¿#JesuisParis?

Hoy a tocado volver a ser París,pero bien podría haber tocado ser Madrid,Londres o cualquier otra capital europea.Y es que por un momento,el sonido de las explosiones durante la retransmisión de un partido de fútbol ha parado a nuestras sociedades de consumo y alertados por los boletines informativos,todos hemos pulsado el botón de pausa en nuestra vidas para sobrecogernos al unísono ante la barbarie que nos golpeaba una vez más en forma de atentado terrorista.

Y digo “nos” porque esta vez quién sabe si por la cercanía geográfica y cultural,por la tez blanca de la mayoría de las víctimas o simplemente por la inmediata y masiva cobertura de los medios de comunicación,la sangre de este atentado nos ha impactado de forma diferente.Y lo ha hecho,porque además de ser uno de los escasos atentados que golpean nuestra zona de confort,esta vez ha golpeado a uno de los pilares fundamentales de nuestra sociedad:el ocio.Los terroristas de Daesh,se fijaron como objetivo una de las salas de conciertos más emblemáticas de París,además de una bulliciosa zona de restaurantes cercana a la plaza de la República e intentaron,afortunadamente sin mucha pericia,atentar contra el estadio de Saint Denis.En donde en ese momento se disputaba ante la presencia de miles de espectadores;entre ellos el preside la la república François Hollande,el partido amistoso Fracia-Alemania.Esta vez el terror no se había producido en algún país lejano,ni se trataba de una venganza aislada contra un grupo de caricaturistas locos o de un ataque más a la policía que nos protege.Esta vez,el objetivo era la sociedad francesa en su conjunto.Y eso nos atemoriza profundamente.

