El fútbol es así

Desde la muerte en 1982 de José Gómez Rodríguez tras la agresión sufrida durante un partido de aficionados en Barcelona,hasta el asesinato del aficionado del Deportivo Francisco Javier Romero Taboada, Jimmy, pocas cosas parecen haber cambiado en la lucha contra la violencia en el deporte de nuestro país.Los gritos de horror en las instituciones,el malestar de los aficionados y las promesas de los diferentes organismos para terminar con una lacra que se extiende por nuestros estadios al ritmo que lo hace por toda nuestra sociedad,parecen extinguirse nuevamente ante los focos de las televisiones y los cánticos ultras de los estadios.Pero después de todo y tras el aluvión de titulares,una nueva muerte en el deporte no parece suficiente para que un negocio milmillonario como lo es el fútbol, se afane en dar solución a un problema que comienza a resultar inquietante. Y es que hace tiempo que el extremismo en el deporte se han fusionado con el extremismo político para generar,en las gradas españolas,un fenómeno de extrema violencia en el que todavía muchos se afanan en ver únicamente un pasatiempo de un grupo de jóvenes,sin percatarse de la peligrosa e incipiente cantera de odio que estas gradas suponen para los movimientos más radicales de la política española. Basta con analizar detenidamente los incidentes acaecidos en los aledaños del estadio Vicente Calderón;en donde un ultra del Deportivo fue asesinado por miembros del Frente Atlético,para advertir como entre los motivos de dicho asesinato se pueden percibir las consonancias políticas. La presencia en los altercados de jóvenes que lejos de formar parte de las aficiones de Deportivo o Atlético de Madrid eran conocidos simpatizantes de otros equipos y miembros de organizaciones ultraderechistas como el Movimiento Social Republicano; protagonistas entre otras “hazañas” del asalto a la caseta de Izquierda Unida durante las fiestas de San Fernando de Henares en 2006,vinculaciones estas que parecen dejar claro que no se trata exclusivamente de un caso de violencia en el deporte sino de una radicalización de sectores residuales de la política española que han visto en las gradas de los estadios de nuestro país el caldo de cultivo idóneo para expandir su apología del odio. Basta con bucear en los diferentes foros de internet en donde una vez terminados sus encontronazos físicos estos grupúsculos alardean de los mismos,esta vez sumergidos en una no menos violenta batalla dialéctica,para encontrar numerosas declaraciones en donde supuestos miembros del ala más violenta de los aficionados Atlético de Madrid aluden a la ideología izquierdista de los aficionados gallegos para justificar el ataque mortal.Ya no se trata tan solo de una rivalidad deportiva,de una hinchada contra otra,sino de un asesinato político en donde conocidos radicales de una y otra ideología han hecho uso de un evento deportivo para dirimir sus discrepancias ideológicas.A nadie puede ya extrañarle la deriva mortal de estos radicales,ultras como los Boixos Nois o los Ultra Tala han sido investigados durante años por sus vinculaciones con grupos de ideología ultraderechista y su participación en organizaciones criminales,sin que la política española pareciese querer comprender la creciente influencia que estas bandas organizadas estaban obteniendo dentro del panorama político español.Después de todo hoy en día no resulta arriesgado afirmar que ciertos sectores de estadios como El Prado o el Vicente Calderón son extensiones de la política ultraderechista española ejemplificada en las gradas desde las que se lanzaron los gritos racistas contra Marcelo y su hijo o en la barra libre para exhibir símbolos nazis que estas suponen en nuestro país. Tal y como a algunos ultras les gusta recordar,ultras de derecha e izquierda no son lo mismo,ni poseen los mismos antecedentes en España,Pero la violencia de la que ocasionalmente hacen gala unos y otros los camufla indistintamente bajo un estereotipo;que aunque ciertamente puede resultar injusto al catalogar conjuntamente a fascistas y antifascistas,si resulta valido para hacer una única categoría de descerebrados de una u otra ideología. Y si la pregunta es como hemos llegado hasta aquí,la respuesta es tremendamente sencilla.Desde el padre que insulta a un árbitro en un partido de juveniles,hasta el jugador que posa sonriente ante un graderío lleno de símbolos preconstitucionales.Existe en nuestro país toda una estructura anquilosada en sectores tan diversos como el periodístico o el policial dedicada a minimizar los actos de violencia en el deporte y garantizar que continúe el espectáculo por encima de todo.El camino para lograr erradicar a los violentos de los estadios pasa única y exclusivamente por aplicar sin contemplaciones las leyes de las que ya poseemos en nuestro país.La mano dura contra los símbolos y cánticos ilegales y el apoyo policial a los presidentes que como Joan Laporta que acometieron la difícil tarea de expulsar a los radicales de las gradas,son el camino correcto para terminar con un problema en el que tan solo cuando ocasionalmente la sangre vuelve a teñir de rojo el césped,unos y otros parecen retirarse momentáneamente la venda para poder ver que hace tiempo que los focos apuntan lejos de una simple pelota.

jj

Autor: @SeijoDani

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