros de trabajo y de estudios, diversas vidas y diversos motivos  tras cada uno, que han decidido dar una vez más la confianza a la derecha para que gobierne este país. Que han decidido, fuese cual fuese el motivo, que la corrupción, los recortes o la política entendida como sociedad anónima totalitaria, no tengan consecuencias para quienes así la practican. No es hora de hablar de pucherazos, y mucho menos de tildar de indolentes o analfabetos políticos a los votantes que así lo han decidido, no lo es, y aunque lo fuese no creo que esa actitud pudiese cambiar nada.

Tenemos en la izquierda, en la izquierda académica al menos, un problema para entender  al pueblo llano, al proletariado, y tenemos pues un serio problema, puesto que es a ellos a quiénes se supone queremos representar. Desde muchos partidos, se piensa en el trabajador español, como pensaría un evangelizador castellano de los indígenas en el Nuevo Mundo. Y esto no es de extrañar cuando uno habla de las luchas de nuestros abuelos y abuelas, de las huelgas generales, de los presos y presas políticos, de las revoluciones latinoamericanas, de los guerrilleros, de las luchas obreras con compañeros y compañeras que nunca volvieron a casa, pero lo hace tras un discurso de clase media y lo hace desde las universidades y platós, y no desde la calle o las fábricas.

Podemos, nació en su origen como un partido político que acogía el desencanto de la ciudadanía con la clase política tradicional en nuestro país, nacía de una muestra histórica de movilización ciudadana para nuestro estado como lo fue el 15M, pero nacía también del miedo a definirse, de la transversalidad y de la renuncia a cualquier tipo de protesta que pudiese asociarse con la violencia ejercida de abajo hacia arriba, bien fuese esta en forma de disturbios en las calles o de boicot obrero al empresariado. Podemos nacía en sus propias palabras de la ilusión y el descontento, pero lo hacía muy probablemente; sin que ellos mismos se diesen cuenta, para difuminar la rabia y la alternativa al sistema imperante. Pablo Iglesias surgía del mundo universitario y de las redes sociales, como un comunista convencido, como un chavista, como un antisistema, y se encontraba el pasado 25J ante una caricatura de si mismo que por la mañana tildaba de socialdemócratas a Marx y a Engels, y que por la tarde intentaba convencer a quién pudiera escucharlo, de que un Felipe del que el mismo estaba repitiendo sus peores errores, era el malo malísimo tras un PSOE que al parecer ponía piedras al cambio. Y no lo niego, pero quién podría preocuparse por eso, cuando quién criticó a la OTAN apostaba por el asesino Julio Rodríguez como miembro de su partido o apoyaba sin fisuras la pertenencia a una UE o a un euro que había hecho claudicar ya a su camarada Tsipras en Grecia. 

Nadie podría esperar ya nada desde la izquierda de un PSOE que hace tiempo dejó de lado a la clase trabajadora y a la conciencia social, para servir como policía bueno al juego del IBEX 35, nadie podría esperar nada de ellos, más que el respeto. Respeto que perdió el señor Pablo Iglesias cuando achacó a su propia inmadurez su pertenencia a la ideología comunista, una falta de respeto y un insulto para todos aquellos que todavía hoy y sin caducidad para ello, defendemos por convicción y no por conveniencia o ingenuidad, una doctrina económica, política y social que consideramos como única alternativa viable para el bienestar humano. Por no hablar de la curiosa manera que supone esta declaración de romper la brecha generacional que históricamente ha perjudicado siempre la izquierda, si un candidato en apenas treinta años ha virado del comunismo a la socialdemocracia, que no habrán podido hacer nuestros mayores.

Se equivocó Iglesias en su estrategia, se equivoco al hacer propaganda y volvió a equivocarse al hacerla de la forma en que la hacían sus rivales. Podemos nunca debió de entrar en la lucha por el centro, un centro que por otra parte ha sido el mejor invento de la derecha desde el fascismo, su identidad y su vocación era para los votantes de izquierda y con ellos debía encarar la batalla electoral, y si en ese proceso y en ese discurso se encontraban nuevos efectivos, bienvenidos fueran. Pero no se produjo así, mientras en Francia o en México los obreros salían a la calle a luchar y a morir por sus derechos, aquí se acallaban los ecos de las calles y se tranquilizaba a los empresarios en grandes hoteles.

