Fascismo y justicia, no en España.

Ayer se cumplió un año de la muerte de Jimmy, como se cumplirán este año 22 de la muerte de Guillem Agulló y 23 de la cobarde ejecución de Lucrecia Pérez. 23 años de impunidad, 23 años en los que hemos podido ver como Pedro J Cuevas salía a la calle tras cumplir a penas 4 años de prisión para incorporarse casi inmediatamente a las filas de la ultraderecha española, como candidato político en las listas del partido Alianza Nacional. Poco duro la aventura democrática de este asesino transformado en político. En 2005 y antes de que se pudiera presentar a las elecciones, como miembro de una organización fascista con claras implicaciones violentas, fue detenido en el marco de la Operación Panzer. Una operación judicial que con su desarrollo marco una de las páginas más negras de la justicia española. Según todos los indicios, un asesino reconocido y la organización fascista a la que pertenecía poseían claras vinculaciones con el trafico de armas en nuestro país, ademas de ser poseedores de numerosa parafernalia neonazi. Armas que eran facilitadas presuntamente por diversos contactos que los ultraderechistas poseían dentro del propio ejercito español. Tal relación podría resultar sorprendente si los vínculos entre las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado y el fascismo militante, no fuesen ya denunciados cuando en 1992 la munición utilizada para asesinar a Lucrecia Pérez Matos fuese la de una  bala del nueve largo Parabellum de uso policial y militar. Este echo nos retrotrae ya desde ese primer asesinato racista en nuestro país, a una clara conexión entre grupúsculos de la ultraderecha criminal española y miembros de las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado. Acusación que no debería extrañar a nadie que analice la historia de España con una visión más allá del bonito cuento de hadas que la transición supuso para muchos españoles.

Ahora, tras el asesinato a sangre fría de Jimmy, nos vuelven a pedir que creamos en la justicia, al igual que nos pidieron que creyésemos en  la transición: enterrando a nuestros muertos, mientras esperamos una justicia que no  termina de llegar. Nos piden confianza mientras los asesinos vuelven con impunidad al Calderón. Nos piden fe, mientras que los únicos perseguidos por la justicia son Alfon y los Bukaneros. Para ellos son los realmente peligrosos.

No soy miembro de Riazor Blues, ni tan siquiera socio del Deportivo. No comparto, por suerte o por desgracia, no lo sé, esa loca pasión por los colores de una camiseta. Al igual que jamás entenderé que priorice el odio hooligan al sentimiento nacional entre las aficiones de Galicia. Pero contra el racismo, contra el fascismo me tendrán a su lado: Sempre Riazor blues, sempre Deportivo.

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Autor: @SeijoDani

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