España,sé fuerte

El caso Brugal,los Ere,la operación Malaya,la Gürtel,el Palau de la música,la Pokemon,el Caso Cooperación,Nóos,la operación Púnica,Bankia…y así hasta completar los 40.000 Millones anuales,o lo que es lo mismo,los 800 euros por persona y español,con los que queramos o no,todos contribuimos a mantener la que tanto por su tamaño como solidez,ya parece consolidarse como una institución más de nuestro país:la corrupción.

Un país,en donde no pasa un día sin que estalle un nuevo caso de corrupción y en el que un día soñamos con poder ser la locomotora de Europa construyendo más casas que Alemania,Italia,Gran Bretaña y Francia juntas.Un país, en donde de una u otra forma, cada una de las las instituciones desde la Casa Real al Gobierno,pasando por los Parlamentos Autonómicos,los sindicatos o los Ayuntamientos,se han visto afectados lenta e inexorablemente por la lacra de la corrupción.Una lacra que definitivamente ha terminado arrebatándonos a muchos españoles la escasa confianza que manteníamos en una democracia digna.Y nos ha dejado un país en el vagón de cola,en donde las obras públicas parecen alejarse de su cometido inicial de servicio a la ciudadania,para ser un recurso más destinado para los que se hinchan los bolsillos con dinero público, al tiempo que ven crecer las ya de por si absurdas y multimillonarias concesiones con las que hemos abarrotado nuestro territorio.

Y es que tenemos que admitirlo.El nuestro,siempre ha sido un país de bolsillos anchos y conciencias pequeñas.Un país en donde los grandes negocios se han movido sin excepción alguna en un circulo muy pequeño,casi diminuto.Un lugar en donde amparados bajo el paraguas del España va bien y la especulación urbanística provocada por la ley del suelo,se ha terminado haciendo valido eso de “si necesitas dinero,recalifica tu pueblo”. En donde por norma general,no premiamos la innovación ni la valía por encima de los amiguísimos o los favores.Después de todo,siempre hemos sido un sistema más aristocrático que meritocrático. Fruto de ello, no es casualidad que de los 34 ministros que dirigieron aquella época de aparente bonanza popular,actualmente 22 de ellos se encuentren de una u otra forma salpicados por diferentes casos de corrupción.Ya sea Zaplana y el Terra Mítica,Matas y el caso Palma Arena o Esperanza Aguirrre y su destape en la Gürtel.

Hemos visto como toda una generación de políticos con cargos de gobierno,se han visto envueltos en una trama propia de los mejores momentos de Mario Puzo En donde en repetidas ocasiones los empresarios obtenían vía libre a los abundantes planes urbanísticos y demás contratas públicas de nuestro territorio a través de redes clientelares en las que al parecer, caían con más pena que gloria muchos de nuestros más selectos representantes públicos.

A nadie puede ya extrañarle que a ese mismo gobierno que una vez quiso convertir a España en una gran comunidad valenciana,los casos de corrupción comiencen a estallarle por detrás,por delante e incluso a su mismo lado ¿Y que explicaciones nos ofrecen a la ciudadania gobierno y oposición? Pues mientras la única defensa de los primeros sigue consistiendo en que ellos ni vieron,ni sabían nada de plazas de toros llenas hasta la bandera,sedes recién amuebladas; no por decoradores sino por tesoreros, o coches de lujo en los garajes de sus ministras. Los segundos parecen más ocupados;salvo algunas cosas, en intentar dar la callada por respuesta ante sus más de 264 causas abiertas e intentando que en medio de ese tímido “y tú más” al que nos han habituado a someter al gobierno en el congreso,la mierda, y perdón por la expresión, no termine salpicándoles más que a sus rivales en plena carrera electoral Una situación meramente kafkiana, en donde mientras los diferentes organismos judiciales se ven ahogados por la larga noche de piedra de sus innumerables instrucciones y los técnicos de Hacienda barren el mar con un rastrillo. Nos encontramos con la absurda y surrealista situación de ver a la ya ex ministra; y es que nunca es tarde si la bicha es buena,Ana Mato presentando el flamante código de buena conducta del partido popular.Un partido que en diferido y en B gobierna España con la cabeza puesta en Suiza y los tribunales.Unos tribunales que se ven aletargados por las acusaciones partidistas que diariamente se vierten desde los propios partidos y sus medios afines, y en donde diversas organizaciones ponen ya de manifiesto la inexistente separación de poderes,la escasez de recursos o la demencial reforma judicial que afectará,dios sabe como, al curso de las grandes investigaciones por corrupción.

¿Y que hacemos mientras tanto los españoles? Pues la verdad,es que no hemos cambiado mucho desde los primeros coletazos de la corrupción hasta ahora.Digamos que simplemente nos hemos adaptado a los tiempos. Ya no somos esos inocentones que ingresamos una peseta en la cuenta de una folclórica,actualmente podemos firmar en change.org para que la excarcelen o aplaudir cómodamente a la salida de los juzgados al rey del fútbol o la princesa del pueblo,sin reparar en que cuando alguien estafa a la Hacienda,nos estafa a todos. El dinero que presuntamente roban, es el dinero con el que construimos nuestras carreteras,pagamos a nuestros médicos o propiciamos los fondos con los que luego podrán estudiar nuestros hijos.Intenten ver más allá de las cifras grandilocuentes o lo curioso de los aeropuertos vacíos en los casos de corrupción que invaden nuestros medios y podrán ver lo verdaderamente preocupante de todo esto en los hospitales sin camas,los colegios sin comedores o la imposibilidad de asignar recursos a tratamientos médicos que podrían salvar la vida a cientos de personas en nuestro país.Después de todo,esa es la verdadera cara de la corrupción.

Admito que puede resultar complicado concienciarse en la lucha contra la misma cuando vivimos en un sistema partidista en donde prima la defensa del compañero de escaño a la honradez política y el servicio publico,en donde se crean en tiempo récord amnistías fiscales para los grandes defraudadores y se presentan en el atril del parlamento las mismas medidas una y otra vez para luchar contra la corrupción sin que nunca parezcan aplicarse.Pero debe ser responsabilidad de la ciudadania el despertarse y preguntarnos de una vez por todas si realmente nuestros políticos pretenden terminar con la corrupción o simplemente intentan maquillarla para que todo siga igual.Medidas como la reforma en la ley electoral y de financiación de los partidos,el control efectivo de los ciudadanos y de los medios sobre las cuentas de los mismos o la regulación estricta de lobbies y puertas giratorias,junto con la tan necesaria reforma judicial que permita a esta institución juzgar en tiempo y forma estos delitos.Deben de suponer el pilar básico del cambio democrático que definitivamente parece encarar este país. No podemos seguir soportando la continua sangría de recursos a los que nos somete la corrupción cuando somos los ciudadanos los que estamos en gran medida soportando con nuestro esfuerzo las reformas que nos dicen indispensables para superar la crisis.Después de todo se está acabando el pan y hace ya mucho tiempo que no nos tiene gracia todo este circo.

mm

Autor: @SeijoDani

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