Los gritos del silencio

Recuerdo siendo muy pequeño levantarme a escondidas para ver las últimas noticias sobre guerra de Yugoslavia en directo, recuerdo a esos reporteros describiéndonos el dolor y el sufrimiento de un pueblo inmerso en una guerra que ellos no comprendían entonces y seguramente nosotros sigamos sin comprenderla todavía hoy, pero supongo que eso a nadie le importa. Recuerdo las balas, el sonido de los llantos y ese telón de fondo de una humanidad que deja de serlo y que sigue a cada procesión de refugiados que huyen de la barbarie que deja tras de si cada conflicto.

Miles de palabras y cientos de periodistas, pero solo unos pocos de esos que te marcan, que dejan una huella en ti difícil de lograr por cualquier otra profesión. En mi caso, el encargado de dejar esa fue Miguel Gil Moreno, aunque quizás podría haber sido otro, alguno de esos pocos periodistas que nacen con algo diferente en su mirada, en su ADN, esa clase de personas que se niegan a perder la esperanza en la humanidad o que precisamente por haberlo hecho, buscan un motivo para tanta injusticia en aquellos lugares a los que nadie mira, y a los que ya nadie está dispuesto a mirar.

Miguel estudio derecho, pero el era periodista, había nacido para eso, aunque quizás en sus años de estudiante aún no lo sabía. Miguel era, según cuentan los que lo conocieron, uno de esos periodistas que intentan despertar al mundo, de los que cuando emprenden un camino de esos que seguramente lo puedan llevar a la muerte, como ciertamente sucedió en Sierra Leona, no lo hacen únicamente por un buen reportaje sobre la muerte de unos cascos azules, no buscan desesperadamente un minuto de oro, ni su nombre destacado en las portadas de todos los medios, sino que simplemente buscan la verdad.

Leía hace poco una cita de Alberto Arce en su “Novato en nota roja” en la que hablaba de esos periodistas estrellas, esos que hace mucho se acostumbraron a las portadas y a los best seller y olvidaron el olor a barro y a sangre. Hablaba Arce de esos dioses del periodismo que todo novato quisiera conocer y a los que sin embargo seguramente llegarán 20 años tarde para lograr rescatar de ellos algo que valiese la pena aprender. Lo hacía precisamente Arce desde un libro en el que uno puede respirar periodismo, un libro que trataba la realidad de Honduras desde las suelas del zapato de un periodista, y yo no podía parar de pensar en que clase de pasta es esa de la que deben estar hechos esos individuos que sin grandes contratos ni grandes elogios, se juegan su vida para abrirnos los ojos a un mundo que por puro egoísmo desconocemos. Y no hablo solo de los reporteros de Siria, en donde se han dado cita más periodistas freelance por metro cuadrado que en ninguna otra parte del mundo, sino de la propia Honduras, de México o de cualquier otra parte del mundo en donde hacer periodismo sigue siendo una aventura peligrosa.

Quizás no nos demos cuenta, no notemos la diferencia de la caída en decadencia de un sector en donde los sueldos y las condiciones laborales son poco más que insoportables para sus trabajadores, en donde las muertes y el silencio que suele acompañarlas, a no ser que seas occidental, suele ser una final y cruel ironía para quién pierde la vida por informarnos. Quizás pensemos que con Twitter o Facebook los periodistas ya no son tan necesarios, que cualquiera puede gravar la última noticia desde su teléfono móvil o escribir sus opiniones y conjeturas, como quizás yo lo hago, en cualquier red social. Pero nos equivocamos, nos equivocamos al creer que la desaparición del buen periodismo no nos afectará a todos, nos equivocamos al pensar en que los nuevos tertulianos estrella de las televisiones podrán substituir al periodista de raza que no acepta las ataduras de las cadenas o que la píldora informativa y la inmediatez, son un mayor aporte para nuestro día a día que el periodismo de investigación y el análisis en profundidad de lo que realmente ha sucedido.

Decía el presidente de Ecuador Rafael Correa que desde que se invento la imprenta, la libertad de empresa quedo a cargo del dueños de la imprenta, y no andaba desencaminado cuando lanzaba su mensaje. Sabemos mucho de la violencia en Venezuela, pero nada de la represión campesina en Colombia, mucho de la ejecuciones en Irán y poco de la cruel dictadura Saudita, nos escandalizamos con la guerra en Ucrania o la crisis de los refugiados pero nada sabemos de sus orígenes o sus posibles consecuencias. Vivimos atrapados de nuevo en un gran mito de la caverna, propio de la involución informativa de una sociedad que ha decidido cerrar sus ojos y ha renunciado a saber más, a preguntarse realmente que nos ha sucedido en todo este tiempo para encontrarnos en donde nos encontramos.

“Heródoto era un hombre curioso que se hacía muchas preguntas, y por eso viajó por el mundo de su época en busca de respuestas. Siempre creí que los reporteros éramos los buscadores de contextos, de las causas que explican lo que sucede. Quizá por eso los periódicos son ahora más aburridos y están perdiendo ventas en todo el mundo. Ninguno de los 20 finalistas de la última edición del Lettre-Ulysses del arte del reportaje, y del que soy miembro del jurado, trabaja en medios de comunicación. Todos tuvieron que dejar sus empleos para dedicarse al gran reportaje. Este género se está trasladando a los libros porque ya no cabe en los periódicos, tan interesados en las pequeñas noticias sin contexto”.
Ryszard Kapuscinski

 

dowjoness

 

Autor: @SeijoDani

 

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental.

Desde DowJones te agradecemos tu colaboración.

https://www.change.org/p/xulio-ferreiro-calle-berta-c%C3%A1ceres-en-a-coru%C3%B1a

Anuncios

2 pensamientos en “Los gritos del silencio

  1. Qué recuerdos al evocar a Kapuscinski. Tuve la ocasión de conocerlo en una mesa redonda sobre la que hablamos de Ébano y de Los cínicos no sirven para este oficio, dos de sus obras, además de ser tan indispensables o más que cualquier manual de teorías de la comunicación que se precie. Por su humanidad. Por su cercanía al género. por su voz desnuda de tópicos, velos o complejos. Yo, que no soy una cínica, me hice periodista enamorada hasta las trancas de la profesión. Creyendo que sería un perro de presa y con ello, contribuiría a cambiar algo, no sé qué, pero algo. Tal vez dar voz a esos gritos silenciados de lugares muy lejanos. Y hoy, a pesar de que la libertad de prensa está secuestrada por Don Dinero, sigo creyendo en ese poder de remover conciencias del cuarto poder.

    Genial artículo que te comparto ya 🙂

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s