Ante todo la verdad, y la verdad es mi señor que nosotros perdimos las elecciones, las perdimos cuando no supimos presentar una alternativa a un capitalismo que se ahoga en su propia miseria pero que no deja salida para quienes se encuentran ahogándose con el. Las perdimos cuando no supimos tejer alianzas internacionales y nos avergonzamos de nuestras luchas y de nuestra identidad, y las perdimos también, y especialmente, cuando decidimos que política y barricadas eran incompatibles.

Señor  concluyamos, que ya es tiempo.

YO ACUSO a tantos y tantas españolas de dejarse caer en la apatía política, en el “todos son iguales” o lo que es peor, en la complicidad con los que nos roban y nos humillan con sus políticas

ACUSO a todo una generación de españoles y de españolas de ver con miedo, pero también con cobardía, como se desmantelan los derechos sociales por los que otros derramaron tanta sangre

ACUSO a nuestra clase política por dejar caer hasta lo más bajo el nivel del debate político en nuestro país, por apelar a las pasiones y no a la razón, y los acuso de hacerlo con plena conciencia y para su propio beneficio

ACUSO al señor Pablo Iglesias y a muchos y muchas en su partido, pero también en  sus partidos aliados, de renunciar a sus orígenes, de querer convencer al electorado de ser dignos de la confianza de su voto, cuando ellos mismo renunciaron a sus ideas por miedo al que dirán

ACUSO a sindicatos y a sindicalistas de abandonar las calles y los tambores de la lucha social, cuando la frustración y el descontento más necesitaba ser canalizado en la verdadera lucha obrera, en las calles y en las fábricas de nuestro país

ACUSO a la izquierda intelectual y académica de dejar escapar un momento histórico en nuestro continente, para presentar una alternativa radical al sistema capitalista. Una alternativa con la que dar aire y esperanza a quienes no encuentran una salida digna y verdadera.

ACUSO a la prensa española de convivencia y mercantilismo político al servicio del poder, cada medio con diferentes dueños, pero con un mismo fin y una misma táctica: la manipulación informativa.

 

Y por último: yo acuso al propio sistema por ser cruelmente inhumano y depredador, por carecer de sentimientos o propósitos más allá de los meros beneficios o el consumo. Por no poner nombre o cara a las personas y por no considerar suficiente ningún sacrificio ante el altar del capitalismo.

No ignoro que, al formular estas acusaciones, arrojo sobre mí el propio peso de las mismas como ciudadano y militante de una izquierda derrotada hoy, pero combativa mañana. Y voluntariamente me pongo a disposición de cualquiera que sea la tarea para construir alternativa

En cuanto a las personas a quienes acuso, debo decir que ni las conozco ni las he visto nunca, ni siento particularmente por ellas rencor ni odio. Las considero como compañeros, como personas con sus defectos y sus virtudes. Y el acto que realizo aquí, no es más que un medio para intentar llevar la revolución a una izquierda aún dormida, aún huérfana de ejemplo.

Sólo un sentimiento me mueve, sólo deseo que la luz se haga, y lo imploro en nombre de la humanidad, que ha sufrido tanto y que tiene derecho a ser feliz. Mi ardiente protesta no es más que un grito de mi alma, un deseo para que quienes hoy se equivocaron a mi parecer, mañana sean quienes compartan nuestros aciertos, bien en primera línea o bien en la retaguardia, el cambio no debe suponerlo nunca un nombre o unas siglas. Existe futuro y esperanza, al igual que sigue existiendo rabia y dolor, si somos capaces de sentirlo como nuestro, si somos capaces de transformar el dolor del pueblo en acciones y en cambios de consciencia, no solo en promesas y votos, entonces la derrota de hoy, será la victoria de mañana, pero para ello es necesaria la reflexión y la autocrítica.

Pese a todo, si nos mostramos orgullosos de lo que somos: Unidos Podemos.

Así lo espero.

 

lucha obrera

 

Autor: @SeijoDani

 

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental.

Desde DowJones te agradecemos tu colaboración.

https://www.change.org/p/xulio-ferreiro-calle-berta-c%C3%A1ceres-en-a-coru%C3%B1a

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3 pensamientos en “Yo acuso

  1. Pingback: Papá, ¿por qué somos de derechas? | DOW JONES A LA BAJA

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