No es país para pactos

Ante semejante panorama, y tras las primeras elecciones del fin del bipartidismo, los partidos parecen decididos a dar de nuevo la voz al pueblo. Ya que eso que les hemos dictado la última ocasión que nos dieron tal privilegio, parece en definitiva no haberles gustado demasiado. Lo nuevo y lo viejo, la izquierda y la derecha, han vuelto a demostrar que eso de llegar a acuerdos no es muy español y que si siempre se ha dicho que hay dos españas por algo será, aunque ahora nos quieran contar que ya no son dos, que son cuatro, cinco o las que les ayuden a crear los medios. Pero por mucho que se sumen actores, el dialogo sigue siendo el mismo.

La izquierda española sigue dividida entre esos que quieren hacer la revolución a su suerte, sin contar con nadie, ni respetar a los actores que en ocasiones, más de las que parece, comparten trincheras con ellos, y esos otros que son de izquierda pero un poquito nada más. Esos que perdieron Catalunya por no saber o no querer comprender que el discurso de la identidad nacional de un pueblo, nada tiene que ver con romper España, y esos mismos que gobiernan Andalucía como su más preciado botín, entregándosela desde tiempos inmemoriales a banqueros y terratenientes a cambio de un cada vez más escaso jornal para su pueblo. La izquierda de siempre, una izquierda en gran parte tibia en su discurso, en sus formas y en sus pulsos, una izquierda que mira al Partido Popular en cada acto de campaña y que salvo por las apariciones de los viejos roqueros como Xosé Manuel Beiras o Julio Anguita, sigue sin lograr hacer emerger de sus entrañas a ese líder que aúne la seriedad y discurso de Alberto Garzón, con el carisma y el liderazgo de Pablo Iglesias. Puede pues que en definitiva la solución este en el pacto, un pacto que no gusta ni a unos ni a otros, que no termina de concretarse y que si uno atiende a lo que nos separa, parece poco menos que imposible, pero inevitablemente necesario.

Necesitamos una izquierda propia, una izquierda que ponga definitivamente sobre la mesa un nuevo modelo de producción, unido a una nueva legislación laboral que proteja a los individuos no solo como consumidores, sino además y principalmente como trabajadores. Una izquierda que sume en sus filas a los diferentes actores de la lucha del 99%, los movimientos ecologistas, animalista, feminista, así como los diferentes campos de la lucha obrera, que deben de suponer un solo frente amplio en frontal oposición a la ofensiva neoliberal que desde el 1% de los superricos se ha lanzado para despojarnos de nuestros derechos. Derechos por los que muchos dieron su vida y a los que por dignidad y por necesidad, no podemos renunciar. Necesitamos y exigimos una izquierda propia, pero también global. Una izquierda de los movimientos sociales y de sus comunidades y a la vez una izquierda capaz de aunar fuerzas para afrontar desafíos globales como la lucha contra los paraísos fiscales, el cambio climático o al militarismo en sus más diversas facetas, origen este de los miles de refugiados que todavía hoy, vergonzosamente, aislamos de nuestras fronteras con campos de concentración y concertinas.

Eso necesita la izquierda española, y lo necesita en oposición a una derecha rancia en lo nuevo y en lo viejo, una derecha que habla de regeneración en la búsqueda del pacto con un partido que ha estado inmerso en un ciclo de corrupción sistémica que empezó con Naseiro y continua con Bárcenas, un partido con altos cargos imputados, con comunidades autónomas como Madrid o Valencia que pareciesen salidas de las brillantes páginas de Mario Puzo. Un partido que no ha perdido perdón y que ha puesto trabas siempre que le ha sido posible a las investigaciones judiciales, acostumbrado a ver la paja en el ojo ajeno, mientras encubría la viga en el propio. Con ese partido, la nueva derecha busca pactar un acuerdo en el que todo cambie para que todo siga igual.  Un acuerdo que permita continuar con la precarización del trabajo y las privatizaciones que durante muchos años han transcurrido en paralelo a la corrupción política y empresarial que ha terminado por infectar totalmente al sistema en su conjunto. La nueva derecha busca pactar con una versión suya más rancia y depurada, haciéndonos creer que el problema lo supone un ministro o un diputado, pero no, se trata de un sistema corrupto que en nuestro país ha tenido sin lugar a dudas un gran aliento en el ladrillazo de Jose Maria Aznar o en las privatizaciones de las empresas públicas de uno y otro bando.

No es posible el acuerdo con quienes se lucraron de la España de las obras faraónicas que únicamente sirvieron para sacar pecho y comisiones, al igual que no es posible llegar a acuerdos con quienes figuran en las offshore, ni con quienes pretenden pactar con ellos.

 

 

goya.jpg

 

Autor: @SeijoDani

 

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental.

Desde DowJones te agradecemos tu colaboración.

https://www.change.org/p/xulio-ferreiro-calle-berta-c%C3%A1ceres-en-a-coru%C3%B1a

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s