Nos atemoriza saber que ese infierno  que creíamos encerrado en países lejanos de Medio Oriente,y al que ya nos hemos acostumbrado a vislumbrar por televisión día tras día y semana tras semana durante las horas de la comida,puede en realidad llamar a nuestras puertas en cualquier momento.
Rápidamente;en la sociedad de las tragedias 2.0,surgieron las muestras de empatía en las redes sociales con los hashtags #JesuisParis o #JesuisFrance al igual que anteriormente habían desfilado por la efímera pasarela mediática de Twitter o Facebook los tan <<in>> en ese momento #BringBackOurGirls  o #PrayForBangkok sin que tras un vistazo nada tengan que saber,gran parte de los que se suman a estas expresiones,de la delicada vida en las aldeas de Nigeria atacadas por Boko Haram o de la asfixiante vida política de una Tailandia ahogada por la dictadura.
En realidad,la mayoría de los que se muestran especialmente alarmados por tan diversos acontecimientos desconoce las causas o los antecedentes de cualquiera de estas tragedias,la mayor parte ni siquiera conoce la identidad de los diferentes actores que participan en ellas y desde luego ninguno de nosotros puede llegar a imaginarse desde la comodidad de nuestra sociedad del bienestar,el horror que viven las víctimas de las violaciones masivas en Chibok o la desesperación que se siente tras sufrir un nuevo atentado en Bagdad.Nos apresuramos a decir que somos Paris,México o Bangkok pero ninguno o muy pocos,nos afanamos en buscarle una explicación a lo ocurrido.Inmediatamente nos dejamos guiar por los mass media,por los gobiernos e incluso cada vez más;especialmente desde el 11 de septiembre,por el miedo sin que nuestra actitud crítica aflore ya en ningún momento.
Nadie parece dispuesto a cuestionar al gobierno francés tras los atentados de este fin de semana,nadie parece dispuesto a pedir explicaciones por sus decisiones.Decisiones que en muchos casos han contribuido a crear un mundo más inestable e indirectamente a facilitar los factores que han desembocado en los atentados de París.
Muchos dirán que no es el momento de pedir explicaciones,que es el momento de mostrar unidad y firmeza frente al terror yihadista ¿Pero cuando es ese momento entonces? ¿Una vez que nuestros gobernantes, amparados bajo el paraguas de la libertad,impongan un estado de sitio en donde poder coartar nuestros derechos fundamentales en nombre de la seguridad?
En una sociedad de la información cada vez más desinformada;en parte gracias al periodismo twitter,todos parecemos estar dispuestos a olvidar que el mismo Hollande que ahora pide contundencia contra Daesh,vende armamento a Arabia Saudí al igual que lo hace su aliado en los recientes bombardeos a Raqqa,Estados Unidos.País este ultimo que ha seguido vendiendo armamento a los saudíes incluso inmediatamente después de los atentados de París.
Armas que el estado con la más radical y arcaica  interpretación oficialista del islam ha utilizado en el mejor de los casos para fomentar una guerra demencial en Yemen que sin duda promete desestabilizar aún más la región o lo que es peor,para entregárselas directamente a los combatientes suníes de Daesh,en un desesperado intento para desestabilizar Syria e Iraq frente la creciente influencia de Irán en la región.Observando las décadas de actuaciones unilaterales y puramente etnocentristas de  Occidente en la región,podemos y debemos darnos cuenta de que en gran medida nosotros hemos contribuido a crear los demonios que hoy llaman a nuestra puerta.En una actitud puramente ignorante,Occidente ha cerrado los ojos durante años a la realidad que lo rodeaba.Somos los principales consumidores de la droga con la que trafican los cárteles que asesinan a niños (Material sensible)y siembran el país de fosas comunes y desaparecidos,compramos los diamantes o el coltán que financia las guerras civiles que tiñen demasiado a menudo de sangre el suelo de África y somos el destino del petróleo con cuyas divisas se compran los Kalashnicov de los que se nutren los terroristas del Daesh.Pese a todo seguimos cerrando los ojos,esperamos que en una sociedad donde todo es global,el terror sea una excepción y  nada de esto nos afecte.
Pero hace tiempo que eso ya no es así.Ahora nos toca vivir con miedo y sentir en nuestras carnes las consecuencias del terrorismo islámico,como antes nos ha tocado sufrir las guerras de poder del hampa en bandas nutridas de excombatientes de la antigua Yugoslavia o las reyertas entre las maras provenientes de Centroamérica.Manifestaciones de violencia heredada de diversos factores pero todas ellas con un factor común.En una sociedad global resulta imposible lanzar una bomba,derrocar un gobierno o financiar una guerra civil en otro país sin esperar que tarde o temprano surjan consecuencias globales.
Una pregunta se me viene a la cabeza cuando a menudo veo la barbarie de Daesh y reparo en sus ansias de expansión a un califato del terror ¿Que hubiese pasado si hubiese triunfado en el mundo árabe la idea del Panarabismo? ¿Que hubiese sucedido si la unidad en esa región del mundo se hubiese producido alejada del paraguas de la OTAN? Quién sabe puede que bajo aquellas premisas de nacionalización de las empresas extranjeras,reformas agrarias y el desarrollo de servicios públicos al alcance de todo el pueblo,el mundo árabe al fin lograse una identidad propia no tan marcadamente religiosa.Puede que sin la injerencia de las grandes potencias mundiales sobre la región,quizás hoy no estaríamos hablando del Daesh,de la guerra contra el terrorismo o puede que sí.Quién sabe.
Pero hoy,en oriente,sólo quedan;tras décadas de manipulación política e intervenciones militares intentando imponer una pseudocultura del consumo bajo la idea de la democracia,una tierra quemada caldo de cultivo perfecto para la creación de un monstruo llamado Daesh.Un monstruo que parece encontrar sus bases en jóvenes sin identidad de cualquier parte del mundo que buscan en el fanatismo religioso algo con lo que poder identificarse,un sentido más allá de su nomina o la falta de la misma.
La explicación de los atentados en París es más compleja que una acción de unos terroristas pertenecientes a una organización con un odio irracional a todo lo que representa Occidente y si se pretende terminar con el terrorismo islamista la respuesta a los mismos debería consistir en algo más que bombardear Syria.Después de todo esa misma línea de actuación fue llevada a cabo en Afganistan o Iraq y a tenor de los acontecimientos no parece haber surgido demasiado efecto.Estoy de acuerdo en que la solución a los problemas de Oriente Medio pasa en la actualidad por derrocar a Daesh,en que es un primer paso necesario para estabilizar la región.Pero permítanme que me pare a pensar en las posibles consecuencias de la participación directa una vez más de Occidente,antes de que nos lancemos de nuevo con un palo al que decimos tener atada la bandera de la libertad contra tan peligroso avispero.Puede que esta vez sea necesario un cambio de perspectiva,que debamos ayudar a las facciones locales a alcanzar un consenso de unidad que les permita recuperar sus vidas,sus países.Puede que la ayuda de occidente simplemente sea necesaria tras el fin del conflicto con la supervisión en el desarme que impida el surgimiento de nuevos frentes y en forma de ayudas económicas para la reconstrucción de los países no supeditadas a prestamos millonarios del FMI que terminan por ahogar cualquier esperanza de progreso antes de que esta puedan ver la luz.
Si nuestro dolor por las víctimas es real,nuestra reacción no se debe limitar a poner la bandera de turno tan solo porque una red social nos lo recomiende,dado que si llegamos a perder nuestro sentido de la realidad hasta el punto de que sea Facebook la encargada de dotar de mayor o menos importancia a las víctimas,resultará cada vez más complicado alcanzar una sociedad de ciudadanos con un sentido crítico propio que luche por exigir a sus gobiernos la toma de decisiones para la búsqueda de la paz común por encima de intereses particulares. 
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Autor: @SeijoDani
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